Bueno aquí les traigo el capitulo 9 :p espero les guste... ya falta poco...
Besos... espero RR
Capitulo 9
Todo en la casa de los Potter era un caos, después que Lily notara el gran parecido entre Leslie y Lia todo se volvió tormentoso para ella entrando así en un estado serio de shock. Su hermana sin embargo no había movido ni una sola hebra de su cabello para moverse o ayudarla, en cierto modo eso llamaba la atención de Scorpius y Albus que mientras ayudaban a Lia a recuperarse observaban con detenimiento a Violeta que a decir verdad tenía la vista en algún punto del jardín.
Albus decidió acercarse, no sabía qué tipo de problemas tenían ambas como para juzgarla pero él fue criado de una forma diferente, donde cuidar y velar por tu familia va primero que las riñas y altercados que pudieran tener.
- Disculpa, sé que no te conozco pero ¿no te preocupa tu hermana? –preguntó Albus tímido ya que ella de por si lo intimidaba pero no sabía porque, al no recibir respuesta volvió a hablarle- Violeta, tu hermana te necesita… -paro abruptamente su intervención cuando noto que su pupila estaba dilatada.
- ¿Qué sucede Albus? –preguntó James al notar la preocupación en su rostro.
- Acércate a ella y mírala fijamente a los ojos –dijo Albus en susurró mientras se acercaba a Lia, su hermano asintió mientras caminaba hacía la chica.
- Violeta, ¿estás bien? –no recibió respuesta alguna y por ello decidió hacer lo mismo que hizo su hermano.
Su pupila estaba dilatada casi por completo, solamente quedaba un fino circulo de color azul alrededor de la pupila, decidió tocarla y noto que estaba fría, temblaba y tiritaba a la vez; notó con horror que su pupila cambiaba de tamaño, nervioso toco su rostro y pareció reaccionar.
- ¿Qué sucede? –dijo mirando confundida a todos- ¿Lia? ¡Por Melin! –se acerco a ella y la abrazo.
James se acerco a Albus con el ceño fruncido.
- Ella tiene una maldición y no es cualquier maldición… -James dijo con preocupación- debo preguntarle a un amigo que está especializado en maldiciones y maleficios oscuros.
- Algo así me imagine, no solo por lo evidente claro está –hablo Scorpius por primera vez.
- ¿Lo evidente? –preguntó Albus enarcando una ceja.
- Obvio, el comportamiento de ambas es cambiante, no te miran directamente a los ojos por más de 10 segundos pero ese comportamiento se nota mucho más con Violeta que con Lia –Scorpius explico un punto muy importante, algo que casi nadie noto o paso por alto.
- Creo que lo mejor es buscarlo, debo salir de esta duda –dijo James mientras se levantaba- Scorpius, espero no pierdas de vista a Violeta, yo me encargare de Lia. Aunque James no lo dijo abiertamente y mucho menos Scorpius, ambos llegaron a la misma conclusión, ellas tienen un papel muy importante dentro de la desaparición de Rose.
Esa noche Scorpius vigilo a Violeta, mientras ella caminaba de un lado para otro en la sala de estar él estaba sentado en las escaleras. Unas cuantas horas más tarde ella se sentó al parecer cansada de tanto caminar pero tomo su varita y dijo las mismas palabras que recito para ver los recuerdos.
Todo estaba oscuro, era asfixiante, se lograba escuchar un estruendo como cuando nadas contra la corriente de un rio y de pronto de la nada apareció una habitación, y en la cama una joven llorando desconsoladamente.
- Hija, ¿Otra vez? –preguntó una hermosa mujer, "su madre" pensó Scorpius.
- Mamá, no puedo –dijo con voz temblorosa- no puedo olvidar esa noche, es lo único que recuerdo –decía Violeta hipando.
- Tranquila mi niña, yo… -un fuerte estruendo se escucho en el piso de abajo poniendo en alerta a la mujer.
La tomo del brazo y corrió hasta el pasillo donde se encontraba una trampilla en el piso, segundos más tarde llegaba un hombre con Lia en brazos.
- Escuchen ambas, es muy importante que pase lo que pase ustedes no saldrán de aquí –suplicaba su madre- ella no muere si la otra no muere –dijo más para su acompañante que para las niñas.
- Sabes que no puedo prometer eso, pero lo intentaré –susurró el hombre.
- ¿Dónde está la chica? –gritó una voz ajena a todo, una voz que por segundos a Scorpius le pareció conocida.
- Silencio –susurró él hombre que las acompañaba cerrando la trampilla.
- Muy bien, veo que desperté a la familia –el hombre hablaba con sorna y a la vez reía con demencia- que poca educación de mi parte.
- ¿Qué quieres maldito mortifago? He cumplido con nuestra parte del trato, ella no recuerda nada de su pasado, ninguna de las dos –dijo desesperada la mujer.
- Aun así no puedo arriesgar a los míos, cometí un error grande al dejar viva a esas dos por eso es necesario matarla –siseaba el hombre bajo su capa. Scorpius escuchaba atentamente había algo en ese hombre que le resultaba familiar, sintió la mano de Albus en su hombro, lo miro y tenía el seño fruncido al parecer igual de contrariado con ese recuerdo.
- Vete… ellas no tienen la culpa de tu venganza –gritó la mujer.
- ¡Cállate! –rugió propinándole una sonora cachetada- CRUCIO.
