Hola gentes, ante todo, pedimos perdón por el retraso en la publicación de este capítulo, es que aquí Lady Kira tenía que estudiar para selectividad, perdón ^^U. Bueno, la cosa es que ya está aquí el capi, no sabemos si este será el último o el penúltimo y escribir luego un final de lo más electrizante, jejeje. En fin, muchos perdones y disfrutad del capítulo siete de:
Hay muchas formas de pagar.
Zoro tiende de nuevo el cuerpo de Sanji en el suelo. Sabe que el movimiento de sus brazos nerviosos y desesperados por hacer algo para reanimarle no le sentará bien.
-Sanji… Por favor responde-le venda con un gran jirón de su chaqueta la herida del hombro, haciendo presión para que la sangre no escape.
Ante el movimiento brusco sin mala intención, Sanji gime de dolor. Le tiemblan los párpados, y ante la mirada maravillada del peli verde, abre los ojos, en los que se puede apreciar un profundo dolor… Quizá hubiese sido mejor que no lo despertase.
-Z-Zoro-consigue articular-, me duele-una lagrima descontrolada cae por su lateral del ojo, mojándolo en la sien-, no siento mi brazo… No puedo cocinar sin mi brazo-suena desesperado, aferrándose fuertemente a su cuello con su mano sana, y atrayéndolo hacia él-, m-mátame-dice en su oído, soltando más lagrimas y con la voz quebrada, tosiendo sangre-, mátame… No merezco nada… nada-su mano se aferra fuertemente a la tela de su espalda.
-No vuelvas a decir eso nunca-casi le grita Zoro, asustado-, no te mataré, ni morirás.
-Si lo haré... Me estoy desangrando… No me quedan más que unos minutos de vida… Me ha reventado por dentro… Tengo heridas internas seguro incurables-habla, empieza a hacerlo con dificultad, atragantándose.
-No… N-no hables más, cállate, te curarás-las lagrimas también comienzan a inundar su rostro-, te tienes que curar, no puedes morir, tienes que permanecer a mi lado… Sé que suena egoísta, pero no puedo estar sin ti.
Los labios de Sanji se curvan con esfuerzo en una sonrisa. Se nota en esta y en el brillo de sus ojos que su vida se va apagando poco a poco. Zoro siente disminuir la presión de la mano de su amado en la tela de su camisa. Zoro lo alza, sentándolo al estrecharlo fuertemente entre sus brazos, está de espaldas a la puerta del baño, pero Sanji puede ver, con horror, como el cuerpo que creían todos muerto, parece volver a la vida.
Saga, jadeando y sujetándose el estómago de donde salen hilos de sangre, al igual que en su pecho, toma un cuchillo de los que ha usado para torturar a Sanji, y lo empuña, casi sin fuerzas, pero con su último aliento logrará matar a quien se ponga por delante… Y el único que hay en esa condición es Zoro. El cano se da cuenta de que el rubio lo mira, y sonríe, haciéndole el gesto del silencio, a la vez que avanza, a duras penas, hacia la desprotegida espalda del capofamiglia. Sanji, viendo el peligro que acecha a Zoro y sacando fuerzas de flaqueza, quiere quitarlo de en medio, pero está muy débil. Al ver la violenta reacción de su cuerpo, Zoro lo sujeta con fuerza, alarmado, preguntándose qué le pasa al muchacho.
-Cálmate, ¿Qué te pasa?-suena realmente asustado, pero parece que Sanji no tiene palabras, solo miedo en sus ojos, los cuales mira, intentando descifrar tal temor.
-¡Apártate!-logra gritar Sanji-, ¡vete, fuera!-sacando fuerzas del dolor, logra poner los pies en el estómago de Zoro y con un grito, impulsarlo hacia detrás, dando una voltereta, esquivando también a su vez la hoja del puñal.
Saga cae hacia delante, el puñal resbala de sus manos yendo a parar lejos de su alcance, ese ha sido su último acto antes de caer y definitivamente quedarse inmóvil. Zoro, al verse catapultado hacia detrás, logra poner las manos y rodar antes de estamparse contra el suelo. También logra ver a tiempo cómo Sanji, sin poder controlar sus movimientos, cae literalmente de estómago, clavándose más los tres cuchillos que todavía presenta su cuerpo: el de la ingle, el de la cadera y el del muslo.
-¡SANJI!-se levanta inmediatamente, yendo a dar la vuelta con infinito cuidado al rubio. En ese momento llega Mihawk, precedido de Chopper, los cuales contienen el aliento al ver el cuerpo desmadejado de Sanji en brazos de su jefe.
Chopper, con nervios de acero, se acerca inmediatamente a examinarlo, horrorizándose ante las lesiones que presenta el cuerpo del rubio. Le examina las pupilas, están totalmente dilatadas, su respiración apenas es un aliento débil y su corazón late muy lentamente.
-Hemos de llevarlo a un hospital enseguida, yo no tengo aquí el equipo necesario para operarlo, ¡tenemos que irnos ya!-les grita, movilizándolos a todos, dándoles órdenes.
Mientras controla estrictamente a Sanji, atiende también al cyborg, que está tendido cerca de ellos, totalmente desvanecido, con sus constantes vitales algo más débiles de lo normal, pero constantes. Le venda la herida para evitar que siga sangrando, aunque lo hace en poca cantidad. Mihawk llama rápidamente al hospital, pidiendo una ambulancia que los traslade a los dos al hospital. En su opinión, se iría más rápido en el coche del jefe, pero prefiere hacer caso del doctor.
Instando a que Zoro le deje el cuerpo del rubio, y logrando convencer por fin al Don, Chopper en su forma humana carga con mucha suavidad a Sanji, mientras que el espadachín se ocupa de Franky y muy a su pesar, del cuerpo de Saga. Chopper siente como a cada latido, el ritmo cardiaco del cocinero se ralentiza, cada vez más.
-No puede aguantar más, tenemos que darnos prisa-a pesar de que intenta controlarse, el reno se descontrola, cada vez más, intentando buscarle el latido al rubio, hasta llegar a un punto en el que no lo localiza-, Sanji, ¡Sanji!-ya están en la entrada, esperando la ambulancia, y el doctor tumba al muchacho en el suelo, intentando en vano buscando su latido-, ¡Sanji!-.
Ante el grito del reno, Zoro se acerca rápidamente.
-¿Qué, qué pasa?
-No le encuentro el pulso-palpa su cuello, sus muñecas y su pecho, arrima su oreja al pectoral izquierdo, pero es inútil, su corazón ha dejado de latir y tampoco respira.
-¡¿Cómo?-Zoro también se arrodilla, mirando desesperado el rostro del rubio-, ¡Sanji, no puedes irte!-como anteriormente hiciera, toma su cara, separando sus labios e insuflándole aire a sus pulmones, y después presionando su pecho, pero parece inútil, ya que el cuerpo no responde.
Al cabo de unos segundos más, llega la ambulancia, bajando de ésta tres enfermeros. Mihawk les señala rápidamente a los tres heridos y se ponen a trabajar inmediatamente.
-Apártese, por favor-el hombre literalmente empuja a Zoro, apartándolo del inerte cuerpo, examinándolo con rapidez, encontrándose con lo mismo, sin signos vitales-, rápido, aquí hay uno en parada cardio-respiratoria-les alarma a los otros.
Franky al no estar grave, le hacen una cura de primeros auxilios y lo meten al vehículo, el que diera la voz de alarma por Sanji es ayudado por Chopper en la reanimación, mientras que los otros dos se ocupan de Saga. Mihawk se acerca a su jefe, que está al borde de un ataque al ver los casi nulos progresos en la reanimación, y el de la barba opta por llevárselo aparte, hacia la ambulancia, junto con Franky.
-Ten confianza, Zoro, logrará salir de ésta, ya lo verás-le intenta animar su capo.
-No te lo crees ni tu-le reprocha este, en voz baja, tapándose los ojos con una mano, para que el otro no vea sus lágrimas-, no quiero perderlo, Mihawk, no quiero perderlo.
Ambos ven a lo lejos cómo Chopper y el enfermero intentan reanimar a Sanji, con un desfibrilador, y parece que hacen un gran progreso, pues oyen las toses bruscas de Sanji, al cual incorporan para que no se ahogue con la sangre.
-¿P-pero que le han hecho a este hombre?-pregunta horrorizado el enfermero, sosteniendo la cabeza de Sanji, que vuelve a caer inconsciente, aunque con su corazón latiendo de nuevo.
Chopper le explica lo que ha pasado en todo el periodo de tiempo que lleva Sanji en el edificio: los maltratos, las violaciones, las sospechas de todos, el supuesto asesinato de uno de sus compañeros, todo esto para desembocar en un culpable, al que están atendiendo los otros dos. El médico no puede creer lo que oye, pero reacciona rápido, consultando el estado del asesino a los otros dos.
-Tiene perforado el pulmón izquierdo, casi a ras del corazón y un buen tajo en el estómago… No durará mucho si permanecemos aquí-le informan.
-Vámonos… Este de aquí es el más grave de todos-los suben rápidamente en camillas y los meten al vehículo-, usted si quiere puede venir con nosotros y ayudarnos-señala a Chopper, que monta inmediatamente-, y si quieren seguirnos, han de hacerlo en un coche particular, aquí no cabe nadie más-cierra las puertas y parten rápidamente, hacia el hospital.
-¿El más grave?-Zoro se desmorona moral y físicamente, es incapaz de moverse… Le acaban de decir que el más grave es su Sanji, y encima el otro cabrón sigue vivo-, como sobreviva, te juro que lo mataré, ¡te lo juro!-grita a Mihawk, el cual le ayuda a levantar.
-Vamos Zoro, tenemos que ir al hospital-mete a Zoro en el asiento del copiloto mientras que el otro espadachín se pone al volante, saliendo inmediatamente después, siguiendo de cerca a la ambulancia.
A la velocidad que van, el trayecto no dura ni cinco minutos, en los cuales Chopper les tiene informados por el den den mushi del estado de los tres heridos.
