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Celos
"Sella conmigo tu corazón…pues fuerte como la muerte es el amor"
A la mañana siguiente me levanté demasiado tarde, era domingo y yo no era de aquellas personas perezosas que se levantan a la una de la tarde, pero esta vez, era diferente, después de toda la tensión de esta semana, supongo que era normal. Me estiré perezosamente, me cambie y baje
--¿Mamá?—nadie contesto, estaba sola en la casa, así que fui a la cocina y me preparé algo para desayunar. En ese momento sonó el timbre, deje mi plato en la cocina y abrí la puerta
--Hola—en sus ojos se veían unas grandes ojeras
--Hola—saludé no muy amablemente, deje la puerta abierta para que pudiera pasar, y me dirigí a la cocina, llegó más rápido de lo que pensaba
--¿Podemos hablar?
--Habla, no hay nadie en la casa—dirigió una mirada de soslayo a las escaleras
--De acuerdo…lo siento, de verdad lamento lo que paso el viernes, no pude controlarme y no me agrado nada verte con Torunijè, y…no se que más decir—me quedé pensando por un momento
--¿Acabas de confesar que te pusiste celoso?—me miró fijamente
--Sí…supongo—no me iba a dejar ganar, por lo menos no tan fácilmente
--¿Me vas a explicar qué pasa?—me miró con una especie de frustración y rabia
--Ya sabes la respuesta Claudia, no—nunca antes lo había escuchado decir mi nombre completo
--Bien—todavía no había perdido--¿Cómo conoces a Torunijè?—esa vez me miró sorprendido, introduje un pedazo de mi desayuno a mi boca, tratando de ser indiferente, pero la verdad es que me asustaba el hecho de que se sorprendiera
--Viejos conocidos…--contestó al fin
--Arat, no soy idiota…
--Nunca he dicho que lo fueras…
--Déjame terminar. Sé que pasa algo que no me quieres decir, y yo no puedo estar así con alguien, sino me involucra a mí, de acuerdo guárdatelo, pero se trata de mi y nuestra relación…
--¡Mira quién habla de honestidad!—gritó de repente, sus rastas se movieron con furia--¡Tú también tienes algo que confesar Claudia!—me quedé helada ¿A qué demonios se refería? Entonces como si me cayera un balde de agua helada…
--Eso no tiene nada que ver…
--¡Tratas de justificarte a ti misma! ¿Cuánto tiempo pasó? ¡Un día…un jodido día que no pase contigo y te andas besuqueando con cualquiera!—eso fue el colmo--¡Y no es la primera vez! ¿O sí?—me levanté de mi siento provocando que la silla cayera
--¡Tienes toda la razón, eso no puede continuar, tú con tus mentiras y yo con mis engaños!—hubo un silencio sepulcral—Vete de aquí Arat—me miró un segundo dubitativo, pero salió sin pronunciar una palabra. En cuanto la puerta de mi casa se cerró, me quedé en la cocina, no quería moverme, no quería quedarme ahí hasta morir, en ese silencio asfixiante…
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Al día siguiente asistí a la escuela, pero fue como estar en una de aquellas películas mudas, no escuchaba nada ni a nadie. Las horas pasaron, pero yo no ponía atención a ellas, sólo escuchaba las palabras de Arat retumbando en mi cabeza una y otra vez ¡Un día…un jodido día que no pase contigo y te andas besuqueando con cualquiera!
Cuando salí del salón, alguien tomó mi mano, observé sorprendida, era Adrián. Nunca sabré que fue lo que me impulsó a hacerlo, pero las lágrimas saltaron de mis ojos y lo abracé con fuerza
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Después de la escuela, Adrián me invitó un helado, yo me había negado las primeras cinco veces, pero a la sexta logró convencerme, ¿O será que ya me había hartado? Seguramente. Al salir de la escuela, subí a su moto y arrancamos. Pasamos por el frente de la escuela, miré de soslayo, no estaba ahí, era definitivo.
Tomé mi helado en silencio, Adrián era el único que hablaba, trataba de animarme, se lo agradecía en verdad, pero esto iba a llevar tiempo. Dieron las siete y el crepúsculo comenzaba
--Voy al baño y nos vamos—yo asentí silenciosamente, no había pasado un minuto cuando alguien tomó el asiento de mi compañero, pero no era él, esa mirada de color verde yo la conocía bien
--Hola—saludó son una sonrisa pícara
--Torunijè—me incorporé incómoda, él me tomó rápidamente de la muñeca
--¿A dónde vas?
--A un lugar dónde no estés tú— soltó una risilla--¿Qué es tan gracioso?
