CAPITULO 7
—¡Oh! Eso es, hay un chico. ¿Quién es? Vamos, puedes decírmelo...
— No es nadie, Alice.
— Esa mirada sólo la he visto una vez, y sé que hay alguien.
— ¿Qué mirada?
—Esa mirada que indica que hay un chico especial.
— No hay ningún chico especial, tranquila.
—¿Por qué no confías en mí? ¿Alguna vez te he dado razones para no hacerlo?
—No, pero Alice, te lo digo en serio que no hay nadie.
Y era cierto. ¿Quién era especial en mi vida?
— Bueno, lo que tú digas. Pero sbes que cuando quieras hablar conmigo, aquí estaré.
—Bien, ahora vamos a por mis sobrinos, tengo ganas de verlos.
— Bella... ¿es guapo?
Y mis mejillas enrojecieron. Siempre me pasaba igual con la familia, mi parte tímida volvía.
— No sé de qué me hablas.
— Sabes que sí. Y también que me lo acabarás contando...
Empezó a silbar y bajó del coche; no me había dado cuenta de que habíamos llegado ya a la escuela.
Nada más bajar yo, y andar unos cuantos metros, el timbre sonó y en nada mis dos niños ya estaban conmigo.
— ¡Hola, tía Bella!
— Hola, guapos. ¿Cómo ha ido el cole?
— ¡Muy bien! — dijeron los dos a coro.
Después nos montamos en el coche y fuimos a casa de Alice. Allí los niños seguían contándome qué habían hecho estos dos días que yo había estado fuera, como si fuera lo más apasionante que alguien podía llegar a hacer. Pero yo los escuchaba, y miraba sus ojos brillar de ilusión...
— Chicos, id a lavaros las manos, que vamos a comer en nada, y ahora venís y ponéis la mesa.
Mientras se fueron a lavar las manos yo estaba en la cocina con Alice, y sin querer suspiré:
— Los voy a extrañar.
— Y nosotros a ti, tata. Pero tienes que saber que es por tu bien. Por cierto, ¿como te trata tu jefe? ¿Es bueno?
— Sí, es muy bueno.
Y tan bueno, sobretodo en la cama.
Sin querer, me volví a sonrojar.
— Bella... — en momentos como ese usaba su tono maternal conmigo— dime que no es lo que estoy pensando...
— No sé lo que estás pensando.
— Isabella... ¿es tu jefe?
— Mami, ¿qué pasa con su jefe?
— Nada, vida. Cosas de la tía Bella. ¿Vamos a comer?
— ¡Sííí!
Nos sentamos en la mesa, y mientras comíamos, Alice me miraba. Parecía buscar algún signo en mi cara que indicara que estaba liada con mi jefe...
Después de comer, los niños y nosotras fuimos a casa de mamá.
— ¡Yaya! — gritaron los niños a coro.
— Hola, cariños.
Nos saludó a todos y luego pasamos al jardín. Era cierto lo que Alice dijo: mamá había cambiado todas las flores de sitio.
— Mamá... ¿qué has hecho?
— Tengo mucho tiempo libre ahora, hija. Desde que contratamos a Emma, la hermana de Emmet, ya no me necesitan allí. No quiero ni pensar lo que haré cuando me jubile...
—Mamá, todavía queda mucho para eso.
— Bueno, hijas. Los niños se han ido al parque. ¿Queréis café?
Mientras tomábamos el café, hablábamos de lo que haría a la vuelta a Washington y le expliqué a mi madre las condiciones del trabajo.
— Es perfecto.
— Lo sé. Ahora sólo me falta hacer amigos... Por cierto, Jake vendrá a vivir allí también en unas semanas.
—Eso es genial. ¿Tiene donde vivir?
— No se lo he preguntado, me parece que iba a estar en la residencia. Sino, se puede venir conmigo. Tiene dos habitaciones.
— Eso es buena idea. Así cuando vaya conocerá a alguien allí.
— Mamá, ¿cómo puedo llevar mi coche a Washington?
