Aqui les dejo el segundo capi, XP, se me estan alargando mucho, espero no les moleste.
Y que lo disfruten!
ii. Plan A; Aproximación Directa
Al final, Hikari si tomó el consejo de Miyako acerca de remendar la incomodidad entre Takeru y ella. Así que durante la tarde decidió ir a verlo a su departamento, lista para dar una excusa por su repentina visita, pero al llegar ahí, su madre le dijo que él había salido temprano en la mañana y aun no había vuelto. Mas cuando ella mencionó verlo salir con su balón de baloncesto, Hikari supo inmediatamente donde lo encontraría.
Una pequeña cancha abandonada cerca de la costa, cerca de… del lugar donde él estaba el día que la rescató de ser atrapada en El Mar Negro, aquella colina. Ambos habían encontrado ese lugar poco antes que Takeru se enterara que partiría a Francia con su madre, y lo habían bautizado como su lugar secreto, en efecto, pues nadie sabía de él.
Llegó ahí minutos después, y, cierto a sus suposiciones, ahí estaba el objeto de su afecto, anotando canastas y dribleando ocasionalmente. No queriendo interrumpir, caminó sigilosamente hacia uno de los arboles que rodeaban el lugar y se sentó allí, ajustando su bufanda para que le ayudara a combatir mejor el frio. Y lo observó, como siempre lo hacía cada vez que lo veía entrenando, admirando su habilidad, y la forma en que los músculos de sus brazos y piernas se contraían y relajaban con cada movimiento, o como el sudor viajaba desde su sien a su cuello hasta ser detenido por la sudadera que llevaba puesta. La expresión de su rostro era lo que más le gustaba admirar, aquella expresión de determinación, sus ojos brillando del gusto al hacer algo que le apasionaba, y su sonrisa de satisfacción cuando lograba anotar una canasta.
Era… era… era maravilloso.
Tratando de no hacer ruido, sacó la cámara digital que sus padres le habían regalado la pasada Navidad y comenzó a fotografiarlo. Esa era la parte favorita de su hobby, poder inmortalizar a Takeru en una fotografía. Sabía que después de tomar unas cuantas imágenes, él rubio se daría cuenta que ya no estaba solo, pero hasta entonces ella disfrutaría el hecho de observarlo y demostrar todo el amor y adoración que sentía por él en su rostro.
"Gatomon debe tener alguna influencia en ti, porque ni siquiera te sentí llegar, Hikari."
Dio un pequeño brinco ante la sorpresa al verse descubierta, y vio como Takeru encestaba una vez más, una sonrisa divertida en su rostro, para después voltearse hacia ella. El chico recogió su abrigo y botella de agua antes de caminar en su dirección, dejándose caer con un suspiro de alivio a su lado.
"¿Desde cuándo…?" ella pausó, no sabiendo si realmente quería oír su respuesta.
"¿…que sabía de tu presencia? Poco antes de que empezaras a tomar las fotografías, pero no quise decir nada, no quería arruinar tu entusiasmo," Takeru dijo, sonriéndole y luego sus ojos cayeron sobre la cámara digital. "¿Puedo verlas? Después de todo, fui tu modelo."
De forma involuntaria, Hikari comenzó a asentir, pero después recobró algo de sentido y alejo la cámara de las manos de él. Negando firmemente con la cabeza, se alejó un poquito de Takeru—solo un poquito, tampoco quería estar lejos.
"Lo siento, pero no esta vez."
"Oh, vamos, Hikari."
Ella siguió negando, y procurando que el muchacho no fuera a hacer algo chistoso para quitarle la cámara, la guardó. Normalmente no hubiera tenido ningún problema en dejarle ver las fotos que tomó de él, pero no esta vez, pues todas las fotografías en la memoria eran de él, absolutamente todas, y eso la delataría mucho.
Takeru suspiró, fingiendo tristeza. "Oh, bueno… si no quieres, que no te moleste mi corazón destrozado," bromeó.
Hikari rio levemente, para después inclinarse hacia él y plantar un tierno beso en su mejilla. "Lo siento, tal vez para otra ocasión."
