debido a mi tiempo limitado, no pude revisar bien este capi, asi que si encuentran alguna falta o duden en hacermelo saber =)
advertencia: se viene el angst XD
iiii. ¿Plan C?, Las Manos del Destino
Hikari soltó un suspiro, siendo lo mas silenciosa posible para no alertar a Miyako de su mal humor, mientras era arrastrada hacia el salón de música por dicha amiga. Ahora, no es que estuviera molesta, no, es solo que se sentía desanimada, y sabía, a un paso de sumirse en su negatividad. ¿Pero podían culparla? Hasta ahora ninguno de los planes de Miyako habían dado resultado, sin importar cuánto se esforzara su amiga, siempre había algo que impedía su completo éxito.
Para cuando se dio cuenta de donde estaban, Miyako ya la había dejado parada frente a un salón. "Miyako, el maestro de música está—"
"Lo sé."
Miyako abrió la puerta del salón, y sin darle tiempo a reaccionar, la empujó hacia adentro. Hikari tropezó con una mesa y se fue directo al piso, solo que nunca llegó a tocarlo, pues justo entonces impactó contra algo firme, suave y cálido.
Un pecho.
Pero solo cuando abrió sus ojos y se encontró de cara con una bufanda muy familiar para ella, se dio cuenta que no era cualquier pecho, no.
Era de Takeru.
El mismo quien ahora la abrazaba de forma posesiva contra sí, mientras la miraba con lo que quizás era la expresión más tierna de preocupación que haya visto en su vida (¿o quizás lo creía así porque estaba enamorada de él?). Takeru intentó hablar, pero un fuerte estruendo los obligó a reaccionar, sacándolos de su trance y haciendo que Hikari rompiera el abrazo (y rogara porque sus mejillas no estuvieran muy rojas).
La puerta se sacudió unos segundos y luego le siguieron sonidos extraños, y después se escuchó la voz de Miyako. Desde el otro lado de la puerta, notó Hikari y solo entonces se percató que los únicos estudiantes que habían en el salón eran Takeru y ella.
Takeru y yo… solos… ¿solos, en un salón?
"Escuchen bien, ustedes dos," dijo Miyako, quien se oía molesta, desde el pasillo. "Se quedaran ahí, tranquilamente, hasta que resuelvan sus problemas. Y nada de intentar salir, porque será inútil."
¿Inútil? Acaso ella… ¿me encerró en este lugar con Takeru? No… no, no, no… nononononono… No, Miyako, abre la puerta, porque no podré aguantar estar aquí encerrada, con Takeru, a solas, sin hacer o decir algo ¡que arruine nuestra amistad de por vida!
"Miyako," llamó Takeru, su voz sonando hostil. "Tú te das cuenta que no cuesta nada abrir estas puertas, ¿verdad? Son deslizables."
Hikari lo miró sorprendida al ver que, en efecto, el rubio menor si estaba molesto, pero… ¿por qué? ¿Acaso era porque no le gustó nada la jugarreta de Miyako (y ella lo entendía, este plan de su amiga ya se estaba saliendo de control, mira que involucrar a Sora y Mimi en todo esto)? O sería… no el hecho de estar encerrado sino que… ¿estaba atrapado con ella?
No, no, no, Hikari, deja de pensar así, claro que no es por ti, Takeru disfruta de tu compañía, solo recuerda lo que pasó esa mañana, el fin de semana pasado; él se veía contento al estar ahí contigo. Y las otras ocasiones durante esta semana. Takeru jamás se enfadaría por pasar tiempo contigo, jamás.
"Las tranqué, aunque eres libre de intentar abrirlas si eso deseas, Takeru."
La voz de Miyako la trajo de nuevo a la situación presente, justo a tiempo para ver a Takeru intentar abrir ambas puertas tranquilamente, y ella sabía (podía sentirlo) que el muchacho estaba vibrando de ira por dentro. La razón de esa ira la eludía, y eso le daba un motivo más para sucumbir ante sus pensamientos negativos (ante esa oscuridad que parecía llamarla cada día con más insistencia); erase una vez… ella hubiera podido saber lo que pasaba por la cabeza de Takeru con solo mirarlo.
Ahora… apenas y puede sentirlo, sus cambios de ánimo, sus momentos de furia… y eso la entristecía mucho.
"No hay forma de salir," le escuchó murmurar, mas para sí que para ella.
"Miyako, por favor, solo déjanos salir, esto ya se salió de control," dijo ella, hablando por primera vez desde que su amiga la acorraló en su casillero y la trajo hasta aquí.
Hikari ignoró lo mejor que pudo la mirada curiosa de Takeru, seguramente se preguntaba que estaba pasando y, honestamente, ella estaba a un paso de confesárselo todo; al diablo con las consecuencias, solo quería que todo volviera a ser como antes (que aceptara sus sentimientos por el rubio).
"Lo siento, Hikari, pero no," le respondieron a través de la puerta. "Aprovecha este momento para hacer lo que debes."
Takeru se paró junto a ella, tratando de cuestionar sus acciones, es más, cuestionar toda esta situación, con su mirada, pero Hikari siguió mirando la puerta testarudamente, negándose a devolverle la mirada. Sabía que si lo hacía, todo se vendría abajo, todas sus defensas, y quedaría a la merced de un chico que, si bien era el más tierno y considerado que haya conocido, seguía siendo la persona que bien podría destrozar su corazón, aunque sea no intencionalmente.
