Capitulo 7
Alguien le meció levemente, dio un salto en el momento en que lograba enfocar bien sus ojos en la figura que estaba en su lado, por un momento creyó que era de nuevo Ethanin pero observando bien, no era más que la hermosa Arwen sonriéndole. Ella no le pudo corresponder aun estaba muy dominada por el pánico para tal acto, pero aun así observó sus rasgos y logró tranquilizarse un poco.
-. ¿Cómo te encuentras?- pregunto. Ella cabeceo y observando la habitación añoro la presencia del elfo.
-. Bien- contesto luego y la elfa le dio el permiso para levantarse.
-. Se te requiere en la sala principal, hay noticias abrumadoras y viajes que al parecer te esperan.- susurró triste.
-. ¿Viajes?¿Más viajes? Pero si recién venimos llegando...
-. Lo sé, pero es mejor así, ¿No crees?, terminar luego con esto.
-. Si es que termina alguna vez- susurro más para así. La elfa le ayudo a desatarse el vestido que venía trayendo desde el día anterior- gracias.
-. No digas eso, aun no posees la fuerza que realmente crece en ti para decir ello, eres muy fuerte y solo tienes que saber decidir sobre el camino para lograr lo que quieras.- Arwen le soltó el cabello y se lo puso delante del hombro.
-. Caminos- susurro y suspiro. Arwen sonrió y se marcho.- caminos...
Se quedó unos momentos fuera de la habitación donde le había citado.
-. Lo mejor que podemos hacer es llevarla allí- resonó una voz que no se le hizo conocida- necesita entrenar, y no creo que haya mejor persona para ellos, sin ánimos de ofender Gandalf.
-. No lo hay, Celiviel haz el favor de entrar y no quedarte escuchando conversaciones detrás de la puerta- ella bufó, y se adentro. Con la cabeza gacha, no la alzo en ningún momento, no tenía ganas de entablar miradas asesinas al viejo.
-. Ya.- resoplo y se quedo parada.
-. Han llegado malas noticias sobre que el poder en las cercanías de Rhun se vuelven más oscuros, creo que nuestro pequeño entrenamiento tendrá que ser impuesto por otra persona.
-. ¿Otra persona?- pregunto esta vez levantando la mirada. Cuando los viejos ojos del mago se posaron en ella. -¿Quién?
-. Ossë, hermana de la madre de Legolas, una Ainur por así decirlo "perdida" se oculta en los antros del Bosque Negro, en las lindes de reino del Rey Thraudin, ella te entrenara.
-. Genial- murmuro sin sentirlo realmente.
Todos hablaba, debatían y discutía. Vio a Legolas quien llegó más tarde con un segundo elfo que mantenía un respetuoso segundos plano. Aquellos que se hallaban allí, eran la corte de Aragorn, Legolas, Gimly, Elrond sus dos hijos, Gandalf, Silfrid y ella. En la esquina de la habitación no escuchando nada de lo que hablaban, su mente se perdía en la oscuridad del cielo que lograba ver más allá, viendo las estrellas... estrellas...
Había comenzado a cansarse, a agobiarse, quería escuchar música, ver TV o por lo menos jugar un juego de cartas en el ordenador. ¡Como quería un ordenador! O escuchar un poco de música... algo como metal, ¡Si! Metal. Algo más alentador para animarse luego de lo pasado en aquellos días... a haber, creo que podía recordar la letra de aquel grupo que en algún tiempo anduvo pegada con ella... como era...mmm...
"Toll no bell for me Father… But let this cup of suffering pass from me… Send me no shepherd to heal my world… But the Angel - the dream foretold… Prayed more than thrice for You to see…
The wolf of loneliness in me… not my own will but Yours be done..."
La canción volvió a ella solo al recordar las primeras palabras. Sonrió y con los dedos golpeó tan levemente la mesa que era imposible llamar la atención. Mientras cerraba los ojos se perdía en la letra de la canción.
"You wake up where's the tomb?… Will Easter come, enter my room?… The Lord weeps with me… But my tears fall for you"
Comenzó a modular la canción suavemente, solo para que así llegara más a ella, que le consumiera más. Los demás seguían discutiendo no se, sobre no se que cosa y que ella no se que más y más no se que.
