Los personajes de Inuyasha no me pertenecen…
…Pero esta historia si…
Plato para Dos
C.2
El Trato
Nunca fui de las personas que se despertaban con un buen genio: bostezando y desperezándose mientras oía a los pájaros cantar, no, el estilo Blancanieves no era el mío; pero por lo menos me levantaba con buenos ánimos para empezar el día. Hoy, sin embargo, se había convertido en la excepción. Un ruido estruendoso, valga la redundancia, inundaba todo el apartamento. Era alto, monótono y desesperante. Metí mi cabeza bajo la almohada, pero de igual forma el sonido logró colarse entre las plumas de ésta. Cansada y con un humor caldeante dirigí mi vista hacia el despertador.
- Por favor, son las 5 de la mañana- dije con una voz inentendible ya que mi boca se encontraba pegada al colchón.
Di vueltas, miré al techo, subí y bajé las piernas y me di cuenta que no podía seguir durmiendo si ese ruido continuaba, así decidí enfrentarme al enemigo. Me levanté de un salto intentando desamarrarme las sábanas, mientras tropezaba con todo lo que tenía adelante. Nota uno: ordenar la ropa de la maleta. Salí del cuarto con la camisa gigantesca blanca, la cual siempre usaba para dormir, y los cabellos sueltos, los cuales sospechaba que en ese momento no estaban en su mejor momento. Al llegar a la cocina, que era en donde se estaba llevando a cabo el fabuloso concierto, me encontré a mi sonriente hermana vestida de una forma impecable, hasta podía jurar que un diente le brillaba. No pude evitar sentirme apenada por mi aspecto cuando esta cerró la puerta del refrigerador y me encontré con mi patético reflejo.
-¡Kag!, ¿por qué despierta tan temprano?
¡¿Qué por qué despierta? Era ella la que había conectado la licuadora y la tenía en el nivel rojo, sí, no el verde sino el ROJO... no dudaba que todos los vecinos ya estuviesen despiertos. Me dediqué un minuto a reflexionar. Qué extraño, ¿a qué se debía mi tan buen humor?
- Mmmm, es que oí ruidos- dije mientras pasaba mi mano por unos ojos que todavía no querían abrirse.
Bien, no estaba en mi casa no podía exigir mucho
-¡Ho! Disculpa, es que voy saliendo al hospital, hoy empieza mi semana de guardia.
- Tranquila, no te preocupes- hacía mi mayor esfuerzo por sonar despreocupada y por abrir los ojos. Busqué sentarme en una de las sillas de la mesa que separaba la sala de la cocina.
-Bueno, ya que estas despierta aprovecho para decirte cómo llegar al restaurant…
Me explicó cómo llegar tomando el metro, y me dio el número del hospital y de otros servicios, pero yo todavía me encontraba en una fase de: no estoy dormida pero por alguna razón no te estoy estoy prestando atención.
- Y cuéntame… lo conociste ¿verdad?
- ¿A quién?- dije cansada
-A Inuyasha… ¿qué te pareció?.
¡Inuyasha!, ese nombre, él era el motivo de mi mal humor. Al oír su nombre mi mente empezó a maquinar cosas como: "golpear, aplastar, cortar matar". En ese preciso momento me desperté por completo irguiéndome y abriendo los ojos como psicópata. Me acordaba, sí… ¿cómo no acordarme?, ese cretino me había fastidiado el día con su… inmaduro comportamiento, para llamarlo de una forma digamos menos fuerte.
- … sí, sí lo conocí- dije arrugando el ceño.
- ¿Y qué tal?- se interesó
Era mi impresión o ¿a mi hermana se le iluminaron los ojos? Decidí que ella no tenía que enterarse del agravio contra mi persona la noche anterior. Además se le veía de lejos que todavía le gustaba así que no quise desilusionarla contándole todas las cosas bonitas que se me ocurrían al recordar a su ex novio.
- Bueno, digamos que me pareció una persona algo… particular.
- A… - fue lo único que dijo abriendo bastante la boca antes de mirar su reloj y terminarse de tomar su jugo de piña- Bueno Kag, nos vemos entonces, supongo que hoy llegarás tarde, así que aquí te dejo las copias de las llaves, no las vayas a perder- dijo mientras agarraba su bata blanca y me daba un beso en la frente.