Alice respondió:
— Ya te dije que yo me encargaba de eso, pero sigo pensando que es mejor comprar uno nuevo.
— Alice, fue mi primer coche, le tengo mucho cariño.
— Vamos, algún día tendrás que cambiarlo. Pero sabes que es complicado llevarlo y si se hace, será caro.
— Está bien. Cuando vuelva miraré de comprar alguno...
— ¡hola, chicas!
Carlisle había llegado de trabajar. Me acerqué rápidamente a donde él estaba y lo abracé.
— Hola, Carlisle.
— Bueno, pero si está aquí mi niña pequeña.
— Vamos, que ya tengo 18 años.
— Casi, y aunque tengas 50 años, para mí seguirás siendo mi niña pequeña. Mira a Alice, tiene 30 y continua siendo mi niñita.
— Bella, creo que yo me voy a casa. ¿Quieres venir a dormir a mi casa o te quedas con mamá?
— Me quedaré aquí, es más céntrico, y además bastante tienes con los dos petardos.
— Bien, pero sabes que siempre eres bien recibida.
— Lo sé, pero no quiero molestar y además así puedo ver a Jake.
— De acuerdo, nosotros ya nos vamos, tienen que ducharse y cenar.
— Adiós, tata.
— Hasta mañana, pequeña.
Y ese "pequeña" me hizo acordarme de Edward. ¿Por qué me llamó así? Seguía sin entenderlo.
Después de que se fueran, me quedé en casa hablando con mamá y Carlisle, y más tarde cenamos y luego a dormir. Venía agotada del viaje.
A la mañana siguiente, Jake me llamó para ir a su casa.
— Bella, qué pena que te vayas ya.
— Sí, pero es por trabajo. por cierto, ¿tienes donde vivir?
— No, lo miraré en unos días.
— Podrías venirte a mi piso, tengo dos habitaciones, y es gratis. Así que no te costaría más que la faena que hagas.
— No sé, Bella.. Seremos dos estudiantes viviendo juntos... Va a ser un desastre.
— Sí, pero un desastre divertido.
— Ok, entonces está bien.
Todos lo sabían, y yo también, que Jake estaba enamorado de mi. Había tenido novias, pero ninguna le iba bien. Al final acababamos de copas, liandonos cada uno con otra persona, para olvidar penas, pero su mirada cuando me ve, es inconfundible. Es por eso también que nunca quise acostarme con él. Es decir, Jake no es para nada feo, es más, está muy bueno y si no fuera mi mejor amigo, ya lo hubiera hecho, pero no quiero hacerle daño. Él siempre ha sido mi apoyo. Me apoyó cuando lo de Riley, y él fue a pegarle. Aunque tenía mi edad, le sacaba altura a Riley, que era mayor, y al final el mayor acabóa bien magullado.
También me apoya cada vez que hago algo mal y todo el mundo se me pone en contra, por lo que me ha demostrado que es una buena persona y que no merece ser tirado. Ojalá algún día encuentre a la persona ideal...
Toda la mañana y el mediodía me la pasé con él, hablando y explicando cosas sin importancia. Cuando le comenté que me compraría un coche nuevo, me dijo que él tenía un amigo al que le podía interesar mi coche, y que él conocía mecánicos de casi todos Estados Unidos, porque, por si no lo he dicho, Jake era un mecánico excelente, aunque no creía que pudiera c¡ganarse la vida con eso.
— Te doy el número de teléfono del mecánico y lo llamas. Dile que eres Bella, la amiga de Jake, y te hará buenos tratos.
— Gracias, Jake.
— Para eso están los amigos, ¿no?
— Claro.
— Bueno, ahora creo que deberías ir a ver a tu hermana Rosalie. ME acaba de llamar mientras estabas en el baño diciendome que dejara de acapararte si no quería quedar estéril de por vida, así que... Sus deseos son órdenes.
— Bien. Hasta pronto.
— Adiós.
Fui a ver a Rose después de casa de Jake.
— ¡Hermanita! ¿Se puede saber qué tiene ese chucho para que estés siempre con él y pases de mi?
— No es un chucho, es mi amigo, y solo tiene que lo quiero.
