Hola de nuevo!, disculpen el retraso, las musas de la inspiracion se fueron de vacaciones, luego mi mp3 se descompuso y me quedé sin musica, fue horrible...

Escribí esto poco a poco con lo que pude rescatar de la memoria USB, por que el archivo se daño (la baba de bebé es corrosiva), ojalá les agrade, espero actualizar en menos tiempo.

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Para mi Taicho, Eri-chan, Akio-chan, Nee-san y para ustedes por leer.

Todos los personajes de FMA son propiedad de Hiromu Arakawa, yo escribo esto con fines de entretenimiento y por diversion.


Algunos minutos antes de las ocho estaba de regreso en casa, traía en las manos una armadura clásica de samurái en color verde olivo, la katana descansaba en una funda oscura, entró a casa y encendió la luz, se sorprendió de ver que no había nadie, no era muy común que su madre se retrasara tanto tiempo, subió a su aposento intentando pasar desapercibido y casi lo logra, pero momentáneamente es envestido por un montón de criados que le quitaron las cosas de las manos.

-Joven Fai, no debería estar cargando estas cosas, en un momento le prepararemos el baño, mientras nosotros llevaremos todo esto a sus aposentos.

-Yukio, no es necesario- Pero fue olímpicamente ignorado, y pronto se vio arrastrado por el hombre de unos cuarenta años.

-Joven Fai, nuestro deber es proporcionarle toda la comodidad posible, ahora por favor pase, en unos momentos Maki le indicara que el baño está listo.

-Yukio ¿Sabes Donde esta Oka-san?

-Apenas regresé del invernadero, estaba atendiendo a un cliente indeciso, espero que no demore, se alegrara de ver que ha decidido usar esa armadura., con su permiso.

Se quedo solo en la habitación, meditando un poco, no le había regalado nada a la princesa Mei, pero no estaba seguro de que cosa podría ser un buen regalo o una buena idea, sonrió ligeramente, sería un bueno si le demostraba que era capaz de reconocerla entre todos los nobles disfrazados en el palacio Yao, pero sería mejor si además le regalaba algo que aun no le hubiesen dado antes.

El llamado a la puerta lo saco de sus pensamientos.

-Joven Fai, el baño está listo.

-Valla, Maki, eso fue rápido, pero de momento tendrás que disculparme, creo que primero iré a con Oka-san.

Dejó a la joven con cara de incomprensión, bajó las escaleras y velozmente cruzo la puerta, recorrió un disimulado sendero hasta llegar al invernadero, que tenía todas las luces encendidas, el cliente seguía ahí.

-…También es importante la edad de las flores señor, si regala un botón a una flor completamente abierta da un mensaje distinto.

-Esto es complicado, colores, formas, todo se vuelve diferente tan rápido.

-Le decía, los claveles significan nobleza, un poco de magia y mucha elegancia, si son rojos…

-Etto, gomen, creo que claveles no.

-De acuerdo ¿Le interesa alguna otra flor?

-Buenas noches a todos.

-Fai ¿Qué haces aquí?

-Oka-san, pensé que te alegraría verme.

-Sí, hijo, pero es tarde.

-Hay tiempo, así que por qué no ayudamos al caballero con su difícil decisión.

-¿Yo? No, no es necesario, quizá deba regalarle otra cosa, y regresar cuando tenga más tiempo.

-Vamos, aun hay tiempo, quizá mañana la flor perfecta para que regale ya no esté así que ¿Por qué retrasarlo?

-Gracias.

Un vestido que en palabras de Winry me hacía ver como una princesa de cuentos donde hay hadas y magia, azul oscuro con detalles centrales en negro, para resaltar el color de mi piel según la teniente, a mí, particularmente me asustaba el corsé tan ajustado y con un escote que aunque pequeño seguía sin convencerme, pero debía admitirlo, las mangas me encantaban, lo mismo las siluetas de hojas de árboles bordadas finamente en color plateado.

Era hora del gran evento, me coloqué un antifaz plateado, adornado con pedrería azul y negra, bajé por una escalera que llevaba al jardín, estaba lleno de invitados que hablaban tranquilos entre sí, algunas mujeres habían vestido con kimonos tradicionales y exageradamente finos, otras llevaban vestidos de un estilo parecido al mío, por su parte los caballeros tenían distintos estilos, seguramente sacaron la idea de algún país que visitaron, y algunos incluso tenían ropas militares, cada uno con un antifaz o algo que pudiera ocultar su rostro.

