Recuérdame

Capítulo VIII.- Así habla el corazón

Recostado en su espacio no podía dejar de pensar en el aroma que impregnaba su almohada, la bella y delicada esencia que la pequeña Anna había dejado ahí. Al partir ella muchas cosas cambiaron en su interior, especialmente cuando pensó en las veces que la rubia lo había acompañado en sus viajes y desventuras.

-Vámonos, el carro ya ha llegado.- Le anunció su amigo interrumpiendo abruptamente sus pensamientos.

No tomó demasiada importancia, puesto que Ren era así y Hana, inclusive, tenían un temperamento complicado y bastante despreocupado en ese sentido, aunque su hijo… era igual de complicado que Anna. No obstante, está viviendo una nueva realidad y debía aceptarla, a veces, sólo en ocasiones maldecía tener sus recuerdos. Porque él parecía vivir de la nostalgia y no de los momentos actuales.

-Si no quieres ir, quédate.- Le espetó Men al ver que no se movía de sitio.- Pero yo quiero ir a respirar aire fresco a ese dichoso lugar.

Lo siguió y se subió a la camioneta prestada que un amigo de Michael amablemente les había dado para transportarse al bello campo. Anna, por supuesto, no negó el favor. Al contrario se notaba muy entusiasmada, aunque no lo evidenciara a todos los presentes, pero su mirada… se derretía por conocer la inmensidad del mundo. Y por supuesto, se sentó a su lado, mientras Men ocupó en la totalidad el asiento trasero.

-Muy bien, vámonos.- Anunció Michael emocionado.- Será un fin de semana fabuloso.

Ella no lo miró, se dedicó a ver la ventanilla y recargarse sin preocupación alguna en el asiento. No culpaba su mal humor, él había sido cortante y muy exigente en marcar sus límites. Anna no era consciente de la gran atracción, del poder que podía influir en él y en otros, no tenía conocimiento de lo que podía despertar si se lo propusiera.

-Anna…- Le susurró cerca de su oído.

Estaban rodeados, y aún así todo parecía ser tan normal.

-¿Qué quieres?- Cuestionó indiferente, mientras escuchaba su reproductor de música.

-Nada…- Respondió agradado de que al menos no estuviera triste por decirle que no podía quererlo con la misma intensidad.

-¿Te has preguntado qué significa para Yoh Asakura un "nada"?- Oyó con atención el reclamó, pero no lo veía, parecía como si su molestia fuera parte del momento.- No te lo preguntes, yo te lo respondo. Quiere decir: Anna, déjame hostigarte un rato en el coche, porque después te voy a patear cada que intentes acercarte.

Vaya… eso sin duda lo dejó sin aliento y le encanto, aquello tenía un toque peculiar de Anna Kyouyama impregnado en todo el sentido de la palabra.

-¿Y sabes qué es lo más importante? Que no me interesa, puedes hacerlo y realmente voy a tener mejores asuntos que atender.

-¿Cómo qué?- Cuestionó interesado, aunque también podía haberlo tomado a burla.- Claro, si puedo saber, AK.

-No, no te interesa, creí que querías que tuviéramos una relación más abierta.- Le respondió altiva.- Estoy respetando mi límite.

-El limitado soy yo, no tú.-Recordó Yoh pasando un brazo para rodear sus hombros.- Tú estás bien.

-Tan bien que quiero estar contigo aunque tú no quieras.- Le espetó con dureza mientras le pegaba en el estómago.- Niña o no, tengo derecho a tomar mis propias decisiones.

Yoh sonrió y dibujo un pequeño paisaje en el cuaderno que llevaba para arte. No era la gran cosa, pero al menos tenía práctica ilustrando las tareas de su hijo, Hana se lo pedía continuamente aunque fuera un desastre.

-No sabes dibujar.- Le regañó Anna horrorizada por los trazos.- ¿Es que acaso no notas la diferencia?

-Claro que lo sé, pero me nació hacerlo.- Contestó relajado entre el calor que el pequeño cuerpo de Anna provocaba y la sensación de cuidarla a su lado.- Sabes… no debería decirlo, pero me encanta tu carácter.

-Y a mí me encantaría que los dos me dejaran dormir.- Les irrumpió con frialdad Men, intentando cubrir sus oídos con dos grandes almohadones.