-Franky no está en peligro, la hoja no alcanzó ningún punto vital por suerte-les llega la voz del renito-, pero hay que operarlo para cerrar los tejidos dañados, no es una operación complicada…-
-¿Y Sanji? ¿Cómo está Sanji?-pregunta desesperado el Don, aliviado también por el estado de su otro amigo.
-Es el peor de los tres, tiene varias hemorragias internas, en el estómago está la más grave, sus riñones no funcionan. La herida del costado ha vuelto a ser abierta por la hoja de un puñal, le ha perforado el hígado y sus costillas están quebradas de nuevo…-con cada palabra del renito, el corazón de ambos hombres se va encogiendo un poco más-, es posible que no pueda volver a usar su brazo, está gravemente dañado…-
-¡NO!-el grito de Sanji es perfectamente audible-, ¡mi brazo no! ¡Mi brazo no!-su voz suena desesperada.
-Cálmese por favor, no se mueva-seguidamente se oye un grito y a continuación el silencio.
-¿Qué ha pasado, Chopper?-Zoro se aferra tan fuerte al caracolófono que se le ponen los nudillos blancos
-Recuperó la conciencia cuando lo subimos, se acaba de desmayar de nuevo-en ese momento, entran al hospital.
Mihawk aparca en el primer lugar que pilla y ambos se bajan del coche como balas, yendo hacia la ambulancia, pero son apartados por otras personas que van a ayudar a los camilleros.
-Ahora no pueden permanecer aquí, deberán ir a la sala de espera-les obliga una señorita, empujándolos hacia el edificio.
-Me gustaría asistir a la operación del muchacho rubio-pide el reno.
-Eso no es posible, señor, no puede…-le impide la chica.
-Déjale, Margot, es médico-intercede por él el doctor de la ambulancia.
Asintiendo, la muchacha, guía a los dos espadachines hacia la sala.
-Les prometo que los mantendré informados-dice la chica, desapareciendo inmediatamente, tras las puertas por donde se llevan a sus dos amigos y a su enemigo.
Parece que no aguanta más entero, pues nada más ver desaparecer a Sanji por la puerta hacia el quirófano, Zoro se pone a llorar descontroladamente, murmurando y con las manos temblando. Mihawk no sabe qué hacer, nunca ha visto a su jefe en tal estado.
-Es muy importante para ti, ¿verdad?-pregunta suavemente, intentando calmarlo.
-Sí-responde el Don con la voz tomada-, lo es todo para mí… Si me hubiese dado cuenta antes no habría pasado esto… Si no lo hubiese dejado solo cuando me necesitaba… Si no hubiera sido un estúpido ahora estaría recuperándose en la base, riendo como siempre… Estaría conmigo en el parque… Estaría besándolo sin cansarme por todos estos años que no lo hice-se quita las lagrimas con el dorso de la mano pero no le sirve porque son sustituidas inmediatamente por otras…
Zoro, mientras está en la sala de espera se pone a recordar: todas las tardes y medios días que fue al restaurante de Bellmere a comer, a visitar a sus amigas para preguntarles si había recuperado la memoria, recibiendo siempre una negativa. Recordando como Sanji siempre le servía con una alegre sonrisa y cómo entablaban una ligera conversación cada vez que se veían, aunque el rubio no recordara. Recordando como harto de que no recuperara la memoria, mandó a Franky y a Mihawk en su busca, para "secuestrarlo" y llevarlo a la base, recordando el relato de sus dos capos de cómo le defendieron las chicas, no queriendo que se lo llevaran, ya que estaban logrando hacerle recordar medianamente poco y echarían sus esfuerzos por tierra, pero aceptando que se quedara en la base del Capofamiglia yendo a visitarlo de vez en cuando, con más recuerdos… Mihawk lo mira sumido en sus pensamientos, suspirando tristemente…
Las horas pasan, tortuosamente para los dos hombres, en las cuales son informados por Margot. Al cabo de unas tres horas, la muchacha les informa de que ya pueden pasar a ver al hombre del pelo azul.
-¿Cómo está Sanji?-pregunta por enésima vez el Don.
-Ni hay mejoras ni empeoramientos, siguen operándole, está muy grave y temen por su vida… Ha perdido muchísima sangre-responde Margot, abriendo la puerta de la habitación de Franky. Al verlo dormir plácidamente, los espadachines sueltan un suspiro de alivio. Se sientan en unas sillas, velando el sueño de su camarada-, no os mováis de aquí, el doctor quiere hablar con vosotros-la chica sale de la estancia, cerrando la puerta suavemente.
-¿Por qué ha tenido que pasar esto?-Zoro entierra su cara en las palmas de sus manos, apoyando los codos en las rodillas, mirando entre sus dedos abiertos a Franky-, lo siento amigo, por mi culpa te han dado una buena-se disculpa con el durmiente… Que no lo es tanto.
-Vamos colega, ¿desde cuándo un capofamiglia como tú se deprime por cosas como estas?-con sus grandes manos, el cyborg palmea el hombro de su jefe-, anímate, yo estoy bien y seguro que Sanji se recuperará totalmente, es un tío fuerte, confía en él-.
-Sí-Zoro sonríe, aunque algo forzadamente-, yo creo en él… Creo en todos vosotros-ahora su sonrisa se vuelve confiada-, gracias.
Al cabo de un corto tiempo, aparece el doctor, revisando los informes de la operación de Franky.
-Buenas tardes, caballeros-les estrecha las manos-, aquí traigo el informe de su amigo… Pero quisiera preguntarles acerca de su… Naturaleza. ¿Este hombre es humano?-pregunta.
Ante el tono del médico, no pueden evitar echarse a reír.
-Sí, lo soy-responde el cyborg-, pero tuve un accidente, del que quedé medio muerto y me operé, implantándome toda la parte de delante de metal… Así que sigo siendo un hombre, pero también soy una máquina-ríe.
Ante la confesión, el doctor se queda perplejo, pero sacude la cabeza, poniendo el informe a los pies de la cama, en el lugar que corresponde.
-Bien, pues en menos de una semana ya estarás recuperado, tus lesiones no son graves, solo tenias la carne rasgada, una operación sencilla-firma unos documentos, dejándolos en la mesilla-, son los documentos del alta, déjalos ahí, te diremos cuando puedes salir, buenas tardes-el doctor va a salir cuando Franky lo detiene.
-¿Cómo está el muchacho rubio?-ante su pregunta, el doctor niega con la cabeza.
-Está muy mal… Hemos localizado todas sus lesiones, prácticamente está reventado por dentro y hemos tenido que inducirle el coma para poder operarlo. Su hígado está atravesado por una puñalada, sus costillas rotas, había una astillada, muy peligrosa. Sus riñones apenas funcionan, pero lo que más nos preocupa es el brazo, tiene el nervio destruido parcialmente, no sabemos si podrá moverlo de nuevo, aunque estamos haciendo todo lo posible y su pérdida de sangre ha sido máxima, estamos tratando de reponerla… No sabemos siquiera si despertará, lo siento-dicho esto, se va de la habitación, dejando a los tres hombres sobrecogidos y con una rabia creciente en su interior.
-M-maldito bastardo-tartamudea Zoro, desplomándose en una silla-, h-hijo de puta-pone su cara entre sus manos-, en coma… Sanji está en coma-murmura, sin podérselo creer-, no puede quedarse así… Tiene que despertar, no puede morir… No quiero que muera-comienza a sollozar.
El cyborg y el otro espadachín ponen sus manos en los hombros de su jefe, tratando de confortarlo, aunque saben que eso no les servirá de mucho. Ellos también lo sienten por el chico rubio, se ha ganado sus corazones en poco tiempo, con su alegría…
Una semana pasa, en la cual Franky ya se ha recuperado del todo. Zoro apenas se ha movido del hospital, excepto cuando estaba tan cansado de no haber dormido durante cuatro días seguidos que Mihawk tuvo que llevárselo a la base para que descansara. Ahora luce unas ojeras enormes debajo de los ojos. Las chicas han ido a visitarlos y ahora Nami, Robin, Vivi y Nojiko están en la habitación del cyborg, ayudando a los hombres a recogerlo todo.
-Por favor, vete a descansar-le pide Franky, Zoro ha ido a verle cuando le daban el alta, el resto del tiempo ha estado prácticamente con Sanji-, vamos Zoro, vas a desmayarte.
-No amigo, estoy bien, no te preocupes-sonríe cansadamente el peli verde, sobándose las sienes-, tengo mucho aguante.
-No te lo crees ni tu-Nami le pega una colleja, pero Zoro no tiene fuerzas ni para replicar-, o descansas o te hacemos descansar. No tienes fuerza ni para tenerte en pie, maldito testarudo-.
-Cállate Nami… No lo entiendes-suspira el peli verde.
-Claro que lo entendemos, Zoro-chan, pero también entendemos que como no descanses lo vas a pasar mal-Robin mira a Vivi, que no ha dicho nada, pero se presta a ayudar a levantar a Franky, junto con el otro espadachín
-¿Qué sabes de Sanji?-pregunta Mihawk, cogiendo del otro brazo al cyborg.
Al instante, el poco ánimo que quedaba en el cuerpo de Zoro, parece desvanecerse como el humo de un cigarro. Se queda mirando al vacio, respondiendo a la pregunta en voz baja.
-No ha despertado… Ni da señales de que vaya a hacerlo pronto… Dicen los médicos que aún está en peligro. Han logrado salvar su brazo, aunque perderá un poco de capacidad de movimiento… Sus heridas internas todavía no sanan… Y sus riñones tampoco funcionan-les cuenta, abatido.
Después de que Franky se vistiera, como siempre, por supuesto, van a cuidados intensivos, donde el rubio descansa. Como siempre que entra, Zoro le da un beso en la frente, apartando su flequillo a un lado. La cara de Sanji presenta una máscara de oxígeno y varias heridas, las cuales Zoro evita tocar.