Lia y Violeta estaban aguantando todas las ganas de llorar y gritar, temblaban y gimoteaban quedamente gracias a que sus manos ahogaban todo sonido, pero al escuchar los gritos de su madre y percatarse que el hombre que decía ser su padre no movía un dedo para impedir que la maldición la lastimara despertó el Violeta un profundo odio y rencor.
- Has hecho bien Jhon, puedes irte y si quieres llévate a… -lo interrumpió.
- No la quiero, has con ellas dos lo que quieras pero a mi hija no la toques –dijo antes de desaparecer.
Todo paso lentamente ante sus ojos desde que su madre fue despojada de su ropa de la manera más salvaje y dolorosa que era posible para ser violada sin consentimientos y de una forma brutal.
- Eres un rico manjar Rosalía, lástima que tus hijas morirán –soltó un gemido de placer mientras que ella lloraba silenciosamente observando un punto exacto del piso, rogando silenciosamente que las chicas no cometieran una locura- Oh lo siento, ya están muertas –dijo entre embestidas cada vez más fuertes.
- Déjalas por favor –gritaba con dolor.
- Déjala –gritó una joven saliendo de su escondite con su rostro bañado en sangre.
- ¡Ja! ¿Qué me harás sangre sucia? –retó el mortifago, la joven por otro lado temblaba de pies a cabeza no de miedo sino de coraje- sabes se lo haré más fácil a esta pobre zorra, Avada Kedavra.
Su madre quedó con una extraña mascara de dolor en su rostro, definitivamente así no quería recordarla, estaba ensangrentada y totalmente desnuda. Ese fue su límite.
- Maldito –gritó- Expeliarmus.
El hechizo fue tan potente que dejo libre una parte de su rostro. Scorpius sintió como la sangre abandonaba su rostro y su corazón se quebraba en mil pedazos porque ese hombre tan despiadado y sin corazón era nada más y nada menos que Lucius Malfoy, su abuelo.
- Crucio –gritó Lucius Malfoy pero ella lo esquivo rápidamente.
- Demaius.
- Avada… -estuvo a punto de matarla pero ella fue más rápida.
- Expeliarmus –gritó por última vez antes de verlo desaparecer.
El recuerdo se desvanecía poco a poco, Scorpius y Albus estaban sin palabras, no notaron cuando Violeta se levantó y se quedo mirándolos fijamente con una expresión extraña en su rostro.
- ¿Qué hacen aquí? –susurró con voz dolida.
- ¿Qué fue eso? –respondió Albus con otra pregunta.
- El día que mi madre murió, desde ese momento no he descansado buscando ese maldito mortifago pero al parecer siempre termina escapándose –dijo con desesperación, ira y dolor.
- Lo siento… -susurró Scorpius, Violeta lo miró extrañada.
- ¿Por qué lo sientes? –preguntó confundida.
- Te puedo ayudar a conseguir a ese mortifago… -dijo con un hilo de voz.
- ¿Puedes? ¿Cómo? –preguntó de pronto interesada por su confesión.
- Porque ese mortifago se llama Lucius… Lucius Malfoy, mi abuelo –culminó mientras una lagrima rodaba por su rostro- y yo te ayudaré… te ayudaré a atraparlo.
Violeta abrió los ojos desmesuradamente mientras veía como Scorpius desaparecía a un destino para ella desconocido.
Mansión Malfoy
Astoria y Draco estaban sentados en el jardín, conversando y tomando un poco de té cuando Scorpius apareció molesto, les gritó, se fue contra la pared más cercana para luego caer desolado. La última vez que lloro de esa manera fue él día que Rose murió.
Se sentía pesado, sus manos y pies ardían producto de las quemaduras, un enorme y extraño vacio se estaba acumulando en su pecho, fue allí donde decidió abrir los ojos. Estaba en la enfermería de Hogwarts su padre estaba con él, su rostro era serio y preocupado, vio a su madre que abrazaba a una desolada Hermione Weasley. De pronto todo llego a él con toda velocidad, un fuerte dolor se acumulo en su pecho haciendo que jadeara, se levantó sin importarle las quemaduras y heridas, se acerco a Hermione pero esta estaba sumida en su propio dolor y Scorpius no tenía palabras para consolarla.
Sintió una mano en su hombro y se giró, allí estaban esos ojos azules iguales a los de ella, pero estos ya no tenían brillo solo reflejaban dolor. Contra todo pronóstico Ronald Weasley abrazó a Scorpius fuertemente, en ese momento fue su final ya que toda fortaleza que hasta ahora poseía se fue con Rose, le respondió el abrazo liberando así su propio dolor. Segundos más tarde sintió los cálidos brazos de Hermione y sin pensarlo se aferro a ella, llorando, compartiendo su dolor.
- Hijo, ¿Qué pasa? –decía su madre preocupada- No me gusta verte así…
- Fue él mamá, fue Lucius… -dijo Scorpius con ira contenida.
- ¿Mi padre? ¿Qué hizo? –Draco Malfoy se estremeció al sentir la mirada gélida de su hijo.
- Dime que tú no tienes nada que ver con la muerte de Rose… se sincero sabes que puedo leer tu mente –espeto Scorpius con ira.
- ¿Cómo se te ocurre pensarlo? Jamás, tu… -de pronto Draco cayó en cuenta, "Fue Lucius" se repetía en su mente- ¿Quieres decir? –susurró.
- Que él está implicado en la muerte de Rose… él es el culpable de todo ese desastre –Astoria lanzó un grito de terror al escuchar esa afirmación, ahora entendía a su hijo- y te juro que moveré cielo y tierra hasta encontrarlo para que se pudra en Azkaban, lo juro.
