† Capítulo X †

Tras unos días que transcurrieron sin ningún cambio, pronto llegó el viernes. El ambiente en clase era totalmente insoportable, sólo se oían los cacareos de las aproximadamente quince adolescentes que iban en la misma clase que Saya y Diva. Entre todo el barullo, se podían distinguir frases y palabras referentes a qué se iban a poner esa noche; el baile de Halloween había sido el tema de conversación por excelencia en el instituto durante la semana entera, pero ese día lo era unas mil veces más. Mientras el profesor se dejaba la garganta pidiendo silencio, Diva contenía duramente sus ganas de ahorcarlas a todas con un alambre de espino para así conseguir un poco de tranquilidad, y Saya estaba segura de que la cabeza le explotaría con todo ese ruido que conseguía sacarla de sus casillas.

Diva no apartaba los ojos de la espalda de Moses, como si estuviera estudiando su comportamiento; no podía evitar mirarlo, pensando en todo lo que él había implicado en su vida desde que por primera vez habló con él. Sintió un nudo en la garganta y las lágrimas humedeciendo nuevamente sus ojos cuando se puso a recordar todos aquellos momentos que habían pasado juntos, para ella significaban más que su propia vida. Y habían sido inútiles, sólo tiempo perdido, ya que todos esos momentos no habían sido nada especial para Moses, todo el tiempo que ella había estado a su lado no lo habían hecho abrir los ojos. Secándose las lágrimas con los guantes sin que nadie se diera cuenta, vino a su mente algo que la hizo temblar, algo que daría a cabo esa misma noche, algo que había planeado hasta llevarlo a la perfección, algo que llevaba tiempo ansiando hacer, algo que finalmente le abriría paso hacia todo lo que hasta entonces no había podido tener.

Durante las clases, Moses intentaba conseguir hablar con Diva para aclarárselo todo, pero ella se rehusaba a escucharle, incluso a mirarle a la cara, y subía el volumen de sus auriculares cada vez que él se volteaba hacia ella. Ya que aún no era el momento, no hasta que se quitara a Noelia del medio, entonces rompería su silencio hacia Moses y todo comenzaría a ir bien, como al principio de todo, cuando todo era perfecto hasta que un gusano llamado Noelia se entrometiera. A las ocho, y tras haber salido ambas de la peluquería, se encerraron cada una en su habitación para prepararse; una hora y media después Haji vendría a recogerlas en su coche.
–Estoy nerviosa, Haji me dijo que esta noche me iba a dar una sorpresa en la que estaríamos a solas –decía Saya mientras salían de casa.
–Sexo –respondió Diva, con una sonrisa traviesa.
–¡No seas pervertida! –las mejillas de Saya comenzaron a sonrojarse mientras su hermana se reía.
–Es obvio que sí.

Salieron juntas del portal y ya vieron aparcado justo delante de la puerta el BMW gris de Haji, al cual se subieron nada más verlo. Saya se sentó adelante al lado de su novio, a quien saludó con un beso en la mejilla; y Diva se sentó en los asientos traseros, sola, mientras tarareaba la canción de The Black Dahlia Murder [MizzMassacre: ¿soy la única que piensa que es el mejor nombre del mundo para un grupo? *-*] que en ese momento sonaba en el coche. Tras unos cinco minutos de trayecto durante el que no se oía más que la música que Haji había puesto en el coche, llegaron al instituto, lleno de gente y ruido que lograron oír aún sin haber salido del coche. Bajaron del BMW y los tres se quedaron observando por unos segundos el ambiente y los vestidos de todos sus compañeros de instituto. Demasiados colores claros para ser Halloween, ¿dónde tienen la cabeza las descerebradas estas? Incluso entonces Saya y Diva destacaban entre la multitud con sus vestidos gothic lolita.

Abriéndose paso entre la gente, entraron en el gimnasio, lleno de decoraciones típicas de Halloween, en un ambiente iluminado por contrastes en naranja y negro. Entre la inquieta multitud, divisaron un escenario sobre el que estaba Moses con el resto de su grupo, The Beauty Of My Despair. Tras haberse presentado recibiendo caso omiso por parte de la mayoría de los espectadores y haber colocado correctamente amplificadores e instrumentos musicales, comenzaron a tocar. Era la primera vez que Diva lo oía cantar, y quedó paralizada por unos instantes concentrándose tan sólo en el sonido de su voz entonando una canción que le era conocida.

