Recuérdame
Capítulo IV.- Pensamientos
La tibieza de su alma la reconfortaba, y en cierta forma, le gustaba. No había conocido a alguien como él, que le hiciera experimentar una ola de sentimientos extraños, como si tuviera la sensación de haberlo sentido antes.
-Anna… Anna…
Pero Yoh era mayor, mucho más grande, debería empezar a verlo como el hermano mayor que era y no como un simple compañero más. Sin embargo, cuando la cargaba, incluso cuando la recogía del colegio… podía imaginar algo más.
-¡Anna!- Escuchó su nombre prácticamente en altavoz, y no se sorprendió de ver a la maestra frente a su banca.- ¿Se puede saber por qué estás tan pensativa? Llevo diez minutos llamándote.
No respondería la pregunta, menos con la exigencia que proferían sus palabras y obviamente terminó por acudir al salón de castigos. Maldijo su suerte porque ahí el maestro era el más pervertido de toda la planta laboral, aunque para suerte, no tuvo que pasar por aquellas bromas al ver repleta el aula.
-Pero si es la niña genio.- Osó burlarse la más grande del grupo.- Pensamos que nunca nos harías el honor, rubia.
Ignoró el comentario con orgullo, ya estaba demasiado molesta como para escuchar las tonterías de otras niñas.
-Oye, ¿si es cierto que eres la más bonita de la ciudad?- Le preguntó una adolescente con evidente burla.- ¿Lo dicen por tu cabello o porque te crees muy desarrollada o….
¿Desarrollada? Jamás había pensado en ese aspecto, ella no tenía un cuerpo demasiado llamativo, simplemente le sentaba muy acorde por su delgadez y rasgos faciales, pero nada más, no había nada extraordinario en ella.
-Ya paren, niñas, Anna Kyouyama no es ninguna figura de colección.- Escuchó sorprendida por oír en otros labios la forma en que la llamaba Yoh, pero sólo había hallado esa mirada en aquel maestro.- Ella es la estatuilla de oro de algún fanático.
Toda la tarde estuvo pensando en cómo contestarles, pero las palabras no salían de su boca, parecía que el día de hoy estaba sellada o no quería ni pronunciar media palabra porque delataría su interés por alguien más, alguien que la esperaba cruzando la calle.
-Miren, ya llegó su novio.- Se burló una de sus compañeras de detención.
-Y miren qué es guapo, mira qué pectorales se le ven con la camisa abierta.- Murmuró una de ellas, dedicándole una mirada bastante penetrante a su hermano.
Y varios comentarios más volaron en el aire con esas intenciones, pero a esas alturas ya estaba más que cansada de la arrogancia de esas niñas, aunque fuesen mayor que ella por tres o cuatro años, ya había llegado a su límite.
-¿Por qué no vas a comerte algo?- Pronunció irritada, demasiado para su gusto.- Se ve que te mueres de hambre, anda, ve y deja a mi hermano en paz.
-¡Pero qué insolente!- Le gritó furiosa, casi a punto de golpearla.- Te crees mucho, niña, pero yo me encargaré de bajarte del pedestal en que te tienen.
Y Anna le soltó una bofetada. De un momento a otro pensó que se le vendría encima, calculaba el peso que tenía y si podría girarla en la acera para ser ella quien repartiera los golpes, pero sólo bufó molesta. Aquella chica huyó furiosa, a pesar de qué sus ojos irradiaban chispas, no pudo evitar sonreír por su hazaña, mas cuando escuchó la voz de Yoh tan cerca se dio idea del por qué de la reacción.
-¿Pasa algo? ¿Por qué golpeaste a esa jovencita?- Comenzó a preguntar con preocupación.- ¿Tienes algún problema?
-Ya basta, Yoh, sólo le pegué y ya.- Intentó aminorar el problema al por mayor, pero sólo logró que él la viera con seriedad.- Son mis problemas, ocúpate de los tuyos.
-Bien… si es lo que quieres.- Respondió con el ánimo caído.- En ese caso, ¿iremos al museo de arte o quieres ir directo a casa?
Lo único que quería era ganar tiempo, porque seguramente la profesora le avisaría a su padre de la detención fuera del aula y eso implicaba sólo problemas.
-Vamos al Metropolitano.- Meditó con cautela, para no parecer misterioso.- Quiero pintar un nuevo cuadro y los regalos de la boda aún estorban en mi habitación.
Sí, a pesar de que había pasado dos semanas, aún seguían obstruyendo el paso libre por su alcoba, más cuando deseaba más espacio para poner todos sus materiales. Sin embargo, no se quejaba, para su buena suerte nadie notó la ausencia de ellos dos, parecía como si todo el mundo se integrara sin su presencia.
-Estás muy callada, más que de costumbre.- Le comentó él desde la acera.- ¿En verdad no quieres confiar en mí?
