† Capítulo IV †

Era hermoso, y olía tan bien... quería besarlo. Por favor, bésame, te lo suplico. ¿Pero qué era lo que estaba pensando? En el fondo sabía que él nunca se iba a fijar en ella, era tan rara... y después de lo que pasó con su anterior novio, no podía, no debía estar con nadie más. Tenía que olvidarlo, iba a hacerlo.
–Mola –el chico interrumpió sus pensamientos.
–Sí, a mí me encanta.
–¿Quieres quedar para tocar el violonchelo?
–Lo siento, pero no puedo.
–No importa.

Su sonrisa brillante se convirtió en una sonrisa triste, Saya podía ver la desilusión en sus ojos, o quizás fueran imaginaciones suyas. Él se giró y se fue a sentar en su pupitre, odiaba dejarlo solo, anhelaba pasar más tiempo con él, sentir sus brazos rodearla, sentir sus labios por todo su cuerpo. Joder, me estoy volviendo loca. ¿Me estaré enamorando? ¡No! ¡Ni pensar en eso! Volvió a ponerse los auriculares, la música la distraería; pero sin darse cuenta, una lágrima corrió por su mejilla. Abrió los ojos y la limpió rápidamente, demasiado tarde, puesto que Haji ya se había dado cuenta. Repentinamente se giró y volvió a concentrarse en lo que estaba haciendo. ¿Por qué me mira? Cerró de nuevo los ojos, para descansar la cabeza, la cual de dolía un horror. No sabía cuánto tiempo pasó, sólo que cuando abrió los ojos, su hermana le dijo que el timbre ya había sonado.

Juntas bajaron al recreo, para sentarse en el banco de al lado de la entrada.
–¿Estás bien? –preguntó al ver a Diva, que parecía tensa.
–Tengo fríiiio...
–Vamos a por la chaqueta, anda.
–Okidoki.
–¿Adónde vais? –al entrar de nuevo en el edificio, la conserje que parecía un sargento ya comenzó el interrogatorio.
–A clase –respondió la ojos azules.
–No, hasta que sea hora, no podéis subir.
–Perdón, pero necesitamos subir. Tengo que tomar mis medicamentos, si no los tomo me desmayaré y tendría que ir al hospital –mintió Saya.
–Vale, subid –accedió de mala manera.

Pronto llegaron hasta su clase y, al cruzar la puerta, quedó estupefacta al ver a Moses sentado en una esquina, cabizbajo, que las miró por un instante, con el flequillo tapándole sus ojos llorosos. Armándose de valor, se acercó a él y se sentó a su lado.
–¿Qué te pasa?
–Nada.
–Algo sí que te pasa, que ya estabas raro a primera hora...
–No me pasa nada, déjame –la chica se abrazó las piernas con ambos brazos, y se quedó quieta a su lado, sin saber qué decir ni qué hacer, sintiéndose una completa inútil.

Mientras, Saya observaba la escena desde delante de la puerta, sintiendo que ella allí sobraba; y entonces sus ojos dieron con Haji, sentado en un pupitre y concentrado en un libro.
–Haji –dijo acercándose a él– ¿Qué lees?
–"Another note", ¿lo conoces?
–No, pero me suena. ¿No es un libro de Death Note?
–Sí, el del caso del asesinato en serie BB de Los Ángeles.
–Bueno, y, digo yo... ¿y si bajamos juntos al patio y los dejamos solos?
–Vale –cerró el libro, dejándolo sobre la mesa, y salieron de clase cerrando la puerta tras ellos, dejando a Diva y a Moses a solas.

Salieron de la clase y, tras haber cerrado la puerta, abrazó a Saya fuertemente. Las lágrimas empezaron a caer por las mejillas de la chica, incapaz de detenerlas, ¿por qué le estaba pasando eso? Abrazó a Haji muy fuertemente, no quería que la dejara, no quería separarse de él.
–Ya pasó –le dijo en un susurro.
–Gracias, Haji, muchas gracias.
–No sé por qué llorabas, pero sabes que me puedes contar lo que sea –ella se quedó en silencio, al fin había logrado parar de llorar. Haji la miró muy sonriente, sus preciosos ojos brillaban– Saya, te tengo que decir algo –dijo tras haber vuelto a abrazarla.
–¿Qué pasa, Haji?

