Los personajes de Inuyasha no me pertenecen…

Pero esta historia si…

Plato para Dos

C.3

Intervención Divina

Distintas. Así éramos…

Lo que quedó de noche no pude sacarme de la cabeza sus palabras: "No necesito conocerte para saber que eres igual a ella". Me enfurecía que nos trataran de igual, simplemente no lo éramos, ¿nosotras… iguales? Nunca, a decir verdad, ninguna persona es igual a otra. Hay que ser un idiota para pensar que sí. Claro, él es un idiota. Algo que siempre me molestó fueron esos comentarios: "son dos gotas de agua", "son idénticas", "parecen gemelas", "casi no las puedo diferenciar". ¿Es qué acaso todos estaban ciegos?

Ahora, parada frente al espejo con mi toalla de baño podía apreciar bastantes rasgos físicos que nos diferenciaban, sin ir muy lejos: su color de piel era más pálido que el mío; sus ojos eran más pequeños y de un color café oscuro, en cambio los míos eran grandes de un marrón caramelo; su pelo aparte de ser más largo, era completamente liso, por mi parte si bien era liso en la raíz, en las puntas se enrulaba rebeldemente hasta mi cintura. Los gestos también eran muy distintos, ella era callada y conservadora al hablar, tampoco acostumbraba a reír mucho. En cambió yo no podía permanecer mucho tiempo con la boca cerrada, al hablar movía de forma exagerada las manos y cuando me reía todas las personas a la redonda se enteraban. Y sin contar que nuestras personalidades eran demasiado antagónicas.

Me senté cansada aún en toalla sobre la cama. Recordé los últimos sucesos de la noche anterior. Todavía no me sacaba de la cabeza las hermosas frases que nos habíamos regalado el uno al otro en el patio trasero del Shikon.

Me di una palmada fuerte en la frente mientras me tendida rendida en la cama. Es que… ¡¿Cómo iba a saber que hablaba francés? Me sentía avergonzada, más bien arrepentida ya que aunque no me gustara, él seguía siendo mi jefe.

Luego que lo llamara imbécil y lo mandara a un lugar al que nadie quiere ir, logré esquivarlo toda la noche. Me dispuse a recoger mis cosas para irme a casa lo más rápido posible y así evitar el tan embarazoso encuentro. Ya tenía la cartera colgando en el brazo cuándo sentí una mano grande y fuerte apretarme el antebrazo y jalarme de una manera poco delicada, cabe destacar, hasta el salón francés. Al alzar la vista lo contemplé. Sí, era él.

- ¿Pero qué te pasa?- dije molesta mientras me daba cuenta que estábamos completamente solos.

- De acuerdo, al grano, ¿cómo vas a ayudarme?-Dijo de una. Creo que ni siquiera lo pensó. "Desesperado", dijo mi mente.

Lo cierto es que no me había gustado mucho la idea desde el principio y por alguna razón sentía que estaba traicionando a mi hermana. Pero ya lo había prometido, y yo nunca rompía una promesa.

-Bien, si vamos a hacer esto, lo vamos a hacer bien- le dije en voz baja poniéndome de puntillas para acercarme a él, mientras todavía sujetaba mi brazo.

-Mjummm… ¿qué cosa es lo que van a hacer bien?- dijo Miroku pasando por un lado recogiendo algunos platos.

Los dos nos pusimos rojos y nos separamos al instante al notar el doble sentido de su comentario.

- ¡Miroku, no tardes y ayúdame en la cocina!- oímos la voz celestial de Sango que nos salvaba de la situación bastante vergonzosa.

Cuando Miroku desapareció volvimos a hablarnos casi en susurros.

- Ok, que te quede claro que nadie, absolutamente nadie se puede enterar de esto, y mucho menos Kikyo.

- Me parece bien, pero aún no me contestas de qué manera me vas a ayudar- Me puse a pensar bien en lo que debía hacer, y simplemente no se me ocurría nada. Kikyo hasta se negaba a verlo. ¡Dios casi podía oler mi despido!

"Piensa Kagome, piensa", me tranquilizaba a mi misma mientras mordía la uña de mi dedo índice, sí ya sé, es un mal hábito. ¿Por qué tenía que hacer de celestina? ¿Por qué se tenían que haber separado?... ¡Bingo!

