Capitulo 5

Sueño, incomoda, sueño, hambre, sueño, cansada, sueño, sí lo que más quería en ese momento era una cómoda cama donde dormir por unos... 14 meses más, pero no, estaba hacia más de toda la mañana montada en un caballo, caballo que agradecía le había permitido dormitar un poco en el trayecto mientras evadía algunas zonas rocosas o salto mal llevados. Ahora cabeceaba a medias mientras que por el perfil de los ojos observaba el tan campante paisaje, o sea, árboles por aquí, árboles por allá, árboles por todos lados los que nos lleva pensar en esa cabeza adormilada que estaban en un: ¡Bosque!... aquí no varían muchos los paisajes en realidad.

Iba casi en el final, una guardia de cinco elfos cerraban el paso, adelante iban los cuatro Hobitts, la dama Arwen iba con dos damiselas, que parecían centinelas ya que iban bien armadas, y adelante casi en el principio iban los demás, o sea, el mago blanco, el señor de Rivendel, Legolas, Gimli, Silfrid, otro elfo y los hijos de Elrond: Elladan y Elhohir. Pensándolo bien... son unos machistas... sí, en la compañía del anillo no había ninguna mujer, "¿Qué se creen? ¿Qué no servimos para nada? ¿Qué somos unas lunáticas?, No, esa solo soy yo" si, en realidad, ella era la única lunática, pero bien... Su mirada se quedo pegada en dos chicos, los gemelos que había conocido la noche anterior.

(Flash Back)

Su llegada había sido esperada por mucho, y se había creado una nueva cena, pero esta vez solo para los habitantes de la casa, por supuesta ella estaba ahí, pero esta vez estaba discutiendo con Pippin, ya que se había logrado escapar del brazo largo de Gandalf.

-. ...si fuera la obstrucción de alguna arteria ya estarías muerto- contesto elevando los ojos y sin querer se seguía sobando la mano.

-. No, pero si yo te digo que se obstruyo una arteria es porque es verdad, mira me duele mucho el estomago y...-comenzó a respirar con fuerza.

-. Es un resfriado o comiste algo mal- insistía ella- ¿Que tiene que ver las arterias con tu estomago?- pregunto extrañada esta vez mirándole. El pequeño iba a contestar cuando Legolas se acerco.

-. Os veo discutir hacia bastante- musito y ella sonrió. Sin querer sintió un extraño movimiento en su estomago.

-. Este Hobitts que cree que se va a morir porque tiene un suave resfriado.

-. ¡Que no es un resfriado!- replico y se cruzo de brazos- ¡Comida!- musito y salió de ahí rápidamente. Los dos rieron y ella aun seguía sobandose la mano.

-. ¿Te duele?- pregunto de improviso.

-. ¿Ah?- no entendió y luego vio que este observaba sus manos- no, eee, solo es el golpe, pero no, no me duele- mintió separando las manos.

-. ¿Me la prestas?- pregunto y estiro una mano. Ella media se ruborizo a lo que el extraño movimiento en su estomago volvió pero más intensamente, y le entregaba la mano. El suave contacto de ambas manos hizo que ambos se le electrizara los pelitos de la nuca y un suave rubor más denso en la cara de la chica hizo presencia- necesitas un poco de agua, ven, en la cocina debe haber algo.

Ella ni se quejo ni se inmuto, lo siguió por una pasillo paralelo, que los llevo a bajar unas escaleras y llegar a una gran estancia donde los olores se fundía, dos sombras estaban ahí, pero dos sombras que no pertenecían a la servidumbre de la casa. Cuando los dos hermosos rostros de los jóvenes gemelos hicieron presencia, ella aun más se ruborizo a lo que estos tomando una copa sonreía y se acercaban.

-. Legolas- salto uno y se acerco, a lo que el segundo le seguía con una lemba en la mano.

-. ¿Pero...-comenzó este con una sonrisa- que hacéis aquí abajo, allá arriba os esperan hacia rato- saludo de un abrazo.