El aludido la miró y la separó un poco de él. El corazón de la chica comenzó a latir más deprisa, como si le fuera a salir por la boca de un momento a otro. ¿Qué debía hacer? Tenía que decir algo... pero las palabras se ahogaban en su garganta.
–Saya, yo... –segundos después, Saya sintió los labios de Haji en los suyos, haciendo que sus lágrimas aparecieran nuevamente. La besó, la estaba besando, y ella no daba crédito, no se lo podía creer.

Tras haber mirado atentamente la puerta cerrarse, Diva se acercó más a Moses, casi rozándose.
–Vengaaa, dime qué te pasa...
–No es nada, en serio, sólo que... tengo un mal día –ella suspiró y lo abrazó, conteniendo la respiración por unos instantes.
–Que no me gusta verte mal, sabes que a mí puedes contarme lo que sea –dijo casi susurrando, sin dejar de sostenerlo entre sus brazos.
Sintió cómo él le devolvía el abrazo, fuertemente, y comenzando a sollozar en voz baja, lo que hizo que ella tuviera que morderse el labio inferior para no empezar a llorar también. Ansiaba saber qué era lo que le pasaba, saber qué lo entristecía tanto.
–Lo siento –dijo al separarse un poco de ella, secándose las lágrimas con la manga de la sudadera– Es que ayer de noche me llamó mi madre, diciéndome que mi hermano había muerto en un accidente de coche...

–No sé qué es lo que tengo que decir en estos momentos, lo siento por tu hermano, pero no llores, por favor, no soporto verte triste –bajó la mirada, intentando contener sus lágrimas; no aguantaba verlo así, eso la rompía en pedazos.
–Gracias –volvió a abrazarla, esta vez con más fuerza, mientras con una mano acariciaba su pelo, al mismo tiempo que ella se quedaba inmóvil, con ambas manos manteniéndose estáticas en la espalda de él.
Cerró los ojos, dejando sus párpados caer lentamente, sintiéndose envuelta en un halo de fantasía, sin nada pasando por su mente que no fuera él. Era... era su todo.

Sabía que lo quería, estaba completamente segura, desde la primera vez que lo vio, supo que algún día llegarían a estar juntos... e incluso su hermana no paraba de decirlo. Sólo lo conocía desde hacía aproximadamente un mes y medio, pero era suficiente tiempo para poder afirmar con certeza que estaba enamorada de él, desde las primeras palabras que intercambiaron. Tenían mucho en común, y él la hacía sentir bien, sentirse... especial, con cada palabra, con cada mirada, con cada sonrisa que le dirigía. Estaba dispuesta a renunciar a su orgullo para entregarse completamente a él, este poco tiempo que podrían estar juntos... pero también estaba segura de que si algún día le confesaba que lo amaba y él no la correspondía... mi vida terminaría por mi propia mano en un abrir y cerrar de ojos.

Ensimismada en sus pensamientos, Diva dejó caer una lágrima, sin apenas percatarse de ello cuando seguía en su ensoñación. Él se separó un poco de ella, y pasó una de sus manos por su mejilla, llevándose aquella traicionera lágrima que había escapado de los ojos azules de la chica.
–Pero no llores, que el que tiene que llorar soy yo –le susurró con dulzura.
–Yo no lloro, es culpa tuya porque me contagias –él rió ante la ocurrencia de Diva, conocía perfectamente las tonterías que decía cuando se ponía nerviosa.
–En el fondo eres muy dulce, ¿sabes? –se acercó a ella para besarla en la mejilla, pero ella no se lo esperaba, así que, sobresaltada, giró la cabeza hacia él, haciendo así que los labios de ambos se rozaran.
–¡Lo... lo siento...! Es que... bueno, no me lo esperaba y... y me asusté y... bueno... –comenzó a ponerse roja y muy nerviosa, ¿qué pensaría él ahora?

–No pidas perdón, si no importa –volvió a acercarse a ella, haciéndola notar sus respiraciones mezclarse, oliendo cada vez más esa colonia que tan loca la volvía, observando más de cerca esos labios que ansiaba devorar, grabando en su mente la expresión en la cara de él en ese mismo instante, con los párpados medio cerrados y la boca ligeramente abierta, acercándose cada vez más a ella, los labios de ambos casi tocándose...

