Capitulo 13

Podía gritar, lo sabía ya lo había hecho, podía suplicar ya lo había hecho pero lo que no podía hacer era detenerse. Corría con quince kilos en cima. Un leve peto y un short de escamas de no se sabe que, mientras esquivaba desesperada una altas y peligrosas espinas enormes de hielo que brotaban por la tierra con toda la intención de herirle. Ossë- ahora ya saben por lo de sádica- estaba a varios metros más allá, alzando las manos para sacar esa enormes espinas de la nada, con toda la intención de dañarle, ya lo habían hecho, su cuerpo no parecía un mapa solo porque le dio la de la masoca por cortarse. La herida más frecuenta era...

-. ¡Agh!- grito cayendo hacía un lado. Esa. El fuego se extendió rápido mientras detenía la hemorragia de una de las agujas rasgarle uno de tobillos. Se quedo allí unos segundos, cuando sintió que si no se movía su estomago iba a sufrir una perforación. Se giro sobre si, se puso en pie de una manera bastante poco cómoda y se lanzó hacía arriba con una ráfaga de fuego que fundió el hielo próximo a dejarle una linda perforación.

-. ¡Sigue corriendo!- grito la mujer. Alzo una mano en el momento en que un rayo casi le pega. Se volvió a retorcer, algo coja por el resentimiento del tobillo pero su cuerpo se había acostumbrado tanto a las heridas y a curarles de manera rápida que el dolor no duraría más de un minutos. Aun así al terminar algo resentida tendría que vendarse.

-. Vieja...- unas cuantas palabras que bien en este mundo no son frecuentadas más que por ella.

Esta sonreía mientras dio un paso, paso la mano por arriba de la cabeza creando un látigo larguísimo, que si ella por casualidad no hubiera visto en el reflejo de una de las agujas hubiera impactado en toda su espalda. Se giro sobre si, su pie derecho creo una semicircunferencia perfecta delante de ella donde antes de que el látigo de hielo impactara una pared de fuego se extendió tres metros hacía arriba evaporándole.

-. Bien- sonrió.

Cuando se iba a girar muy orgullosa de si misma, una pared de hielo le salió de frente. Reboto con el cuerpo antes que con la cara por lo que media ahogada y con la risa sofocada de la mujer se enojo bastante. Alzo una mano hacía ella, y dos llamitas pequeñas quedaron flotando en el aire. La sonrisa de autosuficiencia que le inundo no se comparo con la enojada con ella, en el momento en que con un zumbido ensordecedor.

-. ¡Boom!- sonrió para sí, cuando en dos remolinos convertidos en uno 20 metros alrededor no quedo absolutamente nada más que la tierra vaporosa. La mujer se protegió debidamente con un iglú de magia, y ella, obviamente no le paso nada.

-. Chistosa- susurro y bajo las manos mientras las pesas desaparecían de muñecas y tobillos. Más liviana y feliz se acercó a la mujer.

-. ¿Qué no te gusto?- pregunto inocente mientras sin elegancia ni etiqueta se sentó en el suelo para revisarse el tobillo- ¿Te parece lindo verme hecha un mapa?- pregunto observando la herida hinchada, pero sana por dentro. En realidad si parecía un mapa, tenia tantas cicatrices que ya se estaban uniendo, pronto iba a colocarle nombres de carreteras, de seguro que Ita se entretendría.

-. ¿A quien quieres llamar a atención? Por aquí no veo a nadie quien mostrarle tú cuerpo.

Sin querer aquello le hizo un nudo en el estomago. Pero se rió con sarcasmo para que ello no se notara.

-. ¿A que hora iba a volver Ita?- pregunto la mujer viendo hacía el horizonte donde el sol se acercaba a los árboles lejanos.

-. Antes del crepúsculo, debe por venir.

Susurro más apesadumbrada que nunca. Nunca le gusto que Itanar fuera solo a cazar, no es que fuera mal cazador ni nada. Solo... le daba miedo que le desobedeciera y saliera de las fronteras. Ossë notaba quien entraba y salía de estas por lo que le avisaría si este osaba solo poner una mano fuera de la barrera porque ella lo amarraría a la casa hasta que tuviera ochenta.

-. Me voy a dar un baño.

-. Vuelve temprano, ayer llegó una encomienda.

-. ¿Y eso?- pregunto curiosa.. solo un poco.

-. Un regalito de mi parte.

Le miro con desconfianza, la ultima vez que había "recibido un regalito" le habían presentado Sucama. Se marcho sin decir más. El pequeño estanque donde con un poco de su poder lo convertiría en unas termas. Además estaba del mejor animo del mundo porque las gemelas tuvieron que salir de las fronteras para vigilar los bosques, como bien decían ella eso era y había sido siempre su trabajo, vigilar y cuidar el bosque.