Cuando volvió a tomar su lugar, se percató del leve rubor que tenía el chico, y no pudo evitar el suyo propio. Se preguntó si ese era un bueno momento para invitarlo al baile, tal vez lo era, porque si estaba interpretando las cosas bien, la mirada de Takeru casi parecía una de anhelo. Así que armándose de coraje, decidió que era ahora el momento, todo o nada.
"Takeru—"
Desafortunadamente, el teléfono móvil del chico decidió sonar estrepitosamente justo en ese momento, arruinando su oportunidad.
Bueno, maldición.
Takeru sonrió de forma apenada antes de contestar. Ella apoyó su frente sobre sus rodillas, suspirando pesadamente, no pudiendo creer su suerte. Y es que, ¡Dios!, estuvo tan cerca… Quien sea que estuviera al otro lado de la línea, se acababa de convertir en la persona menos favorita para Hikari y la odiaría por el resto—
"Está bien, hermano, ahí te veo."
—de la semana, eso es seguro. ¿Qué acaso Yamato no tenía una novia a quien molestar? Argh…
Una mano en su hombro la alertó de sus alrededores nuevamente, y se volteó a ver como Takeru se ponía de pie, extendiéndole su mano para ayudarla a hacer lo mismo. Hikari aceptó la ayuda y pronto estuvieron frente a frente.
Takeru sonrió nerviosamente y luego habló. "Debo irme, Yamato me espera en casa… Al parecer Sora tuvo algo que hacer hoy y lo dejó solo," rió levemente.
Hikari asintió lentamente, dándole una pequeña sonrisa, "Esta bien…"
"Te llevare a tu casa, me queda de camino…"
"De acuerdo."
Luego que Takeru recogiera el resto de sus cosas, ambos comenzaron a caminar hacia el complejo departamental donde vivía la chica, lentamente, pues —sin que el otro lo sospechara— ninguno quería que su tiempo juntos terminara tan pronto. Hikari le miraba de reojo, pero por más que trató, no lograba animarse a hablar y pedirle que fuera su pareja en el baile de San Valentín. ¿Por qué se le tenían que ocurrir esas cosas a Mimi? Su estadía en Norteamérica la había convertido en alguien muy poco convencional.
Mas pronto de lo que le hubiera gustado, Hikari divisó el edificio donde vivía, y sintió su corazón azotarse contra el suelo. Al detenerse en la entrada, ambos voltearon a verse, las palabras que cada uno quería oír estaban en la punta de la lengua del otro, pero nada salió, solo lograron sonreírse de forma nerviosa.
Oh, vaya…
"Bueno," comenzó Takeru, "Aquí te dejo…"
"Si…"
Takeru se balanceaba de un pie al otro, no sabiendo que hacer. Hikari no podía ni mirarle. Y, en el fondo, les molestaba saber que su relación se había vuelto tan incómoda de repente, cuando siempre había sido amena. Una mirada de determinación cruzó por el rostro de Takeru y comenzó a acercarse a ella, por un momento pensó que él la besaría… pero el rubio desvió sus labios al último minuto y besó su frente.
"Nos vemos en la escuela," dijo, y ella no pudo hacer nada más que verlo alejarse de ahí.
"Si… nos vemos en la escuela…"
.~~~~~~~~~~~~.
"¿Cómo pudiste desperdiciar tal oportunidad?"
Hikari suspiró mientras escuchaba el sermón que Miyako le daba, frunciendo el ceño cuando notó las miradas que estaban atrayendo ante el escándalo. Ese día habían decidido comer afuera, para aprovechar el día soleado que había, pues eran raros durante el invierno. Eran solo ellas dos, el resto del grupo que había esparcido por el patio de la escuela, cada quien con su actual pareja para los que le tenían, y los otros en pequeños grupos. Miyako había sacrificado pasar el almuerzo con Ken para ayudarla en su predicamento.
"No lo sé, iba bien… pero Yamato lo llamó a su teléfono móvil y…" suspiró, negando con la cabeza, "Se me fue el coraje después de esa llamada…"
Miyako calló de repente, una expresión de culpabilidad cruzó su rostro brevemente.
"Miyako… ¿qué hiciste?"
