† Capítulo IX †

Sentada de nuevo en clase, sola mientras su hermana estaba afuera con su novio, Diva vio a Moses entrar y sentarse en su pupitre tras haberla saludado con la mano. Ella le giró la cara, no soportaba verlo, conseguía vulnerar sus esfuerzos por no desmoronarse. A los pocos segundos, Noelia vino a saltitos y se apoyó en la mesa de Moses mientras comenzaba a hablar alegremente con él. Diva respiró hondo y subió el volumen de su iPod hasta casi dejarla sorda, y aquella canción de Alesana sólo aumentaba su sed de sangre.

"The blood will drown in red and I will leave you for dead / La sangre se ahogará en rojo y te dejaré para los muertos,
A lovely evening draped in regret / Una encantadora tarde cubierta de lamentos.
The shadow of justice now engulfs you / La sombra de la justicia ahora te devora,
As cold hands reap the pain they've sewn / Mientras frías manos cosechan el dolor que han cosido.
Forever gone / Te has ido para siempre,
The taste of your death replaced the smell of your breath / El sabor de tu muerte reemplazó el olor de tu respiración.

Suffocate your will to live with my pain / Ahoga tu voluntad para vivir con mi dolor,
You were so easily seduced by greed / Fuiste tan fácilmente seducida por la codicia
You could never feel my calloused / Que nunca podrías sentir mi crueldad.
Hands closing around your throat / Manos cerrándose alrededor de tu cuello,
Taste your loss / Saborea tu pérdida,
Wake into the nightmare that has become our love / Despierta en la pesadilla que se ha convertido en nuestro amor.
May your screams never cease, you've taken the last of me / Quizás tus gritos nunca cesen, has tomado lo último de mí."

Entonces Saya entró en el aula y fue a sentarse junto a su deprimida hermana pequeña, no sin antes lanzarle una mirada a Moses que Diva no logró descifrar. Estaba enfadada con él, y eso a Diva le fastidiaba; Saya no tenía nada que ver con eso. Aunque en el fondo le agradecía que se preocupara por ella e intentase ayudar, esta vez era innecesario. Todo estaba acabado y era inútil que intentara levantarle el ánimo falsas esperanzas que sólo la hundían más. Estaba harta de todo aquello, tenía que irse de allí o se volvería loca. Apagó el iPod y miró de reojo a su hermana, con sus ojos clavados en ella.
–Diva, no estés mal...
–Me voy a casa –dijo ésta, interrumpiéndola– No lo soporto más –guardó todas sus cosas en la mochila y se levantó.
–Diva, espera... –dejando a su hermana con la palabra en la boca, se fue.

Saya estaba segura de que todo aquello se debía a Moses, él era la causa de todo el desorden en la mente de Diva. La dejó que se fuera sin insistirle más, descansar un poco era lo mejor para ella. Miró hacia delante y vio a Noelia hablando alegremente con Moses, sin dejar de sobarlo disimuladamente ni por un segundo.
–Apártate –dijo rudamente a Noelia– Quiero hablar con Moses.
–Cállate y déjanos en paz, siempre te tienes que meter en todo, no es culpa mía que él venga conmigo al baile y no con tu estúpida hermanita.
–¿Y por qué no vas con tu querido Solomon?
–Me dijo que esa noche estaba ocupado y no podía acompañarme.
–Eso lo explica todo –puso los ojos en blanco ante la evidencia de que él tenía mejores cosas que hacer que hacerle compañía– ¿Sabes que Solomon antes estaba con Diva? Sieeempre te estás quedando con los restos que vienen de los demás, al igual que las ratas de cloaca.
–¿Lo veees? Él seguramente la dejó para venirse conmigo. Y no me extraña, la verdad.

–¿Pero tú de qué presumes? –Moses las interrumpió, dirigiéndose a Noelia– No eres guapa, no eres lista, no tienes buen tipo... No lo entiendo.
–Pe... Pero... Moses... –Noelia se quedó blanca, sin palabras ante lo que le acababa de decir.
–Si te dije que sí cuando me suplicaste que fuera contigo a ese estúpido baile fue porque entonces me parecías buena tía y me daba palo decirte que no, pero ahora veo el tipo de persona que eres y me repugnas. Qué razón tenía Diva cuando me dijo que eras la peor plaga existente, realmente eres el peor de los cánceres.
–¿Qué... qué quieres decir con eso...? ¿¡Se puede saber qué me estás llamando! –se puso roja de vergüenza, y Saya dudaba si su sonrojo se debía a todo lo que Moses le estaba diciendo, o a que no entendía ni una sola palabra, lo cual era más que probable.
–Para que tu mente lo pueda procesar, seré claro. No voy a ir al baile contigo.