-. Vinimos a merendar antes de hacer presencia, sabes que no nos dejan ser nosotros frente a la nobleza- contesto el más tranquilo dándole un mordisco a una fruta un poco más educado que el otro que llevaba la comida desesperadamente a su boca tratando de tragarle sin asfixiarse (Bueno, era mucho más educado, pero ya saben como es de exagerada). Ella clavo los ojos en ellos, y esta vez sintió que se removía el estomago de nervios. "¿Desde cuando, diablos te colocas nerviosa frente a hombres?" uno de ellos le miro y sonrió amablemente. "¡Diablos! ¿Por qué todos los elfos son extremadamente guapos?"

-. Me he dado cuenta- contesto Legolas con una sonrisa... "Pero él le gana a todos.. ooo...sí"

-. ¿Y tú? ¿Que vienes hacer aquí?...mmm... ya veo- contesto y le envió una mirada a ella, los dos esta vez si se ruborizaban bastante.

-. No- dijo Legolas- no seáis mal pensado, ella es Celiviel, Celiviel Felagud, ellos son Elladan y Elhohir, los hijos de Elrond.

-. Así que tu eres maese Celiviel- "¿Maese? Pero si no era maestra ni de una mosca, habrá que aclarar cierto puntos"- un gusto, hemos crecido escuchando las historia de vuestros padre es una honor conoceros- le estira la mano quien parece ser Elladan, ella sonrió nerviosa y le estira la mano.

Tubo que morderse la lengua, cuando el suave roce le comió la mano. Ocurrió exactamente lo mismo con el otro.

Cuando se dieron por entendido de que venían hacer acá abajo, los esperaron para luego subir, y ahí comenzó la cena. Lo que ha ella le resulto chistoso ya que ninguno de los elfos realmente tenían cara de querer comer, ella se rió mentalmente, como no medio banquete desesperado que se dieron en la cocina.

(Fin flash back)

-. Comida- susurro para si llevándose una mano al estomago, "Cuando te digan despiértate, te despiertas, no te quedas haciendo arrumaco en la cama, ahora te quedaste sin desayuno" pensó y suspiro. El caballo relincho un poco como si le hubiera entendido- tú me entiendes ¿No es cierto?- le acaricio la crin.

Se iban a cumplir el mediodía cuando ella ya estaba literalmente echada arriba del caballo. Sí, que de señorita no te tenía demasiado. Su vestimenta por lo menos había sido bien recibida, estaba utilizando un pantalón café, unas botas de cuero, una camisa blanca y encima de esta una capa negra, en su cintura iba el cinto de la espada y en su espalda el arco y el carcaj, mientras tanto en su cinturón en la parte de adentro iba la pistola. No era por nada pero confiaba ciegamente que su mejor arma era la pistola, rápida, mortal y por sobre todo rápida. Sin querer se llevo la mano al cuello, ahí donde en la noche anteriormente se había colocado el collar que pillo con su arco Ayarax.

Estaba anocheciendo, ella ya sentía que se estaba comiendo a si misma, el astro del día se había ocultado en las lejanías y solo andaban con algunos faroles que habían prendido los cinco guardias y Gandalf quien con su bastón marcaba el camino. Había visto como antes del atardecer, Legolas junto a los gemelos se habían desviado del camino y hasta esas horas no habían vuelto.

-. ¡Aquí!- alzo la voz Elrond, a lo que todos se detenían. Hizo un movimiento hacia la derecha y ella vio entre unos árboles un claro, y a su lado un pequeño riachuelo.

Pero no era ahí donde dormirían si no que ese era un puesto de descanso, se tenían que subir a unos flet y luego pasar a unos talan, que eran plataformas sujetas a los árboles. En ello no hubo problemas, los caballos fueron atados cerca del agua y la hierva fresca.