Lo primero que tenía que hacer era enterarme bien de la situación. Si lo pensaba, llegaba a la conclusión que ¡no sabía absolutamente nada de lo que había pasado entre ellos! No es que me interesara. Nunca me interesó la vida privada de los demás, pero esto era algo que no podía ignorar.

-Bien, mañana… ¿qué vas a hacer a la hora del almuerzo?- por mucho que lo odiara tenía que conocer la situación, y era Inuyasha el único que me podía revelar los hechos. Jamás le preguntaría a Kikyo, si lo hacía estaba segura que me tendría que despedir de mi fabuloso empleo.

- Mañana… mmm, no lo sé- dijo dudoso.

-Oye estoy hablando muy en serio, si quieres que te ayude tienes que poner también de tu parte- alcé mi dedo mordisqueado de manera amenazante.

- Bueno… veré que puedo hacer, puedo salir a la hora del almuerzo de la oficina, ¿pero qué quieres hacer?, ¿acaso vas a hacer que me encuentre con Kikyo?- "Pobre".

- No, estás loco, si te llevo con ella ahora creo que es capaz de matarme- sin duda la situación necesitaba de medidas drásticas- Antes de realizar cualquier movida necesito enterarme de las cosas. Así que mañana tú y yo vamos a tener una larga plática- dije muy bajo mirando a los alrededores. Sentía como si estuviésemos haciendo alguna travesura.

- ¡¿QUÉ? ¡¿Estás loca?- dijo con el ceño arrugado alzando la voz.

- Pues si no me entero ¡¿Cómo quieres que te ayude?- dije perdiendo el control y alzándome de nuevo tratando de llegar a su altura, pero era imposible, solo le llegaba al cuello. "Qué alto es", pensé.

- Bueno…- miró al techo cansado, revolviéndose un poco sus cabellos platinados- bien, mañana a la 1 aquí en el restaurant- dijo como si se tratara de una orden. La sangre me hirvió en las venas y apreté los puños.

- De acuerdo, yo traigo la comida- respiré profundo.

-Bien.

-¡Bien!- respondí molestas.

-¡BIEN!- ¡Dios!... esto empezaba mal, muy mal.

Nos dirigimos a lados opuestos de restaurant dando zancadas y no nos volvimos a ver. Llegué a casa a las 2 de la madrugada, luego que Sango y Miroku me dieran el aventón. Estaba tan cansada del primer día que me quedé dormida con la ropa puesta. A las 5 el ruido de la licuadora volvió a despertarme, pero hoy lo agradecí ya que había quedado con Sango en acompañarla al puerto a elegir pescados. Debo decir que fue toda una experiencia. El sol todavía no salía y los pescadores exhibían pescados de todo tipo, "recién sacados del mar". El puerto estaba atestado de personas, y el ruido casi no me dejaba oír lo que Sango explicaba. Me mostraba que tipo de pescado era el mejor y como prepararlo. Era una experta en todo lo que se tratase de cocina japonesa.

-¿De qué hablaban tu e Inuyasha anoche?- soltó de repente- Miroku me dijo que ya se llevan mejor.

- ¿Qué?- podía jurar que mis ojos se habían salido de sus cuencas y rodaban pon entre los pies de las personas.

- Que al parecer se llevan mejor- ¿Mejor?... imposible.

- Bueno… digamos que decidimos hacer algo parecido a las paces para poder llevar la fiesta tranquila- dije cansada.

- A buena hora, porque si seguía con esa actitud no dudaba que acabaras renunciando.

- sí, menos mal que logré convencerlo… pero a qué precio...- lo último lo murmuré.

-¿Cómo?

-Nada, olvídalo- dije restándole importancia mientras agitaba las manos.

Me llevó a casa en su carro luego de dejar las cosas. Mientras conducía, como loca, me contaba lo mujeriego que era Miroku y el miedo que le daban los compromisos, según ella ese era el problema de que llevaran 6 años de novios y todavía no le propusiera matrimonio. Cuándo empezó con el tema de su relación el carro aceleró más de lo prudente y yo mentiría si dijera que no estaba aterrada. Creo que todavía tengo pedazos del asiento bajo las uñas.

Decidí que lo conveniente, para mi salud, era cambiar el tema, así que hable del trabajo. Me tranquilizó diciéndome que el motivo porque la noche anterior estuvimos tan ajetreados se debía a que su hermano menor, Kohaku, y el sobrino de Kirara, Shippo, ayudaban a Ayame a atender la mesa, pero el lunes habían tenido el día libre. El carro volvió a una velocidad… aceptable.

