† Capítulo VI †
Las canciones iban pasando una por una mientras Diva se encontraba sentada en la silla frente al ordenador, sin poder dejar de dar pequeños golpes con los dedos en la mesa del escritorio. Estaba nerviosa sin motivo aparente, pero ella realmente conocía ese motivo... y ese motivo era él. Sin distraer su sentido del oído de la música ni por un segundo, comenzó a sonar una canción cuyas letras le recordaban a Moses.
"First time we met / La primera vez que nos conocimos,
Face became etched in my mind / Tu cara se quedó grabada en mi mente.
You were the sun / Tú eras el sol,
I was the one who worshiped you / Yo era el único que te adoraba.
My hands were your guns / Mis manos eran tus pistolas,
Your eyes were my view / Tus ojos eran mi vista.
And I knew you could never love me / Y yo sabía que nunca podrías amarme,
I had so much sorrow inside / Tenía tanta tristeza en mi interior,
You could never reach / Nunca la podrías alcanzar.
But can I still keep a place in your heart?/ ¿Pero puedo aún tener un lugar en tu corazón?"
En el mismo instante en el que había soltado un gruñido por pensar otra vez en él, en la pantalla de su ordenador apareció una ventana avisándola de que se había conectado ahora mismo. Esto es tan surrealista que no sé si reír o llorar. Decidió esperar cinco minutos antes de saludarle, no quería que pareciera que ya lo extrañaba al llevar cinco minutos lejos de él.
–Porque no lo echo de menos, sólo es que me gusta hablar con él porque es majo –dijo en alto para sí misma.
–Eso no te lo crees ni tú –respondió su voz interior.
–¡Cállate, estúpida! –dejó de hablar sola al ver que él le había hablado justo ahora; abrió la conversación y le devolvió el saludo.
Missmurder: ¡Holaaa! :D
Tyrannosaurus: ¿Qué tal?
Missmurder: Biieen, escuchando el cd nuevo de Silverstein, ¡muajajaja! ¿Y tú, ya estás mejor?
Tyrannosaurus: Bueno, un poco mejor... Estuve antes hablando un rato con Noelia, ¿por qué la odias tanto?
Missmurder: ¡Es una cucaracha, la peor plaga existente, la razón por la que el asesinato debería ser legalizado! Yo que tú, no me acercaría mucho a ella si no quieres ser apuñalado por la espalda, y te lo digo por propia experiencia.
Tyrannosaurus: ¿Pero qué es lo que te hizo?
Missmurder: ¡Existir! ¡Y querer joder mi existencia! Y, por favor, ¿podemos cambiar de tema? Me están entrando ganas de vomitar, y tal...
Tyrannosaurus: Vale, vale, como quieras... xD Oye, yo ya me voy a desconectar, ¿vale? Ya hablaremos otro día, es que estoy sin ganas de nada.
Missmurder: Okidoki, no pasa nada, pero no estés triste ):
Tyrannosaurus: Jeje (:
Missmurder: No sabes las ganas que tengo de abrazarte –/–
Tyrannosaurus: Rawwwrr, qué mona eres ^^
Missmurder: Tú si que eres mono ¬/¬
Tyrannosaurus: Jajaja qué tonta eres a veces xD Venga, hasta otro día ^^ Cuídate, Miss Murder e.e
Missmurder: Si necesitas algo ya sabes que yo estoy para lo que sea, ¿vale?
Tyrannosaurus: Que síi ^^ Byeeee.
Missmurder: Chaoo, muaaak º3º
Según lo vio desconectado, ella hizo lo mismo. El cd ya había dejado de sonar, y no había nadie en el messenger a quien quisiera hablarle. No quería hablar con nadie, no quería hacer nada, no quería pensar que aquello era amor. Porque ella no creía en el amor, lo veía como algo falso, irracional y efímero. Lo suyo era odiar, no amar; ser odiada y no amada. Desde hacía tiempo se había decidido por llevar una vida de rencor y odio hacia la sociedad, a cada uno de los individuos que la formaban. La única cosa que conseguía mantener medianamente estable su mente era la música, lo único que reflejaba sus sentimientos de desprecio, lo único que conseguía apartarla ligeramente de los pensamientos suicidas, presentes desde hacía al menos cuatro años.
