Recuérdame

Capítulo VI.- Inolvidable

Dejó de respirar por un momento. Todo a su alrededor era bullicio y energía rebosante. El trabajo lo exigía, pero él no razonaba sólo existía. Cuando Men Tao le arrojó el bulto de arena sobre el hombro no pesó, al menos no tanto como había pesado en días anteriores.

-Odio a los malditos bastardos.- Refunfuñaba enojado y enfadado al saber que sus padres habían cortado su presupuesto enormemente.

Nadie podía culparlo, siempre fue niño rico, aunque el barrio fuera una miseria. Pero agradecía que fuera el único que se quedara a su lado, era su mejor amigo y el único que lo hacía sentir humano.

-Al menos aún tienen algo para mandarte.- Le comentó el castaño con precisión mientras colocaba el saco de arena en el carro.- Sé que muchos han perdido casi toda su fortuna en el proyecto…

-Pero nadie les asegura nada, de todos modos algún día nos moriremos.- Contestó con cierta rabia Men.- ¿Hay algo que quieras hacer antes de morir?

Y no pudo imaginar nada que no fuera ella y su pequeño y frágil cuerpo recargándose sobre el suyo. Sus cabellos resplandecían por el brillo tenue de sol, su piel cautivaba en ese tono lechoso y pálido que le daba la luz de media noche.

-Quisiera ver feliz a Anna…- Dejó escuchar en un tono melancólico, aunque este fuera más un susurro que una afirmación.

-Sí, creo que yo también.- Concordó extrañamente Men, dejándose caer con pesadez a su lado.- Al menos uno de nosotros tendría que serlo…

Yoh sonrió y siguió la jornada de trabajo. Poco quedaba por ver en aquella ciudad, la última de los alrededores, y que pronto sería un gran nada. Miró a su derecha y no podía describir la miseria en que vivía ahora su amigo. Todos apostaban al futuro, pero qué futuro había si las generaciones anteriores habían desecho el mundo ahora.

-Sólo los ricos sobrevivirán.- Le dijo Anna sacándolo de sus pensamientos.

-Ojala no fuera así, pero creo que tienes razón.- Confirmó dándole la razón.

Últimamente ya no vivía con conciencia, sólo existía, a menos que estuviera al lado de ella. Y una vez más la fue a recoger al colegio. Cansado y agotado, aquello era lo más regocijante de todo el día.

-¿Crees que tenga un buen futuro?- Le preguntó con un tenue sonido en su voz.

Y le tomó la mano. Anna le miró y le sonrió tenuemente. Ella era la niña más hermosa cuando lo hacía, pero bien sabía que pocas cosas le alegraban la vida. Así que no dudó en hacerla sentir el ser más maravilloso de la tierra.

-Vas a ser la persona más exitosa que conoceré y… no necesitarás de un hombre para llegar a cumplir tus ideales.

Eso pareció estremecerla, al grado de desviar su mirada y abrazarlo mientras caminaban hacia su departamento. No le importó la suciedad de su ropa, Anna simplemente se mostró encantada por la forma en que él la trataba y mimaba.

-¿Sabes que soy menor que tú?- Le preguntó Anna en costumbre, especialmente por sus atenciones.

-Lamentablemente, sí.- Confirmó en el mismo tono, mientras dejaba sus cosas sobre la mesa que compartía con Men.

Ella subió a cambiarse y bajó poco tiempo después con conjunto realmente encantador, que Yoh no pudo reprimir su ternura, sobre todo cuando se arrodilló para besar sus tiernos y suaves labios.

Sintió sus manos tocar su cabello de una forma intima y agradable, como cuando ella fue su esposa y vivían en forma arriesgada, siempre peleando, siempre inmersos en la sangre y las batallas. El día de hoy, la única disputa que quería lidiar era saber el color de pintura que mezclaría en su paleta de colores.

Anna lo separó lentamente y se marchó por algunas cosas, dejándolo sentado en el piso. En realidad, le fascinaba esa autoritaria forma de ver las cosas y regresó con sus audífonos puestos y un reproductor de música a su lado.

-Escucha…- Le señaló sentándose a su lado.

La melodía sonó tenuemente, mientras el piano se dejaba escuchar magistralmente en un sonido suave y ligero. Duró un instante, mientras las pequeñas manos de la rubia le colocaron el audífono en el oído.

-¿Quién la compuso?- Preguntó Yoh fascinado, más al ver como Anna lo miraba fijamente a los ojos.

