Hola de nuevo, nakamas. Aquí venimos con la que creemos será la última entrega de hay muchas formas de pagar, pero estamos todavía discutiendo si este será el final definitivo o haremos un par de capítulos especiales.
Bien, aclaraciones: en este capítulo se va a descubrir todo el embrollo, pero: ¿Saga conseguirá hacer su última maldad antes de que lo descubran? ¿O Zoro y los demás llegarán a tiempo para impedirlo? Bueno, después de hacer estas preguntas, aquí viene el capítulo seis, disfrutadlo y muchas gracias por seguir leyéndonos ^^.
Advertencias: Hay violación, violencia, lenguaje bastante vulgar y escenas bastante explicitas, si eres muy sensible, por favor, no lo leas, te lo decimos en serio. Las frases entre comillas son pensamientos.
Hay muchas formas de pagar 6:
Siguen viendo recuerdos de su infancia por un rato, y Sanji lo sigue disfrutando, pero en su mente se esfuerza por recordar lo que pasó aquel día que le había relatado Zoro, aunque por mucho que lo intente, no consigue acordarse del rostro de sus padres, ni de su relación con Zoro, lo que si le resulta curioso es acordarse de la relación con las chicas. Robin observa que está algo abstraído, y casi puede leerle la mente.
-No te preocupes, Sanji-kun-le tranquiliza en voz baja, junto a su oído, de modo que el solo puede oírlo-, él no se ha olvidado de ti.
Sanji la mira con curiosidad, y ella le dedica una sonrisa. Pero el muchacho está confundido, es verdad que siente algo indefinido por el espadachín de las tres katanas, se le hace extraño que lo secuestrara para llevarlo a su base, sin haberle dicho nada de su relación. Pero de momento no le da importancia, ya se lo preguntará después.
-Mira, Sanji-kun, una foto de tus padres-Vivi pasa a una imagen en la que sale una pareja que se ve feliz, rodeados de Sanji, Vivi, Nojiko, Nami, Robin y Zoro, en un día de primavera en un parque, organizando un picnic. La mujer, de pelo rubio recogido en una coleta menos un mechón que le tapa el ojo izquierdo sonríe a la cámara mientras saca comida de una cesta sobre un mantel. A su lado, un hombre con el pelo castaño claro y cejas como las de Sanji, con un cigarro prendido de su sonrisa hacía rabiar a un pequeño Zoro, mientras Sanji se burlaba del otro niño, las chicas fueron pilladas poniendo una corona de flores en la cabeza de la madre de Sanji.
Sanji traga saliva, acariciando la foto, delineando las caras de sus padres, sintiendo como las lágrimas intentan desbordarse de su mirada.
-Ella se llamaba Ikarai, una cocinera excelente-le cuenta Robin-, casi hermana de Bellemere y Zeff, ya que fueron aprendices en el mismo sitio. Tu padre se llamaba Irving, procedente del mar del Norte, un gran pirata que dejó a uno de sus amores por tu madre, su otro amor, aunque antes de nacer tú estuvieron surcando los mares juntos durante un tiempo.
-¿Cómo sabes tú todo esto, Robin-chan?-pregunta el rubio.
La morena se saca un pequeño librito de la bolsa en la que habían traído la cámara.
-Este es el diario de tus padres, nos lo confiaron ese mismo día en el que murieron, ya sabían su destino y querían que tú lo tuvieses. Sé que no debí leerlo, lo siento, Sanji-kun-.
-E-está bien-la disculpa el rubio, sorbiendo la nariz.
Pasan allí un par de horas, en las cuales se hace hora de comer, y Zoro les invita a tomar un refrigerio, en la enfermería, junto al muchacho rubio, para aliviar el gusanillo. Las muchachas aceptan gustosas, yendo entonces Franky a buscar algo, mientras Sanji ve con rabia cómo él mismo no puede levantarse para servir a sus chicas. Robin se da cuenta de esto, y sonríe al rubio.
-Ya te levantarás, no tengas prisa, ahora solo piensa en recuperarte, Sanji-kun-posa la mano suavemente en su hombro, apretándolo con comprensión.
Sanji sonríe, tomando la mano de la dama y dándola un beso en ella, que la muchacha recibe con una risilla, al mirar de reojo como el peli verde frunce el entrecejo, molesto, la muchacha no puede evitar reírse abiertamente.
-No me tomes como una rival, Zoro-chan, ya sé desde hace mucho que Sanji-kun esta coladito por tus huesos de espadachín, jeje.
Este comentario hace que ambos chicos se les ponga la cara como un tomate que lo los demás se rían de la expresión que han puesto.
-M-mentira, ¿c-como voy a querer yo a este marimo estúpido?-intenta desmentir el rubio, agitando las manos, pero haciendo un gesto de dolor.
Mihawk se acerca preocupado, a tomarle de los hombros, pero para sorpresa de todos, Sanji le mete un manotazo, alejándose de él, mirándolo con miedo. El moreno se asombra por la reacción del convaleciente, y avanza hacia él, pero el otro se aleja. Cuando se da cuenta de lo que está haciendo, baja la mirada, pero el tembleque de su cuerpo no ha desaparecido, y Mihawk entiende lo que le pasa.
-Perdóname-musita el rubio-, no... No he podido evitarlo-se abraza más a sí mismo, agachando la mirada.
Se miran entre todos, con los ceños arrugados de preocupación. En ese momento llega Franky con un carrito y múltiples bandejas pequeñas, ha cogido los platos que Sanji tenía preparados para el aperitivo del día anterior.
-Hola gente, pues aquí... ¿Qué diablos pasa?-se extraña el cyborg, al ver la escena que se desarrolla delante de él. Deja el carrito al lado de la puerta, al ver que Sanji está algo extraño, y se acerca a él, pero obtiene la misma reacción que el rubio había tenido con Mihawk. -Tenemos que encontrar a ese cabrón, y cuanto antes, no podemos perder más tiempo-musita con rabia el peli azul.
-Mañana nos dan los resultados del laboratorio-dice sombrío Zoro-, hasta entonces, hay que procurar no dejar solo a Sanji un momento.
-Nosotras podemos ayudar-dice Nami firmemente-, seremos las guardianas de Sanji-kun-la pelirroja se pega con un puño en la palma de la mano.
Las otras dos asienten, pero Zoro interviene.
-No puedo permitirlo, no quiero poneros en peligro a vosotras también... Lo mejor será que volváis al restaurante, nosotros os informaremos de todo.
-¡No puedes hacernos esto, Zoro-kun!-grita Vivi-, nosotras también formamos parte de esta familia.
-Ya lo sé-responde en el mismo tono-, pero no puedo poneros en peligro, entendedme... El que está haciendo esto es un demente, no quiero ni imaginar que pueda haceros... No hay más discusión, Franky, acompáñalas al restaurante-.
Con un asentimiento, el peli azul las conduce hacia la salida, pero antes de irse, se despiden de su rubio amigo, dándole un abrazo.
-Estaré rondando por aquí, Sanji-kun-le susurra la morena al oído-, diremos a Nojiko-san que te venga a visitar cuando pueda.
El chico la mira con preocupación, pero Robin solo sonríe, yéndose, pero antes acercándose a la mesa donde Chopper prepara sus medicinas, dejando un pequeño den den mushi de vigilancia, y cerrando la puerta tras de sí.
Sanji mira a su alrededor, encontrándose con otra mirada, esta de Mihawk, amable. Le sonríe, aunque algo avergonzado por su anterior reacción, y baja la mirada, enfadado consigo mismo.
-No le des importancia, Sanji-habla el de la barba-, es una reacción perfectamente entendible después de que te hicieran eso. Aunque ya lo sabes, no dejare de repetirte que somos tus aliados, no tienes que temer de nosotros-le va a poner una mano sobre el hombro, pero recuerda la reacción que el muchacho tuvo antes al intentar tocarle.
Va a retirar la mano, pero para sorpresa de todos, Sanji toma la mano que Mihawk había tendido, y para sorpresa del renito, del Don y del propio capo, la pone sobre su hombro, mirando a Mihawk con una sonrisa muy triste.
