N/A: Este capítulo me ha quedado MUY largo T-T y creo que subir más de diez hojas de Word es algo excesivo, así que decidí cortarlo a la mitad...en realidad, hice 25 hojas de Word, ¡Lo siento! Hace tiempo que no tenía inspiración para nada, y creo que la primera parte de este capítulo lo demuestra con creces. Pero prometo que la segunda parte, será mejor. También sera un POV o narración de Sasuke porque sigue siendo el capítulo IV. Pero esta vez, en el local en donde conocerá a la novia de su hermano.

Feliz Navidad a todos n_n

Darkness...


Título: Candy, Candy Secretary

Género: Romance/Humor

Parejas: SasuSaku.

N/A: Prefiero reservarme las parejas por el momento. Ya que me centraré principalmente en el SASUSAKU, así que por el momento las parejas no serán muy aclaradas, además de la del SasuSaku.

Advertencia: AU, OC & OCC.

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, nada más me limito a escribir las incoherencias que salen de mi cabeza. Ellos son de exclusiva propiedad de Masashi Kishimoto.


Candy, Candy Secretary

Capítulo IV

"Sorpresa"

Parte I

~*~


La observé irse distraída y nerviosa. Pude notarlo con claridad en sus torpes movimientos.

Contuve las ganas de reír pero no pude. ¡Qué fácil había sido! Sakura aun no podía olvidarme, Sakura aun no era capaz de matar esos ilusos sentimientos que tuvo de niña por mí. Aun no era capaz de sacarme de su cabeza, después de tantos años sin vernos, después de tantas palabras que ella gritó al verme partir…Sakura seguía siendo la misma niña que conocí. Seguía teniendo ese mismo rostro puro e inocente. Y pensar que llegué a creer que había cambiado, pero no, Sakura siempre fue de sentimientos dulces y puritanos, la clásica chica buena que no le deseaba ningún mal, y seguía siéndolo, sólo que ahora, trataba de ocultarse tras esa faceta de la jefa que me odiaba y que quería hacerme la vida imposible en la empresa.

Ja, le habría resultado si es que a mí no se me hubiera ocurrido hacer esto.

Podía leerla por completo, podía saber que ahora mismo se estaría debatiendo por lo mucho que deseó eso desde que nos comprometimos. Porque, tengo que admitirlo, jamás fui demasiado cariñoso con ella jamás, y siempre traté de hacerle ver que ella no era para mí. Sakura era y es muy fácil de herir.

Me senté en mi escritorio con una estúpida sonrisa en el rostro, sin saber porque, me sentía a gusto al saber que el ogro de jefa que tengo aun siente algo por mí, eso significaba que después de todo, no es fácil que yo salga de la vida de alguien aun así pase tanto tiempo como había pasado con nosotros.

Apilé una lista de informes y recibí un par de llamadas importantes y ese fue todo mi trabajo después de haber jugado un rato con la ella, por lo que la salida no fue tan tortuosa como lo había sido el primer día de trabajo. Es más, hoy me sentía de un ánimo glorioso.

Sonreí. Este punto iba para mí. Vamos en empate. Este juego no ha terminado.

Bajé por las escaleras rápidamente para dirigirme al estacionamiento cuando Karin, la hostigosa pelirroja me interceptó en el trayecto. Se acercó a mí acechándome y agarrándome del brazo para así evitar ser ignorada completamente justo como había planeado hacer. Por lo que no tuve tiempo de arrancar de ella, así que estuve obligado a esperar que hablase.

—¿Te vas ya, Sasuke-kun?

Asentí sin querer dirigirle demasiado la palabra, no quería entusiasmarla a ella, no ganaba nada con ello aun.

—¿Aun no quieres aceptar mi oferta de esta noche? —Murmuró sonriéndome angélicamente mientras sus manos de serpiente se enlazaban en mi brazo.

—Lo siento—Fue lo único que dije antes de zafarme de ella y perderme de vista. No necesitaba aguar mi buen humor. Por lo que puse en marcha el motor de mi Mercedes Ben Negro, al llegar al estacionamiento, y patiné a gran velocidad por la carretera norte de la ciudad para llegar sin retrasos a casa.