Parte de aquel grupo ya dormía, ella había satisfecho su estomago, y se mantenía de pie junto al tronco del árbol. Los Hobbits dormían, al igual que las damas, aun así Legolas y los demás aun no regresaban y los dos mayores se mantenían despierto en la otra esquina hablando en susurros. Los guardias se mantenían ocultos sin dar signo de presencias. Ella tenia algo de frío, pero estaba aferrada a la capa y observaba el horizonte, entre las copas de los árboles y las estrellas, aquella noche no se veía la luna.

-. ¿A que se debe tu preocupación?- pregunto el mago a sus espaldas. Ella se giro con tranquilidad.

-. A nada, solo no tengo sueño- contesto medio mintiendo medio verdad.

-. Y lo creo... buena siesta tenias en el caballo- contesto sonriente, ella frunció el seño.

-. Falta de costumbre- se disculpo a regañadientes- además- se cruzo de brazos- no venía durmiendo, venia meditando- levanto un dedo como si estuviera explicando algo- es una clara diferencia.

-. ¿Y cual seria?

-. Que dormir seria no captar nada y no escuchar nada, mas meditar seria en el mismo estado pero con "cierta" conciencia, además no podía dormir con el estomago vació, mi estomago estaba realizando la sinfónica más grande escuchada- aludiendo de que el mago realmente le hubiera entendido, este continuo.

-. Espero que mañana estés en condiciones de seguir, cruzaremos a lugares menos controlados por los humanos o elfos y tú, ahora tendrás que estar en mejores condiciones.

-. ¿Yo y porque yo?- pregunto pero el mago solo dio vuelta los ojos, como ya esa conversación la hubieran tenido antes- esta bien, esta bien estaré bien, lista y dispuesta...

-. Pero...

-. ¿Pero?- pregunto cortándole la explicación.

-. Por cualquier cosa, no quiero que combatas, ni siquiera lo pienses, que ni por tu mente se te pase el más mínimo acto heroico, te quiero llevar viva y completa a Minas Thirith.

-. ¿Entonces para que quieres que este dispuesta?

-. Si no te haz dado cuenta o no los apreciado...-bajo la voz como si fuera algo confidencial- tienes mejor odio que los mismismos elfos y me atrevería a decir que mejor que Legolas, que para su raza es bastante dotado sus sensitivos sentidos.

-. Fíjate que no me he dado cuenta- le contesto sin acto de sublevarse, pero era verdad no creía tener tan buen oído como lo decía el mago.

-. Porque no lo haz apreciado- le dijo y se dio media vuelta.

"Porque no lo haz apreciado" con esas simples palabras le había removido toda la materia gris. Se había sentado tal cual en pose flor de lotto, había estado a poco menos que comenzando a ser yoga, intentando que sus "sentidos", fueran casi mucho mejor que los de los elfos...

...

Nada.. media hora sentada y sentía exactamente lo mismo que cuando estaba parada. Cerro los ojos y se "intento" relajara... ruido de hojas... el viento silbar... el golpetear del riachuelo... el casco de caballos... ¿El casco de caballos?, abrió los ojos e intento ver de donde provenían los ruidos... el resquebrajar de hojas al ser aplastadas, movimiento de uno de los elfos en los árboles... ¡Oigan! Había sentido a un elfo moverse... esto le empezaba a gustar... los otros cuatro guardias tan bien se movieron claramente, ella observo hacia el otro lado del riachuelo, minutos después tres caballos saltaron este, donde los encapuchado, léase Legolas, Elladan y Elhorim, los dejaron y tras un movimiento de los guardias una escalera les dio la bienvenida al flet.

Ella sonreía, lo había logrado había escuchado más allá que los elfos... los tres encapuchados subieron con creíble rapidez la escalera. Ella se quedo quieta, mirando hacia el horizonte.

-. Bienvenidos- la voz era de Elrond- ¿Cómo les ha ido?

-. Increíblemente todo muy seguro, atta- musito uno de los gemelos. ¡Los estaba escuchando!... bueno no podía hacer algo como eso ¿O si?, ella no media lo que escuchaba. Una sonrisa siniestra se posa en su cara aun observando la lejanía.