-Adiós- me dije a mi misma, ya que ella ya no se encontraba en el apartamento.
Volví a mirar el reloj: 5:15. ¡Por Dios!, "¿así serían todas mis mañanas?", fue lo que pensé antes de enrollar mis brazos sobre la mesa y quedarme dormida.
Cuando volví a abrir los ojos me di cuenta que eran las 11. Entré en crisis: tenía apenas una hora para bañarme, vestirme, preparar mis cosas y llegar al restaurant. Sango me había dicho la noche anterior que al medio día discutiríamos más a fondo sobre mi nuevo trabajo y yo iba a llegar tarde mi primer día de trabajo.
Salí corriendo por toda la casa como una histérica mientras me quitaba la ropa y la dejaba tirada en el camino.
- Por favor regadera supersónica hoy no me falles- no me acordaba bien como era que se programaba, así que no tuve más remedio que bañarme con agua congelada que salía por todos lados a un presión que digamos… era dolorosa.
Al llegar al cuarto tomé unos pantalones grises de bota ancha, los cuales eran muy cómodos para trabajar. Los ajusté muy bien a mi cintura sobre la camiseta negra que había escogido y cogí unas zapatillas del mismo color; luego agarré mi bolso gris para empezar a vaciarle un montón de cosas dentro. Mis zapatos de trabajo, maquillaje, peine, perfume entre otras muchas cosas fueron las que hicieron que éste adquiriera un kilo de peso. Tomé las llaves y salí corriendo como alma que lleva el diablo mientras me terminaba de poner una zapatilla saltando con un solo pié. Si alguien me preguntara: ¿Cómo es Kagome Higurashi? Sin duda le hubiese mostrado una foto mía en ese preciso instante.
Maldije que viviéramos en un penthouse ya que el ascensor se tardó 10 minutos en llegar. Al salir del lujoso edificio empezó mi carrera de atletismo hasta la estación de metro, debo decir que durante todo el recorrido la gente se me quedaba mirando como si fuese una loca. Y no los culpo, llevaba el pelo mojado sin peinar, la cara sudada, la ropa mal puesta, y una cartera que parecía el bolso de un peregrino. Solté un suspiro una vez dentro del vagón, siempre me pasaba lo mismo cuando estudiaba en París. Lo primero que hice fue sacar un peine y desenredar eso a lo que llamaba cabello.
-¡Jum!- fue el sonido, que provino de mi derecha.
Al girar mi rostro me encontré con un señor que tendría unos 70 años con una típica expresión de viejo amargado. Bueno, lo había salpicado todo de agua. Al girar a mi izquierda vi a una chica vestida de una manera estrafalaria, la cual no se había enterado de mi existencia. Dudo mucho que todo el vagón no oyera la música que estaba escuchando con sus audífonos.
Le dediqué una pequeña sonrisa al señor mayor, una típica de: ¡disculpe! Y seguí con mi trabajo. Saqué el maquillaje y empecé a delinearme los ojos, pero un movimiento del metro me hizo recostarme encima del anciano con maquillaje y todo en mano.
-¡Jum!- volvió a quejarse.
Me acomodé rápido en mi puesto y regresé el maquillaje a la cartera. En ese momento me di cuenta que todo el vagón estaba concentrado en mí, hasta la sicodélica. Deberían estar pensando que le había robado el bolso a Mary Poppins cuando saqué mi grueso abrigo negro, la bufanda gris y el gorrito tejido del mismo color. Volví a sonreír nerviosa.
Ahora me encontraba frente a la prueba de fuego, si amigos, ¡el desodorante! ¿Cómo rayos iba a ponérmelo? Observé cuidadosamente hacia ambos lados revisando que nadie estuviese lo suficiente pendiente de mí para agarrarme in fraganti. Agarré mi bolso y lo alcé de una manera casua,l tratando de ocultar mi brazo, mientras me echaba bajo el brazo izquierdo y miraba hacia el techo. Repetí el procedimiento debajo del brazo derecho mientras miraba por la ventana, ¡bien!, nadie me había visto, pero cuando giré el rostro me encontré con la mirada desaprobatoria del anciano.
-¡Jum!- repitió mientras negaba con la cabeza.
Saqué mi pequeño envase de perfume y me bañé prácticamente en él, como acostumbraba a hacer. Cuando terminé de guardarlo me encontré con la mirada acusadora del todo el vagón. Apenada terminé de guardar todo en el bolso y me puse la bufanda, el abrigo y el gorrito ya estaba llegando a mi parada.