-Tú no crees en los milagros, ¿verdad? Si los creyeras, ya sabrías que no voy a decir nada, son mis asuntos.- Espetó con dureza, mucha más de la que hubiera querido.
Y se arrepintió cuando notó en su rostro la melancolía. No podía evitar sentir pena por sus palabras tan hostiles, especialmente cuando Yoh sólo aminoraba su soledad, él no merecía un trato cómo ese.
-Lo siento.- Se disculpó con sinceridad y demasiada sutileza.
Sus ojos se mostraron sorprendidos por sus palabras. No pensó que vería en sus ojos algo más, pero ahí estaba la incredulidad reflejada en su rostro.
-¿Qué?- Le preguntó con extrañeza.- ¿Qué he dicho? ¿Tengo algo en la cara o por qué te me quedas viendo como tonto?
Entonces una sutil sonrisa iluminó su cara, como si hubiera dicho algo extrañamente cautivador.
-La verdad, Anna…- Pronunció con tentativa en cuanto tomó su mochila.- Tú nunca habías pedido perdón.
Y ahora ella era la que tenía dudas respecto a todas esas menciones en las que él se jactaba de conocerla de antes y aunque así fuera, sólo era una niña, no podía definir tantos rasgos de personalidad antes, ni siquiera ahora.
-Te digo algo: me confundes cada que hablas.- Respondió bastante extrañada.- ¿Siempre haces eso cuando hablas con alguien?
Su reacción fue mucho más familiar, porque a pesar de que venían caminando algo separados por la calle, él se atrevió a abrazarla y revolver su cabello como cualquier niño. Eso la molestó, pero supo de inmediato que esa era la intención.
-No todos los días caminas con Anna Kyouyama sin que te golpee.- Se burló el castaño con una sonrisa jovial y alegre.
-¿Y quién te ha dicho que no te voy a pegar?- Contestó dándole un codazo en el estómago.- Además, tú te lo buscaste, nadie toca a Anna Kyouyama y sale vivo sin un rasguño.
Y qué encantadora faz tenía Yoh al escucharla con el apelativo que él le había puesto o era eso o de verdad le encantaba ganarle la partida. Llegaron al recinto, era enorme el museo Metropolitano, pero ya no le llamaba mucho entrar, prefería pasar un momento recostada en el césped.
-Sabes, prefiero ir a perder mí tiempo en algún campo.- Sugirió, dando por hecho que sus deseos eran órdenes para él. Mas por su rostro, parecía que no iban a hacer lo que ella dijera.
-Tú no eres de hacer eso, Anna.-Replicó algo confundido.- ¿Qué hay de tu tarea?
-Ya la hice.-Respondió indiferente. No estaba mintiendo, dos horas encerrada en una aula y con un par de bravuconas ¿qué otra cosa podría hacer?- ¿Quieres un helado?, yo invito.
Sólo así, el castaño se salió de equilibrio. Por primera vez le causó gracia ver su casi tropiezo y su rostro lleno de confusión. Un extraño pensamiento la carcomió por dentro, como si esa reacción no fuera totalmente nueva.
-Entonces invítame tú, ya que no quieres que pague yo.- Le dijo con una sonrisa divertida.- Y qué sea ya o nos tardaremos más tiempo aquí.
Tal vez eso le hizo reaccionar un poco, ya que buscó con la mirada algún establecimiento de helados y golosinas. Sólo había uno en la ciudad, y estaba justamente a tres calles de ahí.
-Tendrás que caminar, no queda más que uno cerca.-Le habló Yoh.- Anna…
-Te espero aquí, no quiero caminar.- Afirmó convencida de que nadie la quitaría del columpio en el que estaba.
Yoh suspiró y se acercó a un oficial. Seguramente le daría instrucciones para que la vigilara, y eso pudo haberla molestado los primeros días, pero ahora que lo conocía desde más de un mes, aquellos detalles pasaban a formar parte de su vida.
-Y ni siquiera le dije de qué sabor quería.- Resopló molesta mientras sus pies se balanceaban con lentitud.
Fueron minutos los que estuvo pensando en su hermano, demasiado para su gusto, pero no podía evitar meditar sobre la actitud de Yoh. No era una mirada pervertida, a pesar de tener una falda tan corta, tampoco era una obsesión, eso le quedó claro. ¿Qué sería? Tenía la impresión de haber visto esa mirada no sólo en cada dibujo que plasmaba de él, sino en algún sueño.
-Perdón, no quise tardarme demasiado, sólo que no había vainilla.- Escuchó su voz apresurada, mientras sostenía un cono de helado en su mano.- Toma…
-¿Y el tuyo?
Sonrió y se sentó frente a ella, no le importó mucho el árido césped, tampoco si había piedras, sólo se dejó caer. Comprendió que tal vez para ser un hermano mayor le hacía falta más capital, después de todo comprar golosinas era demasiado caro, un privilegio de pocos.