"¡Necesitaba la ayuda de alguien con experiencia lidiando con fans obsesivas!" exclamó Miyako en defensa.
Hikari suspiró frustrada, ahora entendiendo el por qué de la repentina llamada de Yamato, "Arruinaste el fin de semana de Yamato, por eso él llamó a Takeru, ¡Dios!"
Miyako la miró de manera nerviosa, no sabiendo si disculparse o no, claro, en el fondo no era su culpa lo que pasó, ella no podía prever lo que pasaría, pero…
"Creí que él llamaría a Taichi."
"Taichi ya tenía planes con Mimi…"
"Oh."
Hubo un momento de silencio, hasta que Miyako soltó un grito de frustración.
"¡Bien! Eso no importa ya, lo importante, es que Sora me dio la idea a la solución perfecta a tu problema."
Hikari miró a su mejor amiga con curiosidad y algo de escepticismo, "¿Y eso es?"
"Que lo invites al baile y listo," respondió la pelimorada.
Ambas chicas se miraron por largos segundos, hasta que la Yagami menor expresó su reacción a aquella sugerencia.
"No va a funcionar, de ninguna manera."
"Pero, Hikari—"
"No, Miyako, ya traté eso, ¿lo recuerdas?, el fin de semana y no resultó, no tengo el valor suficiente y algo siempre se interpone en mi camino."
Miyako sonrió con suficiencia, mirándola pacientemente. "Es por eso que no lo haremos a la ligera esta vez, tengo un plan," dijo, y Hikari no pudo ocultar su sorpresa. "Confía en mí."
Asintiendo lentamente, la elegida de la Luz sintió que tal vez, esta vez las cosas si resultarían. Pero apenas su amiga comenzó a detallar su plan, sus esperanzas se fueron al suelo.
"¿Entiendes? Esperaremos hasta después de su práctica para ir con él, y ahí harás tu parte, sus fans tienen la entrada prohibida al gimnasio mientras el equipo esté entrenando y Takeru siempre se queda unos minutos extras," dijo Miyako emocionada ante su genialidad.
"Pero, Miyako, no pude hacerlo la primera vez que lo intenté, ¿qué te hace pensar que podré invitarlo ahora?"
La aludida sonrió de manera triunfal. "Esta vez, iras preparada, tendrás el resto del día de hoy y mañana para prepararte sicológicamente, mas una pequeña carta en caso que te bloquees."
Hikari la miró curiosa. "¿Una carta?"
"Si, la escribiremos hoy en la noche, y si, te ayudaré a hacerlo, y se la darás solo, escúchame bien, solo si no puedes invitarlo verbalmente."
Suspiró agotada ya de tan solo pensar en el plan. "¿Es esto realmente necesario?"
Miyako frunció el ceño molesta. "¿Quieres ir con él al baile o no?"
"Si…"
"Entonces, si, es completamente necesario."
El resto del almuerzo pasó relativamente en paz, con Miyako diciéndole solo en ocasiones qué y cómo podría escribir la carta, mostrando una seguridad implacable antes el éxito de su plan. Hikari, por su parte, no estaba tan segura. Si bien Takeru siempre había sido cariñoso con ella, a diferencia de Yamato, el nunca había mostrado que sus cariños fueran más que esos de un buen amigo. Yamato desde el comienzo le dio entender a Sora que su interés en ella era más que el de solo un amigo, pero Takeru no. Además, ella no era como Sora, con toda esa confianza en sí misma como para arriesgarse a enfrentar a las fans del rubio mayor.
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"Recuerda, Takeru siempre se queda después de la practica para hacer unos cuantos tiros. Aprovecha ese momento para bajar rápidamente e ir hacia él, y le pides que vaya contigo al baile."
La práctica del equipo de baloncesto estaba a tan solo minutos de terminar, y Hikari se ponía cada vez más nerviosa por ello. El hecho de que Miyako estuviera recordándole a cada rato lo que debía hacer no le ayudaba en nada tampoco, es más, solo la hacía sentirse más nerviosa.
"No hay forma de que algo salga mal ahora, no habrá interrupciones ni nada. Solo sus amigos más cercanos estamos permitidos dentro de las prácticas del equipo, así que despreocúpate de sus fans. Solo relájate y habla con él, ya verás como todo saldrá bien."
