Capitulo 8
Segundo día de viaje. 2 de la mañana.
Se dejó caer mosqueada en su lugar. Habían llegado a Nindall, a las canchas aguadas, y como era de noche no podía seguir cruzando los ríos en la oscuridad. Pero por lo que estaba mosqueada, es porque no le habían dejado hacer guardia como a los demás... esta bien, aceptaba plenamente que sus sentidos aun no estaban mimetizados completamente a lo que ella deseaba, aceptaba que no era buena en muchas cosas, pero lo que le molestaba es que le digiera "debes descansar" ante la pura realidad. ¡No eres buena haciendo guardia!. Que tan difícil podía ser eso. No había alegado.
Pero si hubiera estado Gandalf, seguramente este se enteraría... daba pena. Con el único que lograba alegar era con ese mago que la envió sola, triste y abandonada... ¡Maldición! Ya lo echaba de menos.
Se sobrecogió en su lugar y miro las aguas del rió que habían pasado tan solo hacía unos momentos.
-. Vamos a hacer una fogata...- murmuro Elladan sentándose a su lado.
-. Creo que es bueno. ¿Qué piensas Celiviel?- pregunto Elhorim quien estaba parado. Ambos tenían esas miradas, esas miradas de... chiste.
-. Por mi que ustedes le disfruten- contesto mordaz.
-. Te vas a entumir.
-. Pero voy a descansar- contesto, mientras agarraba su manta y se tapaba completa.
-. ¿Duermes ovilladas?- pregunto Elladan quitándole la manta.
-. La ultima vez que le vi dormir estaba sentada- le siguió el otro.
-. Cuando duermo tranquila duermo ovillada, ¿Bien?- se volvió a tapar nuevamente.
-. ¿Estas enojada?- le pregunto burlonamente Elladan quitándole la manta otra vez. Ella se estaba sulfurando.
-. ¡No!- le gruño quitándole nuevamente su manta.
-. Sí, estas enojada- se la volvió a quitar, pero eso ya fue mucho.
-. ¡Que no lo estoy!
-. Te estas sonrojando, esta enojada.
-. ¡Que no lo estoy!
Antes de que el elfo pudiera moverse, ella se le lanzo encima, le agarro una mano, se la torció sobre su mismo eje, con la otra le agarro un tobillo y la rodilla en el medio de la columna. Haciendo presión este quedo boca abajo incapaz de mover, ya que haciendo el más leve movimiento le dolía todo. Elhorim no pudo aguantar la risa al ver a su hermano incapaz de moverse, mientras la chica hacía más presión. Silfrid y Legolas se acercaron, los otro tres le miraron cerca de los caballos.
-. ¿Qué pasa?- pregunto el mayor de todos allí. Ella no contesto estaba de lo mejor viendo como el elfo utilizaba sus ultimas fuerzas para liberarse. Elhorim aun se reía incapaz de hablar y Elladan no estaba en condiciones.
-. ¡Me rindo!.. aggg... esta bien, me rindo. Lo siento- le soltó mientras les enviaba una mirada cirrosa, tomaba su manta y se iba más allá.
-. ¿Qué sucedió?- volvió a preguntar Legolas
-. ¡Au! Le estaba mosqueado y se enojo. ¡Au!- se volvió a coger sujetándose los brazos- ¡Ou! Creo que me quebró algo.
-. ¡Si te hubiera querido quebrar algo estarías tirado en el piso!- le grito la chica mientras la veían, agacharse y camuflarse entre los ramales.
-. Voy a hablar con ella- musito Legolas.
Como que le había entrado un poco de frió alejándose de allí, pero aunque se muriera de eso no iba a volver con esos...
Se sentó y se arrumo con las mantas, dejando sus armas de lado. Giro un poco la cabeza cuando escucho a Legolas acercarse, este se paro a su lado y sus ojos azules se vieron reflejados en la noche.
-. Te vas a entumir- susurro como si nada.
-. No me importa- contesto.
-. Venga no seas niña. Tú necesitas descansar no estas acostumbrada a este tipo de viajes.
