† Capítulo II †
–¿Escuchaste alguna vez esta canción? –preguntaba Moses a Diva.
–A veeer... –se volvió a poner los enormes auriculares, mirando a Moses con una ceja levantada a los pocos segundos de haber comenzado la canción, pero sin dejar de sonreír... no podía dejar de sonreír cuando estaba a su lado– ¿Cómo no la voy a conocer?
"Bury all your secrets in my skin / Entierra todos tus secretos en mi piel,
Come away with innocence and leave me with my sins / Vete con inocencia y abandóname con mis pecados.
The air around me still feels like a cage / El aire a mi alrededor todavía se siente como una jaula,
And love is just a camouflage for what resembles rage again / Y el amor es sólo un camuflaje por lo que se parece a la rabia otra vez."
"Snuff", de Slipknot... una de esas canciones que solía cantar todas las noches de ese horrible verano mientras estaba encerrada en mi habitación, mientras trataba de huir del mundo exterior.
–Jajaja, vale, vale. ¿Y conoces Bring Me The Horizon?
–¡Síiiii! –se le iluminaron los ojos con esa pregunta– ¡Es mi grupo favorito! ¡De hecho, estuve en el concierto que dieron aquí este verano! ¡Al día siguiente estaba completamente sin voz por haber cantado gritando todas y cada una de sus canciones! ¡Y le toqué la mano a Oliver Sykes!
Mientras, Saya seguía en silencio y pensando, no era capaz de entender por qué aquel chico le importaba tanto, si ni siquiera se conocían, no había pasado ni una hora desde que lo había visto por primera vez... ¿Será una de esas personas que dejan huella para siempre? Pocos minutos después, sonó de nuevo el timbre; un alivio para Saya, no tendría que hablar con él durante veinte minutos, ya podría respirar tranquila... pero le daba pena dejarlo solo.
Diva se quitó los auriculares para devolvérselos a su propietario, y se levantó de la silla al mismo tiempo que se peinaba con los dedos.
–Moses –llamó Saya.
–¿Qué? –respondió él, inexpresivo, como siempre.
–Te presento a Haji –dijo, señalando al susodicho– Haji, te presento a Moses.
Vio que ambos se saludaban y comenzaban a hablar, y se quedó mirándolo embobada durante unos instantes... sus ojos, su pelo, su sonrisa, sus manos...
–¿Vamos? –preguntó su hermana, haciéndola sobresaltarse ligeramente.
–Ah, sí.
–¿Qué te pasa, hermanita? Estabas como atontada... –le dijo con sorna.
–Noo, es que estaba medio dormida –la ojos azules sonrió irónicamente, para molestia de Saya; y ambas se dispusieron a bajar las escaleras hacia el patio.
Ya sentadas en el banco de siempre, ignorando a todos los adolescentes ruidosos y en celo que llegaban hasta donde alcanzaba la vista, Diva se dispuso a matar a su hermana tras haber cogido aire.
–¿¡Aahh, pero cómo se te ocurre decirle que se sentara a mi lado! ¡Pasé la vergüenza de mi vida! ¡No podía dejar de mirarle, y cada vez que lo miraba, él me estaba mirando a mí...! ¡Y eso me hacía pasar más vergüenza! ¡Aún por encima de que no sé por qué mierda quieres juntarme con él si sabes que no me gusta y que paso de enamorarme después de lo que ocurrió en verano! –cambió repentinamente el tono histérico por uno nervioso– ¡Kukuku, me puse sus cascos!
–¿Eres consciente de que te acabas de contradecir a ti misma mencionando eso sobre los cascos, y que aparece siempre que hablas de él?
–¿Qué...? –miró en la misma dirección que su hermana, y lo vio, siempre con sus enormes auriculares, pero ahora acompañado del chico japonés. Se giraron para saludarlas con la mano, y ellas les sonrieron– ¡Jaa, estás toda roja!
–¡Cállate, que te va a oír!