--Así vayas hasta el fin del mundo te seguiré—me dio una enorme sonrisa, sus dientes eran increíblemente blancos
--Suéltame— logré zafarme, no sabía porque, pero cuando me sonrió un escalofrío recorrió mi espalda. Le di la espalda, sólo camine unos cuantos pasos presurosos y me topé con el chico de sombrero, sólo que esta vez no lo llevaba
--Creo que estamos destinados a chocar el uno con el otro—su comentario me provocó un risilla nerviosa--¿Estás sola?—negué con la cabeza, casi me olvidaba de Adrián, levanté la mirada, él me observaba cariñosamente con sus ojos azules—ya veo, vienes con tu novio—volví a negar
--Hola Coatl—de nuevo él, Torunijè apareció a un lado mío, instintivamente tomé la mano del mencionado y la apreté
--Torunijè ¿Estás molestando a esta linda niña?
--No—la respuesta fue sarcástica—sólo platicábamos—me acarició el cabello, yo retrocedí
--Torunijè
--¿Qué?
--¿Hay algún problema?—Adrián llegó y me tomó de la cintura
--Ninguno—fui yo quien conteste—vámonos de aquí—me subí a su moto lo más rápido que pude
--¿Te estaban molestando?
--¿Eh?...no—no quería ocasionar un enfrentamiento
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En cuanto vi mi casa, mis músculos se relajaron
--¿Segura que estás bien?—preguntó Adrián una vez que me baje de la moto
--Sí, todo está bien, gracias por el helado—le di su casco, entre a mi casa, mi mamá no estaba, al menos no había contestado cuando la llamé, subí a mi habitación y me tumbé en la cama. Eso de tener a hombres detrás comenzaba a desagradarme
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Fueron unos minutos después que el timbre sonó, no moví un músculo hasta que recordé que mi mamá no estaba en casa. Me levanté perezosamente, bajé las escaleras, abrí la puerta y lo primero que vi, fueron un montón de rosas rojas
--Wow—las tomé y entonces pude observar a Coatl
--Hola—saludó gentilmente
--Hola…eh…pasa—corrí a dejar las rosas en la cocina y regresé a la sala, él seguía de pie—sientate—tomó asiento en el sillón largo, mientras que yo me sentaba en el pequeño. No me mal entiendan, era muy guapo, demasiado, sin embargo mi cabeza estaba viajando en cuatro hombres a la vez, incluido él y no sabía que hacer
--Linda casa
--Gracias… ¿Qué te trae por aquí?—me miró pícaramente
--Creí que era obvio—sentí como mis mejillas se encendían
--Gracias por las rosas
--No es nada, un pequeño regalo. ¿El de la heladería era tu novio?—la pregunta fue tan rápida que apenas y me dio tiempo para pensar
--Eh…no
--Pero si tienes novio
--…ah...no lo sé—en realidad no lo sabía, había terminado con Arat eso era obvio, pero… ¿Y Adrián?
--Ya veo, es que bueno, me encantaste desde que te vi en el bar
--Ah…--era increíblemente sincero, no más bien era seguridad en sí mismo
--Y me gustaría salir contigo—lo miré desconcertada—pero si tienes una relación no hay problema
--Eh…yo…es que—no podía decirle que si, no después de lo que paso con Adrián
--Estás confundida, lo entiendo, mira—sacó una libreta de su bolsillo y anoto—este es mi teléfono por si cambias de parecer, me encantaría salir contigo—me sonrió comprensivamente—bueno tengo que irme—se levantó
--Está bien—lo acompañé a la puerta
--Hasta luego—acercamos nuestros rostros para despedirnos, sin embargo en el último segundo, él cambió de posición y me besó en los labios, yo me alejé asustada
--Adiós—dijo él con una sonrisa pícara, y se alejó sobre la acera. Cerré la puerta lentamente ¿Qué demonios estaba sucediendo?
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Me quedé unos minutos, como idiota, ahí parada como un ensueño. Cuando me di cuenta de mi realidad noté que mi mamá aún no había llegado, lo cual me preocupaba, no era normal en ella llegar tan tarde. A mi lado se encontraba la puerta de su habitación, la abrí impulsivamente, eran alrededor de las nueve de la noche, no podía ver nada, a excepción de la silueta de una cama destendida, seguramente había salido deprisa, prendí la luz, estaba hecho un desastre, las sábanas se abultaban del lado derecho de la cama, la ropa que había dejado afuera estaba tirada por todo el piso; y decía que yo era la desordenada; ni siquiera abrió las cortinas. Me dispuse a ayudarla un poco, así que comencé a levantar la ropa, había un calcetín al otro lado de la cama, en dónde se encontraban las abultadas sábanas, subí a la cama para no tener que darle toda la vuelta
--Listo—dije en cuanto tomé el calcetín, fije mí vista en las sábanas, se veían tan apeteciblemente cómodas, que me dejé caer en ellas--¿Qué rayos?—no estaban blandas, estaban duras, algo había debajo de ellas, las levanté rápidamente. Retrocedí estupefacta, sólo lo contemplé un segundo antes de saltar a la cama y salir disparada a mi habitación, tomé mi celular y llamé
--¿Diga?
--¡Qué madres sucede, Arat!
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Hay por favor comentarios, algo, ¿Tan mala esta mi historia? Juro que empieza lo bueno, lo prometo, si dejan muchos comentarios actualizaré pronto lo prometo
Manfariel