-G-gracias... Yo... No merezco vuestro apoyo... Soy un inútil... Snif... En vez de plantarle cara... Yo... Me quedo encogido de miedo...-aprieta la mano del espadachín entre las suyas a la vez que intenta contener las lágrimas-, no soy merecedor de vuestra amistad... Soy débil... En vez de pelear... Dejo que me tome a su antojo... Snif-una lágrima cae por su mejilla-, tiemblo cada vez que lo veo... Y no puedo hacer nada...-
Zoro se acerca al rubio, y le acaricia la cabeza con ternura.
-Cálmate, Sanji. Lo cogeremos... Pero, dínoslo quien es, por favor-susurra Zoro-, no puedes seguir torturándote así-.
-No... No puedo decirlo... No quiero decirlo-el temor acecha de nuevo la mente de Sanji. Realmente cree que lo mataran si descubren la trampa de Saga. No quiere perder su amistad, aun si no lo matan no quiere dejar el lugar-, por favor, no me obligues, no quiero perderos.
-¿Perdernos? ¿A qué te refieres?-el renito lo mira interrogante, pero Sanji hace un gesto con la mano.
-Nada, no te preocupes-se seca una lágrima rebelde con el dorso de la mano-, ¿p-puedo quedarme solo un rato?-pregunta, dándose la vuelta en la cama, con un estremecimiento en su cuerpo.
Ninguno de los tres dice nada, abandonando la estancia y cerrando la puerta suavemente. Una vez fuera, Zoro pone una mano sobre el hombro de Mihawk.
-Esto huele a chantaje... Puede que tenga que ver con lo sucedido hace unos días, lo de Daimien-.
-Posiblemente, Zoro... Pero no se encontraron huellas en su cuerpo, ni en el arma, ni nada de nada, ni un simple pelo que enviar al laboratorio-.
-Puede que quien apuñalara a Daimien es el mismo que está haciendo daño a Sanji-piensa el renito.
-Si... ¿pero quién?-el jefe parece desesperado-, tiene que ser a la fuerza uno de la familia... Pero se esconde tan jodidamente bien que no lo encontramos-a cada palabra el volumen de su voz crece, hasta cas convertirse en un grito.
-Zoro, ya sabes quién es nuestro principal sospechoso, el cabrón de Saga, pero al parecer se cubre muy bien las espaldas, aunque -se saca el trozo de cuerda que tomó del cuarto de Saga- estamos a un paso menos de su detención.
-Ya lo se... Pero no podemos detenerlo solo con eso... A mi pesar hemos de esperar a la prueba del laboratorio-.
-Mihawk, no te olvides de que tenéis tú y Franky que buscar quién tiene botas o zapatos con puntas de hierro-recuerda Chopper-, pero lo más sutilmente posible.
-No te preocupes, doctor, yo también ayudaré-dice una voz arrastrada a su espalda.
Los tres se dan la vuelta bruscamente, encontrándose a Saga con las manos metidas en los bolsillos despreocupadamente y con un aire falsamente soñador.
-Así que tenéis que buscar a alguien con las punteras de hierro... ¿Por alguna cosa en particular?-pasa las manos por los hombros de Zoro y Mihawk, colgándose-, ¿es por lo de Sanji? ¿Ya habéis averiguado quién es el malparido que le está haciendo daño?
Zoro lo mira con una mirada envenenada, con los ojos abiertos de par en par por la rabia y los labios convertidos en una fina línea. ¿Cómo se atreve a ir de chulo, encima? Sabe de sobra que es él el que está provocando estos estragos, pero como él mismo dijo antes, no solo pueden detenerlo con el trozo de cuerda.
-Sí, creemos que es el mismo que hirió a Daimien-responde al fin Mihawk-, por cierto, ¿cómo esta?-se preocupa.
-Vivito y coleando-responde el cano-, le he ido a visitar para preguntarle acerca de su agresor, pero no recuerda nada. Se está recuperando bien de su herida.
-Vaya habilidad hay que tener para clavarle un cuchillo en las costillas, dejarlo inconsciente y que no muera-comenta el renito, metiéndose en la enfermería-, aunque, no es imposible.
Saga sonríe para sus adentros. No puede creer que sea tan fácil burlar a Sanji con la "muerte" de Daimien, otra cosa será burlar a los otros espadachines y al cyborg. Sabe de sobra que han descubierto su cuerda, pero no pueden hacer nada solo con eso, así que decide jugar un poco más con su suerte.
-Bueno, me voy, que tengo que hacer un recado-pasa junto a Mihawk, pisándole sin querer-, huy, lo siento Mihawk. Hasta luego-tiene que evitar soltar una carcajada.
-S-será cabrón-lo mira con rabia mal contenida, llevándose la mano a la empuñadura de su gran espada negra.
-Eh, eh, espera, Mihawk-su nakama le agarra la mano antes de que desenfunde-, ¿se puede saber qué te pasa?
-Es un cabrón, hijo de puta, mal nacido-hace fuerza con Zoro, pero a una orden seca de su jefe, se detiene-, tiene las botas de hierro. Me ha pisado aposta, haciendo notar que tiene la puntera de hierro, el muy cabrón-sisea el moreno-, lo mataré con mis manos en cuanto lo vuelva a tener delante-le grita a la puerta del ascensor, que acaba de cerrarse.
En el ascensor:
-Jujuju, Mihawk está que arde-comenta para sí el peli plata, sacándose las botas.
Se baja en la segunda planta, dirigiéndose a la cocina. Toma un cuchillo y raja la tela del calzado, sacando el metal. Tira las botas al incinerador de basura y se guarda las punteras en el bolsillo.
-Me da que va a ser imaginación de Mihawk que le he pisado con algo de hierro-ríe en bajo-, creo que me haré un llavero con esto-comenta, lanzando las piezas hacia arriba y volviéndolas a coger, haciendo resonar su malvada risa por toda la segunda planta.
Camino del restaurante:
-¿En serio?-pregunta con una risa la pelirroja a la morena en bajo.
-Sí, Nami-san, dejé un den den mushi de vigilancia en el cuarto de la enfermería, conectado a una de las pantallas del restaurante, así podremos vigilarlo sin problemas.
-Bien hecho.
-¿Qué habláis, chicas?-pregunta Franky curioso.
-Solo de vigilancia-responde inocentemente la del pelo rojo, guiñando un ojo.
-Ya sabéis que a Zoro no le gusta que os pongáis en peligro-suspira el del tupé.
-No te preocupes, Franky-san, lo haremos a distancia, y si ocurre algo, os llamaremos, ¿de acuerdo?-sonríe Robin.
-Si-gruñe derrotado. Al final se han salido con la suya.
En la enfermería:
Sanji está tumbado de costado en la camilla, procurando no soltar ningún gemido de dolor, para no perturbar a Zoro, que se encuentra con él en ese momento. El peli verde lo mira, preocupado, pero no dice nada, Sanji está mirando la fotografía en la que salen todos de pequeños junto son sus padres.
-Eran grandes personas-interrumpe Zoro el silencio, con voz suave-, siempre querían lo mejor para ti, la prueba es que ahora estás en este mundo.
-Sí-responde el rubio quedamente-, pero por mi bienestar, ellos ya no están aquí… Por mi culpa no están aquí, y no consigo acordarme de nada… Si no fuese por esta imagen, no los tendría en mi memoria… Además… Si estoy aquí gracias a ellos, tengo que ser fuerte, y superar este bache, ¿no?-dicho esto, hace un esfuerzo para levantarse, consiguiendo poner un pie en el suelo, y por consiguiente, contener un grito de dolor.
-S-Sanji, ¿qué haces?-Zoro se levanta como un resorte para ayudarlo.
-Déjame-una mirada fría como el hielo y esa palabra cortante lo hacen detenerse, asombrado-, n-no te acerques, por favor-suaviza un poco el tono, al notar que ha sido muy brusco.
Sanji baja el otro pie al suelo, y consigue ponerse en pie, pero se tambalea, haciendo que caiga al suelo. Pero antes de que se haga daño contra las duras baldosas, los fuertes brazos del jefe de la familia Roronoa lo sostienen.