–Si me oye, me tomaré esto como mi venganza –sus ojos carmesí parecían refulgir llamas, mientras Diva reía maliciosamente– ¿Sabes qué? Creo que Haji esta noche estará muy ocupado pensando en el momento en el que te caíste encima de él –dijo insinuante, ignorando por completo su mirada asesina, y haciéndola sonrojarse.
–¡Cállate ya, no me gusta Haji!
–¿...Viste qué ancha tiene la espalda?
–Sí... –contestó babeando.
–¡Ajá! –se levantó del banco y comenzó a saltar– ¡Te gusta! ¡Te gusta! ¡Te gusta!
–¡Diva, siéntate! –agarró la mano de su revoltosa hermana y la sentó otra vez– No me gusta, sabes que los estudios son lo primero para mí, no puedo entretenerme con chicos. Y tú, si estudiaras más tiempo en vez de acosar con la mirada a Moses, te iría mejor.
–¡Mentira! ¡Yo no lo acoso!
–Pues hoy estuviste hablando la clase entera con él muy animadamente...
–Porque estábamos hablando de música, y sabes que yo con ese tema me emociono.
–Jajajaja, seguro. Venga, vamos ya a clase, que toca Gimnasia.
–Oh, mierda –gruñó, y luego se dirigió a clase.
Odiaban la asignatura de Gimnasia, era la más cruel tortura, y la profesora era como la versión femenina de Hitler... aunque realmente nadie tenía certeza de si aquel experimento fallido era una mujer.
–Aah, no quiero hacer gimnasiaaaa... –gruñó cogiendo su mochila con el chándal dentro, y dirigiéndose hacia el gimnasio junto con Saya.
–Ni yo, pero tienes que hacerlo, o vas a suspender...
–¿Crees que me importa?
–Anda, Diva, no seas así, que a este paso, no vas a conseguir pasar de curso.
–Tampoco voy a tener que repetir curso por suspender Gimnasia.
–Sí, Gimnasia, y Matemáticas, y Literatura, y Sociales, y Latín...
–Vaaale, valee... –miró de lado a su hermana y entraron en el vestuario del gimnasio, donde ya estaban Noelia y las zorras de sus amigas despotricando acerca de todo y todos. Cesaron su cacareo al verlas entrar.
–Chicas, aún no es carnaval... –dijo fingiendo amabilidad de mala manera.
–¿¡En serio! Vaaaya, es que al verte, pensé que sí lo era –contestó Diva, justo antes de entrar en uno de los cambiadores.
Sacó el chándal de la mochila y lo dejó tirado en el suelo mientras se quitaba el uniforme que, si ya era suficientemente feo, el chándal era todavía peor: una sudadera azul con el logotipo del instituto dibujado a un lado, y unos pantalones deportivos del mismo color. Odiaba la ropa que le obligaban ponerse, odiaba ir vestida igual que todos los demás. Salió del vestuario y, yendo a la parte del gimnasio en donde estaban todos, chocó con alguien. Bajó la mirada al separarse de él, y sus ojos se toparon con los pantalones ligeramente caídos de Moses. Claro, ¿quién si no iba a tener un culo tan perfecto que dan ganas apretarlo con las dos manos? ¡Aay, omá, qué rico! Miró hacia arriba, intentando no pensar esas cosas que dañarían su orgullo reconocer, y se encontró con sus profundos ojos verdes mirándola de reojo.
–Cuidado, no te mates –dijo con una sonrisa; ella se quedó embobada y sólo pudo sonreírle tímidamente. No comprendía esa sensación que le producía estar a su lado, le gustaba estar cerca de él y notar su presencia... ¡Y no me gusta que me guste!
–Bueno, hoy os dejo hora libre, que yo tengo que ir a arreglar unos papeles –dijo la profesora, con el tono déspota propio de ella que tanto le molestaba a Diva. Salió del gimnasio, dejando a los aproximadamente veinte adolescentes solos.
–¡Sí, me libro de hacer gimnasia! –la ojos azules saltaba de alegría.
–La madre que la parió, y para eso me pongo yo el chándal... –Saya se sentó junto con su hermana en unas colchonetas, mientras la mayoría de los demás entraban en los vestuarios a cambiarse de nuevo– Bueeno, ¿qué tal con Moses? ¿Piensas admitir algún día que sí te gusta?
