Capítulo 6


- Háblame, por favor

Ella sacudió la cabeza y bajó la mirada. Era consciente de que se estaba comportando como una niña pequeña pero era incapaz de controlarse.

- Lo siento, de verdad

Pero un nudo en la garganta la impedía expresarse por lo que mantuvo la mirada en el suelo. Cerró los puños con rabia e intentó respirar hondo.

- No pretendía hacerte llorar

Las palabras llegaban a sus oídos pero no reaccionaba ante ellas. Sintió unas manos cálidas en sus mejillas que le forzaron a levantar la cabeza. Su mirada tropezó con la de él y se estremeció. Castle pasó los pulgares bajo sus ojos con infinita ternura y esbozó una sonrisa triste.

- Lo siento – repitió – no volverá a ocurrir. Te lo prometo.

Ella se zafó de sus caricias y se enjugó la cara con torpeza.

- No importa, no es culpa tuya. He estado sometida a mucha presión y supongo que todo tiene un límite. ¡Incluso yo! – afirmó con falsa alegría. Se levantó de la silla y comenzó a pasear por la estancia para intentar tranquilizarse

- ¿Te apetece un café?

Ella asintió y le siguió hasta la sala de descanso.

- Propongo que demos por concluida la jornada de hoy – comentó mientras lo preparaba

- De acuerdo – caminó arriba y abajo, frotándose las manos

- ¡Hey! - dijo con suavidad intentando llamar su atención. Alargó la mano intentando cogerla de la muñeca pero ella se lo impidió.

- No me toques Castle, eres contraproducente para mi salud.

Él arrugó el entrecejo para luego esbozar media sonrisa

- Lo tomaré como un cumplido

- Hazlo – afirmó mientras cogía la taza de café y se sentaba.

Estuvieron un rato en silencio hasta que él lo rompió

- ¿Por qué huyes de mi?

- Eso no es cierto. Eres mi compañero. No tengo inconveniente en tenerte cerca.

- Rectifico. No huyes de mi, huyes de lo que soy o mas bien de lo que puedo llegar a ser.

Ella levantó la ceja escéptica

- ¿Y qué se supone que eres? ¿Un escritor de éxito que se lo tiene creído?

- Me siento halagado pero no. Es decir: tienes razón pero no me refiero a eso. – bebió un sorbo – Huyes del cariño, del contacto personal y de todo lo que representa querer a alguien – hizo un pausa – y que te quieran. Eres algo así como una psociópata de las relaciones con los demás. Yo estoy resquebrajando tu coraza y tú, amiga mía, – intensificó la profundidad de su mirada entrecerrando los ojos – estás muerta de miedo. Te aterroriza pasar un día a mi lado sin que haya un caso de por medio. ¿De verdad crees que no me di cuenta de cómo me mirabas el día del pic-nic? - se levantó de la silla para enfatizar lo que iba a decir - ¡casi me dieron ganas de quitarme la camiseta para que satisficieras tu curiosidad!

- Te crees muy listo, ¿verdad?

Él la observó muy serio y meneó la cabeza levemente

- Tal y como ya te he dicho antes, voy sobre seguro. No eres tan fría como aparentas ser y apuesto lo que quieras a que sentiste lo mismo que yo aquella noche.

- Ya he tenido bastante, Castle. Me voy a casa.

- De acuerdo pero antes demuéstrame que no tengo razón – le dijo con voz retadora

Kate puso cara de extrañeza y se cruzó de brazos.

- Bésame

Ella meneó la cabeza absolutamente atónita con lo que acababa de oír.

- Vamos inspectora, demuéstrame que no tengo razón. Demuéstrame que eres capaz de darme un beso sin que te afecte lo más mínimo.

- Empiezo a estar harta de tus apuestas estúpidas – afirmó visiblemente enfadada.

- Lo se. Y a mi empieza a resultarme adictivo ponerte de los nervios.

- Pero no me...

No pudo continuar hablando porque él le dio un tirón del brazo, la pegó a su cuerpo y cubrió su boca con la suya. Ella se resistió un poco por la sorpresa pero los labios de Castle eran expertos y su beso, que en principio era agresivo y pasional se fue transformado en algo profundo y perezoso. Tanto que cada vez que ahondaba con su lengua a ella le recorría un escalofrío por la espalda. Él se movió hacia delante llevándosela consigo y cuando tropezaron con la puerta se separaron momentáneamente y se miraron a los ojos. Ambos respiraban con dificultad y tenían los labios enrojecidos.

- Kate – gruñó él – esto no es producto de mi imaginación, por favor, necesito oírtelo decir.

Ella suspiró y levantó la mano, posando los dedos en la mejilla de Castle que cerró los ojos por la caricia. Momento que ella aprovechó para acercarse más aun y susurrarle al oído:

- Sí

Él dio un respingo que a ella le resultó adorable.

- ¿Sí?

- Mmmm. - comenzó a mordisquearle la mandíbula, un poco áspera por la barba incipiente y a Castle le fallaron las rodillas. Se separó un poco para mirarla a los ojos y recuperar el poco control que le quedaba. Y ante la mirada expectante de Castle ella sonrió triunfante -¿Sorprendido? No. No creo que sea eso – frunció el ceño intentando discernir qué le pasaba por la cabeza. Arqueó las cejas, deslizó ambos brazos por su cuello y le besó en los labios – Es incredulidad, ¿verdad?, no te lo crees.

- No, no es eso. Digamos que intento que las diferentes partes de mi cuerpo vuelvan a su lugar de origen pero no estoy teniendo demasiado éxito. Al menos mientras estés tan cerca.

Ella le lanzó una mirada traviesa y volvió a besarle pero mucho más profundo, se aferró a él y le asaltó la boca con pasión. Se amoldó a su cuerpo encajando como un puzzle y se aferró a su espalda. Él no pudo controlarse y reaccionó, empotrándola contra la puerta y metiendo una pierna entre las de ella en un movimiento íntimo y pasional.

El tiempo desapareció y el lugar se volvió intangible. Tan solo existían ellos dos y la necesidad que tenían el uno del otro.

Una voz suave perturbó aquel momento idílico y provocó que él separara la boca de la curva del cuello de Kate y buscara sus ojos.

- ¿Qué has dicho? - preguntó con dificultad, le faltaba el aliento

Ella le lanzó una mirada de deseo líquido y descarnado. Sonrió provocativamente.

- Tan solo te he llamado por tu nombre – acarició el labio superior con un dedo.

Él tragó saliva y parpadeó confuso

- Eso me había parecido. Me has llamado Rick.

- Te llamas así ¿no?

- Sí pero cuando lo pronuncias tú me suena diferente.

Ella sonrió complacida y le pasó los brazos por el cuello aferrándose con ternura. Él se refugió en su abrazo y metió la nariz en la curva de su cuello sintiéndose embriagado por ese leve aroma a cerezas que le resultaba tan familiar.

- ¿Y ahora? - musitó sin sacar la nariz de su refugio

- Bueno. No será fácil pero confío en ti.

Él respondió estrechando el abrazo.

FIN