"¿Qué esta pasado aquí?" preguntó Takeru exasperado. "Miyako, no sé a qué juegas, pero no estoy de humor para esto ahora, solo abre la puerta y déjanos salir."
Miyako parecía no importarle el tono severo del muchacho, pues solo soltó una risa sarcástica. "De ninguna manera," dijo y luego se le escuchó suspirar. "Yo solo trato de ayudarlos, créanme, me lo agradecerán al final. Ahora, tienen tres horas para solucionar este lío que hay entre ustedes, y hasta entonces, no saldrán de aquí."
Con esas palabras, la chica los dejo solos, sus pasos de escuchaban cada mas menos mientras se alejaba.
Takeru gruñó molesto. "¿Lío? ¿Qué lío? Si entre nosotros no hay ningún problema, ¡Miyako!"
"Sí lo hay…"
"¿Hikari?"
Sus palabras habían sido murmuradas tan suavemente, que creyó que Takeru no la escucharía y, por un instante, así lo quiso, pero al oír su voz y ahora al ver su expresión (ambas expresaban confusión y dolor, lo mismo que ella estaba sintiendo, y supo que ahora era el momento adecuado para hacer que las cosas cambien), se dio cuenta que realmente deseaba solucionar esta situación. Ya no le importaba confesar sus sentimientos, ella solo quería a su mejor amigo de vuelta, aquel que siempre estaba ahí para ella, sin importar qué, aquel con quien no necesitaba decir ni una palabra para hacerle entender lo que quería decir.
Quería a su Takeru de vuelta.
"Sí lo hay, Takeru, sí…" suspiró y se dejó caer sobre una de las sillas más cercanas. "No sé… si te has dado cuenta, seguro que sí, ¿cómo no habrías de notarlo?"
Takeru se arrodilló frente a ella y le obligó a mirarlo, sujetando sus manos una vez sus ojos hicieron contacto. "¿Hikari?"
"Yo… extraño nuestra amistad, como solía ser… extraño a mi amigo, ese que no necesitaba más de dos palabras para comprender lo que quería decir y que nunca fallaba en hacerme sonreír cuando algo andaba mal y… Lo extraño, Takeru. Te extraño."
La expresión de Takeru le dijo que finalmente estaba aceptando la realidad que había entre ellos. Con un suspiro de resignación, el muchacho depositó su frente sobre su regazo y murmuró algo.
"¿Qué?"
"Yo también te extraño, no tienes idea como," dijo, alzando su rostro, mirándola fijamente a los ojos. "¿Qué fue lo que nos paso, Hikari? Todo parecía ir bien cuando llegue de Francia, nada había cambiado entre nosotros entonces… pero ahora… ¿Qué nos pasó?"
Yo me enamoré de ti… ¿Cuál es tú excusa?
"No lo sé, Takeru, y a estas alturas ya ni siquiera me importa, yo… solo quiero a mi mejor amigo de vuelta."
"Yo también quiero a mi mejor amiga de vuelta," le susurró, acariciando su rostro. "¿Pero qué podemos hacer?"
"No lo sé, lo que sea necesario… por ahora solo dejemos nuestros problemas de lado y tratemos de pasar este tiempo como solíamos hacerlo, ¿de acuerdo?"
Una sonrisa divertida apareció en el rostro de su rubio favorito y no pudo evitar sonreír también. Al fin, las cosas iban por un buen camino. Podía sentir la incomodidad desaparecer gradualmente; claro, recuperar su amistad como era antes iba a tomarles tiempo, y ella solo tendría que aprender a convivir con sus sentimientos, pero valdría la pena, lo sabía. Pues Hikari prefería mil veces tenerlo siempre como su mejor amigo que no tenerlo para nada.
"¿Cómo solíamos hacerlo? ¿Te refieres a hablar de todo y nada, y contar los secretos que no le diríamos a nadie y burlarnos de la mala suerte de Daisuke al tener a su novia en otra escuela?"
Hikari rió abiertamente al oír eso, y fue recompensada con un efusivo beso en la mejilla. "No seas malo con Daisuke, pero sí, sí, a eso me refiero," dijo, ignorando el rubor que de seguro cubría todo su rostro.
Takeru asintió un par de veces y su expresión se volvió seria de repente, pero podía ver algo de inseguridad en sus ojos también. "Muy bien, porque… tengo algo que confesarte…"
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Al final, ninguno de los dos quiso referirse al tema.
El resto de la tarde se pasó volando, en medio de murmullos y rumores, y así mismo se fue la mayor parte del Sábado. Y cuando menos lo esperaban, los elegidos vieron que la noche del Sábado estaba sobre ellos, y como tal, el baile.
De todos los elegidos, los únicos que faltaban eran Jyou, quien estaba ya en la universidad, e Iori, quien era muy joven como para asistir al baile, el resto compartía la velaba juntos como amigos y por separado con sus respectivas parejas.
En ese momento, Miyako era la única que estaba sentada en su mesa, mientras esperaba que Ken regresara con algo de ponche, mirando decepcionada como Takeru y Hikari bailaban con sus respectivos acompañantes en extremos diferentes de la pista de baile. Ellos eran los únicos que no habían compartido nada de la veladas con el resto del grupo, empecinados en evitarse tanto como pudieran; también evitaban al resto.