–No puedo admitir algo que no es verdad –contestó con una mirada asesina, pero con un leve sonrojo.
–Vengaaa, si a él le gustas...
–¿Y tú qué sabes?
–Algún día se lo preguntaré –le guiñó un ojo, para más enfado de su hermana pequeña.
Diva, con cara de resignación, se levantó de las colchonetas cuando en el gimnasio ya volvía a haber más gente presente, y se dirigió al vestuario.
–¿Adónde vas?
–A cambiarme –dijo sin voltearse ni detenerse, con voz seria.
Con la canción "Vulnerable", de Secondhand Serenade, resonando en sus auriculares, Saya miró hacia el frente y se encontró con Haji, que le pidió permiso para sentarse a su lado.
–Claro, siéntate –contestó ella, quitándose los cascos y guardado su iPod en el bolsillo de la sudadera. Sintió calor en sus mejillas, ¡se estaba sonrojado, y él lo iba a notar! Entonces, notó que Haji posaba la mano en la pierna derecha, cerca del tobillo, con una mueca casi imperceptible de dolor– ¿Te pasa algo en la pierna?
–Karman me dio una patada con la excusa de que creía que yo tenía el puñetero balón de fútbol.
–Lo mataré –lo había dicho en un tono de voz bastante alto, a lo que Haji empezó a reírse, ...y qué sonrisa.
–Te lo agradezco, pero no ensucies tus bonitas manos con sangre de rata –dijo con una sonrisa traviesa. ¡Ha dicho que mis manos son bonitas! ¡Me muero! ¡Me muero!
Casi corriendo, Diva entró en el vestuario, quedándose estupefacta cuando sus ojos se toparon con Moses, vestido tan solo con la ropa interior.
–¡Aaaaah...! –gritaron al unísono, mientras ella se tapaba los ojos y él se intentaba tapar a sí mismo.
–¿¡Moses, qué haces tú aquí! –preguntó sobresaltada, sin apartar las manos de sus ojos, pero entreviendo su cuerpo por los huecos entre sus dedos.
–Diva... ¿eres consciente de que estás en el vestuario de los chicos...? –contestó él, con dulzura.
–¡Joder, mierda! –gritaba nerviosa mientras se volteaba para salir de allí– ¡Lo siento!
Corrió hasta el vestuario femenino, intentando sin éxito evitar aquel color rojizo en sus mejillas y, absorta en su mente, chocó con alguien.
Saya escuchó el grito de Noelia cuando estaba sentada en las colchonetas, esperando a su hermana. Aquel agudo chillido le recordó a una puerta oxidada abriéndose; no hay duda de que eso fue Noelia. Haji la miró con cara de sorpresa, y le preguntó:
–¿Qué fue eso?
–Noelia gritando. Qué dolor de cabeza.
–¿No vas a hacer nada?
–¡No! Perdona, puedo parecer mala, pero no hago nada bueno por las personas a las que odio.
–¿Por qué la odias?
–Está siempre haciendo algo malo a la gente que quiero. Hace tres años, hubo un chico que me gustaba mucho, y yo también le gustaba a él; así que empezamos a salir, pero una semana después, murió atropellado –una lágrima amenazó por escaparse de sus ojos, y ella cerró los párpados dejándola caer por su mejilla– Y esa cosa, Noelia, lo primero que me dijo al enterarse fue que él cometió suicidio por haber estado saliendo conmigo... y eso que por aquel entonces se suponía que éramos amigas –Haji la abrazó y le limpió la lágrima con la mano, mirándola con cara de empatía.
–No te preocupes, algún día pagará por lo que dijo.
–¿¡Pero tú estás gilipollas o qué te pasa! –Diva olvidó por unos segundos la vergüenza que la inundaba, y se encontró con Noelia en el suelo, la cual parecía un perro rabioso que atacaría de un momento a otro a la primera persona que tuviera delante... y esa era ella.
–Noelia, no ensucies el suelo, la basura se echa en un vertedero... –le contestó con una sonrisa cínica.
