Recuérdame
Capítulo III.- Ternura y devoción
Se sentía enfermo, totalmente fuera de control. Después de que la había llevado a casa, su sorpresa y la fiesta fue tal y como él la predijo, pero su padre nunca llegó a ella. Yoh entendía las responsabilidades de un pequeño empresario y su necesidad de ampliar el mercado a otros lugares, pero le parecía inconcebible que dejara de lado a su hija con tanta facilidad. Él estaba furioso.
Sin embargo, Anna no objetó más. Se quedó en casa de su madre y siguió con su vida, hasta ese día, el día de la boda. Todos corrían en busca de algún arreglo especial, papeles, música, vino… todos menos él. Seguía enojado por la simpleza de su madre ante la situación de Anna y también por la falta de apoyo de ella.
-¡Yoh, lleva el vino al salón!- Le indicó su madre desesperada de ver tantas personas en su casa y ninguna funcional.
El castaño miró con desinterés las quince cajas de botellas. No tenía transporte, en bicicleta no podría llevar todo eso. Giró a verla con incredulidad, él no haría eso ni de broma, además ya estaba listo y cambiado.
-Tu marido hubiera rentado un auto.- Dijo evidentemente molesto, pero eso no lo notó la mujer, quien restó importancia al hecho y lo excusó con una sencilla formulación.
-Está nublado, Yoh.- Respondió calmada- Ningún auto funciona en la ciudad. Así que Men te ayudará con los empaques, el salón no está lejos.
No, sólo unas cuantas calles, pero Men iba quejándose todo el camino e hizo eterno los siete viajes de ida y regreso. Por lo tanto, su tranquilidad se esfumó cuando miró la calma del futuro esposo de su madre, se contuvo, no estaba haciendo absolutamente nada.
-Ya no lo toleró.- Resopló furioso Yoh.
-Cálmate, los invitados están llegando.-Le advirtió el Tao.
Sin embargo, nada lo calmó. Había invitado a muchísimas personas y no tenían los recursos suficientes para hacer alarde de una gran fortuna, que Michael se encargaba de hacer a costa de Anna.
-Voy a casa, si viene mi madre antes dile que me he sentido mal.-Excusó el castaño incómodo por ver tantos rostros desconocidos.- Vendré antes de que termine la ceremonia.
Men lo miró con extrañeza. En parte comprendía su sentir, pero por otra no, es decir, jamás se había enojado en esa magnitud, algo grande le estaba ocultando. Y podría haberle preguntado, de no ser porque salió corriendo al departamento que compartían.
Yoh salió del establecimiento y tomó su bicicleta, pero antes de partir una voz lo detuvo abruptamente. Anna estaba ahí. La rubia lo observaba con desconcierto al verlo huir antes de que todo comenzara.
-¿A dónde crees que vas?- Sonó su imperiosa voz.
Su bella y firme pregunta. Pero no era lo más fascinante, sino su atuendo en particular: aquel vestido blanco resaltaba su cabello entretejido y largo adornado por pequeñas flores artificiales. Se veía preciosa. En realidad, jamás la había visto con tanta ternura e inocencia y tan enfermo, se reprimió mentalmente el castaño.
-¿Acaso piensas abandonarme aquí?- Resonó el reclamó en su voz.- No pensé que fueras tan cobarde.
¿Cómo podría decirle que no a ella? No sería capaz de hacerlo, Anna lo era todo para él en ese mundo y lo era aún más porque sentía algo inmenso por ella. Así que le sonrió y dejó de lado su vehículo. Anna enfrentaba todo ¿por qué él no?
-Tienes razón, me comporté muy infantil.- Admitió sin menor duda.
Ella se acercó y le sonrió con ironía. Aquella tan sutil y preciosa sonrisa maligna que siempre mostraba cuando tenía algo hiriente que decir.
-Es una lástima, porque la niña soy yo.- Dijo sin el menor reparo.
Fue duro, pero totalmente cierto. Él ya tenía 21 años y no se estaba comportando como el adulto que según era, sino todo lo contrario. Extrañaba a Anna, quería abrazarla y besarla. Sentía la imperiosa necesidad de encontrar en sus brazos un alivio a su melancolía, pero no podía, jamás podría.
-¿Quieres que te diga un secreto?- Formuló con misterio el Asakura.- Vas a deslumbrar a todos allá adentro.
La rubia inspeccionó una segunda intención en sus palabras, pero no encontró en su rostro una pizca de maldad, sino todo lo contrario, parecía como si aquellas cortas y rotundas frases sólo aludieran una fracción de un amor inmenso.