Hikari suspiró, gritándole internamente a su amiga que se callara por favor, que sus consejos no le hacían ni un bien, y de hecho, iba a hacer sus pensamiento realidad, cuando escucho el silbato que indicaba el final de la práctica.
"¡Eso es todo por hoy, chicos, vayan a las regaderas!" gritó el entrenador.
Uno por uno, todos los miembros del equipo empezaron a recoger sus cosas y dirigirse hacia los vestidores; todos menos uno.
"¡Takaishi, eso te incluye a ti también!"
"Lo sé, entrenador, pero me gustaría quedarme un tiempo más, si no es problema," respondió el rubio.
El entrenador suspiró, y caminó hacia la salida. "De acuerdo, solo avísame cuando termines para cerrar el gimnasio."
Después de unos pocos minutos, Hikari sintió un fuerte empujón, y se volteó sorprendida a ver como Miyako le indicaba que se pusiera en marcha. Y luego de un sonoro suspiro, hizo lo que se le pedía. Lentamente, casi con temor, bajo de las gradas y se acercó a Takeru, quien seguía entrenando por su cuenta sin percatarse de nada.
"Um, Takeru…"
Se sorprendió en demasía cuando vio que el tiro del rubio falló notablemente. Mas cuando este se volteó a verla rápidamente y exclamó su nombre; nunca antes había logrado sorprenderlo así, él siempre parecía presentir su presencia, pero ahora… era casi como si hubiera estado en otro mundo.
"¿Qué te trae por aquí y… es esa Miyako?"
Hikari se sentía desorientada. Cielos, esta situación la había dejado descolocada, tenía que recuperar sus cabales o todo se iría al piso, de nuevo. Takeru, por su parte, saludó a Miyako con una sonrisa nerviosa y volvió su atención a ella.
"Takeru… ¿podemos hablar un minuto?"
"Claro, claro, eh, por aquí…"
Él la llevó hacia las bancas, donde lo primero que hizo fue secar su sudor y beber algo de agua. Luego de pasarse unos minutos evitando mirarse a los ojos, Hikari no aguantó más el silencio, y decidió hablar, después de todo, era ella la que debía decirle algo importante, ¿no?
"Takeru…"
El chico clavó su vista en ella, y eso la hizo dudar un poco, pero se armó de valor. No había marcha atrás, esta era su oportunidad; podía hacerlo, claro que sí.
"Takeru, quieres—"
"¡OH. MI. DIOS! ¡AQUÍ ESTÁ!"
Por un momento, creyó imaginar semejante grito; vaya a saber uno las cosas que puede pasar por tu mente en momentos de estrés, pero el pánico que vio en los ojos de Takeru le dijeron todo lo que necesitaba saber.
Ahí se iba otra oportunidad.
En cuestión de segundos, y antes de que alguno pudiera reaccionar, un mar de chicas se abalanzó contra ellos, rodeando a su amigo y, una vez más, empujándola lejos de él. Se vio aprisionada entre las espaldas de las chicas y las bancas, pero aun así no encontró nada dentro de ella, ni frustración, ni exasperación, ni odio, ni pena—nada, nada que la hiciera reaccionar. Y ahí se quedó mirando a Takeru por sobre las cabezas de sus fans, pero no viéndolo en realidad, sus músculos se relajaron mucho, y casi se deja caer al piso, cuando sintió que alguien la jalaba a un costado y se la llevaba lejos de ese lugar. De esa decepción.
Esto debe ser un sueño… si, seguramente es un sueño, y pronto despertaré—
"¡Hikari!"
"¿Ah?"
Cuando logró reaccionar, se vio parada frente a Miyako en la entrada de la escuela. Su amiga la miraba con tristeza y resignación, pero la frustración que sentía ante todo lo sucedido aun estaba presente en su expresión.
Hikari le sonrió apenada, tratando de animarla y, era irónico, porque la que necesitaba ser animada era ella, no Miyako.
