CAPITULO 4
-Edward, para...
Él seguía besándome, y no paraba. Sus labios insistían sobre los míos, mientras sus manos eran salvajes contra mis costados. La toalla se iba aflojando por momentos, y sabía lo que pasaría si se llegaba a soltar...
-¿Qué pasa?
-Que no quiero-mentí. No quería que supiera mi verdadera razón, que imaginara que yo era incapaz y mucho menos que me viera vulnerable.
-Vamos, tú sabes que sí.
Mientras decía eso, nos había girado a los dos, quedando yo debajo suyo. La mano que estaba en uno de mis costados, fue bajando hasta llegar a mi centro. Allí empezó a mever sus dedos, hasta llegar a introducir uno dentro de mí. En ese momento, su edad, mis quejas, nuestra relación profesional... Todo quedó aun lado, y solo podía enfocarme en el placer que me estaba dando... Y eso que era con un solo dedo... Cuando me metiera su...
-Oh!
Con su pulgar acariciaba mi clitoris, y ahí introdujo otro dedo en mi interior, y los dos jugaban allí, dandome muchisimo placer, haciendome sentir cosas inexplicablers. Era como si en ese momento miles de mariposas volaran en mi vientre, haciendome cosquillas. Sentía véretigo y un gran placer que se expandía por mi cuerpo.
Justo cuando sentía que me venía el orgasmo, él sacó sus dedos de mí y me puso a horcajadas encima suyo. Yo gemía de frustración. Él sonrió de satisfacción y se quitó la camiseta. Sabía el juego que estaba jugando, pero me gustaba. Luego me tocaría a mi.
No sabía cuando, pero en uno de los movimientos anteriores, mi toalla había desaparecido.
Mi vagina extrañaba su contacto y el placer que me daba, así que con prisa de sentir algo suyo dentro de mí, me olvidé de la vergüenza, que sí, aunque era raro, yo tenía vergüenza, y le quité el pantalón.
Él estaba en ropa interior, y yo completamente expuesta a él. Sabía que él había estado con muchas otras mujeres antes. Seguramente con un cuerpo mucho mejor que el mío, eso se notaba... Pero no obstante, su mirada hambrienta me decía que me deseaba...
Con las yemas de los dedos, recorrí su pecho, mientras veía como se estremecía. Era mi hora de jugar. Fui bajando poco a poco hasta llegar a la goma de sus calzoncillos, rozando con el borde de mis uñas su piel, haciendolo estremecerse.
Quise jugar con él, tentarlo hasta el límite... Empecé a jugar con la goma, sin bajarla del todo, y él gruñó como respuesta.
-Ten paciencia, león...
Por fin la bajé, dejándolo comlpetamente expuesto ante mi mirada, que debía estar opaca de deseo y lujuria..
Se cansó de mi juego, se quitó su ropa interior de los tobillos, y nos dio la vuelta que dando yo debajo suyo otra vez.
-Mmmm... Ahora verás lo que es paciencia... Te voy a torturar hasta que me ruegues que te la meta...
Y cumplió lo dicho. Con la punta de su pene, daba circulos alrededor de mi clitoris, haciendome sentir descargas eléctricas. Yo movía mis caderas buscando más fricción, pero cada vez que hacía eso, él se alejaba de mí.
-¿Qué es lo que quieres? Solo tienes que pedirlo y yo te lo haré...
Yo no respondí. Nunca antes ningún hombre me había hecho esto. Jamás nadie había jugado tanto conmigo (en sentido sexual), y me ponía mucho. Él sonrió de lado, pero en su mirada pude ver deseo y lujuria, y supe que tardaría poco en rendirse.
-Ahora pareces una oveja, una oveja que se va a quedar sin sexo por no pedirlo.
Y ese comentario me hizo recordar que NUNCA le había tenido que pedir a un hombre que me la metiera, y él no iba a ser el primero.
Nos cambié de posición, quedando yo encima suyo. Empecé a deslizarme hacia abajo, tocando todo lo que tenía a mi paso, y besándolo. Hasta llegar a su masculinidad.
Con mi mano, la cogí y la acaricié de arriba a abajo, mientras con mi lengua chupaba la punta.
-Oh, sí, Bella.