Anna le miró sin dejar de mover su cabeza en signo de negación, a veces era tan hermético Men Tao que le desesperaba.

-Tienes razón, es idéntico al tipo que conociste, ese tal Ren.- Concordó la rubia restándole importancia.- Y deja de acosarme, si no me quieres tener recostada sobre tus piernas todo el camino.

Aunque era más un murmullo, él alcanzó a escuchar perfectamente sus palabras. De hecho le sorprendió que no tardara en dormirse en el trayecto. A Anna no le importaba quedarse despierta todo el camino, pero ahora era tan diferente parecía ser muy frágil.

Admiraba esa actitud madura, porque había dejado la melancolía y ahora parecía adaptarse a lo que él le contaba. Jamás creyó que le creería con mucha facilidad, pero al parecer, mucho se adaptaba a sus creencias y a lo que sentía. Eso le daba sentido a la poderosa unión que los mantenía juntos.

Mas cuando bajaron del auto, y percibió el aire limpio de la lujosa casa de campo, su mundo cambió radicalmente, especialmente cuando un joven esperaba a Anna en la entrada de la residencia. Eran por lo menos cinco años más grande, pero tenía un porte de gallardía e imponencia que lo dejaba atrás por mucho.

-Hace años que no visito un vejestorio de estos.- Le comentó Men mientras bajaba somnoliento.- Pero te va a servir de experiencia, los ricos suelen comer en sus jardines y llenarse la boca de quesos ingleses.

Adentro todo era perfecto, como un cuento hecho realidad. Sabía que Anna se fascinaría al ver los cuadros más caros en las paredes, las esculturas que hace siglos estaban en museos y aquel expectante diseño arquitectónico. Todo lo que ella quería, era el lujo y la elegancia que siempre quiso tener y que nunca le dio, ni ahora, ni en su vida pasada.

-Y mira, Anna, este es el comedor.- Señaló el joven con gran orgullo.- Siglo XXI, la madera está muy bien conservada.

Demasiado, pensaba Yoh posando su mirada en todo el decorado. Su madre se notaba impresionada, y no era para menos, Michael estaba contactando gente muy influyente y no dudaba ni un poco que Anna estaba incluida en el contrato. Aunque probablemente eso ya lo sabía.

-Si no quitas esa cara de idiota nunca vas a disfrutar de todo lo que tenemos que aprovechar.- Men tenía la mente en claro, lo que deseaba y no quería perder el tiempo jugando con niñitos y adolescentes.

Resignado, se alejó y dejó a Anna a solas con él. No sabía qué le desagradaba más, que ella tuviera la opción de querer a alguien más o que él simplemente se limitara a dejarla ir. En cualquier opción, sólo ella podía elegir y sabía que estaba mal, pero deseaba que eligiera sobre todos los posibles candidatos a él. Lo ansiaba.

-Supongo que en tu tiempo no había esto.- Le habló refiriéndose a los bocadillos extraños, compuestos de comida comprimida.- Se ven horribles, pero tienen un buen sabor.

Anna era muy fresca, se veía la ligereza de sus pasos, la energía que tenía a pesar de no vivir en un ambiente tan fresco como ese.

-Este es tu ambiente, ¿no es así?-Se atrevió a preguntarle después de meditarlo un momento.

Ahora que Men estaba descansando bajo el árbol que había escogido para dormir lo que no había podido hacer durante el trayecto. Y Anna lo había escogido de compañero de té, limitando a los demás, excusando con claridad que era una nueva costumbre de familiarización entre ellos.

-Si te refieres al bosque y todos los objetos, me gustan, no lo puedo negar.-Contestó segura, aunque sus labios temblaban por una extraña razón.

Y su mirada se posó en la de él. Dos días sin tocarse, sin besarse y más bajo la lupa de sus padres, era imposible generar un encuentro de pareja.

-Sabes a lo que me refiero.- Aclaró Yoh sonriendo sin mucho ánimo.- Él te respeta bastante, a pesar de que es un adolescente.

-Lo mismo haces tú.- Reafirmó sorbiendo el té de su taza.- Tú eres más atractivo.

-Aún le falta crecer, no puedes desdeñarlo todavía, de hecho… es ilógico, yo…

-No la menciones, por favor.- Le pidió con rudeza.