-¿Por qué no he sido capad de evitar esto?-los labios de Zoro susurran esto todos los días, esperando poder hacer reacciona a Sanji, pero esta vez tampoco funciona, el rostro de Sanji sigue sumido en una calma total, dormido sin expresión alguna. Con un suspiro de tristeza, el Don ocupa el mismo sitio que todos los días, una silla al lado de la cama de Sanji, desde la cual puede tomar la mano de su amado y acariciarla suavemente. Su mano está fría, pero Zoro la frota entre sus manos para infundirle calor, mientras le habla, esperando que reaccione.
Los dos capos y las cuatro muchachas, al ver la escena, deciden retirarse a un rincón, para dejarles intimidad, están preocupados tanto por uno como por el otro.
-Si Sanji no supera esta crisis-comenta el de la barba-, Zoro tampoco lo hará… Tengo miedo de que cometa alguna estupidez.
-El muchacho es fuerte, lo superará-habla el otro con esperanza.
-Pero Franky… Sus heridas en cualquier otra persona son mortales… Y él está en coma, puede que no despierte nunca-dice Vivi cabizbaja, mirando de nuevo hacia la cama.
-¿Y qué se sabe de Saga?-pregunta en voz baja Nojiko.
Una mirada de odio hace denotar que el espadachín está furioso.
-Ha sobrevivido-responde, apretando sus puños-, pero se lo han tenido que llevar a otra isla, especializada en heridas muy graves… Como se atreva a volver por aquí, esa vez acertaré de lleno.
-Y yo te ayudaré, no te quepa la menor duda, amigo-le apoya Franky.
-Nosotras también ayudaremos, le tenemos ganas a ese desgraciado-Nami alza el puño, Robin sonríe aunque la dice sin palabras que guarde silencio.
Se vuelven los seis de nuevo hacia Zoro, el cual sigue hablando a Sanji, suspiran y dan media vuelta para salir de la sala.
En la puerta, se encuentran a Chopper, hablando con el cirujano que intervino en la operación.
-Hay que operarlo de nuevo-alcanzan a oír, antes de situarse al lado de su doctor-, tenemos que sanear sus riñones. Uno tiene buen aspecto, pero el otro está completamente nulo… Intentaremos buscar un donante, pero como en menos de dos semanas no haya ninguno, mucho me temo que se quedará con un solo riñón… Buenos días-todos ven cómo el doctor se marcha pasillo abajo.
-Un riñón nuevo… No podemos decírselo a Zoro, sería capaz de dar el suyo… Pero no sabemos si es compatible con Sanji-comenta el renito, mirando dentro de la habitación, la puerta esta a espaldas de Zoro, y hablan tan bajo que no lo oye, pero indudablemente, el médico se lo dirá-, entretened a Zoro en la enfermería-les apremia Chopper-, tengo que decirle al doctor que no le revele nada a Zoro por el momento-.
Los dos capos asienten, colocándose a ambos lados del jefe cuando este se dispone a salir por la puerta. Zoro mira al renito correr pasillo abajo y las chicas les esperan fuera de la sala.
-¿Dónde va Chopper?-sus palabras fluyen de su boca sin ánimo alguno y parece al borde del llanto.
-No te preocupes, va a discutir algo con el médico de Sanji-Franky posa una de sus manos en el hombro del peli verde, mientras evita mirar preocupado a su camarada.
-¿Ha ocurrido algo?-se alarma inmediatamente Zoro-, ¿Qué es, que le pasa a Sanji?-.
-Cálmate, Zoro-le habla serenamente el otro espadachín-, solamente es una charla de gremio, vamos amigo. Tienes que descansar, llevas tres días que no duermes y apenas comes-entre sus dos hombres de confianza y rodeado por sus amigas, le conducen hacia el aparcamiento.
-No… No puedo dejar a Sanji solo-intenta resistirse, está débil, pero aún lo suficientemente fuerte como para zafarse del agarre de los otros-, no lo entendéis. No puedo dormir, no puedo apartar la vista un momento, quiero estar allí cuando despierte y…-no le da tiempo a acabar.
-¡Zoro!-casi grita Mihawk, tomando a su jefe por los hombros y encarándole-, ¡no sabes si va a despertar o no! ¡No puedes estar todo el tiempo dependiendo de que vaya a despertar de un momento a otro, mírate! Estas penoso, amigo-suaviza su tono, viendo que en los ojos negros de Zoro ha aparecido la desesperación-, tienes que cuidarte tu también-toma aire, preparándose para lo que va a decirle-, puede… Puede que no despierte nunca, Zoro. Morirás de cansancio si continúas así, tu cuerpo no aguantará el castigo que te estás imponiendo por muy fuerte que seas-.
Ante el tono de Mihawk, Vivi se sobresalta, mientras que Zoro agacha la cabeza, mordiendo su labio y apretando los puños. Intenta contener las lágrimas y los sollozos, bien sabe que lo que dice Mihawk es muy cierto, pero no quiere creerlo. Las lágrimas de dolor escapan de sus ojos y se muerde tan fuerte que acaba haciéndose sangre en el labio.
-Cállate-solloza, intentando sonar sereno-, cállate Mihawk… Sanji se va a recuperar, ya lo veréis, y volverá con nosotros, a la base, a prepararnos sus meriendas y a reír con nosotros-levanta su mirada de la cual intenta controlar sus lágrimas.
Robin hace aparecer un brazo con un pañuelo en el hombro del espadachín, pero no hace nada por coger el lienzo para limpiarse las lágrimas.
Mihawk tiembla, y sin pensárselo dos veces, pega un puñetazo a Zoro, girándole la cara. También está a punto de estallar, ya no puede aguantárselo más.
-¡Mihawk!-exclama Nojiko, tratando de detenerlo. Vivi se tapa la boca cuando lo golpea, sin embargo, Nami y Robin no hacen nada por detenerlo, saben que el de la barba lleva toda la razón.
-¡Se realista! ¡Sanji esta reventado por dentro! Uno de sus riñones no funciona, y si en menos de dos semanas no encontramos un donante, su cuerpo podría no aguantar más y dejar de funcionar-mientras le dice todo esto, lo zarandea-, ¡Zoro, no puedes depender de una ilusión, puede que Sanji muera, y no puedes impedirlo, por mucho que te destroces tú, maldita sea!-le suelta.
Zoro se lleva la mano a la mejilla golpeada, un minúsculo corte debido a la fuerza, sangra, dejando un rastro de sangre caer por debajo de sus morenos dedos. Esta vez, Zoro no puede contener su llanto, aunque llora silenciosamente, cubriéndose la cara con una mano y temblando ligeramente.
-No me vuelvas a apartar de él, o te mato con mis propias manos-susurra, yendo de nuevo al interior del hospital.
Mihawk, sin moverse siquiera, lo sigue con la mirada, al igual que los demás, están preocupados, apenas se tiene en pie y esto lo comprueban viendo cómo se tambalea a cada paso, intentando mantenerse firme. Franky suspira resignado, mientras Mihawk crispa sus manos de la impotencia que le da la situación. Nami va detrás de Zoro a intentarlo convencer, y su hermana y amigas cruzan los dedos por que sus palabras den resultado.
Otra semana pasa, en la cual no se ha encontrado ningún donante válido para Sanji. Zoro insiste en dar el suyo, pero el médico lo ha prohibido, no es compatible con Sanji, por mucho que lo done, no le servirá. Por otra parte, Mihawk y Franky intentan convencer a Zoro de que descanse, pero este se niega en rotundo, luce unas ojeras enormes, su cara está pálida por la falta de sueño y está a punto de desfallecer, pero no se mueve un ápice de al lado del lecho de su amado, no cesa de hablarle para que reaccione y tampoco cesa en sus caricias a la pálida mano del cocinero. No ha escuchado los consejos de su amiga pelirroja, que lo ha dejado de intentar por testarudo.
-Al menos no se niega a comer-suspira el renito, después de llevarle un plato de la cafetería del hospital-, apenas se mantiene sentado, está a punto de caer de sueño-comenta a sus camaradas.
Están los tres en la puerta de la habitación de Sanji, hablando en voz baja mientras ven como Zoro apenas puede sostener la cuchara. Hoy las chicas no han venido, pero una llamada hace unos minutos al den den mushi de Franky ha confirmado que en un par de horas Nami y Robin se pasarán a visitarlos.
-¿Cuánto ha dormido esta semana, Chopper?-pregunta el moreno, con los brazos cruzados.
-Apenas seis horas… Hay veces que está tan cansado que se queda dormido en la silla, pero se despierta casi enseguida, no quiere dormir y le está afectando enormemente, la falta de sueño le llevará a un grave desajuste en su cuerpo y a un gran desmayo, del cansancio puede que no se despierte en días…-.
-Hay que hacerlo dormir como sea, no puede…-comienza a decir Franky.
No le da tiempo a terminar, ya que un gran estrépito dentro de la sala les sobresalta y hace que vayan corriendo hacia donde está sentado su jefe. La bandeja de la comida está en el suelo, la comida se ha esparcido, manchando las botas del Don y una buena parte de los azulejos. Sorprendidos, miran a Zoro, que está dormido profundamente, inclinado hacia delante, con la cuchara apenas sostenida por sus flojos dedos.
-No ha podido aguantar más-Chopper lo reclina en el respaldo del sofá-, hay que llevarlo a una cama, para que pueda dormir como es debido-.
-No quiere separarse de Sanji por un momento, será imposible hacerlo descansar a menos que lo tengamos sedado-suspira el de la barba.
-Pongámosle una cama al lado de la de Sanji, la única razón por la que no descansa es porque quiere estar a su lado, si duerme a su lado, no tendrá inconveniente en descansar, ¿no?-propone Franky.
-Es una buena idea, pero no sé si el doctor nos permitirá tal cosa… Si hablo con él puede que nos deje desarrollar tu idea, pero si no habrá que buscar otra manera de hacerlo dormir, aunque sea por las malas. Iré a hablar con él, quedaros aquí para velar su sueño-el renito sale de la habitación de Sanji, yendo a buscar al doctor.
Al cabo de unos diez minutos lo encuentra y le explica la idea de Franky.