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Se quedo en silencio. Respiro hondo y apunto. El silbido fue certero y mortal. El pobre conejito cayo en sus redes. Podía lanzar rápido y sin ningún problema de fallar, lo que temía era causarle una muerte dolorosa a aquel pequeño ser, eso no lo soportaría. Su madre le había enseñado donde apuntar para no causar dolor, una muerte certera nada más.

Bajo del árbol de un saltó, en la espalda llevaba el carcaj y mientras dejaba a Ayarax de lado resguardo al animalito en una cartera donde ya le haría compañía a cinco más. Todos machos. Se levanto limpiando la flecha con un pañito en el momento en que buscaba el sol. Su madre se pondría histérica si solo se demoraba un minuto más después del crepúsculo. Cinco conejos servirían para una semana, después de todos los más carnívoros era él y su madre. Levanto el arco y guardo la flecha con un movimiento elegante de la mano.

Sonrió otra vez, su madre siempre se le quedaba mirando embobada cuando hacía uno de esos movimientos, de seguro le recordaba a su padre. Su rostro se cubrió de una leve sombra al recordarle o por lo menos la esencia de la palabra.

Se giro sobre los talones para llamar a Lunaoscura, cuando los vio. El par de perdices más hermosas que había visto. No se movió, si las capturaba iban a hacer el plato de fondo de aquella noche. Relajo su respiración en menos de cinco segundos estaba sobre un árbol con una flecha quemándole los dedos, la otra la tenía preparada dos movimientos rápidos y letales... nada más. Se cargó un poco más cerró un ojo y un silbido. Mato a una, la otra iba a volar cuando en pleno vuelo una flecha se lo prohibió. Más orgulloso que nunca saltó del árbol se acercó corriendo cuando una raya en el piso algo medio cubierto le hizo pegar un saltó hacía atrás. La Frontera. Eru... ¿Por qué ahora?.

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Dejo que el aire moviera sus cabellos sueltos. Estaba sentado en el risco, con las piernas colgando en aquel abismo, el fondo que el desesperado reviso más de quince veces, esperanzado, levemente esperanzado de encontrar el cuerpo de ella. Vivo.. siempre con la esperanza de encontrarlo vivo. Pero en ese tiempo habían piscinas o ojos de mar, ahora secos, largos túneles marinos llenos de agua de corriente agresiva que se robaron el cuerpo de ella. Esos túneles estaban secos ahora, como si trece años atrás jamás se la hubieran llevado.

Cerro los ojos recordando ese tiempo, esos recuerdos dolorosos. Giro el rostro hacía varios metros más abajo y lejos, allí donde en la noche... sonrió, donde la vio más hermosa que nunca. Donde se había callado y solo dejaba que su cuerpo hablara, cuando le miraba media disgustada. Volvió a sonreír. El sol se ocultaba en lo lejano.

Siempre se veía tan hermosos el atardecer en ese maldito risco. Observó distraído hasta que un ruidito llamo la atención, un ruidito que bien conocía como temía. Vio movimiento hacía el suroeste. Dos enormes águilas sobrevolaban el sector, en ese momento vio como más rápido que nunca se giraron en picada hacía allá, pudo haber sido efecto del sol o de sus ojos pero juro ver un esplendor antes del ruido. Corrió, veloz y ágil hacía allí, donde las arañas atacaban o asechaban algo o alguien.

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Si lo explicaba, con lujo de detalles realmente no creía que se enojara mucho, o sea, ¡Ella tan bien amaba las perdices asadas! Retorció una pluma entra las manos. De seguro que sale su otro yo y lo deja castigado de por vida y capacito que hasta lo deje sin cabello. Pero...

-. Aig...- suspiro. La flecha se rompió. Ir, recogerlas y volver y de seguro que si volvía antes de que Ossë se lo digiera a su madre, podían quedar en un silencio amistoso.

Pero hubo algo, algo que podía más que con toda la furia de su madre, y era que... uno de ellos había quedado medio vivo. La flecha en sus manos se volvió ceniza.

-. Lo siento mamá.

Dio un paso, el gran paso. Hubo una descarga que paso por todo su cuerpo y resentido quedo cuando observó que la barrera había brillado. Pero lo que más le perturbo fue el paisaje. Oscuro, tétrico, tan apagado como una noche sin estrellas. Jamás había visto aquello, al otro lado del bosque siempre estaba luminoso. Pero esos árboles parecía tan... malvados. Despejándose de su ahora pesadilla. Corrió hacía las perdices y sucumbió con la vida de que había quedado viva pidiéndole perdón por ello en silencio.

No podía haber algo más horrible y más desastroso que eso le sucediera a él, en ese momento. Susurro en silencio palabras que bien su madre a veces cuando entrenaba se le salían. Levanto una mano con cuidado mientras sentía el peso y el crujido de uno de los árboles. Lanzó la flecha en el momento en que se ahogaba con su propio grito. La cosa más horrible que en su joven vida había visto.