-Ese no es un secreto.- Afirmó Anna sin temor y no por presunción de creerse la niña más bonita.- Michael dijo que tendría que gastar mucho dinero en mí y todo para impresionar a sus amigos.
Qué realidad más dura, pero lo aceptaba y notaba la entereza de la niña al saberse un objetó de placer entre los demás. Sin embargo, la mente de Yoh no podía canalizarlo de ese modo. Cuando la conoció era una niña sumida en la tristeza, ahora el panorama no parecía tan distinto.
Aunque no lo mencionara, ni lo emitiera, sabía que sufría. Tal vez hubiese preferido no saber nada hasta que tuviera la edad casadera, o era mejor saber el destino que tendría, pero… ¿qué opción tenía? Realmente ninguna. No era un tiempo fácil de afrontar, y cada día el mundo parecía caerse a pedazos; los recursos se agotaban y sólo los ricos tenían acceso a las comodidades de un mundo más tranquilo.
-Algún día cuando tenga 20 años como tú, tendré que casarme con alguno de esos hombres.- Mencionó sin ningún titubeo.- Y podré pintar largas horas en uno de esos bellos jardines, sin que nadie más me ordene qué hacer.
No, las cosas no habían cambiado mucho. No obstante, de nada le servía enojarse y salir a discutir con sus padres, no obtendría nada, pero él si podría hacer algo por ella y eso significaba desafiar la autoridad.
-¿Podrías obedecer una orden más, Anna?- Le preguntó serio el castaño.
Men lo había llamado loco cuando lo mandó a cubrir su rastro. No quería que su padre lo acusara de robo, y menos por llevarse a Anna poco antes de la ceremonia, pero quería alejarla de todos esos maniacos que la veían como su próximo trofeo.
Y ahora que lo veía con detenimiento, tal vez él podría incluirse en la lista de prospectos, de no ser porque estimaba mucho la confianza que estaba ganando con ella, que miraba con escepticismo el tranquilo mar.
-Veo que no te gusta el panorama.- Comentó interesado Asakura.- Solías pasarte días hablando de lo calmado que parecía en verano…
Mas lo último no salió de sus labios, ni por equivocación, porque ella no tenía memoria alguna de su vida pasada, mucho menos de él.
-No me gusta la inmensidad.- Respondió relajada.- Pero puedo adaptarme a la sensación del mar en mis pies.
Cierto. Su precioso vestido estaba mojándose poco a poco con el ir y venir de las olas. Sin embargo, no dañaba en nada su aspecto y por el contrario, le daban un toque muy frágil a su apariencia.
-Sé que no te gusta que te digan estas cosas, Anna, pero… te quiero mucho.- Confesó Yoh sin poder evitar los miles de pensamientos y sentimientos que abrazaban su corazón.- Y mientras yo esté contigo no voy a dejar que te vean como una muñeca de porcelana.
Anna cerró los ojos y quitó de su cabello la flor más grande. La dejó ir en el mar, sin impórtale cuan especial la hacía ver, ni lo maravillosa que lucía en su cabellera.
-¿Así como me ves tú?- Le contestó con indiferencia.
Su respuesta lo dejó mudo, especialmente cuando ella se acercó a él y tomó sus zapatillas de sus manos.
-Es diferente.- Respondió seguro el castaño.
-No, no lo es.-Negó sin demasiados sentimientos.- Me ves de una forma extraña, como si…
-Como si nos conociéramos antes.- Aseveró Yoh.- Siento que te conozco desde hace muchos años.
Mas su contestación no lleno el hueco de la conversación, sino lo amplió. No podía justificar su forma de actuar y su manera de mirarla con algo tan absurdo, menos si ella ya lo había notado. ¿Lo sabría su padre?
-Eso es una tontería.- Lo enfrentó sin el menor miramiento.- Me traes a un lugar solo. Dime, ¿qué quieres de mí?
-Nada malo.- Aseguró confiado en sus palabras.- ¿por qué vendrías conmigo si pensaras que quiero hacerte daño?
-Por tonta.- Contestó casi de inmediato.
¿Tonta? ¿Escuchaba bien? ¿Anna Kyouyama denominándose tonta? Definitivamente algo pasaba en la realidad alterna, al menos en el tiempo que vivía y no pudo ahogar su risa cuando ella lo miró irritada y lo golpeó justo en la espinilla. Y vaya que le causó dolor, pero sus lágrimas predominaban en la alegría y el furor.
