Capitulo 12
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Había aprendido, realmente, ¿Para qué quejarse si lo único que lograba era ser torturada por esa vieja loca?¿Para que darle el gusto?... aaa... sí, por eso, ella... ella era Celiviel Felagud, ¿Quién la entendía?, Hasta ahora, solo UN personaje, pero muchas veces insistía en que la entendía pero no le comprendía. En fin... si, y allí estaba de nuevo, colgando del árbol que ya era su amigo y hasta le había puesto nombre, se llamaba Sucama.
Los brazos hacía un lado amarrados a las esquinas, otras amarras bajo sus sobacos y para no echarse a peder la espalda una vara de madera que le cruzaba toda la espina dorsal para no doblarse sobre ella. ¿Crucificada? Sí, algo así. ¿Dónde estaba? En el lugar perdido del Bosque Negro o sea, no tenia idea. ¿Con quien? Con la vieja loca, y las gemelas perve y tida, en realidad se llamaban Cäli y Morwën, pero ella por lo que se había enterado, se llamaban las gemelas pervertidas que cuando tenían la oportunidad estaban tiradas en el suelo en un ataque de manos, piernas y llaves, sí tan poco eran nada suavecitas entre las tres.
Si Elladan y Elhorim buscaban el momento para molestarle, estas no descansaban ni para comer. Y claro como no, Itanar, ya luego explicaría quien era él y que influía en su vida. Y la gran pregunta ¿Hace cuanto? Perdió la cuenta luego de caer varias semanas en estado de "coma", por decirlo poco, pero las gemelas le recordaban los cumpleaños, la llegada de la primavera y el invierno, por lo que sacando cuentas así rápidas más o menos unos años humanos.
Sucama, bien, no podía mentir que se había acostumbrado tanto a dormir colgada que ya se le había olvidado el sabor del dulce colchón, solo se quejaba para sacar de quicio a la vieja loca y si no han captado aun quien es, es Ossë, su vieja-loca-maestra-sádica, vestía de gris y era quien hace un par de años atrás la tiro por el barranco para aparecer en esa parte del bosque que nadie conocía porque estaba protegida por el poder de esta misma.
Hoy para ser el día más interesante, era uno de los últimos días del invierno, por lo cual ¿A que no adivinan? Estaba lloviendo a cantaros mientras ella sirve de paraguas a las dos monitos que le tiran pedazos de rama y lodo, esas mutaciones era las gemelas que ya le iban a molestar antes de dormir.
No tenía frió, hace ya mucho que naturalmente no sentía frió, cuando entrenaba y Ossë le atacaba sentía esos hechizos calarle el alma, era la dama del fuego, el frió en hechizos era lo más horrible que podía sentir. Cälí se transformo en humana, su cabello era blanco, ni siquiera plateado, blanco brillante, facciones elfas pero su mirada era todo menos inocente, aun así era mucho menos que su hermana, quien le siguió, esta tenía el cabello negro, muy, muy oscuro y su mirada daba miedo. Tenia ese brillo, ese brillo de travesuras y maldad intensa.
-. ¡Atacan a una indefensa! ¿En realidad son el bien y el mal?
-. No, tu fuiste la que nos puso ying-yaga o algo así, te insistimos somos el blanco y el negro, en ningún sentido bien y mal.
-. Si ya me di cuenta, como quieran, tú vive con eso y serás feliz- recibió como respuesta un ramazo en todo el ojo.
-. ¡Já! Diez puntos- saltó Morwën.
-. ¡¿De que cara me hallaron?- grito moviéndose en Sucama.
-. De tiro al blanco- contesto Morwen tomando una piedrita.
-. ¡Aleja eso de mi!- le grito mientras mueve un pie y una ráfaga de aire caliente que las hace saltar hacía atrás. Ambas enojadas toman unos pedazos de lodo. Ella levanto sus pies para lanzarles todo el aire caliente que pueda ya que no puede moverse mucho mas o si no se arrepentirán. Se escucha un risa joven, y ella sonríe al verlo en frente sentado en la rama comiendo un pedazo de manzana como cena.
-. ¡Aiya!- saluda sonriente.
-. Aiya- le contesta dejando sus jueguitos para otro momento.
Itanar, era un jovencito de doce años casi trece, posee el cabello corto rubio más o menos oscuro por ser de noche, ella le había permitido hacerse dos orificios en la oreja derecha donde tenía una cadenita con una hoja. Sus ojos son verdes esmeraldas y viste con su túnica de cazador. En su espalda anda con su propio arco Ayarax, que ella le había pasado para que practicara, eso si, sin sus flechas, ya que estas las utilizaba ella por su poca combustión, por lo que él debe crearse las suyas. Su sonrisa, es la que le anima día a día. Si no han adivinado aun han pasado 12 años humanos, hace trece años que cayo por el barranco, hacía 12 años con un par de meses ese niño había nacido de ella, y si esa sonrisa que se le pega a veces a su hijo no era la de su padre, realmente no sabía de quien era. Salta a su rama como si viviera en los árboles, bueno en realidad casi se los pasa en estos, y ligero como un elfo pero con su humor y sus explosiones de sarcasmo, se puso de rodilla y sujetándose de las manos se dejo caer colgando a su lado le dio un beso en la mejilla.