-Pensaba en ti en el momento que la toqué.- Confesó Anna, dejándose envolver por el ambiente cálido que se formaba entre ellos.- También escribo mis propias partituras.

-Tendrás que mostrarme algún día…- Dijo Yoh cautivado por la vergüenza que tenía Anna cuando él tocó su mejilla.- Eres… lo más hermoso que he visto.

El castaño percibió ese brillo inusual en sus ojos. Lágrimas ahogadas en el dolor, pequeñas gotas que quisieran salir, pero que jamás encontraron el rumbo correcto, hasta ahora… cuando sin imaginárselo, una gota salada rodó por su mejilla.

-¿No conoces la belleza, verdad?- Le cuestionó con cierta melancolía.- Mi alma es oscura y sucia.

Claro que la conocía y la vivía en carne propia muchas veces, pero ella siempre fue diferente, desde la primera vez que la conoció y se tachaba de ser una persona odiosa y pérdida. Por eso, se sintió triste y envuelto en sus propios recuerdos.

-¿Por qué lo dices?- Preguntó besando el camino que las lágrimas recorrían lentamente.

-Porque soy un objeto de cambio…- Pronunció ella con cierto rencor.- No quiero, pero lo acepto y eso no es correcto.

Entonces Yoh posó su mano sobre su mejilla y ella cesó en su lamento, recargando su cabeza en su bien formado pecho. Él era un ser mágico para ella y lo fue desde el momento en que conoció lo que sentía. Porque gracias a él podía respirar sin sentirse amarrada, porque él era maravilloso.

-Pero eso no mancha tu alma, ángel mío.- Le susurró a su oído, mientras sus brazos la acercaban a su cuerpo.- Jamás serás un demonio, te lo juro.

Notó como la nube de tristeza y soledad se marchó y ella se recostó en su pecho mientras acariciaba su cabello rubio. Sabía que era una candidata fuerte para ser la esposa de algún millonario, pero también sabía que era la mujer más talentosa que podría tener de compañera alguien.

-¿Aún vas a pintar?- Preguntó Yoh con suavidad, amoldando la distancia entre su rostro y el de ella.

-Sigo pensándolo…- Murmuró en el tono fiero y agresivo de siempre.- ¿No me vas a distraer?

-Tal vez pueda ayudarte.- Le sugirió Yoh levantándose del suelo.

Lo acompañó a su alcoba y él abrió las ventanas y las cortinas para dejarle ver la panorámica vista de la ciudad que antes fue el más visitado por todo el mundo. Toda una metrópoli. Notó su preciosa y figurante ternura, especialmente cuando tomó entre sus manos el lienzo para ponerlo junto al banco y el caballete alzarse con delicadeza delante de él.

-¿Podrías tener mejor acompañante?-Dijo Yoh con suavidad, la misma que sentía al verla levantarse para mirarlo.

-No, te estaba esperando a ti.- Murmuró Anna pensativa.- Eras lo que necesitaba.

Y sin hablar más se sentó a trazar con un lápiz los primeros trazos de la ventana y el panorama que se asomaba a la distancia. Había muchos tonos grises, pero el marco de la ventana dibujaba en el interior un ambiente cálido y de gran color.

Vio la presteza al tomar sus pinturas sin distracciones. Y quiso que su mano tuviera la presteza para hacerlo del mismo modo. Entonces se acercó a ella, arrodillándose ante la figura delgada de Anna. Ella le miró sobre su hombro, mientras él se acercaba a robarle un pequeño y tenue beso de sus labios.

-Enséñame…

Anna tomó su mano derecha y le dio el pincel delgado. Se paró del banco en que se encontraba sentada y cedió su lugar sin mayor problema. Pensó que le gritaría, pero el día de hoy brillaba la ausencia de su mal humor.

-Tómalo con firmeza.- Le indicó cerca de su oído, rodeando su cuerpo con el suyo.

Un acercamiento tan delicado e íntimo, pero el cual ella no veía con intensiones extra, sino como la enseñanza de una nueva atracción. Su mano cubrió la suya y su brazo de adaptó a la distancia del de ella. Entonces se enamoró del roce de su mejilla a la de él, mientras contaba la forma más fácil de pintar.

Ambos estaban cerca, uno del otro, escuchando el aliento, sintiendo su pecho subir con cierto ajetreo. Mirándose a menudo, luchando contra ese instinto que les sugería dejar todo y separarse.