-N-no… No me ayudes-gime el rubio, con dolor.
Zoro lo alza, abrazándolo contra su pecho, apoyando su cabeza en el hombro de Sanji, al ser este un poco más bajo que el capo.
-No te esfuerces por favor… O al menos, déjame ayudarte a caminar, si eso es lo que quieres-le pide, cerrándolo los ojos.
Sanji al notar la dulzura en la voz no puede evitar abrazarlo por la cintura, apoyando su cabeza en el fuerte pecho de su amigo. Su mirada es triste y mira al vacío, a un lado.
-Gracias-susurra-, gracias por todo-alza la cabeza para mirarlo a los ojos, y le sonríe, quizá algo tímidamente o puede que sea con tristeza. Se alza un poco sobre la punta de sus pies, haciendo una mueca de evidente dolor, pero sin detenerse, hasta alcanzar los labios del espadachín en un beso, que no es más que un roce, pero que hace que el corazón de Zoro lata con fuerza-, creo que es un buen comienzo para recordar-intenta reír el rubio.
Una sonrisa tierna y una caricia a su sedoso pelo hacen que Sanji sonría con algo más de alegría.
-Es un buen comienzo-asiente el más alto-, ahora, ¿Qué harás? ¿Te vas a tumbar o vas a caminar?
-Creo que me iré a dar una vuelta en la silla de ruedas-responde Sanji, encaminándose al aparato, siendo sostenido de vez en cuando por Zoro.
Ya sentado, se abre paso por la habitación, saliendo por la puerta.
-¿Quieres salir a la calle?-pregunta Zoro, poniéndose a su lado, sabe que el rubio no le permitirá empujar la silla.
-¿De verdad puedo?-Sanji cambia su estado de ánimo-, hace unos cuantos días que no salgo, me encantaría.
-Bien, entonces vamos al parque-sonríe el Don, llamando al ascensor y pulsando el botón de la planta baja.
Al salir a la calle, Sanji no puede evitar inspirar fuertemente, llenándose los pulmones del cálido aire de la tarde, y cerrar los ojos disfrutándolo. Le parece haber estado encerrado durante semanas, a pesar de que fueron solo unos días.
-Ven, es por aquí-Sanji lo sigue en la silla, impulsándose fuertemente.
Al poco rato de andar, se encuentran en un hermoso jardín, que se sitúa detrás del edificio base.
-Este parque también pertenece a la familia-dice Zoro-, puedes venir aquí cuando desees, pero por favor, antes avisa a alguno de nosotros que te acompañe.
Sanji asiente, encaminando la silla por un caminito pedregoso que se interna en el verdor del parque. Pasan un rato sin hablar, hasta que llegan a un rincón acogedor, y Zoro habla de nuevo.
-Quizá no lo recuerdes, pero en este parque fue donde celebramos el picnic, aquel día era el cumpleaños de tu madre, y mi padre dio permiso para que lo celebráramos aquí, ya que yo casi no podía salir del terreno. Tu padre y el mío eran buenos amigos ya que habían sido compañeros de navío por algún tiempo… La muerte de tus padres le destrozó, eran buenos amigos, prácticamente de la familia, al igual que las chicas. Las familias de todos nosotros están unidas de alguna manera: favores, amistad, enemistad convertida en alianza… Muchas cosas puntuales que nos han ido uniendo firmemente… Pero esta unión ahora se ve afectada por uno al que acogimos en la familia y no deberíamos haberlo hecho. Tenemos una sospecha bastante grande de quién es el que está causando daño a uno de los miembros de nuestra familia, uno de los más valiosos para mí… Tú, Sanji.
Sanji abre los ojos como platos. ¿Saben que quien está haciendo esto es Saga?
-"¡No! ¿Por qué lo saben? No deben saberlo"-se sujeta la cabeza con las manos-, "me da igual que me mate… Pero ese hombre es temible… ¡No quiero que los lastimen! ¿Y si también lo descubren las muchachas? Será capaz de matarlas, el muy cabrón".
-Sanji, ¿estás bien?-posa una mano sobre su hombro, consiguiendo sobresaltarlo.
-Sí no te preocupes-ríe nerviosamente-, la verdad… Es que no creo que sea de la familia, puede que sea alguien del exterior-lanza un dardo al aire.
-Entonces de igual manera tenemos un traidor, por lo tanto igual de culpable.
-"Mierda"
Su dardo ha fallado el blanco, está inquieto, pero al ver a Zoro calmado, lo tranquiliza medianamente. El peli verde lo guía exactamente hacia el lugar donde estuvieron años atrás celebrando el cumpleaños de su madre.
-Aquí es-le señala el lugar, debajo de un sauce llorón.
Con esfuerzo y dolor pero sin ayuda, Sanji consigue levantarse de la silla y sentarse en el suelo, con un evidente gesto de dolor, soltando al final un corto grito, preocupando a su amigo.
-Sanji, quiero ayudarte-se sienta a su lado.
-Ya te he dicho que no, no necesito ayuda de nadie… Nunca la he necesitado-se acomoda todo lo que puede-, en un par de días me recuperaré de todo-sonríe, algo forzado-, ya lo verás.
-Sanji, se realista-le jala de la camisa abriéndosela, provocando un sonrojo extremo en el rubio-, eso no es una simple herida, tienes un cosido desde debajo del pectoral hasta la cadera-le toma de las manos-tienes las muñecas despellejadas, al igual que los tobillos y el cuello. Tu pie está todavía herido, y…-ahora traga saliva, poniéndose algo rojo-, y tu herida de atrás no es moco de pavo… Por favor Sanji, tienes que ver la realidad, esto no son simples heridas. Si no fueras un hombre con una fuerza monstruosa, ahora estarías muerto.
-Mi fuerza monstruosa no me sirve de nada, no puedo luchar contra ese hombre… Le tengo pánico, mis piernas no sirven para nada, nada más que para ser abiertas por ese tipo, porque no obedecen mis órdenes cuando las ordeno luchar o escapar… Y cuando me obedecieron estaba demasiado magullado como para poder escapar-se lamenta Sanji, tironeándose del pelo-, pero esto va a cambiar. No va a volver a tocarme, antes de que lo haga, estará muerto en el suelo, con el cráneo abierto por una de mis patadas-se saca la cajetilla de tabaco del bolsillo del pantalón, y lo prende, expulsando el humo, enredándose este en las ramas caídas del árbol.
Zoro lo mira embobado, está con la camisa abierta y con el torso vendado de arriba abajo, pero al moreno le parece la visión de la tranquilidad en ese momento, con la cabeza alzada lánguidamente y apoyando el peso en una mano, mientras que la otra sujeta el pitillo.
-¿Estás calmado?-no puede evitar preguntar.
-Sí-responde Sanji firmemente-, ya que la próxima vez sé que voy a ganar-gira la cabeza en dirección de su compañero y le regala una enorme sonrisa, llena de tranquilidad y amistad.
Aunque Zoro no está acostumbrado a sonreír, no puede evitarlo en esta ocasión, devolviéndosela.
-"Bien dicho, Sanji, no te rindas, nosotros te ayudaremos"-piensa.
Posa una de sus manos en la que sostiene a Sanji en la hierba, haciendo que nuevamente los colores se suban a la cara de ambos.
-¿Z-Zoro?
-Quiero protegerte-afirma el moreno-, para siempre, no quiero que sufras más… Vaciaré el edificio si es necesario para que no te vuelvan a tocar… Por favor, dímelo-le mira a los ojos.
-Aunque te lo dijera ahora mismo, mis palabras no valen de nada-suspira el cocinero-, no hay pruebas físicas, salvo estas-se señala su cuerpo-, pero, ¿de qué servirían? Lo único que valdrá será el resultado del laboratorio, y hasta mañana no se sabe nada, ¿cierto?
Sanji tiene razón, no valdría para nada hasta tener el resultado. Con un suspiro cansado, Zoro se tumba boca arriba en la hierba, con los brazos debajo de la cabeza, y, para su sorpresa, Sanji se recuesta en su estómago, con la mirada hacia la otra, y con una sonrisa.
