Disclaimer:

1.- Ningún personaje de One Piece me pertenece, todos son propiedad de Oda Eiichirō.

2.- Este Fanfic contiene spoilers posteriores a MarineFord.

3.- El género de esta historia es yaoi, con la pareja Mizo (MihawkxZoro) si el tema o la pareja no te gusta, por favor no lo leas.


Capítulo 2: Insensatez

Era una situación extraña. No por ser dos hombres besándose. Eran dos rivales que luchaban de una forma peculiar. No había espadas o amor. Era una guerra entre dos seres que buscaban descargar deseo y obtener la dominación del contrario.

—Roronoa… —susurró Mihawk en el cuello del joven que no pudo evitar un escalofrío cuando sintió la pesada respiración acariciar su piel.

La reacción fue notada por el pelinegro y se deleitó al ser él quien la causaba. Volvió a devorar la boca del menor, a saborear sus labios y su lengua. Sus manos ya no las necesitaba usar para sostener a Zoro. Sabía que menor no huiría así que recorrió su cuerpo con furia dejando calor por donde pasaba.

El pirata estaba dividido entre dejar que Mihawk tomara el control o tumbarlo para ser él quien mandara. Estaba confundido. No quería ser inferior pero no podía negar que le gustaba como lo estaban dominándolo.

Ambos cuerpos estaban despertando, y cada uno podía notarlo en el otro. La respiración agitada, la tensión de los músculos, la necesidad de restregarse más entre ellos. Y claro, era inevitable sentir como sus miembros comenzaban a crecer. Esto alarmó a Zoro.

—E-espera —trató de separarse, pero el mayor no dejaba de besarlo y tocarlo. —¡Espera!

—¿Quieres llegar al castillo? —la voz ronca de Mihawk hizo que su sexo se pusiera más duro. —No está lejos.

Era verdad. Si eran rápidos y no se dedicaban a otra cosa que caminar en sólo quince minutos llegarían. Sin embargo, eso no era lo que Zoro quería decirle, pero al escuchar aquella voz cargada de pasión sus dudas y temores se fueron. Entendía lo que Mihawk quería, y él se lo daría. Pero no tan fácil.

Al ver que el joven asentía el Shishibukai comenzó a avanzar otra vez hacía su hogar. Sus pasos eran rápidos. Ambos querían llegar pronto a algún lugar donde perder el control. El impulso de la pasión estaba quemándolos y la incomodidad en su entrepierna aumentaba al caminar.

Zoro ya no miraba sólo Mihawk. Sus ojos iban desde el pelinegro hasta el castillo. Sentía otra vez un revoltijo en su estómago. Había tomado una decisión y lo haría. Pero una parte de él le decía que no se acercará más al mayor. Que no cruzara otra línea con su enemigo. Porque ese hombre era su enemigo.

—Roronoa —al escuchar su nombre volvió a la realidad. Ya estaban en la puerta del castillo que acababa de ser abierta y el dueño del lugar lo esperaba adentro. Zoro lo siguió y no tardaron en llegar a la que reconoció como la habitación del mayor a la cual tenían prohibido entrar. Y ahí estaba ahora.

A pesar de la oscuridad del lugar pudo notar que no había muchas cosas. Logró distinguir una cama, un sillón y un mueble largo cerca de una pared y lo que creía era un ropero. Y una puerta donde Mihawk lo esperaba y que al ser abierta pudo ver el baño.

—Espérame aquí —fue la orden que su futuro maestro le dijo antes de desaparecer. Observó el lugar. Era un baño normal, pero con una tina gigante. Al menos caerían los dos cómodos en su interior.

Aunque no se lo habían pedido, Zoro abrió el grifo del agua. Por algo habían ido ahí. Una vez que el interior de la tina se llenó con lo justo para no desbordarse con dos cuerpos adentro, el sonido del agua dejó de escucharse y el ruido que el pirata hizo al introducirse tomó su lugar. La temperatura era adecuada para él. Mas fría que caliente.