Winry opto por un vestido también con corsé, pero la falda era mucho más corta, en color vino y negro con algunos vivos dorados y la teniente llevaba un kimono rosado con bordados dorados y blancos, las acompañaban el coronel y Edward, que vestían similar.

-En otros tiempos, quizá como cien años, así se vestían los nobles cuando asistían a una fiesta en el palacio real, me pareció buena idea no perder la buena costumbre y Edward que no tenía creatividad para un disfraz me secundó.

-Tengo cosas más importantes que hacer que perder el tiempo en ropa, pero si te molesta mi falta de creatividad, Mustang, la próxima vez podrías transmutar tu propia ropa.

-Ed, baja la voz, podrían identificar a Mei.

-¿Cómo? ¿Se oculta de alguien? ¿En una fiesta de disfraces? ¿Qué no todos nos quitaremos la máscara a media noche? y ¿Winry porque tu vestido es tan corto?

-Perfecto, vas a hacer que nos descubran a todos.

-Acero, creo que esta es una conversación privada, así que llevaremos a la princesa lejos de tu "pequeño" ataque de ira.

El rostro de Edward se volvió de un rojo intenso, me alejé de ahí lo más pronto que pude, recordé que sus rabietas son exageradas y llama demasiado la atención, me escabullí rápidamente a un jardín trasero, camine despacio, sintiendo el aire fresco, el olor de las flores, las gotitas de agua que salpicaban de la fuente, viendo la luna llena brillar en su más hermoso esplendor, acompañada de estrellas que realzaban su brillo, cobijadas en momentos por nubes de algodón oscuro. Pese a estar sola, me sentí tranquila, fue hermoso, mágico, esa sensación de ser uno con el mundo pero ahora sin estar realizando alguna transmutación.

Un abrigo depositado con cuidado sobre mis hombros me sacó de la ensoñación, confusa volteé a ver quién estaba conmigo, al principio, era solo una silueta oscura, después se aclaro y vi una sonrisa amable acompañada de una mirada divertida, vagamente escondidas entre una armadura de samurái.

-Es una hermosa noche, princesa.

-Fai -sama

¿Cuándo había llegado? ¿Cómo fue que no lo sentí? Estaba tan tranquilo como siempre, trayendo paz consigo y esparciéndola a quien lo rodeara…Un momento ¡Se suponía que no debía encontrarme!...No podía ser cierto, me distraje tanto en contemplar la luna que olvidé buscarlo y eso solo significaba una cosa…!yo perdí¡

-Pienso que sería mejor entrar al palacio, pese a ser una hermosa noche, no me agradaría que alguno de los dos se enfermara, además…pronto será media noche.

-Caro…

Regresamos al salón del palacio, aunque tenía la extraña sensación de que me estaban observando, negué levemente, quizá fuera la paranoia de la fiesta.

/

El chico estaba feliz con su regalo, una pecera con algunas plantas ornamentales que según las palabras del muchacho, vivirían en simbiosis con los peces y por muchos años., quizá era más como emoción por ver la cara de Mei, ella amaba la naturaleza, algo que tenían en común.

No la encontró en el salón., en realidad entre tantos disfraces quizá no la hubiese reconocido, pero estaba seguro de lo contrario. Optó por salir a los jardines, era una bella noche, más ideal para contemplar la luna que para estar en un baile –O para contemplar la luna después del baile- pensó. Caminó con mucho cuidado por los andadores rodeados de árboles y estaba comenzando a considerar en regresar al salón principal cuando encontró una silueta sentada junto al pequeño estanque, se acercó sigilosamente y estaba por hablar cuando otra figura se abalanzó sobre esta.

Estaba anonadado, observó como la figura pequeña era literalmente devorada por los labios de la otra, como recorrían suavemente sus rostros y se miraban por momentos para volver a besarse. Los colores subieron a su rostro, sabía que no debía estar ahí, pese a no ser su intención., así que cuando una mano traviesa recorrió la espalda cubierta de tela rosada y continuo descendiendo poco a poco, emprendió la huida. Rápidamente regresó al sendero, pero piso una ramita que crujió, después tropezó con una piedra escuchó como aquellas figuras se separaban bruscamente.

-¿Quién está ahi?

Lo único que pensó fue que moriría calcinado, sintió el terror helar sus venas al reconocer la voz del coronel Mustang. Escuchó como el arma de la teniente estaba lista a dispara y los pasos de ambos aproximándose cautelosamente.