La aliviaba ligeramente pensar que nadie podía meterse en su mente, sería como un puñal a su intacto orgullo que alguien supiera que esos ojos verdes ocupaban la mayoría de sus pensamientos. Comenzó a sentir un molesto dolor de cabeza y, deseando que fuera por el estrés, decidió ir a darse un baño relajante. Quizás eso consiguiera alejarla de ciertos pensamientos. Cuando el agua ya estaba lo suficientemente caliente y ya había bastante espuma en la bañera, se quitó el albornoz azul marino que la cubría, y entró en la bañera, cerrando los ojos al poco tiempo de recostarse en ella.
Debió de haberse quedado dormida, interrumpiendo su tranquilidad con el sonido de la puerta del baño abriéndose. Sobresaltada, se relajó un poco al darse cuenta de que la espuma la tapaba de hombros hacia abajo. Dirigió la mirada esta vez hacia la puerta, encontrándose con aquellos ojos verdes que tan loca la volvían.
–¿¡Moses! ¿¡Qué haces tú aquí! –no se lo podía creer, ¿qué hacía Moses allí? O, mejor pensando, ¿que hacía Moses en el mismo cuarto de baño en el que ella estaba tan solo cubierta por espuma?
–Lo siento, es que me sentía solo y, bueno, decidí venir a hacerte una visita... Tu madre me dijo que estabas en tu cuarto, pero como no te vi, entré aquí, y tal...
–¿¡Y cómo se te ocurre entrar en el baño cuando me estoy bañando! –le gritó, más avergonzada que enfadada.
Sin decir una palabra, cerró la puerta tras haber entrado completamente en el cuarto de baño, y se acercó a Diva, arrodillándose ante la bañera y quedando así cara a cara con ella.
–Agrrr, ¿eres consciente de lo sexy que estás?
–¿¡Q... qué...! –las palabras se atragantaban en su garganta, no se podía creer lo que él acababa de decir.
–¿Me dejas hacerte compañía? –sonrió lujuriosamente, mirándola hambriento y, acto seguido, sin dejarle responder, se despojó de toda su ropa, haciendo que Diva tuviera que aguantar la respiración para que no le diera un colapso allí mismo.
Mientras él iba poco a poco entrando en la bañera, ella admiraba su cuerpo, bajando la mirada poco a poco, comiéndolo con los ojos. ¡Dios, me muero por morderlo y arañarlo y atarlo para tenerlo a mi merced y luego violarlo!
Se recostó sobre ella para besarla apasionadamente, mientras ella lo agarraba por la cintura para acercarlo más a ella. Las lenguas de ambos empezaron a acariciarse mientras él la aferraba más a su cuerpo y su dureza. Comenzó a besarle el cuello y los hombros, mientras sus suaves manos la acariciaban de arriba a abajo. Mirándola con deseo, comenzó a morderle uno de sus pechos al mismo tiempo que sus dos manos acariciaban su intimidad, lo mismo que hizo ella con él, sorprendiéndose a sí misma por ello. Volvió a sus labios, mordiéndolos suavemente al mismo tiempo que con cuidado la iba penetrando, aumentando el ritmo y haciéndola sentirse arder, obligándola a cerrar los ojos por el placer mientras intentaba no gritar.
Desesperada por encontrarse de nuevo con su mirada oscura, abrió los ojos, y se encontró sola en el cuarto de baño. Había sido sólo un sueño. Más bien, una pesadilla, ¿por qué sueño estas cosas? A la mierda el baño relajante, ahora lo que necesito es una ducha fría. Abrió el tapón de la bañera, dejando salir toda el agua, y luego abrió el grifo del agua fría; tenía que quitarse ese calentón fuera como fuera. Ya duchada y muerta de frío, salió del baño tras haberse secado, peinado y puesto el pijama. Su madre ya debía de haber llegado a casa, y pronto tendría que cenar; así que se dirigió al salón, donde se puso a ver cualquier cosa que la mantuviera distraída. Aunque era sumamente inútil, no podía quitar de su mente las imágenes del reciente sueño.
Se volvieron a besar, y entonces Saya pensó que, si aquello era un sueño, era el mejor de su vida. Cogió el bolso que había dejado sobre la silla del escritorio, y miró la hora en la pantalla de su madre. Las ocho y media. Mamá me va a matar.
–Haji, me tengo que ir.
–¡Joo! ¿De verdad?
–Sí, o mi madre me mata.
–Anda, vete. Si quieres, hablamos por la ventana... además, ahora te puedo ver dormir.