-. El paso del norte es muy inseguro, podemos seguir por el río Mitheihel, tomar Eregion, cruzar Glanduin y pasar las tierras brunas y para la protección de ella, luego tomar el camino de Norte-Sur, habrán varios peregrinos hacia Minas Thirith nadie se preocupara de encontrarla- aquella voz era de Legolas.

-. Si, me parece buena idea, es mejor estar rodeado de humanos que no estar rodeado de nada y eso es más siniestro y traedor de problemas.. descansen, mañana partiremos temprano.

Era un hecho lo incomodo de dormir con las piernas cruzadas, al intentar desperezarse en la mañana tuvo que amagar varios gemidos de dolor, ya que las piernas las tenia más que acalambradas, dormidas... quería estar mutilada. Se había quedado dormida tan cual había quedado escuchando la conversación de los elfos y sentido que había dormido casi cinco minutos, pero mejor no se quejaba o si no Gandalf saldría a asaltarle con reprimendas. Cuando se estaba cargando en el tronco, con muecas de dolor para intentar mantenerse en pie, alguien le apareció de frente, ella se recompuso como si estuviera muy lindo el paisaje sujetándose y mirándose las uñas.

-. ¿Estas bien?- pregunto Legolas, estirándole una taza con algo dentro.

-. Sí, como no- tomo la taza- gracias- se quedo pegada al tronco antes de caerse... "Las hormigas, las malditas hormiga"(léase las cosquillas insufribles de un calambre).

-. ¿Segura?- pregunto- no pareces muy cómoda.

-. Estoy algo... dormida- bajo la voz- no le digas a Gandalf o me reclama- él sonrió y se reviso un pequeño bolso en la cintura.

-. Toma, colócatelo debajo de la lengua, se te pasara rápido- le entrego una pequeña hoja, ella le hizo caso. El dolor paso de un momento a otro, se pudo parar bien con un largo suspiro de placer.

-. Gracias- le dijo y sonrió. Vio como este mismo se le quedaba mirando y parecía sonrojarse un poco.

-. ¡Vamos!- la voz les llamo a bajar del talan.

El viaje cada vez se hacia más pesado, ella como lo había prometido había estado más despierta. Esta vez iba al lado de la Dama Arwen, quien le presento a las dos doncellas (centinelas) Jilian y Anet, era sus mejores amiga y sus mejores guardianes, para su sorpresa las dos eran hijas Silfrid. Quien como buen padre se había retraído en la misión de que sus dos hijas fueran con él, pero no podía hacer mucho, eran, como se decían ella "almas libres", eso le había causado gracias.

-. Mi padre dijo que tomaríamos el camino del Norte-Sur- le comento Arwen, cuando buscaban un sector en que los caballos pudieran pasar el rió Glanduin.

-. Sí, lo escuche... ¿Qué tiene?- pregunto luego, ya que la elfa parecía incomoda.

-. No se, nunca le he tenido buena espina a surcar aquel camino, pero deben ser cosas mías.

Al cruzar el rió Glanduin, ya estaba atardeciendo, mañana en la mañana tendría que llegar al camino Norte- Sur y de hay a dos o tres días para llegar a Minas Thirith. Acamparían al lado del río aquella noche, para su inquieta suerte Silfrid la había tomado para entrenar, nuevamente con el condenado arco. Estaban a un lado del acampamento, por la seguridad de los allí presentes ella les daba la espalda, en un costado estaban los Hobbits fumando pipas, junto a Gimli, que parecía que no tenían mucho que hacer aquel anochecer y estaban preparados para una larga demostración.

-. Jilian!- llamo el elfo. Una de sus hijas se acerco

-. ¿Sí, atta?- pregunto. Este le paso una manzana.

-. Colocarla allí arriba, por favor- apuntando a la casi sima de un árbol.