Comenzó a echar agua sobre sus hombros con ayuda de sus manos. Estaba perdiendo el olor de Mihawk pero aún podía sentir el calor de sus caricias. Un escalofrío subió por su columna al recordar aquel momento que el pelinegro le había dado. El mismo hombre que ahora estaba a su espalda.

Roronoa sintió cuando el hombre entro al agua y se dio vuelta para enfrentarlo, pero para su mala suerte el sexo del pelinegro quedó casi frente a su rostro que tomó un tono rojo furioso. El otro estaba de pie y parecía divertirse.

—¿Estás nervioso? —Mihawk se inclinó sobre el chico, quedando sus ojos apenas a unos centímetros de los de su acompañante. —¿Te arrepientes?

—No.

—Bien.

Cuando todo quedo claro, no hubo necesidad de seguir hablando. Lo único que importaba ahora era calmar el calor de sus cuerpos. Mihawk tomó la nuca de Zoro para comenzar el beso. Parecía ser una acción que disfrutaba. Pero el pirata no se iba a quedar atrás. Uso sus brazos para aprisionar al mayor con fuerza.

Mihawk entendió el mensaje y lo beso con furia. Quería asegurarse de que ese beso fuera el mejor que Zoro haya tenido en su vida. Y cumplió su objetivo. El peliverde sentía como el aire le faltaba, pero no iba a romper el contacto por lo que se concentró en el cuerpo que abrazaba. En los músculos firmes y bien entrenados. Dejó que sus dedos se enterraran en la carne ajena dejando marcas rojas.

El shishibukai sonrió y para igualar las cosas comenzó a dejar un rastro de mordidas en el cuello del menor que se removía producto del placer y del dolor. Al notar esto Mihawk miró fijamente los ojos de Zoro ya dilatados de placer que le decían que el joven estaba expectante y no tenía dudas.

Levantó al joven para dejarlo sentado al borde de la tina y continuó el recorrido de mordidas. Su camino siguió al torso y con lentitud tortuosa se quedó en el firme pecho del joven, mordiendo y succionando los pezones con fuerza.

Zoro comenzó a gemir al sentir como la lengua de Mihawk se deslizaba a lo largo de su trabajado vientre hasta llegar muy cerca de su pene que tomó en su cálida boca sin dudar. Era una sensación que lo estaba volviendo loco y tuvo que apoyarse en los hombros del mayor para no derrumbarse. Los labios cálidos apretando su carne y la húmeda lengua que recorría su longitud hizo que su cuerpo se contorsionara de placer y sus caderas hicieran movimientos simulando penetraciones. Estaba por llegar, pero el ojiambar no lo permitió.

—¿Estás listo? —el mayor había disfrutado de realizar la felación y esperaba que el joven lo hubiera disfrutado también. Había entendido que esta era la primera experiencia de este tipo para Zoro. Y quería consentirlo un poco para que fuera más fácil prepararlo.

—No quiero que me tomes de espalda. Quiero verte —la voz de Zoro era demandante. Eso le agrado al pelinegro.

—Bien.

Dracule volvió a llevar a Zoro al agua y comenzó a acariciar el trasero del joven sin dejar de mirarlo a los ojos. Masajeaba con firmeza los glúteos tratando de calentar la zona y cuando sintió que Zoro comenzaba a relajarse, quitó el tapón de la tina para recostarlo en el fondo.

Al dejar de sentir las caricias de Mihawk el pirata soltó un suspiro de molestia. El pelinegro lo miró con curiosidad y algo de burla. Con una de sus manos tomó con firmeza una de las piernas del menor para así colocarla en su hombro y comenzar a dejar besos en la pantorrilla. Su otra mano se dirigió al miembro aún duro de Zoro que se estremeció ante el contacto. Quería relajarlo y el peliverde lo entendió.

Zoro sostuvo su pierna en el hombro del mayor para darle a éste la oportunidad de usar su mano. Así, entre besos y estimulación en su zona intima la intrusión de un dedo en su entrada no fue tan malo ni tampoco la posición tan vulnerable en la que estaba.

Continuos movimientos circulares acariciaban su ano y lo enloquecían de placer. Estaba listo para más y movió sus caderas para profundizar la penetración. Mihawk sonrió y lo complació agregando un segundo dedo a su juego.