-Sí, os doy el permiso de instalar la cama en la habitación… La salud de ese muchacho me preocupa, no puede ni con el peso de su cuerpo, si es la mejor solución que habéis encontrado, podéis llevarla a cabo. Discúlpame, estoy algo ocupado… Ah y creo que hemos encontrado un donante para Sanji, se lo confirmaré en menos de dos días, hasta luego-.
El renito corre hacia la habitación, dando la buena noticia a ambos capos, los cuales van a buscar una camilla para tumbar a Zoro, contentos también por la buena noticia hacia el cocinero. Acuestan a su jefe en la camilla, se alegran de verlo dormir después de dos semanas sin hacerlo, ahora están mucho más tranquilos.
Los dos días prometidos por el doctor se les pasan volando. Zoro despierta en la mañana del segundo día, con un gran bostezo, ha dormido tranquilo, pero inmediatamente se espabila. Está en una cama, no se habrán atrevido a llevarlo de vuelta a la base y separarlo de su Sanji. Para su alivio, ve que está en la habitación en una camilla al lado del a del cocinero. Se sienta al borde y como siempre, toma la mano de su amado, besándola.
-Buenos días, amor-susurra, apartando su flequillo para que no le moleste. Mira en derredor, solo está Mihawk haciendo la guardia, sentado en una silla con los brazos cruzados y la cabeza caída sobre el pecho. Parece dormido, pero Zoro sabe perfectamente que está despierto-, buenos días Mihawk-.
-Hola jefe, ¿has dormido bien?-se levanta, moviendo el cuello para desentumecerse.
-Sí… Gracias por no separarme de él-le mira con una sonrisa.
-Fue idea de Franky, caíste desmayado de cansancio hace dos días, mientras estabas comiendo, liaste una buena-se ríe el de la barba, acercándose por el otro lado de la camilla-, ya han encontrado un donante para Sanji, tiene que venir el médico para confirmarlo, no creo que tarde mucho-.
La mirada de Zoro se ilumina y una gran sonrisa, que el moreno creía borrada. En los labios de Mihawk aparece una idéntica, se alegra de que su amigo haya podido recuperar su sonrisa. En ese momento aparece el cirujano acompañado de Chopper, con algunos informes de la próxima operación que llevará a cabo.
-Buenos días, señor Roronoa-le saluda, tendiéndole la mano la cual es espadachín estrecha-, bien, para empezar, hemos localizado a un donante de riñón para el señor Sanji. La operación se llevará a cabo esta noche, a partir de las ocho. Yo dirigiré la operación y la señorita Margot les tendrá informados de vez en cuando-deja los papeles encima de la mesilla-, he de decirles que es una operación complicada y hay un cincuenta por ciento de posibilidades de que salga mal, o de que resulte totalmente exitosa. Si lo desea, el señor Chopper nos puede acompañar en la operación-mira al renito, el cual asiente, dando las gracias-, les dejo por el momento, vendremos a llevarnos a Sanji por la tarde, buenos días-el doctor abandona la sala, cerrando la puerta suavemente.
La alegría que parece invadir al Don, se difumina notablemente, y mirando a Chopper le pregunta.
-¿Es cierto eso del cincuenta por ciento?-.
-Sí, lo es, pero voy a hacer todo lo posible por que la operación salga como debe ser, no te preocupes-.
-Gracias-le dedica una sonrisa de esperanza-, lo superará, es fuerte y eres el mejor-.
Chopper se sonroja y sonríe felizmente.
-No por eso me harás más feliz, cabronazoooo-canturrea, haciendo unos pases de baile bastante graciosos que hacen que los dos espadachines se rían. La alegría de saber que la operación de Sanji estará vigilada por su compañero les ha devuelto la esperanza.
Las horas hasta la tarde pasan, Franky ha llegado a eso de las dos de la tarde acompañado de las chicas, que quieren ver a Sanji antes de que lo metan en el quirófano, los dos subordinados de Zoro se van a la cafetería a comer algo y a llevarle de comer a su jefe y el reno hace un tiempo que se ha ido a prepararlo todo junto con el cirujano.
-Todo saldrá bien, Zoro-san-le anima Vivi-, Chopper estará ahí, no puede ir mal-le sonríe.
Las cuatro notan que el muchacho está más alegre que los días anteriores, tiene total fe en que Sanji va a despertar después de la operación. Ellas no quieren quitarle la ilusión, pero bien saben que aunque lo operen puede que no despierte… Y Zoro también lo sabe, mas no quiere creerlo.
Mihawk le sube a su jefe una bandeja con algo de comer y las chicas se van junto con el de la barba, para dejarle comer tranquilo e ir a comer ellas también. Zoro apenas pincha un par de bocados, está muy atento al rostro de Sanji, lo acaricia y le susurra cosas como que pronto volverán a reír juntos de nuevo, quiere grabarlo en su memoria, para guardarlo junto con otros recuerdos de él, mientras cocinaba, mientras reía, mientras se besaban…
Las siete y media de la tarde, estando todos en la habitación, hablando en voz baja, aparecen los camilleros, para llevarse a Sanji a la sala de operaciones.
-Buenas tardes-saludan, acomodando la cama del rubio para poder moverla-, el doctor les está esperando fuera para darles los últimos detalles-sacan la camilla de Sanji, llevándosela pasillo abajo, bajo la angustiada mirada de todos.
Salen al pasillo, donde el cirujano les espera.
-Es una operación complicada, nos llevará unas cinco horas operarle. Lo mejor que pueden hacer es irse a casa a descansar, sobre todo tú, joven-mira a Zoro-, no le haces bien a tu compañero quedándote sin dormir, no es una sugerencia, es una orden. Si alguno de ustedes quiere quedarse que no sea él, puede hacerlo, la señorita Margot le informará de la operación y podrá comunicárselo a sus compañeros por caracolófono-.
-Yo me quedo-se ofrece Mihawk-, no os preocupéis, os llamaré nada más saber algo, leváoslo a descansar-.
-No, me niego, no quiero irme de aquí, ya he dormido por dos días, estoy perfectamente-protesta Zoro a gritos.
Robin, quien se encuentra delante de Zoro, se vuelve hacia él, y sin mediar palabra, cruza sus brazos.
-Tres fleur-dice, mirando a los ojos de su amigo.
-Robin, no-suplica el chico, viéndose rodeado de los tres brazos, intenta apartarlos, pero ella es más rápida.
-¡Cluch!-exclama ella sin reparos.
Un crujido desagradable se escucha del cuerpo del Don, que queda inerte, sujetado por otros brazos que surgen del suelo. Los brazos lo tumban suavemente, entonces Robin hace aparecer unos pies debajo de su cuerpo, que se lo llevan a la salida.
-No os preocupéis-les calma con una sonrisa-, solo lo he desmayado, lleváoslo al restaurante, reanimadlo y dadle algo de comer, yo también me quedaré aquí a hacer compañía a Mihawk-chan-se despide de ellos con un gesto de la mano, dando la vuelta y yendo a la sala de espera junto con el moreno.
Nada más llegar al auto, los pies de debajo del cuerpo de Zoro desaparecen, dejándolo suavemente en el suelo. Franky lo carga y lo mete al coche, acomodándolo en el detrás del suyo y poniéndole el cinturón. Nojiko se pone delante y Nami al lado del peli verde, Vivi detrás de Nojiko. El peli azul arranca y llegan sin más incidentes al restaurante.
Vivi va a buscar sales y las pone debajo de la nariz de su amigo, haciéndolo despertar lentamente.
-¿D-dónde estoy?-pregunta, llevándose una mano a la adolorida cabeza.
Nami le pasa un paño húmedo para que se lo pase por la cara. Está tumbado en la cama de Nami, en su despacho, ahora mismo el restaurante está cerrado.
-Estás en el restaurante, Robin ha tenido que ponerte a dormir a la fuerza, no entrabas en razón y tenías que salir de allí-le explica la pelirroja, poniéndole la mano en el hombro.
Nojiko ha tenido que irse al laboratorio con Ace y los demás se han quedado con el espadachín. Sabiendo que no puede hacer nada, se recuesta de nuevo, poniéndose el paño en la frente y mirando al techo.
-Como no llamen, los mato-murmura.
-No te preocupes-sonríe Vivi-, saben lo importante que es para ti, te llamarán en cuanto sepan algo.
La primera hora pasa tortuosamente lenta para el espadachín, pero no ha variado su postura en la cama. Ahora que está tumbado, siente que las fuerzas de su cuerpo le han sido drenadas y apenas puede moverse. De repente, su den den mushi comienza a sonar, sobresaltándolos a todos. Nami lo descuelga, hablando con Mihawk.
-¿Se sabe algo?... Ajam, mierda-Nami se vuelve y susurra para que no la oiga, pero Zoro oye su maldición perfectamente-, de acuerdo, hasta luego, Mihawk-cuelga el caracol y se vuelve a los otros-, hay buenas y malas noticias. La buena, el cuerpo de Sanji es perfectamente compatible con el riñón donado-resuena un pequeño suspiro por parte de Vivi, pero Zoro sigue conteniendo el aliento-, la mala noticia, no creen que vuelva a despertar del coma-un sollozo se deja oír-, lo siento Zoro-Nami también contiene sus lágrimas, al igual que Vivi-, es un gran riesgo el haberlo introducido al coma, hay pocas probabilidades de que vuelva a despertar, aunque todavía no es seguro… Chopper y el cirujano están haciendo todo lo posible por él, ya lo sabes-.
Zoro se pone una mano cubriéndose los ojos, intentando calmarse, pero no puede. No volverá a ver reír a su Sanji… No, no puede pensar eso, tiene que confiar en Chopper y en el médico, están haciendo todo lo posible.
Al verlo tan sumido en sus pensamientos, los chicos deciden dejarlo solo para que descanse, y bajarse a tomar un refresco, están todos tensos y necesitan relajarse. Vivi mira con pesar a Nami y viceversa, adoran a sus amigos y no pueden soportar ver a uno deprimido y al otro en tal estado.
Hasta el cabo de otra hora y media, no los vuelven a llamar, esta vez es Robin la que les habla.
