Bueno chicas, siento este cap. pero Bella tendrá sexo con más chicos a parte de Edward.

Así que bueno, solo por avisar, Bella será muy guarra en este fic, así como Edward...


CAPITULO 6

Rápidamente me acerqué a Mike. Él me cogió de la cintura y me besó en los labios. Vaya, si era rápido este chico...

—Buenas noches, preciosa. ¿Te está molestando este tío?

—No, ya se iba. ¿Verdad, señor Masen?

—Sí, ya me iba.

Fui a cerrar la puerta de la habitación, cuando Edward pasó por mi lado rozandome espresamente, mientras murmuraba un:"Esto no quedará así".

Cogí el brazo de Mike y salimos al aparcamiento. Allí había un Opel Astra rojo.

Entramos y me llevó a un restaurante de la ciudad. Había mucha gente allí cenando, así que tuvimos que esperar mesa.

Mientras hacíamos cola, estuvimos conociéndonos. Mike tenía 21 años y era camarero, era huérfano y vivía con su hermana mayor.

La verdad es que este chico era de los que gustan callados, porque cuando hablaba nada más parecía un baboso. Y encima comiendo era un cerdo.

Nos pedimos una hamburguesa y patatas. Yo comía delicadamente, como tiene que ser, pero a él empezó a chorrearle el ketchup por los dedos se lo empezó a lamer, intentando ser algo sexy, pero que sólo consiguió revolverme el estómago.

Luego, con la bebida... Aghh.. ¿Nadie le enseñó a no hacer ruido al beber?

Acabamos la cena, y yo ya deseaba poder irme a mi habitación y dormir. Se me habían pasado las ganas de follar...

—Bella, —dijo ya fuera— ¿Quieres ir a algún sitio?

—No, Mike, no me siento muy bien. ¿Puedes llevarme al hotel?

—Claro.

El trayecto fue en silencio y largo. Tenía ganas de deshacerme de él...

—Bueno, ya llegamos. ¿Quieres que te acompañe?

—No importa. Puedo subir sola.

—Bien.

Lo que hizo a continuación no me lo esperaba.

Pasó uno de sus brazos por mi nuca y me acercó para besarme.

¡Puaj! Era el típico chico que se chupaba los labios antes de besar y que luego te babeaba...

No tenía fuerza para separarme, y no me dejaba el suficiente aire como para decirle que parara.

Cuando ya me di por vencida, esperando a que se separara, oí un ruido que me asustó y lo hizo separarse. Miró por la ventana y allí vi a ¿Edward?

Dios, huía del rayo y me metía en el trueno...

—¡Suéltala, bastardo!

Mike había salido del coche y lo había cogido de la pechera. Era ligeramente más alto que Edward, pero éste era más fuerte, se soltó y le pegó con el puño en la boca.

—¡Eso te pasa por meterte con menores!

Mike se quedó tirado en el suelo, luego Edward lo pateó y luego éste se metió en el coche y se marchó.

—Gracias.

—No hay de qué.

— Sí hay de qué. Me salvaste de Mike.

—Lo hubiera hecho con cualquier persona.

Y eso, aunque no quisiera admitirlo, me dolió. Así que intenté cambiar de tema.

—¿Qué hacías tú por aquí?

—Vine a hablar contigo.

—¿No te quedó lo suficiente claro antes?

—Yo... vengo a hablar contigo como jefe.

—Vaya, pues es raro que mi jefe me visite a estas horas...

—Sí, es que me enteré de que no tienes los 18 cumplidos.

—Faltan dos semanas. El 13 de septiembre.

—Lo sé.

—Entonces, ¿me vas a echar?

—Bueno, en teoría, tendría que hacerlo, pero no. No importa. Puedo cambiar los datos y listo. Sólo necesito que tus padres firmen el contrato cuando puedan. Sé que vienes de lejos, así que aunque haya pasado la fecha, no importa. Pueden venir y hacer el papeleo. No te denunciaré.

—Más te vale.

—¿Me estás amenazando?

—No, yo no amenazo, yo advierto.

— Vaya, vaya. ¿Qué pasó con la chica "gracias por salvarme"?

—Se acabó, voy a dormir.

—¿Puedo subir?

—No.

—Mira, es porque me he cortado con la ventana del coche del payaso ese, así que tranquila, no intentaré nada que tú no quieras.

Y ese era el problema..

— No, si yo sí quiero.

—¿Qué dijiste?—dijo él con una sonrisa burlona.

¿Lo dije en voz alta?

—Sí.

—¿Lees mentes?

