Parte XV: Sentimientos encontrados
En una de las ventanas bien arriba.
Itanar se estaba saliendo de control, su hijo iba a dar su posición de heredero. Ossë se movía a su lado. Observando esto tan consternada como ella. Tenía la mascara puesta pero había definido a Legolas y se había mareado al verle. Miles de sentimientos le golpearon en el segundo.
Dios! Dios, se iba a desmayar. No podía estar allí, no podía, no podía. Debía irse, debía... la vergüenza, Dios, trece años...
Itanar pensaba quemar al hombre, o no...
-. Espera Celiviel...- susurro Ossë pero no pudo detenerle.
-. ¡Itanar!- grito mientras atrapaba el poder desbocado de su hijo y lo consumía. Cuando lo tuvo entre sus brazos no le importo absolutamente nada más.
Entre sus brazos se retorció hasta que capto quien era y como lo esperaba se largo a llorar, ella tan poco aguanto. No era tan fuerte.
-. Creí que te habías ido, creí que me habías dejado- susurro este entre sus llantos. Ella negaba mientras sus brazos la estrujaban fuertemente.- No te vayas aun- pidió con la voz estrangulada. Le negó tomándole el rostro, si le viera era un mar de lagrimas. Le acaricio el rostro y lo volvió a estrujar susurrando su nombre cientos de veces
-. ¡¿Que sucede aquí?!- pregunto otra voz.
-. ¡Nunca sabes entrar con educación, ¿Cierto?!- pregunto Ossë en medio de la sala. No le hizo caso, no quería girar el rostro, sentía todas las miradas en ella.- Thraudin- saludo la mujer
-. Ossë- contesto medio noqueado- ¿Puedes...?
-. O si...
-. ¿Ella es su maestra?- pregunto Legiodith a Itanar que estaba más atrás, sin querer ella tenía toda la intención de salir hecho un...-corre- susurro en el momento en que se ponía en pie con Itanar en una mano hacía la puerta con la intención de escapar cuando las gemelas le salieron de golpe, cada una de un brazo la giraron y se la llevaron al centro
-. ¿La fugitiva?- pregunto Ossë con malicia. Hay que respirar, hay que respirar no mires a Legolas, por lo que más quieras no mires para allá. Respira maldita sea- ¿Quién?¿Celiviel?
-. ¿Celiviel?!- gritaron Elladan y Elhorim asombrados.
-. Preséntate ¿Quieres? No seas mal educada- otra vez la sonrisita malvada.
-. Como te odio- susurro a su lado.
-. Lo sé.
Bien, no tienes porque mirarles, no tienes porque entablar miradas acusadoras con nadie. No tienes que mirarlo a él. Son trece años maldita sea. Trece años. Por lo menos tenía a su hijo a su lado, aferrado a su cintura y él le daba fuerzas.
-. Tanto tiempo- susurro quitándose la mascara.
Bien idiota, otra vez tus frases salida de la RAE, muchas de esas caras estaba sonrientes. Aragorn, los gemelos, Silfrid, Faramir, unas condescendientes como la que debía ser la hermana de Legolas, el hermano y el rey. Cuando erróneamente busco la mirada de Legolas este no le miraba, miraba el suelo, perdido en su mundo. Unas manos se le lanzaron encima, se percato que Elhorim le abrazaba dándole vueltas por la sala.
-. ¡Ja! Creíamos que te habías perdido, llamita, ¿Qué has hecho?
-. Y mira ese pelo, ¿Dónde esta tu larga melena al viento?
-. Estas tan... igual. Eso es lo que hace la sangre elfa, no te cambia mucho
-. Y maestra, wuau, el pobre chico casi hace barbacoa
-. Aunque no nos hubiera molestado- susurro Elladan.
-. ¿Puedo decir algo?- ellos asintieron mientras le daban el brazo del oso- necesito respirar- la soltaron solo un poco.- me persiguen los gemelos, en serio- susurro y las gemelas quienes estaba más atrás con un Itanar salvado de ser aplastado miraban a Legolas y le sacaban todo el royo a la sala.