¿Qué le pasaba a estas personas?, no era un extraterrestre así que antes de salir me giré y dije:
-¡¿Qué? ¿Nunca se les ha hecho tarde?
Cuando ya el metro se había alejado, no pude evitar reírme sola sobre lo que me había ocurrido. Eri siempre decía, "Kagome solo a tí te ocurren estas cosas". Dejé de reírme y miré el reloj: eran casi las 12, así que volví a correr.
Llegué a la hora punto a las puertas del Shikon. Mientras recuperaba el aliento, pude ver a través del panel de vidrio a Sango hablando con Miroku, se veía que era una discusión fuerte. Entré y dejé mi abrigo en la percha, para encontrarme con ellos.
- Buenas…- mi saludo se vio cortado cuando me encontré a Miroku y a Sango en medio de un apasionado beso. ¡Por dios!, estos no perdían su tiempo. ¿Entonces Sango y Miroku eran pareja? Mmmm… bueno eso era algo que ya había sospechado desde anoche, ya que ella le robaba la comida y al conocerla me había mencionado su nombre como quinientas veces.- ¡Ho!, disculpen -dije apenada dándome la vuelta.
-No pasa nada Kag, adelante- me dijo Sango luego de separarse.
-Bueno señoritas me dirijo a la cocina, un gusto verla señorita Higurashi- dijo Miroku haciendo una graciosa reverencia dejándonos solas a Sango y a mí.
- ¿Quieres tomar algo?- me preguntó mientras se sentaba en el bar.
-No, estoy bien gracias- la acompañé
- Bueno déjame explicarte en qué consiste el menú antes de que almorcemos.
-¿Almorzar?- pregunté sorprendida.
-Pues claro, todos los lunes almorzamos juntos para hablar sobre el menú y algunos otros detalles. Todo el personal come junto, es una costumbre, además así los conocerás a todos.
- Aa… fabuloso- "Por favor, que no venga que no venga", ÉL.
- Mira esta es la carta…- dijo sacando un tríptico negro muy elegante.
La estudié. La cosa se resumía a que los comensales podían pedir un plato ya sea de una sola cocina, o unos platos diseñados con la fusión de las cuatro cocinas, los cuales eran los más populares. El tema cada vez me gustaba más. Luego me siguió explicando un montón de cosas sobre la dinámica que se llevaba y por último sacó un sobre amarillo en el cual estaba mi contrato. Lo leí, y todo me pareció en ley: tenía un año de prueba y al siguiente podía elegir seguir o buscarme otro sitio. Mi sonrisa se ensanchó cuando lo firmé, pero no duró mucho cuando escuché esa vocecita que todavía no se me borraba de la cabeza, o mejor dicho la vocesota.
Sí, mi pesadilla hecho hombre entró por la puerta haciendo bastante ruido mientras hablaba por teléfono. Ahí estaba él, con un traje negro bastante elegante que hacía contraste con su cabello un poco largo y platinado. Al estar frente nosotras nos regaló una sonrisa, que me pareció encantadora, mientras agitaba levemente la mano con el teléfono aún en la oreja. Bien, quizás el mal humor de la noche anterior se debiera a un mal día, y quizás hoy era diferente. Pero mi esperanza murió en el mismo instante en que su mirada ambarina chocó con la mía, y volvió a su típica cara de cañón. Me lanzó una mirada de "muérete" y se encaminó hacia la cocina sin decir nada. Y yo como estúpida me quedé con la mano alzada respondiendo un saludo, que evidentemente no era para mí. ¡IDIOTA!
- Me odia- dije mientras me quitaba la bufanda y la dejaba sobre el mostrador.
-No, no te odia, es que simplemente… bueno verás… ¿cómo decírtelo?- empezó a tantear buscándole alguna explicación lógica a su comportamiento. Pero vamos Sango, su actitud no tenía escusa.
- No me lo digas, creo que es evidente, si mal no me equivoco me detesta porque soy la hermana de su ex.
Sango rió nerviosa.
-No lo entiendo, si no quería que trabajase aquí ¿por qué me consiguió una entrevista?
- Bueno, verás Kag él no te consiguió la entrevista. Kikyo se comunicó con Miroku y él fue el que arregló todo.