-Parece que no tienes pelo-se ríe Sanji…
Mientras tanto, en el edificio, Mihawk está buscando como un loco a Saga.
-¿Dónde estás, maldito cabrón?-va por todo el edificio, mirando en cada estancia, con la espada desenfundada.
Todos los que se cruzan en su camino se apartan atemorizados, por el brillo asesino que tiene su dorada mirada.
En el sótano primero, Saga se calza unas nuevas botas, y sale de su cuarto, no sin antes haber cogido su espada, para encaminarse de nuevo a la cocina, a picar algo.
-Ah, ser tan maquiavélico me abre el apetito-comenta para sí, con una risa, echando su cabello hacia atrás y apoyando la mano en la empuñadura de la espada, que cuelga de su cadera. Sube en el ascensor hacia la segunda planta y entra a la cocina, buscando algo a lo que hincar el diente y saludando a Chopper, Luffy y Usopp, cuando un furioso espadachín con barba hace acto de presencia, irrumpiendo la tranquila conversación de los otros tres.
-¡Tú! ¡Maldito cabrón con pintas!-ruge Mihawk, embistiéndolo con la espada por delante.
Saga, sin dejar su bocado, saca la espada con un elegante movimiento, cortando la arremetida del otro, y echándolo hacia detrás.
-Eh, eh vamos, a Sanji no le gustará que le destrocemos su cocina, ¿verdad?-dice, bajando su hoja y dando otro bocado.
-Sé que eres tú, maldito bastardo-Mihawk vuelve a arremeter contra él, pero está medio cegado por la rabia, por lo que casi corta a los tres muchachos.
-¡Eh viejo, ten cuidado!-grita Luffy, cogiendo a los otros dos y saltando por encima de la encimera, poniéndose a cubierto.
-¿Qué soy yo qué?-en ese momento empieza un cruce brutal de aceros, de las cuales algunas estocadas destrozan la loza y los azulejos.
-Eres tú quien está maltratando a Sanji, hijo de perra-con un movimiento rápido de muñeca, logra hacerle un corte en la cara, pero Saga no se queda atrás, hiriéndole en el antebrazo.
-¿Yo?-dice incrédulo-, ¿y en qué te basas si puede saberse?-cruzan las espadas y forcejean, quedando sus rostros muy juntos-, ¿en un trozo de cuerda inútil y en un pisotón?-susurra malicioso, empujándole y estrellándole contra la encimera. Los otros tres hace rato que han ido a buscar a Zoro.
Saga le pisa el pie con fuerza, y lo mira.
-Mis botas son normales, zopenco. Estate atento a lo que sientes, no te guíes por tu instinto-enfunda su espada, quitándose las botas y lanzándoselas-, compruébalo por ti mismo. Estas botas no tienen el mínimo de acero-resopla furioso, envainando y yéndose por la puerta.
Antes de salir ve la cara de desconcierto de Mihawk y no puede evitar soltar una carcajada en bajo. Resulta que tener dos pares de botas iguales es una gran ventaja.
Con un grito rabioso, Mihawk estrella contra el suelo las botas, con furia, entrando en ese momento Zoro.
-¿Se puede saber que ha pasado aquí?-dice un exaltado Zoro, entrando rápido en la cocina, viendo el destrozo y a Mihawk pateando unas botas-, Mihawk, cálmate, ¿qué ha pasado?
-E-ese hijo de puta-tartamudea de la ira y del coraje-, ha cambiado sus botas. Estas no son las botas con las que me pisó-alza el calzado-, tenemos que encontrar las otras. Estas tienen que ser idénticas a las otras, estas no tienen acero, pero son exactamente iguales-se da cuenta de que falta alguien-, ¿dónde está Sanji?
-Cálmate, amigo, está con Luffy, Chopper y Usopp, está seguro-pone una mano sobre su hombro-, devuélvele las botas a Saga, vamos.
Salen los dos de la cocina y se encuentran a los tres que estaban dentro solos.
-¿Dónde está Sanji?-pregunta Mihawk.
-Se ha ido al baño, acompañado por Saga-responde el narigón-, dijo que lo ayudaría.
-¿Qué?-exclaman los dos hombres a la vez, echándose a la carrera, buscándolos…
Entre tanto, en la planta cuarta, el peli plata guía la silla de ruedas hacia uno de los baños.
-Estate quieto, gatito-le susurra en la oreja, en una de las manos que lleva la silla tiene un cuchillo, que le presiona la nuca-, o te corto el cuello.
-H-hijo de puta-susurra aterrorizado Sanji.
De un solo movimiento puede darle y escapar, pero ahora mismo no confía en su maltrecho cuerpo.
-Oh no te preocupes, no te voy a hacer nada, recuerda que solo te voy a acompañar al baño-acaricia la piel de su cuello con el contrario del cuchillo, provocando un escalofrío en el rubio-, hueles a terror y miedo… Me encanta y me excita.
-E-eres un puto depravado-Sanji pone las manos en las ruedas pretendiendo escapar, pero Saga lo tiene bien sujeto y no consigue avanzar.
-Ah, ah, Sanji, ni lo intentes-pone la punta del cuchillo contra su tráquea, dando la vuelta y poniéndose delante suya. Con un leve movimiento hacia delante puede atravesarle la garganta-, hazlo, vamos.
-¿Qué haga qué?
-Vamos, no te hagas el tonto-le coge de la nuca y adelanta su cabeza-, chúpamela hasta que te que llene por dentro-sin soltar el cuchillo, se baja la cremallera del pantalón, sin desabrocharlo y saca su miembro al aire.
-Ni lo sueñes-se echa hacia atrás rápidamente, ayudado de sus delgados pero fuertes brazos.
Justo cuando Saga va a alcanzar a su presa, el ascensor se abre, mostrando a los dos jefes espadachines.
-Chicos-Sanji gira la silla y a toda velocidad y va hacia ellos.
No puede evita abrazar por la cintura a Zoro y sonreír a Mihawk.
-¿Cómo estás?-la pregunta del peli verde va con doble sentido.
-No te preocupes, solo ha ido al baño-dice Saga, quien ha tenido el tiempo justo de subirse la cremallera-, me ha pedido ayuda, eso es todo.
-No te creo-suelta Zoro, abrazando como puede a Sanji, debido a su posición-, ya que no me permitió ayudarlo cuando se levantó el solo de la cama.
-Bueno, pues no me creas-Saga se encoje de hombros y se mete al ascensor, dejándolos ahí a los tres.
-Mierda-susurra con una sonrisa-, tendría que haber sido más rápido y habérsela metido sin tantos juegos-, bueno, a la próxima será-pasa la lengua por la hoja de su cuchillo, llevándose con ella la gota de sangre que había logrado del cuello del muchacho…
El coche aparca a la puerta del restaurante Bellemere. Las chicas y el hombre en tanga se bajan.
-Pasa Franky, tómate algo-invita Nami.
-No, gracias, tengo que volver a la base-agradece el de las gafas.
-Venga hombre, no te hagas de rogar, te daré una cola.
-Wu, genial, entonces puedo entretenerme un poco-responde con una risa, levantando sus gafas.
Nada más entrar, Nojiko se abalanza sobre ellas, un poco mosqueada.
-¿Se puede saber dónde os habéis metido? He estado toda la mañana llevando el restaurante yo sola, y ya llego tarde al laboratorio-le tira el delantal a Nami en la cara.
-Lo sentimos-se disculpan con cara de culpa y una reverencia las tres muchachas.
-Jo, Noji, estábamos visitando a Sanji-se queja la pelirroja, quitándose el delantal de la cabeza.
-Ah, y encima eso. En fin, ya iré yo a verlo más tarde, ahora me tengo que ir con Ace al laboratorio, que tenemos varias cosas que analizar-suspira, poniéndose un casco en la cabeza, cogiendo otro y dirigiéndose a su waver personal.
-Es cierto, Nojiko-san está como aprendiz del hermano mayor de Luffy-kun, ¿no?-pregunta la morena.