El día estaba nublado, pero no llovía, eso significaba que tendríamos la primera nevada bastante atrasada, justo para los días de Navidad…

Navidad. Faltaban dos días para Navidad, lo cual me decía que entre hoy y mañana mi pesadilla personal—no, esta vez no será Sakura—, llegaría a casa después de un año sin verle merodear por mis territorios, después de un maldito buen año sin él. Aparentemente las cosas no podían seguir tan bien como habían sido, esta vez, no teníamos el capital suficiente como para poder organizar una fiesta como siempre nos gustó organizar, ya que aun nos mantenemos con los fondos que Fugaku Uchiha, mi padre había alcanzado a salvar en nuestra cuenta bancaria. Todo nuestro dinero empleado en la empresa se había ido al demonio. Y lo peor de todo, es que la empresa que nos arrojó al vacío aun era desconocida para nosotros, sólo había aparecido el representante legal y una cola inmensa de abogados carísimos dispuestos a hundirnos. Y lo habían logrado, pero no por completo aun, aun no todo estaba perdido y eso era lo que el elegante primogénito Uchiha había llegado para hacer. Ya que, después de haber egresado como un prestigioso abogado de Elite de la mejor universidad de Estados Unidos, no quedaba otra cosa que esperar. Itachi vendría y esta vez—desgraciadamente—para quedarse.

Aparqué el auto ya a sabiendas de quién era ese despampanante Ferrari Rojo. Claro, había sido un regalo de nuestro padre para él en el cumpleaños pasado. Cuando aun ni soñábamos con esta pesadilla.

Me bajé luego de echar la alarma del auto, y entré a casa ignorando los cuchicheos de los criados al verme pasar. Obviamente el buen humor que había traído del trabajo acababa de desplomarse por completo cuando vi a mi familia reunida en el salón principal.

Mi madre tenía una amplia sonrisa de felicidad mientras le abrazaba como si no le viera de toda una vida. Se veía tan feliz que pensé en no provocar pleitos si él hacía lo mismo. Ya que hace mucho tiempo ya que nuestra madre no sonreía así por algo. Ella siempre ha sido quien más preocupada ha estado por esta familia. Y no sólo ahora sino que siempre.

—¡Me alegra mucho verte, hijo! —Decía mi madre sin querer soltar por ningún motivo a su hijo mayor— ¡Al fin una buena noticia!

—Mikoto—Reprochó mi padre en un tono ameno—, deja algo para los demás, yo también quiero saludar a mi hijo.

Observé la hermosa escena familiar en silencio, esperando a que se dieran cuanta que yo también había llegado, pero como siempre, no sucedió. Esperé y esperé y terminé echando raíces al suelo, así que salí del salón y subí por la escalera secundaria a mi cuarto. Ya cuando terminaran de saludarse volvería a bajar. Siempre era lo mismo. Itachi acaparaba la atención de la familia entera, no sólo de mis padres sino que la de todos los demás Uchiha. Él siempre era el destacado abogado que había conseguido sobresalir por sí mismo sin ligarse a la empresa de su padre, el que había resuelto importantes casos a lo largo del mundo, el reconocido soltero, portada de revistas como EMPRESARIAL, y ECON. Itachi Uchiha esto, Itachi Uchiha esto otro, él símbolo de la familia, él representante de todos, él que sobresalía por sobre el resto, él, él y sólo él. Nadie nunca tomaba en cuenta a los demás, ningún otro de la misma generación era vanagloriado de la misma forma, nadie, nadie…Y al parecer, todos estaban de acuerdo, todos seguían el rastro del prestigioso abogado Uchiha, todos estaban bien con seguirle la pista. Nadie quería derrocarlo, nadie quería ser más que él porque estaba mal, porque no podía ser ¿Acaso nadie de esta familia tiene ambiciones? Todos le adulaban y trataban de hablar con él para ser reconocidos en la familia. Ya que, si eres cercano a Itachi, eres cercano a todos. Él es el centro del mundo y la admiración en esta familia.

Consternado y enfadado bajé nuevamente al salón e hice lo que siempre hacía cada vez que me sentía perturbado. Me senté sobre la sillita del negro piano de cola que descansaba en el hall y coloqué mis dedos sobre las teclas del piano y comencé a tocar. Recuerdo que aprendí sólo para darle competencia a Itachi, ya que él siempre fue alabado por su buen manejo en el violín. Él, el músico de la familia…Él, el perfecto, él el todo, él…él…y sólo él…

—¿Sasuke?

Me sobresalté al escuchar mi nombre de la boca de mi madre. Como siempre ella era la única en notar mi presencia.