—¿Cuándo vas a comenzar? —Zoro era un hombre fuerte, no necesitaba que fueran suave con él.

—Primero tienes que agradecerme lo que hice por ti —no se lo estaba pidiendo, pero tampoco era una orden. Sólo había hablado y él obedeció.

Zoro bajo su pierna y se apoyó en sus rodillas usando ambas manos para apretar los muslos de Mihawk hasta enterrar las uñas. Tomó aire y lo dejo escapar sobre la punta del miembro erecto que esperaba por él. Nunca lo había hecho, pero si hacía lo que a él le gustaba nada podría salir mal y a juzgar por los suspiros del pelinegro había hecho un buen trabajo. No pudo evitar reír un poco ante las reacciones que sentía en el trozo de carne en su boca que se endureció aun más con la vibración.

—Mmm… —imitando parte de lo que había hecho el mayor, apretó con fuerza el glande con sus labios ganándose un ronco gemido. Levantó la vista para ver esos hipnóticos ojos y se estremeció.

Ante él había un depredador listo para devorarlo. A cualquiera le hubiera asustado aquella mirada, y aunque Zoro se sintió como una autentica presa, no pudo evitar tentar su suerte y molestó a Mihawk con su misma pregunta. —¿Estás listo?

—…. — claro que Mihawk estaba listo. Una sonrisa apareció en su rostro y se abalanzó sobre el chico. Si el joven quería jugar él no se iba a quedar atrás. Después de un beso demandante donde mordió los labios ajenos hasta dejarlos hinchados y rojos depositó un pequeño beso en la punta de la nariz del peliverde que pareció descolocarlo un poco. Algo curioso después de todo lo anterior hecho.

—Mmmm…

Mihawk separó las piernas de Zoro y posiciono su miembro en la entrada previamente preparada y espero. Quería que Zoro se lo pidiera, pero se sintió benevolente y lo penetro de golpe abriendo aún más las piernas con ambas manos. El menor dejo escapar un grito al sentir como la invasión lo desgarraba. Pero no quería que él otro se arrepintiera así que uso sus piernas para evitar que se alejara y tomó impulso para agarrarse de su cuello.

—Nngg… Mi..hawk…

Si el chico quería que parará el Shishibukai no tenía en mente escucharlo con lo delicioso que era el interior que lo envolvía. Comenzó con envestidas lentas pero firmes y poco a poco comenzó a aumentar el ritmo sin dejar de mirar en ningún momento a Zoro, quien lo miraba con intensidad y eso lo volvía loco.

Zoro se dejó hacer, quería concentrarse en sentir la intrusión y perderse en esos ojos. Y probar otra vez esos labios. Se basaron y ninguno supo quien lo había iniciado.

Mihawk sintió como su labio inferior era mordido a la vez que el menor comenzaba a mover las caderas tratando de seguir su ritmo y aumentando la profundidad de las estocadas. Le estaba exigiendo el control y eso lo hizo enloquecer. Sin suavizar las embestidas, llevó una de sus manos al miembro de Zoro que palpitaba por atención y apretó el falo con fuerza antes de comenzar a masturbarlo, realizando pequeños círculos con la uña de su pulgar sobre el glande para luego ir a la base y comenzar a subir y bajar.

—Ahhh…

Se estaban quedando sin aire. Sus cuerpos se movían frenéticamente en un abrazo desesperado. Los dos tenían sus ojos cerrados y juntaron sus frentes cuando el momento del clímax se estaba acercando. Chorros de semen caliente cayeron sobre el vientre de ambos cuando Zoro se corrió con fuerza tras un largo gemido que no logró callar.

—Roronoa…

Mihawk continuaba moviéndose tratando de retrasar el orgasmo. No quería abandonar la calidez del menor pero ya no pudo seguir conteniéndose y con un ronco y vibrante gemido llenó con su esencia el interior del muchacho que se mordió con fuerza el labio al sentir la calidez que lo llenaba.