Inconscientemente, de camino a casa Diva pasó por cierta plaza en la que el día anterior había visto a Noelia con Solomon. Era tan surrealista... y lo más extraño era que ella no sentía prisa por marcharse de allí, al fin sentía un poco de calma. Se sentó en un banco y elevó la mirada al cielo nublado, como buscando una respuesta a todas sus preguntas, una solución a todos sus problemas, un remedio a todos sus temores. Suspiró, sintiéndose inútil, había perdido a Moses y sentía que no podía hacer nada por recuperarlo. Estaba cansada de luchar en vano. Bajó la mirada temiendo que en ese momento alguien pudiera pasar y ver las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. En ese instante, sus ojos dieron con un teléfono móvil de un verde tan llamativo que era relativamente imposible no verlo tirado en el suelo al lado del mismo banco en el que ella estaba sentada. Con la mano derecha, lo tomó y lo guardó en su mochila, quizás más tarde lo llevaría a la policía. Se levantó de aquel banco, ya empezaba a refrescar, y continuó su trayecto a casa y, según llegó, dejo caer la mochila sobre la cama, y de ella sacó el móvil que había encontrado. Lo dejó en su mesilla de noche y se olvidó de él.

Llena de rabia, abrió uno de los cajones de su mesilla de noche y de él sacó una cuchilla, con la que se tatuó una M en la muñeca. Dolía. Y escocía. Pero la había calmado al menos un poco. Y así pasaba las horas pensando en qué modo de suicidio sería más artístico... la sangre corría por sus venas mientras el dolor inundaba su alma; y miraba sus muñecas, esas finas venas azuladas, rogando que un cuchillo las acariciase.
–Y oculto mis lágrimas al resto del mundo. Y aún albergo una estúpida esperanza. Y sigo fingiendo que todo va bien. Y grito en silencio sin razón aparente. Y aún todavía cuento los minutos para volver a verle –harta de encerrarse en sí misma y ahogarse en su dolor, buscó algo que la entretuviera, y en ese momento recordó el móvil que seguía sobre su mesilla. No había ni siquiera mirado si estaba encendido. Alargó el brazo para tomarlo, y pulsó una tecla que hizo que la pantalla se iluminara. Según vio aquel fondo de pantalla, supo al instante a quién pertenecía aquel objeto, el cual nunca había tocado sin los guantes de esqueleto que había llevado puestos durante toda la mañana. Una chispa la iluminó y al fin abrió los ojos, dejando de un lado los pensamientos suicidas por unos instantes para abrirse a una solución mucho más productiva. ¿Destructiva? Quizás, pero no precisamente para ella misma.

Olvidaría su orgullo, desde ese momento se decidió a entregarse completamente a él, cambiar el presente era algo que sólo ella podría hacer... y no pensaba quedarse de brazos cruzados dejando que cierta cucaracha le llevara la delantera, no, su orgullo podría quizás permitirle decirle a Moses que lo amaba, pero no podría permitirle dejarse ser vencida por su eterna enemiga y rival. Muchas veces se veía mal a sí misma, se sentía inferior, no tenía ganas de empezar algo por temer que fuera mal... Porque muchas cosas habían antes ido mal en su vida, por culpa de muchas zorras y muchos imbéciles que pasaron por su vida y habían conseguido hundirla. Pero gracias a sus errores y todo el dolor por el que había pasado, se había decidido a luchar por lo que quería. No dejaría que ni ella ni nadie se interpusieran en su camino... aunque tuviera que pasar por encima del cadáver de alguien para logar su objetivo.