—¿Qué te hizo el piano, querido? —Sonrió mientras se acercaba a mí a paso lento.

Noté que había comenzado a tocar de una manera bruta y sin ninguna sutileza. Pero ya estaba acostumbrado, siempre que me enfadaba, golpeaba fuerte las teclas del piano sin siquiera poder darme cuenta de ello.

—Toca esa canción que tanto me gusta—Me pidió ella, posicionándose detrás de mí—. Me tranquiliza.

Sonreí y comencé a hacer lo que quería.

Toqué una famosa canción de Chopin que ella siempre amó. Esa melodía descentralizadora y armoniosa. Fantasie Impromptu. Su canción favorita y la mía. Me gustaba mucho el cambio que había desde el preludio hasta la parte media, y lo compleja que era esta canción, ya que sólo hace poco fui capaz de aprenderla y aun sigo equivocándome entre medio. Es demasiado difícil. Pero no imposible, y cuando me propuse aprenderla para el gusto de mi madre, no resultó tan horrible como había pensado que sería, aunque claro, aun no la he terminado, aun me falta terminar de sacar el arpegio de la introducción. Pero mi madre era feliz, me equivocara o no. Y yo podía sonreír si ella estaba conforme con ello.

—Es hermosa—Dijo al fin ella cuando terminé—. Y cada día te sale mejor.

Clásico de una madre.

—¿Por qué no vas a saludar a tu hermano? —Sugirió ella jalando mi mano—Seguro estará feliz de verte de nuevo.

Tan inocente…

—Claro—Accedí sin reproches.

Nos encaminamos de regreso en donde mi padre se encontraba, sentado en el gran sofá oscuro, con un cigarro en la boca, mientras conversaba amenamente con su hijo mayor. El cual le respondía con la misma elegancia con la que es debido. Hablando temas económicos y políticos, temas los cuales, jamás me habían interesado demasiado. Me importaba un bledo la economía de Australia y la de Rusia, pero al parecer, el dinero y el ámbito político eran los capitales de conversación en nuestra familia, por lo que debía de acostumbrarme y mentir si es que me preguntan si me gusta o no. No importa. Estoy habituado a ello.

Nos sentamos frente a ellos en el salón principal mientras que una criada llegó con una bandeja con aperitivos. No sé porque aun pretendían tener la misma farsa, no teníamos donde caernos muertos y aun así seguían comprando el té negro de Brasil y el paté de Francia.

—Sasuke—Saludó hoscamente Itachi al verme—. Ha pasado mucho tiempo.

—Lo mismo digo—Respondí guardando formas.

—¿Cómo te ha ido en la universidad?

—Bastante bien—Habló por mí mi padre—. Saca honores cada vez que terminan los semestrales. Se graduará el semestre entrante. ¿Qué tal? Lo hará bien.

—Oh, no esperábamos menos—Cortó Itachi forzando una sonrisa.

—¿Y qué tal le ha ido con el arreglo que llevaban con los Hyuuga, padre?

El ambiente se hizo incomodo y mi padre le lanzó una mirada despectiva a mi hermano. Como intentando callarle por algo que no se debía saber.

Por elegancia no pregunté qué sucedía, ya que al ver el rostro de mi madre, me di cuenta que ella estaba tan impresionada como yo con esto.

—Itachi ¿No dijiste tener una sorpresa para nosotros hoy? —Habló mi madre cortando el silencio que desgarraba la habitación—, dijiste que nos presentarías a alguien importante.

—Cierto—Coincidió él—. Les presentaré a mi novia.

¿Novia? ¿Otra más? ¿Qué habría pasado con la rusa con la que había salido por cinco meses? No me sorprendía, seguro habrían terminado hace siglos y nadie había sabido nada más de ella. Después de todo, a él sí que le llovían las mujeres literalmente. Le caían desde el cielo y le salían desde la tierra. Porque si creían que yo soy popular entre el grupo femenino, me quedo bastante atrás en comparación a mi desagradable hermano mayor. Bastante atrás.

—Verán, ella es relacionadora pública e ingeniero en publicidad, y su hermano menor hoy tiene un evento importante. Nos ha invitado a ir.

—¡Qué grandiosa idea! ¿No Fugaku? —Masculló emocionada nuestra madre.

—Claro, ¿De qué familia es esa chiquilla?