-. ¡Mira!- saltó el elfo le miro extrañado. Ella se crispó aun más, porque tenía que mirarle así, hasta así era extremadamente guapo. Pero bien, como estaba ya crispada ni aunque le pusieran al miss universo enfrente se iba a calmar, estaba que echaba fuego por la boca. Aunque esperaba que eso no fuera a pasar- bien, perfecto necesito descansar pero prefiero que me digan a la cara que no confían en mi para hacer guardia en que me digan algo tan patético como descansar- gruño sulfurada mientras agarraba nuevamente su manta y se alejaba más hacía uno de los ríos, la tierra estaba húmeda y resbalosa, eso le enfurecía más.
¡Al diablo con todos ellos!¡Al diablo con la tierra húmeda!
Vio uno de los riachuelos que ya habían pasado, más allá estaba uno de los ríos más anchos.
-. ¡Celiviel!- venía detrás Legolas. Ella no le contesto. Y se salvó de que era un príncipe buen mozo o si no se hubiera llevado una linda muestra de su dedo mayor. Aunque pensándolo bien, tal vez ni siquiera tuviera un significado aquí.
Dio un saltó sobre el riachuelo y siguió caminando. Se quedo a unos pasos del rió cuando, ahí llegó él, le tomo el brazo y ella se lo quito. Aun así cuando le vio a la cara, no había ese pequeño brillo de tranquilidad.
-. ¿Sabes?- pregunto. Su voz sonó sería, más adulta- tienes razón, no estas capacitada para ser guardia ni para nada más porque te la pasas pensando que no sirves para nada- eso le tomo por sorpresa, pero, como siempre, no iba a permitir que nadie le hablara así, ni siquiera el niño bonito.
-. Perfecto, entonces como no sirvo para nada...
-. No estoy diciendo eso.
-. Pues eso es lo que se entiende, pero sabes, no importa. En realidad, ¿De que he servido? Además de caer lastimada a cada momento. Me han herido más veces de las que fui a lo Alpes a esquiar, y déjame decirte que allí ¡Si que me caí!
-. ¿Dónde?...- hizo un gesto con las manos- No estoy diciendo eso, ¿Ves? Además no te hagas la victima.
-. ¿Victima?- su voz salió increíblemente fina
-. Si, victima. Anteayer salvaste a una familia de ser asada dentro de sus casas. No, pero déjame decirte la verdad no haz servido para nada- ironizo cruelmente. Ella se tragó lo dicho y cambio la mirada, suspiro.
-. Dejadme sola un rato- camino más a la orilla, había un pequeño barranco que llevaba al agua, busco con la mirada un lado por donde bajar
-. No, estas muy lejos de los demás. No te voy a dejar aquí.
-. ¿Siempre eres tan molestoso?- el elfo le miro falsamente ofendido.
-. Debo decir que si.
Cuando se giro para replicarle. Y bien que no se lo había buscado, pero quien en su sano juicio se va a parar casi a medio metro de un pequeño barranco, sip, nadie más que ella. Legolas le miro levantando una mano para agarrarle, pero ella como ya llevaba medio cuerpo fue de lo que sería equilibrio, se fue con él y todo al agua.
El golpe del agua le hizo darse un golpe nada lindo en la nuca contra algo, una roca tal ves, sintió que se partió la cabeza, mas cuando alguien le tomo del cuello y la saco para que no se ahogara. Hubiera deseado diez mil golpes para verlo así. Legolas estaba empapado, el cabello rubio se le pegaba a las sienes y su cara dejaba caer el agua de una manera tannn sexy... Estaba a cuatro patas sobre ella. Sujetándole la cabeza para que no se volviera a hundir. Pero ella ya sentía el corazón por la boca, por ser ella ahogarse sería la forma más hermosa de morir con esa vista. Los ojos azules se entrecerraron un poco y aunque era de noche, lograba ver que estaba sonrojado. Estaba mareada aunque no sabía si era por estar así o por la presión desagradable en su nuca. Pero cuando levanto un poco el rostro y este bajo el suyo. No le importo ni un mínimo carajo si estaba llena de saetas.