Siempre desde que recordaba su madre le había dicho que seres horribles habían fuera de las fronteras. Pero jamás algo tan espeluznante como ello. Nunca antes se había enfrentando a una araña que le triplicaba en porte y en masa. Solo sintió el golpe, una pata peluda y gruesa le pego en un costado mientras se quitaba de una de sus patas la flecha. Rodó por el árbol completamente paralizado de miedo. Las flechas se esparcieron por el suelo. Observó con el corazón a mil y pálido como si solo las tenazas acercarse a su cuerpo. Cerró los ojos asustado, con el pánico de sentir la pura muerte.

Un silbido, dos, pero el dolor le hizo gritar de agonía. La araña había caído aplastando uno de sus pies y en el paso rompió la piel de su estomago con las tenazas llenas de veneno. Su madre, su madre le había salvado, ella había llegado. Lagrimas gruesas de alivio y dolor le inundaron. Jamás había tenido tanto miedo como ahora. Una sombra le cubrió pero se ovillo por el dolor.

-. No te muevas.

Sufrió una descarga de pánico nuevamente. Dos silbidos más y un fuerte golpe más allá. Abrió los ojos mareados mientras sentía el escozor en su estomago, todo daba vueltas. Una araña más grande moría lentamente. Giro el rostro cuanto pudo pero nada más que una capa tapándole, una capa que lo envolvió en su ahora perpetuo frió, su vista se nublo, solo observando el largo y rubio cabello de quien le cargaba.

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Se dejo flotar por unos buenos cinco minutos observando como las primeras estrellas estaban llegando aparecer.

Había sentido una leve comezón en su marca, pero no le hizo caso. Salió del agua mientras estiraba los brazos y con una ráfaga de fuego quedaba completamente seca. Se puso una túnica suave encima y se miro en el agua. El maldito pelo, le tenia tan molesta, se le pegaba a la cara a cada rato y le cortaba la vista al haber viento. Pues ya que por aquí no veía peluquero dispuesto y ella le había cortado el pelo a su hijo con la misma excusa de que era molesto para ver si quería ir de caza. Fue por la espada se lo apretó en una colega y deslizo tan suave como cuchillo caliente en mantequilla. Una mata de largo cabello negro le quedo en una mano mientras lo movía hacía un lado y lo incineraba con el horrible olor de pelo quemado. Se miro en el agua y... le gusto, sí, le despejaba la cara y se sentía más liviana. Se lo desordeno y le quedo mucho mejor.

¡Já, envídienme! Pensó mientras se dirigía a casa para ver que había traído Itanar.

Cuando vio a Lunaoscura esta se movía nerviosa y fue en ese momento en que las gemelas hablaban rápidamente con Ossë fuera de la casa cuando el golpe le hizo marearse.

-. Ita...- susurro. La voz se le quebró cuando algo aturdida se acercó corriendo. La cara asustada de las gemelas no le dio mejor señal.- ¿Qué...?¿Dónde esta mi hijo?- susurro con la voz rasposa.

El vértigo continuo le hizo caer hacía un lado. Morwën le pesco antes de golpearse, le dejaron en el suelo mientras las palabras surrealistas de esta le golpearon, las lagrimas le siguieron.

-. Una araña...- susurró.

-. Esta bien Celi. Él se lo llevó.

-. ¿Él?- pregunto más asustada. Con que el único que ella le llamaba Él era a Etanhin. Miro asustada a Ossë quien negó.

-. El príncipe...

Solo aquella palabra hizo que todo le diera vueltas. Quedo inconsciente antes de poder hacer otra cosa.

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Se sorprendió se sobremanera que cuando entro en la ciudad vio algunos humanos, humanos que si reconoció a uno fue a Faramir quien le sonrió pero cambio su facción en el segundo al ver el bulto entre sus brazos. No se detuvo aun desconcertado cuando vio a Belian, su hermano caminando de un lado a otro con un Aragorn y un Gimli allí, en la puerta esperándole. Pero ni siquiera la vista extraña de sus amigos pudo quitarle el peso de miedo que surcaba su semblante. Sentía como el frió inundaba el cuerpo del joven. Aquel niño que había salvado a duras penas. Inconsciente por el veneno.

Al verlo había jurado que era un niño humano, pues los elfos no suelen usar el cabello corto como el de él, ni menos el arete doble que llevaba en una oreja, pero al ver sus facciones dormidas no pudo más que correr con él para salvarlo, unas fuertes punzadas de horror le invadieron al pensar que llegarían muy tarde. Ni siquiera había entrado al jardín principal cuando...