-. Alassea i loome (Buenas Noches)- le dijo dejándose caer, y cayendo al suelo frente a las gemelas.
-. Lissë oloori (Dulces sueños)- contesto sonriendo. Las gemelas posesivamente le pusieron una mano en los hombros y lo apretaron. Mientras le sacaban la lengua y se iban por el pequeño camino hacía la casa de Ossë. Itanar se giro y le sonrió más que nunca.
Muchas veces desde que había nacido Itanar, se escapaba a la frontera más lejana y lloraba, hace trece años que ya no veía a nadie de sus conocidos, ni a Gandalf, ni a los gemelos, ni siquiera a Legolas y le dolía. Los echaba de menos más de lo que realmente le alegaba a Ossë.
Había sido cruel y aun así no se arrepentía de lo que había hecho, para Itanar su padre estaba muerto hacía mucho, había muerto en la Guerra del Anillo. Ella había sufrido mucho por esto, encontraba inhumano decirle algo así a un hijo sabiendo que su padre ni siquiera esta al otro lado del mundo si no a un par de días a caballo. Pero era cierto, y no podía dañar a su hijo. Itanar había nacido con el sello del fuego en su espalda, en el omoplato derecho. Por lo cual, cuando ella ya no deseara ocupar su poder se lo entregaría y el sería el amo del Fuego Eterno. Ethanin la deseaba a ella porque gobernaba el fuego, él quería su poder y hacer el hecho de que tenía un heredero de esto lo podría en peligro de muerte.
Itanar sabía esto y sabía que si alguna vez alguien le preguntaba sobre sus padres, ella tan solo NO lo era. Ella era su maestra, y sus padres habían muerto, era su protegido y no su madre. Se lo inculcaron de pequeño, por que su vida dependía de ello.
Las gemelas le enseñaron a cazar, ella le enseño defensa personal, arco y espada, y junto con ella aprendió los pasos fáciles de la dominación del fuego. Era un guerrero nato, como Legolas. Era muy conciente del poder de ella, de la guerra en que estaba vinculada y que podría no sobrevivir, pero eran conversaciones que no duraban más de un minuto y ella agradecía eso.
Cerro los ojos cansada, esperando... otro día de entrenamiento.
Al otro día
Salta, corre que te van a pillar, pensaba mientras salteaba de un árbol a otro.
"CRACK" sonido de quiebre de una rama.
-. ¡Allá!
Escucho la voz de una de las gemelas. Pero no se movió, se quedo pegada al hueco que le daba el tronco. Su respiración se calmo hasta parecer solo la nada. Escucho como la presencia de Morwën se acercaba por su lado. Las otras dos más allá. Cerró los ojos tocando el suelo con la punta de los dedos, los pasos eran lentos, cercanos... muy cercanos. Tres... dos... u...
-. ¡El almuerzo esta listo!- grito Itanar. Casi sufre un paro, se llevó una mano al pecho en el momento en que se caía al suelo sentada. Morwën saco su cabeza para verle y sonreír con burla.
-. ¡A-tra-pa-da!- canturreo y le pegó algo en la frente, mientras Cäli aparecía cerca de allí y junto a su gemelas saltando se fueron a la casa.
Suspiro. Se quito la etiquetita que decía: Atrapada. ¡Perfecto!. Una mano le ayudo a levantarse y le sonrió a Ossë.
La mujer seguía tan seria y fría como siempre. Su vestimenta gris con toques blancos. Alta, delgadísima y esos enormes y hermosos ojos azules que fueron su maestros por esos trece años. Esos ojos que de alguna forma le recordaban al joven príncipe. La mujer le revolvió el cabello mientras le hacía un gesto para que fueran a casa.
-. Tus hijas son unos demonios- susurro. La mujer sonrió mirando como estas bailaban acercándose al joven elfo que las mirabas con una sonrisa resignada.
-. Y tu hijo un santo.¿Por qué no salió a ti?- pregunto sonriendo más aun mientras ella observó a su retoño siendo acosado por las gemelas. La mujer se adelanto.
-. Porque se parece a su padre- susurro más para si. La vieja loca como solía llamarle ella, se giro y le hizo un gesto para que viera como sus demonios acosaban a su retoño.- ¡Suéltenle Pervertidas!...