–¡Ayúdame a levantarme, idiota!
–¿...Por qué debería hacerlo? Además, no creo que te doliera mucho caer desde esa altura.
–¡Porque fuiste tú la que me empujó para que me cayera!
–Uy, es que me tengo que ir a cambiar –dijo, sonando lo más falsa posible, y entró en uno de los cambiadores, dejando a Noelia en el suelo, justo donde debería estar.
Al mismo tiempo, Saya estaba encantada entre los brazos de Haji; su colonia olía tan bien, su mano era tan suave, y él era tan cariñoso... La abrazó un poco más fuerte y la besó en la frente; entonces las mejillas de Saya empezaron a arder y empezó a sentir mucho calor.
–Perdón, pero me tengo que ir –en ese momento, vio a Moses saliendo del vestuario. Haji cogió sus cosas y salió del gimnasio junto con él, dejando a Saya aturdida y cerca de desmayarse.
Mientras, Diva volvía a quitarse el chándal para ponerse de nuevo el uniforme que tanto odiaba, el cual estaba guardado en su mochila sin ni siquiera haberlo doblado. No era capaz de hacer que la imagen de Moses en ropa interior desapareciera de su mente, me estoy volviendo loca. Ya vestida, con un grito ahogado descargó parte de su ira dándole una patada a la puerta del cambiador, abriéndola así de par en par. Tengo un problema mental, no me puede gustar Moses, no me gusta que me gustase haberlo visto en boxers, y eso me cabrea. Se miró a un espejo que había donde estaban los lavabos y empezó a peinarse un poco con los dedos y, de repente, vino a su mente una imagen tan aparentemente real que era como si en ese mismo momento lo estuviera viendo justo delante de sus ojos: ella sobre Moses, ambos sin ropa, abrazados y besándose... y a ella se la veía de lo más feliz.
–¡Aahh, joder, para esoo! –se gritó para sí misma, sin darse cuenta de que estaba hablando en voz alta.
Salió ya del vestuario, con la mochila en los hombros, y se colocó los auriculares; se puso a escuchar Pink Floyd, el único grupo existente que conseguía relajarla. Entonces vio a su hermana, seguía sentada en las colchonetas y, cuando fue a sentarse a su lado nuevamente, vio que estaba sonrojada.
–Tienes las mejillas del mismo color que tus ojos –le dijo, con una sonrisa extraña.
–Imaginaciones tuyas –contestó, levantándose y tomando su mochila.
–¿Estuviste llorando?
–Qué va. Al final, ¿por qué gritaba la cosa?
–Porque la empujé, ¡muajajajaja!
–Cómo te quiero, hermanita.
Ambas empezaron a reír al unísono mientras iban saliendo de la tortura llamada gimnasio, pudiendo al fin respirar aire fresco.
–Tengo algo que contarte –dijo Diva con timidez, parándose a medio camino.
–¿El qué?
–Pues... que me equivoqué y entré en el vestuario de los chicos... y vi a Moses casi sin ropa –siguió hablando, con la misma timidez, pero en su voz también se podía notar ligeramente un tono perverso.
–Jajaja, ya te imagino toda babosa.
–La verdad es que está muy bueno, ¡buuff!
Entraron en clase, viendo allí a Moses y a Haji sentados uno al lado del otro, y ellas dos fueron también a sentarse en sus sitios, justo detrás de ellos. Al mirar hacia delante, vieron a Berta, la mejor amiga de Noelia, y que era incluso más insoportable y con más humos que Noelia, acercándose a ellas. Por favor, que alguien traiga insecticida. Justo entonces, el profesor atravesó la puerta y se dirigió a Berta:
–Señorita, siéntese, no es el recreo, ¿es que no sabe la hora?
Ella regresó a su pupitre, con cara de fastidio, al igual que la cara que Noelia tenía siempre que no era el centro del mundo. ¿Pero por qué la imita? ¿Es que ya no es lo suficientemente fea? Ni con una bolsa en la cara podría ocultar su fealdad, seguramente la bolsa se suicidaría echándose a un triturador o quemándose a sí misma.