-Hola, hay bastantes buenas noticias-dice con voz alegre-, pasando por alto que casi se cargan a Sanji, pero bueno-.
-¿Qué ha pasado?-pregunta preocupado Franky.
-No suenes preocupado, lo que ha ocurrido es maravilloso-le anima la morena-, en mitad de la operación, ha comenzado a agitarse levemente, como queriendo despertar y han tenido que sedarlo, eso es lo importante, casi despierta en medio de la operación. Bueno, os seguiremos informando. Katcha-Robin cuelga el caracol.
Las chicas no pueden evitar dar un salto de alegría al oír la noticia y suben corriendo a informar a Zoro. Le encuentran con los ojos cerrados, respirando suavemente.
-Déjalo ahora-susurra Vivi a su amiga-, necesita dormir, cuando despierte se lo diremos.
Asintiendo, la pelirroja cierra suavemente la puerta, dejando descansar al espadachín. Zoro oye ruido en la habitación donde descansa, pero se siente tan cansado que ni abre los ojos. Ha escuchado algo referente a Sanji y quiere saber qué es. Con esfuerzo, se incorpora en la cama, sentándose sobre el colchón y abriendo los ojos. Se pone de pie y tambaleante va hacia la puerta abriéndola y bajando lentamente las escaleras, agarrándose casi sin fuerzas a la barandilla, apareciendo en el piso de abajo.
Los demás, que se encuentran aquí, se sobresaltan cuando ven bajando vacilantemente las escaleras a su amigo. Franky va inmediatamente a sostenerlo, ya que ve que él mismo no aguantará su propio peso, lo condice a una silla donde se desplomas más que se sienta.
-¿Qué le ha pasado a Sanji?-pregunta en bajo, pero firmemente-, vamos, decídmelo-.
-Ha intentado despertar en medio de la operación-le anuncia su capo-, ¡ha despertado, Zoro!-.
Apenas le cuesta unos segundos asimilar las palabras que le dice su amigo. Su boca se ensancha en una cálida sonrisa y a sus ojos parece volver aquel fulgor salvaje y orgulloso de dos semanas atrás, acompañado por un par de lágrimas rebeldes que se deslizan hacia abajo.
-¿M-me lo estás diciendo en serio?-apoya sus morenas manos en los hombros del cyborg, apretándolo.
-Sí, amigo-le sonríe-, Sanji ha despertado-.
Una pequeña risa comienza a oírse, la cual va subiendo el volumen, hasta convertirse en carcajada, que sale de la boca de Zoro. Se tapa los ojos con la mano, está llorando mientras ríe, de alegría. Sus lágrimas se les contagian a los demás, que sonríen, y no se sabe de dónde, Franky saca su guitarra, poniéndose a tocar.
-¡Que conste que no estoy llorando!-grita el del tupé, aporreando el instrumento…
La última llamada es realizada por Robin al restaurante.
-Katcha. Hola, Robin-saluda Zoro. Han pasado dos horas y media desde que les dieran la buena noticia. Zoro ha estado descansando durante la mayor parte de ese periodo, y se siente como nuevo-, ¿cómo está?-.
-Hola Zoro, me alegra ver que has dormido-Robin sonríe-, está estupendamente, tiene unas ganas tremendas de verte-le susurra-, aunque está cansado no ha dejado de repetir que quiere verte-.
La sonrisa de Zoro se hace más ancha.
-Estaremos ahí enseguida, hasta ahora. Katcha. Franky, vámonos al hospital, venga, quiero verlo-le apremia al del tanga, obligándolo a levantarse.
Aunque aun presenta las ojeras y no se le quitarán en un tiempo, parece más vigoroso que nunca y muy animado, lo que les levanta el ánimo a los otros. Aunque Zoro se presta a conducir, Franky se lo impide, poniéndose él al volante. En menos de media hora llegan al hospital, Zoro baja del vehículo como una exhalación, yendo a la habitación de Sanji, loco de contento, seguido por los demás, que van pidiendo perdón a las enfermeras y médicos que el espadachín arroya a su paso.
Zoro entra con cautela en la habitación, a pesar de estar ansioso por verlo despierto, tiene miedo de llevarse una desilusión, ¿y si solo fue un error y no está despierto? Avanza hasta la cama, con todas estas dudas carcomiéndolo por dentro. Ve moverse ligeramente a Sanji, y para su mayor alegría, abrir los ojos y mirarle, sonriéndole desde debajo de la mascarilla de oxígeno. Las lágrimas de Zoro se escapan de sus ojos al verlo sonreírle, se acerca a él despacio, sentándose en su sitio y tomándole de la mano, acariciándosela.
-S-Sanji-solloza, viendo borroso al cocinero debido a las lágrimas.
El rubio aprieta ligeramente su mano, moviendo sus dedos y acariciando los del moreno.
-¿Desde cuándo te ha dado por llorar?-pregunta con la voz algo ronca-, poderoso Roronoa-.
Más lágrimas fluyen de los ojos de Zoro al oír pronunciar su nombre. Aprieta más su blanca mano, comenzando a llorar sin reprimir los sonidos, con las lágrimas cayendo y mojando su pantalón. Sanji lo mira con una sonrisa, le duele todo el cuerpo, pero está feliz de estar con él.
-Gracias por estar a mi lado todo este tiempo-le agradece, llevando la mano que el espadachín tiene presa a sus mejillas para secárselas-, hubiera querido responder cada palabra que me has dedicado, pero no he podido-.
-Me vale con que estés despierto para escuchar todas las demás que tengo que decirte-dice con la voz tomada. Termina de secarse las mejillas y besa la mano de Sanji.
En ese momento, aparecen en la puerta todos los demás, que se cortan un poco al ver la escena, pero Sanji les hace un gesto para que pasen. Nami y Vivi tienen que contenerse para no tirarse encima de su amigo y abrazarlo hasta ahogarlo.
-¿Desde cuándo mis damas no me saludan con un abrazo, eh? No soy de cristal-extiende el brazo sano, invitándolas a abrazarlo.
Vivi y Nami se echan a él, abrazándolo mientras lloran. Los demás sonríen ante la emotiva escena, están exaltados de ver a Sanji bien y recuperándose, aparte de esto, Zoro vuelve a ser como era antes del incidente, por lo que se alegran por partida doble.
Le llenan de besos y abrazos, los cuales devuelve el rubio como puede, saludando luego a Robin, que le da un beso en la mejilla, y él uno en la mano, al igual que Nojiko. Pasan apenas cinco minutos hablando hasta que Margot, la enfermera que les ha estado informando de su estado, hace acto de presencia en la habitación, echándolos a todos afuera.
-Por favor, deja que Zoro se quede-suplica el rubio.
Asintiendo sin decir una palabra, la joven los echa a todos, cerrando después la puerta suavemente. Quedándose ellos dos solos, Sanji sonríe a su compañero.
-Ven, acércate-le pide. Zoro se levanta, poniéndose a su lado-, agáchate-, el peli verde se agacha a su altura. Con la ayuda de su brazo bueno, coge a Zoro de la nuca, arrimando más su cara y besándolo, acariciando sus labios suavemente y separándose después-, te he echado de menos-susurra el rubio, apoyando su frente en la del moreno.
-Yo a ti también-le sonríe, acariciando sus mejillas, besando su frente.
-Menudas ojeras que tienes-roza con sus finos dedos debajo de los ojos del espadachín-, deberías haber dormido mas, ahora pareces un oso panda, jeje-bromea.
Zoro sonríe, acariciando su mano, pero vuelve a ponerse serio y pensativo por un momento, desviando su mirada, lo que hace que Sanji se preocupe, y pregunte.
-¿Qué te sucede?-Zoro lo mira, con al de reproche en los ojos, lo que sorprende al rubio.
-¿Por qué no nos dijiste desde el principio que era Saga?-pregunta con dolor-, podrías haber evitado todo esto, y ya estarías recuperado de tu herida en el pie-no cesa de acariciarle la mano, esta vez es Sanji quien desvía la mirada.
-Tenía miedo… Miedo a que me apartaras de tu lado-confiesa-, cuando apuñaló a Daimien, yo me encontraba yendo al baño, por la noche. Vi la puerta entreabierta y luz saliendo de ella… Debí haber pasado de largo, pero la curiosidad me pudo y la idea de socorrerlo también, dejando mis huellas por todo su cuerpo y el arma… Saga me dijo que si no le obedecía, me culparía de su asesinato… Era su palabra contra la mía, el pertenecía a la familia y yo era un extraño que acababa de llegar, le creeríais a él antes que a mí. También me amenazó con matarme, pero para mí erais más importantes tú, los chicos y las muchachas, por eso callé-lo mira.
Zoro lo escucha con la boca entreabierta, se imaginaba algo de eso, todo lo sucedido en la base apestaba a chantaje. El espadachín lo coge delicadamente de la espalda y lo abraza contra su pecho.
-Eres un estúpido, mi Sanji-susurra-, te hubiese creído a la primera, y no al otro, no eres capaz de cometer tal acto, no te veo empuñando un arma contra alguien indefenso, y en medio de la noche, eso es demasiado innoble para ti… Te conozco desde que éramos unos críos y nunca te he visto pelear con deshonor-mientras habla, le acaricia la espalda rítmica y suavemente, sintiendo su piel por debajo de la fina tela de la bata del hospital.
Sanji lo abraza con su brazo bueno, cerrando los ojos y apoyando la barbilla en su hombro. Se separan al cabo de un rato, Zoro lo vuelve a recostar sobre los almohadones, y Sanji se lo agradece con una sonrisa.
-Vete a descansar, Zoro, tienes una cara horrible-sonríe amablemente el rubio, acariciando su brazo-, estaré bien, no te preocupes-.
El Don lo mira, todavía está preocupado por su estado, y no quiere dejarlo.
-Dormiré con una condición-la cama que pusieran hace dos días ya no está-, dormiré aquí contigo, aquí a tu lado, como hice estos dos últimos días-.
