Hola peña. Después de una semanita, aquí regresamos de nuevo con el tercer capítulo de "Hay muchas formas de pagar". Bien, tal y como quedó el capítulo anterior, con nuestro pobre Sanji siendo chantajeado por Saga (pedimos perdón a las y los fans de Saga, pero es que este papel le viene que ni pintado), ¿qué pasará a partir de ahora? No os entretenemos más y a leer. Disfrutadlo n.n
ADVERTENCIA: en este capítulo hay Lemon, violación, violencia y lenguaje bastante vulgar así que cuidado con los traumas que esto pueda ocasionar, quedáis advertidos…
Hay muchas formas de pagar:
-D-déjame-Sanji lo aparta asustado-, yo no lo he matado, has sido tú.
-Sí… ¿Pero a quien creerán? ¿A un mocoso que debe trescientos millones de Berries, o a mí, que llevo casi toda mi vida con ellos?-sonríe irónicamente Saga, acorralándolo contra la pared, con una mano a cada lado de la cabeza del rubio-, si yo digo que has sido tú, el que has matado a uno de los capos de Zoro-se acerca a su oreja, para susurrarle-, no les importa que no les pagues, te matarán cruelmente-termina la frase con una pequeña lamida en su oreja-, además, tus huellas están en el arma del crimen y por todo el cadáver, y tus manos están manchadas de sangre suya, al igual que tu camisa.
Sanji observa horrorizado que el del pelo blanco tiene razón.
-No te preocupes, pies rojos, guardaré el arma del crimen y borraré las huellas, pero como me desobedezcas, lo sacaré todo a la luz-se aparta de él-, ni qué decir que como te vayas de la lengua, el que te matará seré yo… Aunque sería una lástima, tienes un cuerpo muy apetecible-sale de la habitación, dejando al rubio desalentado.
¿Cómo ha podido meterse en todo eso? Se lleva las manos a la cabeza, manchándose el pelo de la pegajosa y roja sustancia. Con un gemido de horror, sale de allí todo lo rápido que puede, dirección al baño, a lavarse la sangre.
Ya debajo del grifo de la ducha, de pie en precario equilibrio, se lleva las manos a la cabeza, no entiende nada de lo que está pasando, de repente se ha visto acosado por un tipo que no conoce de nada, y no sabe qué interés puede tener en él, amenazándolo con matarlo y no cumple sus deseos. Se pasa la mano por la cara… ¿Qué puede hacer?
Al cabo de un momento, una idea cruza su mente, puede decírselo a quien quiera, y sin levantar sospechas.
Como no tiene ropa que ponerse, tiene que ir en cueros hasta la enfermería, por suerte nadie lo ve… O eso cree él, ya que unos ojos negros lo observan desde una esquina. El dueño de esos ojos se sonroja furiosamente al ver el cuerpo de Sanji a la luz de la luna, que entra por una de las ventanas por delante de las que pasa, traga duro y se da la vuelta, alejándose hacia su habitación silenciosamente…
AL DÍA SIGUIENTE…
Sanji se levanta de la cama, no ha podido dormir en toda la noche, pensando lo que el tipo de anoche le dijo. Chopper parece notar la intranquilidad de su paciente, por lo que le pregunta al respecto, pero el rubio le dedica una sonrisa tranquilizadora, se monta en la silla y sale al pasillo, hacia el baño, sin poder evitar echar una mirada al cuarto de anoche, pero se lo encuentra cerrado.
Con un tembleque en el cuerpo entra de nuevo al baño, recordando cómo estaba anoche, empapado de sangre, con la voz del tipo ese resonándole todavía en los oídos, susurrándole con lascivia. No, esto no podía estar pasándole. Termina de hacer lo suyo, saliendo de nuevo al pasillo, topándose de morros con Saga, el cual le sonríe escalofriantemente.
-Permíteme que te ayude a ir hasta la cocina-sonríe torcidamente, agarrando la silla por detrás y comenzando a conducirlo hasta el ascensor, donde se meten. Están bajando, Sanji está muy nervioso, y Saga no para de mirarlo incesantemente, relamiéndose. De repente, el cano aprieta el botón de stop, deteniendo el ascensor, y se acerca a la silla del otro.
-¿Has pasado buena noche?-pregunta cínicamente Saga.