"Frigid air leaves me breathless / El frígido aire me deja sin respiración,
Foolish agony fills my lungs / La estúpida agonía llena mis pulmones
As I try to scream for her / Mientras intento gritar por ella.
I confess I scare myself / Confieso que me asusto a mí mismo.
Through the howling wind, on my knees, I cry / A través del aullante viento, de rodillas, lloro.
Listen to me / Escúchame...

I'm broken by her silence to a love unseen / Estoy roto por su silencio a un amor no visto,
Blood soaked feathers rained down / La sangre empapó plumas que llueven.
My wingless angel so broken falls gracefully from the sky / Mi ángel sin alas tan roto cae grácilmente del cielo,
To waiting arms, to waiting arms / A brazos esperando, a brazos esperando...

Such foolish agony fills my lungs / Tal estúpida agonía llena mis pulmones
As I try to scream for her / Mientras intento gritar por ella.
Jaded eyes wake to the sounds of my voice / Ojos cansados se despiertan a los sonido de mi voz
As I scream to her / Mientras grito por ella.
In dreams I've seen her silhouette / En mis sueños he visto su silueta
Dance across golden light, and autumn in my dreams / Bailar al otro lado de luz dorada, y otoño en mis sueños."

El gimnasio se quedó prácticamente en silencio con la entrada de Noelia y Berta en él, las chicas más populares del instituto. Noelia iba ataviada con un vestido naranja con dibujos negros de telarañas, y Berta con uno celeste hasta la rodilla bastante sencillo. Todos los presentes se fijaron en la última, rebosante de maquillaje que parecía haber sido puesto en su cara con prisa y poco pulso. Ciertamente se la veía nerviosa, no cesaba de mirar a su alrededor y a observar con miedo a cada persona que veía que la miraba. A sus ojos, todos eran un grupo de psicópatas conspirando contra ella. Saya sonrió, sus cartas estaban haciendo el efecto deseado. Diva apartó la vista de Moses por unos segundos y se encontró con la sonrisa de su hermana, que miraba a Berta como un cazador mira a su presa. Era sumamente fácil suponer lo que Saya estaba pensando.
–Parece que metió la cara en un bote de pintura –susurró Diva al oído de su hermana– Y que no se crea que así tapa su fealdad, parece un puto payaso.
–Cada vez se acerca más al suicidio, sólo fíjate en cómo actúa, está paranoica perdida.

Cuando dieron las doce de la noche, la que había sido reina del baile el curso pasado subió al escenario para anunciar quién, según los recuentos de la votación, sería la reina del baile. La mayoría de los espectadores fueron hacia el escenario, empujándose los unos a los otros para escuchar el resultado de los votos. Las chicas se arreglaban el pelo esperando ser las elegidas y los chicos aplaudían ya antes de tiempo… Mientras que Saya, Diva y Haji se quedaron apartados de la multitud.
–Y, según las votaciones, la reina del baile de Halloween de este año es… –abrió un sobre y leyó el papel que contenía, antes de leerlo en voz alta– ¡Noelia Jonas [MizzMassacre: sí, "Jonas" por los Jonas Brothers, ya que no hay peor castigo que compartir apellido con los tres pelagatos esos xD]! –tras una ronda de aplausos, pudieron ver a la nombrada subir al escenario, emocionada pero sin abandonar esos aires de superioridad que nunca la abandonaban.