"Another Beauty… Loved by a Beast… Another tale of infinite dreams… Your eyes they were my paradise… Your smile made my sun rise"
Amaneciera... pensó mientras abría levemente los ojos percatándose de cierto alo que antes había visto de la vía láctea rebosante en estrellas ahora había una mancha negra que se hacía más grande. Se paralizo. Su canción se perdió en lo profundo de su mente. La mancha se hacía cada vez más grande. Su cuerpo dio un pequeña convulsión cuando logro hacer el movimiento de ponerse en pie. ¡Ho diablos! Pensó mientras se acercó corriendo a ver desde aquella posición lo que se acercaba a una rapidez escalofriante, por su mente paso, desde un avión, un F19 o F14 o un helicóptero, su boca se seco. ¡No era su mundo! Aquello que venía era algo con vida...
-. ¡Diablos!- maldijo en voz baja. El bochinche de atrás se detuvo. Un par de personas se acercaron a ella. Le posaron una mano en los hombros retirándola hacía atrás. Se escucho un voz de alarma llegar por los pasillos.
No sabía si lo hizo porque le bajo una curiosidad maldita, o porque sabía que tenía que ir. Pero cuando la corrieron hacía atrás, no se quedó allí. Salió de la sala en el momento en que cuando daba vuelta a un pasillo. Gandalf recién se había percatado que ya se había largado.
Por su camino para llegar afuera, se encontró con varios soldados que gritaban y llamaban alarmados el nombre de su atacantes: "Dragón".
Un dragón, por el amor de Eru... un dragón, se llevó una mano a la frente mientras lograba salir afuera, la figura ya era vista por todo humano que estuviera mirando hacía aquel lado. Pero... que acaso no era el ultimo Dragón aquel que moraba en las montañas grises, ¿Cómo era posible?¿Acaso no estaba muerto? En realidad no tenia idea, pero ahora... diablos. A menos que... que hayan más, ocultos, diablos, ahora tenia que luchar contra iguanas voladoras. El manto de la noche y las luces de las estrellas lograban tapar el color del ser, su figura era una mancha negra imponente mientras una auroras rojas (llamaradas de fuego) se perdían en el viento cuando resoplaba... ¡Wuau! Un dragón... esto era... exuberantemente asombroso, lo siento, pero era la pura realidad, aquel ser era imponente y hermoso a la vez. Sus ojos se abrieron más al ver que ya no solo había pasado la ciudad que era atravesada por el rió, si no que arriba de este, en un pequeño balcón venia una sombra. Su jinete. Vio un suave destello, una mascara de plata. Eso... eso lo había soñado antes ya...
Sintió dos brazos que le sujetaron fuertemente llevándole hacía atrás sin preguntarle ni esperando algún aporte de ella. Solo la comenzaron a arrastrar. Giro el rostro crispada al sentirse apresada y no poder poner pie en suelo. Sus captores. Elfos. Poseían rostros de pura preocupación. Legolas y Silfrid cada uno de un brazo. Aun así se retorció para librarse, no se quería marchar, no ahora.
-. ¡No!- alegó. Su negación quedo opacada cuando el fogonazo y luego una bola de fuego se dirigió con furor hacía las casas de la quinta estación.
Un mecanismo difícil de predecir en ella. Le hizo soltarse de ambos elfos de un tirón, mientras levantaba ambas manos, sintiendo como de repente estas estaban muy calientes al apuntar a la bola de fuego, se concentró tanto en su detención que gimió de dolor al sentir su cabeza presionarse al esfuerzo. Cuando sintió que podía sentir la fuerza de aquella bola en sus manos las fue uniendo, el fuego se fue opacando hasta que logró apagarle por completo, pero no pudo detener el impacto que dio contra un par de casas. Gracias a Eru el alboroto no provoco mayor desastre que una sustancia gelatinosa mal oliente, caliente pero no quemante.
-. ¡Ataquen!- grito Aragorn dando ordenes rápidamente. Cuando cayo al suelo, estaba cansada, alterada, le ardía gran parte de su cuerpo. Sintió una incomodidad en su cintura, elevo una mano y sintió el cañón de su preciada arma incrustada en su piel.
-. Señor, están muy cercas, pondremos destruir la ciudad.- informo uno de los guardias.