Sanji retrocede todo lo que puede, que no es mucho, hasta la pared del ascensor. Saga se arrodilla delante de él, mirándolo con lujuria mal contenida, acercando una de sus manos peligrosamente a su parte baja, pero para alivio del rubio, deteniéndose a escasos centímetros.
-Quiero que prepares un pastel, más específicamente de nata y cerezas-ordena-, y quiero que lo lleves al sótano uno, a mi habitación. Y lo quiero antes de mediodía.
Dicho esto, desbloquea el ascensor, saliendo en el piso tres, mientras que Sanji se maldice a sí mismo, por haber caído estúpidamente en la trampa y chantaje de aquel tipejo. Pero su plan sigue en mente, y lo pondrá en marcha en cuanto pueda, solo necesita a alguien que le ayude, sin que el mismo ayudante lo sepa.
Llega a la cocina, y se pone a hacer el pastel que el otro le ha mandado, a la vez que escribe una carta para Nami, Robin y Vivi, para que no se preocupen por él:
"Robin-san, Nami-san, Vivi-chan:
Soy feliz de que me hayan dejado
Comunicarme con vosotras.
Robin-san ¿cómo va todo? ¿Les va bien en el restaurante?
Se que debería haber sido más precavido
Cuando me dijisteis que mi padre tenía una deuda.
Es bastante pesado para mí estar aquí, aunque me dejan
Trabajar en la cocina,
Donde conocí a un chico muy extraño, llamado Luffy,
Es de goma. Bueno, eso es
Todo, intentaré mantenerme en contacto con vosotras,
Y no os preocupéis. Muchos besos.
PD: Robin-san ¿recuerdas las dos letras?
PD2: Dadle al chico que entregue esta carta, todo lo que quiera"
Mira el reloj de la pared, ha pasado una hora desde que empezara a preparar el pastel, todavía le queda otra, ya solo tiene que meterlo al horno y después decorarlo. Se dispone a ello, cuando una especie de torbellino entra como una bala en la cocina, perfecto, es a quien él esperaba.
-Sanjiiiiiii tengo hambreeeeeeeeeee-grita el chico de goma, que había acudido al olor de la masa del pastel.
-Buenos días, Luffy-le saluda el rubio con una sonrisa-, ahora mismo te preparo tu plato de carne.
-¿Estará tan rica como la de ayer?-pregunta el moreno.
-Claro… Oye, ¿me harías un favor?-dice, como quien no quiere la cosa.
-A cambio de la carne que cocines-ríe Luffy-, si, te haré ese favor.
-Genial-se sonríe el rubio-, te prepararé toda la carne que quieras, a cambio, ¿puedes entregar esta carta a esta dirección?
El rubio le entrega un sobre, con la dirección escrita y su carta de socorro dentro.
-Dilas a las dueñas que vas de mi parte, entrega esto, y te darán toda la carne que quieras.
-Yujuuuuuuuu, carneeeeeeee-Luffy se pone el sombrero, metiendo la carta dentro, y saliendo disparado por la puerta, casi atropellando a su mejor amigo, el del pelo verde.
Sanji lo mira mal, no sabe por qué, pero no puede tragarle.
-Buenos, días-saluda el rubio, sin faltar a su cortesía innata, introduciendo el pastel en el horno, dando la espalda al recién llegado.
Zoro, al verlo de espaldas, no puede evitar recordar la escena de la otra noche, Sanji desnudo frente a la ventana. Se sonroja notoriamente, pero intenta disimularlo con un escueto y bajo "buenos días" hacia el otro.
Sanji se muerde el labio inferior, recordando las palabras de Saga, no puede decir nada, tenía razón. Aprieta los puños de pura rabia, mientras se da la vuelta gira con la silla, para ir cortando, troceando la fruta y preparando la nata para el pastel que el otro le había pedido.
-¿Quieres algo?-pregunta, concentrado en su labor, sin mirarlo, le tiene miedo, todo por culpa de una de sus manos derechas.
-M-me preguntaba… Si podrías prepararme algo para desayunar-pide, un poco tímidamente, lo que sorprende al cocinero.
-Claro- él nunca dejaría que nadie pasara hambre, por lo que le prepara un buen desayuno, con todo, mientras sigue atendiendo a la masa del pastel.
Zoro come en silencio, lanzando de vez en cuando miradas fortuitas a Sanji, el cual no se da, o aparenta no darse cuenta, hasta que se le queda mirando fijamente, con la tostada a medio comer, con un carrillos más abultado que otro, embobado del todo.