-. ¡Belian!- su hermano dio un salto. Este no tenía más de 18 años y su cabello amarrado en trenzas giraron con algo de reproche- trae al curandero- éste no se movió, aturdido- ¡Rápido!- gruño. Aragorn y Gimli quienes borraron sus sonrisas de sus caras al ver al chico en brazos se acercaron. Dio un saltó del caballo aun andando. El enano lo detuvo luego siendo ayudado por uno de los elfos. Su hermana apareció de pronto.

-. ¿Qué?¿Legolas?- pregunto, atrás suyo venían dos gemelos que bien sonrieron pero luego cambiaron sus rostro al ver el bulto en sus manos.

-. Manda al curandero a la sala principal- paso de largo aun trote rápido.

Abrió la sala con cuidado de no zarandear más al niño y lo deposito con cuidado sobre un taburete. Estaba ardiendo en fiebre. Se comenzó a desesperar. ¡¿Dónde diantres estaba el curandero? Pero a pesar de ello, Aragorn entro preocupado y repentinamente recordó que su amigo era un excelente curandero. Cuando este se acercó le poso una mano en el hombro, miro al niño pero algo en este le hizo distraerse porque le costo un poco volver en si.

-. Hantale Aragorn- susurro mientras este que aun siendo rey llevaba consigo las tan apreciadas athelas. Las comenzó a aplicar.

-. No hay de que- susurro luego mientras llegaban los curanderos con más hierbas y pociones. Este dejo de delirar incoherencias y se calmo. Los que entraron en la sala sufrieron el mismo estado de impacto que Aragorn que el doto a su extraña apariencia. Se marcho cuando Belian algo aturdido le llamo.

-. ¿Quién es?- pregunto mientras él se cargaba en una viga. Su hermano abrió sus enormes ojos verde agua y le inspecciono.

-. No lo sé, lo encontré en el bosque, lo estaban acechando unas arañas- contesto. Este cabeceo- lamento haberte gritado.

-. Lau, lau - susurro negando con una mano- es que... me recordaste el día en que llegaste de la guerra. Parecías... perdido.

Desesperado, aturdido, triste, más muerto que vivo y muchas otras formas de expresión, que suave en decirle perdido. Sonrió mientras le revolvía los cabellos.

-. No temas decirme lo obvio, Belian- su hermano enrojeció y asintió. Segundos después llegaron Gimli, los gemelos, su hermana y padre. Allí saludo y explico sobre el niño. Sentía la carne de gallina pensar que estaba solo en el bosque.

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No había reaccionado bien. En realidad ¿Cuándo reaccionaba bien? Se agacho mientras sostenía entre sus manos su arco y las flechas de sus hijos. Los cuerpos muertos de las arañas le hicieron hacer una mueca detrás de la mascara. Jamás creyó que esto fuera suceder y justo ahora... volver...

El miedo y las ansias golpeaban fuerte su cuerpo envuelto.

Volver...


¡Dejad Reviews, ¿Sí?

Bien! En primer lugar me quiero disculpar por el gran giro que hice a esta historia, pero era ello o dejarle y cancelarle porque las ideas no llegaban como debían. Asi que espero que este aceptable y bueno a mi me gusto un hijo de Legolas!

Yanily: jajaja, gracias por integrarte a mi fic jajajaja. Te haz pasado por todos del señor de los anillo? Wuau! Te lo agradezco de corazón! Y Muchas, pero muchas gracias por los comentarios, me ilusionas un montón. Bueno me alegro que te haya gustado y eso de juntarlos... bueno, han pasado trece años no pueden llegar dándose besos como si solo se hubieran separado por trece minutos, así que pondré de todo mi yo para que sea... interesante este fic Te cuidas y gracias.

Lastblade: si.. bueno, como ya lo había dicho era darle una vuelta o abandonarle y eso no me gustaria, por lo menos con esta idea tengo mas donde crear... espero que no te haya desilusionado tanto. Te cuidas.

Beatriixe: Hola! Como estas? Jajaja, Abandonarle era ago que iba a ser, pero me ha bajado la musa por otra parte y allí nació Itanar jajaja. Me alero que te gustara. Cuídate...

Derra: No me he demorado casi nada (a decir por los anteriores) en subir este así que espero que sea comprensible por el cambio de la idea original. Pero igual va a ver Ethanin a que tratar de arañar por predador jajaj. Y sobre él... bueno tengo algunas cosillas para hacer de este elfito un elfito vengativo y claro... volver loca a Celiviel muja-muaj... jajaj. Bueno cuídate y namarie.

Ereregwen: Buu que pena por eso de los estudios yo estoy igual aunque colocándome las pilas para que me regalen lo mas deseado y anhelado jajaja. Bueno, estudia mucho y cuídate. NO... espera no estudies mucho que a uno se le funde las neuronas... ¡En serio! Ya vez como Celiviel ya se hecho a perder! Jajaja. Me alegro que te gustara. Cuídate un millón.

Namarie a todos lo que pasan por aquí!