-. Maldición- maldijo el rey- haced tiros a larga distancia, no dejéis que vuelva atacar- El tibio metal llegó a sus manos, las letras H en su resplandor le dieron una idea. Los dos elfos a su lado estaban con arco en mano apuntando al animal, las flechas para su mala suerte rebotaban era una caparazón de metal muy fuerte, demasiado en realidad.
-. ¿A cuantos metros están?- pregunto colocando una rodilla al suelo, quitándole el seguro al aparato. Legolas a su lado le miro preocupado, observando su arma con escepticismo.
-. Casi 300 metros- contesto. Ella asintió, levanto la pistola, apunto a la figura, se concentro. Dos tiros y tenían que ser bastantes rápidos.
-. ¡Hay que sacarte de aquí, Celiviel!- una mano se le puso en el hombro. Una más alterable, Silfrid.
-. Legolas, Silfrid tapaos los odios, esto os va a doler.- murmuro en una posición más cómoda en el suelo, por primera vez al tomar un arma, no tembló, ni siquiera dudo.
Cerro un ojo. Debía buscar el lugar, ese exacto lugar donde no hubiera ni escamas de un acero tan fuerte, ni que tan solo le resultara un rasguño sin dolor... ¡Sí! ¡Allí! Justo allí.
El primer estallido, luego el segundos, el sonido rebotar en su cabeza, el gemido, el gruñido de la bestia. La alas alborotadas. Logro moverse cuando un escozor le llegó a la cara, una flecha a toda velocidad que logro esquivar, luego el silenció.
Le puso el seguro a su hermosa pistola, dos tiros. Dos tiros justo en los ojos de la bestia que zarandeándose, removiéndose casi bota al jinete que logro estabilizarse mientras lo hacía volar a ciegas por donde había venido. Se llevó una mano a la cara, la sangre salía de allí con un poco de picazón y dolor, un par de manos le ayudaron a levantarse en completo silencio. Legolas sacó un pedazo de tela y se la puso con cuidado en el rasguño.
Su cara. No, la cara de todos era del más puro desconcierto y molestia, molestia por el ruido. Resguardo su arma nuevamente en su cintura, mientras media sonrojada esperando que este no se haya percatado tomaba la pieza de tela para hacerse presión. Sin mirarle se agacho para recoger la flecha, en este venía una nota. Su olor a sulfuro era desagradable.
Por la puerta llegaron Gandalf y Elrond con los demás llevando armas y báculo en mano para el ataque. Gimli se acercó, su cara era la más chistosa, pero fue el viejo en hablar primero.
-. ¿Qué fue ese estallido?- pregunto viendo que todo el movimiento se había calmado. Su mirada paso a su cara y luego al papel, se acercó veloz a ver lo ocurrido.
-. Ese estallido- continuo ella abriendo la nota- es mi más preciada arma- golpeando sobre su camisa y sonriendo con superioridad. La letra le consterno, no entendía. Una mano en frente se lo pidió como no entendía ni un carajo se lo paso.
-. Saruman... magia de ese mago- salió Gimli- fue como la explosión en el abismo de Helm, más pequeña eso si...
-. Gimli, eso no es magia, era pólvora, esto- sacando su pistola y acariciándole con un dedo- es una pistola- le miro con ojitos brillantes- una Heckler and Kock, 13 tiros de larga distancia ahora solo le quedan 10 tiros. Es "Magia" pero en cápsulas de acero. Es más dolorosa que una flecha, más letal que una espada, y más rápida que una saeta- dándole una beso- ¿Quién es mi regalona? Si tu...- guardándole con cara mimosa. Gandalf paso una mirada rápida a su otro lado llegó Elrond y a los segundos Aragorn quien miro su cintura donde estaba su arma con cara asombrada. "Ni que lo disimules, Aragorn, es mía, solo mía" pensó, mientras se cargaba más la tela- ¿Qué dice?
-. Esta en lengua de los habitantes de más allá del mar de Rhun.
"Una baile, una luz, un grito y tu despertar, la oscuridad al fin en ti yacerá. Mía eres en realidad nadie más os tendrá..."
La voz de Gandalf se fue acallando, meditando esas palabras que calaron profundo en ella, en sus nervios. En su cuerpo en si. Se crispo y sin querer dio un paso hacía atrás, sintiéndose desprotegida, vulnerable al primer toque. Pero quedo a centímetros de un cuerpo que había estado todo el rato a su lado, y ese sentimiento desapareció, tranquilizándole. La sonrisa apacible que le dio le hizo calmarse un tanto y aceptar de nuevo las miradas que fueron a ella. Gandalf hizo un gesto de contrariedad, y aunque no se esperaba ello, sus palabra le agradaron...