—Te sorprenderá cuando la conozcas, padre—Le aseguró—. Es un buen y prestigioso linaje del sur.

Padre se vio conforme con esa afirmación y ensanchó una sonrisa, después de todo, odiaría vernos emparejados con una cualquiera sin nombre, él aun se apegaba a los estándares de la alta clase, no podíamos llegar y salir con cualquiera, él no lo permitiría.

—¿A qué hora sería? —Interrogó Mikoto Uchiha, sorbiendo elegantemente de su taza de té negro importado.

—A eso de las ocho.

—¡Dios! ¡Tengo que arreglarme! —Suspiró ella nerviosa, despertando una tenue risita por parte de la familia— Claro, como ustedes son hombres se ven bien con cualquier cosa que encuentran, yo en cambio no puedo salir con cualquier harapo—Declaró levantándose del sillón—. Con su permiso.

Ella llamó a unas criadas y les ordenó subir a su cuarto, seguramente para comenzar a escoger que se pondría para la nuestra fiesta de esta noche. A la cual, debía decir, no tenía ningún interés por ir.

Luego de mi madre, me levanté sin que se notara mucho mi desaparición, puesto que la conversación padre-hijo fluctuaba nuevamente en temas que no eran de mi mayor consideración, como siempre había sido y ha de ser. Por ello, preferí a eso de las seis y algo, irme a flojear a mi cuarto, esperando el momento para cambiarme de ropa y estar listo para la ceremonia, y así conocer a la flamante novia del prestigioso abogado…Ya sabía como ella sería. Una clásica rubia, no podían gustarle mujeres con otras características, siempre debían de ser rubias y perfectas, de ojos claros y carácter educado y glamoroso, esas clásicas mujeres de alta clase. Ya podía imaginármela, justamente igual a la novia anterior, y la que venía antes de esa y la anterior a esa y así sucesivamente. Por lo menos yo había salido con distinto tipo de mujeres a lo largo de mi vida, aunque relaciones serias y estables no había tenido, sólo mujeres pasajeras, que iban y venían y con el tiempo desaparecían de mi vida.

Me eché en la cama, con el antebrazo por encima de mi rostro, tratando de dormir y conciliar la calma.

Ver a Itachi siempre me desestabilizaba. Nunca había sido para mí una buena noticia saber que su existencia volvía a merodear cerca. Me cargaba su persona, odiaba tenerlo cerca, me molestaba. Me sentía incomodo, tanto así es mi repulsión con él que comencé a presentar malestares físicos, el pecho me dolía y las manos se me congelaban.

Él para mí jamás fue un hermano mayor. Nunca. Desde una corta edad siempre supe que él más que ser familia era un enemigo, y más que nada fue porque mi padre así me lo dijo siempre, que debía trabajar y esforzarme para alguna vez ser mejor que él, ganarme el respeto y la oportunidad de ser visto y escuchado en nuestra familia. Y aun estoy tratando. Aun quiero conseguir el respeto y la admiración que él ahora tiene, quiero arrebatarle todo lo que construyo a su paso y quiero que se sienta tan miserable como yo.

Suspiré y comencé a reír nuevamente, sólo que más que una risa, lo único que salió de mis labios fue un sonido triste y desolador. Y sin saber porque, Sakura se impregno en mis pensamientos de un momento a otro. Su rostro, el que tenía cuando era niña me llegó a la cabeza, y supe al instante porque. Ya que, Itachi era quien estaba a su lado, abrazándola después de haber perdido todas las ilusiones, sujetándola como si temiera que su cuerpo se cayera a pedazos…Recordar lo que había pasado de niños no era para nada un bonito recuerdo tal y como ella pensaba. A mí tampoco me gusto. Tampoco fui feliz en ese momento. También soy humano, y sus palabras se quedaron marcadas en mí incluso después de tanto tiempo.

—¡Jamás vas a ser feliz! —Sentenció con las lágrimas rodando por sus mejillas sonrojadas—¡Nunca nadie te va a querer! Ya que…tú nunca lo vas a permitir, ¡Tú no permites que nadie te quiera!

En ese momento me las había arreglado para mostrarme de lo más inexpresivo posible. Algo que no había sido difícil para mí, pues las palabras de Sakura nunca llegaron a herirme, pero si, consiguieron quedarse grabadas en mi memoria. Como si fueran la maldición que ella me lanzó como venganza por lo que le hice.