-Sí, y la resta mucho tiempo, pero es lo que la gusta-suspira Nami-, me siento culpable por no haberla dicho que íbamos a ir a ver a Sanji-kun.
-No te preocupes, Nami, puede ir a verlo cuando quiera, el laboratorio está bastante cerca del edificio de la familia-la anima Vivi-, ahora vamos, a seguir con el restaurante, Franky, siéntate, te pongo tu cola ahora mismo.
-Gracias Vivi-el capo se sienta en una de las mesas, esperando…
-Aargf, ya llego tarde-grita corriendo por los pasillos del laboratorio Nojiko, aventando el casco en un perchero, demostrando una puntería excelente debida a los nervios y cogiendo la bata-, lo siento Ace-se disculpa en gritos también, abriendo de un portazo, haciendo que el hombre dentro de la sala pegue un bote y tire al suelo la muestra con la que está trabajando-, ups, lo siento.
-No pasa nada-el muchacho la dedica una sonrisa, recogiendo lo caído y subiéndose unas gafas de cerca de montura fina-, ya pensé que hoy no venias.
-Es que mi hermana se fue a ver a Sanji al edificio de la familia y me dejó sola con el restaurante-le explica todo mientras se va poniendo la bata, y dirigiéndose a las muestras que tiene que ayudar a examinar a Ace ese día.
-Así que las muestras son más importantes que yo-afirma el moreno, fingiendo enfado.
Con una risa, la chica se acerca y le da un besito en los labios.
-¿Celoso de unas simples muestras?-le pica, divertida.
-Por supuesto-la da un beso en la frente-, no las permito que te me roben.
-Jajaja, tonto-ríe Nojiko, con un ligero rubor.
La tarde da paso a la noche, y en el laboratorio, los dos jóvenes están ya cansados.
-Nos faltan tres muestras-murmura Nojiko, con la cabeza entre los brazos y estos apoyados en una mesa, mirando de reojo a su jefe.
-Déjalas para mañana-Ace se acerca a las muestra y mira las etiquetas-, vaya, hay una para el Roronoa, otra para el hospital y otra sin dirección… Bueno, mañana las resolvemos, ahora necesitamos descansar un rato, ¿te parece?-se quieta la bata y las gafas, dejándolas en un perchero y en una mesa respectivamente.
-Sí, Ace… Vamos, las chicas ya deben tener la cena-toma sus cosas, aventando un casco al moreno y cogiendo el suyo propio-, vamos, te llevo.
-¿De dónde sacaste el casco?-el pecoso se lo pone y se agarra a su compañera.
-Se que si te invito a cenar, no lo vas a rechazar-ríe la peli azul, poniendo en marcha el waver, rumbo al restaurante de Bellemere…
Entretanto, en el edificio base, Sanji, Zoro, Franky y Mihawk están en la cocina, esperando la cena que el rubio que ha empeñado en preparar.
-Ya casi está-dice alegremente Sanji, sirviendo con gran maestría la cena, dejando lo que ha sobrado en la cacerola.
-¡Itadakimatsu!-exclaman todos, antes de empezar a comer.
Están en mitad de la comida, entre risas y charlas, cuando cierto peli plata hace su aparición en escena.
-Vaya, vaya, así que nuestro invitado ha preparado cena y nadie se ha dignado en llamarme-se apoya despreocupadamente detrás de Sanji, pasando los brazos por sus hombros y abrazándolo, por lo que el cocinero se pone tenso, lo que es notado por los demás, que hacen un ademán de levantarse, alarmados-, eh, ¿qué os pasa? Estáis tensos como cuerdas de guitarra, ¿queréis que os de un masaje? Me conozco el cuerpo humano a la perfección-pone su mejilla a la altura de la de Sanji-, ¿hay cena para mí?
-S-si… En la cacerola coge lo que quieras-responde el muchacho, aparentando que no le afecta la cercanía del otro, comiendo-, vamos, se os va a enfriar-intenta calmar a los otros.
Aún alerta, los demás se sientan, y Saga se les une a cenar, sentándose al lado del rubio, sobándole la cabeza, la cara, el cuello y los hombros, haciendo que los otros se pongan más tensos aun.
-Vaya, que bien cocinas, creo que tendré que secuestrarte y obligarte a cocinar para mí-comenta en broma.
Zoro mira a Sanji, que está a punto de estallar de lo que está temblando.
-Bueno, ya basta-Zoro golpea la mesa con sus puños, sobresaltando al cocinero y haciendo que los demás le miren con confusión, menos Saga, que lo mira burlonamente-, ¿quieres dejar de sobarlo? No es un juguete.
Saga pilla claramente el doble significado de la frase, y se ríe.
-Vamos, vamos jefe-le pellizca una mejilla a Sanji-, es que es muy adorable, confortable y cálido-le devuelve la pulla con una sonrisa de suficiencia.
Zoro frunce los labios, encajando lo que acaba de decir el cano, el aire está tan tenso que se puede cortar con un cuchillo. Finalmente, Sanji empuja a Saga lejos de él.
-Déjame en paz, no te me pegues tanto-mueve la silla alejándose.
-Vaya con el rubio-Saga hace equilibrios para no caerse-, solo quería ser agradable.
-No me agrada que me estén sobando-refunfuña Sanji-, vete de mi cocina.
Con una risilla, Saga se levanta, limpiándose las comisuras de la boca con la manga.
-¿Puedo venir mañana a por el desayuno?
Con un gruñido, Sanji asiente. Aunque se trate de su maltratador, no puede pasar sin ver comer a nadie.
Saga sale de la estancia, seguido por los ojos de los guardianes de su juguete.
-Hm, así que mañana es la muestra de laboratorio… Tendré que pensar cómo disfrutar una última vez antes de que me pillen-se toca el mentón pensativo-, "si Franky se queda de guardia, será fácil, ya que su punto débil es la espalda… Zoro confía más en Franky para proteger a Sanji que Mihawk, ya que es un arsenal andante… Hm"-una sonrisa asoma a su cara-, estoy seguro de que así será, y quitarme del medio a los pesados esos no será un inconveniente-murmura, refiriéndose a Luffy, Chopper y Usopp-, y parece que tengo que visitar la enfermería antes que nada.
Toma el ascensor para dirigirse a donde había dicho. La estancia está oscura, ya que no ha prendido la luz, y no hay luna. Agudiza el oído y entonces lo escucha: el zumbido que delata al den den mushi. Se acerca hasta el caracol y lo toma, con cuidado de no poner su cara al descubierto.
-Es una lástima, has estado a un paso de pillarme, pero te ha faltado eso… Un paso-tira el caracol al aire y de un rapidísimo movimiento de su espada, lo corta por la mitad, dejándolo inservible.
Se vuelve inmediatamente hacia una esquina superior, en la que hay otro den den mushi de vigilancia, perteneciente a la propia seguridad del edificio.
-Jujuju, me alegra visitar de vez en cuando el cuarto de vigilancia… Sobre todo para robar cintas-ríe, saliendo-, me parece que la vez anterior no me pillasteis por poco, queridos amigos-murmura con malicia, yendo hacia su cuarto…
En el restaurante, las chicas están terminado de recoger los platos de la cena, ayudadas por Ace, cuando un pitido agudo e intermitente se deja oír.
-Ah, es el den den mushi que dejé en la enfermería-Robin va hacia el cuarto y mira la pantalla-, mmm, todo parece normal, está oscuro… Será porque no han encendido la luz-agudiza un poco más la vista y se da cuenta de que no aparece ni un simple destello-, chicas, esto no me gusta… El den den mushi que dejé vigilando no responde-se acerca a las demás, que la miran preocupada.
-Quizá solo ha dejado de funcionar por unos momentos-aventura Nami-, no te preocupes, Robin-san, mañana les diremos a los chicos, ahora ya es bastante tarde.
-Pero si nos entretenemos en decir algo, puede ser fatal-dice Vivi-, ¿no será mejor llamarlos ahora?
-Está bien-la pelirroja coge su den den mushi y llama al de Zoro…
-¿Sí?-pregunta la voz del peli verde.