El beso fue dulce, suave y hasta casi inocente. Ella levanto un poco más la cabeza, pero sintió LA puntada en la nuca que le hizo arrancar un gemido, Legolas se retiro pero sus ojos se enancharon rápidamente en el momento en que levantaba la mano y le tocaba aquella parte que ella ya le hacía más dolorosa. Era... era.. ¿sangre?. Se quiso mover pero él no le dejó.
-. Calmada, no te muevas- se salió de encima de ella y tomándole con cuidado la elevo para hacerle dar un saltó en el lugar. Cruzando el riachuelo venía Elladan con Elhorim capacito le iba a husmear, pero cuando le vieron cargándole la sonrisas se le esfumaron.
-. ¿Qué ocurrió?
-. Nos caímos en la ribera, se golpe la cabeza esta sangrando.
-. ¡Maldición!- saltó Elhorim y rápidamente se dirigió a donde había comenzado a crecer una fogata.
-. Estoy bien- susurro. Mientras veía moverse todo algo mal. ¡O! Diablos.. su vista.
-. Duerme- lo ultimo que vio fue los zafiros preocupados de él.
Se movían. O por lo menos se sentía mejor, ya no le dolía la cabeza como antes. La tenían abrazada, y estaba en un caballo, sí, eso era un caballo. Abrió los ojos, pero todo fue oscuro, borroso... veía colores, figuras borrosas, objetos poco nítidos, pero no era por sentirse mal, su mirada, su vista se había echado a perder o algo así.
-. Alto- la voz fue de Legolas. Los caballos se detuvieron.
Ella se crispo. Pero se resbalo de las manos de este y cayo al suelo. ¡O! diablos, no podía diferenciar nada, absolutamente nada... vio una figura de ropa castaña y cabellos rubios acercarse a ella, mientras miraba de un lado a otro intentando volver su vista a ella. Volver a observar bien, como siempre.
-. No te muevas tanto- le detuvo Legolas. Ella cerró los ojos intentando tranquilizarse por ella misma, tal vez solo necesitaba descansar, calmarse...- ven sube al caballo, no puedes viajar por ti sola, acabas de despertar.
-. Esta bien- susurro y mentalmente gritaba. ¡Sentidos a mi! Abrió los ojos, las imágenes aun eran más borrosas, pero vio que Legolas le tendía una mano o lo que sería una mano, ella lentamente le tomo en el momento en que nuevamente estaba sentada de lado delante de él. Comenzando una cabalgata más rápida.
Veía verdes de diversos tonos, cafés y marrones, figuras completamente borrosas, el día estaba nublado, en cualquier momentos llovería. Cerró los ojos nuevamente, tratando de calmarse, se había pegado en lóbulo occipital de la cabeza dañando al parecer su visión. ¡Maldición!. Pensó. Unos brazos le rodearon un poco más en el momento en que dejó de pensar en ella y recordó que estaba siendo confortada por los brazos del joven. Sonrió y se electrizo cuando sintió la voz suave, dulce, levantándose levemente sobre los azotes del viento en ella.
-. Estamos cerca de Fangorn, llegaremos al anochecer al Nimrobel, mañana en la tarde llegaremos a las limes de Lothoriel.
Ella asintió y se refugió más en los brazos de él quien le aceptó cariñosamente. Escuchaba las exclamaciones de los elfos, parecían tristes y hablaban entre prosas, había dolor en sus palabras al dirigirse por Fangorn, pero aliviados al parecer porque el bosque les conocía y recibía con vientos suaves y movimientos acompasados. Ella solo escuchaba, aun no era capaz de ver bien a su alrededor, las manchas era lo único que definía.
Estaba sentada, el fuego crepitaba frente a ella, estaban cerca del bosque de Fangor y el río Nimrodel, los elfos no podían estar más contentos.
Pestañeaba a cada momento en busca de la mejor forma de enfocar su horrible vista. Nadie había dicho nada sobre ello, ¿o es que no se habían percatado? Bueno, en realidad ella no iba a ser quien se los diría. Definió su manta y se tapó con ella para descansar o ¿Meditar?... en realidad se había dado por saltado el tema... ese tema.