Luego se emocionó un poco y me contó que Sesshomaru e Inuyasha aparte de tener el restaurant, trabajaban en una empresa familiar que se encargaba de metales o algo así. Al parecer no se llevaban muy bien entre ellos. Otro chisme que contó fue que Koga aparentemente se había enredado con Ayame, pero fue solo algo de una noche y la pobre quedó tan ilusionada que no paraba de perseguirlo.

- ¡Por dios!, es un circo- dije riéndome.

-Sabes Kag- dijo luego de que paró de reírse por mi comentario y nos deteníamos en un semáforo- No sé por qué nos hemos llevado tan bien, ¡imagínate! solo llevamos dos días conociéndonos y te hablo como si fuésemos amigas de toda la vida, creerás que soy una confianzuda- se apenó.

- ¡Para nada!... si tu eres una confianzuda imagínate yo- dije alegre- yo también me siento bien hablando contigo, después de todo contigo y Miroku son con los que mejor me llevo, es bueno tener una amiga cerca.

- Que linda Kag- me dijo sonriendo y en ese momento me volvió a parecer que estaba hablando con mamá. Mami…

Sango me dejó en la casa a las 9. Subí las pocas escaleras de la entrada tambaleándome. Al parecer Sango era de esas personas que el ánimo lo tenía en los pies, bueno, en el pié derecho y lo digo literalmente. Al llegar al apartamento suspiré… por fin tenía algo de tiempo para arreglarme tranquilamente. Pude sacar la ropa de la maleta y acomodarla en las gavetas. Por primera vez no tuve que pelearme con la ducha, creo que se había apiadado de mí. Y aquí estoy, echada en la cama aún sin vestirme mirando el techo.

Mentiría si dijera que tenía ganas de almorzar con Inuyasha y enterarme de los por menores de su relación con mi hermana. Sentía que no tenía derecho en meterme en sus problemas, más aún si ella había decidido no contármelos. Pero vamos, ¡no le iba a hacer ningún mal a nadie! Era obvio que ella aún le quería, solo estaba un poco renuente a aceptarlo. Además, YO necesitaba el trabajo.

¡Por dios! No mentía cuando le dije a Sango que era un circo. Si lo pensaba bien las cosas estaban así: una de mis compañeras no me hablaba porque no conocía el idioma, otra simplemente no me hablaba porque me odiaba.

¡Y mis jefes!… uno era un mujeriego con serios problemas de compromisofobia. El otro se notaba a leguas que estaba esperando el mejor momento para lanzarse a mi cuello como Drácula y ligar conmigo. El otro si me dirigía dos palabras en un día era mucho. Y por último el gruñón, sí, el picapiedra que estaba buscando cualquier escusa para ponerme en la calle.

Sin embargo, por algún motivo me sentía demasiado bien trabajando ahí.

Vi el reloj y ya eran las 11 y media. Suspiré y busqué mis Jeans desteñidos de la buena suerte y una camisa ancha que caía de un lado de rayas azules y blancas. Hice mi bolso con más calma y al ver el clima por la ventana, que amenazaba con llover, agarré un sweater ligero azul rey.

Me puse mis tenis blancos y amarré mi cabello en una cola alta dejando que los rizos estuviesen sueltos. Listo, agradecía que el uniforme lo tuviera ya guardado en el local, ya que presentía que me iba a quedar de largo hasta la noche.

Al salir a la calle respiré el húmedo y agradable clima otoñal para luego dirigirme al Wacdonald´s más cercano y comprar varias hamburguesas y papitas. Cuando llegué al restaurant me di cuenta que había llegado 10 minutos antes de la hora acordada. Como no tenía llaves me puse a esperar sentada en las escaleras de la puerta.

5, 10, 20, 30, 40 minutos pasaron y me estaba aburriendo como una ostra, sin contar que ya no quedaba ninguna papita en la bolsa. Miré el reloj y se había demorado media hora. Ya el clima no me resultaba agradable.

Inuyasha = ¡IMPUNTUAL!

- Oye, ya llegué… se me hizo algo tarde- oí la voz masculina mientras una sombra me cubría. Al levantar la cabeza me encontré a un Inuyasha en contra luz, lo único que podía ver era sus ojos brillantes color ámbar.