Siguieron abrazados tras culminar tratando de normalizar la respiración. Lentamente los jadeos fueron desapareciendo y quedo un tranquilo silencio. El primero en moverse fue Zoro que trato de retirar el miembro de su recto. Pero Mihawk no lo permitió y comenzó a manosear su cuerpo, el hombre de los ojos de halcón aún estaba hambriento, y su pene volvió a endurecerse.

—Mihawk —la sensación de un falo creciendo en su interior despertó otra vez la lujuria de Zoro a pesar del dolor que sentía. La danza de caderas volvió a ocurrir, pero está vez fue con brutalidad. ¿Por qué? —¡Mihawk!

—Roronoa… — porque podían y querían. Mihawk deseaba dar todo lo que tenía y que había estado conteniendo durante tanto tiempo. Podía haber tomado al menor con más calma, pero sabía que el cuerpo bajo él lo aguantaría todo, justo como lo está demostrando.

—¡Mmmm…! —Zoro quería enloquecer al mayor y hacer que le mostrara todo lo que ocultaban esos ojos. Demostrarle que no tenía miedo de su poder. —¡Ahh!

Ambos deseaban dominar al otro. ¿Quién lo consiguió? El deseo. Los dos hombres perdieron el control y se dejaron llevar por la pasión. Mihawk tentado por el cuerpo que no debía poseer. Y Zoro dominado por el hombre que quería derrotar. No había duda de que el único que había dominado este encuentro era el deseo.

El orgasmo volvió a golpear sus cuerpos y silenciaron sus gemidos con un último beso. Se abrazaron por un momento superados por el cansancio. Era una noche que recordarían por siempre y que probablemente se repitiera.


Al día siguiente en el comedor del castillo, la chica fantasma preparaba los cubiertos para el desayuno. Desde que se había levantado estaba canturreando una canción que había escucho a interpretar horriblemente a Absalom.

—El amor… —su voz era suave y sus ojos brillaban soñadores.

Nunca iba a olvidar lo que había presenciado la noche anterior. Con la ayuda de sus hollows había podido seguir y espiar a la pareja de hombres. Sentía sus mejillas enrojecer al recordar aquel amor prohibido. ¿Quién diría que ellos estaban condenados a ocultar su amor?

—¿Cómo se puede vivir sin el ser amado?… —sus ojos se humedecieron —¡Que triste! —comenzó a llorar con fuerza al pensar en el triste destino que le esperaba a Mihawk y Zoro.

—¡Callate! —la voz molesta de Zoro interrumpió su teatro. —¿Qué haces gritando tan temprano?

Perona lo miraba ilusionada. Zoro llevaba una ropa que claramente no era suya. ¡Mihawk le había prestado ropa! Perdida en sus ensoñaciones dejo de prestarle atención al rostro de pocos amigos del peliverde. Él claramente no había olvidado lo que la chica le había hecho.

—El amor —repetía la pelirosa una y otra vez. —¿Y Taka no Me no se ha levantado aún?

—…. —el cuerpo del pirata comenzó a temblar de rabia al sospechar que habían sido espiados y sólo el sonido de su estomago que le recordaba que no había cenado ayer y el aroma de la comida que inundaba el lugar fue lo que salvo a Perona de ser estrangulada. —¿Esto lo preparaste tú?

—¡Si! es mi desayuno especial de amor prohibido —confirmado. Esta niña era una entrometida y una pervertida. Le daría una lección cuándo terminará de comer.

—¿Qué es esto? —en la mesa había una variedad de cosas rojas o rosadas. Identifico en el centro una fuente con variedad de frutas que parecían ser frutillas o manzanas… estaban molidas y le era difícil decir. Frente a cada silla había tostada con una sustancia morada escurriendo por todas partes y desprendía un fuerte olor dulce. Finalmente, había un jarro con un jugo rosado con pequeños corazones en su interior. Pero a saber que eran. —¿Se puede comer?

—¡Claro que sí! —la chica tomó un pedazo de fruta y se la acercó al peliverde —Practicaremos para cuando ese hombre llegué… di ¡Ahhh!