¿Por qué motivos lo harían? Ella no sabía, pero iba a averiguarlo, así tuviera que sacárselo a Hikari a la fuerza, ella descubriría lo que había pasado en ese salón.
"¡Miyako!"
La pelimorada alzó la vista, encontrándose con la imagen de Sora acercándose hacia ella. La pelirroja tenía una gran sonrisa en su rostro, claramente se estaba divirtiendo mucho.
"Vaya calor, ¿no te parece? Casi ni se cree que estamos en pleno invierno," dijo mientras de abanicaba el rostro con una mano. "¿Por qué no estás bailando?"
"Ken y yo decidimos tomarnos un descanso para beber algo," respondió Miyako, tratando de ser lo más alegre posible para no preocupar a su amiga y arruinarle la velada, ya bastante había hecho con preocupar a Ken.
"Ah, sí, Yamato y yo decidimos lo mismo, aunque no creo aguantar mucho mas de estos bailes rápidos, mira que con lo que nosotros hicimos antes de—ehh…"
Miyako volteó a ver a Sora, alzando una ceja. "¿Antes de…?"
Sora rió de manera nerviosa, moviendo su cabeza de lado a lado. "No, nada, olvida que dije eso."
Ambas chicas permanecieron en silencio, y luego de unos minutos, Miyako prácticamente sintió algo cambiar en el aire.
"Tú sabes que hicimos lo que se podía, ¿verdad, Miyako? No sirve de nada que te deprimas por lo que pasó."
Miró a Sora de reojo, y asintió, para luego volver a fijar su vista en la pista de baile. "Lo sé, pero aun siento que hicimos que las cosas empeoraran."
"Eso no es cierto—"
"¡Míralos, Sora! Por lo menos antes de entrometerme aun tenían su amistad, ahora no han intercambiado palabra alguna desde que salieron del salón de música. Y todo es mi culpa, yo—"
Vio tristemente como Hikari reía con aparente alegría ante las cosas que ese Akira, quien le disgustaba más y más con cada segundo que pasaba, le susurraba al oído; a pesar de lo alegre que se veía, y lo feliz que se oía, Miyako podía ver que Hikari estaba sufriendo mucho con todo lo que estaba pasando, tenía el dolor reflejado en sus ojos. De Takeru no podía hablar aun, el chico estaba demasiado lejos de la mesa como para ver lo que estaba sintiendo.
"Miyako, las cosas siempre pasan por algo, quizás… esto sucedió para mostrarnos que ellos dos no son el uno para el otro…"
Solo bastaba con ver el rostro de Sora para saber que ni ella se creía esa línea, pero tenía algo de verdad. ¿Quién decía que Hikari y Takeru estaban hechos el uno para el otro? Nadie, ciertamente ella no, porque no lo sabía. Tal vez solo estaban destinados a ser amigos, y ahora hasta eso se arruinó.
Miyako sintió a Sora acariciarle el cabello y cuando volteó hacia ella, le sonrió. "Solo trata de disfrutar el baile, ¿de acuerdo? Ya mañana podremos preocuparnos por esos dos y veremos que se puede hacer para remendar la situación."
"Tienes razón. Gracias, Sora."
Justo entonces, sus respectivos novios aparecieron con los refrescos, ella le sonrió a Ken, quien luego de ver que ya estaba mejor, le devolvió el gesto. Sora y Yamato intercambiaron unas pocas palabras que terminaron con Yamato diciendo algo sobre unas maniobras evasivas para evitar a una jauría de lobos hambrientos, y luego el rubio le dio un leve beso en los labios. Ahí estaban cuando Mimi apareció de la nada con un muy cansado Taichi, ambos ya con sus refrescos en mano.
Y por un momento, Miyako pensó que sí podría llegar a disfrutar el baile en su totalidad, después de todo, Sora tenía razón, y ya tendría mañana y el resto de los días para ayudar a Hikari y Takeru.
Lamentablemente, el destino tenía otros planes y la cara de horror de Sora puso un alto a la diversión.
"¿Sora?" preguntó Yamato, la preocupación latente en sus ojos.
"Ay, Dios…"
Los elegidos voltearon a mirar qué había horrorizado a Sora, y todos quedaron con la boca abierta. Miyako notó vagamente como el resto volteaba hacia el otro extremo de la pista, pero ella no podía quitar sus ojos de la escena frente a ella.
Ahí estaba Takeru, brazos aun alrededor de su acompañante, Azusa, mientras la chica le besaba como si no hubiera un maldito mañana.
Para cuando reaccionó, recordando a Hikari, su amiga ya no estaba por ningún lado, Mimi se dirigía enfurecida hacia Takeru, Taichi la seguía tratando de detenerla, y Yamato de alejaba del grupo rápidamente.
"¡Yamato!"
Escuchó exclamar a Sora, pero todo lo que obtuvo fue una indicación de que nadie se moviera de su lugar.
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Se había pasado casi todo el baile fingiendo, y ya estaba cansada.
