Hubo un largo silencio incómodo después de esa pregunta. Aëria se quedó descolocada, no era eso lo que se esperaba, para nada. Pero finalmente se repuso. Tenía cosas que llevaba mucho tiempo queriendo decir y ahora no se iba a callar.
-¿Que como estoy? ¿Que como estoy?-elevó el tono de voz.-Creo que esa pregunta está fuera de lugar. Su momento era hace ocho años. ¡OCHO AÑOS YA!.-Snape no respondió y Aëria se levantó con ánimo de irse.
-Aëria...-esta no se giró y se acercó a la puerta- el profesor Dumbledore quiere verte cuando acabes tus clases de hoy.
-Claro... profesor.-arrastró esa última palabra, abrió la puerta y se marchó a toda prisa.
Hermione la encontró una hora más tarde, cuando salieron de clase de Transformaciones, en uno de los baños de chicas.
-¿Aëria? ¿Qué haces ahí? ¡Te has perdido toda la clase!
-Lo siento, ya salgo-respondió mientras tiraba de la cadena para disimular que se estaba sonando la nariz-Me tuvo demasiado rato en el despacho y no quería interrumpir la clase.
-¿Estás bien?-le preguntó cuando salió-Estábamos preocupados de que no aparecieras, vamos a comer anda...
-Si, si. Estoy bien, no te preocupes-dijo mientras ponía una pequeña sonrisa.
El resto del día pasó sin pena ni gloria. Aëria ni siquiera se inmutó cuando la profesora Trelawney le dijo que la muerte le estaba acechando.
-No te preocupes-dijo Harry-A todos nos ha dicho que íbamos a morir. Y de momento todos estamos bien.
-Y, ¿se puede saber por qué te tuvo tanto tiempo Snape en su despacho?
-Bueno, quería saber como había sido mi instrucción en pociones hasta venir aquí y me ha pedido que a partir de ahora siga sus instrucciones.
-¿Con esas palabras? ¿Así de amablemente?-Ron abrió los ojos como platos-Creí que te habría hechizado o algo así, parecía muy enfadado.
-Bueno, con esas palabras exactamente no-Aëria se rió-pero más o menos, eso era lo que quería saber. Y... si me disculpáis, también me dijo que Dumbledore quería verme... -Se alejó del grupo que iba a dejar las cosas en la sala común pero volvió rápidamente-oh.. y si no os importa... ¿Dónde está su despacho?
-Espera, te acompaño-dijo Harry.
Caminaron hasta una estatua de un hipógrifo sentado y se quedaron quietos.
-Eeeh... no veo ninguna puerta.
-Espera, seguro que sabe que vienes-acto seguido el hipógrifo se movió para dar paso a unas escaleras en espiral.-Ahí lo tienes. Te espero en la sala común. ¡Ya nos contarás!
Tímidamente subió por las escaleras y llamó a una puerta que había al final.
-¡Adelante!
Dumbledore estaba de pie en su despacho y la saludó con una sonrisa.
-Aëria Windrunner.. cuanto has crecido.
-Profesor...-de repente, el mal humor había vuelto a ella.
-Solo quería ver si te estabas adaptando bien a tu nuevo colegio, espero que si.
-Si profesor.
-Veo que no estás hoy muy habladora... el profesor Snape...-vaciló un segundo antes de acercarse a Aëria-El profesor Snape me ha contado acerca de ese pequeño altercado que tuvisteis hoy.
El despacho se quedó en un completo silencio durante unos minutos.
-¿No tienes nada que decir?
-No se que quiere oír señor. Estoy absolutamente segura de que usted está al corriente de todo lo que ha pasado.
-Lo estoy. Pero creo que si has de enfadarte con alguien, cosa que en este momento veo bastante comprensible, enfádate conmigo. Estoy seguro de que aunque fueses pequeña recuerdas nuestra conversación y recuerdas quien tomó todas las decisiones.
-Lo recuerdo señor, pero también recuerdo otras cosas. Recuerdo a una niña de 7 años que acababa de perder a su madre y recuerdo una promesa que se le hizo. Y recuerdo quién la rompió. El por qué no me importa.
-De nuevo, la culpa fue mía.
-Pero usted no me prometió nada. Usted no rompió ninguna promesa.
-Aëria... perdónale.
-Me dejaron sola, me mandaron lejos de casa, y luego no me dejaron volver. ¿Cómo espera que me sienta?
-Exactamente como te sientes ahora. Tan solo creo que te equivocas de enemigo.
-No estoy de acuerdo señor.
-Esta bien... está bien... piensa eso si te hace sentir mejor. Pero estoy seguro de que, con el tiempo, entrarás en razón. Vuelve abajo, la cena está a punto de empezar-amagó una sonrisa.
-Buenas noches señor.