-Pintas con mucha entrega.- Comentó Yoh emocionado al ver la creación que ambos retrataban.

-No… tú estás haciendo todo.- Contestó Anna tan cerca de su oído que le estremeció la diminuta distancia.- Tus manos son libres….

-Tanto como tú.- Señaló Yoh mirándola fijamente sobre su hombro.- Eres libre de amar a quien tú quieras y de hacer lo que mejor te parezca de la vida.

Bellas palabras, pero perfectamente idealistas y que hicieron sonreír amargamente a la dueña de sus sentimientos, quien soltó el pincel para pasar por su rostro aquellas frágiles y seguras manos blancas.

-No necesitas mentirme, no me voy a ir a ningún lado.- Pronunció con firmeza y plenitud.- Soy feliz aquí.

-Pero serías inmensamente feliz si no tuvieras que refugiarte aquí conmigo, y vivieras como la niña hermosa que eres.- Contestó sin temor a que ella huyera y fuera a casa de sus padres a vivir nuevamente con ellos.

Sin embargo, aquel miedo se evaporó cuando su mirada cayó en sus ojos y ese irradiante tono miel se suavizó hasta ser un tono dorado. Precioso, sin igual, del mismo modo en que ella se acomodó en su pierna y se sentó sin ningún miedo.

-Me gusta lo que sientes por mí, me hace sentir especial y mucho más segura de mí misma.

Y como esa suave melodía en la que ella interpretaba sus más profundos sentimientos, como cuando en cada batalla de shamanes le brindaba su apoyo sin reconocer nunca lo angustiaba que se encontraba al verlo debatir entre la muerte.

-Yo estoy aquí porque me gusta estar, no por obligación, ni porque no tenga opción.- Continuó con ese tono autoritario, digno de ella.- Yo te di la opción de dejarme, ahora afronta las consecuencias.

Sutil, pero tan cierto. No pudo evitar regresar el tiempo y ver a la pequeña Anna gritándole que se marchara porque ella no era una opción para ser su prometida y nunca lo sería. Ahora, ella no tenía recuerdos, sólo el presente y la pequeña felicidad que le brindaban los momentos felices.

-Yo jamás te dejaría, Anna.- Le susurró al oído mientras se recargaba en su regazo, como un tesoro que quisiera acunar por siempre.- Eres lo único que me mantiene con vida en este grisáceo mundo.

La rubia apoyó su mano cerca de su corazón, que bombeaba aceleradamente por la fragilidad que desbordaba esa niña. Siempre fue encantadora, pero pocas veces le permitió tocarla y decirle lo importante y fundamental que era en su vida.

-¿Tú quieres que sea feliz?

-Por supuesto.- Respondió sin dudarlo un solo momento.

-Entonces déjame estar aquí…

Y como si eso calmara sus pensamientos asintió con levedad, mientras ella se incorporaba y lo miraba a una altura considerable, la altura justa para ella. Yoh delató su intención y tomó su mano con premura para acercarla a él. Sus rostros se encontraron y acariciaron con sutileza en un roce de labios.

Un sentimiento único y legendario, como aquel que prevaleció tantos siglos. Ella no podría amar a alguien como lo amaba a él, jamás. Y por eso cuando Yoh comenzó a besarla, sabía que no podría dejarla ir con tanta facilidad, porque una parte de ella le pertenecía inherentemente.

-Quiero contarte algo importante…- Le susurró entre ese beso tierno y fugaz.

-¿Una historia?- Preguntó Anna con los ojos cerrados, esperando el momento en que él le robara de nueva cuenta el aliento.

-Nuestra historia…- Murmuró Yoh sentándola en sus piernas con bastante soltura.- ¿Me dejas contártela?

Anna lo miró con curiosidad, pero al notar como Yoh inclinaba su menudo cuerpo para robar sus labios con calma y amor, no pudo negarse a la propuesta del castaño.

-Cuéntame…


Continuará….

N/a: Bien, aquí está un nuevo capítulo de este fic rarito. Muchs me comentan de la pedofilia xD, sí muy curioso, pero Yoh ve a Anna, no contempla demasiado la edad ahora que ella le ha abierto como que su corazón y que cursi me veo ¿no? Ni yo me lo creo abiertamente, pero hasta aquí mi actualización.

Agradecimientos : Erendy Asakura ( muy bonita la canción, pero no era mi inspiración precisamente xD), Ludy Phorsha, Kei, M. Fragance of Winter, mellita y Katsumi Kurosawa.