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Primera charla

Tus ojos, esos ojos que me provocan temblor,

Esos que no me dejan dormir

Esos que me dan insomnio,

Tus ojos…

Aquellas luciérnagas que iluminan mi oscuridad

Regrese al día siguiente, nunca sabré porque lo hice, llegué al parque con los nervios a flor de piel. Me senté en la misma banca del día anterior, nunca en mi vida había estado tan nerviosa, a decir verdad, nunca en mi vida me había gustado alguien.

Espere pacientemente cinco minutos, los cuales me sirvieron para tranquilizarme, de pronto lo vi, caminando hacía mi, se abría paso entre tumultos de gente, mis piernas me temblaban, respire un par de veces y él llegó

--Hola—saludó

--Hola—respondí con un hilo de voz

--Viniste—se sentó a mi lado—pensé que no me harías caso

--Estoy llena de sorpresas—me sonrió, nos quedamos en completo silencio, mientras observábamos como la gente pasaba

--¿Te gustan los libros?—me preguntó de repente

--Sí—conteste abrumada

--Ayer traías Crimen y Castigo, ¿ya lo terminaste?

--No, me falta poco

--Es un buen libro

--¿Has leído el Anticristo?

--¡Que buen libro!—pasaron treinta minutos en lo que platicábamos de libros y autores, de pronto la conversación se volvió hacía la música, jazz, rock, heavy metal, trova, etc.

Cuando me di cuenta ya eran más de las ocho

--¡Mierda!—exclamé

--¿Qué pasa?

--Mi mamá me va a matar—me levanté—perdón me tengo que ir…

--Yo te llevo—me quedé boquiabierta

--¿Qué?

--Yo te llevo, tengo carro

--Pero…pero

--Vamos—me tomó de la mano y nos dirigimos a quien sabe donde, yo estaba perpleja, parecía un zombie.

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--Llegamos—me dijo, yo miré por la ventanilla del copiloto, era verdad, ¿cuánto tiempo llevaba en su carro? Lo miré perpleja--¿qué pasa?

--Nada, es sólo que… ¿sabes donde vivo?

--No, bueno ahora si—miró mi rostro lleno de perplejidad--¿no recuerdas?

--¿Qué?

--Tú me diste las instrucciones para llegar

--¿De verdad?

--Clau, ¿te sientes bien?

--Sí—abrí la puerta—gracias por traerme—estaba a punto de bajar del carro cuando, me jaló de la mano, me dio un beso en la mejilla y me soltó, los vellos del todo el cuerpo se me erizaron

--De nada—bajé del carro, busqué en la bolsa de mis jeans las llaves, la mano me temblaba, él seguía ahí, observándome, lo podía sentir, por fin la puerta cedió, al entrar lo primero que escuché fue el grito de mi mamá

--¿Dónde estabas?, ¿quién te crees para llegar a la hora que se te da la gana?, ¿por qué me haces esto?

--Perdón mamá, es la primera vez que llego tarde

--Pues que sea la última, casi me matas del susto—se alejó diciendo quien sabe que. Yo me tumbé en mi cama, a soñar despierta y luego dormida

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Al día siguiente fui a la escuela, como siempre, llegué al salón y lo primero que paso, fue que un montón de chicas se abalanzaron sobre mi y con ellas preguntas como

--¿Quién es?

--¿Cómo lo conociste?

--¿Ya salieron?

--¿Ya te besó?—estaba abrumada, ¿de qué demonios hablan?, la campana sonó y dos minutos después entró el profesor

--Ha sus lugares—el tumulto se dispersó y yo pude respirar, me dirigí a mi lugar

--¿Qué demonios pasa?—le pregunté a Mariana, una chica de mi grupo de amigos, la más extraña de todos

--Al parecer corrió el chisme de que estás saliendo con alguien—me quedé boquiabierta, ahora entendía todo.

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El recreo llegó, nos sentamos donde siempre al pie de un árbol, un sauce llorón para ser exactos

--Bueno—dijo Andrea, una chica atractiva, de cabello cobrizo, ojos verdes y de complexión normal--¿son ciertos los rumores?—cinco pares de ojos se posaron en mi

--Ah…--¿qué decir?

--Sí—Mariana y Andrea comenzaron a reír, mientras que los chicos murmuraban entre ellos

--¿Es buena persona?—preguntó Leo, mi mejor amigo, él era alto de complexión delgada, ojos cafés claro y, el cabello rizado y largo, no se me hacía guapo pero tenía ese no se que, que te atraía

--Supongo, ayer me llevo a mi casa—regresó a mi mente la escena de ayer, seguía sin recordar cuando le di las instrucciones para llegar a mi casa

--Eso dice mucho—dijo Alejandro, un chico de lentes, de cabello negro y enclenque

--No dice nada—dijo de pronto Adrián, un tipo que si te lo encontrabas en la calle te daba miedo, alto y fornido, cabello extremadamente largo y negro, el cual a veces me dejaba peinar o él mismo me lo decía; guitarrista, con una mirada dura y penetrante, imagínense ustedes a un guarura, algo parecido era Adrián—no por llevarla a su casa ya se ganó su corazón… ¿o si?—me miró, al igual que todos los demás

--No—mentira—claro que no—doble mentira

--Menos mal—sonó la campana, todos nos levantamos para dirigirnos a clase, en ese momento alguien me tomó del hombro, era Leo

--¿Puedo hablar contigo?

--Claro—nos alejamos un poco

--Que mentirosa eres—él me conocía demasiado bien—él ya tiene tu corazón, ¿cierto?

--¡No!

--¿Piensas en él por las noches?—asentí débilmente, me abrazó—sólo ten cuidado, ¿sí? Nunca te has enamorado, podría lastimarte—su abrazo creció en fuerza—y si eso llega a pasar, nosotros lo arreglamos

--Gracias

--Prométeme que nunca lloraras por él—me tomó por los hombros y me miró fijamente a los ojos—Promételo

--Esta bien—dije al borde de las lágrimas, hasta ese momento no sabía que me quisiera tanto

--Vamos a clase

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La salida llegó, estábamos los seis caminando por el pasillo, y justo a la salida de la puerta, apareció ante mis ojos, estaba recargado en su auto, un Ford 78, azul marino. En su mano traía un ramo de rosas blancas, me mordí el labio inferior, su mirada se cruzó con la mía, me sonrió e hizo un ademán con las rosas. Ante mi reacción, Adrián, miró a Arat

--¿Es él?—me preguntó

--Sí—se dispuso a caminar, de no ser porque Leo y Ale lo detuvieron, mientras que Andrea y Mariana me empujaban, camine hacía él como idiota

--Hola—me dio un beso en la mejilla

--Hola—me dio las rosas--¿cómo supiste?

--Sólo adivine—me abrió la puerta del copiloto--¿tienes algo que hacer hoy?—miré a mis amigos, Leo y Ale se seguían esforzando por detener a Adrián, mientras que Andrea y Mariana se despedían de mi

--No—lo miré

--Bien, te llevaré a comer—ese fue el momento decisivo que marcaría mi vida para siempre

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Otro capítulo, espero les guste

Manfariel