-Oye, cabeza de lechuga, me estas poniendo nervioso, ¿quieres parar de mirarme así?-espeta el rubio nervioso. Le recuerda ligeramente a Saga, aunque el joven peli verde no tiene la mirada del otro, la mirada de este parece de simple curiosidad.
-Lo siento-se disculpa-, pero me preguntaba… ¿se siente bien ser libre?
-¿Ser libre?-repite extrañado-, ¿acaso tú no eres libre?
-Ya me gustaría… Toda mi vida me la he pasado encerrado, no salía ni siquiera al colegio-suspira, tragando la tostada masticada.
Sanji se encoge de hombros.
-No es nada de otro mundo-mira su reloj de pulsera, ya ha pasado el tiempo de cocción, por lo que se acerca al horno y saca la masa, dejándola en la mesa, pero accidentalmente se quema el dorso de la mano y hace un gesto de dolor.
-¿Te has hecho daño?-Zoro se levanta a ayudarlo, pero se da cuenta de que ha reaccionado un poco demasiado exageradamente, por lo que un color rojo se funde por toda su cara, y sin ninguna palabra, sale de allí echando chispas.
-Será raro el tío este-murmura el rubio, mirando como el otro desaparece flechado.
Mete la mano debajo del grifo, para aliviarse un poco el dolor, no ha sido mucho, solo tiene la piel un poco enrojecida. Con la masa ya fría, y los ingredientes preparados, comienza a decorar el pastel, que en media hora a de entregar en el sótano primero.
Capa a capa las unta con abundante nata, pringándose ligeramente los dedos al hacerlo, y decorando impolutamente con las cerezas cortadas y con las enteras pero sin hueso.
A los quince minutos, ya tiene un pastel bien hecho, de dos capas rellenas de nata y de cerezas, más normalmente llamado, un pastel selva negra. Se relame un poco de la nata de los dedos, lavándose el resto en la pila, poniendo el pastel encima de una bandeja y esta encima de un carrito, para llevarlo con más seguridad. Cubre el pastel y se dispone a salir de la cocina.
Ha cumplido su encargo con creces, aunque le resulta demasiado raro que solo pida un pastel. Con un encogimiento de hombros, se mete en el ascensor y pulsa el botón del sótano uno. Cuando llega al piso, se encuentra con un corredor, no muy largo, iluminado por potentes lámparas, tan elegante como los pisos superiores. Mira a ambos lados, no sabe cuál es la habitación de Saga, pero tampoco es cuestión de ir tocando en cada puerta, aunque, ¿qué opción le queda?
Ya va a tocar en la primera, cuando la puerta del fondo a la derecha se abre, apareciendo el susodicho peli plata, y apoyándose indolentemente en el marco de la puerta, con una sonrisa de superioridad en sus labios. Espera pacientemente a que Sanji se acerque, en la silla de ruedas, empujando el carrito.
-Mete la tarta en la habitación-ordena, apartándose de la puerta para dejar paso a Sanji, pero como la silla no cabe, se ve obligado a coger la muleta, que siempre lleva con la silla.
Se sostiene como puede, empujando el carrito dentro de la habitación. Esta tiene el mismo formato que la enfermería, una habitación espaciosa, aunque sin iluminación natural. Al fondo tiene una cama, bastante grande, aunque no llega a ser de matrimonio, enfrente de los pies de la cama, un armario grande, tanto que puede caber una persona tumbada estirada, y de pie. En el centro, una mesa redonda con una silla de madera labrada, y encima de esta una espada de grandes dimensiones. El cuarto de baño está en la pared izquierda entrando por la puerta, enfrente de la cama.
Sanji deja el pastel al lado de la espada, y se dispone a salir de la habitación, pero en la puerta, Saga le cota el paso apoyando uno de sus brazos atravesado en el marco de la puerta.
-Quiero que te quedes.
-Ya te he hecho tu tarta, eso es lo que habías pedido, ¿no?
-No, no. Yo te dije que harías todo lo que yo quisiera. La tarta es solo una de esas cosas que quiero que hagas. Ahora quiero comerme la tarta-cierra la puerta detrás de sí, echando el seguro y acercándose a Sanji-, y quiero usar tu cuerpo como plato. Hazme caso y no revelaré nuestro pequeño secreto-toma a Sanji de la barbilla y le da un salvaje beso, a lo que el rubio suelta un quejido como protesta.