-¡A buena hora! llevo media hora aquí sentada- dije molesta levantándome sacudiendo un poco mi pantalón.

- No voy a pedir disculpas, no seas tan dramática, solo fueron unos minutos- dijo como si nada.

"Respira hondo Kagome" me dije mientras el abría el restaurant.

Entramos sin hablarnos, yo lo seguía mientras iba quitándose su chaqueta y lo observaba con mi mirada de rayos láser.

"Disculpa, se me hizo tarde" "Tranquilo no te preocupes"… No, eso no iba a suceder. Él ya lo había dejado claro. Pero bueno… no se le pueden pedir peras al olmo.

Nos sentamos los dos en una mesa del salón francés, cada uno en un extremo, frente a frente pero lo suficiente lejos para no matarnos. Coloqué la bolsa con las hamburguesas en el centro de la mesa cuadrada.

-¿Wacdonal´s?- me preguntó arrugando el ceño. Empezaba a preguntarme si en verdad arrugaba la cara, o es que esta era así.

- Sí, ¿no te gusta?- me provocó decirle "pues si no te gusta esto es lo que hay"

- Pensé que ibas a preparar la comida- Sí… claro bombón, en tus sueños.

- Pues entenderás que si voy a estar toda la noche cocinando no es me nazcan muchas ganas ahora, así que coge la que quieras. – dije señalando la bolsa con la mano.

-Me da igual- dijo cruzando los brazos.- Coge tú- ¡Huy!, era peor que un bebé, me estaba sacando de quicio.

Me moría del hambre así que saqué una hamburguesa de pollo y empecé a sacarle el envoltorio.

- ¿Hay otra como esa?- dijo refiriéndose a la hamburguesa que tenía en la mano.

- No, es la única- dije dándole un mordisco.

- Quería una de esas- me estaba tomando el pelo ¿verdad?, ¡¿verdad?

-¿Me estás tomando el pelo?- dije haciendo el intento de subir solo una ceja.

- No- fue serio.

"Inhala, exhala, inhala, exhala" decía mientras apretaba la pobre hamburguesa y miraba la mesa.

-Tómala- dije estirándole la hamburguesa aún sin verle la cara.

- ¡¿Estás loca, ya la mordiste?- Dijo con evidente asco. ¿Acaso nos estábamos peleando por una estúpida Wacpollo?

Sentí que mi ojo empezaba a temblar mientras lo veía recostado muy cómodamente con los brazos cruzados. Decidí que si seguía ahí él iba a terminar con una hamburguesa en la cara y yo con hambre.

- Voy a buscar algo de beber, ¿quieres algo?- me paré no encontrando mejor escusa para apartarme de él y no cometer un crimen.

- Coca-Cola- ¿No conocía la palabra por favor?, obviamente no.

Al regresar del bar con los dos refrescos en mano me di cuenta que tampoco conocía el gracias. Tenía mucho, pero mucho trabajo por hacer. ¿Cómo Kikyo iba a querer estar con él si era un cavernícola?

Vi como se remangaba las mangas de su camisa blanca y se sacaba la corbata. "Buenos brazos"

Pero de dónde rayos salían esos pensamientos. "¡Cállate subconsciente!".

Sacó una hamburguesa y decidí seguir comiendo.

-Está fría- se quejó- y no hay papitas - dijo revolviendo la bolsa marrón.

Ahí se me volaron los tapones.

-Sí, están frías; no, no hay papitas; sí, sí estaban calientes, y sí, también habían papitas, pero eso fue hace media hora atrás.

No contestó nada y se puso a mirar a un lado.

"Bonito perfil".

¿Otra vez?, bueno debía admitir que el hombre era guapo, ok, muy guapo pero ese temperamento y esos modales le quitaban todo el mérito.

- ¿Qué me ves?- dijo al notar que lo observaba.

"Lo idiota que eres"

-Nada.

Seguimos comiendo sin hablarnos. Cuando terminamos y metimos todos los envoltorios en la bolsa marrón me di cuenta que ya no podíamos evadir más la situación.

-Bueno, a lo que hemos venido- dije apoyando mis codos en la mesa.

- Bien, que sea rápido, ¿qué necesitas saber?- dijo con desdén.

- Pues, todo. No sé nada de lo que ocurrió entre ustedes.