–Reina del baile de Halloween… –decía Diva con una ceja levantada mientras Noelia daba un pequeño discurso y luego le entregaban la típica corona y el típico ramo de flores– Claaro, todo tiene sentido, ganó por llevar la máscara más terrorífica, su propia cara.
–Mira que eres mala… –le regañó su hermana mayor– ¡Buena chica, hermanita!
–Saya… ¿podríamos hablar un momento tú y yo a solas? –interrumpió Haji– Es sobre la sorpresa que te dije.
–Claroo –fueron juntos hacia un lugar apartado donde no había gente, dejando a Diva sola, lo cual no le importaba en absoluto, prefería estar sola para así pensar una y otra vez en su plan. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando su hermana volvió nuevamente a donde ella estaba– Diva... –la nombrada volvió la mirada al lugar del que procedía la voz de su hermana– Me voy a quedar a dormir en casa de Haji, espero que no te moleste quedar sola...
–Qué va, no importa... Pero cuidado con lo que hacéis, eeh... ¡Uuuh, noche de seeeeexo! –contestó Diva con una sonrisa, todo favorecía a su plan.
–¡No vamos a hacer nada de eso!
–Ya, bueno, lo que tú digas... Anda, vete, que Haji te está esperando –el chico esperaba a Saya ya en la puerta del gimnasio, Diva lo saludó con la mano y le dio dos besos en la mejilla a su hermana antes de que ella saliera del baile con Haji. Ahora era cuando debía actuar.

Esperó cinco o diez eternos minutos después de que su hermana se hubiera ido, para hacer ella lo mismo. Viendo a Noelia ya bajar del escenario y a Moses y su grupo volviendo a subir para continuar el concierto, salió del gimnasio empujando a todo el que se interponía en su camino; los nervios y la sed de sangre la estaban matando, no podía esperar más. Caminó a paso acelerado hacia casa, pero no iba a quedarse toda la noche allí, no, antes se divertiría un rato. Se vistió un chándal viejo y un par de guantes; lo preparó todo en una mochila y cogió cierto móvil de color llamativo que guardaba en uno de sus cajones y, con total certeza de que ninguna de sus huellas dactilares quedaría en él, comenzó a pulsar frenéticamente las teclas antes de presionar la tecla de enviar y guardarlo en aquella mochila llena de objetos, también libres de huellas, a los que pronto les daría el mejor de los usos.

Haji acompañó a su novia hasta el BMW, mientras ella no podía dejar de mirarlo, estaba guapísimo con ese traje negro y esa corbata a juego. Lo besó en la boca cuando estaban ya justo donde el coche, y Saya lo notó muy nervioso.
–Haji, amor mío, ¿te pasa algo? –preguntó al percatarse de que efectivamente estaba nervioso.
–No, sólo que te amo –la cogió por la cintura y la acercó a él para poder morderle el cuello, haciendo que Saya sintiera un agradable escalofrío– ¿Nos vamos, princesa?
–¡Sí! –subió al coche cuando él le abrió la puerta, luego entró él y se sentó para comenzar a conducir camino a su casa. Saya se dio cuenta de que la miraba de reojo, lo que la ponía cada vez más y más nerviosa.
Tras un corto trayecto sumido en el silencio, llegaron a casa de Haji, que aparcó el coche en el garaje y luego de aparcar salió y le abrió la puerta a Saya. No la dejó bajar, simplemente la tomó en brazos y la subió escaleras arriba hasta llegar a su habitación, donde la echó en su cama, situándose a su lado.

–Amor mío, te… –Haji la besó para callarla.
–Yo también te amo. Sin ti no vivo, eres mi alma y quiero ser yo quien te haga feliz eternamente, cariño, sólo yo. Te quiero dar el futuro que deseas –la besó de nuevo en la boca y la abrazó mientras la acercaba más a él.
Se separaron por unos instantes y ella le acarició la cara; él le sonrió tímidamente y la tomó por la cara para acercarla más a él y fundirse en un largo beso, que desencadenó a muchos otros, al mismo tiempo que acariciaba su cuerpo suavemente. La intensidad de los besos y de su excitación fue aumentando a medida que sus cuerpos se acercaban más el uno al otro y tomaban más calor. Nuevamente se volvieron a separar para tomar aire, y entonces Saya comenzó a reírse, a lo que Haji respondió con una expresión confusa.
–Perdona, mi rey –explicó ella, parando de reír y sonrojándose al instante– Es que… estoy muy nerviosa… Y me estabas clavando el móvil.
–Cariño, es que te deseo –contestó Haji, completamente sonrojado.
–Entonces hazme tuya.