—No, lo primero es que lo has dicho sin darte cuenta...

—Yo no he dicho nada. Lo habrás entendido mal.

—Sí, sí, bueno. Y lo segundo es que tu cara refleja lo que piensas.

Mierda. Siempre todos me decían eso, pero nunca había sido algo de lo que preocuparme...

—Bueno, ¿me vas a dejar subir?

—Sí. Sube y te curo eso.

En el ascensor el silencio fue incómodo. Yo iba pensando en qué hacer y cómo reaccionar ante él sin que descubriera lo que sentía por él. (Este deseo y lujuria que me recorría entera cuando lo veía...)

—Siéntate aquí, ahora traigo vendas y agua oxigenada.

Llegué a los pocos segundos con todo lo necesario para curarlo y él ya se había arremangado.

—¿Llevas el botiquín de viaje?

—Sí.

—¿Y eso?

—Bueno, es que soy algo... Torpe.

—¿De verdad?

—Sí. ¿No recuerdas en el restaurante, con el café? Suele pasarme. Tuve suerte que fuese café. Podría haber sido un cuchillo, o una vajilla.

—Vaya, no pareces la típica chica torpe.

—¿En qué me diferencio?

—Bueno, vistes bien, eres hermosa, delgada, no llevas gafas ni nada de eso.

—Antes era gorda, lo de la ropa es por mi hermana. Ella me utilizaba de Barbie.

—Guau, quién lo diría.

—Ya, la verdad es qeu quien me conoció de pequeña casi no me conoce ahora.

Para cuando habíamos terminado de hablra, el brazo de Edward ya estaba curado y yo inconscientemente lo había empezado a acariciar.

Él cogió mi otra mano y empezó a hacer dibujos sin sentido en el dorso con su pulgar. Tenía mi vista fija en nuestras manos, y no sabía cuál era su expresión.

—Bella, mírame.

Subí la vista poco a poco, hasta centrarme en sus ojos. Parecían un laberinto. Podías perderte en ellos con facilidad. Pero ahora tenían algo dorado...

El silencio me estaba poniendo nerviosa. No ese nerviosismo incómodo, sinó ese en el que puedes pasarte horas sin hablar, porque no es necesario. Pero sus ojos me estaban quemando con intensidad.

—Bella...

Sabía lo que venía a continuación, y no quería. en realidad sí, pero le dejé claro que nuestra relación iba a ser solo profesional, ¿que poder tendría mi palabra si a las pocas horas ya incumplía una condición impuesta por mí?

—Me voy a ir a dormir. Estoy cansada.

Iba a levantarme, pero sus dedos se entrelazaron con los míos y no pude alejarme.

—Edward, suéltame.

—Bella, por favor. Sólo te pido dos minutos. Dos minutos para poder explicarte y luego me marcho. Lo prometo, y sabes que siempre cumplo mis promesas.

—Uno. —me miró confundido— Tienes un minuto.

—Bella, ella es una amiga.´Ella vino de visita. Está enamorada de mí desde hace mucho, y sabe que no me gusta, peor aun así sólo tenemos relaciones sexuales. ¿Por qué te molesta eso?

—No me molesta. Me da rabia que una noche estés conmigo y a la mañana siguiente con otra.

—Tú hiciste lo mismo, así que no tienes nada que reclamar. Quedamos en una relación laboral y si eso es lo que quieres, ok. No nos reprocharemos nada, pero sólo quería que supieras eso, para que no tuviesemos una mala relación.

—Tienes razón. Entonces nada. Cada cual por su lado, como siempre.

—Exacto. Yo me voy.

Lo acompañé hasta la puerta, y allí él me agradeció por curarlo.

—No fue nada, buenas noches, Edward.

—Buenas noches, Bella.

Se acercó para darme un beso en la mejilla, peor lo hizo lento y luego fue moviendo poco a poco los labios hasta rozar la comisura de mis labios.

Sonrió de manera torcida y después se marchó.

¿Por qué no puedo reaccionar cuando lo tengo cerca?

Dios... vaya lío.

Me fui a dormir y cuando parecía que no había dormido anda, sonó mi despertador. Me levanté y me preparé con lentitud. Eran las 9.30 cuando mi móvil empezó a sonar. Era Alice. ¡Mierda! ¡El vuelo!

—¿Sí?

—Hola, Bells. Te llamaba para recordarte que no pierdas el vuelo. Acabo de dejar a los niños en el cole, cuando vengas pasaré por ti al aeropuerto y luego vamos a mi casa. ¿Ok?