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El despacho estaba en silencio. Había llegado hace unos minutos la guardia del Este con pocas noticias sobre Rhun. En los desiertos no se veía nada, como si los orkos y uruk hubieran desaparecido. Hacía casi trece años, trece años humanos.
Trece desde que perdió su sonrisa.
Trece desde que un hoyo negro perdió su esperanza.
Trece, desde que la dejo de ver a ella.
El corazón se le sobrecogía siempre que pensaba en ella, siempre que al ver parejas sentía la rabia quemarle dentro, rabia al darse cuenta que había perdido su pedacito de alma por un accidente inútil, un accidente hasta ridículo. Aquella noche tan hermosa en que la hizo solo suya, en que vio en ella todo el amor que quería, lo había perdido, y nadie, ni siquiera hermanos, ni padres sabían como se sentía, un cuerpo sin alma, un recipiente que se podía preocupar de todo un pueblo entero pero menos de él mismo. Un recipiente a punto de quebrarse.
La puerta de su despacho se abrió con cuidado, la hermosa cabellera rubia platinada entro primero que ella.
La mujer a su lado dejo de lado el arco y el carcaj mientras se liberaba la coleta para despejar su hermoso cabello rubio, se quito algunas piezas de la armadura y se estiro cuanto podía. Legiodith, sus hermosos ojos verdes trasparentes como los de su padre, el cabello semi ondulado de un rubio más plateado que dorado y su figura ataviada de ropas de guardia en vez de las típicas vestimentas de dama. Él la miro observando la belleza de su madre en la de su hermana mayor. Esta sonrió cuando le pilló mirándole. Él era el único que en la familia había obtenido los ojos de su madre.
-. ¿Estas bien?- pregunto a su hermana con una sonrisa más cordial que de verdadera felicidad. Amaba a su hermana, pero ya le costaba mucho dar a conocer ese sentimiento.
-. Decente, cansada, pero bien- sonrió. Su hermana era una de las mejores comandantes del reino. En ella recaía el poder de la guardia y los ejércitos, ya que hacía mucho había dejado el poder del pueblo en él ya que no podía con eso, pero si para la guerra.
-. ¿Qué sucede Leggy?- pregunto al verle taciturno. Sabiendo como le molestara que utilizara ese sobrenombre.
-. Nada- contesto con una leve sonrisa. No vio la mueca que producía la joven cuando le contesto. Ya estaba cansado que le reclamaran por no verle ni escucharle reír desde que llegó de la guerra.
Legolas Thraudillon. Hijo del Rey Thraudin y próximo a la corona del reino. Sus ojos azul cielo habían perdido el brillo de años pasados, el brillo de la esperanza, de la fe, del cariño más allá que el del aprecio familiar, el de su más querido amor. Se tiro el cabello hacía atrás, cuando esta se poso por atrás y comenzó a tejer sus hilos de oro en esas trencitas tan populares que había llevado consigo en la marcha hacía la Guerra del Anillo.
Aceptó complacido el relajamiento que eso le provocaba, cerró los ojos mientras Legiodith pegaba su barbilla a su nuca y lo abrazaba. Su hermanos habían sido su pilar, lo que lo mantenía a flote luego de... de aquello...
-. Papá esta preocupado- susurro de pronto. Cerró los ojos esta vez a la fuerza Otra vez no, por favor.
-. Ya hemos hablado de eso, acabas de llegar, debería descansar- contesto. Sus manos se tensaron en el segundo.
-. Pero...
-. No voy a buscar ni pareja, ni esposa, ni dama de compañía como quieras decirlo. Dejemos el tema.
-. No.
-. ¿No que?
-. No vamos a dejar el tema, ¡Hace trece años que llegaste de la guerra Legolas, y sigues tan apagado como siempre!
-. No es como si no estuviéramos que enfrentarnos con otra cosa.
-. En trece años no ha pasado nada, no hemos visto nada, ni dragones ni masas de orcos.
-. Pues claro, no, nos van a dejar ver un ejercito si esperan para vernos vulnerables- Cambia de tema, Cambia de tema...
-. ¿Por qué no buscas a alguien?- ¡Diablos!.- hay muchas elfas que desearían que las miraras solo por mirarles. ¿Por qué no haces un intento?- de pronto recordó lo que había pensado. Ella siempre llamaba a ese ser cuando estaba enojada, Diablos... se le había quedado tan grabado- ¿Me estas escuchando?- pregunto molesta.
-. Si.
-. ¿Por qué no haces el intento?... solo... solo hazlo, por nosotros. Nos duele verte así, le duele a Belian, ¿Recuerdas como te esperaba? ¡Te tenia a poco menos que en un altar, Legolas! No le quites a nuestro hermano el verte sonreír otra vez...