–Qué idea tan genial he tenido... Ahora tendré que hundirla, hacerle saber qué es el verdadero dolor. Y su muerte se convertirá en mi vida, su noche en mi día, su soledad en mi gozo, su sufrimiento en mi clímax, su tristeza en mi alegría, su dolor en mi capricho, y su agonía en mi deseo –todas esas noches solitarias ahogadas con gritos de tristeza nunca desaparecerían de su mente si no la hacía sufrir, y ahora al fin tenía las ideas claras.
Quedó sentada en su cama con una sádica sonrisa dibujada en sus labios, pensando en su plan hasta llevarlo a la perfección, siendo sólo interrumpida al sobresaltarse con el sonido de la puerta de casa abriéndose. Saya ya había llegado. Lo primero que hizo fue entrar en la habitación de su hermana tras haber golpeado ligeramente la puerta.
–¿Estás mejor? –dijo con una voz suave y preocupada, a lo que Diva respondió encogiéndose de hombros– ¿Ya comiste? –la hermana pequeña asintió con la cabeza; no había comido, pero tampoco quería hacerlo. Lo único para lo que tenía ánimos era para su venganza.

Después de comer, Saya volvió nuevamente a la habitación de su hermana, no podía dejarla sola. La encontró sentada y abrazándose las rodillas, la misma posición en la que ya llevaba horas.
–¿Qué te pasa? –se encogió de hombros una vez más, no quería hablar de nada con nadie– Si es por Moses, le ha dicho a...
–¡No! –la interrumpió gritando cuando al fin se dignó a hablar– ¡Ni una palabra sobre ese! Sé que la culpa de todo esto es de Noelia, y pronto la apartaré de mi camino y dejará de ser un problema. Pero no puedo evitar guardarle rencor a ese gilipollas, más aún al pensar que hubo momentos en los que creía que él en realidad me quería.
–Pero, Diva, él...
–¡No quiero que lo vuelvas a mencionar en mi presencia! –los ojos de Diva se convirtieron en el reflejo de todo el odio que albergaba en su interior, clavándose en su hermana quien, aterrorizada, dio un paso atrás.
–Como quieras –dijo, intentando calmar el ambiente y sentándose en la cama al lado de su hermana– Pero irás al baile, ¿no?
–Por supuesto que iré, no puedo dejar que se note lo mucho que esto me afecta.
–Pues venga, cámbiate de ropa y vamos a comprar los vestidos –dijo Saya con una sonrisa en la cara.
–¡No me jodas que vamos a ir a Pinkbullet! Está muy lejos y no me apetece caminar –se quejó la hermana menor.
–Vengaaa, Diva...

Cuando se dio cuenta, ya habían recorrido el casi un kilómetro que separaba la casa de ambas de la tienda a la que pensaban ir. Era en aquella plaza en la que también estaba situada la tienda de cd's en la cual hace no mucho Diva se había encontrado con Moses. Y rezaba por que hoy él no estuviera ni allí ni a sus alrededores. Durante todo el paseo, no se quitó los auriculares; quería aislarse de todo. Saya no sabía cómo decirle que Moses había rechazado a Noelia para ir al baile, sabía que si mencionaba algo al respecto, su hermana le abriría el cráneo en dos; realmente la temía cuando se enfadaba, y aquella era una de esas ocasiones.

Entraron en la tienda con un llamativo rótulo en el que se leía "Pinkbullet"; era la tienda favorita de ambas, y la única en la que compraban ropa. Ese día, la plaza estaba casi vacía, solamente había un grupo de emos sentados bajo unos soportales. Saya tomó del brazo a su hermana y la adentró más en la tienda, animándola a comenzar a probarse vestidos. Era una de esas cosas que a Diva tanto le gustaba hacer, pero era algo que en ese mismo instante le era más que indiferente, quizás incluso molesto. Tras casi dos interminables horas probándose vestidos, Diva se decidió por uno negro con encaje blanco en los bajos de la falda con mucho vuelo que le llegaba hasta los pies, combinada con un corsé negro con hebillas en los costados y un cordón blanco en la parte delantera para atarlo. Saya compró uno igualmente largo hasta los pies y con vuelo, negro azabache y con encajes en las pequeñas mangas rojas que apenas le tapaban los hombros, del mismo color que su corsé.