—Está bien. Allie, por favor, no montes fiesta de despedida.

—Pero...

—Nada de peros. No quiero ninguna fiesta, sólo llama a Jake para que venga y ya está. Y no quiero nada gordo con él, porque dentro de 3 semanas él estará aquí conmigo.

—Está bien... Entonces algo reducido en familia.

—Así me gusta. Y lo de mi cumpleaños que sepas que ya sé qué tramas.

—Seguro que no. Nadie te ha podido decir. Los mataría.

—¿Ves como estás tramando algo? Lo sabía.

—Vamos, Bella, 18 años no se cumplen cada día...

—Ya lo hablaremos, me voy que llegaré tarde al aeropuerto.

—Aún no has ido...—era una afirmación—menudo desastre.

—Yo también te quiero. Bye.

—Adiós peque.

Después de colgar cojí mis cosas rápidamente y salí a por un taxi.

Y allí fuera estaba el coche de Edward. Pero, ¿es que este hombre no tenía casa o qué?

—¡Bella!

—Edward... Tengo prisa, ¿que necesitas?

—¿Te vas?

—Sí, una semana a Seattle. Voy a buscar mi coche y mis cosas.

—Bien. Vuelve pronto.

—¿Ya encontraste alguna faena para mí?

—Algo así. Vuelve pronto.

—´.

—Espera, quieres que te lleve?

—Sí, por favor. Los taxis tardan una eternidad.

Edward conducía como un loco. En su volvo, iba como en su casa, y en unos minutos llegamos al destino.

Me bajé y él me llevó una de las maletas. A la hora de despedirnos, se acercó a mí, me abrazó, y me olió el cabello.

—Adiós.

—Adiós, Edward.

Mientras se alejaba, miré para atrás y me pareció verlo agitando la cabeza y susurrando un:"Voy a echarla de menos".

El vuelo se me hizo corto, y en nada ya estaba abrazada a Alice, la muy exagerada diciéndome que me iba a echarme de menos, que era muy joven para irme tanto tiempo... Que esperaba que sus hijos no se fueran tan pronto...

—Alice, acabo de llegar, ¿ya me estás echando?

—No, por supuesto que no.

—Bueno, vamos a casa. Tengo ganas de ver a mamá.

—Dios, está nerviosa, ha cambiado todas las flores de sitio varias veces, quería que estuvieran perfectas para cuando llegaras...

Nos empezamos a reír, y así fue el trayecto, entre bromas. Yo le expliqué lo que quería hacer, y ella dijo que me ayudaría a encontrar cómo llevar mi coche, porque mi Mini Cooper era mi amor.

Me dijo que me ayudaría a elegir la ropa para llevarme y me llevaría al aeropuerto. Cierto, esto seguramente no se lo dije, peor ¡Alice está embarazada de nuevo! Está de 6 meses, y aunque tiene más energia que yo, está de baja así que tiene tiempo libre. Y eso es: ALICE + TIEMPO LIBRE = COMPRAS. Eso cuando no está con sus niños, que entonces es la mejor mamá del mundo. A parte de la mía, claro.

—¿No tienes hambre? ¿Has comido en el avión?

—No, no tengo hambre, comí en el avión.

—Bien, entonces vamos al colegio a recojer a Peter y Charlotte.

Eso me emocionó. Me costaría despedirme de mi familia, pero mis dos niños... Ellos eran unos críos geniales, a los que quería muchísimo...

Pensé que casi había la misma edad entre nosotros que entre Edward y yo.

Después de eso mi mente se ocupó de imagenes suyas.

Edward besándome.

Edward comiendo conmigo.

Edward herido.

Edward besando a otra mujer.

Edward haciéndome el amor. Digo, follándome...

Edward explicándose.

Edward cuando me salvó de Mike...

—¡Bella!¡Bella! ¿Qué piensas?

—Nada.

—Vaya, pues juraría que pensabas en algo, y además en algo muy importante, porque pasabas de mí.

—Es que nose cómo hacer para llevarme el coche...

—Sé que no es eso.

—Sí es eso.

—No lo es. Si lo fuera lo hubieras dicho de un principio, y no es algo tan importante. ¿Es por un chico?

—No. —pero en cuanto lo dije me sonrojé.Siempre me pasaba igual: delante de la familia me salía el lado vergonzoso.

—¡Oh! Eso es, hay un chico. ¿Quién es? Vamos, puedes decírmelo...


Bien, las dejo aquí, que mañana madrugo, pero mañana vuelvo a actualizar.

Gracias por leerme!

espero que les guste