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En Problemas

Así como el viento caza las nubes,

Yo cazo tus zafiros

Estrellas de mi cielo

Me quedé helada, ¿qué podía hacer? Ambos se miraban con odio y furia

--Arat, me sorprende que tú quieras hacer un show público—dijo Torunijè

--No, lo quiero hacer, pero si la vuelves a tocar, te juro que no me importará—el otro dejó escapar una risilla

--Por favor, ambos sabemos quien ganará—se acercó al oído de Arat y le susurro—sólo eres semi…--no concluyó la frase pues Arat lo tomó del cuello

--¡Arat!—grité, sin embargo Torunijè comenzó a reírse

--¿Eso es lo mejor que puedes hacer?—lo lanzó contra la barra, provocando que varios vasos se rompieran y líquidos se derramaran, me tomó de la mano, la gente comenzaba salir a trompicones de ese lugar, al haber tanta gente amontonada en la salida, me cargo en sus brazos

--Pero qué…--nos sumergimos en el mar de gente, y se abrió paso, me dejó sobre el asfalto

--Vuelvo en seguida—desapareció, me quedé ahí parada mientras escuchaba los gritos de la mujeres y los pies acelerados de los hombres, corriendo por todos lados, no entendía nada, en ese momento alguien chocó conmigo, provocando que perdiera el equilibrio y estuviera a punto de caer al cemento, pero una mano fuerte me asió por la cintura, estaba punto de reclamar que me soltará, pero le miré el rostro

--Perdón—dijo él

--Ah… no importa—era un chico de cabellos rubios, cortos, pero traía un pequeño fleco sobre su ojo izquierdo, sus ojos eran azules, azules…topacio, llevaba puesto un sombrero de copa y un traje negro

--Segura que estas bien—dijo

--Sí

--¿Qué esperas?—de pronto me di cuenta de que estábamos hablando como dos personas normales en medio de un caos

--A mi novio—sonrió tristemente

--Ya veo—en ese momento las luces de un carro se aproximaron a nosotros, Arat bajó del asiento del piloto, me asió del brazo sin pensarlo dos veces, y me metió al asiento del copiloto, cuando se daba la vuelta para subirse, le lanzó una mirada de odio al chico rubio, este sólo sonrío torcidamente

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Nunca olvidare el rostro de Arat durante esos minutos, su semblante era peor que al de una gárgola de una catedral gótica, esta vez no había hablado, es más parecía que no respiraba, no dijo ni una sola palabra en todo el camino, pero para mí, bastaba con sólo verlo y un escalofrío me recorriera la espalda, de verdad estaba enojado

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Llegamos a mi casa en menso tiempo de lo esperado, claro, manejado a doscientos ¿Quién no iba a llegar rápido? Paramos en seco frente a mi casa, me volví hacia él, había apoyado su cabeza sobre el respaldo y tenía cerrados los ojos

--Supongo que no me vas a explicar qué pasó—dije con un deje sarcástico, negó con la cabeza—bien—abrí la puerta para bajarme del auto, sin embargo esta vez no me detuvo, fue razón más para que me enojará y echará a correr a mi casa

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Mi mamá me había hecho las típicas preguntas que hace una madre cuando su hija regresa tarde, con quién estaba, a dónde fui, conteste estas preguntas lo más rápido posible y subí a mi habitación, me tumbé en la cama. Respire profundamente un par de veces, para calmar mi cuerpo que se convulsionaba por la furia, una vez tranquila, me dediqué a vagar mi vista por el techo, hasta que me di cuenta de que mi vista vagaba por el techo, pero mi mente se concentraba en una sola cosa, el chico rubio con el que platiqué fuera del bar, embocé una tonta sonrisa…me levanté desconcertada ¿Qué pasaba conmigo? Sumí mi rostro en la almohada, y así caí dormida

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Me desperté por el sonido de mi celular

--¿Si?

--Clau—era Adriàn, me despabilé un poquito

--¿Qué pasa?

--¡Hay un remate de libros en la plaza central!

--¡Qué!—me levanté estrepitosamente de mi cama, lo que provocó que mis pies se enredaran con las cobijas, y cayera de bruces

--¿Estás bien?—preguntó mi amigo por el otro lado del teléfono

--Sí—conteste mientras me frotaba la frente

--De acuerdo pasó a tu casa en cinco minutos—la llamada se corto, me desenrede y me levanté, una vez arriba miré las cobijas extrañada, no recordaba habérmelas puesto anoche

--¡Adriàn!—grité, en ese momento corrí hacía mi ropero y cogí lo primero que vi, me levanté el cabello en una cola y fue el instante preciso en que oí la moto de Adriàn en frente de mi casa, tomé un poco de dinero, que guardaba y me dispuse a salir