Justo cuando dijo eso, dejé de hacerlo y me coloqué encima suyo. De un golpe, bajé y él quedó en mi interior. Lo pillé por sorpresa, pero cuando me miró, vi en sus ojos que le habí gustado, y que ahí empezaba todo. Él puso sus manos en mis caderas, ayudandome a moverme a buen ritmo.
Seguimos así un rato más, hasta que como conocía mi cuerpo, supe que me venía, y él dijo las palabras que me ayudaron.
-Bella voy a...
justo cuando dijo eso, notaba su pene palpitando dentro de mí, con embestidas rápidas, mientras mis paredes se contraían a su alrededor. Noté como se descargaba en mi interior y luego quedaba un poco más flácido.
todavía sin salir de mí, me puso debajo suyo y me besó el cuello. Fue dejando besos hasta llegar a mi oído, y allí susurró:
-Hermosa.
Luego, salió de mí y se quedó tumbado a mi lado.
-Me tengo que ir, Bella.
-¿Por qué no te quedas? Es pronto.
-Por eso mismo, poruqe son las seis y media de la mañana y tengo que ir a casa a ducharme y cambiarme. Mañana, bueno, hoy también trabajo.
-Ya son las 6.30?
-Sí, cariño.-me dijo dulcemente mientras se acercaba a mí-. Eres insaciable.
Yo me sonrojé y él me dio un beso corto, pero cargado de pasión y ¿ternura? No, eso era imposible. Imaginaciones mías.
Cerré los ojos y me giré a intentar dormir. Tenía una hora y media para dormir, y a la mañana siguiente buscariá universidad, y cómo traer mi coche...
Oía como Edward se vestía, y como andaba por la habitación y luego sentí que me arropaba con la sábana. Se agachó y me dio un beso en la frente, y luego se quedó allí ¿oliéndome? Puso una mano en mi mejilla y dijo:
-Lo siento, pequeña. No volverá a ocurrir.
Iba a girarme para preguntarle qué significaba eso y desde cuándo me llamaba pequeña, pero me quedé dormida inmediatamente.
A la mañana siguiente, me levanté y tenía unas ojeras enormes. Fui al baño, y vi que tenía la cara sonrojada y un brillo especial en los ojos. Eso era la consecuencia de una gran noche de sexo.
Me duché y me preparé. Me recogí el pelo en un moño con mechones sueltos que se rizaban por sí solos. Me puse unos jeans y una camiseta blanca, unos zapatos blancos de cuña blanca y un poco de maquillaje, para disimular las ojeras.
Dejé las maletas en la habitación y salí a desayunar.
Llegué a un bar que se veía bien y decidí entrar. Había un camarero rubio, con los ojos azules, y otro moreno gordito y con aparatos en los dientes.
"Por favor que me atienda el rubio, por favor que me atienda él."
¡Bingo! El rubio se me acercó y me preguntó qué iba a tomar. Miré su placa y ponía "MICHAEL"
-Bueno, Mike. Agradecería un buen café descafeinado y un croissant.
El chico se fue y vino al momento con mi pedido.
Me sonrió y luego me puse a comer.
Cuando acabé, fui a pagarle, y al darme el ticket me dio otro papel también.
Mike Newton, 555-5421, buscame en facebook, guapa.
Bien, eso haría. Cuando tuviera internet, claro.
Ya eran las nueve de la mañana cuando llamé al aeropuerto. Quería un vuelo a casa lo antes posible, recojer mis cosas y empezar con mi vida aquí.
El vuelo salía al día sigiuente a las 11 de la mañana. Esta noche llamaría a Mike y quedaría con él.
Fui a mirar universidades cerca del trabajo. Había una que yo recordaba que me había mandado una solicitud. Georgetown University.
Fui a allí a hablar con el director, a ver si aún querían que estudiara aquí.
-Buenos días. ¿Es usted la señorita Platt?
-Sí. Hace dos meses recibí una carta en al que me decía que me daban una beca si estudiaba aquí, ya que por mis notas de preparatoria...
-Sí. Y sigue en pie. Sólo necesitamos una documentación, por ser un caso especial, te cojeremos fuera de plazo de inscripciones.
-Muchas gracias. Por favor, digame que documentos necesita, y se los traeré en cuanto pueda.
Después de decirme lo que necesitaba, me fui al hotel de nuevo.