"Por dios hermana porque de todos los hombres sobre la tierra tuviste que escoger éste"

-¡Todo!, ¿te refieres a todo todo todo?- dijo algo alarmado.

-Ok, no sé a qué te refieres con ese "todo", pero presiento que no lo quiero saber- hice una mueca algo extraña, de esas que me salían demasiado naturales- sólo limítate a contarme sobre el motivo de su ruptura, o si tenían problemas, ¡tú me entiendes!- me exasperaba.

Se quedó callado mirando hacia la entrada. Se veía algo ¿triste? Intenté ponerme en su posición, creo que no estaba muy cómodo contándome sobre su vida amorosa, por más que sea era una extraña. Me dio algo de pena así que decidí reconfortarlo, dejando los malos momentos que me había hecho pasar atrás.

- Si de algo te ayuda, mi vida amorosa es mucho más tétrica de lo que pudiese ser la tuya, y eso que no la he oído, así que hazte a la idea…

Soltó una risa amarga. Inuyasha por primera vez me estaba regalando una sonrisa. Por algún motivo esto me causó un corrientaso. Me erguí como si me hubiesen pinchado la espalda con un alfiler.

Se giró para buscar algo en el bolsillo de su chaqueta. "Que cuerpo"

Tragué fuerte. Al voltearse encendió un cigarro y por primera vez me estaba dando cuenta de lo sexy que era. "Sexy pero idiota". Se volvió a desordenar el cabello para luego apoyarse con los codos en la mesa e inclinarse un poco hacia mí. Se quedó un rato viendo la mesa y luego sostuvo su frente con su mano para luego botar el humo al techo. Luego me miró directo a los ojos. "Basta no sigas pensando en eso".

- Todo fue culpa de ese idiota- al fin habló, y con eso yo volví a respirar.

- ¿A quién te refieres?- pregunté.

-Un paciente suyo- respondió.

- ¿Te molestaría ser más específico?

- Creo que se llamaba Naraku, o algo así… el punto es que desde que ese cretino se internó en el hospital la relación se empezó a desmoronar- dijo luego se soltar humo.

- ¿Qué pasó?

- Al parecer debían hacerle un trasplante y Kikyo era la que llevaba el caso. Un día cuando la fui a buscar me di cuenta de cómo el imbécil la veía, tú sabes esa mirada sádica. – Boto la cerilla- Le dije a Kikyo que no me gustaba nada como ese idiota la observaba y ella solo dijo que estaba paranoico.

- ¿eso es todo?- pregunté ya que él se había quedado callado.

-No… por un tiempo decidí no darle muchas vueltas a la cuestión. Luego cada vez era más difícil estar con Kikyo, siempre había una escusa. Bueno, siempre era la misma escusa- sonrío agrio- debía quedarse en el hospital a monitorear a Naraku. Pensé que el idiota lo hacía apropósito. Una noche estábamos en mi apartamento… ya sabes…- me miró con complicidad mientras giraba su mano… Sí, sabía.- y la llamaron. Me dijo que Naraku se había descompensado y debía regresar al hospital. Obviamente me molesté, pero decidí tragar fuerte.

Volvió a fumar. A todas estas mi cara era un poema.

- Decidí acompañarla al hospital y mientras ella veía los monitores me di cuenta que el maldito la estaba oliendo, no sabes la cólera que me dio. Al salir del hospital tuvimos una discusión bastante fuerte. Me dijo que era un celoso, que estaba cansada de mi comportamiento y mi forma de ser tan impulsiva. ¡Mierda!- gritó y yo salté en mi asiento- Solo quería protegerla, pero ella puede ser tan testaruda, piensa que no necesita a nadie- dijo con un disgusto en el rostro.

- Ella siempre ha sido así…- dije bajando el rostro recordando lo solitaria que podía llegar a ser mi hermana- Bueno pero solo fue una discusión- lo animé.

- Es que eso no fue todo…- fumó- luego de ese día no sé que me pasó y me empecé a comportar como un verdadero idiota- no sé porque no me costaba creerlo- no quería que fuera al trabajo y le sacaba en cara lo poco que estaba conmigo. Una noche tuvimos una pelea bastante fuerte en su departamento… bastante fuerte- remarcó-… sé que me pasé y dije cosas que en verdad no quería decir, y luego… - suspiró.