De pretender estar bien cuando lo único que quería era meterse en su cama y llorar, llorar hasta no tener más lagrimas en sí. Estaba cansada de fingir felicidad frente a Akira, que lo único que hacía era decir bromas de mal gusto, cansada de aceptar sus pequeños avances cuando en realidad deseaba que otro la sostuviera como lo hacía él, que otro le pusiera la atención que él le daba.
Que otro le susurrara palabras tiernas en su oído como Akira lo hacía.
Pero ella merecía por lo menos intentar disfrutar el baile, motivo por el cual no se preocuparía de todo lo que había hecho mal hasta ahora. Ya mañana tendría tiempo para disculparse con Takeru, Dios sabe que no merecía lo que le hizo, y con sus amigos, por haberlos evitado toda la velada y—
"Parece que tu amigo la está pasando muy bien."
La voz de Akira, demasiado cerca para su agrado, en su oído la hizo salir de sus pensamientos, e inmediatamente tuvo este presentimiento que le decía que no se volteara, que lo que vería no le gustaría, pero antes de poder protestar, el joven de cabello negro la giró y sus ojos se enfocaron automáticamente en la figura de Takeru, que, a diferencia del resto de las parejas, no se movía con la música.
"Oh…"
Ella solo lo veía de espaldas, pero no se necesitaba ser un genio para saber lo que pasaba. Ni Takeru ni su pareja se percataban de las otras parejas chocando contra ellos, ni tampoco les importaba la pequeña multitud, que se hacía más grande con cada segundo, que se había detenido a mirarlos.
("Hikari, hay algo que he querido decirte… Es muy importante y—verás, hay una chica, ella es tan perfecta que… que simplemente me cuesta creer que alguien tan dulce y angelical como ella exista… y me gusta mucho, me atrevería a decir que… la quiero, pero no sé como decírselo… Esperaba que me invitara al baile, pero creo que mis fans le impiden acercarse, porque, bueno, ella siempre ha sido algo tímida.")
Una chica, seguramente era ella, ¿verdad? Porque Hikari estaba más que segura que podía reconocer a todas las fans de Takeru y… y a esta chica jamás la había visto merodeando al rubio.
"Oh…"
"Un poco rudo de su parte, ¿no lo crees? Debería llevársela a un lugar más privado."
Su mundo se redujo de repente, se redujo a Takeru y a su frágil corazón rompiéndose en mil pedazos. Eso era todo lo que veía, todo lo que sentía en este momento, nada más.
"Ven conmigo, dulzura, quiero enseñarte algo."
Escuchaba palabras, pero no las comprendía, solo podía ver, sentir (ver como Takeru se besaba con esa chica y sentir su corazón destrozarse de manera brutal una y otra y otra vez). Alguien sujetó sus manos con firmeza y la alejó de aquella escena, ya no le importaba quien fuera, con tal que la llevara lejos, lejos que aquel horrible lugar, aquel horrible baile, donde su mundo caía a su alrededor (¡¿y por qué tenía que doler tanto, Dios, por qué?).
Sintió que había caminado por horas, estaba tan cansada, hasta que al fin se detuvo. De pronto, sintió algo frío y duro golpear contra su espalda levemente, y se vio de frente con un chico (al cual conocía, le repetía su mente, Akira era su nombre, un amigo de Yamato, si no se equivocaba), él le decía algo, pero Hikari ya no escuchaba, solo asintió a lo que fuera le estaba diciendo, si eso lo haría callar, accedería a lo que quisiera.
Pero entonces lo vio acercarse, más de la cuenta, y le sujeto las muñecas, poniéndolas a cada lado de su cabeza. Hikari sabía, intelectualmente, sabía que debía detenerlo, decirle algo, hacer algo para impedir lo que vendría (de lo cual se arrepentiría el resto de su vida, estaba segura), pero por más que quisiera, ya no podía encontrar alguna parte de ella que le importara la situación lo suficiente como para resistirse.
Sintió una extraña sensación en su cuerpo, esto ya lo había sentido antes, ¿verdad?, hace años, cuando su vida era aun simple y sin mayores problemas. Giró su cabeza hacia un lado, y sintió los labios del chico chocar con su mejilla y lentamente se abrían paso a su cuello. Pero eso a ella no le importaba, estaba extrañamente concentrada en su mano, aun prisionera contra la pared.
Este sentimiento…
Algo pareció hacer clic dentro de su cabeza y por fin comprendió lo que estaba pasando, pero lejos de preocuparse o asustarse, se sintió aliviada, pues de esta manera, ya no tendría que preocuparse de nada, nada que la lastimara (ni de su amor no correspondido, ni de Takeru, ni de su destrozado corazón, nada), nada que la confundiera. La sensación se hacía cada vez más fuerte, vagamente podía sentir los labios del chico hacer contacto con su cuello y a lo lejos podía escuchar unos pasos apresurados.
Esta pasando de nuevo…
Su mano se distorsionó aun mas, extendiéndose a su brazo; el hormigueo continuó su camino por el resto de su cuerpo.
Me estoy convirtiendo en datos… otra vez…
Igual que aquella vez que fue trasportada al Mar Negro, solo que ahora no sabía si debía (si quería) llamar a alguien para que viniera en su ayuda.
Takeru…
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Sabía que su actitud solo le conseguiría un reproche por parte de Yamato, pero no podía ser de otra manera. Porque, en realidad, no tenía ganas de pasar la noche con sus amigos y ser víctima de sus miradas apenadas y sus constantes preguntas y su abrumadora preocupación, no esta noche.