Sanji asiente, y Zoro va hacia la puerta. Cuando la abre, primero Franky, luego Mihawk y luego las chicas encima de ellos, caen en tromba al suelo, pillados por sorpresa escuchando detrás de la puerta. Inmediatamente se ponen todos a disimular, y el Don se cruza de brazos, picando rítmicamente en el suelo con el zapato.
-Huy, menuda muestra de suciedad más interesante que hay aquí, la llevaré al laboratorio al examinarla-Nojiko se levanta como una exhalación y huye de la escena.
-Mira que os tengo dicho que está mal visto espiar a la gente detrás de las puertas-les regaña Nami a los otros, soltándoles un capón a cada hombre-vámonos chicas, hay quienes no son respetuosos-con una risita, la morena y la peli azul siguen a la pelirroja pasillo abajo, en pos de Nojiko.
Los hombres se quedan confundidos, con un chichón en la cabeza y mirando a su jefe con una sonrisilla.
-Bueno… Nosotros pasábamos por aquí-comienza a decir Franky.
-Y resulta que Franky ha encontrado algo sospechoso en el resquicio de la puerta y claro…-.
Zoro alza una ceja e inmediatamente se echa a reír, seguido de sus dos hombres de confianza. Estos se levantan del suelo, sacudiéndose las ropas.
-Me alegra que vuelvas a reír, Zoro-sonríe Franky apoyándole una mano en el hombro. Mihawk también sonríe, pero vuelve a ponerse ligeramente serio.
-¿Así que por eso no nos lo dijo?
-¿Lo habéis estado escuchando?
-Lo sabemos todos, y creo que era más que obvio… Ha sido estúpido por parte de Sanji, se hubiese ahorrado mucho dolor y sufrimiento-Mihawk echa una mirada al interior de la habitación, Sanji está mirando al techo, pero se siento observado y gira la cabeza, sonriéndole y haciendo una seña para que pase-, hola muchacho, ¿Cómo te encuentras?-pregunta con una sonrisa.
El cyborg y Roronoa también pasan.
-Bien, gracias-responde a su vez. Franky también se acerca para palmearle el hombro sano.
El chico rubio se alegra mucho de verlos.
-Lo siento, os he tenido a todos en jaque-se disculpa, disculpa que no es aceptada.
-No te preocupes, chaval, ya ha pasado todo, aunque a ver si aprendes a no callarte las cosas, nos has tenidos muy preocupados, pero sobre todo a Zoro-.
-Lo siento-repite el muchacho, agachando la cabeza, apenado.
-Vamos, vamos, arriba ese ánimo-Zoro le alza la cabeza con una de sus morenas manos-, lo importante es que estas con nosotros-.
Sanji le acaricia la morena mano y le dedica una sonrisa con todo su amor…
Desde que Sanji despertara, un mes ha pasado, en el cual ha ido recuperándose gradualmente, gracias al apoyo de sus amigos y a sus visitas constantes. Las heridas infligidas un mes atrás ya han cicatrizado, incluso la del trasplante al cual le sometieron para salvarle la vida. Es capaz de levantarse ya sin ayuda, lo ha conseguido hace apenas una semana, ya puede asearse y moverse libremente por la habitación, la cual es nueva, ya que lo cambiaron a planta cuando empezó a cobrar movilidad.
El rubio agarra el bastón del que hace uso para moverse, la puñalada en el muslo le alcanzó ligeramente un nervio y presenta una levísima cojera, que la que según el médico, puede recuperarse en menos de lo esperado. Ase con fuerza el boliche superior, también su brazo se he recuperado con normalidad, el que fuera casi totalmente desgarrado por el cuchillo del pelo plateado. Un escalofrío involuntario recorre la columna del cocinero, pero haciendo caso omiso de él, se encamina hacia el baño, a asearse de buena mañana.
Esta vez Zoro no está con él, lo que le hace sentirse solo, pero recuerda que dentro de poco vendrá a verlo. Con una sonrisa, empuja la puerta, y apoyándose en el bastón, entra y se mira al espejo, justo en frente. No ha cambiado… A primera vista, sabe que cuando se quite la camisa del hospital, se verán todos sus cambios. Apoyando la vara al lado del lavamanos, se quita con un movimiento fluido la camisa por arriba, dejando ver su blanco torso, antaño liso y sin imperfecciones, ahora surcado de cicatrices. Como todos los días, y sin poder evitarlo, acaricia la cicatriz que le va desde la base del cuello hasta el hombro, la cicatriz fatal, le llama él, ya que pudo haber perdido el brazo.
Abre el grifo del agua, mojándose la cara, el torso, los brazos por delante y por detrás y los costillares, rozando la cicatriz del izquierdo de estos, la cual va desde el pectoral hasta casi la cadera. Otra cicatriz fatal. Su vista se desvía sistemáticamente a su cadera derecha, donde también hay otra cicatriz, la que le perforara el intestino.
Con un suspiro, se seca, cambiándose la camisa del hospital y saliendo de nuevo por la puerta. Aparte de que va a venir Zoro a verlo, está especialmente contento porque hoy es el día, el día en que le den el alta y pueda regresar a casa. Se viste con una suave camisa de manga corta color naranja pastel que ayer le trajera Nami de su armario, junto con unos pantalones de tela negros y unas chanclas cómodas, se peina con los dedos el pelo, que está ligeramente enredado.
Se levanta de la cama ayudado por su bastón. Lo acaricia con una sonrisa, lo talló Zoro para él especialmente, y aunque es muy sencillo y algo basto, lo considera como un tesoro. Según piensa Sanji, en él se demuestra el hombre que es el peli verde, tosco y rudo, pero con un toque de dulzura que lo hace adorable. Se ríe por lo bajo, cuando en ese momento entra el dueño de sus pensamientos.
-Zoro-le saluda, con una sonrisa.
Este se la devuelve, acercándose a él y tomándolo de la cintura, acariciándole la mejilla.
-¿Cómo te encuentras?-pregunta, besándole en la frente.
-Muy bien-el cocinero le besa ligeramente en los labios-, y ahora mejor que estás tú aquí-se abraza a él, apoyando la cabeza en su pecho. El espadachín le acaricia el cabello, apoyando su barbilla ligeramente en la cabeza del rubio
-Me alegra ver que puedes andar de nuevo-susurra-, pensé que no volvería a verte erguido-.
Ambos se quedan en silencio, abrazados. Ninguno considera necesario hacer uso de la palabra, ya que con el contacto de sus cuerpos se dicen todo. Unos golpecitos en la puerta les devuelve al mundo real, inmediatamente después, el médico. Viene con los papeles del alta.
-Buenos días a ambos-les saluda. Ellos le devuelven el saludo. Zoro ayuda a Sanji a sentarse en la cama, mientras que él se queda de pie a su lado-, bien, aquí traigo los papeles-el médico se acopla unas gafas, comenzando a pasar hojas, y firmando en un par de ellas-, bueno, lo único decir que has de venir una vez a la semana para la revisión de la pierna y todos los días por la tarde para la rehabilitación del brazo, por lo demás, estas recuperado perfectamente… Lo que me sorprende, por que estabas casi muerto cuando te trajeron al hospital, tienes una fuerza tremenda, Sanji-.
El médico abandona la sala. Entonces Sanji y Zoro se disponen a salir, el moreno carga con la bolsa de la ropa del cocinero, que va a su lado, con buen paso, apoyándose en el bastón.
-Que ganas tengo de volver-suspira con una risa, mirando a Zoro.
-Nosotros también teníamos ganas de que regresaras con nosotros… Ah, te hemos preparado una pequeña sorpresa-deja la bolsa en el asiento trasero del coche y abre la puerta del copiloto a Sanji, mientras él se mete a conducir-, entre todos-.
El moreno conduce tranquilamente hacia el edificio base, hablando con Sanji. Aparca delante del edificio, pero para sorpresa del rubio, no se mete en él, sino que va al parque de detrás. Zoro camina al ritmo de Sanji, que se fuerza por andar más rápido.
-No te preocupes, no hay prisa-le pone una mano sobre el hombro. Lo conduce por un camino que le es conocido al cocinero, lleva al lugar donde celebraron el cumpleaños de su madre, el cual es el mismo en el que estuvieron los dos juntos solos hace algo más de un mes. Llegados a cierto tramo y antes de doblar un recodo, las grandes manos de Zoro tapan la visión a Sanji-, sigue andando, no te preocupes-le susurra al oído, besándoselo levemente.
El rubio se estremece cuando el aliento de Zoro le roza la oreja, logrando ponerle la piel de gallina con el pequeño beso. Gracias a que está de espaldas a él, no puede ver el furioso sonrojo que le ha causado, además de que es tapado con su morena mano.
Llegan a un punto en el que se detienen y entonces Sanji vuelve a recuperar su vista, llevándose la mayor alegría de su vida. Están en el claro donde años antes celebraran el cumpleaños de la madre del rubio y donde un mes antes se tumbaran Zoro y él mismo. Estaba todo decorado con guirnaldas de flores, de papel de colores y de serpentinas. Un gran mantel de picnic de cuadros blancos y verdes descansa sobre el césped, repleto de platos a primera vista sabrosos. Una pancarta con un gran "Bienvenido, Sanji" cuelga encima del mantel y todos: las chicas junto con Ace, los dos capos, Patti y Carne, Luffy, Chopper y Ussop están alrededor.
-¡Bienvenido!-gritan todos a coro, haciendo que al rubio se le salten las lágrimas. Todos acuden a su encuentro abrazándole y besándole las chicas y los demás estrechándole las manos.
-M-muchas gracias-dice, secándose las mejillas-, por haberme esperado, a todos-sonríe al fin-, me alegra volver a estar entre todos vosotros…-siento que alguien le tira de la manga y mira a su izquierda, viendo que es el chico del sombrero de paja que le está tirando de la manga, con los ojos inundados en lágrimas y los mocas cayéndole-, ¿qué te pasa?-pregunta asustado.
-Quiero tu comidaaaaa-dice lastimeramente-, Zoro cocina horribleee-solloza el muchacho, haciendo que Sanji y los demás se rían en alto y que a Zoro se le salte una vena de la frente.