Vaya ya todo tenía sentido, era claro que no quería que trabajase aquí. Es que no tenía ni que decirlo, cualquier persona a la redonda lo hubiese notado. Mi espíritu optimista se activó. "Ok, es uno de tus jefes" me dije mientras respiraba profundo y miraba las botellas del bar. El motivo de su odio era completamente estúpido, debía hacerlo cambiar de opinión. Si bien nuestra relación no tenía que ser de amistad, por lo menos tenía que llevarme bien con él.
"Kagome, eres una chica agradable, quizás si te muestras simpática con él cambie de actitud", fue lo que pensé. Una cosa era cierta, un inconveniente como éste no me iba hacer renunciar a mi primer trabajo.
Al poco tiempo empezaron a llegar las demás personas. La primera en entrar fue una mujer de unos cuarenta años, muy alta y con un aire extranjero. Tenía el cabello rubio oscuro y unos ojos verdes esmeralda. Tras ella llegó una chica que tendría mi edad, alta también, pelirroja, pecosa y con unos ojos del mismo color que la anterior.
-Kag- dijo sango parándose frente a la mujer mayor- ella es Kirara, es la Chef que se encarga de la comida italiana; ella es Ayame, su hija, que es la encargada de llevar el plato a la mesa- dijo divertida.
-Solo hasta que me gradúe de la Universidad Sango- agregó la chica – Un gusto, Ayame.
Me presenté ante todos y pude notar que la mujer no dominaba mucho el idioma, así que solo observaba callada, en cambio la chica no paraba de hablar.
El segundo en llegar fue uno de los jefes, pero este a diferencia del primero, SÍ era agradable. Al entrar con su traje gris oscuro se acercó a mí con esa sonrisa pícara que podía poner nerviosa a cualquiera.
- Es un verdadero placer volver a ver a la más bella Chef- dijo luego de darme un beso en la mano. No pude evitar sonrojarme hasta la médula.
- Koga desalmado, ¿Y yo qué?- dijo Sango fingiendo indignación.
- Sango, tú tienes a Miroku todos los días para decírtelo- dijo riendo mientras se perdía también en la cocina antes que Sango le golpeara juguetona el hombro.
Luego que Koga desapareció, extrañamente, Ayame no me volvió a hablar.
Por último vi a través de la vitrina como llegaba un carro negro lujosísimo, de él se bajaron dos personas, la primera la conocía. Se trataba de Sesshomaru Taisho, y la otra persona era una mujer de unos 30 años cargando una niña pequeña en brazos, que no pasaba de 3 años. La mujer era muy alta, y hermosa, me pareció una modelo, iba sumamente maquillada con el cabello bien recogido. Los dos estaban muy elegantes. Se dijeron algo que obviamente no escuche y vi como Sesshomaru se agachaba para besar a la pequeña que dormía. Luego leí los labios de la mujer diciendo "adiós", para luego volver a meterse en el carro y desaparecer.
- Esa es Kagura, la esposa de Sesshomaru- dijo Sango a mi espalda- y la pequeña es Rin, su hija.
La miré algo extrañada.
-Nunca comen con nosotros- respondió a la pregunta que iba ahacer.
Vimos como Sesshomaru nos saludaba con un pequeño gesto y también se iba a la cocina.
-Es callado- dije
-Si, como verás son algo extraños en esa familia.- comentó con un toque de sorna.
- ¡QUÉ NOOO!- se oyó un grito proveniente de la cocina que nos hizo a todas saltar. Seguía de mal humor.
Luego de eso Miroku salió con una enorme sonrisa invitándonos al salón árabe. Me pareció algo bizarra la escena, pero decidí no prestarle atención.
-Así que la familia de Miroku es árabe- le susurré a Sango cuando ya todos estábamos en la mesa y comíamos Tabbouleh*.
-Sí, no me lo recuerdes, cuando lo conocí quería tener un Harén*
No pude aguantar la risa y me tapé la boca rápido para no escupir el Tabbouleh*.
- Miroku y tú son novios ¿no?
- Sí – dijo aburrida- desde hace 6 años- lo observó con el ceño fruncido hablando animadamente al otro lado de la mesa-… larga historia- agregó.
- Y entonces Miroku también es un accionista ¿no?- seguimos susurrando mientras todos estaban muy concentrados comiendo o hablando por teléfono.