No sabiendo que Hikari se divertía con el compañero de banda de Yamato.
Claro, él no sabía con certeza si eso era verdad, pero Azusa tenía una vista privilegiada de la pareja y ella no paraba de comentar al respecto, además, había oído a otras amigas de Hikari decir lo mismo, y honestamente no quería tener más motivos para seguir enfadado con ella.
No es como si le gustara estarlo tampoco, ya su hermano le había dado un mal rato por su insensato enfado, pero ¿qué podía hacer? Yamato no entendía nada, no sabía nada. Nadie lo sabía; lo que había pasado después de que Miyako se había marchado, dejándolos encerrados en el salón de música.
Dios, si hasta él no lo comprendía, todo había estado tan bien, iban de maravilla, conversando como solían hacerlo, sin incomodidades ni pausas alargadas. En algún minuto después que Miyako se marchara, un maestro había llegado al salón y vio las puerta trancadas, y luego de abrirlas los vio a ellos conversando y se marchó. Al menos eso se rumoraba, Takeru solo sabía que para cuando él había decidido confesarse, confiando en que las puerta impedirían un escape inesperado, estas ya estaban libres de obstáculos.
Había tratado de explicarle a Yamato lo sucedido, pero no pudo y su hermano le seguía reprochando su actitud ("Deja de actuar como un niño, Takeru, y soluciona este problema"). Pero, ahí de nuevo, Yamato no sabía lo que había pasado. Es fácil opinar cuando no sabes la versión oficial de los hechos y es que…
¿Qué más le quedaba por hacer?
Había tratado de confesarse, como un tonto, había intentado confesarle todo a Hikari, pero ella ni siquiera había tenido la decencia de dejarlo terminar. Lo había interrumpido, con una expresión de decepción y dolor, al pararse abruptamente y salir del salón. Él había tratado de detenerla, pero ella se había echado a correr apenas salió al pasillo, dejándolo ahí solo, con la palabra en la boca y sus sentimientos a la vista de todos.
Pero yo no quise entender su reacción, y como un imbécil corrí detrás de ella, pensó molesto, sintiendo como Azusa se apegaba más a él, pero no le importó.
Y en efecto, había corrido detrás de ella, y cuando logró alcanzarla, ya todo se le había escapado de las manos. Pues, Hikari, con una sonrisa angelical, le pidió a Akira que fuera con ella al baile, y el pelinegro no tonto ni perezoso, aceptó.
Lo que pasó después de eso es un conjunto de cosas sin sentido, y que Takeru no recordaba con claridad, solo sabía que al final del día, él había aceptado la invitación de una de las compañeras de clase de Mimi.
Rechazado. Hikari lo había rechazado, solo con sus acciones, así que él estaba en todo su derecho de sentirse enfadado.
Ya mañana se preocuparía de cuestionarla (porque estaba seguro que ella tuvo motivos suficientes para hacer lo que hizo) y de disculparse por ignorarla, y de disculparse con sus amigos por ser comportarse como idiota y evitarlos y—
"¿Estas disfrutando la noche?"
Takeru miró a la chica delante de él, una linda morena de ojos verdes, pestañeó un par de veces hasta que su cerebro comprendió lo que le decía. "Eh, sí, sí claro, la estoy pasando muy bien."
La chica (Azusa, se reprendió mentalmente) le sonrió de manera triunfal, y por un segundo Takeru sintió la necesidad de salir corriendo, pero antes de poder reaccionar, ella le sujetó el rostro y lo besó, inmediatamente abrazando su cuello fuertemente para impedir su escape.
No que pudiera alejarse, estaba paralizado, completamente, era como si su cerebro hubiera hecho corto circuito. Su cuerpo no respondía ante las ordenes de su mente, que le gritaba que debía alejarse, porque las consecuencias que tendría que enfrentar luego si alguien los veía serian severas, pero… ¿y qué? Él no tenía que rendirle cuentas a nadie, ¿o sí? No tenía novia, y no había nada de malo en disfrutar este estúpido baile—
"¿¡Qué diablos estás haciendo!"
Decir que estaba sorprendido era poco, Takeru estaba totalmente impactado al sentir dos fuertes, aunque algo pequeñas, manos sujetar sus hombros y alejarlo bruscamente de su pareja. Así se encontró viendo anonadado como Mimi le gritaba a Azusa.
La discusión estaba atrayendo atención indeseada, pero a ninguna de las chicas parecía importarle mucho. Y Takeru quería sentirse indignado, Mimi no tenía por qué entrometerse en su vida, pero ya no podía ni siquiera pensar, solo quería salir de ahí, y estaba dispuesto a hacerlo, cuando sintió que lo agarraban del cuello de su camisa, volteándolo y propinándole un fuerte golpe en la cara.
Takeru cerró los ojos ante el dolor y notó con un poco de humor como el gimnasio se sumía en silencio. Lo que pasó luego permanecería como un gran remolino de imágenes borrosas en la memoria de Takeru, pero de lo que se acordaría vívidamente, era la imagen de Taichi con el puño cerrado, parado frente a él, mientras le cuestionaba cuantos golpes más necesitaba para entrar en razón.