— Oh, usted perdone... Sabes que voy a continuar llamándolo igual, parece un perrito faldero detrás tuyo, y no voy a cambiar la forma de llamarlo después de 4 años.
— Ok, Rose, dejalo ya.
— ¿Qué te cuentas?
— Pues ahora mismo lo tengo casi todo arreglado, iré a la Georgetown University, y tengo piso y nada más falta comprarme un coche.
— Bien, y ¿qué tal el jefe?
— Bien, es muy amable.
— Eso es bueno.
— Sí.— me sonrojé a más no poder en cuanto pronuncié eso.
— Dios, no me digas que te gusta tu jefe... Bella, sabes que eso está mal, es ilegal y ademas, ¿cuantos años tiene?
— Rose, no me gusta mi jefe, solo es guapo y ya está.
— Bien, eso espero. Oye, ¿te acuerdas de aquella chica que dijo que estaba embarazada y no quería al niño?
— Sí, ¿al final que pasará?
— Pues verás, en el centro de acogida hay muy pocos niños y tú sabes que yo no tengo problema en la edad que tengas, lo voy a querer igual, pero esa chica tiene 16 años y está de 8 meses. Sus padres la convencieron de que se lo quedara pero ella no quiere así que hablamos con ella y dice que nos dejará su custodia entera, ella renuncia a la patria y potestad. ¿Puedes imaginarte que en menos de dos emses voy a tener a un bebé mío? Por fin seré madre...
— Felicidades, Rose. Espero que todo salga bien. Y a todo esto... ¿donde está Emmet?
— Está trabajando. Ahora está en el buffete de Jenson, intentando conseguir un caso muy importante.
— Qué bien... Llevaba días hablando de ese caso...
—Bueno, me tengo que ir.
— Es pronto...
— Rose, es casi la hora de cenar y sabes que si no llego para poner la mesa...
— Sí, sí. Es verdad, las tortitas...
Mamá, siempre hace mis postres favoritos. Cada día hace uno, y si no pongo la mesa, no me lo hace. O peor, lo hace y no me da...
Llegué a casa y allí estaba mamá y Carlisle arreglados.
— ¿Váis a algún sitio?
— ¿Desde cuando eres tú la madre?
— ¿Por qué estais arreglados?
— Vamos a cenar a casa de los Jefferson, y te quedarás sola. Llegaremos tarde, no nos esperes despierta.
— ¿Y mis tortitas?
— Está la masa preparada, sólo ponlas en la srtén y hazlas... ¿No eras tú la señorita ya tengo 18 años? Pues demuéstralo...
— Bien, divertiros.
No tenía ganas de cocinar, estaba cansada, así que llamé por una pizza.
Al cabo de un rato llegó el chico. Y dios, menudo chico.
Era alto, musculoso, rubio y con los ojos casi negros.
— ¿La peperonni?
— Sí, ten, quédate el cambio.
El chico me entregó el ticket y un papel:
Robert: salgo a las 10, llamame.
555-564-1
Cené y luego estuve muy aburrida, miré el reloj y vi que eran las 10.30.
Cogí el teléfono y llamé a Robert.
— ¿Sí?
— Hola, soy Bella, la chica de la pepperoni.
— Sí, hola Bella.
— Mmmm.. ¿haces algo esta noche?
— No, ahora mismo estoy en el sofá viendo la tele. ¿Paso a buscarte?
— Vale.
— En unos minutos estoy allí, preciosa.
Me arreglé un poco y esperé a que llegara. Vino con un coche chiquitito, parecido a un Volkswagen Polo y pitó.
Salí de casa, cerré y me monté en el coche.
— ¿Qué tal, Bella?
— Bien, ¿adonde quieres ir?
Mientras decía eso, su mano iba ascendiendo por mi muslo.
Me acerqué a su oído, lo mordisqueé un poco y luego le dije:
— A donde tú quieras...
Bueno, bueno,bueno...
Aquí Bella ya está con otro chico.
¿Qué les pareció el capitulo?
En anda vuelvo a actualizar!