"Miya…"
"¡Lo siento tanto, Hikari!" soltó su amiga de repente. "Pero jamás se me cruzó por la cabeza que algo así pasaría. Esas chicas no deberían de haber estado ahí, alguien debió dejarlas entras."
"Está bien, Miyako, las cosas siempre suceden por algo y—"
"¡Pero no por eso nos daremos por vencidas!"
"Miyako—"
"No, no digas nada. El Plan A fue un fracaso, por lo que pasaremos al Plan B."
"¿Plan B?"
"¡Claro! Siempre hay un Plan B."
Miyako se veía tan animada, nuevamente llena de energías, que no pudo evitar contagiarse de su buen ánimo. Comenzaron a caminar hacia su casa, Miyako relatando animadamente las posibles cosas que podían hacer para mañana. Teorías que darían resultado con este famoso Plan B.
Tanto era su entusiasmo por esta nueva luz de esperanza, que ninguna de las chicas se percató que la carta que Hikari llevaba consigo con tanto recelo, ya no estaba.
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Takeru pateó una lata casi de forma brutal, enviándola a volar lejos. Y es que no sabía cómo apaciguar su ira, menos aun cuando el tan solo recordar lo que había pasado después de su práctica de baloncesto le hervía la sangre.
¿Cómo se atreven…? ¡CÓMO SE ATREVEN!
Cuanto, cuanto no lucho para evitar ver ese vacío en sus ojos… ¿cuánto? Se lo había prometido, a ella y a sí mismo, que jamás permitiría que ella volviera a sentirse así, pero había fallado… y todo por culpa de sus fans.
Él lo sabía, sabía que Hikari iba a decirle algo importante cuando se acercó a él después de su práctica, y sus tormentosos pensamientos no lo habían dejado presentir su llegada y eso lo había puesto nervioso porque no le había dado tiempo de prepararse. Y justo cuando se armo de valor para mirarla, cuando ella se armo de valor para hablarle, esas chicas llegaron.
Aun podía sentir el pánico —pánico que seguramente se expresó abiertamente en su rostro horas atrás— al recordar la mirada vacía que vio en sus ojos luego de ese grito. Aun podía sentir como la perdía nuevamente a la oscuridad, al verla cerrarse emocionalmente, y por un segundo, por un agonizante segundo, creyó ver su imagen distorsionarse, pero luego Miyako la sacó de ese lugar y todo volvió a la normalidad.
Lo único que lograba prevenir una posible explosión de su parte era el saber que Hikari no estaba sola, que Miyako le ayudaría si algo llegara a suceder. Takeru sabía que Miyako vendría en su búsqueda si las cosas se escapaban de su control.
Para cuando se percató hacia donde iba, ya estaba parado en la entrada de las cachas de tenis, y, bendita era, Sora aun estaba ahí. En silencio, se sentó en las bancas y cuando Sora se percató de su presencia, dio por terminada la práctica, y luego se acercó apresuradamente a él.
"¡Takeru, que sorpresa!" dijo, dándole un breve abrazo. "Creí que hoy tenías practica."
"El entrenador nos despachó antes," dijo, y miró al resto del club de Tenis por un segundo. "No tenías que hacer eso, ¿sabes? No me molesta esperar."
Sora se colocó una sudadera para aplacar el frio y le sonrió amablemente. "Oh, nada de eso, la práctica ya se había alargado bastante. Verás, espero a que tu hermano pase por mí."
"Ah."
"Oye, Takeru, espérame aquí un momento. Debo ir a cambiarme."
Él sonrió divertido, notando el leve sonrojo de su casi hermana tras decir eso. Era una suerte que el club tuviera un uniforme de invierno, de lo contrario no creía que las practicas de Sora irían tan bien, y por supuesto que ella no quería quedarse en esa ropa.
"Claro, tú ve tranquila, tómate tu tiempo," dijo. "Estoy seguro que mi hermano apreciará el esfuerzo que harás al ponerte toda bonita para él."
Y, como esperaba, Sora se puso toda colorada. Pero no dijo nada, solo giro sus ojos y se fue. Tan solo intercambió unas palabras con ella, y ya se sentía de mejor ánimo. Sora siempre había logrado darle la tranquilidad que necesitaba. Incluso cuando eran más pequeños, especialmente durante el tiempo que su hermano había abandonado el grupo.