Eso, y la expresión de sus amigos mientras él, sin darle al moreno algún tipo de respuesta, daba media vuelta y se alejaba del lugar.
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"¡Con un demonio!"
El grito de Akira la sacó abruptamente de su trance, y casi se va de cara al piso al sentir la sensación de convertirse en datos desaparecer tan repentinamente. Se sintió mareada, y su vista de nubló. Escuchó un fuerte alboroto, y logró distinguir como algunos mesones eran arrastrados por el salón.
Espera… ¿salón?
Se preguntó brevemente como llegó a un salón, y tuvo que maldecir su suerte al ver que no era cualquier salón; era el salón de música.
"¿Cuál es tu maldito problema?"
Por la periferia de su vista, vio un destello de cabellos rubios y, rápidamente, se volteó hacia el alboroto, sosteniéndose de la mesa más cercana para no caer, pues aun se sentía algo débil. Mas no pudo evitar sentirse un tanto decepcionada al ver que, si bien sus ojos no se equivocaron al ver una cabeza rubia, esta no pertenecía al rubio que ella esperaba.
Yamato sujetó al pelinegro del cuello de su camisa y lo alzó en un arranque de fuerza impresionante, para luego golpearlo contra la pared. "¿Cuál es mi problema? Creí haber sido bien claro cuando te dije que no intentaras nada con ella, Akira."
Hikari no necesitaba ver la expresión de Yamato para saber que estaba hirviendo en ira, su voz lo reflejaba todo, pero por algún motivo no lograba entender lo que pasaba. ¿Por qué Yamato golpeaba a uno de sus compañeros de la banda? ¿Qué había hecho para—?
Oh, Dios…
("¿Quieres que te ayude a olvidar ese mal rato, dulzura?... Pero me temo que tendremos que deshacernos de este lindo vestido tuyo primero… ¿No te importa?")
"Oh, Dios…"
"Oye, ella dijo que sí."
"Ella no está en sus cabales para saber lo que quiere, y créeme cuando te digo, que si lo estuviera, no serías tú su primera opción."
¿Acaso ella… había accedido a… a… con él?
"Oh, Dios…"
"¿De qué te las das, Ishida? Yo creo que está bastante grandecita para tomar sus propias decisiones. Si tu hermano—¡argh!"
Hikari emitió un grito ahogado al ver el golpe que le propinó Yamato a Akira, lo suficientemente fuerte para mandarlo al suelo con una nariz rota.
"No metas a mi hermano en esto."
Yamato se volteó hacia ella, y Hikari no pudo evitar retroceder un paso en temor ante la dura mirada del rubio mayor, la cual se tornó más suave tras su reacción. Hikari no sabía qué hacer, no podía creer lo que estuvo a punto de dejar pasar solo por sentirse perdida, y lo peor de todo, era que Yamato tenía razón, ella ya no sabía lo que quería.
Bueno, sí, sí sabía; quería a Takeru, pero cómo lo quería realmente, no lo sabía, si como amigo o algo más. Eran estos pensamientos los que rondaban su cabeza cuando sintió una leve presión en sus hombros. Alzó su vista para ver a Yamato, quien la miraba de una manera inquisitiva, inspeccionándola por alguna señal de que algo más de lo que detuvo había pasado, y cuando al parecer no encontró nada, suspiró aliviado.
"Yamato—"
Él la interrumpió, sorprendiéndola con un breve abrazo, y luego la sacó del salón. Y una vez estuvieron en el pasillo, le habló.
"¿Estás bien?"
"Sí… Nada paso, si eso te preocupa—"
"Lo que me preocupa, Hikari, es lo que tú y mi hermano están haciéndose a sí mismos."
"Nosotros no—"
"Este baile que llevan haciendo desde hace más de un año, Hikari, esto de evitar cruzar la línea entre amigos y amantes. Esto. Precisamente esto."
"Yo…"
"¿Por qué accediste a venir con Akira hasta acá? Si me vas a decir que fue por despecho, porque viste a Takeru besar a otra chica, pues lamento informarte que acabas de cometer la tontería más grande de tu vida."
"Pero yo—"
"Solo viste lo que querías ver, Hikari, y, por lo que más quiero, no sé por qué te empeñas en ver solo lo negativo en su relación."
Yamato dejó de caminar y ella no tuvo otra opción más que detenerse también, pues el rubio no se veía con intenciones de soltar su mano. Fijó su vista en el piso, sintiéndose muy avergonzada como para mirar a su amigo a la cara. ¿Y cómo hacerlo? Si ni siquiera ella creía poder verse al espejo de nuevo después de este episodio.
Maldición, ¿en qué estaba pensando?
"Takeru no besó a esa chica, ella lo besó a él, y él… no creo que haya tenido tiempo de rechazarle."
Ella lo miró confundida, su mente aun se rehusaba a comprender las palabras que escuchaba, demasiado preocupado por lo que pudo haber pasado si Yamato no hubiera aparecido en el momento justo.
"Salí en tu búsqueda apenas me percaté que no estabas en el baile, así que no sé lo que sucedió luego," respondió él, percibiendo su confusión.
Yamato suspiró y soltó su mano para pararse frente a ella, sujetándola de los hombros.