Menos mal que su carta está a salvo en el sombrero del muchacho. Aprieta las mandíbulas con asco cuando Saga desliza su lengua por su cuello con lascivia.
El cano se aparta de él, yendo hacia la silla, y poniéndola delante del rubio, tiene un gran asiento, tanto como para encoger los pies cómodamente y apoyarlos en la madera.
-Quiero que te desnudes, pies rojos, y de cuerpo entero-se relame el labio de abajo.
-Me niego-Sanji va todo lo deprisa que puede a la puerta, pero el otro se le adelanta y le pone la zancadilla, haciendo que caiga duramente al suelo.
-Si no te desnudas tú, lo haré yo, y no soy suave precisamente-agarra su espada y con una impresionante habilidad le corta la camisa y la chaqueta en dos, sin hacerle ni un rasguño en la piel, haciendo que los despojos de la tela caigan al suelo-, la próxima vez, no tendré tanta buena puntería, ¡desnúdate!
-No-Sanji apoya sus manos en el suelo, metiéndole una patada en el pecho y echándolo hacia atrás.
Aprovecha su desequilibrio para intentar escapar de la habitación, pero siente inmediatamente después de apenas tocar el picaporte, una presión en su pie herido. Se da la vuelta, descubriendo las dos manos de Saga sobre la herida.
-Tú lo has querido-de repente, le dobla el pie por la herida, oyéndose un ruido algo desagradable, como de algo desencajándose.
Un grito agónico del rubio se deja oír por toda la planta, y por parte de la de arriba, seguido de un sollozo. Sanji se queda tirado en el suelo, boca arriba, tapándose la cara con un gesto de dolor, luchando por no gritar de nuevo, con el pie todavía cogido por las manos del otro.
-Creo que he sido demasiado indulgente contigo. La próxima vez te romperé el pie. Ahora hazme caso, o Zoro se va a disgustar contigo, y yo más-dice, con voz suave, pero llena de rabia, y respirando con dificultad por la patada anterior.
No espera hasta que el rubio se levante, lo coge y lo sienta en la silla bruscamente, echándole las manos hacia atrás y atándoselas a las barras de madera con un cinturón no flojo precisamente. Rodea la silla, poniéndose enfrente de su víctima, y arrodillándose ante él, clavándole de nuevo la mano en la herida, haciendo que suelte otro grito.
-La próxima vez me harás caso a la primera, y quizá te trate bien-le desabrocha el cinturón con un gesto brusco, quitándole sin delicadeza alguna los zapatos, haciendo que las vendas del pie se descoloquen, y se muestren manchadas de rojo, y arrancándole literalmente los pantalones, dejándole solo con los bóxers.
Coloca el cinturón en su boca, amordazándolo, y dejándolo bien apretado, para que no suelte ningún sonido. Cerciorándose de que no se va a escapar, va hacia el armario, rebuscando en él, y sacando una cuerda fina.
Le va a coger un pie, pero se lleva una patada fuerte de nuevo en el pecho, mas el rubio, al no poder equilibrarse, cae con la silla hacia atrás, dañándose las manos al caer sobre ellas, soltando otro grito, esta vez ahogado por el cuero del cinturón. Con una mirada rabiosa, Saga se palpa el pecho, la patada esta no ha sido tan fuerte, ya que le había quitado previamente el calzado. Le devuelve la patada, dándole en el estómago, dejándolo sin aire y alzándolo violentamente, dándole otro puñetazo en el mismo sitio. Viendo que se mueve menos, le amarra los pies en el asiento, encima de este y atados a los reposabrazos, dejándolo en una posición vulnerable y dolorosa para el rubio.
-Ahora, te vas a estar quietecito, mientras me como la tarta que has hecho para mí con tanto cariño y amor-dice cínicamente, arrimándose al pastel.
Sanji le suelta una mirada cargada de todo el odio y asco que siente hacia esa persona, y se mueve, pero está a punto de caer de nuevo hacia atrás, aunque es sujetado por Saga, que evita que se golpee de nuevo.
-No, no, no te caigas, así no sería divertido, cocinero pies rojos-ríe malamente cuando ve la sangre resbalar lentamente por el empeine y la planta del pie de Sanji, manchando la madera y el suelo-, oh vaya, ¿fui demasiado brusco contigo? Eso te pasa por desobedecerme-pasa el dedo por la herida, y lo hunde de nuevo en esta, haciendo que Sanji muerda el cuero duramente, soltando un grito ahogado-, hazme caso, haz todo lo que yo te pida, y quizá cuando me aburra de ti te mate rápidamente para que no sufras.