Sonrió bajo las mantas. Se habían besado, aunque ella con un golpe en la cabeza, pero se habían besado. Y había sido tan... no sabía... ¡Un momento! ¡¿Qué?! ¿Ella?.. jajaja, nunca había sido tan sentimentaloide, ¿Qué le sucedía?, el golpe, sí, completamente el golpe le había dejado mal. A los momentos después, llegaron los demás elfos. Las damas, Kenet y los gemelos tomaron posición a los lados de la fogata casi ya extinta. Hablando, contándose leyendas sobre la hermosa Nimrodel cada uno ponía su voz, su risas suaves, sus comentarios.
Sin querer sintió una punzada de celos, como le hubiera gustado tener amigos así, personas con quien compartir, personas con quien reír. El sueño comenzó a inundarle por completo, dejándose embelesar por los cantos suaves de los jóvenes.
Despertó de un salto, pero no por una pesadilla si porque había escuchado un fuerte golpe cerca de ella, y no fue la única. Más allá, los demás que habían estado recostados o durmiendo, quien sabe, se pusieron rápidamente en pie, tomando sus armas. Ella busco sus armas, pero estas no estaban, el mundo se movía a sus pies, maldita vista. ¡¿Dónde estaban sus armas?!
-. ¡Celiviel!- salto una voz que reconoció inmediatamente como la del elfo rubio.
-. ¿Dónde están mis cosas?- pregunto.
-. Tranquila- susurro Legolas su voz se torno suave.
-. ¿Qué fue ese golpe?
-. El bosque de Fangorn nos reconoció al pasar ayer, mira- el chico se giro en el momento en que ella casi se cae al suelo del susto.
Un árbol, una enorme árbol estaba allí, un poco más alejada de ella. Pero los elfos ya hablaban con el. Ella veía una mancha, una enorme mancha café con copa verde y algunas flores, bueno eso parecía.
-. Es uno de los pocos pastores que quedan. Un Ent, amigo de Barbol
-. ¡Ho! Hermosa raza tan brillante ha sido su presencia cerca de nosotros. ¿Por qué no nos habéis visitado?
-. Vamos de viaje, sabio Treeri.- le dijo Elladan- encantados nos quedaríamos a visitarle en su hermosos y legendario hogar, pero es firme nuestro viaje.
-. El viento nos ha contado que nueva guerra se prolonga en el Este, cerca del hermoso mar de Rhun donde pueden estar las ultimas Ent mujeres, que pena, realmente que nuestras compañeras estén allá.
-. Tristeza si es pues, malas noticias. Pero esperanza aun hay...
-. Jo, jo, jo... el mago blanco nos contó la ultima vez que le dama del fuego eterno descansaba en un sueño largo. ¿Es aquella joven de allí?¿La que no se ha presentado aun?
Ella se crispo, si apenas le veía. Además sintió miedo, el arb... Ent, no parecía muy gustoso con la noticia de su llegada por allí.
Legolas hizo un gesto para que se acercara. Aunque sus ojos se perdieron unos segundos pudo llegar a aun distancia prudente
-. Desorientación hay en su alma, no esta conforme con su futuro, peligroso como el fuego, testarudo como el humo, fuerte como las cenizas ardientes que no se apagan con nada. El bosque no esta muy contesto con su despertar, el bosque debe temer del fuego, porque el fuego nos roba la vida, nos humilla y nos desprotege, aunque sin la llama y el calor de ello no podemos vivir ni crecer, nosotros seremos completamente imparciales, joven dama. Sabemos que su futuro no es concreto, esperemos que sepa elegirlo con bien.
-. Como quiera- susurro. A ella tan poco le cayo bien. "¡Perfecto, ahora tengo a los árboles en mi contra, ¿quién lo diría no?". Se giro de lo mas mal educada y fue donde había despertado.
-. Oscuro es su corazón- alcanzo a escuchar de parte del árbol. No te alteres, no lo hagas, sigue caminando... se sentó cerca de los caballos y cerró los ojos.
El maldito árbol le hizo recordar su hogar sin querer, ¡Obvio que no estaba conforme con su futuro! ¿Cómo no lo iba a estar? De ser una estudiante a una guerrera. En que momento su vida llegó a esto...