"Hikari, Takeru te adora… tú eres quizás lo más importante que hay en su vida…"
"Claro, soy su mejor amiga…"
"No, tú eres…" Yamato pausó, con algo de inseguridad, pareciendo querer decir algo que luego no pudo. "Tú eres… más que eso. No sé qué está pasando por esta cabeza tuya, no puedo entenderte como entiendo a Sora, como mi hermano te entiende, pero ocultar tus sentimientos por tanto tiempo no es bueno."
"Yo no estoy…"
"¿Enamorada de Takeru? Yo creo que esa es una mentira que ni tú te tragas a estas alturas."
Parecía que sus defensas habituales habían quedado tan destrozadas que hasta Yamato podía saber lo que pensaba, o… o quizás él solo lo sabía porque estaba enamorado también.
"¿Pero qué puedo hacer, Yamato? Ya no sé cómo lidiar con esto."
"Solo dile lo que sientes."
"¿Y si él no siente lo mismo?"
Yamato le sonrió de tal manera, que ella no pudo evitar sentir un ápice de esperanza nacer en su interior.
"Al menos lo habrás intentado, pero tú sabes que no importa lo que pase, mi hermano jamás te dejará sola."
Sus palabras fueron como una revelación, y por fin pudo ver todo con claridad. Nada de miedo, ni inseguridades, nada de oscuridad, nada de arrepentimiento, solo la cálida luz de un futuro prometedor.
Ya fuera como amigos o… algo más.
Sintiéndose, por primera vez en este último año, realmente feliz, abrazó al rubio mayor con efusividad, estando muy agradecida con él.
"Gracias, Yamato, muchas gracias, no sabes cuánto necesitaba eso."
"No hay de qué."
Hikari rompió el abrazo, su sonrisa aun intacta, y antes de que alguno de ellos pudiera siquiera mover un músculo, un grito llamó su atención.
"¡Hikari!"
Ahí, al final del pasillo, estaba Takeru, con una mejilla hinchada y el labio roto, pero luciendo mas adorable que nunca en sus ojos, y Hikari supo en ese instante, que todo estaría bien.
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Takeru entró rápidamente en los vestidores, yendo hacia su casillero. Sintió algo de alivio al ver que aun tenía un set limpio del uniforme del equipo de baloncesto, aunque solo necesitaba cambiar la camisa que llevaba puesta, ahora ensangrentada. Afortunadamente, la chaqueta del traje que su madre le había comprado estaba intacta. Se cambio rápidamente, optando por usar la camiseta y la sudadera que tenía en el casillero. Se vería probablemente ridículo una vez que se colocara la chaqueta, pero ya no tenía a quien impresionar, así que poco le importaba.
Solo quería un poco de paz; quería salir de ahí.
"Takaishi, no está permitido el ingreso de los alumnos al resto de la facultades de la escuela, así que tendrás que salir."
Takeru se volteó a ver a su entrenador y asintió cansado, pero no hizo ningún además de levantarse de su lugar en la banca. "Lo sé, pero necesitaba cambiarme. Saldré en un momento, entrenador, no se preocupe."
"Ah, así que tú eres el desafortunado de chocar contra el puño de Yagami."
Aquel comentario lo hizo reír levemente, y luego mostró una mueca de dolor cuando su mandíbula comenzó a protestar. El entrenador dio media vuelta para salir, pero luego pareció recordar algo de suma importancia, porque se apresuró a su oficina, que estaba al fondo del pasillo que había en los vestidores, y luego regresó con un sobre.
Una carta.
"Casi lo olvidaba," se acercó un poco. "Encontré esto, ehh… el Martes, creo, cerca de las bancas en el gimnasio, después de que terminaras tu práctica habitual. Es para ti," dijo, entregándole el sobre. "No había tenido tiempo de dártela esta semana."
Takeru miró el sobre con curiosidad y cuando lo volteó, viendo su nombre escrito en una letra que reconocería en cualquier lado, algo en su pecho se contrajo.
Hikari…
No le prestó atención al entrenador cuando este se fue, su concentración estaba en controlar el temblor de sus manos para poder abrir la carta sin romperla. Una vez tuvo la carta entre sus manos, no perdió tiempo y comenzó a leerla; el horror, la incredulidad y este sentimiento que acababa de cometer el peor error de su vida arremetieron contra su cuerpo, haciéndolo sentir mareado.
Pero la felicidad que sintió después, aun más prominente que el resto de los sentimientos, le dio la energía que parecía haber perdido y se paró de golpe.
Dios, se esto es cierto… si esto es cierto, entonces… ¿eh?
Casi como si fuera obra del destino, no había otra explicación para lo que le sucedía.
Este horrible sentimiento, ya lo había tenido antes, hace unos años… este sentimiento como si parte de su alma estuviera siendo arrancada de su cuerpo, como si algo hubiera tomado un fuerte agarre de su corazón e intentara arrancarlo de su pecho, este… sentimiento de absoluta soledad, rabia y frustración…
Oh, Dios…
Era el mismo que había tenido, años atrás, cuando Hikari había sido transportada al Mar Negro.
Dios, no…
Entonces lo escuchó, como un leve y débil susurro a lo lejos, pidiendo su ayuda.