Desde allí llamé a mi madre.
-¿Bella? ¿Como estás?
-Bien, mamá. Llamo para decirte que mañana voy para casa tengo una noticia que daros.
-Oh. Genial. Tengo que dejarte que llega un cliente, te llamo luego.
-Ok. Adiós.
Tenía el telefono en la mano y el numero de Mike por ahí apuntado...
-¿Diga?
-Hola, soy Bella. La chica de esta mañana en el bar.
-Oh, hola, Bella.
-¿Quieres salir esta noche?
-Claro. ¿Donde vives?
-Bueno, estoy alojada en un hotel, ¿te pasas a buscarme?
-Ok. ¿A las ocho?
-Perfecto.
-Bien, adiós, Bella.
-Adiós, Mike. Hasta la noche.
Ya tenía cita esta noche. Miré en el armario, y vi uno de los vestidos que más me gustaba.
Era blanco, no era de marca, peor era muy comodo. Era por la rodilla, con un cinturón negro a la altura de la cintura(5). Me pondría mis zapatos negros(6) y iría perfecta.
De momento solo faltaba preparar las cosas para volver amñana y luego allí preparar todo para vivir aquí.
Oh, por cierto, me faltaba hablar con Edward de lo del piso.
Cogí un taxi (seguramente gasté más en taxi estos dos días que en toda mi vida) y fui a Twilight S.A.
Llegué y en la entrada estaba Zafrina.
-Vengo a ver al señor Masen.
-No puede pasar, está reunido.
-Bien, pues lo esperaré aquí.
-Tiene para bastante rato, puede irse a tomar algo y yo la llamo cuando pueda recibirla.
-No, gracias. Tengo tiempo.
Me senté en uno de lo sillones que hay allí, y me puse a leer una revista.
Al cabo de un buen rato escuché la puerta que se abría, y ´levanté la mirada. Gran error. Lo que vi me dejó helada.
Edward estaba en el marco de la puerta apoyado, despidiendose de una chica mayor que yo, muy alta y rubia. Iba vestida como una fulana, con un top muy corto y una falda más corta aún. Se agarró al brazo de Edward y le dio un beso en la comisura de los labios. ÉL le sonrió y luego se marchó.
Cuando él salió de sus pensamientos, se dio cuenta de que había gente en la sala, y me miró.
Sus ojos se dilataron por la sorpresa y luego se aclaró la garganta y dijo:
-Zafrina, haga pasar a la señorita Platt.
Entré a su despacho y él estaba sentado, jugando con sus dedos.
-¿Qué quieres?
-Quiero hablar de lo del piso.
-bien, te he mirado algunos que hay por aquí cerca, y que son gratis. La empresa te los cede mientras trabajes aquí.
-¿Donde están?
-Hay uno muy cerca de aquí. Creo que es el perfecto. Mira, aquí hay fotos.
Las miré. Era enorme. Tenía dos habitaciones, una cocina grande, un baño, una sala enorme y hasta piscina comunitaria.
-Este.
-¿Estás seugra? Hay más.
-Me gusta este. ¿No tengo que pagar nada?
-No. Es de la empresa.
-Ok. Bueno, entonces eso está arreglado. Por cierto, tardarás una semana en poder vivir allí. Lo tenemos que preparar.
-BIen. Igualmente tengo que viajar y cuando vuelva ya será para entonces.
-Ok. Entonces ya puedes irte.
-Yo... tengo que preguntarte algo.
-¿El qué?
-Esta noche, cuando te despediste... ¿A qué te referías?
-¿No estabas dormida?
-No. Dijiste algo de pequeña, te disculpaste y dijiste que no volvería a suceder. ¿Qué pasó?
-Bella, tienes 18 años, y yo 29. Es imposible que podamos tener algo así. Está mal. Además yo soy tu jefe...
-Ok. Lo entiendo. Entonces te propongo algo. llamame Isabella o señorita Platt. Bella solo em llama quien yo quiero, otra, yo te lllamaré señor Masen, y por ultimo, no quiero confianzas de ningún tipo. ¿Quiere una relación laboral, señor Masen? Pues la tendrá.
No sabía poruqe me enfadaba tanto. Estaba acostumbrada a que los hombres fueran de una noche, pero con él era diferente...