-Hola Zoro-saluda Nami-, tengo que decirte una cosa… Mira a ver si en la enfermería hay un den den mushi de vigilancia al lado de una maceta.
Con un gruñido de asentimiento, el Don va a ver lo que su amiga le ha pedido, pero…
-No hay nada… ¿Por qué lo dices?-pregunta confundido.
-Qué raro… Juraría que lo dejó allí… Es que Robin dejó un caracol para vigilar a Sanji, pero hemos perdido la señal-le cuenta.
-Pues aquí no hay nada, Nami-mira otra vez-, nada de nada. ¿Necesitas algo más?
-¿Cómo está Sanji?-se preocupa la chica.
-Bastante bien, y tan testarudo como siempre, no te preocupes, estamos cuidando de él-dice con voz cálida.
-Gracias… Bueno, entonces hasta mañana-Nami cuelga y se vuelve hacia su amiga-, dice que no había nada… ¿Segura de que lo dejaste al lado de la maceta, Robin?
-Sí, y Sanji me vio ponerlo… Parece que el maltratador de nuestro cocinero no quiere que le descubramos… Ojalá la muestra esté lista pronto, o si no será otro día de sufrimiento para Sanji-comenta en voz baja esto último, mirando a Ace y a Nojiko, darse un beso de despedida…
Sanji se remueve entre las sábanas, sudando y dando vueltas, gimiendo de miedo. Tiene una pesadilla. A su lado, Zoro despierta de un ligero duermevela y se acerca a él para calmarlo, acariciándole la cabeza y susurrándole al oído. Finalmente, Sanji termina por abrir los ojos y mirar el rostro del peli verde.
-Z-Zoro-musita, apenas abriendo los labios-
-Estoy aquí, no te preocupes-le sonríe-, me tengo que ir, son las once y tengo que ir al laboratorio, Franky se quedará contigo, ¿vale?
Sanji asiente y Zoro le da un beso en la frente, cogiendo su chaqueta y marchándose. El rubio se queda mirando la puerta por la que acaba de salir su amigo… Y quizá algo más. Sacude la cabeza antes este pensamiento y se incorpora, aunque no sin dolor. Se sienta en la silla de ruedas y sale al pasillo, encontrándose con que el hombre del tanga ya está ahí.
-Buenos días, muchacho-le saluda con su pose habitual.
-Hola Franky-responde el otro con una risa-, ¿vienes a desayunar? Hoy hay tortitas con nata.
-Wu, genial, y una cola para acompañar, vamos.
El pasillo se llena de la risa de Sanji cuando oye al hombre. Después del recorrido, llegan a la cocina, donde Chopper, Usopp, Luffy y, para asombro de los dos recién llegados, Saga.
-Te dije que vendría a por el desayuno, pies rojos.
Sanji frunce el entrecejo, pero la desesperada voz de los otros tres lo sacan de sus oscuros pensamientos.
-Saaaaaaaaaanjiiiii-suspira lánguidamente el del sombrero de paja, echado sobre la encimera y con carita de pena, al igual que los otros dos-, me muero de haaaaaaambre-.
-Eeeeeesoooooo, eeeeeeeesoooooo-le corean los otros.
-Sois unos exagerados y parecéis almas en pena-les mira divertido, remangándose y poniéndose manos a la obra a preparar el desayuno.
Mientras Franky va a hablar con los más jóvenes, Saga se queda en su rincón, mirando la espalda del hombre, localizando con la mirada la parte que hará su objetivo para quitárselo del medio. Ya sabe dónde va a atacar, por lo que ahora mira a Sanji, relamiéndose y estrechando los ojos en un gesto malvado. El rubio está batiendo la masa cuando siente un escalofrío siniestro recorrerla la columna de arriba abajo. Se vuelve ligeramente y ve a Saga observándolo con una sonrisa terrorífica. Se da la vuelta bruscamente y continúa a lo suyo, batiendo con fuerza la mezcla. Franky nota los movimientos bruscos del brazo del cocinero y se acerca a él, posándole una mano en el hombro.
-Vamos, colega, cálmate-.
-S-si-consigue relajarse un poco, pero su sexto sentido le está gritando a la oreja de que algo va a ocurrir-, Franky, por favor, ten cuidado-le susurra, con preocupación.
Franky le mira con cara extraña, pero asiente con una sonrisa, para no preocupar más al chico. Finalmente, Sanji sirve a todo el mundo el desayuno, los tres más jóvenes se lanzan contra él como lobos, comiendo atropelladamente, y como siempre que están en grupo, Luffy robándoles su desayuno a los demás. Saga toma su parte, comiendo rápidamente y saliendo de la estancia.
-Muy rico, Sanji-le sonríe, saliendo.
Mayoritariamente es ignorado, menos por el rubio que ha visto un brillo siniestro en su mirada, pero encogiéndose de hombros, vuelve la vista a su desayuno, que está a punto de ser robado por el chico de goma…
Nojiko aparca delante del laboratorio y entra encontrándose con que Ace no ha llegado todavía.
-Será gandul-gruñe-, hoy le tenemos que dar la muestra a Roronoa, no ha empezado y son las once y cuarto de la mañana… Como mínimo tardaré dos horas, así que mejor me pongo a ello…-.
Con un suspiro resignado, coge su bata poniéndosela y yendo al laboratorio, preparándolo todo para comenzar…
-¿Crees que estarán bien?-pregunta Mihawk a Zoro, mientras esta conduce, sin apartar la vista.
-Sí, no te preocupes, Franky es duro como una roca, y listo, no dejará que se acerque a él-argumenta el Roronoa, mientras gira en una curva.
-Eso espero… Ace y Noji tardarán bastante en tener la muestra, esperemos saber el resultado a tiempo-Mihawk se recuesta en el asiento del copiloto, con la mirada sombría y cruzado de brazos, sumido en sus pensamientos…
-Aaaaaah, que ricoooo-grita Luffy, levantándose y estirando los brazos con una risa alegre.
-Jajaja, me alegro de que te haya gustado-sonríe el cocinero, recogiendo los platos.
-Un plato súper-grita también el hombre del pelo azul.
-Pareces un crio, Franky-bromean Usopp y Chopper.
Las risas se extienden por la cocina mientras Sanji friega los paltos, mirando por encima del hombro a los alegres muchachos. Cuando termina, llama la atención de Franky.
-Me voy a dar una ducha, que ya me hace falta, ¿ok? Estaré en la planta cuarta-le informa.
-Voy contigo, Sanji, ya sabes que no te puedo dejar-se despiden los dos de los otros tres y ponen rumbo a los baños de la planta cuarta, Franky al lado del muchacho, que ya domina la silla sin esfuerzo, aunque de vez en cuando suelta una mueca de dolor.
Después de un corto tramo, llegan ante una puerta de madera, la cual Sanji abre.
-Voy a tomar un baño largo, perdón por molestarte-se disculpa.
-No te preocupes, te esperaré aquí, tarda lo que necesites-dice con una sonrisa.
Sanji se la devuelve, cerrando suavemente la puerta y adentrándose en la estancia. Hay agarraderas a ambos lados de la bañera, unas más bajas para salir de la tina y otras a la altura de su cabeza, para colgar las toallas sin que se mojen y tenerlas a mano.
Ayudándose de una de estas agarraderas, se levanta, con un quejido que apenas escapa de sus labios y se comienza a desvestir y a llenar la bañera. Hay dos grandes espejos en las paredes laterales, uno frente al otro, lo que crea ese curioso efecto de profundidad. Antes de meterse, Sanji se quita las vendas del pecho, mirando la enorme cicatriz de su costado, todavía fresca. Con una sacudida de cabeza se mete a bañarse, soltando un suspiro de satisfacción por lo caliente del agua.
-Jujuju-ríe Saga.