–¿Desde cuándo esa y su querida amiguita saben mirar la hora? –susurró Diva a su amiga.
–Si esas tienen su propia hora, la hora de los retrasados.
Ambas intentaron ahogar sus risas para no ganarse un castigo por parte del profesor, Saya no podía permitir que eso ocurriera. Los segundos se convertían en horas y las horas en años en esa aburrida clase. Cuando finalmente sonó el timbre, la estúpida sanguijuela volvió junto con Noelia a molestar a las hermanas, especialmente a Diva, que ya tenía ansia por hacer a esas dos descerebradas desaparecer de la faz de la Tierra.
–¿Por qué empujaste a Noelia?
–Por nada que te concierne.
–¿Que me qué? ¡No me insultes! –Diva no sabía cómo más describir la cara de perro de Noelia, igualmente imitada por su perrito faldero llamado Berta que la seguía allá donde fuera; insultarla era como insultar a los insultos, y nadie merece un castigo tan horrible.
–Cuidado, puede que te mande un conjuro satánico o budista [Hinata Maki: típica frase de un "Chobo" xD].
–Niñas, compraos una vida sexual –contestó la ojos azules cuando ya se estaba más que hartando de el sonido de sus voces.
–Qué va, si esas ni pagando consiguen que se las follen –añadió Saya mientras se ponía sus auriculares– ¿Nos vamos, hermanita?
–Claro, ya me estaban dando ganas de comerme mi propio vómito, es más agradable que la compañía de esas dos cosas anormales nacidas inconscientemente.
Saliendo de clase, hicieron "sin querer" que ese par de cotorras cayeran al suelo, dejándolo infectado. Luego habrá que quemarlo, y después quemar las cenizas. Se encaminaron directamente a la cafetería, Diva ya tenía hambre de chocolate, como las veinticuatro horas del día. Entraron en la cafetería abarrotada de gente que hablaba a voz en grito y, casi a empujones, llegaron hasta la barra, desde donde vieron a Haji sentado en una de las mesas mientras Moses compraba un bocadillo.
–Míralo qué monoso comprando un bocadillo, ¡ay omá! Si tiene hambre, le doy yo de comer tooodo lo que quiera...
–Claaro, hermanita... –contestó Saya, mirándola de lado.
Con una chocolatina y una piruleta en sus manos, se dirigieron al banco cercano a la puerta de entrada en el que siempre se sentaban.
Ya cuando llevaban unos segundos sentadas en silencio, los ojos de Diva se encontraron con la nauseabunda visión de Noelia y Berta hablando –más bien, acosando– a un chico. Seguramente él está pensando en suicidarse... o en matarlas a ellas. Mientras tanto, no conseguía quitarse a Moses del pensamiento, pero admitir lo que sentía era como clavarle un puñal a su orgullo. No podía enamorarse, no quería volver a sentir ese dolor y ese deseo de notar la cuchilla acariciar sus muñecas. Giró la mirada hacia la puerta de la cerca que vallaba el recinto del instituto, y entonces divisó a Haji manteniéndose quieto e impasible, y a Moses fumando y con la capucha puesta. La estaba mirando, sus oscuros ojos verdes se clavaban fijamente en ella, la cual rápidamente desvió la mirada hacia otro lado antes de sonrojarse y que él lo notara.
¡He aquí el segundo capítulo! Ambas esperamos que sea de vuestro agrado, siempre podéis dejar un review con críticas, tanto buenas como malas, y sugerencias. Lo de que los personajes "malos" (Noelia y Berta) sean inventados por nosotras es básicamente porque no tenemos nada en contra de ningún personaje de Blood+ y no queríamos acribillarlo (sí, en todos los fanfics que escribimos hay que ensañarse con alguien). Mentiríamos al decir que no están inspiradas en personas reales, como también lo estás las personalidades que les hemos puesto a Diva, Saya, y Moses. Esperamos que sigáis leyendo, como también esperamos vuestros reviews. Un saludo, MizzMassacre y Hinata Maki.