Sanji lo insulta, y aunque no es muy entendible, Saga sabe que lo ha hecho. Le mete otro golpe, esta vez en la cara, haciéndole un pequeño corte en la mejilla, del que se desliza un hilillo de sangre, el cual le mancha un poco el flequillo que le tapa el ojo, también ha golpeado su ojo no visible.
-Ahora, empecemos definitivamente, que tengo hambre-coge el paste y se pringa los dedos, lamiéndolos, mirando al rubio, pero este tiene la cabeza gacha. Saga le coge del pelo, y le tira hacia arriba sin ninguna delicadeza-, quiero que me mires… Si no tendré que acabar con esos ojos tuyos, ya que no los quieres.
Manteniendo su mirada de odio profundo, mira a Saga, como desafiándolo, mientras se come el pastel. De repente, el peli plata coge un gran trozo de pastel con una de sus manos, y la estampa en el pecho de Sanji, esparciéndolo desde el cuello hasta el ombligo. Seguidamente, se inclina sobre él y comienza a lamer la pasta blanca, comenzando a descubrir de nuevo la pálida pie de Sanji. Un estremecimiento de asco recorre el cuerpo del muchacho, al sentirlo tan cerca y lamiéndolo.
La mano derecha del jefe llega hasta los pezones del chico, y los lame con profusión, provocando en Sanji sensaciones nunca vividas. Un sonrojo suave cubre las mejillas del rubio, mientras que el otro logra su propósito. Sigue bajando con la lengua, pero dejando sus manos jugueteando con los pectorales, arrancando sonidos involuntarios del preso. Después de un corto rato, deja los erectos pezones, bajando sus manos, hasta la gomilla de los bóxers, y deslizándolo hacia abajo.
Sanji alarmado se mueve, intentando alejarse, llevándose como consiguiente un golpe en las costillas que le deja sin aire. Furioso ve como le deja desnudo completamente, rasgándole la única ropa que le cubre, tirándola junto a los despojos de la camisa.
-Vaya, no eres pequeño-comenta Saga con una sonrisa casi rayana en la perturbación-, creo que disfrutaré contigo-toma con una de sus manos la entrepierna del chico, mientras que la otra la mancha de pastel y lo cubre su parte baja, para comenzar a lamer seguidamente.
Estremecimientos un poco más fuertes hacen temblar el cuerpo de Sanji, que comienza a sentir un calor extraño desde todo el cuerpo, concentrándose en su entrepierna.
-¿Ya la tienes dura?-Saga se aparta para observar la medio erección del rubio-, vaya, vaya. ¿Y tu entrada? ¿También está ansiosa de que la invada?
Con uno de los dedos manchados, la acaricia, introduciéndolo bruscamente. El grito que Sanji suelta es bastante audible, a pesar de que está amordazado, y unas lágrimas se escapan de sus ojos, resbalando hasta su cuello.
-Oh, no sabía que fueras virgen, cocinero-se burla sarcásticamente-, eso hará las cosas más interesantes para mí. Saca su dígito bruscamente, y se baja los pantalones y la ropa interior, quedando desnudo de cintura hacia abajo, mostrando su endurecida excitación-. Me encanta verte sufrir, haces que me ponga contento-con los restos del pastel que quedan se pringa su entrepierna.
Rodea la silla, y sin desatar las manos a Sanji, las pone detrás de su espalda, permitiendo que mueva el tronco hacia delante, y le quita el cinturón de la boca, por lo que el rubio tose durante un rato, maldiciendo todo lo que se le ocurre.
-Quiero que me la chupes hasta que te diga basta-exige acercándose hacia él, poniendo su entrepierna a la altura de la boca de Sanji.
-Vete… A la mierda-gruñe el joven, apartándose todo lo que puede hacia atrás-, que te den.
Furioso, Saga le mete un puñetazo en la otra mejilla, ladeándole la cabeza, tomando esta por los pelos y bajándosela, penetrando violentamente la cavidad de Sanji, hasta su base, con lo que el pobre chico se queda sin respiración.
Saga lo mantiene así hasta ve que se está poniendo rojo por la falta de oxigeno, entonces cuando casi está a punto de perder la consciencia, le saca el miembro de la boca. Sanji tose, tiene la vista nublada por la falta de aire, y respira agitadamente con la cabeza gacha, mientras que delante de él, su secuestrador ríe cruelmente.