Está situado un par de puertas más allá, saliendo del servicio, cuando ve que Sanji entra al baño y Franky se queda en la puerta. No ha fallado su intuición, y Franky no ha descubierto todavía su presencia. Perfecto, es el momento oportuno para atacar. Aparta su chaqueta, mostrando la ristra de cuchillos que lleva equipando todo el día, esperando su oportunidad para atacar. Saca un cuchillo, sin hacer el menor ruido y rápidamente, poniendo una mano sobre la boca de Franky y sobresaltándolo, le clava el cuchillo en las costillas.
-No te preocupes, no morirás-susurra a su lado, con una sádica sonrisa-, solo quiero jugar un rato con mi juguete-se aparta del desmayado cuerpo de su compañero, pasando por encima de él y abriendo la puerta, entrando a la estancia.
Sanji se sobresalta al oír el clic de la puerta y mira hacia allí, entonces, el corazón casi para de latirle, cuando ve a Saga con un cuchillo en una mano, lleno de sangre y detrás el cuerpo de Franky.
-¿Q-que has hecho, monstruo?-grita entrando en pánico por su amigo, levantándose y olvidándose del dolor, para ir a auxiliar a su colega.
-Ch, ch, ch, estate quieto, Sanji-le toma de un brazo, posándole el cuchillo en el cuello-, ya no puedes hacer nada por él, lo he matado-le susurra en el oído, dándole una lamida.
Sanji abre los ojos del horror, el shock no le deja pronunciar palabra y los ojos se le llenan de lágrimas.
-T-tú cabrón… ¿Qué has hecho?-chilla con rabia el rubio, dándole un puñetazo y tirándolo al suelo, corriendo hacia el caído.
Pero Saga es más rápido, y le agarra del tobillo, haciéndole caer duramente contra el suelo. Lo alza del cabello bruscamente, tocándose la mandíbula.
-Pegas fuerte-comenta, crujiendo la articulación-, pero esta vez me has cabreado-le lanza contra el borde, dándose Sanji un fuerte golpe en la cabeza que lo deja medio aturdido-, me encanta este baño, sobre todo por las agarraderas de las toallas-mira mañamente a Sanji-, ellas te sostendrán cuando te ate-.
Se alza más la camisa, dejando al descubierto alrededor del cinturón de los cuchillos, la típica cuerda que él usa para atar a Sanji. Hace un nudo fuerte en la agarradera superior del lado derecho y a continuación alza el medio inerte cuerpo del rubio, atándole la muñeca y dejándolo mirando para la puerta, para seguidamente atar su cuello con un nudo corredizo y la otra muñeca, atando esta última a la otra arandela, dejándolo en posición de cruz.
-Tienes que sostenerte, Sanji, o morirás ahogado-dice en su oído Saga.
El peli plata quita el tapón de la bañera, y toda el agua caliente se va, abriendo ahora el grifo del agua fría y poniendo el tapón de nuevo, comenzando a llenarse y espabilando al rubio, que no puede mover los brazos.
-E-eres un cabrón-musita, alzando la cabeza y mirándolo con odio-, Franky podría haber salido ileso, pero tú lo has matado, maldito bastardo-grita, con la voz ahogada debido a las cuerdas.
Una risa se comienza a oír desde lo profundo de la garganta de Saga, hasta que estalla en una sonora carcajada.
-En verdad eres un estúpido, ¿te crees todo lo que te dicen?-le toma de la barbilla y lo mira a los ojos-, ya dije, que yo me conozco perfectamente el cuerpo humano-.
Sanji abre los ojos, es cierto, lo dijo la noche pasada, mientras cenaban… Entonces, Franky no está muerto, según por lo que dice él, y se nota claramente que le ha clavado un cuchillo… Si eso es cierto…
-¡El hombre que apuñalaste no está muerto!-exclama Sanji con ira.
-Bravo, lo adivinaste-aplaude sarcásticamente el otro-, pero no te ha servido de nada saberlo ahora, ya que los otros tres también saben que está vivo. Así que por esa regla de tres, has estado haciendo todo lo que te había pedido amablemente por voluntad propia-ríe.
-S-serás mal nacido-ruge Sanji, echándose hacia delante, pero olvidándose de las cuerdas, por lo que un fuerte tirón le deja sin aire.
-Vamos, vamos, no te pongas, así-Saga le afloja la cuerda lo suficiente para que pueda volver a respirar-, solo ha sido un pequeño juego que está a punto de acabar-cierra el grifo, a Sanji le llega la fría agua por las rodillas, Saga toma una toalla y la empapa enteramente, sacándola y enrollándola-, ¿sabías que después de jugar con mis juguetes, me gusta romperlos?-Sanji abre los ojos alarmado, pero antes de que pueda hacer nada, Saga le sacude con fuerza con la toalla en el estómago, dejándolo sin respiración.
Sanji siente como todos los órganos de su interior se han movido por el brutal golpe que le ha ocasionado, se le nubla la vista y ve borrosamente como Saga sumerge de nuevo la toalla, dándole esta vez en las piernas. Un grito de dolor se escapa de la garganta de Sanji, le ha dado tan fuerte que no las siente y no puede sostenerse.
-Oh vamos, no seas tan flojo-le pide Saga-, tus piernas son famosas por sus potentes patadas ¿y ni siquiera puedes sostenerte con ellas después de un golpecito?-la última palabra la grita, sacudiéndolo de nuevo con la toalla mojada en el costado donde tiene la cicatriz, quebrándole de nuevo la costilla fracturada, oyéndose esto como un desagradable crack, seguido de otro grito de dolor-, juguete quejica-ríe, sacando uno de los cuchillo de su cinturón, y clavándolo profundamente en la cicatriz, manando al instante la sangre que tiñe el agua de un tono rosado.
Sanji respira con dificultad, le sorprende no haber muerto después de esa puñalada, y levanta la vista, apenas ve, solo luces y sombras, pero puede oír perfectamente la voz cruel que se está riendo.
-Ma-ta-me ya-dice, con dolor.
-Jajaja, me parece que no, Sanji querido, yo no acabo con mis juguetes tan rápido-, primero te torturaré, luego te follaré, luego te mataré y finalmente-se acerca a su oído-te follare de nuevo-le da otro golpe fuerte en el estómago con la tela mojada, haciendo que se estremezca y que un hilo de sangre comience a salir por su boca.
Sanji tose bruscamente, aumentando la cantidad de sangre y las dificultades respiratorias. Saga extrae otro cuchillo de su cinturón, pasándolo por el pecho del rubio, presionándolo levemente para conseguir hacer una fina línea de sangre, y a continuación lamiendo el liquido derramado, mordiendo con fuerza la blanca piel, dejándola morada, cebándose en sus pezones, mordiéndolos ferozmente y haciéndolos sangrar, haciendo que Sanji profiera gritos de dolor.
-Cállate-le clava el cuchillo en la cadera, hasta la empuñadura, perforándole el intestino y astillándole el hueso de la pelvis-, haremos una cosa, cada vez que produzcas cualquier sonido, uno de mis cuchillos perforará tu cuerpo, ¿de acuerdo?-propone, como si de un juego se tratase.
-E-eres un demen…-antes de que pueda terminar de hablar, un cuchillo se clava en su muslo hasta el hueso, haciéndole que profiera otro grito aún más alto que el anterior, provocando que otra arma se clave en él, esta vez en su clavícula izquierda.
-Dije por cada sonido que saliera de tu linda boca- Saga acerca sus labios a los de él y los muerde con fuerza, partiéndoselos y llenando la boca de Sanji del metálico sabor de la sangre.
Un bajo gemido de dolor escapa de la boca de la víctima, y contiene la respiración, esperando otra cuchillada, pero esta no viene, aunque antes de que pueda respirar algo aliviado, otro impacto de la toalla mojada en el costillar le deja sin aliento. La tela ha impactado justo en la empuñadura del cuchillo clavado en su costilla fracturada, removiendo el arma en su interior y provocando un grito más agónico que el de antes.
-He dicho que mantengas silencio-le grita Saga, rabioso, clavándole un cuchillo en la ingle.
Sanji aspira sonoramente, ahogando un grito, ya no tiene fuerzas ni para gritar de todo el dolor que siente, y se desmaya.