Escucho como los elfos volvían donde ella. La mano de Legolas llegó a su hombro pero ella se levanto antes de que este hablara, a fue por su caballo que les había seguido, le tomo las riendas y busco la planta que le había dado Kenet, ahora, lo único que quería era estar sola. Le hizo un mimo al caballo mientras iba hasta su oído, "Síguelos por favor", susurro muy bajo, demasiado para que los otros le escucharan. Se alegró al ver como el caballo relinchaba entendiéndole y comiendo las plantas. "Gracias", le acarició la crin. Se subió al caballo con algo de dificultad a lo que los otros hacían lo mismo. Silfrid partió en el momento en que su caballo hacía lo mismo.
No veía más que manchas de diversos colores, sentía de vez en cuando las miradas en su nuca y ella se inclinaba más en ella. Como quería estar sola. Estaba comenzando a sentirse realmente mal.
Cuando Elladan llegó a su lado y le pregunto si quería descansar, ella con un rotundo No, le negó. Su voz sonó seca, hasta cierto punto peligrosa, ella solo quería llegar donde la dama del bosque. Terminar de una vez por todas una parte del viaje.
El atardecer ya estaba en punta, cuando había llegado al bosque, sus caballos habían desacelerado el paso, y los elfos iban con sus miradas clavadas en los árboles, pendientes de cada ruido y cada movimiento.
Desde que habían llegado, desde que ella había sentido ese poder emanar del bosque, se estaba comenzando a sentir mucho peor. La cabeza le iba a explotar, solo los murmullos de los jóvenes se le hacían estresantes. Un rama resquebrajarse hizo que todos se detuvieran. De un momento a otro estaban rodeado de seres, elfos.
-. Los esperábamos- susurro uno de ellos, mientras tomaba las correas de su caballo. Ella vio como Silfrid se bajaba, cuando lo iba a hacer. "Acércate" la voz era dulce melodiosa. La embeleso en el momento en que su vaga mirada iba hacía un lado. Vio una suave luz moverse por los árboles.- la dama los espera.
-. "Ven"- otra vez. Se bajo rápidamente del caballo.
Sintió una desesperación horrible. ¿Por qué?, ¿Qué le ocurría?. "Estas confundida, ven acércate". Sus ojos lagrimearon, sin saber realmente porque, sus sentidos se enfocaron en ella misma, en la desolación que estaba apañándose fervientemente en ella, las ganas de huir, el increpante dolor de no saber quien era o que era, a pesa de que le hubieran explicado todo. Tan solo no podía aceptarlo así.
-. ¿Celiviel?- pregunto Legolas.
"No temas a la luz pequeña, teme a lo que a la falta de esta puede suceder". Se movió hacía un lado y de un momento a otro la vio, en un claro el ser más hermoso que en su vida hubiera tenido el privilegio de ver. Se fue deteniendo de su repentino escape con el correr de los guardia más atrás percatándose de lo que ella ahora veía. Se fue acercando con paso lento.
Sintió su corazón pesado, como si toda la carga ahora se viera mucho más desagradable que antes, el dolor, la desolación de ser la única como ella, el miedo, el horror de no tener idea a lo que se encontraba, de que debía hacer, que era lo que los demás esperaban de su llegada. A pasos de la mujer sintió un golpe de terror hacía su esencia, sus ojos clavado como dos saetas culpándole, viéndole con una superioridad que le darían ganas de suicidarse. Dio un paso hacía atrás horrorizada por su mirada se quiso proteger en el momento en unas llamas inestables salieron de la nada, estas se volcaron contra la dama del bosque mientras enviaba un gemido lastimero por no saber que había hecho. Pero eso no fue lo que le causo otro gemido, esta vez de dolor, volvió en si en el momento en que se percato que su asquerosa vista volvía a la realidad de no ver nada, lo otro había sido una ilusión. No había fuego, no había odio, pero el dolor se lo estaba causando ella, la dama del bosque tenia su mano en su tatuaje emanando un poder que a ella le entraba como si estuviera comiendo algo muy caliente. Sus piernas flaquearon en el momento en que ella le sujeto sin soltar su costado. "Se fuerte..."