—Ahhh…y ¡Una mierda! —esto era demasiado. Una cosa había sido dejar que Mihawk se lo follara dos veces, despertar en su cama y versé obligado a usar su ropa. Pero esta chica… le había robado sus cosas, los había espiado y estaba intentando… ¿Qué? ¿Acaso pensaba emparejarlos? —¿Dónde están mis cosas?

—¿De que hablas? —la chica fingía inocencia.

—¡Mi ropa! —exigió Zoro. —¿Dónde están mis espadas?

—Deberías preguntarle a tu hombre —la voz sugerente de Perona lo supero. Estuvo a punto de tirarse encima cuando la puerta se abrió.

—¿No pueden despertar sin hacer escandalo? —la voz de Mihawk sonaba neutra. No demostraba ninguna emoción.

Zoro lo miró algo preocupado esperando que lo ultimo dicho por la chica no haya llegado a los oídos del hombre que desde hoy sería su maestro. Se sonrojo de vergüenza y rabia.

Mihawk miró la reacción del joven y recordó lo que había ocurrido cuando se despertó en su cama. El mismo rostro rojo que delataba la incomodidad del joven. Fue cómico verlo embarazoso al estar metido con él dentro de la cama o el ver como se vestía con torpeza con la ropa que le había prestado. Nervioso con algo simple pero cuando estuvieron desnudos y revolcándose como animales no había vergüenza alguna. Roronoa Zoro era un hombre curioso.

—Perona… ¿Qué es lo que está sobre la mesa? —El pelinegro había notado el empalagoso desayuno que lo miraba implorándole ser sacado de su miseria.

—¿Por qué los dos preguntan eso?

—Porque esto no se puede llamar comida —comentó Zoro molesto. —Ahora dime donde están mis cosas.

—¡Mal agradecido! Seguro que si Mihawk te hubiera ofrecido algo te lo comes entero ¿Verdad? —golpe a su ego.

La chica fue lo bastante lista para desaparecer atravesando el piso porque no hubiera sobrevivido a la furia del hombre más joven que temblaba de rabia.

—Siéntate Roronoa —Dracule Mihawk se apresuró a llegar a la cabeza de la mesa evitando mirar a Zoro para que el joven no viera su sonrisa. Perona estaba en problemas, no sólo por lo que había ocurrido hace un momento o por haber escondido sus cosas. Una parte de él estaba agradecido con la chica fantasma, pero eso no evitaría que la castigara severamente por espiarlos.

—…. —Zoro tomó asiento al lado izquierdo de Mihawk pero por más que trató no había fuerza en el mundo que lo motivará a comer algo de lo que ahí había servido. Miró con disimuló al mayor que ya estaba comiendo.

—Cuando termines de desayunar, descansaras y después buscaras tus espadas para iniciar el entrenamiento después de la hora del almuerzo —Zoro lo escuchó con atención y sorpresa al ver como el hombre comía con calma. —Desde mañana comenzaremos en la madrugada.

—Está bien —el peliverde tomó una de las tostadas y se la llevó a la boca.

Ambos hombres se quedaron en un largo e incómodo silencio que termino de exasperando a la chica fantasma que había esperado pacientemente en el marco de la puerta. Estaba convencida de al no estar presente ella alguno de los dos hiciera algún movimiento. Pero los minutos avanzaban y la comida desaparecía y comprendió que ninguno de ellos hablaría.

—¡Hablen de una vez estúpidos espadachines! —gritó la chica antes de desaparecer definitivamente a toda velocidad.

Dracule Mihawk y Roronoa Zoro ignoraron a Perona y siguieron comiendo la desastrosa y desabrida comida. Era una nueva competencia que habían pactado silenciosamente. Ya no necesitaban palabras y tampoco se arrepentían de lo ocurrido la noche anterior y seguirían luchando hasta que hubiera un ganador. Claramente eran estúpidos.


Notas Finales:

Este fanfic está dedicado a Rising Sloth. Le agradezco mucho su opinión y apoyo! Gracias hermosa!~~~

PD: Espero no haberme excedido con el lemon xD pero quise probar cosas nuevas y fue divertido. Saludos!