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Confesiones

"Y cuando, en la calma ya, la dije "Mía",

Noté entre las estatuas de la fuente

La cabeza de un fauno que reía"

Llegamos a una cabaña abandonada, en cuanto entramos Radek escribió unos símbolos extraños alrededor de ella

-¿Qué es eso?—estaba tan asustada que la voz se me quebró

-Se llama magia o brujería o como quieras llamarla—estaba molesto, cuando finalmente paró de hacer sus símbolos se sentó junto a mí—tienes frío

-No…-me abrazó, curiosamente me proporcionó calor-¿De qué servirán esos símbolos?

-Protección

-Tú…-un trueno rasgo el silencio de la noche—el círculo de fuego…

-¿De qué creíste que eran todos los libros que estaban en mi habitación? ¿Filosofía? ¿Cómo crees que he sobrevivido todos estos años?—lo miré, no entendía—Como tu novio siempre he sido rechazado por los de mi misma raza, al no ser seductor, mujeriego…-levanté una ceja sorprendida—bueno hay excepciones, el punto es que soy diferente y por eso buscan la manera de molestarme, por tanto empecé a estudiar magia para protegerme de sus estúpidas bromas que a veces llegan a ser mortales

-… ¿Dónde está Arat?

-¿Qué voy a saber?

-Pues ustedes se pueden comunicar…

-No—me miró pícaramente—puedo sentirlo cuando está cerca

-¿Y por qué a los otros bastardos no los sentiste?—sus ojos brillaron

-Porque estaba ocupado

-Claro, ahora yo soy la culpable

-Obvio, eres la manzana del edén

-¿Sabes qué?—me zafé de sus brazos—no me toques y no te acerques

-Está bien—me quedé sentada ahí, miré a mi alrededor, en verdad que el lugar era viejo…demasiado, noté que el techo se iba cayendo poco a poco…pronto amanecería ¡amanecer!

-¿Cómo…?—Radek me miró pícaramente

-¿Acaso Claudia se está preocupando por mí?

-Claro idiota, después de que me salvaste ¿qué esperabas?—soltó una risilla

-Bueno, bueno, bueno. Haber cuando amanezca, los otros dos ya no estarán cerca, por tanto yo podré salir y enterrarme

-¿Enterrarte?

-Ajá, así como un muerto

-No soy idiota

-Yo no dije eso, pero si el saco te queda—cerré la boca, y le di la espalda. Me hacía salirme de mis casillas—pero no es para enojarse—intenté ignorarlo pero me tomó por la cintura y me jaló hacia él, de tal manera que mi cabeza y mis omoplatos quedaron encima de sus piernas, levanté mi vista, él me miraba desde arriba con… ¿ternura? Su rostro se fue acercando lentamente hacia mí, a pesar de que mi conciencia me reclamaba yo no me moví ni un milímetro, me quedé impávida, dejé que su cabello cubriera nuestro acto ilícito, como si eso fuera la solución para que nadie más nos viera, sus labios rozaron los míos, suave y delicadamente, como roza el agua del mar los pies. Abrió su boca para dejar que su lengua delineara mis labios, después ambos la abrimos y nuestras lenguas pelearon como la habíamos hecho hasta ahorita, en eso, mi lengua rozó uno de sus colmillos provocando que un hilillo de sangre saliera, escurridizo, mientras se mezclaba con nuestra saliva…no me moví, al contrario el beso se hizo mucho más profundo.

Para cuando nos separamos, me quedé viéndolo pasmada….no era posible que yo…

-Esto no pasó

-No intentes negarlo, Claudia

-Pero…no—me levanté bruscamente—esto… ¿en qué estaba pensando?—me pegué en la frente

-En el fondo lo querías hacer

-No es correcto

-Los humanos se preocupan tanto por hacer lo correcto

-¡Escúchame bien!—lo señalé-¡En algún momento tú también fuiste humano, así que no te atrevas a juzgarme!—me miró sorprendido

-Vaya de verdad estás molesta, pero lo que no entiendo es ¿por qué?—se levantó—Arat te quiere mucho, pero yo te amo—ante tal declaración mi cuerpo se echó para atrás

-¿Qué?

-Lo escuchaste, desde que entraste a mi casa, lo noté, sabía que eras tú—me miró pícaramente—y por favor no me vengas con la mentira de que tú no sientes nada

-Yo…

-Te atraigo en cierta manera

-Yo…no…

-No intentes negarlo

-…

-No lo niegues Claudia—la voz vino del umbral de la puerta, me giré tan brusco que me lastimé el cuello, ahí con su figura triste estaba Arat

-Arat—fue un susurro antes de girarme furiosa hacia Radek-¡Lo sentiste! ¡Todo esto fue una trampa!

-Por más que haya sido una trampa, me traicionaste...

-No Arat…yo

-No busques una manera de justificarte—me quedé helada, tenía razón. Sus ojos refulgían de furia, miró a Radek—en cuanto a ti, te puedes podrir en sangre—vio como los dientes del vampiro relucían en la oscuridad debido a la sonrisa que dejó escapar.

Y así como apareció, Arat desapareció.