-. Lo lamento...
Al otro día, muy de mañana.
Las puertas de la ciudad se volvieron a abrir, pero esta vez solo dejo pasar a ocho caballos, los más rápidos y con sus jinetes más adiestrados, claro que con adiestrados, ella no se contaba. Marcharon hacía Osilgath, se irían por el camino oeste del rió para no perder el camino, luego por las tierra de los caballos, de allí a "El paramo", y si sus compañeros "elfos" no se picaban con la curiosidad de meterse a Fangorn llegarían a Lothoriel para pasar el Anduin y llegar a tierras del príncipe y su mensajero.
Este mismo, el mensajero, se llamaba Kenet. Parecía ser muy joven a pesar de todo, tenía el cabello de un esplendoroso rubio que caía en cascada por su espalda y de ojos grises. Sus ropas verde/cafes, lo caracterizaban del lugar donde provenía.
El viaje debería durar cinco días más o menos a Lothoriel. Y se sentía, sin querer una carga. Pues era como obvio, era la única tontorrona que no aguantaba mucho sobre el caballo, y que no podía mantener la rapidez de estos ya que al llegar aun punto de velocidad sentía que se resbalaba. Sus compañeros no parecían importarle aquellos actos de debilidad, pero a ella le hacían sentir más mal todavía porque no demostraban su fraude con ella.
Primer día de viaje. 12 del día.
Se detuvieron cercano a Cair Andros. Le permitieron a los caballos tomar agua de un riachuelo. Los cuatro elfos se fueron hacía unas piedras para mirar. Kenet se quedo allí junto a ella mirando a los caballos, mientras Anet y Jilian partía un par de lembas ya que de allí al anochecer no se detendría.
-. Dama- dijo este mientras le tendía uno de esos cosos con agua dentro. Ella lo recibió y sonrió con algo de pena- no se si me deba meter, pero veo pena en su rostro.
-. No, no es pena- contesto- solo que aun no me acostumbro a esto de los caballos- el joven asintió como entendiendo y luego fue hacía su caballo que le pidió un regaloneo antes de ir de nuevo a ella.
-. Dele esto a su caballo cuando se sienta así. Le dará más estabilidad y le permitirá andar en el sin sentir que se va a caer en el acto.- le hizo entregar de unas hiervas muy verdes y de un olor dulzón.
-. Gracias.
-. De nada, dama- contesto sonriendo.
-. Celiviel, por favor- le pidió. Este asintió y sonrió. A su lado llegó Anet y Jilian fue a hacer entrega de las lembas a su padre y el grupito. Esta venía con una sonrisa media socarrona en su rostro.
-. ¿De que te sonríes?- le pregunto cuando esta llegó aun más radiante a su lado.
-. Mi padre- continuó- se negó hasta el cansancio de que nosotros no viniéramos con él. Pero se tuvo que convencer cuando nos pillo arreglando las monturas y nuestras cara de ya nos dieron permiso, no podemos desobedecer a un príncipe.
-. ¿Legolas?
-. Se lo suplicamos hasta el cansancio, por eso te queremos dar las gracias
-. ¿Qué pinto yo ahí?
-. Te pusimos de excusa, sé que no necesitas "compañía", pero al príncipe Legolas le bajo el amor por la seguridad del "grupo"- ¿Por qué le tinco que cuando dijo "Seguridad del grupo" no era por el grupo en si, si no por ella?- ahora tenemos que pedirle autorización para acompañaros después de Lothoriel, estamos seguros que nos dejara allá para que él continué solo.
-. ¿No crees que es más seguro así?- pregunto sin querer.
-. No, nos vamos a quedar de amas de casa, viendo como nuevamente la oscuridad avanza. Mi hermana y yo somos muy buenas en el acto del combate, nuestro padre es un sobre protector horrible- ella sonrió viendo como más allá. El hombre miraba con claros gestos asesinos a su otra hija quien sonreía mientras comentaban algo. Los gemelos trataban de opacar sus sonrisas y Legolas le daba una mirada conciliadora al pobre elfo.