Fue algo cómico recordar a la pequeña Tamao, la niña que había vivido con él toda su infancia y a la que nunca vio como algo más que una hermana. Anna no tenía sus recuerdos, pero sentía los mismos celos que su ser anterior. Y mucho más evidentes.

-Tamao era una niña linda y jamás le hice caso.- Recordó Yoh con cierta nostalgia.- Cuando creció también lo fue.

Sólo que ahora sintió como Anna le pateaba la espinilla. Fue un dolor horrible, pero ella se jactó con gracia y elegancia. Claramente le había advertido, aunque nunca pensó que cumpliría con su promesa si se atrevía a mencionarla.

-Me tenías a mí, es obvio que nadie se compara conmigo. Además, ¿quién más te hubiese soportado tus malditos cambios de humor?

-¿Segura que estás hablando de mí?- Cuestionó con gracia.- Ouch, nunca te había visto tan molesta por Tamao, de hecho la tenías siempre a tu lado.

-Al enemigo siempre se le tiene cerca, tonto.- Respondió molesta, más porque él la miraba con ternura.- ¿Qué?

-Nada…

Sí, iba a reclamar, definitivamente iba a hacerlo, pero antes de que lo hiciera la besó. Fue suave y muy rápido, demasiado para ser una caricia sensual. Al contrario, abrió los ojos y se cercioró de que nadie estuviera a la vista.

-¡Estás loco!- Replicó Anna en voz tenue.- Alguien podría habernos visto y entonces…

-Nadie nos vio, Anna, además no te arriesgaría de esta forma tan inusual.

Muy cierto, aunque desearía con mucho ahínco que ella fuera diez años más grande, entonces la besaría sin problemas y no le importaría. Esta vez ella no tendría que pedirle besos, porque él se los daría cuando le naciera hacerlo. Siempre…

-¡Anna!- Escuchó como la llamaba el joven con emoción.- Linda, hay algo que quiero mostrarte.

Muy cariñoso para ser su primer encuentro, por lo que dedujo que debía conocerlo con anterioridad. Sin embargo, la rubia se levantó y le miró con cierto toque de maldad. Lo hacía para darle celos, de eso estaba más que seguro.

-No me digas linda, tonto.- Le respondió con dureza.- Y ahora voy.

-Cómo tú digas.- Contestó resignado, mientras caminaba adentro de la casa.

Anna se acercó a su rostro y le susurró tan cerca de su oído algunas palabras antes de marcharse.

-Disfruta de tu soledad, Yoh.- Se despidió con el mismo tono de arrogancia de siempre.- Te quiero…

Yoh sonrió con verdadera emoción y la miró irse con bastante prisa. Sinceramente le daba igual lo que ese niño intentara hacer, Anna tenía en mente hacerle desistir sobre la idea de dejarla ir. Aunque… si su deseo fuese verla mejor, ahí estaba el futuro hermoso que quería para ella.

Él no era mucho mayor y podía llevar una relación mucho más estable a su lado. Lujos, comodidades, vida… Entonces sintió como alguien le hacía compañía. Men se había sentado en el lugar que ocupaba Anna anteriormente.

-¿Me dejas tomar el té contigo?-Le cuestionó con dureza.- Digo, no soy Anna, pero puedo hacerte compañía.

Hubiese sido un momento bastante cómico de no ser porque su rostro no tenía un ápice de sentimientos, y al contrario mostraba su parte más seria y más ruda.

-¿Qué tienes en mente, Men?- Le preguntó directamente y sin ningún temor.

-Es lo mismo que me preguntó yo, Yoh. ¿Qué misterio traes con Anna?

Sólo un minuto transcurrió antes de que Men saltara con más preguntas y un comportamiento digno de cualquier enemigo.

-¿Es que acaso estás…

-Estoy enamorado de ella.

Continuará...


N/A: Este fic es el previo a una actualización larga, así que ya se imaginarán que sigue después de éste, y no sólo esto, es una actualización múltiple. Sé que es bastante presuroso, pero trato de aprovechar al máximo mis vacaciones y más saliendo de un ritmo ajetreado, así que tengo que estar activa, una disculpa por tanto movimiento en mi cuenta.

Agradecimientos especiales: HouRayKen, Kei, Katsumi Kurosawa, M. Fragrance of Winter y a sey.