-Jah, menudo blandengue- le da con furia, repetidas veces por su cuerpo, con la tela, incluso en la cabeza, provocando pequeños cortes que de la fuerza empiezan a sangrar…
Nada más entrar Sanji al baño, un intranquilo Zoro espera impaciente sentado en una silla, mirando hacia la puerta, sintiendo una extraña sensación de apremio en el pecho. Esta intranquilidad es notada por su acompañante, quien le pone una mano en el hombro.
-Tranquilo amigo, ya queda poco-hace más de una hora que han llegado al laboratorio y Nojiko les ha pedido que esperen mientras termina de preparar la muestra que han ido a buscar-, estarán bien, no han llamado ni nada-.
-¿Y si no pueden llamar?-pregunta histérico el peli verde-, ¿y si ha ocurrido?-.
-No te preocupes, Zoro, Franky no dejará que le pongan un dedo encima a Sanji-.
Nada más terminar esa frase, un grito se deja oír desde el laboratorio, un grito de sorpresa. Los dos hombres se levantan, alarmados y abren la puerta, sobresaltando a la muchacha.
-No lo puedo creer-musita, tomando las hojas de los resultados-, la muestra es de Saga-san, corresponde con él-.
-Lo sabía-ruge Mihawk, saliendo como una escopeta hacia el coche.
-Gracias, Noji-Zoro sale inmediatamente tras de él, ahora le van a ajustar las cuentas a ese mal nacido…
-Ah, que aburrido eres, Sanji-kun-suspira con una risa Saga, retorciendo el cuchillo de la clavícula dentro de la herida, y tirando hacia un lado, rompiéndole los tendones, los nervios y provocando una gran hemorragia. Finalmente con un sonoro grito de Sanji, Saga corta la carne, quedando una gran herida abierta, desde la base del cuello hasta la mitad del hombro, en la que se puede apreciar el hueso-, parece que te queda poco tiempo, así que creo que llega la segunda parte, ¿la recuerdas?-con una patada brutal, Saga separa las piernas de Sanji, y toma su miembro con violencia, moviendo también el cuchillo de la ingle, profundizándolo.
El cano se mete en la bañera, y se sitúa detrás de Sanji, lamiendo la sangre que sale a borbotones de su hombro. Obliga al rubio a posar los pies en el borde de la bañera, con las piernas totalmente separadas. Arrima una mano a la parte baja de Sanji y lo penetra con cuatro dedos a la vez, sin ningún cuidado, abriéndole las heridas y por consiguiente que también empiece a manar sangre.
-Estas muy sexy chorreando de sangre-le susurra lascivamente al oído, mientras mueve bruscamente la mano.
Apenas le llegan las palabras de su agresor, la pérdida de sangre es considerable, y nubla todos sus sentidos, menos el del tacto. Un quejido de dolor se hace presente en su garganta y aumenta hasta ser un alarido de agonía a medida que Saga aumenta el ritmo de la penetración, llegando a ser en un punto insoportable para el muchacho, quedando este inerte definitivamente. Saga nota esto y con una sonrisa sostiene el último de sus cuchillos contra la entrada, penetrándolo con el filo, y rasgándolo e hiriéndolo más de lo que está.
-¿Ya ni el dolor te hace despertar? Vaya, entonces-remueve el cuchillo-, tendré que follarte antes de que te mueras-todavía continuado detrás, Saga saca el cuchillo, se baja los pantalones junto con la ropa interior, toma las dos piernas del chico, abriéndolas, y de una fuerte estocada invade su interior anárquicamente, moviéndose profundo, violando el maltrecho cuerpo del rubio, del que poco a poco va escapando la vida-, mmm, delicioso-le muerde la herida del hombro, riendo mientras la sangre de Sanji mancha sus ropas…
-Zoro por Dios, ¡vas a provocar un accidente!-el espadachín de la barba se sostiene como puede con el salpicadero y con el asiento, cuando tiene prisa, Zoro conduce como un demonio poseído.
-Me importa una mierda-grita, haciendo un giro brusco-, ese cabrón me va a pagar todo lo que le ha hecho a Sanji-.
Solo les queda una manzana para llegar, y en cuanto lo hacen, bajan rápidamente del coche, entrando en el edificio, llamando a Franky y a Sanji a gritos…
Saga alza la cabeza y sonríe, así que ya han llegado. Con una última embestida, se corre dentro del rubio, por tercera vez.
-Este cuerpo tuyo es magnífico, démosles un gran espectáculo cuando lleguen, ¿de acuerdo?-dicho esto lo toma de nuevo, no ha variado su postura, por lo que ambos cuerpos están mirando hacia la puerta…
Mueve un dedo, y después otro, al escuchar los gritos de sus compañeros. Siente un agudo dolor en las costillas, y se lleva una mano, comprobando que es sangre.
-H-hijo de puta-gruñe Franky.
No puede incorporarse debido al dolor, pero aun tiene fuerzas para coger su den den mushi y llamar al de Zoro…
-Para para… Kacha… Franky, ¿Dónde estás? Rápido-le apremia Zoro.
-Planta… Cuarta-consigue musitar, antes de perder de nuevo la conciencia…
Zoro y Mihawk suben como alma que lleva al diablo hasta la planta dicha por su amigo, viendo con horror cuando llegan que está tendido encima de un charco de su propia sangre.
-Franky, Franky-Mihawk le sacude mientras Zoro va hacia la puerta, que está entrecerrada, y la abre.
El espectáculo que se muestra ante sus ojos lo deja paralizado del shock, Saga está violando el cuerpo inerte y cubierto de sangre de Sanji.
-Ah, justo a tiempo-dice socarronamente Saga, antes de correrse de nuevo dentro del chico.
Lo suelta bruscamente, lo que provoca un tirón en las cuerdas que aprisionan su cuello, ahorcándolo al instante, dejando su cabeza a un lado, mostrando la herida de su hombro, y los cuchillos clavados. Saga se mantiene detrás de su cuerpo, acariciándole la cara.
-¿No quieres probarlo? Es realmente delicioso, sobre todo aquí-le toca en el trasero, abriéndolo de piernas para que Zoro vea la profunda herida, de la que mana el semen, cayendo al agua. Le suelta las piernas-, ya no puedes hacer nada, seguro que está muerto-dice, indiferente, subiéndose los pantalones-, ha estado delicioso-una sonrisa aparece en sus labios, decidiendo jugar un poco más-, ah, y aunque lo parezca, yo no he tenido nada que ver en esto-en ese momento entra Mihawk, quedándose helado ante la visión del cuerpo de Sanji y las desapasionadas palabras de Saga.
-T-tú… ¡MALDITO CABRÓN!-Zoro desenvaina su espada predilecta, y de un solo movimiento rabioso, atraviesa el pecho de Saga, y para su sorpresa, lo hace a la vez que la negra espada de Mihawk lo atraviesa por el estómago.
Con una risa, Saga queda tendido en el suelo, rodeándose cada vez más de un charco de sangre. Con lágrimas en los ojos, Zoro corre hacia Sanji, y lo desata de dos tajos, cogiendo el cuerpo inerte de su amigo y amor.
-S-Sa-anji-llora-, n-no te vayas, Sanji-lo abraza contra su pecho-, ¡un médico!-grita agónicamente, mientras siente la sangre manchar sus ropas-, ¡CHOPPER!-se levanta, con Sanji en brazos, soltando lágrimas amargas que caen sobre el rostro del rubio-, ¡CHOPPER!-…
-Y-ya, amigo, déjalo-Mihawk, que también tiene los ojos húmedos, pone una mano sobre su hombro.
-¡NO! ¡NO DEJARÉ QUE SE MUERA! ¡TRAE A CHOPPER, YA!-le ordena.
Con una inclinación de cabeza, Mihawk acata la orden, bajando como un rayo a buscar al doctor…
Ciaossu ^^ bueno, ¿Qué os pareció el capi? Ya sabemos que somos malvadas, muajaja, bueno, en el siguiente capítulo ya se verá lo que pasa, de momento en este está lo escrito, nos vamos superando, mas de 10.000 palabritas, shishishi. En fin, hasta el próximo capi, muchos besos ^^…