…Takeru…
Sin pensarlo dos veces, salió corriendo, hacia dónde, no sabía, solo que no podía parar porque Hikari lo necesitaba. No se percató de sus amigos esperándolo a la salida de los vestidores, ni de sus gritos que le pedían que se detuviera, todo eso había dejado de importarle realmente. A donde lo llevaban sus piernas, ni él lo sabía; doblando esquinas, corriendo por pasillos, subiendo escaleras, y así hasta que llegó al último piso de la escuela. Solo ahí se supo a dónde iba.
Rodeando la última esquina hacia el pasillo que albergaba el salón de música, el rubio sintió como el aire escapaba de sus pulmones ante el alivio que lo envolvió.
Porque ahí estaba ella, tan angelical como siempre, sonriendo sin necesidad de fingir, tranquila, perfecta… a salvo.
Por algún extraño motivo, sintió ganas de ir hasta ella, abrazarla y llorar, llorar desconsoladamente, pero no lo hizo, solo se dedicó a observarla, por unos breves segundos, porque no pudo resistir la tentación de decir su nombre.
"¡Hikari!"
Y cuando ella le miró, había algo en sus ojos, un brillo particular, algo en la forma que su mirada se tornó más tierna al verlo, algo en su sonrisa—algo, que le dijo…
"Díselo, Takeru," escuchó a Yamato hablarle, desde muy cerca y le sorprendió porque en ningún momento lo vio acercarse (pero cómo lo haría si tenía su completa atención puesta en Hikari). "Porque si no lo haces tú, lo haré yo."
Con la inseguridad palpitando en su pecho, se acercó a ella, y sin darse tiempo a echarse atrás con su decisión, le ofreció su mano, la cual fue aceptada con gusto. Takeru no pudo evitar sonreír entonces, porque al fin sentía que…
…ya todo estaba bien.
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Ella quería estar sorprendida, pero no lo estaba. Con la claridad que había descendido sobre ella luego de la charla con Yamato, su confesión le era casi esperada. Se preguntaba cómo pudo pasar por alto todos estos detalles que podía presenciar ahora. No era posible ser tan densa, tan ciega a tal muestra de afecto ¿verdad? Oh, pero al parecer si lo era, porque ella no había visto lo que todos presenciaron a miles de kilómetros de distancia.
Porque realmente estaba todo ahí, en sus ojos, tan solo debía detenerse un minuto, olvidar el resto del mundo, y mirar.
Él quería sentirse nervioso, pero no podía. El nerviosismo se le había ido en el instante en que leyó esa carta e incluso si sus sentimientos habían cambiado, no le importaba. Se preguntaba qué le diría su hermano si este pudiera leer sus pensamientos; seguramente lo mismo que le dijo él cuando Yamato tuvo dudas sobre lo que sentía Sora: que era un idiota cegatón. Simplemente no era posible que jamás se haya dado cuenta de los que esos ojos rojizos le decían ahora, no lo era.
Porque todo lo que siempre quiso estaba ahí, tan claro como el agua que caía desde lo alto del Monte Fuji, y lo único que tenía que hacer era darse un minuto para mirar, para ver lo que estaba escrito en su adorable rostro.
Gracias a esa sincronización que tanto les gustaba comentar a sus amigos, y al resto de la escuela, eliminaron la distancia que había entre ellos lentamente. Al mismo tiempo, y porque no había prisa, por fin tenían todo el tiempo del mundo, acercaron sus rostros hasta que sus frentes se tocaban. Ambos sonrieron. Takeru alzó una de sus manos, la otra encontrándose con la de ella y entrelazando sus dedos, y acaricio su rostro. Hikari giró su cabeza levemente, besando la palma de la mano que acariciaba su mejilla.
Sincronizados. Parecía ser que todo acerca de sus vidas giraba en torno a esa maravillosa sincronización que había entre ellos.
Y con esa nueva luz de esperanza brillado en sus ojos, y una radiante sonrisa adornando sus labios, ellos…
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Takeru:
Seguro te preguntas a qué se debe todo esto; quizás hasta lo encuentras extraño. Créeme, yo también lo encuentro extraño y… Bueno, si estás leyendo esto es porque no tuve el valor suficiente como para hablarte a la cara.
No sé si te has dado cuenta de mi comportamiento errático desde que volviste de Francia. Y bueno, es porque me di cuenta de que ya no te veo de la misma forma que solía hacerlo. Me costó darme cuenta de lo que me pasaba, me costó mucho en realidad, pero para cuando esta revelación sucedió, nosotros nos habíamos alejado mucho.
No sé si te paso lo mismo, pero sentía que éramos como extraños. Y no me gustó para nada eso, porque siempre creí que sin importar lo que pasara en mi vida, la única cosa que siempre tendría conmigo sería tu amistad… pero eso estaba desvaneciéndose.
Esto no tiene mucho sentido, ¿verdad?
Takeru, yo… tu eres una persona muy importante para mí, eres mi mejor amigo, a pesar de lo alejados que estamos, pero yo… yo quiero… yo quiero ser más—
Takeru, yo… me enamoré de ti.
Espero que esto no dañe nuestra relación más de lo que ya está.
Con Amor,
Hikari.
P.D: ¿Irías al baile de San Valentín conmigo?
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…se besaron.
Continuará…
mañana vere si puedo arreglar lo que sea que este mal, si es que hay algo... y en el proximo capitulo explicare todo esto de hikari convirtiendose en datos, en las notas del autor, asi que esten pendientes