La elfa no reclamo ni mucho menos, en menos de veinte segundo ya estaba abajo quitándose un par de hojas que le habían caído. A lo que a lo lejos se veía el destellar de la manzana.

-. Ese, es tu nuevo tiro- le dio el paso el elfo

Ella no dijo nada mientras veía la manzana, unas palabras llegaron a ella "porque no lo haz apreciado", antes que el mismísimo Silfrid diera la orden la manzana ya estaba en el suelo con una de sus flechas atravesadas, mirando orgullosamente al elfo, que pareció no entender lo rápido de ello. Sintió las pequeñas exhalaciones de quien en menos de dos entrenamientos ya había aprendido a utilizar el arco.

Era tan bueno esto de "Apreciar sus habilidades".

-. Bueno...- dijo el "entrenador" aun conmocionado- creo que pasaremos a las espadas.

-. ¡Buen tiro, Celiviel!- aplaudieron los gemelos que estaban atrás. Legolas le sonrió, ella le correspondió.

Para su buena suerte, el hecho de que ya sabia utilizar las espadas fue un gran avance, Silfrid le enseño el arte de ellos, que ella no demoro en aprender, no era tan difícil como creía que podía ser, Frenedic era livianísima y se complementaba muy bien a su brazo. Ya cuando pego el cansancio y todo, el entrenamiento termino. Ella sinceramente se sentía, como decirlo sutilmente: "apestosa", necesitaba un baño, ¡Urgente!. Miro el río con complicidad y sonrió con un plan en mente.

Ya era bastante de noche, todos dormían, y los guardias se mantenían en la lejanía dando círculos por alrededor del campamento, ninguno muy cerca del río, se levanto silenciosamente sacándose los zapatos. En una mano llevaba su espada, por si acaso.

Logro escapar de las llamas de la mini fogata y alejarse un poco del campamento para darse su "necesitado" baño. Se acerco al agua he introdujo los pies, estaba oculta entre dos grandes piedras que la tapaban de las vistas de quien se despertase, se quito la camisa y los pantalones. Quedando en su ropa interior, sin mediar más se introdujo, que aunque fría estaba bastante relajante, se acerco a su ropa y las mojo, las "limpio" un poco sacándole todo tipo de mancha o olor no agradable para nadie y las puso contra la roca, para que se "intentara secar". Siguió hundiéndose en el agua, sumergiéndose y buceando, como si se tratara de una niña chica en una piscina, cuando estaba a punto de salir, un ruido le llamo la atención, cuando casi sufre un ataque, al verlo ahí, parado, al parecer buscándola. Legolas. No le quedaba mucho aire, pero se logro escabullir, pero no, como siempre, la suerte no le funciono, y antes de morir asfixiada tuvo que salir algo apresurada. El elfo, como obvio, le vio.

-. ¿Celiviel?- pregunto no entendiendo, ella que automáticamente se cruzo de brazos, aunque anduviera con bragas, no quería parecer una chica porno, solo saco la cabeza completamente roja por la asfixia... si, seguro...

-. Hola- saludo como si nada y quitándose unas mechas de la cara, esta como decirlo, ¿Nerviosa? O ¿Espeluznantemente cohibida? Una de dos o las dos.

-. ¿Estas bien?- pregunto, pareciendo...eee.. sonrojado.

-. Sí, aquí, dándome un baño- musito con una mano moviendo el agua sin darle importancia.

-. ¡O! Bien, creo que mejor te dejo- musito mirando hacía abajo.

-. Espera!- "¡¿Por qué?! ¿Por todos los santos porque había dicho eso?"- eee...eee...

-. No le diré a nadie.

-. Bien, gracias- él volvió a sonreír y desapareció, comenzó a hundirse, lo único que se ve son burbujas.

Había estado casi 15 minutos hablando puros monosílabos, intentando que aquel poder de sus manos que tanto le caracterizaba fuera de algo servible, pero no, tuvo que esperara hasta el casi amanecer para que su ropa estuviera casi seca.