- ¿qué?- dije intrigada.

- Dijo que lo mejor era separarnos un tiempo y que para que pensáramos bien las cosas.- hizo una mueca graciosa con su cara- Estaba tan molesto que al salir de su departamento fui a beber con Miroku. No recuerdo muy bien como llegué al hospital y le di un puñetazo en la cara al tal Naraku.

- ¡¿Qué hiciste qué?- ¡por dios!, ¡que violento!

- Lo sé, lo sé… sé que hice mal pero entiéndeme, estaba muy cabreado, ella solo lo defendía a él, me sentía traicionado. Cuándo me encontré con Kikyo en el hospital ella… bueno explotó, dijo que no me quería ver más la cara. Que no conocía la persona que era, que era una bestia, un posesivo y un loco- suspiró- Dio por terminada la relación y desde entonces no he hecho más que llamarla para pedirle disculpas y arreglar las cosas. Tuve suerte que no levantaran cargos.

Ok, la historia era algo complicada. Esto ameritaba medidas drásticas sin duda.

- Bueno… no es tan malo- le mentí. Este hombre era de temer, mi hermana no se había equivocado en llamarlo bestia, mira que golpear a un enfermo.

- No mientas, solo yo sé lo hondo que tengo metidas las patas en el barro- dijo con ironía.

- Bueno, es verdad, va a ser un poco difícil, ¡pero no imposible!... conozco a mi hermana, ella sigue sintiendo algo por ti.

Soltó otro suspiro.

- Creo que mi hermana estaba un poco cansada de tu comportamiento- solté sin pensarlo, luego me arrepentí.

- ¿En serio?- dijo con sarcasmo.

-¡Bueno no me mires así!, ¡no fui yo la que golpeó al moribundo!- alcé la voz.

Nos quedamos en silencio un minuto mirando la mesa.

- ¿Cuántas veces la has llamado?- pregunté.

- Todos los días la llamo, pero ella nunca contesta.

- Bueno… deja de llamarla- dije como si fuese lo más normal.

-Si no hablamos ¡¿cómo crees que se arreglarán las cosas?- se exaltó.

- Oye, nunca dije que no iban a hablar…- jugué con mis manos- la cosa es que tienes que dejar que ella te extrañe.

- No entiendo- me miró con cara de perdido en la vida.

- Inuyasha, ¿no conoces cómo somos las mujeres?… Somos unas masoquistas por naturaleza- me incliné hacia él, que no quitaba su cara de confusión- Si nos buscan… no queremos, porque sabemos que los tenemos a nuestros pies. En cambio si nos ignoran… eso es otro cantar.

- ¿Quieres que la ignore?- preguntó sorprendido

- Por un tiempo, sí- no salía de su desconcierto- vas a dejar de llamarla y buscarla, en ese tiempo yo voy a empezar a hablarle de ti. Intentaré mentir y decirle cosas buenas- me miró feo pero no le hice caso- Entonces estoy segura que ella se va a interesar en volver a saber de ti.

Puso cara de perro otra vez.

-Oye, si quieres que esto funcione tienes que empezar a confiar en mí

-Sí, sí, pero ya sabes qué pasará si me termina odiando más…

- ¡Puedes quitar por favor esa cara!, ¡está empezando a molestarme!… ¡parece que estuvieses estreñido!

Abrió mucho los ojos. De acuerdo, tenía que dejar de insultar a mi jefe, todavía estaba nítida la escena de la noche anterior. Nos volvimos a quedar en silencio.

- Oye, dime una cosa ¿sabes hablar francés?- pregunté aliviando el ambiente.

- Lo suficiente para saber cuando alguien me insulta- "Maldición" Me puse roja como un tomate.

- Lo siento- aunque la verdad nunca me había sentido tan bien al insultar a alguien.

Me miró algo extraño y me di cuenta que el cigarro descansaba desde hace rato en el cenicero. Sus rasgos eran tan extraños, sin duda no podía ser japonés.

- ¿Tú familia es francesa?- volví a preguntar.

- ¿Por qué lo preguntas?

- Bueno, es que tus rasgos no son muy típicos que digamos.

- Ha, es eso…- dijo aburrido- bueno, si respondo tu duda… sí, soy japonés. Mi padre es el extranjero, Frankfurt- lo sabía, sabía que no era 100% japonés- Mi madre si es japonesa- reafirmó.