Era bueno saber que algunos aspectos de su vida jamás cambiarían.
Al no tener nada mejor que hacer, observó como atardecía. Como el cielo se teñía de varios colores hasta quedar en un violeta oscuro mientras el sol brindaba los últimos rayos antes de desaparecer en el horizonte.
Justo entonces, divisó a Sora acercarse a paso veloz, y tuvo que contener la risa que quiso salir al verla. Porque, en efecto, ella sí se había arreglado para lucir más bonita, por cualquiera que fuera su motivo, y debía admitir, que lo había logrado. Si bien aun llevaba el uniforme de la escuela, se notaba que la falda era un tanto más corta, y el abrigo que llevaba puesto, uno color rojo pálido, era más corto y más ceñido a su cuerpo que el que usaba con regularidad.
"Dios, Sora, si no te conociera mejor, diría que intentas seducir a alguien," bromeó, sonriendo aun más al verla sonrojar. "¿Un rubio de apellido Ishida, quizás?"
"No fastidies," fue su respuesta, y todo lo que Takeru necesitó para comprender lo sucedido.
"No quiere vestir formal para el baile, ¿verdad?"
Sora suspiró y se dejó caer a su lado con pesadez. "No, y está siendo más testarudo que de costumbre."
Rió un poco ante eso. "No importa, Sora, porque, déjame decirte, que por muy testarudo que sea, Yamato no podrá resistirse esta vez."
"¿Lo crees?"
"Claro, para cuando se dé cuenta de qué lo golpeó, ya será demasiado tarde y tu habrás ganado."
Ambos sonrieron ante la imagen mental que eso les dió. Definitivamente, ver la cara de su hermano luego de percatarse de lo sucedido no tendría precio, pero se tendría que conformar con que Sora le relatara eso con detalles luego.
"Y dime, Takeru, ¿qué es lo que te esta agobiando ahora?"
Eso le recordó lo ocurrido hace unas horas y suspiro tristemente. "No es nada."
"Si esperas que me crea eso, entonces no me conoces para nada."
La miró de reojo, y vio con resignación la expresión de seriedad en su rostro. Sabía que Sora no lo dejaría en paz hasta que se desahogara, pero lejos de molestarle, ahora era justo lo que necesitaba.
"Dime, Sora… ¿cómo haces para aguantar a las fans de mi hermano?"
Su pregunta debió sorprenderle, porque la pelirroja demoró en contestar. Cuando volteó a verla, esta le miraba de una manera inquisitiva.
"Y esto tiene algo que ver contigo… ¿cómo exactamente?"
Takeru se ruborizó, desviando su mirada hacia el cielo. "Bueno, veras… hay una chica…"
"Ah, así que los rumores eran ciertos."
Tal comentario dejó su rostro casi en llamas. Dios, que bochorno.
"Si… pero creo que ella no se atreve a tomar la iniciativa por culpa de mis fans," musitó. "La verdad es que ni siquiera sé si le gusto en realidad, pero es que a veces…"
"No es fácil, lidiar con las fans de Yamato, de hecho son el motivo de muchas de nuestras discusiones," dijo Sora, su mirada, también, perdida en el cielo. "Pero vale la pena, soportarlas. Amo a tu hermano, como no tienes idea, y es eso lo que me anima a seguir adelante. Claro, no todo es de mi parte solamente, Yamato también pone de la suya."
"¿Cómo? ¿Cómo lo manejan para que su relación vaya tan bien?" preguntó, y Sora debió escuchar la derrota en su voz, porque pasó un brazo por sus hombros y lo abrazó. "Sé que no es perfecta, pero lo hacen ver todo tan fácil…"
"Tenemos una fórmula para eso, ¿sabes? Yamato prometió no darle alas a sus fans, y yo prometí ser más tolerante con sus locuras."
"¿Y les funciona?"
"No siempre, no realmente, pero de eso se trata estar en una relación. Debes aprender a conllevar la vida, incluir a ese ser amado en ella, y estar ahí en las buenas y en las malas."