"¡Fuerza! ¡Vamos que se puede! no dormiste mucho, pero pronto llegaran" se echaba animo sola, porque unas lindas y bastante apreciables ojeras eran visibles de su estado. Sí. Tenia mucho, mucho sueño, pero lo había prometido, estaría alerta, alerta permanente (N/A: lo siento siempre quise escribirlo en un fics, el buen ojoloco Moddy y sus dicho: "Alerta permanente").

-. No tienes muy linda cara ¿O sí?- pregunto uno de los gemelos que se coloco a su lado, el otro al otro lado.

-. ¿Pasaste una buena noche?- musito Elladan con cara de circunstancia, sonriendo de lado, algo maquiavélicamente.

-. ¿Qué estáis insinuando?- pregunto ella, mirando a los dos alternativamente.

-. No sé, Legolas anoche desapareció por unos minutos- susurro el otro. Y ella se sonrojo

-. No seáis mal pensado- les corto ruborizada.

-. No lo seriamos, es la pura realidad- contestaron los dos y se adelantaron dejándola a ella con la palabra en la boca. Desde cuando los gemelos andaban de "misterios" e insinuadores.

Como se había dicho habían llegado al camino Norte-Sur, este no tenia más diferencia de que el camino estaba muy marcado y con huellas frescas... interesante. Se acerco a Gandalf.

-. ¿Qué tiene de especial este...?- comenzó preguntando a el mago. Que viajaba junto a maese Elrond.

-. Bandas de asesinos, ladrones, violadores, orkos, trasgos...

-. Esta bien, esta bien entendí el mensaje- le corto- ¿Y porque vamos por aquí?- pregunto. El mago y el elfo se quedaron mirando.

-. Es más seguro- le respondió el elfo, ella levanto una ceja a punto de que se le arrancara una carcajada.

-. ¿Seguro?- pregunto mirando a ambos.

-. Para ti- siguió el mago, mirando hacia delante. "Para la protección de ella", "Nadie se preocupara de encontrarla" las palabras de Legolas le llegaron de golpe. ¡¿Era ella?!, sinceramente juraba que era por la dama Arwen tanta protección.

-. ¿Para mi? ¿Que no me habéis dicho Gandalf?- miro intensamente al mago, quien seguía mirando el camino con su completa tranquilidad. Ella arreo el caballo y le corto el camino. Lo que hizo que se detuvieran todos detrás y miraran a ellos dos.

-. Bien- musito el mago y se giro al elfo que iba a su lado- nos adelantaremos Elrond- éste cabeceo. El mago le miro y comenzó a galopar- tú ven conmigo- la chica le siguió, dando por perdida a la compañía.

-. ¿Qué no me haz dicho?- pregunto cuando ya estaban bastante alejados. El mago parecía tranquilo, pero con el cejo fruncido.

-. Tú, querida niña, estas en más peligro que todos los aquí reunidos- musito aun sin mirarle.

-. ¿Qué?- pregunto. La palabra peligro y ella en una misma frase no le agradaba.

-. ¿Recuerdas a los orkos que te invadieron en tu hogar allá en tú ex –mundo?.

-. Mis amigos como olvidarlos- le contesto con ironía.

-. Ellos no te iban a matar, tal vez dañar pero su misión era llevarte sana y salva, alguien, alguien los mando a por ti...-aquella información fue como agua helada en la espalda.

-. ¿Quién?- pregunto un poco asustada.

-. Etanhin hijo de Sauron, el próximo señor oscuro y quien, si mis contactos son fidedignos el nuevo creador de magia y seres oscuros que intentaran derrumbar el nuevo mundo de los humanos.

-. ¿Yo?¿Por qué yo?¿Por qué siempre yo?- pregunto entrándole todo tipo de sentimientos, desde miedo a indignación- ¿Qué tengo que ver yo aquí?.

-. Como su compañera, os podría tener el más grande poder, y si te tuviera junto a él, ningún humano ni elfo ni nadie mortal podría contra él.