- Ya veo

Con que mestizo… por eso era tan alto, de esa contextura y con ese color de pelo tan claro. Hasta sus facciones eran fuera de lo común. La forma de sus ojos era solo un poco rasgada, pero ese color era demasiado llamativo. Ya empezaba a entender porqué mi hermana se había fijado en él. Cualquiera se fijaría en él, claro, sin conocerlo.

- Bueno, ya sabes la historia… ahora debo volver a la oficina- dijo levantándose de la silla.

- Ya… Sango me dijo que trabajabas en una empresa de metales o algo así.

- Es una Importadora de Acero.

- ¡Oh!… ya veo.

- Bueno me voy.

Dijo volviéndose a poner la corbata.

- Oye, antes que te vayas- ¿pero qué estaba haciendo?

- ¿Sí?- dijo esta vez sin fruncir el ceño.

- Sé que empezamos con el pié izquierdo- miré mis manos- pero si vamos a estar juntos en esto… deberíamos llevarnos bien.

- ¡JA!- sarcasmo- Veré que puedo hacer- dijo mientras caminaba hacia la puerta y yo le seguía. Se giró solo un poco hacia mí- Aún sigues sin agradarme- fue lo último que dijo antes de montarse en su auto plateado.

"Idiota" pensé mientras el auto se alejaba.

El resto del día pasó rápido. En la noche conocí a Kohaku y a Shippo. Eran solo unos niños de 17 años. Shippo cuando entraba a la cocina no paraba de observarme y Sango le empezó a gastar bromas conmigo. Nos divertimos en la cocina hablando de cualquier estupidez, el trabajo no se volvió tan pesado gracias a los chicos. Todo fue muy dinámico. Esa noche no vi a Inuyasha y era obvio, los dueños no tenían que ir todos los días al restaurant, con Miroku para supervisar las cosas bastaba.

Al llegar a casa para mi sorpresa Kikyo se encontraba despierta.

-¡Hola Kag!, ¿qué tal el trabajo hoy?

- Genial, ya empiezo a acostumbrarme.

- Me alegro- dijo mientras apagaba la televisión y se disponía a subir las escaleras.

Decidí que empezaría mi intervención.

- Oye no me dijiste que Inuyasha fuera tan simpático- "Sí, cómo no"

- ¿Cómo dices?- se detuvo a mitad de la escalera helicoidal.

- Nunca me dijiste que Inuyasha fuese tan simpático, sin duda es un chico muy agradable, ya veo porqué te gustó.- Dije desde abajo. Inuyasha tendría que pagarme con monedas de oro el sueldo por estarle mintiendo así a mi hermana.

- ¿Así te pareció?- arrugó el ceño contrariada- por lo general la gente piensa que es algo gruñón.

- No te creo- agité la mano como si me estuviese gastando una broma- a mi me pareció todo lo contrario, quizás haya cambiado. Me parece un Chico genial.

- mmm… - murmuró pensativa- bueno, quizás sí- había sembrado la semilla de la duda en ella, lo sabía.

- Buenas noches Kiki- dije yéndome a mi habitación. No quería seguir con esta plática.

-Buenas noches Kag.

Ya en mi habitación acostada empecé a darle vueltas a la cosa.

"Chico genial, Chico genial"…

-Chico genial cuando las vacas vuelen- dije recostándome de un lado.

"¿Chico genial?"

"Basta Kagome, deja de decirlo tanto que te lo terminarás creyendo"

- ¡JA!, ¡Cómo si eso fuese posible!


Bueno lo prometido es deuda y aquí está el capítulo 3…

¿Qué tal?, ¿les gustó?, ¿lo odiaron?...

Ya saben lo que pasó entre esos dos, quise recuperar del animé y el manga la desconfianza…

Claro, Naraku tenía que estar en medio de todo…

Una cosa es segura, Kagome no soporta a Inuyasha ni él a ella… pero…

Muxiiiiisimas gracias por todos esos fabulosos reviews y a todas esas personas q se han animado a leer esta locura q se me ocurrió…

De todo corazón gracias x el apoyo, espero seguir teniéndolo xq esta historia se empieza a poner intensa! JUju...

…Respecto al suuuuper retraso... no dire nada, solo pido un pelin de paciencia XD

.C.4. Un día para olvidar, o ¿Quizás no?...

Besos…

.:Verüska .