-Si no fuese por mi comida serías una goma reseca-gruñe el espadachín, sentándose al mantel y sirviéndose sake, siendo imitado por los otros-, en fin-alza su vaso y los otros igual-, brindo porque siempre, siempre estés a nuestro lado, haciéndonos compañía y viceversa y porque no te calles las cosas importantes. ¡KAMPAI!-brinda.
-¡KAMPAI!-beben todos a la vez, dejando el vaso con un golpe que no suena, ya que están en tierra-, ¡que comience la fiesta!-…
Desde la llegada de Sanji, hace un par de meses a la base, todas las cosas han vuelto a su cauce. Las chicas siguen con su restaurante, el negocio va mejor que nunca. Ace y Nojiko han hecho "pública" su relación, cosa que ya sabía todo el mundo. Zoro ha dejado la base en manos de Mihawk y de Franky, ya que según les dijo, "se iba a tomar un año sabático con su Sanji", el cual ha tratado de localizar a su padre adoptivo y lo ha conseguido, se encuentra en una isla del mar del norte y le llama cada cierto tiempo.
Hay un hecho que preocupa a los tres mafiosos, le han perdido la pista a Saga. No saben dónde ni cómo está, si está vivo o muerto, ni si volverá para atentar contra la integridad de Sanji. A esto le da vueltas en la cabeza el Don, haciendo que su amante se preocupe.
-Zoro, ¿estás bien?-susurra el rubio, poniéndole una mano en el hombro, sin que los demás se den cuenta.
-Sí, no te preocupes-le sonríe, besando su mano discretamente, cosa que no pasa inadvertida para la morena, que suelta una leve risita.
Sanji con una sonrisa se levanta, ya no le hace falta el bastón y está recuperado del todo, y va a la cocina, apagando las luces en el transcurso. Momentos después sale con una gran tarta, profusamente decorada con las velas encendidas. El cocinero la deja delante de Zoro.
-Pide un deseo-todos ven como Zoro cierra los ojos y apenas un segundo después sopla con fuerza, apagando las velas. Las luces vuelven y todos estallan en felicitaciones.
-Felicidades, Zoro-chan-ríe la morena, mirando de reojo al capo, que se ha puesto rojo por la mención del –chan-, cumple muchos y que todos lo veamos-alza su copa-, por el mafioso enamorado-le guiña un ojo-, ¡KAMPAI!-los demás se ríen y brindan a su salud.
Después de la fiesta, ambos amantes se van a su casa en común, un pequeño apartamento que Zoro ha comprado cerca del restaurante, ya que Sanji vuelve a ir a su trabajo. Entran en la casa, que está silenciosa, pero cálida y encienden las luces.
-Zoro-comienza Sanji, quitándose su abrigo y los zapatos, al igual que el otro-, yo… Quisiera darte mi regalo-su cara se ha puesto algo colorada por la vergüenza.
Zoro se acerca a él y la da un beso en los labios, rodeando su cintura con sus manos. Sanji rodea su cuello y responde gustoso al beso, hasta que el peli verde se separa apenas.
-Con esto tengo suficiente, no quiero forzarte, ya lo sabes-le besa en la frente y le acaricia la mejilla, con una sonrisa.
Sanji apoya su cabeza en el pecho de su amante.
-Pero yo quiero hacerlo-susurra, poniéndose colorado-, no quiero pensar más en el pasado, sino vivir el presente, Zoro. Vivirlo contigo-alza la cabeza para mirarlo.
Zoro traga saliva. Se ve tan adorable con las mejillas rojas…
-Entonces, q-quiero ver mi regalo-murmura, poniéndose también sonrojado-Sanji sonríe, tomando de la mano a Zoro y guiándole al cuarto. Le deja en la puerta y se tumba en la cama, mirándolo sugerentemente.
-Entonces puedes abrirlo-murmura con su voz por naturaleza sexy.
Los últimos rescoldos del sol caen sobre la ventana del cuarto, proyectándose sobre el cuerpo de Sanji, dándole una apariencia casi dorada, es la segunda imagen más hermosa que ha visto de su rubio, ya que la primera fue cuando abrió los ojos tres meses atrás. Se sienta en la cama a su lado y se inclina sobre él, besándolo suavemente en los labios, acariciando su pelo y la palidez de su cara. Apoya sus manos a ambos lados de la cabeza del rubio, sin separar sus labios y se coloca más cómodamente, tumbándose con cuidado y sin aplastarlo encima del delgado cuerpo.
Sanji rodea su cuello con sus brazos, feliz de sentirse amado. Cierra los ojos para disfrutar del contacto que le brindan los labios de su amado. Lentamente, el don baja por su cuello, llenándolo de besos suaves en los que demuestra su amor. El rubio alza el cuello para que tenga mejor acceso y entonces Zoro comienza a desabotonar su camisa azul pastel, lentamente, sin prisas, tienen todo el tiempo del mundo.
La primera cicatriz se hace visible, la del hombro. Sanji comienza a sentirse algo incómodo, algo con lo que no había contado. ¿Qué pensará Zoro de él? ¿Qué es un fácil o un cobarde? Para su sorpresa, Zoro también besa la cicatriz, suavemente en una dirección, para luego volver sobre la misma, rozándola con la punta de la lengua. Se ha dado cuenta de la ligera tensión de Sanji y lo achaca a la experiencia pasada.
-¿Quieres que me detenga?-susurra suavemente, alzando la cabeza para mirarlo a los ojos.
-No-responde firmemente-, no te detengas… Se siente bien, solo que… Tengo algo que me carcome por dentro-confiesa. Zoro asiente, animándolo a continuar-. ¿Qué piensas de mí? Soy… Soy un cobarde y un miserable por haberme dejado tocar de aquella manera-musita.
Zoro se tumba a su lado, abrazándolo.
-Déjalo Sanji, todavía no estás preparado-le acaricia la rubia cabellera y el cocinero hunde la cara en el pecho del moreno.
-No, esto se siente totalmente diferente, aquí hay amor, allí solo había violencia y dominación… Hazlo, por favor-le pide, mirándolo a los ojos.
-Está bien-concede-, pero si en algún momento quieres parar, solo dímelo-baja de nuevo a su cuello, desabrochando el segundo botón y los siguientes, colando sus grandes y ligeramente ásperas manos, acariciando el torso de su amado rubio, suave como la seda y blanco como la leche.
Termina de desabrochar la camisa, abriéndola y descendiendo por su pecho, llenándolo de besos, no quiere dejarse un centímetro de su cuerpo sin probar. Le ayuda a quitarse la camisa con suavidad. El rubio se estremece ante el contacto de sus manos y suelta un gemido quedo cuando los dedos del moreno pasan a estimular sus tetillas, el sonido solo hace que Zoro trabaje ligeramente más fuerte, rozándolo por todo el torso, llegando a la segunda cicatriz, la del costado, que acaricia con cuidado, notando su rugosidad.
Baja un poco más, ahora su lengua pasa a los pezones del rubio, comenzando a humedecerlos. Sanji se arquea ligeramente sobre el colchón jadeando, agarrando la cabeza de Zoro, enredando sus finos dedos por los verdes cabellos.
Mientras no varía su posición, el Don hace viajar sus manos hacia el sur del cuerpo de su amado, donde le acarician las caderas, el vientre y el ombligo. Una suerte de gemidos escapa de la boca de Sanji. El de arriba alza la cabeza, mirando a su amante.
-Desvísteme-le pide, a la vez echando su aliento sobre los humedecidos pezones, haciendo que estos tironeen.
Asintiendo y colorado, el rubio se incorpora ligeramente, quedando sentado en la cama, a lo que el otro se queda de rodillas. Los dedos temblorosos de Sanji comienzan a desabotonar la camisa de Zoro, dejando al descubierto un trabajado pecho, surcado por una cicatriz de parte a parte. Ante esta marca, abre los ojos, sorprendido. No sabía que el moreno tuviese tal marca en su cuerpo. Irremediablemente, se ve atraído por la rugosidad de esta, y sin poder evitarlo, comienza el rubio a besarla, yendo desde la cadera hasta el hombro, acariciándola a veces con la lengua.
Ente la sensualidad de sus actos, Zoro se estremece, su contacto es tan suave y placentero que suelta un suspiro, cerrando los ojos, acariciándole el cabello para luego inclinarse y besarlo de nuevo en los labios. Se vuelven a reclinar en la cama, en la misma posición que antes, pero esta vez, Sanji enrolla sus piernas a las caderas de Zoro, notando los dos la excitación del contrario, y sonrojándose al máximo. Y sonrojándose aún más, Sanji se mueve contra su amante, rozándolo y haciendo que la excitación de ambos aumente más todavía. El beso que están compartiendo aumenta de intensidad, al igual que el calor de sus cuerpos.
Zoro desciende por el cuerpo de su amado, hasta la altura de la cinturilla del pantalón, donde para gran vergüenza de Sanji, le coge la cremallera con los dientes, descendiendo esta y abriéndole la prenda, desabrochando el botón y dejando al descubierto la ropa interior del menor. Baja la prenda, mientras acaricia sus cremosos muslos, rozando la cicatriz del mismo, la cual luego de haberle dejando sin pantalón, lame, subiendo hacia la cintura de nuevo, besando su bajo vientre y lamiendo el límite que marca la última ropa que le queda encima. Alza los ojos para ver la expresión que cruza la cara de Sanji en ese momento, que no puede antojársele más hermosa. Sintiéndose observado, Sanji baja la vista encontrándose con la del otro.
-¿Puedo?-el otro solo asiente. Desliza el bóxer, sacándolo y echándolo junto a los pantalones, viendo por fin el tan ansiado premio. Lo toma entre sus manos, comenzando a deslizar estas por toda la longitud, arrancando gemidos más que altos de los labios del rubio, que hace todo lo posible por taparse la boca-. Déjame escucharte, Sanji-pide, avanzando una mano hacia las suyas y apartándoselas de la boca. Un gemido prolongado y sensual se deja oír, estremeciéndolos a ambos de placer, el uno al sentir y el otro al escuchar. Sin hacerle esperar más, Zoro comienza a estimular el miembro de Sanji con su lengua, mientras la cadencia del sube baja de su mano no decae, sino que se hace un poco más intensa, al igual que los jadeos y gemidos del rubio, quien termina por correrse sin apenas proponérselo.