-. Me-me...-maldito tartamudeo.

-. El hecho de que él no te tenga, retrae muchos planes oscuros, planes que a todos nos pone en peligro, el estar en este camino es lo menos ilógico por cualquier compañía oculta, aquí estaremos bien y tú a salvo.

Ella se quedo en silencio. El mago se acerco y le puso una mano en el hombro, al contacto este la retiro, una corriente le había golpeado. Ella ni se inmuto.

-. ¿Qué tienes ahí?- pregunto, la chica le miro no entendiendo, su mente estaba en otro lado, pero sin más metió la mano entre la camisa y saco el collar- ¿De donde lo sacaste?.

-. Venia con Ayarax- susurro como si nada.

-. Entrégamelo

-. ¿Qué?- pregunto volviendo un poco en si.

-. Que me lo pases- le tendió una mano, ella no queriendo más..., se lo saco y paso. Este mismo lo guardo rápidamente- ¿Estas bien?- pregunto luego, ella cabeceo- ven, volvamos.

Para su intrigante vida ambos caballos se exaltaron, lo sintió, sintió aquella saeta cruzar el aire y sí, si se pudo haber movido lo suficiente para esquivarlo, pero estaba tan ensimismadas, que lo único que sintió fue el golpe en el brazo, ni dolor, ni nada, solo un golpe. Gandalf se movió en el caballo, le hablo a ella, otros caballos, se miro el brazo, tenia una flecha clavada de lo más linda, con unos hilos de sangre. Miro hacia delante habían varios humanos apuntándoles, en menos de lo que logro percibir algunos no habían logrado escapar, no había nadie. Alguien la bajo del caballo, Silfrid.

-. ¡Celiviel!- la voz le pego de golpe a lo que venia acompañado del dolor- ¡No te dije que te mantuvieras alerta!- le alegaba el mago delante de ella. Ella sintió una chispa impotente.

-. Lo lamento- casi ladro- pero no es cosa diaria que te digan que eres a poco menos que una arma, de que el primero que te piílla te lleva- se safo del brazo que la examinaba, y a paso rápido se subió en su caballo, antes que alguien la detuviera ya se había adelantado bastante.

Alejarse, alejarse todo lo que pudiera, un arma, eso era, una estúpida arma. Quería volver a su casa, quería volver a su mundo, preocupándose de pagar las cuentas, completar sus estudios y terminar uno de los libros de A. Rice. Volver a ser la burla, la nada importante, la solitaria. No le importaba, era mucho mejor que esto. ¿Qué importaba ya todo? ella simplemente ya no desidia por ella. Y no quería ser así, siempre había sido independiente, siempre tomaba sus propias decisiones malas o no, eran suyas, eran sus errores, eran sus problemas. No le gustaba lo que este mundo le tenía preparado, no le gustaba para nada.

Tomo el pedazo de madera de la flecha y se la tiro, se aguanto el grito de dolor y esta se rompió, tampoco le intereso. Quería volver a su hogar, quería volver y ver sus programas favoritos, sus comidas empaquetadas, charlar con las sirvientas antes de que se fueran, quería volver, tan solo eso. Lagrimas comenzaron a salir de su rostro y arreo más a el caballo, mientras seguía el camino. No quería ser nada de nadie, no quería tener en sus manos un poder que jamás conoció, un poder que jamás se le fue mencionado y que de pronto se lo inyectaba porque así debía ser, esto no tenía que ser así.

Vio figuras delante, una caravana de hombre, algunos se giraron a mirarle, algunos con armas en manos como si ella se fuera preocupar de ellos en esos momentos, se movió hacia un lado y cruzo a paso veloz a lo que allí parecían peregrinos. No quería preocuparse de nada, no quería estar en manos de nadie ni seguir nada, ¿Qué había hecho ella para estar en este mundo?.