-Buen chico, te has comido todo el pastel-dice, observando de nuevo su miembro, esta vez medio limpio-, límpialo del todo, o te dejaré que te ahogues la próxima vez.
-Que te cof, cof, jodan-musita Sanji apenas sin voz.
-Aah, que lástima que tenga que ser por las malas, Sanji-le jala de los pelos otra vez, volviendo a introducirle el miembro en la boca, embistiéndolo duramente, tironeándole fuertemente del pelo.
El rubio con asco siente como el miembro del otro adquiere dureza dentro de su boca.
-Trágatelo todo, o no te dejaré respirar hasta que lo hagas-Saga se viene en su boca, rebasándolo, pero no saca su miembro-, trágalo.
Sanji se resiste a hacerlo, le están entrando arcadas y eso no es bueno. Cuando siente que le falta el aire de nuevo, resignado, traga el semen que el otro ha soltado, pensando escupirlo en cuanto pueda. Por fin Saga saca la pieza de su boca, pero intuyendo las intenciones del otro, le tapa la nariz y la boca, con una sonrisa cruel, obligándolo a que se trague su esencia, haciéndolo después de resistir todo lo que puede, dándole un acceso de arcadas, que logra controlar malamente.
-Hijo… de puta-masculla, escupiendo en el suelo, algo de la blanca sustancia.
-No aprendes, Sanji, me tienes que hablar con respeto-sonríe, tomándole el mentón.
Pero el rubio se revuelve y le endosa un mordisco en el dedo índice tan fuerte que le hace sangrar. Con un grito, Saga se aparta del muchacho y este aprovecha para intentar soltarse las manos. Consigue soltarse una y se quita rápidamente el cinturón de la otra. Pero Saga en ese momento se abalanza sobre él, haciéndolo caer, con la silla incluida, provocando que se clave las cuerdas aun más en sus carnes y que estas sangren un poco. Desesperado, se intenta quitar las cuerdas, a la vez que intenta esquivar como puede los golpes que el otro le suelta, pero es bastante difícil, por lo que se llega unos buenos golpes, aunque el otro también recibe. Se suelta una pierna y le mete una patada en el estómago, consiguiendo algo de espacio para intentar desatarse finalmente. Pero antes de que pueda lograrlo, una patada en el cuello le hace quedarse semiinconsciente e inerte, aunque con los ojos abiertos y respirando dificultosamente.
-Estúpido-le mete otra patada en la columna, haciendo que gima de dolor-, tú lo has querido.
Le desata la pierna que le queda y lo sube en la mesa, poniendo su espalda contra esta y abriéndole las piernas.
Es tal el grito que da Sanji al ser penetrado salvajemente por aquel sujeto que se oye en la segunda planta, y un alarmado peli verde se levanta inquieto de su asiento. La sangre se hace presente en la maltratada entrada del rubio, escurriendo hacia abajo y manchando el piso, mientras el otro se mueve anárquica y dolorosamente dentro de él. Lágrimas acompañadas por gritos de dolor salen a borbotones de Sanji, el cual suplica que se pare, pero Saga sin hacer caso aumenta el ritmo, redoblando los gritos del rubio, y el fluir de sus lágrimas y sangre. Con una risa cruel, se corre dentro del maltratado cuerpo del muchacho, desbordándolo y saliendo de él sin ninguna delicadeza.
Sanji casi no puede moverse, le duele la espalda terriblemente, y cuando intenta moverse un poco, cae duramente al suelo. De él sale la semilla del otro, mezclada con su sangre. Saga toma del pelo a Sanji y lo levanta rudamente, haciendo que gima de dolor de nuevo.
-La próxima vez no seré tan delicado-le estampa la cara contra el suelo, dejándolo inconsciente. Lo coge, y lo lleva al ascensor, donde lo tira dentro sin ningún miramiento y pulsa el botón de la segunda planta-, me lo pasé genial contigo, espero volver a follarte pronto.
Con una risa cruel se mete en su habitación…
Hola de nuevo, espero que hayáis disfrutado del capi… Bueno, en la medida de lo posible, pobre Sanji, que burro es el otro. Bueno, explicaciones: la carta que manda Sanji a sus chicas se puede descifrar fácilmente, solo vale con coger la primera silaba de cada palabra del renglón hacia abajo, es bastante fácil el mensaje shishishi… Hasta el próximo capitulo n.n