-Alphonse

-Co…co…coronel, lo siento, yo…estaba buscando a Mei, no la vi en el salón y…pensé que estaría en los jardines…no fue mi intensión…de verdad.

-¿Eso es para ella?

-Sí.

-Son hermosas

-¿De verdad cree que le gusten?

-Sí, la vi en la fuente, estaba sola, date prisa o si no la perderás de nuevo.

Se levantó del suelo y corrió hacia la fuente, aminoró el paso al acercarse, despejó su mente de las escenas vistas anteriormente. El sonido del agua en la fuente se dejó escuchar, estaba por salir al encuentro de Mei cuando otra figura, una armadura de Samurái, se acercó con sigilo y se sentó junto a la princesa. Estuvieron así por varios minutos, luego el chico se levantó y colocó un abrigo sobre los hombros de Mei., intercambiaron algunas palabras y luego fueron del brazo hacia el salón.

Alphonse no sabría explicar las sensaciones tan contradictorias que lo envolvieron en esos minutos. Se sintió fascinado al ver a Mei tan ensimismada con la luna, después se molestó de que ese chico llegara de improviso, estaba seguro de que no dejó a Mei seguir disfrutando la tranquilidad de la noche ¿Quién se creía él para arruinarle la noche a la princesa?, al final estaba más que furico por que "había incomodado a su amiga al punto de desear irse del lugar" y encima de eso no había podido entregarle la flores.

Finalmente decidió regresar a su aposento, si volvía a ver a ese tipo, seguro le reclamaría, pero no deseaba armar un espectáculo, habían sido demasiadas emocione para una noche, lo mejor sería esperar a que todo terminara para ver a Mei y darle su regalo.

-Te digo que uses mi saco

-Pues yo te digo que no lo necesito

-Pero ¿No entiendes? No me agrada ese vestido.

-Como que no te agrada ¿Insinúas que me veo mal?

-No, es solo…que te ves demasiado bien

-¿Cuál es el problema?

-¿Winry? ¿Hermano?

-¡Alphonse!

Esa ruidosa discusión parecía llevar buen tiempo, pues no había nadie más en la terraza., ambos jóvenes corrieron hacia Al y lo abrazaron, por su parte el joven alquimista se preguntó qué tan larga le sería la noche con todas las emociones vividas y las que faltaban.

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Media noche, Fai me invitó a bailar una pieza antes de quitarme el antifaz. Si, de ahora en más le llamaría simplemente Fai, pero no me sentí incomoda con ello, al contrario, me pareció agradable. El resto de la velada le concedí a Ling un par de piezas y también a algunos caballeros que se acercaron a invitarme. Al parecer fue un éxito, todos se divirtieron, excepto Edward que miraba con demasiado odio a todo aquel que le dirigiese miradas coquetas a Winry. Del coronel y Riza no volví a saber nada hasta la mañana siguiente, y para ser honestos, no deseaba enterarme.

Llegó la hora de cerrar el baile, Ling planeo fuegos artificiales muy hermosos y después todos los invitados se despidieron. Con modales muy respetuosos Fai se despidió de todos, luego se adentró en la oscura noche para volver a casa.

Regresé a la fuente, el viento soplaba pero no sentí frio, entonces me percaté de que aun tenía puesto el abrigo de Fai., ni hablar de lo apenada que estaba, la noche era quizá fría y el estaba camino a casa resintiendo el clima.

-Mei…

Esa voz…esa voz me era tan familiar, protagonizaba mis sueños para tornarlos pesadillas y era el detonante a todas mis fantasías. Me tensé al momento, pensando en no hacerme ilusiones de nuevo, por lo general escuchaba esa palabra en ese tono, pero al voltear nunca había nadie y todo era producto de mi sádica imaginación.

-Mei…

Llamó de nuevo, pero no podía ser que él estuviese aquí, ahora.

-Mei…

No pude soportarlo, me arriesgue a que mi mente jugase de nuevo conmigo, pero esta vez no fue una alucinación, estaba ahí…

-Feliz cumpleaños.

Las nubes debieron cubrir a la luna, el infierno debió congelarse y el aire debió agotarse por que una vez más se que perdí el control y caí lentamente mientras a mi paso todo se oscurecía.


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De momento es todo, ojalá que lo hayan disfrutado.

Espero sus comentarios y críticas.

Besos.