-No te preocupes, yo no quería.- Contestó con simpleza.
Pero había aprendido a leer demasiado bien el rostro de los demás y era obvio que él sólo quería complacer sus caprichos.
-Toma del mío.- Le ofreció sinceramente, mas no esperó que Yoh emitiera una sonrisa tan encantadora.
-¿Y tomar de tu helado, AK?- Preguntó él con cierta curiosidad.- ¿Hay algo oculto en esto?
-Sólo que no quiero ver cómo me miras comiendo un cono de helado, no quiero pensar en los sucios pensamientos que tienes ahí sentado, viendo mi falda corta, mientras disfruto inocentemente de tu helado.
Yoh rió con soltura y se levantó del suelo para sentase junto a ella en otro columpio.
-¿Mejor así?-Cuestionó el castaño.- ¿Te sigo intimidando?
Sí, claro, cómo si eso fuera posible, pensaba Anna mientras saboreaba de la bola de helado.
-No me importaría que fueras veinte años más grande que yo, daría lo mismo, porque no me intimidas.- Se jactó con seguridad, pero cuando él tomó su mano y la atrajo a su boca, su seguridad de evaporó.
-Yo desearía ser sólo diez años menor.- Le confesó el castaño depositando un casto beso en su mano.
¿Y dónde quedaba su fortaleza? Por los suelos seguramente, porque ya no veía rastro alguno, menos cuando su mirada chocó con la de él.
-¿Y por qué quieres ser menor?- Preguntó, aunque esa respuesta podía ser más que obvia, pero aún así quería saberla.
Era probable que sus mejillas se incendiaran en ese sutil tono carmín, posiblemente ahogando un momento su fuerte carácter y su temple firme. Sin embargo, cuando lo contempló con otros ojos sabía cuál sería la respuesta.
-Tú sabes… siempre terminamos hablando de lo mismo.-Respondió Yoh confiado, muy confiado en que olvidaría el tema en lo mismo, pero odiaba hacerlo y qué le dijera lo mismo.
-¡Qué tipo de respuesta es esa! No es nada romántico.-Reclamó enojada, ante el espasmo de Yoh, que sin duda no esperaba semejante reclamo.- Tengo once años, no cinco, puedo pensar mejor que cualquier adolescente tonta.
-De eso no me cabe la menor duda, pero… tú ya lo sabes, para que reitero que te quiero como a una hermana y que…
-Y que te gusto.- Completó ella.- Sólo que no me quieres como a una hermana, sino que me tratas como si fuera tu novia.
-¿Mi novia?- Preguntó confundido, pero así de obvio era.- ¿Tú quieres ser mi novia, es eso?
-Si tú lo dices.- Respondió con una sonrisa intrigante en su rostro.- Está bien.
-¡¿Qué?! Anna, no puedes… es decir, no podemos, somos hermanos.- Contestó Yoh asustado de que alguien los viera discutir algo así.
-Lo único que te falta es hacerlo oficial, no veo cual es el problema si acabas de decirme que quisieras ser menor.
Más no quería aceptar el hecho. Su rostro se empañó de seriedad, una bastante inusual.
-¿Eso es lo que realmente quieres oír?- Preguntó el castaño- ¿De verdad quieres eso?
Ahora ya no sabía qué decir, sin verse como una niña tonta, aquellas a las que siempre criticaba.
-Tienes razón, estoy malinterpretando la situación.- Admitió apenada, girando totalmente su rostro para que él no la viera.- Perdón.
Hubo un momento de silencio. Dos minutos que parecieron convertirse en largas horas, mientras sentía como pequeñas gotitas comenzaban a caer del cielo. La primera lluvia de la temporada.
-Anna…- Susurró Yoh, logrando que lo mirara.- Tienes razón cuando dices que no te veo como una niña, no actúas como una. Y… especialmente hoy, me hiciste recordar muchas cosas, y vivir otras nuevas.
Sintió las gotas mezclarse con su cabello. Era una suave brisa de agua, pero que empapaba poco a poco su cabello.
-Me has pedido perdón dos veces. Y te devuelvo el último porque en realidad quien debe disculparse soy yo, no debería acosarte de esta forma… pero tú me gustas y si no fueras tan pequeña, te diría…
-¿Me dirías?- Preguntó mirando a las personas que pasaban por el museo.
-Te diría lo mucho que te amo.
Continuará…
N/a: Es un tema complicado, lo sé, ¿quién tendría un romance con una niña de 11 años? Sólo Yoh, parece. Bueno he aquí un capítulo más y próximamente estaré subiendo dos fics por estos días, no desesperen la vida cada vez es más corta, pero así es esto.
Gracias: annita-fic, Kei y Katsumi Kurosawa. Esta vez no tuve tiempo para contestar reviews, se los debo.
Ciao.