–Sí, es cierto –la ventana del cuarto de Saya estaba situada muy cerca de su cama– Bueno, me voy –se levantó, colgándose el bolso del hombro.
–Espera, te acompaño –bajaron las pocas escaleras hasta el portal en absoluto silencio, y él le abrió la puerta.
–Bueno... adiós, Haji.
–Espera, toma –le entregó una rosa roja, y la besó antes de despedirse de ella– Adiós, amorcito.
Saya volvió a casa, casi saltando de la emoción, pensando que era el día más feliz de sus diecisiete años de vida. Caminando por el pasillo de su apartamento, se dio cuenta de que su madre estaba cocinando.
–Perdón por no haber hecho la cena –se disculpó al entrar en la cocina.
–No pasa nada, me alegro de que finalmente hayas decidido salir de casa y pasarlo bien.
–Voy a mi habitación, avísame si necesitas algo.
–Nooo, vete. Hoy cocino yo.
Siguió caminando hacia su habitación, desde donde pudo ver a Haji tocando el violonchelo. Decidió poner la rosa en un jarrón con agua para evitar que se marchitara, era preciosa. Abrió la ventana de su cuarto y se sentó en la cama para escuchar a Haji, cuya ventana estaba abierta de par en par.
–Amor mío, ¿te gusta? –dijo según la vio observándolo, dejando el violonchelo apoyado contra la pared para asomarse a la ventana.
–Me gusta todo lo que tú hagas, eres demasiado perfecto.
–Si estuvieras más cerca, te besaría. Te amo, mi reina.
–Aww, te amo, mi rey –se sentía la chica más feliz del mundo, lo amaba con todo su corazón y su alma.
–¡Saya, a cenar! –la voz lejana de su madre la sobresaltó, haciéndola desviar la vista hacia la puerta de su habitación.
–¡Ya voy, mami! –se volteó de nuevo hacia Haji– Me tengo que ir, adiós.
–Adiós, te amo.
–Te amo –contestó tras lanzarle un beso, y bajó a cenar el ramen que su madre había preparado, una de sus comidas favoritas.
No entablaron conversación durante la cena, Saya estaba tan feliz que sabía que si empezaba a hablar de cualquier cosa, terminaría hablando de Haji. Pero incluso con lo nerviosa que se sentía, pudo notar en su hermana cierto nerviosismo también. Esperó a que Diva terminara de cenar y la acompañó a su cuarto, intuyendo que había ocurrido algo que concernía a Moses.
–A ver, que yo me entere. Pasó algo con Moses, ¿verdad?
–¿¡Cómo lo sabes! Es decir... ¿por qué lo dices?
–Se te nota mucho cuando estás nerviosa por algo, y sé de sobra que desde hace dos meses y medio él es la única persona que te pone nerviosa de esa manera.
–No fue nada, hablamos un poco por el messenger sobre nada importante... –miró a los ojos expectantes de su hermana, estaba segura de que Saya sabía que algo más había pasado– Y luego me quedé dormida en la bañera y soñé... bueno, lo mismo que llevo soñando desde que empezó el curso, pero más porno.
–¡Ooh, es amor! ¡Qué bonito!
–¡De eso nada! ¡Porque no me gusta soñar esas cosas porque me gustan y no me gusta que me gusten!
–¿Eres consciente de que eso no tiene ningún sentido?
–Para mí lo tiene –dijo fingiendo enfado y levantando una ceja.
–¿Y eres consciente de que las personas al estar enamoradas dicen muchas tonterías?
–Grrrrr, te odio…
–Si admites que lo quieres…
–¡No!
–Mira que eres tonta a veces –rió.
–Por cierto… ¿adónde fuiste tú hasta hace un rato?
–Estuve en casa de Haji. Vive justo enfrente, y…
–¡Aahh! Usaríais condón, ¿no? ¡No quiero ser tía a los diecisiete!
–¡Cállate! ¡No hicimos nada de lo que piensas, pervertida! –elevó el tono de voz mientras hacía aspavientos con las manos y comenzaba a sonrojarse notablemente.
–¿Entonces…?
–¡Nada que te concierne!
–Te lo follaste –Diva no pensaba dejar de insistir hasta que su hermana se lo contara todo.
–¡Que no!
–Entonces dime…
–Me besó otra vez… y me preguntó si quería ser su novia… –bajó la mirada a medida que se sonrojaba más y más– Y nos quedamos dormidos abrazados…
–¿¡Y no te lo follaste!