Salieron de la tienda tras haberse gastado casi doscientos euros en la ropa, y se dispusieron a llegar a casa, cada una con una bolsa en la mano con una pistola rosa dibujada en ella. Al pasar por cerca de los emos que seguían debajo de los soportales, con la única diferencia de que ahora eran algunos más, Diva los miró y allí, sentado en una esquina y con la capucha puesta, le pareció ver a Moses. Rápidamente desvió la mirada y dejó salir un suspiro inaudible de desesperación, para luego ponerse de nuevo los auriculares con el volumen al máximo. De nuevo en casa, Diva volvió a encerrarse en su cuarto otra vez. Saya estaba preocupada por ella, tenía que decirle que Moses había insultado a Noelia, pero Diva no quería oír nada. Mientras su hermana pequeña seguía encerrada, fue a prepararle una tarta; sabía que no había comido al mediodía, no había dejado de sonarle el estómago en toda la tarde. Cuando ya estaba lista, entró en la habitación de Diva, sosteniendo la tarta con ambas manos. Su hermana seguía en la misma posición en la que se la había encontrado al volver de clase, tan quieta e inexpresiva que realmente parecía una estatua.

–¿Qué quieres, Saya? –rompió el silencio, sin mostrar en su rostro ni una emoción.
–Come –respondió la aludida, dejando la tarta recién hecha sobre la mesilla de Diva– Sé que no comiste nada al mediodía, y como sigas sin comer vas a ponerte mal del estómago.
–No quiero comer nada, Saya, déjame sola –se dejó caer acostada en la cama mientras su hermana mayor se sentaba a los pies de ésta.
–Vengaaa, come aunque sea sólo un poco, que es de fresa y chocolate –Diva seguía sin responder, y sin tener intención de hacer el más mínimo caso a las palabras de su hermana– Diva, al menos déjame hablar contigo –la nombrada se sentó en la cama y miró a Saya, como diciéndole que continuara– Hablé con Moses –pausó unos momentos su charla para ver la reacción de Diva, la cual seguía con la misma expresión impasible– Le dijo a Noelia que no iba a ir con ella al baile, y la insultó cuando ella empezó a despotricar contra ti. Diva, hazme caso, él te quiere.
–¡Cállate! ¿Cuánto tiempo más vas a seguir con esa maldita mentira? Lo haces por hacerme sentir mejor, ¡pero no es así! ¡Deja de decirme cosas que sabes que no son verdad! –se levantó de golpe y se encerró en el baño de su habitación; ya estaba harta de todo, sólo quería estar sola.

A la mañana siguiente, Saya se encontraba en clase. Diva había preferido quedarse en casa y descansar, no podía soportar ver a Moses, y mucho menos todavía verlo hablando con Noelia; así que Saya no le replicó y la dejó quedarse en casa, quizás eso la hiciera sentirse al menos un poco mejor. Saya miró a Berta por unos instantes, pudiendo ver que se había cortado irregularmente el pelo, ya apenas se molestaba por maquillarse, y miraba cada cinco segundos el espejo que siempre llevaba en el bolso, quizás para mirarse a sí misma o para comprobar que nadie tras ella la observaba atentamente. No había duda de que comenzaba a emparanoiarse. Otra vez con sus guantes nuevos puestos en las manos, Saya comenzó a escribir la segunda carta.

"Mi tan querida como inteligente Berta:
Te envío esta segunda carta con mucho cariño que le guardo al odio que siento por ti. Cada día este sentimiento de desprecio crece más y más por cada segundo en el que te veo viva. Te crees tan perfecta y eres tan deficiente… Cuando cantas pareces una rata agonizante, lo cual se asemeja bastante a tu aspecto físico. Cada día que pasa, más y más granos aparecen en tu cara, ¿por qué si no crees que cada vez tienes menos éxito? No seas ingenua, sabes que a los demás les duelen los ojos cuando te miran. Te observo durante las veinticuatro horas del día, incluso cuando te duchas, momento en el que inevitablemente he de vomitar sangre. Y no pongas esa cara mientras lees estas palabras, te hace verte más y más patética. Tú solamente sigue fingiendo que todo va bien mientras tu mente está a punto de estallar, simplemente te advierto que si alguien aparte de nosotros dos sabe algo sobre estas cartas, saldré de mi escondite y te torturaré hasta que el dolor acabe con tu patética vida. Eres la mujer más asquerosa y vomitiva sobre la maldita faz de la maldita Tierra. Espero que lo pases fatal, así mi diversión no perecerá. Hasta pronto.
Desde lo más profundo del odio de mi corazón, de tu querido admirador."


Bueno, ya se acerca la parte que Plague, Jess, Alex y Bibi nos lleváis pidiendo. ¡La venganza! Y nada que comentar, los pocos que nos leéis, seguid dejando reviews con comentarios y opiniones, ¡ya sabéis que se agradecen! Un saludo, MizzMassacre y Hinata Maki.