--¿A dónde vas?—preguntó mi mamá que aún se encontraba en bata y con una taza de café

--Voy con mis amigos, hay remate de libros

--Pero…--no le di tiempo de que terminara la frase, pues había cerrado la puerta

--Vamos—dijo Adriàn en cuanto me vio, me lanzó el casco que yo atrapé en el aire y subí, lo tomé de la cintura--¿Lista?—asentí, nunca me habían gustado las motos, es decir eran lindas, pero yo odiaba la velocidad, sin embargo con Adriàn me sentía segura, bastante…

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La plaza central era un mundo, todos estaban ahí

--Y dicen que la gente no lee—dijo Adriàn mientras tomaba mi mano, para no perdernos

--Algunos están aquí por ocio—en la primera estantería que encontramos nos paramos, para ver que había

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De pronto encontramos a los demás también habían ido a comprar libros, pagamos en la caja con quince libros cada quien, y salimos de ese mar de gente

--Hay que hacer algo—dijo Leo

--Vamos por un helado—sugirió Mariana, todos estuvimos de acuerdo y caminamos a la heladería más cercana, que tenía una pequeña terraza, nos sentamos a platicar durante horas, algo que asía mucho que no hacía

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Adriàn me llevo a mi casa alrededor de las cinco de la tarde, pero esta vez íbamos más despacio como si él quisiera detener el tiempo, llegamos, me quité el casco y se lo di

--Gracias por traerme—le dije

--Ah, por dios soy como tu chofer

--Uy, vas a empezar de chillón—ese era un juego típico entre nosotros dos, él siempre se quejaba y yo le hacía promesas que nunca iba a cumplir

--Sí—pero esta vez fue diferente, se bajó de la motocicleta y se quito el casco, su melena se revolvió con el viento del crepúsculo—pero esta vez tienes que pagarme—de pronto comencé a sentirme demasiado nerviosa

--Adriàn…--calló mis palabras con un beso, al principio me quedé helada, después solté la bolsa de libros que traía en mis manos, y las coloque detrás de su cuello, él me abrazó con fuerza por la cintura, su cuerpo y el mío estaban completamente pegados, casi podía sentir cómo su corazón se fusionaba con el mío…terminó, nos despegamos, lo miré a los ojos incrédula, recargue mi cabeza sobre su pecho, el me abrazaba fuertemente como si tuviera miedo de que el viento nos separara

--Claudia—ambos miramos hacia mi casa, mi mamá estaba en el alfeizar de la puerta, nos soltamos, me ayudo a recoger los libros que se encontraban en el piso

--Adiós—dije en un susurro antes de darme media vuelta e irme

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--¡En esta casa hay reglas!—gritó mi mamá

--Por dios mamá, nunca me has regañado por salir con Adriàn, y ahora te pones de exigente

--No es sólo Adriàn, es dónde demonios has estado estos días, apenas y estás en la casa

--No es diferente a ningún otro día

--Claro que sí, y además cuando llegas siempre vas y te encierras en tu cuarto, como si no quisieras saber nada de nadie—en efecto, así era, no quería saber nada de nadie

--¿Ya me puedo ir?

--Eres imposible—mi mamá se encerró en su cuarto y acto seguido hice lo mismo

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Me quedé hasta tarde leyendo, cuando unos toquecitos en mi ventana me despabilaron, no tenía que ser bruja para saber quién era, me levanté perezosamente de mi cama y abrí la delegada cortina ahí estaba, sentado sobre las tejas, cualquiera hubiera pensado que estaba ahí desde hace horas, escogiendo el momento preciso para tocar

--¿Qué quieres?—me hizo un ademán con la mano para que le abriera la ventana, negué efusivamente con la cabeza, esta vez no hizo ningún tipo de cara tierna, sin embargo dejó escapar un suspiro, abrió la boca pero la cerró al instante, nos miramos a los ojos, él parecía arrepentido en verdad, pero yo estaba demasiado furiosa así que cerré la cortina de golpe y volví a enfrascarme en mi lectura

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Para cuando volví a levantar la vista eran alrededor de la una de la mañana, me estiré perezosamente, mi cuerpo pedía a gritos una cama donde descansar, así que me cambié, pero antes de entrar a mi cama, una extraña curiosidad me invadió, me acerque a la ventana, descorrí las cortinas y abrí la ventana, una brisa refrescante inundó mis pulmones, miré al asfalto con la esperanza de verlo ahí pero no estaba, levanté mi vista decepcionada hacía el firmamento, me quedé embelesada observando la luna cuando escuché unos paso en la calle, me volvi, ahí estaba mirándome, era el chico rubio con el sombrero, fue un segundo después, que yo, consternada, cerré los ojos y él ya no estaba

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Hola hace mucho que no actualizaba espero que no se hayan impacientado

Manfariel