Sobresaltados ante el sonido de la puerta de clase abriéndose repentinamente, Diva y Moses se separaron y quedaron mirando al frente, viendo entonces a Noelia y a Berta entrando en clase, rompiendo aquel hermoso silencio con sus chirriantes voces y sus conversaciones sin sentido. Claro, quién iba a ser sino ellas, joder, qué oportunas, ahora que estábamos a punto de... Miró de reojo a Moses, completamente sonrojado, que volvió a la misma postura en la que estaba cuando Diva había entrado en clase, ahora tapándose más de la mitad de la cara con su flequillo, disimulando su sonrojo. Al percatarse de la presencia de ellos dos, las dos pijas cesaron su cacareo y se quedaron mirándolos con cara extraña; entonces, Noelia caminó alegremente hacia Moses, siendo seguida por Berta, y agachándose enfrente de él.

–Holaaa, Moses –dijo con voz alegre, y luego miró de reojo a Diva, con malicia. ¿Pero qué carajo hace? ¿Por qué lo saluda? ¿Y por qué me mira así? ¡Arggg, la voy a agarrar por el cuello hasta que deje de respirar y luego la descuartizaré y la tiraré al mar para que los tiburones la coman y el agua se tiña del rojo de su asquerosa sangre y luego quemaré sus restos...!
–Hola... –contestó él, medio desconcertado, ¿a qué venía tanta simpatía de repente por parte de aquella?
–¿Qué te pasa, Moses? –siguió hablando con el mismo tono meloso, lo que desconcertaba a Diva cada vez más.
–Na... nada... ¿por?
–Es que parece que estás como nervioso, Moses.
–Qué va, nada, no es nada –fingió una sonrisa y miró a la ojos azules de reojo, una mirada cómplice, aunque ella seguía endemoniada.

–Normal que estés así, viendo la compañía que tienes... –dijo con desprecio, refiriéndose a Diva.
–Joooder, qué ganas de contaminar el aire, con lo bien que estábamos antes de que tú y tu perrito faldero entráseis, ahora necesitaré una máscara anti gases tóxicos para no intoxicarme con el olor a podrido que traéis con vosotras... –alzó el tono de voz, poniendo los ojos en blanco, mostrándole desprecio.
En ese momento, sonó el timbre que indicaba el fin del recreo, y Moses se levantó repentinamente, aguantando la risa ante el comentario de Diva.
–Uy, ya terminó el recreo –dejando a Noelia con la palabra en la boca, tomó a Diva de la mano y la acompañó hasta su pupitre, para después continuar él hasta el suyo.

Siendo interrumpidos por el timbre, Saya se separó de Haji y salió corriendo al baño, todavía con aquel beso inundando sus pensamientos; sus labios eran más dulces de lo que nunca se habría podido imaginar, y aquel beso había superado la perfección de los sueños. Lo quería muchísimo, pero no se podía enamorar de él; no quería que le pasara nada malo, tenía tanto miedo de que eso ocurriera... Tomó su móvil del bolsillo para enviarle un mensaje a Diva, diciéndole que iba a llamar a su madre diciéndole que se encontraba mal y que la viniera a recoger. Pasados dos o tres minutos, recibió la respuesta de su hermana: "Okidoki. Dile que yo tampoco me encuentro bien, es que me aburro demasiado".
–Hola, mami –dijo tras haber marcado el número de su madre y haber dejado de oír los pitidos.
–¿Qué pasa, Saya?
–Diva y yo no nos encontramos muy bien, ¿podrías venir a recogernos?
–Claro, esperad fuera, ahora voy.

Subió a clase y abrió la puerta lentamente antes de haberla golpeado pidiendo permiso.
–Señorita, ¿dónde anduvo todo este tiempo? Siéntese, por favor.
–Perdón, pero es que mi hermana y yo no nos sentimos bien y nos va a venir nuestra madre a recoger.
–Muy bien, recoged vuestras cosas y os podéis ir.
–Muchas gracias.

Fue hasta su pupitre, dejándole a Haji una nota al pasar por el suyo, la cual decía: "Perdona por todo, hablamos otro día". En cuanto recogía sus cosas, lo miró de reojo, encontrándose con su sonrisa. Sin querer, al coger su libreta, se le cayó el estuche al suelo, el cual Haji recogió y se lo dio con una nota, diciendo: "No te preocupes, ya hablaremos, Diva tiene mi número". Tomó ya todas sus cosas y salieron las dos de clase, no sin que antes Diva se despidiera de Moses con la mano.
–¿Cómo es que tienes el número de Haji? –dijo fulminando a su hermana con la mirada cuando ya estaban en el exterior.
–Porque veía que tú no hacías nada.