-Sí, verás, Miroku es lo que se puede llamar el encargado directo, es el que pasa la mayoría del tiempo aquí en el restaurant ya que siendo Chef puede controlar bastante las cosas en la cocina, ya sabes... –masticó- Sesshomaru es el que se encarga de todos los asuntos legales- cuando lo nombró lo observé, se encontraba callado como siempre leyendo un periódico al lado del plato.- Koga se encarga de las relaciones públicas, no te imaginas lo bueno que es desenvolviéndose en el mercado, es el que nos consigue todos los implementos, la comida y la bebida al mejor precio- al verlo noté como me picaba el ojo mientras Ayame le contaba algo que parecía no importarle- e Inuyasha es el que lleva las cuentas.
Cuando lo observé pegué un brinco en el cojín. Me estaba mirando con una cara de asesino que me hizo plantearme seriamente la opción de salir corriendo.
-Sango me puedes pasar el Arak*- dijo con su voz gutural.
Decidí que esta podía ser la primera movida para poder llevarme bien con él. Así que agarré la pequeña botella y se la extendí.
-Aquí tienes- dije con el tono más amable que pude. Y ¿qué recibí?, un gruñido, si señores ¡UN GRUÑIDO!, ¿qué era?… ¡¿un perro? - ¿Crees que sea buena idea que siga aquí?- dije ahora dirijiendome a Sango.
-¿Por qué lo dices?- contestó con otra pregunta.
- Creo que corro el riesgo que en cualquier momento se pare sobre la mesa y me clave el tenedor en el ojo- dije muy seria, creando la escena en mi cabeza
Sango no pudo evitar la risa y empezó a toser.
-¿Qué pasó amor?, ¿muy picante?- preguntó Miroku.
- No, no… te quedó en el punto- dijo luego de recuperar la compostura y tomar agua.
El almuerzo terminó y casi todos se fueron a distintos lugares del local. Al parecer en el piso de arriba se encontraba una oficina, donde supuestamente estaban todos los papeles importantes. Y gracias a dios porque no tuve que seguir observando su horrorosa cara de perro.
- Como habrás notado, solo abrimos por las noches- me decía mientras nos preparábamos para empezar a cocinar- Los sábados abrimos al medio día y en la noche, al igual que los feriados, y los domingos no trabajamos- terminó de abrocharse su camisa de botones blanca al mismo tiempo que yo.
- Me imagino que los viernes y sábados esto está atestado.
- Todos los días Kag, todos los días.
Bien, iba a ser un trabajo duro pero ya me sentía bastante cómoda. Me dirigía al baño de señoritas para amarrarme bien el cabello cuando lo vi pasando frente a mí.
-Será mejor que te amarres bien ese cabello tuyo, es demasiado largo, no quiero oír quejas de ningún comensal- despotricó al pasar a mi lado.
Pero por supuesto que me lo iba a sujetar, ¡¿qué se creía? Yo sabía muy bien cómo hacer mi trabajo. Ya estaba otra vez volviendo a molestarme. Era imposible llevarse bien con él. En ese momento me di cuenta que con ser amable no iba a bastar.
¿Atestado?, atestado se quedaba corto, el lugar era un infierno. Ayame entraba y salía contándonos que la cola de espera llegaba hasta la calle principal. En mi vida me imaginé que iba a trabajar de semejante manera. La cocina era un despelote, o por lo menos lo era para mí que nunca había trabajado en un restaurant tan concurrido. Luego de unas cuantas horas me fui acostumbrando, y al parecer la cocina se relajó un poco. Miroku empezó a hacer bromas, mientras Sango no paraba de hablar, me agradaban. De vez en cuando veía como Miroku le daba una que otra nalgada a Sango y ella le dedicaba una mirada asesina. De verdad la estaba pasando bien, y en uno de esos chistes, no pude contenerme y solté una típica carcajada mía "ruidosa-escandalosa" Dio la mala suerte que en ese momento Inuyasha entró a la cocina y me regaló una hermosa sonrisa, vale es sarcasmo.
-Señorita Higurashi- enfatizó el apellido- que quede claro que usted está aquí para cocinar, no para divertirse.