-Y-yo, lo siento-se disculpa, avergonzadísimo.
-Vaya, apenas empecé-susurra el moreno, retirando de su cara la semilla de su amor y lamiéndola con una sonrisa algo salvaje, al igual que su espíritu. Sin previo aviso, engulle el miembro de Sanji enteramente, hasta la base, apretándolo con su cavidad, haciéndole sentir placer sin lastimarlo y comienza a subir y a bajar, lamiendo profusamente la cúspide, mirando a su amante, mientras mantiene esa sonrisa, pasando de nuevo a introducirlo en su boca. Toma las pálidas manos del cocinero, poniéndolas sobre su cabeza, dándole a entender que puede marcar el ritmo que desee. Algo compungido, Sanji comienza a mover las manos, lentamente primero, pero a medida que el calor del deseo vuelve a invadirle, más rápido. Obedientemente, Zoro sube y baja al ritmo marcado, notando como cada vez, el falo de Sanji vuelve a adquirir dureza dentro de su boca.
-P-para ya-gime el muchacho-, es-estoy a punto-deja de mover las manos.
Pero haciendo caso omiso de él, el Don continua con el ritmo último, quizá subiéndolo un poco más, haciendo que de nuevo termine, esta vez dentro de su boca. Con un agudo gemido en el que se puede adivinar el nombre del espadachín, Sanji se viene por segunda vez, arqueando la espalda. El de los pendientes se levanta, poniéndose de rodillas, entre las piernas de su rubio, relamiéndose la esencia y limpiándose las comisuras de la boca con la lengua, haciendo que Sanji se ponga como un tomate maduro.
-Delicioso-dice simplemente.
-I-idiota-Sanji mira hacia abajo, viendo un gran bulto en la entrepierna de Zoro-, ahora te toca a ti-avanza hasta quedar sentado delante de él, que sigue de rodillas en la cama. Se abraza a su cintura, besando el final de su cicatriz para luego pasar a su ombligo, mientras sus manos hacen el trabajo de quitarle la faja verde y negra y desabrocharle los pantalones y bajárselos.
-Sanji, no te sientas obligado a hacer nada-susurra, alzando su barbilla para que lo vea a los ojos-, prefiero hacerte disfrutar yo a ti-.
-Pero quiero hacerlo, no me estoy obligando, al contrario… Solo disfrútalo-pasa la yema de sus largos dedos por el bulto de debajo de los calzoncillos, haciendo apenas presión.
Alza la mirada para ver que su amante ha cerrado los ojos, y entreabierto los labios para suspirar prolongadamente. Le baja la prenda, viendo el hinchado miembro del mayor, totalmente erguido. Tragando saliva, lo toma con sus manos, sin saber bien que hacer, pero comenzando a moverlas, mientras reparte besos por toda la dura extensión, llegando a la punta, la cual lame, envolviéndola con sus labios y lengua, atreviéndose a succionar ligeramente, por lo que consigue escuchar un grave jadeo de su pareja. Tomándolo con las dos manos, comienza a masturbarlo con más energía, empezando a meterse la gran extensión en su boca. Su lengua comienza a bailar sobre la entrepierna del espadachín y su cabeza a acercarse y a alejarse, cada vez introduciendo un poco más del miembro en su boca. Se abraza a su fuerte cintura para no perder el equilibrio, mientras aumenta el ritmo de la felación. Con solo el hecho de bajar la mirada para ver la cara de su amante, al verla sonrojada, con los ojos cerrados y masturbándolo con la boca, Zoro se viene abundantemente con un espasmo y un jadeo casi grito.
El cocinero abre la boca, para tomar algo de aire, cayéndose algo de semen de su boca, yendo a parar al colchón, formándose un fino hilo en la comisura de su boca, el cual recoge con uno de sus dedos, lamiéndolo, mientras mira hacia arriba, a su amante.
-¿Qui-quieres continuar?-pregunta el peli verde, tragando saliva al ver al otro tan sexy.
Sanji simplemente se echa hacia atrás, apoyándose en sus codos quedando medio recostado y separando las piernas, en una clara invitación. El moreno se posiciona entre sus piernas, yéndolo a besar de nuevo, para luego separarse y llevar tres dedos a su boca.
-Trae-cogiendo su mano, comienza a lamer los tres dedos, uno por uno, falange a falange y entre ellos, ensalivándolos bien y soltándolos después. Zoro lo mira sonrojado, se ve tan provocativo…
-Separa bien las piernas, intentare que no te duela-dirige uno de sus dígitos a la entrada de Sanji, comenzando a penetrarlo, despacio y con cuidado, metiendo hasta la mitad del dedo y moviéndolo circularmente, para comenzar a acostumbrarlo.
El gesto de Sanji se crispa de dolor, y Zoro inmediatamente lo besa, tratando de distraerlo ligeramente del dolor. Introduce el dedo hasta la base, comenzando a moverlo a ambos lados y arriba y abajo, para dilatarlo. Al cabo de un momento, comienza a introducir el segundo, y Sanji se aferra tan fuerte a los hombros de Zoro que termina por clavarle las uñas.
-Ah, ah, ah, l-lo siento-se disculpa entre jadeos, mitad de placer, mitad de ligero dolor.
-No te disculpes, es doloroso-asiente el moreno, siguiendo con su tarea.
Cuando consigue introducir el segundo, comienza a abrirlos como si de tijeras se tratara, logrando dilatarlo. Lo embiste ligeramente con los dos dígitos, haciendo que gima el rubio fuertemente y que cierre los ojos. Pronto el Don nota como su miembro está poniéndose duro de nuevo, debido a los sonidos que suelta el otro. Al igual que nota como la entrepierna de Sanji está despertándose también. Considerando que está lo suficientemente dilatado, introduce el tercero, este prácticamente sin ningún esfuerzo o presión, y comienza a moverlos, más rápido que antes, intentando alcanzar el punto dentro del cuerpo de su amado que lo hará gritar de placer.
-Z-Zoro… Ah… Ha-hazlo ya-suplica Sanji.
Ante esta petición, no puede hacer más que obedecer, ya que él también está deseando introducirse hasta el fondo en el cuerpo amado. Saca los tres dedos y con esa misma mano guía su miembro hacia la entrada del rubio, introduciendo primero la punta, con el consiguiente gemido de dolor del de abajo. Le alza las piernas, poniéndolas encima de sus fornidos hombros, e inclinándose hacia él, besándole y el cocinero aferrándose fuertemente a su cuello, gimiendo contra su oído.
El mayor empuja ligeramente su cadera, introduciéndose poco a poco, parando cada tanto para no incomodar al otro, hasta al fin haberlo penetrado hasta la base. Se quedan así unos momentos, uno asimilando la grandeza del otro, y el otro acostumbrándose a la estrechez del uno.
Un ligero movimiento de Sanji indica al espadachín que puede moverse, comenzando la danza. Primeramente lo embiste suave, para no causarle daño, pero a medida que el calor y el deseo aumentan, va acelerando el ritmo, rozando sus cuerpos, tomándolo de las caderas para llegar más profundo en su estrecha cavidad, intentando tocar tantas veces como pueda el punto del placer. Un corto grito de placer seguido de una contracción que casi lo hace venirse, le indican que lo ha encontrado, por lo que procura dar todas las veces que pueda. La vista del moreno se pasea por todo el cuerpo del rubio, que se contonea y mueve de placer, con los ojos entreabiertos al igual que los labios, mirándolo directamente a él. Con una sonrisa, toma el miembro del de abajo, apretándolo levemente, haciendo que gima en alto y que cierre los ojos. Comienza a masturbarlo al ritmo de las embestidas.
-Aaaah… N-no… S-si haces e-eso yo…-gime el rubio, moviendo su cadera, ladeando la cabeza y viniéndose en la mano de Zoro, gritando quedamente su nombre y contrayendo su entrada, haciendo que el otro se venga también con un gran gemido, dentro de él, rebasándolo.
Jadeando, se tumba encima de Sanji, sin aplastarlo con su peso, abrazándolo. Al cabo de un rato, sale de él, despacio, consiguiendo un gemido por parte de ambos y que la esencia del moreno se escurra de entre las piernas del rubio.
-Feliz cumpleaños, Zoro-murmura Sanji antes de quedarse dormido entre los brazos de su espadachín.
-Te amo-susurra este, besando la frente de su cocinero, abandonándose a los brazos de Morfeo…
Holaaaaa ¿qué tal están? Ante todo: GOMEN, GOMEN, GOMEN T.T Sentimos haber tardado tanto en terminar el fic, la culpa es mía (Kira), he tardado demasiado, pido sus disculpas T.T Bueno, pues aquí termina este viaje por el mundo de la mafia. Quisiéramos darles las gracias a todos y todas los que nos habéis estado siguiendo durante todos estos siete capítulos, ¡MUCHAS GRACIAS! Sin vosotras ni vosotros, no lo habríamos conseguido, gracias por esa paciencia infinita. Ahora mismo donde estoy son casi la una de la mañana del día doce de noviembre, nuestra intención era terminarlo una hora antes, pero se nos ha alargado XD casi 13.000 palabras de capitulo, creo que es el más largo que hemos escrito hasta ahora. Con una hora de retraso pero bueno, hemos querido felicitar a Zoro-chan con el capitulo.
Bueno, aquí nos despedimos por el momento, esperamos que os guste, y tenemos que discutir entre las autoras cierto hilo pendiente, no sabemos si hacer un capitulo extra, por supuesto mucho más corto que esta bestialidad XDDD. Se verá con el tiempo. Muchos besos, muchos abrazos y pasad unos días felices. Aquí se despiden Dansell y Dark Lady Kira ^3^