Bajo la cabeza adolorido por sus palabras. ¿Cómo podía decirle eso?, ¿No sabía ella como dolía haber perdido alguien que amaba, que quería tanto? ¡Perdió a su mejor amigo en una redada con orkos y tenía la posibilidad de verlo en Mandos!, pero él, él perdió a ... a... a ella... a la persona que amab... que quería tanto... Que amaba y que no la vería en tanto tiempo más.
Se levanto en silencio. No dijo nada y se marcho. Necesitaba tiempo para pensar, para relajarse. Debía ir allí, allí donde podía descansar su mente y revivir una y otra vez cuando la perdió...
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Una casa, una bonita casa que no estaba tallada ni hecha en el árbol, si no un árbol con forma de casa, con piezas diferentes para todos los habitantes, excepto para ella claro. La ultima vez casi se quedan sin árbol por la pesadilla que expandió una ola de fuego por las habitaciones, gracias a Merlín, las de las gemelas estaba cerrada, y Itanar reacciono antes de que eso sucediera. Es una de las cosas por lo que dormía en Sucama para la seguridad de todos.
Itanar había tomado el papel de cocinero desde que se percataron que ella NO sabía cocinar- la ultima vez casi intoxica a los habitantes de la casa, Itanar ocupo el mejunje pestilente para alejar una manada de lobos de las fronteras, ya verán que por el hecho de no quejarse de lobos, ello funciono-, que las gemelas dejaban hecho un asco la cocina para solo hacer unas lembas y que Ossë con sus malos pretextos de que ella no hacía daño a la naturaleza, cosa poco creíble porque cocinaba, igual o peor que ella. Como siempre la mesa estaba preparada, lembas, frutas mezclada con miel que el árbol-casa les daba, un caldo y una variedad de verduras, pero la cara tristona de éste era por algo.
-. Tengo que ir de caza- susurro sentando a su lado. Ella le miro feo abrió la boca- antes que refutes, mamá. ¿Vez carne?- negó para su mala suerte.
-. Sabes que es peligroso- contesto tomando una lemba calientita.
-. No es peligroso, es que tú le encuentras peligro hasta a una ramita- las demás asintieron en silencio.
-. Una ramita puede ser un arma mortal si sabes como ocuparle- su hijo rodó los ojos- ¿No puedes esperar hasta mañana? Vamos los dos- otra vez rodó los ojos.
-. Tengo trece años...
-. Doce.
-. Voy a cumplir trece, y ya se cazar y me se cuidar bien. La ultima vez que fuiste conmigo te aburriste de lo lindo.
-. Men...
-. Es la verdad- se cruzo de brazos como retándole a que le negara ello.
-. Es cierto...
-. ¿Viste?, vamos... ¿No confías en mi?- ojitos de borrego.
-. No saldrás de la frontera y te llevaras a Luna- la sonrisa esplendorosa de este se alumbro con una grata felicidad.- llegaras antes del crepúsculo eso si- él asintió otra vez emocionado.
-. Hantale mamil
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Arreo suavemente a su joven caballo. Era medio día, el viaje sería grato para él si no se encontraba con alguna plaga. Los suaves movimientos en los árboles daba señal que los guardias estaban observándole como ya se las hacía costumbre dejarle solo cuando lo veían sin compañía.
Llevaba su carcaj lleno de flechas y el arco en la espalda. Eran las armas más útiles dentro de un bosque con arañas y seres oscuros gigantes. Era la única manera de matarlo antes de ser embestido por alguno de ellos. Se bajo del caballo en el momento en que Vane salió de entre unos árboles. Solo realizo una pequeña venia que significaba que no le molestaran y que no deseaba a nadie cerca. El elfo asintió mientras volvía a desaparecer.
Espero que se tomo con coherencia que hacer cosillas en los bosques NO es bueno para una dama, al menos No si no se tiene los materiales para no quedar, en cinta, preñada, embarazada, como quieran decirle.
RinoaLH: jajaja lamento la tardanza de nuevo me dio la escapada de la musa, espero que no haya sido una sorpresa con Itanar. Jajaja, en fin espero que sea del agrado de todos. Un saludote! Cuidate mucho y nos leemos por allí o por allá.
Lastblade: Si, lo se. Me demore siglos, pero que ando saltando de historia en historia que me cuesta centrame en una. Espero que te haya gustado el capi!
Derra: Gracias, Primer Lemmon o hentai? O como se llame, jajaja, me alegro que te gustara. Y final triston para poder hacer bien el fic!
Beatriixe: Gracias por el comentarios, mil siglos sin subir, lo lamento!.
Angefonce15: si las musas llegaron menos jajajaj. Bueno espero que te gstara el capi. Mucho que hacer poco que realizar!. Un besote y cuidate!
Namarië a todas y/o todos jajaja.