Luego de eso no se me ocurrió volver a abrir la boca, ni siquiera para respirar. Otra vez volvía a un estado en el cual mi mente le regalaba toda clase de insultos a mi nuevo jefe, hasta creo que inventé algunos. Estaba molesta, pero más que todo se debía a que la situación ya se había vuelto intensa, no solo yo me daba cuenta, TODOS, en la cocina se habían dado cuenta. Más bien creo que todo el personal se había dado cuenta que el jefe me odiaba y que me quería fuera.
Me volví a sentir como cuando era niña y algún compañero de clase me excluía de un juego. Obviamente sabía cuando no me querían en algún lugar. Es más, me estaba empezando hasta a sentir mal, porque prácticamente me estaba humillando ante todos. Pensaba, pensaba, pensaba… en ese estado estuve cocinando por una hora hasta que Sango se dio cuenta de mi incomodidad.
-Kag, ¿por qué no sales al patio trasero unos minutos? y así descansas un poco.
-No, tranquila estoy…
- ¡Ve!- me interrumpió tajante.
Agarré el bolsito pequeño rojo de mi cartera y salí. Era un patio con un montón de cajas de madera, el piso de color gris oscuro y en frente una cerca de metal.
-¡Mierda!- dije pateando un sucio plateado del suelo, pero al parecer no era un sucio, sino un pedazo de tubería que salía del suelo. Empecé a brincar con un solo pié mientras invocaba a todos los santos.- ¡Peor imposible!- dije recostándome en la cerca.
Más allá de los pequeños edificios que tenía en frente pude observar la bahía. Recosté ambos codos sobre la cerca y me dispuse a prender un cigarrillo. No era una fumadora compulsiva, solo fumaba en ocasiones que ameritaran un rápido antídoto anti estrés. Sabía que era un mal hábito que había adquirido en Europa. Yo estaba intentando dejarlo, pero por favor, ESTA situación me estaba volviendo loca, me tenía con los nervios de punta. Luego de unos segundos, empecé a desestrezarme. Sí, este descanso era lo que necesitaba.
Cuando estaba a punto de apagar el cigarrillo oí la puerta abrirse y cerrarse a mi espalda. Si señores Ley de Murphy: al girarme me encontré con el idiota de Inuyasha acercándose mientras encendía también su cigarrillo. Todavía no me había visto.
"¡¿Por qué me tiene que estar pasando esto a mí?" Pensé. Luego de encenderlo me dirigió una mirada, esta vez no había tanto odio, para mi sorpresa. Más bien era algo así como de asco. Bien, iba de mal en peor, ya no me odiaba, solo le daba asco. Nunca me consideré una persona paciente, pero con él lo había intentado, de verdad, pero desgraciadamente ya no me quedaba nada de paciencia. Si me decía algo iba a explotar y la impulsiva Kagome era de temer. Giré mi rostro cansada para volver a observar la bahía a lo lejos. "Ignóralo"
Se colocó a mi lado, lo cual me sorprendió y así nos mantuvimos en silencio por unos segundos, él no me hablaba, yo no le hablaba. Apagué el cigarro y me dispuse a prender otro. Lo necesitaba.
-¿Sabes lo que eso le hace a tus pulmones?- dijo mirándome a la cara. Me giré para observarlo luego de haber soltado humo. El brillo que tomaban sus ojos con las luces de la noche era algo indescriptible. Pero lo ignoré.
-¿Sabes lo que le hace a los tuyos?- le respondí con una clara molestia.
Como respuesta solo se volvió a girar para seguir viendo el mar, luego solo recibí un "jum". Un "jum", que me hizo explotar porque me recordó demasiado al viejo verde del metro.
- De verdad me debes odiar bastante- dije enfrentándolo.
-La verdad… sí- dijo como si nada.
Esa fue la gota que derramó el vaso, cómo podía ser tan sincero. La Kagome impulsiva salió. Así que le mostré mi más trabajada cara de: "vete a la…", porque era eso lo que le quería decir desde hace tiempo, pero me contuve.
-Pues si tanto me odias ¿por qué no me botas?
Era verdad, prefería mil veces preparar hot dogs en la calle que seguir trabajando con él, o peor dicho PARA él. Si seguía con esa actitud no iba a soportarlo mucho tiempo. Si me quería fuera que tuviese las pelotas para decírmelo en la cara.
-Bien, estás despedida- me dijo así, sin más, sin mirarme… Después de todo si las tenía.