—"Jamás vas a ser feliz…Jamás..." —Repetí consiguiendo soltar otra risa. ¿Qué sabía ella si yo era feliz o no? Aparentemente lo había dicho pensando en ella, ya que ella no podría ser feliz ahora me deseaba lo mismo a mí. Eso sí que es egoísmo.

Sakura…pensar en su nombre soltaba carcajadas apagadas en mí. Cuando la vi de nuevo después de tanto tiempo pensé que había cambiado. Se veía mucho más adulta y madura, y ya no poseía esos rasgos aniñados y tímidos de antes. Su semblante había cambiado mucho. Y pensé que ya no sería la misma cría que conocí pero al fin y al cabo, seguía siendo igual. No había cambiado para nada. ¿Qué gracia tenía eso? ¿Qué nuevo tenía para fijarme? Cuando regresé hace un año atrás de Estados Unidos después de hacer los primeros semestres de universidad en el extranjero pensé en encontrarme con muchos cambios pero no fue así. Todo seguía igual, nada había cambiado, nadie había cambiado. Y ahora que llevo un año viviendo en Japón otra vez, pienso que las cosas se hacen más monótonas cada día que pasa. Todo era la misma rutina.

Están equivocados al decir que la gente cambia, porque creo que no es así, la gente trata de diferenciarse respecto a lo que ha sido con anterioridad, pero los ideales y los pensamientos siempre van a ser los mismos. Un drogadicto aun así se rehabilite siempre tendrá los mismos pensamientos con la droga, la única diferencia es que ahora le ha tomado miedo a la droga por lo que es en realidad.

"Jamás vas a ser feliz…" "…Tú no permites que nadie te quiera"

¿Qué sabía Sakura Haruno sobre mí?

Nada, no tenía idea de nada.

—Sasuke-sama—Llamarón a la puerta—. Su padre informa que en media hora más partirán a su reunión.

—Ok—Respondí sin más y escuché los pasos de la criada alejarse.

Con pereza me levanté de mi confortable cama y exhalé un par de veces luego de hacerlo. Abrí sin mucho interés mi cajonera y saqué lo primero que encontré apilado por allí. Me quité la camisa azul que tenía para cambiarla por una blanca más presentable como para salir. Me quité los pantalones de tela gamuza oscuros y paseé por mi habitación en bóxers hasta poder encontrar algo que me pudiera gustar. Pero después de vagar unos diez minutos en ropa interior y camisa, decidí que daba igual. No me interesaba la fiesta. No tenía necesidad alguna por lucir bien esta noche.

Salí de mi cuarto con unos pantalones negros de una tela algo ceñida pero aun así elegante. Bajé las escaleras con la chaqueta de conjunto en la mano, mi celular y los zapatos colgando de los cordones entre mis dedos. Ya que no me había dado cuenta que no los traía puestos, me los coloqué a mitad de la escalera, esperando a ver a mi familia reunirse en el salón para ir a la "importante" celebración.

Itachi llegó antes y detrás, pisándole los talones, apareció nuestro padre.

Me miraron antes de terminar de bajar las escaleras, cuando estaba terminando de ponerme los zapatos, y luego me enfundé la chaqueta sin demasiado interés por ellos.

Mamá bajó al rato después de eso. Con un elegante vestido azul que resaltaba lo blanco de su piel y lo oscuro de sus ojos y su cabello.

Siempre habían dicho que era la copia viviente de mi madre, que teníamos los mismos ojos, el mismo pelo…soy la versión en masculino de la belleza sublime que posee nuestra madre.

—¿Todo listo? —Interrogó ella llegando al lado de Itachi.

—Todo listo.

La familia caminó a paso silente a nuestro auto. Itachi había rentado una limusina negra, ya que, por lo general nunca salíamos todos juntos y en nuestros autos individuales no cabía nadie junto.

Primero, el chofer hizo entrar a nuestra madre, luego a su marido, luego a Itachi y por último a mí. Nos sentamos según el orden en la parte trasera hasta sentir como el automóvil se movía poco a poco, dejándonos empalagar por el silencio clásico que existía en esta familia cuando nuestra madre no inundaba el lugar con su encantadora voz.

El trayecto al principio fue lento y sombrío, e inexplicablemente me entraron ganas de arrojarme por la ventana y correr libre hacía cualquier lugar. No me entusiasmaba demasiado la idea, pero por cumplir con formalidades debía de ir.