Una sombra se interpuso de golpe, el caballo se detuvo y parecía querer retroceder pero la figura lo tomo y lo detuvo, con ella muy alterada encima. Legolas, Legolas le detuvo, venia apresurado y exaltado, ella se bajo rápidamente, media torpe por las lagrimas que le nublaban la vista, pero éste se adelanto y la detuvo, ella intento safarse, pero el brazo izquierdo lo tenia herido y le dolió moverse tan rápido.

-. Tranquila, Celiviel- musito éste mientras intentaba tranquilizarla.

-. ¡Déjame!, ¡Déjame!, ¡No quiero, suéltame!- alegó, pero él no le hizo caso. Ella se sentía débil, incapaz de seguir con esto, cayo al suelo llorando- ¡No quiero ser un arma!- alego. El se sentó delante de ella intentando reconfortarla. Sus ojos azules estaban un poco oscurecidos.

-. No eres un arma, Celiviel, no lo eres- le corto tomándole el rostro con ambas manos.

-. Sí, lo soy, no quiero este poder, quiero volver a mi mundo, quiero estar en mi mundo donde no me tengo que preocupar de otras personas, nadie se preocupo por mi, porque yo debería de preocuparme de otros- le miro, como si le estuviera pidiendo una explicación. Él sonrió y tomándole uno de los cabello se lo puso detrás de la oreja y la obligo a levantar el rostro.

-. Porque puedes elegir, porque puedes ser única y no como los demás, puedes tener un destino, Celiviel, tienes un poder con el cual solo tú puedes elegir- levanto una mano y le quito las lagrimas que le caían del rostro. Ante su mano por su cara, sintió un escalofrió extraño surcarle la espina y se sintió azorada por los hermosos zafiros que tenia de ojos- puedes elegir, seguir siendo una solitaria chica en una mansión lejos de toda civilización, o una chica, que puede tener amigos y lealtad, por una necesidad justificada.

¿Elegir? Podía elegir... lealtad, que bonito sonaba eso, lealtad...

-. Gracias- musito luego, y se quito las lagrimas de la cara, aquella que instaban salir nuevamente. El elfo le había ayudado un poco, aun en su interior crecía ese sentimiento de horror al estar allí. Y confusión, pero en ese momento sus manos tocando su rostro era un gesto de lo más lindo que hubiera experimentado. Jamás nadie le había quitado las lagrimas de manera como si realmente importara.

-. No hay de que- musito y sonrió. "Si sigue sonriendo me le voy a saltar en cima, tiene una sonrisa de los mil demonios" Eso le hizo sonreír a ella y bajar el rostro- ¿Me dejas ver?- pregunto viendo su herida, ella le paso el brazo. Una mueca apareció en su rostro.

-. ¿Qué ocurre?- pregunto al ver su rostro, no se le antojo nada bueno.

-. La punta quedo dentro.

-. ¿Qué?

-. No te va a gustar...- musito al ver la cara de ella- uno, atravesar, dos amputar.

-. ¡Atravesar!.

-. No es tan simple.

-. No importa...

"Claro que importa... claro que importa". Respira, respira no llores, comete la lengua, no importa, no llores ni grites... se decía a lo que Legolas le tenia sujeta del brazo y con una de sus dagas con la punta al rojo vivo, hacia una incisión para que saliera la punta de la flecha. Ella respiraba a ratos, para luego dejar salir el aire en un suspiro quejumbroso.

Al fin. Al fin le dio termino... ella se cargo en el tronco y suspiro. Unas lagrimas de dolor habían salido de su rostro a la mala, se las quito con un manotazo. El elfo comenzó a rodearle la herida con unas vendas improvisadas.

-. ¿Cómo estas?- pregunto, ella cabeceo. Él se dejo caer hacia un lado, sentándose y guardando la daga con un movimiento rápido.

-. Gracias- musito y cerro los ojos cansada, derrotada. Sofocada por muchas cosas.

-. Descansa, haré guardia, os despertare cuando lleguen los otros- ella no dijo nada y se quedo completamente dormida.