-Lo siento, es sólo que… no eres tonta, más bien… yo diría que eres una dulce y tierna niña en busca de protección.- Contestó entre risas el castaño, pero su respuesta no favoreció en nada el mal humor que había ganado Anna.
-¡No soy ninguna niña dulce y tierna!- Exclamó a puro pulmón.
Sí tenía razón. Era una adorable y agresiva niña. Su niña, concordó el castaño cuando la vio rabiar por las características tan simples que le había puesto.
-No quiero ser igual de tonta que las demás.- Retomó la plática la rubia.- No quiero imaginarme algo absurdo y tonto.
¿Algo absurdo y tonto?, cuestionó a su mente con aquellas palabras que pudieran darle a entender exactamente a qué se refería.
-Te comportas como el hombre que toda niña sueña.- Relató con enfado.- Me recoges puntual al colegio, sales conmigo a pesar de que odias el arte, compras golosinas y las comes conmigo, me sacas de una fiesta en la que odiaría estar…
-Sí, sí, te entiendo.- Acortó apenado el castaño.- El punto es... que no me quieres ver como un hermano.
-No eres mi hermano.- Declaró contundentemente Anna.- Eres Yoh Asakura.
-Y tú, Anna Kyouyama.- La nombró con ligereza, sin darse cuenta de su pequeño error.
-Kingsley...- Corrigió la rubia en un titubeo que ni ella misma se explicó al oír aquel apellido.- Soy Anna… Kingsley y no soy tu hermana.
Yoh sonrió con el progreso que había tenido. En realidad jamás pensó que algo como eso le llegase a afectar en la línea actual. Es decir, ¿podría ella recordarlo algún día?
-Llámame tonto, pero creo que para conquistar a una niña tan exigente como tú necesitaría ser… todo lo contrario.- Argumentó con aire de melancolía al recordar a su hermano y la atracción breve que sentían uno por el otro.- Es decir, si fueras mayor y …
-¿Es por eso que me ves de ese modo?- Cuestionó Anna sin poder creerlo.- ¿Yo te gusto?
¿Gustar? Fascinar, adorar, idolatrar. Sí, Yoh casi se ahogó cuando ella lo preguntó de forma tan directa. La amaba, pero nunca pensó que eso lo reflejara en su mirada, menos que ella lo notara. Y se dio cuenta que Anna era la persona más observadora que había conocido en su existencia. Tonto, se recriminó.
-Anna… ¿cómo puedes pensar algo así? No estoy enfermo, es decir, no es que no me…
Pero entonces notó ese tono carmín dominar sus mejillas.
-Yoh, yo te he dibujado.- Confesó la rubia avergonzada y firme.- Me miras con mucha devoción, como si no existiera algo más bello que yo.
Era una niña, mas no sonaba como una. Jamás se detuvo a ocultar sus sentimientos en esta época, sentimientos que jamás salieron a la luz hace tantos años. Ni siquiera Men podía darse cuenta de la intensidad de su amor por Anna, cómo es que ella sí lo notaba. Pero en balde rememoraba la primera vez que la vio, sólo que ahí podía leer la mente, tenían la misma estatura y la misma edad.
-Siempre quise tener una hermanita menor.- Comenzó por explicar y convencerse a él mismo.- ¿Qué persona no estaría fascinado contigo? Eres una niña culta y bonita, tienes algo especial, Anna, por eso quiero estar contigo… cuidándote.
-¿Y qué te hace pensar que quiero eso?- Le preguntó con seriedad.- ¿Y qué si yo no te quiero de mi guardaespaldas?
Yoh se acercó a ella y la cargó entre sus brazos. Sólo así sintió sus brazos aferrarse a su cuello, sólo así pudo ver un poco su vulnerabilidad, pero era la única forma de que ella no se ensuciara más con la arena.
-La verdad… es que aún creo en los milagros.
Continuará…
N/a: Saludos lectores de este corto fic. Sí, una nueva actualización y no fue un día después de la última, jajaja, pero estoy cumpliendo mi promesa, estoy actualizando continuamente mis capítulos breves, ya saben uno se cansa de escribir capítulos largos y a kei le da flojera leerlos. No generalizo, pero si alguien quiere más largos los capítulos, adelante.
Y un agradecimiento especia a: LOLISGUEVARA', Ludy Phorsha, Seyram Asakura, lovehao, Katsumi Kurosawa, , Erendy Asakura.
Nos vemos!
Ciao!