Por mi mente empezó a circular la palabra despedida mil veces. Me empecé a sentirme mal. No podía haber sido despedida en mi primer día, no, no lo podía permitir. Una nueva oleada de valentía me invadió. No se la dejaría tan fácil.
- Ya que estoy despedida me podrías decir ¿por qué rayos me odias tanto?- dije encarándolo nuevamente.
- No te importa- ¿qué acaso era un niño de 4 años?
- haaa… ya veo, mira no te conozco, ni tú a mí, así que no puedo entender porque me detestas tanto, ¡ni siquiera sabes cómo soy ¡-Dije mientras gesticulaba con la mano y él se volteaba a verme fijamente a la cara.
- No necesito conocerte para saber que eres igual a ella.
¡Bingo!, lo admitió, me odiaba porque le recordaba a ella. Era tan… tan… "Respira Kagome".
- No sabes lo equivocado que estás- dije recargándome nuevamente a la cerca botando la cerilla.
Nos quedamos en silencio. Por mi mente pasaban un montón de ideas. No sabía de qué manera recuperar mi trabajo. Era obvio que estaba dolido, seguro la seguía queriendo… ¡Eso era!, ¡la seguía queriendo! Volví a enfrentarlo y le planteé mi idea.
-Escucha, no digas nada, solo escucha- dije deteniendo mi mano a la altura de su cara para que me dejase continuar.- es obvio que sigues enamorado de ella, no, no lo niegues y tengo el presentimiento que ella todavía está algo indecisa.
-Te escucho- ahora si tenía su atención, claro, una vez que ya sabía por dónde venían los tiros…
-Te propondré algo, te ofrezco mis conocimientos para volver con Kikyo, y créeme que los necesitarás- exageré para interesarlo más.
-¿Me estás diciendo que me ayudarás con tu hermana?- lo vi bastante sorprendido. Era ahora cuando tenía que ponerle un precio a mi pequeña ayuda.
-De acuerdo, te ayudaré a conquistar a mi hermana si me dejas trabajar en paz- dije decidida mirando sus exóticos ojos.
Lo vi pensándolo mucho, así que estiré mi mano para presionarlo.
-Trato hecho- dijo tomándola.
Su mano era grande y áspera, muy masculina. Sus enormes dedos hicieron una ligera presión en mi piel mientras nos mirábamos con una sonrisa que demostraba que los dos salíamos ganando de aquel acuerdo. Él me soltó a la vez que dejaba caer su cigarrillo y se volvía dirigir al restaurant.
Me giré para terminar de fumar lo que quedaba del mío.
- Será mejor que entres rápido, o si no te volveré a despedir- sí, seguía siendo un cretino, pero por lo menos me dejaría trabajar.
- Va te faire foudre connard!*- hacía tanto que quería decírselo.
- Merci, mais pourquoi ne pas vous aller?*- me respondió y en ese momento me replantee la idea:
Si alguien me preguntara ¿Cómo es Kagome Higurashi? Le mostraría una foto de mi cara en ese preciso momento.
Va te faire foudre connard!*: ¡Vete a la mierda imbécil!
Merci, mais pourquoi ne pas vous aller?*: Gracias, pero ¿por qué no te vas tú?
Tabbouleh*: ensalada de perejil y sémola de trigo, plato típico árabe.
Harén*: conjunto de mujeres (concubinas o, simplemente, mujeres hermosas) que rodeaban a un personaje importante.
Arak*: bebida alcohólica árabe.
... Bueno pequeñas ¿Qué tal?... aquí les traje el segundo capítulo, ya estan viendo como la cosa se va desarrolando...
...Unas cositas: la primera, disculparme por lo HORRORES ortográficos y de redacción del primer capítulo, los cuales ya he arreglado gracias a diós;
...la segunda, Muchísimas Gracias por los Reviews y el apoyo que le han dado a la historia, espero que esta conti sea de su agrado;
...y la tercera, informarles que subiré un cápítulo todos los viernes...
... Sí, Inuyasha es un cretino, pero ¿No lo amamos así?...
...Bueno sin más me despido invitándolas a dejar un reviewcito x akis.. ya sea para decirme: me gustó, o lo odié.. Creanme lo sabré apreciar...
...Bueno Chikas me voy..
Capítulo Tres: Intervención Divina
Bexos...
.:Verüska .