"¿Entonces qué hago, Sora? En serio a—me gusta, esta chica, y quiero que las cosas resulten con ella, pero… ¡ugh!"
Sora frotó su hombro en un intento de calmarlo, lográndolo impresionantemente.
"Primero que nada, debes darle alguna señal a esta chica, que le haga saber lo que sientes por ella. Sin eso, es imposible que se acerque a ti y te invite al baile."
"Uh… pero fuiste tú la que se le declaró a mi hermano."
Ante esto, y en contra de todo lo que esperaba, Sora comenzó a reír, a carcajadas. Solo luego de varios minutos logró parar lo suficiente para explicar su arrebato.
"Ay, lo siento, Takeru, pero en eso te equivocas."
"¿Yamato se te declaró primero?" preguntó incrédulo. "¡Pero si tú le diste las galletas para esa Navidad y—!"
"No, no se declaró, per se. Pero…" hizo una pausa y sonrió, y por un momento, Takeru no estaba seguro si ambos estaban en esta realidad. "Yamato fue muy obvio, en cuanto a lo que sentía por mí se refiere. Inclusive desde mucho antes que ustedes comenzaran la segunda aventura en el Digimundo."
Sora deshizo el abrazo que lo mantenía pegado a ella y deslizo sus brazos alrededor de uno de los suyos, intentando aplacar el frio. "Él siempre me estaba invitando a salir; ya fuera al cine o a cenar o solo a pasear, siempre tenía una excusa para invitarme a pasar las tardes con él, y las noches los fines de semana. Siempre buscaba una forma de hacerme prometerle que asistiría a sus ensayos, y por algún motivo que desconozco, siempre sabía a qué hora terminarían mis prácticas, y ahí lo encontraba esperándome."
"Eso… suena exactamente a algo que mi hermano haría, nunca supo cómo ser sutil."
"Así es. Claro, debo admitir que al comienzo no sabía que pensar, Yamato es muy bueno ocultando sus sentimientos, así que su actitud solo lograba intrigarme," Sora rió un poco. "Pero creo que eso quería, mantenerme intrigada. La atracción física ya estaba ahí, por lo menos de mi parte, eso era obvio… El resto, vino con el tiempo…"
"¿Cuándo te decidiste a declararte, Sora?"
"Fue… después de terminar el verano. Noté a Yamato algo distante, ya no me insistía en que pasáramos más tiempo juntos. Para ese entonces yo ya tenía claro lo que sentía por él, y estaba casi segura de lo que sentía él por mí, pero su intento por alejarse me descolocó. Y los papeles se invirtieron."
"Tú empezaste a buscar su compañía."
"Si, pero yo fui más sutil al respecto."
Takeru sonrió; él sabía perfectamente por qué Yamato se había distanciado de Sora durante ese tiempo. "Lo recuerdo, Yamato se sentía inseguro y preocupado. No sabía con exactitud lo que sentías por él, no podía descifrar tus acciones con facilidad y el aumento de sus fans le hicieron pensar que tú jamás te arriesgarías a estar con él."
Eso llamó la atención de Sora por completo, sacándola de sus recuerdos. "Yo… no sabía eso."
Él se golpeo la cabeza levemente, al recordar porque Sora no lo sabía. "Y no debías saberlo nunca, ups, mi hermano me va a matar si se entera."
"No lo hará."
Permanecieron unos minutos en silencio. Sora miraba su reloj y en ocasiones soltaba un suspiro.
"No terminaste de contarme lo que pasó entre tú y mi hermano, Sora," dijo de repente, solo para distraerla, y en parte porque quería saber cómo habían llegado a lo que eran ahora.
"Fui sutil. No iba a sus ensayos, pero si me quedaba a practicar por más tiempo, solo para poder encontrármelo de camino a casa. Tu sabes que el garaje que ocupan como salón de ensayo queda cerca de aquí."
Takeru asintió, indicándole a Sora que continuara.
"Le pedía que me acompañara a casa, o a la floristería, y cosas así, para hacer que él tomara la iniciativa pero nada resultó. Y solo cuando llegó Piyomon logré reunir el valor suficiente para declararme."
Sora le sonrió un momento y luego fijo su vista en el cielo, en las estrellas que poco a poco hacían su aparición.