La madre de las chicas llegó, y ambas entraron en el coche, sin pronunciar ni una palabra en todo el trayecto a casa. Saya se quedó pensando en lo que Diva le había dicho... y en el beso de Haji. Mientras que Diva no dejaba de pensar en ese momento en el que había estado tan cerca de besar al chico del que llevaba enamorada desde que lo conoció. Poco después de llegar a casa, sonó el teléfono de su madre. Era del trabajo, cómo no, tenía que ir a comisaría a llevar a cabo un interrogatorio. Se despidió de sus hijas, disculpándose por tener que irse, aunque ambas en realidad preferían estar solas. Fueron cada una a su habitación, y Saya gritaba para sus adentros ordenándose en vano a sí misma dejar de pensar en Haji. Las lágrimas no cesaban, tenía que luchar contra los sentimientos que tenía por él, pero no era capaz.

Echada en la cama mirando el techo, sólo quería descansar y olvidar todo lo que la rodeaba. Cerró fuertemente los ojos intentando evadirse desesperadamente del mundo y, cuando los abrió, se dio cuenta de que había pasado una hora durmiendo. Sólo había sido una hora... una hora durante la que no había dejado de soñar con él y con lo que podría haber pasado si no hubiese huido. Entró al baño de su cuarto para ducharse, y luego de vestirse, volvió a su habitación, encontrándose con su hermana pequeña sentada en su cama.
–Holaa, Diva.
–Saya, ¿qué te pasa? –estaba muy seria, y al mismo tiempo preocupada.
–Naada, hermanita.
–De verdad, ¿qué pasa? Y no me digas que nada, porque sé que te pasa algo –Saya respiró hondo, sabía que no le podía mentir.
–Haji me besó...
–¡Kyaa, qué bonito!
–...Y yo eché a correr.
–¿¡Qué! Eres demasiado inocente.
–Es que no sabía qué hacer.
–Saya, te gusta Haji, no puedes negarlo. Déjate llevar, él te quiere mucho y tú lo sabes. Deja esa mierda que te pasó con tu primer novio, tienes derecho a vivir.
–Es que... es que...
–Saya, deja de pensar en el accidente –Diva estaba muy enfadada, se podía notar perfectamente en sus ojos y en su tono de voz.
–Diva, calma, respira.
–Es que estoy preocupada, eres demasiado inocente, hermanita.
–Te prometo que haré algo al respecto.
–Mmm... Está bien –se levantó y salió de la habitación de su hermana, dejándola sola de nuevo, y se dirigió a la suya.

Cerró la puerta con el cerrojo, necesitaba tiempo para pensar. Realmente tenía ganas de pegarle a su hermana, hacerla abrir los ojos de una vez. Joder, a mí, si Moses me hubiese llegado a besar, aquello terminaría en más que besos. Y sin embargo, ella... Saya tenía que olvidarse de su primer novio, Diva entendía que aquello fuera muy traumático para su hermana, pero tenía que seguir adelante. Entró al cuarto de baño para darse una ducha, durante la cual no pudo desvanecer de su pensamiento la reciente imagen del casi beso entre Moses y ella. Aquella imagen había quedado guardada en su mente; era casi como un suicidio, como abrirse a sí misma una profunda herida que nunca tengas intención de curar. No estaba segura de si lo que caía por sus mejillas era tan solo agua; se sentía triste, nostálgica, anhelaba sentir sus labios en los de ella. Sabía que había estado malgastando el tiempo sin querer admitir a sí misma sus propios sentimientos, sólo faltaban aproximadamente ocho meses para que terminara el curso... y para que él regresara a Londres.


Perdón por tardar en subir capítulos, es que mi Internet me va desesperantemente lento… Creo que nada que comentar acerca de este capítulo, espero que sea de vuestro agrado y que dejéis reviews. ¡Seguiré actualizando lo más rápido que pueda! Eso sí, a partir del capítulo diez un once aproximadamente, no voy a poder subir más en un tiempo, ya que lo escribíamos en clase, y las clases terminan pasado mañana pero el fic sigue sin ser acabado… Un saludo, MizzMassacre y Hinata Maki.