Capítulo 5
Dos días después, Castle recibió una llamada de Beckett mientras desayunada
- Buenos días inspectora, ¿qué se te ofrece hoy? ¿Otro pic-nic?
Oyó como ella resoplaba
- Mueve el culo hasta la calle Madison, Castle.
- Ya veo que se acabaron los días de campo. Es una tragedia – y colgó esbozando media sonrisa.
Veinte minutos más tarde apareció en el callejón con dos vasos de capuchino, se acercó a ella, que estaba agachada junto al cadáver y le ofreció uno.
- Toma, te hará falta
Beckett lo cogió y bebió con avidez. Necesitaba algo caliente para despejarse.
- ¿Qué tenemos?
- Varón, cuarenta y tantos años, tiene un disparo directo al corazón.
- ¡Vaya! Eso ha sonado muy poético...
Ella le lanzó una mirada reprobatoria y Castle se encogió de hombros.
- No tiene documentación y Lanie dice que lleva muerto alrededor de 12 horas.
Él miró el cadáver y no pudo evitar pensar que la muerte de aquel tipo era una analogía del enamoramiento de las personas. ¡Zas! Directo al corazón. Meneó la cabeza arrugando el entrecejo.
Beckett se incorporó y le miró con extrañeza
- Me aterras cuando tu imaginación mueve sus engranajes así que no te voy a preguntar que estás pensando. Vámonos a comisaría, aquí no hay nada más que hacer – salió disparada hacia el coche seguida de Castle cuyo rostro mostraba un rictus de triunfo y autosuficiencia.
Se pasaron el día montando el panel de investigación con fotos y anotaciones diversas, llamadas de teléfono y reuniones varias. Estaban tan enfrascados en el caso que no se dieron cuenta de que eran las 9 de la noche.
- Tengo hambre
Ella sacó la nariz del expediente y le miró, parecía ausente
- ¿Qué?
- Que tengo hambre.
Ella parpadeó confusa
- Si, eso que ocurre cuando llevas casi doce horas sin comer y que hace que el estómago emita ruidos desagradables – y arqueó las cejas muy satisfecho con su explicación.
- De acuerdo, vete a casa si quieres, yo seguiré un rato más. Quiero acabar de establecer la relación que unía a este tipo con el dueño de la cafetería "Marcus". No acabo de verlo claro.
- Mmmm, no era esa la idea.
Ella le dirigió una mirada impaciente
- ¿Qué?
- Quiero decir que si hemos pasado todo el día juntos y yo llevo sin probar bocado desde las 10 de la mañana, tú también. De lo que se deduce que si yo tengo hambre, tú también – levantó un dedo para impedirle objetar nada – aunque no te hayas dado cuenta. Tienes que comer algo – sacó su I-Phone - ¿Chino o tailandés?
Kate no pudo reprimir una sonrisa.
- Tailandés
Él le sonrió a su vez
- Bien – y llamó por teléfono para pedir algo de cenar.
Cuando terminaron, tiraron los cartones a la basura y recogieron la mesa.
Castle se quedó absorto mirando el modo en que ella mordisqueaba de manera distraída un palillo de madera. Le pareció el gesto más despreocupado del mundo y por primera vez en dos días la veía relajarse.
- ¿Qué piensas?
- Nada en especial, supongo que he conseguido desconectar durante un rato – contempló el rostro de Castle unos instantes – Te lo agradezco - musitó
Él arqueó las cejas
- De nada. Para eso están los amigos
Kate le observó pensativa mientras asentía levemente. Mordisqueó de nuevo el palillo y sonrió.
Castle se puso muy serio de repente
- No me hagas eso, no sonrías así, me matas – su boca formó una linea recta y su mirada se tornó de un azul profundo.
- No entiendo, ¿qué ocurre?
- Lo entiendes demasiado, Kate – afirmó con amargura - ¿Cuándo vamos a hablar de lo que pasó aquella noche?
Ella meneó la cabeza y bajó la vista evitando su mirada penetrante.
- ¿No sentiste nada?
- Era lo mejor que podíamos hacer para librarnos de aquel tipo
- Creo recordar que no fue idea tuya
- Y yo tan solo te seguí el juego
- No me has respondido
- ¿Cuál era la pregunta?
Él se quedó callado estudiándola detenidamente unos instantes. Después tendió su mano hacia ella.
- Dame la mano
Kate dio un respingo
- ¿Para qué?
- Para probar mi teoría. Tengo una hipótesis.
- No soy el ratón de laboratorio de nadie, Castle y menos el de un escritor con un ego tan grande que no cabe en esta comisaría.
Él elevó el lateral del labio esbozando media sonrisa y entornó los ojos.
- ¿De qué tienes miedo?
- ¡Yo no tengo miedo de nada! - exclamó contrariada
- Pues entonces dame la mano
Ella obedeció a regañadientes por lo que Castle la cogió entre las suyas y la llevó hasta su boca, besando cada unos de los dedos con una dulzura exquisita. Kate dio un respingo intentando retirarla pero le fue imposible.
- Estate quieto. ¿Qué haces?
- Seducirte
- ¿Por qué?
- Podría darte un millón de razones pero solo te daré tres – hizo una pausa para besar otro dedo y al mismo tiempo estudiar la reacción que tenía en ella la caricia – la primera es que me apetece un montón hacerlo, la segunda es que me encanta ponerte nerviosa y la tercera, y más importante, – hizo otra pausa que a ella le pareció eterna – es que se que voy sobre seguro.
- Eres la persona más arrogante y ególatra que he conocido en mi vida – murmuró derrotada
Él tiró de ella suavemente y las ruedas desplazaron la silla hasta dejarla justo delante de la suya.
- Ven aquí – susurró antes de sostener su cara entre las manos y besarla con toda la dulzura posible.
Kate se sintió en una nube. Incapaz de reaccionar, se dedicó a disfrutar de cada una de las caricias que recibía. Él iba depositando besos a lo largo de la linea de la mandíbula, en los ojos, la nariz y finalmente en los labios. No profundizaba, tan solo la acariciaba con la boca como si pretendiera alejarla de todos los problemas y las inseguridades que llevaba a cuestas a base de cariño y comprensión. Cerró los ojos embargada por la calma y la ternura que Castle le transmitía con cada beso. Cuando él se alejó un poco ella por fin soltó el aire que llevaba reteniendo y le capturó con la mirada.
- ¿Sigues sin sentir nada?
A Kate se le humedecieron los ojos y se mordió el labio inferior, temblorosa e insegura.
- Eres preciosa – afirmó muy serio - ¿Lo sabías?
Y ella no pudo contener las lágrimas.
Continuará...