"El resto ya lo sabes."
"La verdad, Yamato nunca me dijo lo que pasó el día de su concierto, solo que había decidido pedirte que fueras su novia."
"Y nunca lo sabrás, menos aun con esa bocota que tienes, Takeru."
Ambos voltearon a su derecha, encontrando a un no muy feliz Yamato, a primera vista claro, porque era obvio que la situación le divertía mucho.
"Te pedí, exclusivamente, que no dijeras nada con respecto a eso," continuó, acercándose más a las bancas. "Ahora, ¿debo concluir algo de lo que estoy viendo, o no es lo que parece?"
"Nunca es lo que parece," le rebatió Sora.
"Oh, Dios, Sora," exclamó Takeru, siguiéndoles el juego. "Estábamos tan cerca. Ahora no podremos huir a otro reino y vivir felices por siempre."
Sora sonrió divertida, mientras que Yamato fruncía el ceño.
"No me obligues a golpearte, hermano," dijo sin reparos y extendió su mano a Sora.
Ella gustosa aceptó el gesto y se puso de pie, sin perder el tiempo, lo abrazó rodeando su cuello con ambos brazos. Yamato sonrió satisfecho, abrazándola firmemente por la cintura. Con la facilidad que conlleva años de práctica, literalmente hablando, Yamato la besó con ternura, siendo correspondido al instante, y tal y como sucedía con ellos, el mundo se esfumó a su alrededor.
Takeru no pudo evitar la mueca de disgusto que floreció en su rostro. Era conmovedor verlos, a veces, pero no así. Pues por muy tiernos que fueran sus besos en público, esa intensidad característica de ellos parecía ser aún mayor en estas situaciones. Tanto así, que resultaba agobiante para aquellos que tenían la desgracia de estar en las cercanías.
"Aun sigo aquí, por si no lo notaron," dijo, logrando captar su atención.
Ambos se ruborizaron, Sora mucho más que Yamato, pero ninguno hizo un ademan de soltarse. Es más, Yamato continuó depositando suaves besos en los labios de Sora aun cuando se dignó a responderle.
"Sí, lo noté, pero esperaba que te fueras. Tú sabes, solo por respeto a tu hermano mayor."
"No puedo, Sora me está ayudando con un problema que tengo. Además me invitó un café."
Eso bastó para hacer que los mayores rompieran el abrazo, pero no logró separarlos por completo. Sora se arrimó al brazo de Yamato y los tres comenzaron a caminar hacia la salida de la escuela.
"¿En que lo ayudas?"
"Solo quiere saber cómo puedo lidiar con tus fans."
Yamato volteó a verlo, claramente confundido. "¿Para qué quieres saberlo? ¿Y no deberías preguntar eso a mí?"
"Hay una chica," dijo Sora, sonriendo de manera cómplice.
Yamato le devolvió la misma sonrisa, y Takeru deseó haber hecho lo que su hermano le dijo e irse.
"Ah."
"Aun así, Takeru, si te complica mucho, yo puedo hablar con Hikari si así quieres."
La impresión que tuvo al oír ese nombre casi lo hace ir de cara al piso, casi, porque su hermano logró reaccionar a tiempo sujetándole de su bolso.
"No es para tanto, Takeru, ya todos lo sabemos."
Ah, maldición, pensó, sintiéndose derrotado. "¿Tan obvio soy?"
Sora le acarició el cabello afectivamente. "Takeru, cuando se trata del amor, todos somos obvios al respecto."
"Ugh."
"Déjame hablar con Hikari, ¿sí? Ya verás que todo saldrá bien."
Eso le animó un poco, pues como siempre, Sora sabía como subirle los ánimos ("Si Yamato no se casa contigo, Sora, lo golpearé, te lo prometo"). Y sin mayores contratiempos, pero con muchas quejas por parte de Yamato ("Hey, yo quería pasar un tiempo a solas contigo, Sora; Takeru no era parte del plan"), el trió fue a la cafetería más cercana.
Continuará…
Bueno, los dejo, hasta el otro lunes.
Y no olviden dejar sus comentarios! =D me ayudan a progresar.