Los labios del chico bajaron desde los labios de ella a su cuello mientras una de sus manos acariciaba su cintura. Empezó a acariciar su cuello con suaves besos, que luego pasaron a ser lametones y luego pequeños mordiscos, y la chica no pudo evitar gemir levemente cuando notó su dureza contra ella, lo que hacía que se excitara todavía más. Ella pasó su mano por debajo de la camiseta de él y empezó a acariciarlo apasionadamente mientras él recorría su espalda con sus manos. Él se separó de nuevo, esta vez para deshacerse de su chaqueta y su camisa, las cuales dejó indiferentemente en el suelo, y ella volvió a acariciar todo su pecho y su espalda mientras lo miraba hambrienta; la simple visión de su cuerpo perfecto era orgásmica. Bajó sus manos hasta su trasero mientras él le acariciaba los pechos, y desabrochó sus pantalones para dejarlos caer, acercándose más a su cuerpo y haciendo mayor el roce, intentando contenerse para no comerlo literalmente ya mismo.

El chico gimió levemente al notar el roce de ella en su erección, y entonces le quitó el corsé y el vestido con sumo cuidado. Siguió acariciando sus pechos, esta vez más fuertemente, dejándole pequeños arañazos y pellizcos, al mismo tiempo que su otra mano acariciaba el trasero de ella. Separó sus labios de los de ella y ahora fue directo a atacar su cuello, con un mordisco que la hizo gemir mientras clavaba las uñas en los hombros de él, quien ahora intentaba ferozmente desabrochar el sujetador de la chica. Lo tiró al suelo y entonces se agachó para quitarse los zapatos, sin dejar de mirarle a los ojos con deseo y una sonrisa traviesa en sus labios. Estupefacto ante la visión de ella desde aquel ángulo, la tomó por el trasero aún sin erguirse, y le bajó el tanga con los dientes.

–Siéntate –ella obedeció, quedando con la espalda pegada al cabecero.
Cuando estaba ya sentada, mirándolo todavía interrogante, él se agachó frente ella y, tras un largo un apasionado beso que duró hasta que ambos necesitaron oxígeno, hundió su cabeza entre las piernas de la chica. Ella no pudo contener sus gemidos, la estaba volviendo completamente loca, sentía la lengua de él jugando con su clítoris, cada vez más fuerte. Sintió varias oleadas de calor que la hicieron tener que entrecerrar los ojos ante el placer que estaba sintiendo y, poco después, él volvió a los labios de ella mientras poco a poco iba introduciendo uno de sus dedos en el interior de la chica. Aumentó el ritmo cuando ella comenzó a morderse el labio inferior para intentar no gemir, hasta que sintió un calor haciendo todo su cuerpo arder, y entonces llegó al clímax.

Cambiaron de posición, quedándose ahora él contra el cabecero y ella frente a él, quedándose paralizada ante su cuerpo sudoroso y la expresión excitada que se podía notar en su preciosa cara. Comenzó a acariciar su pecho, su barriga, su cintura, sus caderas, y cuando sus manos dieron con la tela de los boxers, empezó a bajarlos, dejando al descubierto su erección, la cual ella comenzó a acariciar sin pensárselo dos veces. Su respiración entrecortada lo decía todo, fue aumentando el ritmo de las caricias a medida que él gemía más y más y, antes de que el chico pudiera llegar al orgasmo, comenzó a lamer la punta de su miembro. Quería darle el máximo placer, así que introdujo su miembro hasta su garganta, y entonces él explotó.

Se tragó toda la esencia del chico y luego levantó la vista hacia su cara, pudiendo ver sus ojos entrecerrados, su sonrisa, y sus mejillas sonrojadas. La imagen más perversa y excitante que alguna vez se podría haber imaginado. Volvieron a besarse, y entonces él la recostó en la cama y se posicionó sobre ella, comenzando a penetrarla lentamente, con cuidado de no lastimarla, y fue aumentando el ritmo poco a poco, hasta que ambos sintieron todo su cuerpo arder, y luego quedaron dormidos todavía abrazados tras haberse dado un último y dulce beso.


He cumplido, tenéis lemon, ¡muahahahaha! Y en el próximo capítulo también habré cumplido. Pues nada que comentar, el próximo capítulo será el último hasta dentro de, como mínimo, meses (lo sé, no merezco vivir). Espero que os haya gustado a los pocos que nos leéis y que dejéis muuuchos reviews (con muchos quiero decir que con tres o cuatro me conformo). Un saludo, MizzMassacre y Hinata Maki.