–¿¡Quieres parar de decir guarradas!
–¡Pero si es lo más natural del mundo! ¡Yo con Moses sólo me quedaría dormida después de haberle echado un buen polvo!
–¿…Tú te escuchas cuando hablas?
–¡Yo no dije nada! –comenzó a ponerse roja entonces ella, y fue corriendo al baño, sólo para ocultarle a su hermana aquel color en sus mejillas.
Saya decidió volver a su cuarto, dejando a su hermana sola en su mundo y, cuando iba a cerrar la ventana, Haji dijo:
–Porfa, deja la persiana subida.
–¿Y eso?
–Es que te quería ver dormir...
–Bueeno, vale.
–¡Bien!
–Bueno, me voy a cambiar y ya vengo.
Entró en el baño tras haber cogido del armario su camisón favorito, morado y con un dibujo de un esqueleto en cada costado. Al volver a la habitación, vio que Haji la miraba, y sintió un poco de vergüenza por que él la viera con tan poca ropa. Se acostó con una sonrisa, y al poco tiempo cayó dormida viendo en su mente el dulce rostro de Haji, sin abandonar esa sonrisa en su cara.
Diva salió del baño tras haberse lavado la cara y haber oído a su hermana salir de su habitación. Genial, acababa de admitir delante de Saya que quería acostarse con Moses. Al menos no le dije que estoy enamorada de él…
–¡Aaaaahhhhhh! –se gritó a sí misma mientras se golpeaba la frente con una carpeta que había cogido de su escritorio– Así mejor.
Abrió el armario y sacó de él su camisón lila con encajes negros, y lo posó sobre la cama mientras se quitaba la ropa que llevaba puesta, dejándola cayera donde cayera. Se vistió el camisón y se acostó en cama, sabiendo que sería incapaz de dormir, pues los nervios podían con ella. Tomó su teléfono móvil, el cual se encontraba reposando sobre la mesilla de noche, y encendió la pantalla pulsando cualquier tecla. Vio la hora y la fecha: las once y media del veinticuatro de octubre.
–Queda una semana exacta para Halloween… y para el baile de Halloween en el instituto. Total, no pienso ir, últimamente no tengo ánimos para nada, ni siquiera para suicidarme –dejó caer el móvil de nuevo sobre la mesilla, y apagó la luz de noche.
Daba vueltas en la cama como intentando despertar de una pesadilla… la peor de sus pesadillas: una imagen de Moses besando a Noelia, diciéndole que la amaba con todo su ser, esas palabras que Diva tanto deseaba que él le dirigiera algún día. Despertó entre gritos y lágrimas, sentándose en la cama casi de un salto, notando su respiración más agitada de lo normal. Esa pesadilla había conseguido llenar su mente de paranoias. Miró nuevamente el reloj, las cuatro de la mañana; pero no quería seguir durmiendo, así que se levantó y se vistió una sudadera negra de Avenged Sevenfold, unos pantalones pitillo del mismo color, y las primeras Vans que encontró bajo su cama.
Salió de casa intentando hacer el menor ruido posible, no quería que ni su madre ni su hermana se percataran de que ella se había ido. Sólo quería caminar hacia ningún sitio, esperanzada de que aquel paseo le diera fuerzas para seguir adelante, para quitar de su mente la imagen de la pesadilla. Ya no distinguía los sueños de la realidad, no tenía certeza de si aquello había sido producto de su imaginación o realmente había ocurrido.
De nuevo sola, caminando en completa soledad por una playa desierta, caminando sola intentando olvidar. Rota y abandonada, añoraba ver las olas romper al llegar a la orilla, sentir esa brisa acariciando su piel, parecía como si fuera a llevarse consigo todos sus temores. Sentada en la fría arena, observaba absorta el mar, sin importarle lo más mínimo cuántas lágrimas cayeran, las veía insignificantes comparadas con el inmenso mar, un mar de tristeza que la inundaba. Rezaba por que nunca lo hubiera conocido, así ahora no tendría que llegar a sufrir tanto. No podía ni imaginar que esto fuera real, ya ni siquiera estaba segura de que ellos existieran de verdad.
Nada que decir, espero que la historia os siga gustando y sigáis dejando reviews los pocos que nos leéis (mayormente Alex y Bibi). Intentaré subir más capítulos lo antes posible. Un saludo, MizzMassacre y Hinata Maki.