—¿Qué haremos para navidad? —Preguntó la fémina interrumpiendo nuestros silentes pensamientos.

—Humm…Es una buena pregunta. Este año no será como los anteriores—Contestó Fugaku ciñendo las cejas.

—No, hace tiempo que no estábamos reunidos los cuatro—Sonrió ella—¿Por qué no hacemos algo más en familia?

Nuestra madre siempre había deseado eso, ya que, por lo que puedo recordar, desde que tengo alrededor de quince años que no pasamos una navidad todos juntos en familia como tanto ha deseado ella. Por lo que no me pareció tan mala la idea. Si mamá quería una navidad en familia, no tenía problemas en soportar a este idiota por ella. Después de todo, en esta familia, la única persona que verdaderamente ha mostrado afecto por mí, sólo ha sido ella. Mi madre.

—¿Y qué tal si invitamos a los Haruno? —Propuso nuestro padre—Haruno-san se ha portado de maravilla con nosotros ahora cuando más necesitamos una mano amiga.

—Cierto—Aceptó mi progenitora—. Gracias a eso, la universidad de Sasuke no será tanto problema y así Itachi tampoco estará tan obligado a ayudarnos económicamente. Es decir, estos lujos ya no los podremos tener más.

Era cierto, de aquí en adelante, los lujos Uchiha terminarían por un periodo indefinido de tiempo. Pero según mi perspectiva, debería haber terminado desde el momento en que nos catalogaron en banca rota.

—¿No deberíamos pensar en que no podemos organizar ninguna fiesta ni nada por el estilo? Invitar a los Haruno significa invitar a los Hyuuga, y a otras familias importantes.

Los Hyuuga. Su apellido aparecía con más frecuencia desde que Itachi apareció merodeando por la casa. No había escuchado ese apellido en mucho tiempo, no era necesario volver a escucharlo ahora.

—No. Sólo a los Haruno—Resopló el patriarca Uchiha—. No tenemos la necesidad de invitar a nadie más.

—Si fuera por eso, los Haruno o los Hyuuga deberían de invitarnos a nosotros. No hay presupuesto para ello, padre.

La voz de Itachi se hizo escuchar potentemente dentro de la limusina. Y aunque odiara admitirlo, él tenía razón. No estábamos en tiempos de invitar a cenar a nadie.

—Hablaré con Haruno. No se molestará—Misteriosamente, papá tenía muchas ganas de pasar la navidad con los Haruno, algo que no terminaba de agradarme por completo—. Hablaré con Hyuuga también. Si eso te conforma, Itachi.

En eso quedábamos, eso significaba que la navidad no sería en familia como había deseado mamá. Pero como siempre, nadie dijo nada respecto a eso, y esperamos a que la limusina se detuviera en la entrada del local.

Sin saber porque, un muy mal presentimiento me rondó por la cabeza cuando vi el lugar y cuando me di cuenta de lo que estaba por pasar.

Nada bueno se avecinaría.

Ya sabía perfectamente a quien íbamos a ver y quien iba estar allí.

Maldición…

Fin Capítulo IV Parte I


NA: No sé si el título del cap salió centrado ¬¬ estuve media hora reajustandolo y siempre volvía a quedarse al costado ¬¬ así que pido disculpas por eso u.u

Este capítulo, misteriosamente me quedó demasiado largo, por lo que tuve que cortarlo. ¡Sí! ¡Lo sé, es aburridísimo pero no podía omitir esto, porque es necesario y ya se darán cuenta porque!

Sasuke es muy apegado a su madre, lo hice así por una buena razón. XD tampoco es que quiero que sea un amanerado con eso de su madre, pero explicaré todo en capítulos posteriores, cuando comience a contar la historia que hay detrás a todos los problemas que están y los que se avecinan.

La segunda parte la subiré dentro de unos días más, es que nuevamente me cambio de casa ¬¬ si, ya llevo bastantes veces en menos de un año. Y tengo que hacer muchas cosas u.u porque mi familia se niega en redondo a ayudar a una menor de edad a armar su cama cuando en realidad se le caen los palos del catre antes de colocarlos xDDDD

Gracias por leer.

Estoy impresionada, recibo más comentarios de los que creí llegaría a tener.

Muchísimas gracias por leerme. Me hace muy feliz.

Dedico CASSIS de THE GAZETTE a todos ustedes, es una linda canción, me hace llorar siempre T-T

Au Revoir