-. ¿Os pensáis quedar?- pregunto Thraudin seriamente a Ossë. Había cierta chispa de seriedad entre los reales y la mujer. Belian miraba de forma desagradable a la mujer, poniendo una barrera a un ataque unilateral ya que la mujer que les sonreía sin atisbo de enemistad
-. No- susurro para si. Por el amor a todo aquel que le escuche, no...
-. Al menos que quieras que sigamos durmiendo en tu agradable patio.
-. ¿Han estado...
-. Hace unos 8 días.
-. ¿8 días?- pregunto Itanar mirando a su madre. De repente le crispo.
-. Tu- mirada de advertencia- silencio- punto entendido. Castigado de por vida.
Legolas.
El cuerpo lo tenía demasiado frió y resentido para poder moverse. La voz, aquella voz se le hacía dolorosa escucharle, como un grito en el odio y no por la intensidad si por el tono, por ese tono despreocupado y suave. Ese tono que había deseado escuchar hacía tanto.
Bajo la mirada al suelo incapaz de seguir observando su figura, ese traje extraño y como abrazaba desesperada a Itanar. No había visto su rostro pero sabía que no seria capaz de mantener su estado quieto si lo hacía.
Sonrió dentro suyo por la ironía pues él deseaba hacer lo mismo, cuando trato de escapar, se movieron a la par, pero nadie se percato porque todos la veían a ella y su intento fue tan frustrado como aquel.
No podía, tan solo estaba pegado al suelo. Le hería estar allí, le hería porque no sabía que diantre pensar. El joven Itanar aquel niño... maestra... Celiviel era su maestra, más bien había dicho que sus padres estaban muertos y su maestra le cuidaba. Entendía el cariño que se profesaban, ahora entendía porque tal vez Itanar andaba solo por el bosque- no era vago, ni mentira decir que Celiviel fuera el ser más preocupado y cuidadoso de la TM, bien lo sabía él- y como de alguna extraña manera el chico había aprendido a usar el fuego, seguramente al estar cerca de Ossë, que tan bien sabía él que mágica era. El chico había logrado mimetizar los poderes de la joven y que casi se saliera del control cuando le protegía contra el hombre. Sin querer la chispa golpeo igual de fuerte.
Trece años, dejo de respirar. Trece años. Desaparecer. ¿Por qué? Si iba a estar con Ossë por que... porque desaparecer de esa manera, porque no tan solo llegar a casa y volver a marchar habría sido más... aceptable. Hasta podía dignarse y aceptar la joven no le quería, podía, pero... ¿Por qué así? Ese día. Se entregaron mutuamente, ¿Por qué? No lo entendía, No lo podía comprender. ¿Por qué tan solo decirle algo que ya sabía? De que tendría que irse con Ossë, jamás pensó realmente que la figura que los ataco podía ser aquella mujer. No podía, tan solo...
Escucho como se marchaban, como la sala quedaba en un estado de silencio penumbroso, sintió las miradas pero tan rápido como si le hubieran quitado el imán de encima, se giro y marcho en silencio. Nadie le siguió, nadie le dijo nada. Tan solo no aguanto al salir, una lagrima salió de su rostro. No era capaz de comprender.. tan solo... no podía.
Por allí en los pasillos.
A su gran deleite, su madre quien sujetaba su mano con cariño y le seguía para llevarla a su cuarto no estaba enojada con él, mascullaba mil y un improperios a Ossë que iba más atrás y a las gemelas que a su lado seguían a una dama. Pidieron solo dos habitaciones, pues claro su madre no dormiría en el castillo con lo bien que se le dan quemar casas. Pero en fin, la mascara la llevaba en la otra mano y sus ojos estaban tan perdidos pero creía que hablaba por pura inercia ya que su cara no mostraba lo que sentía.
Lo sentía, sabía que algo iba mal allí, su madre no quería estar en el castillo se había puesto pálida, muy pálida mientras Elladan y Elhorim la giraban y abrazaban, parecía estar sufriendo un colapso de nervios de esos que le hacen quedar inanimada en un apartado lugar. Cuando le apretó la mano con cariño para que le mirara le sonrió tranquila, pero luego esa sonrisa paso a una media maniática, movió los labios para que no le escucharan un "estas en problemas, jovencito".
Dejo de respirar hasta que él le presentó su cuarto.
Después vendrían por ella mientras llevaban a Ossë y las gemelas a unos cuarto más allá.
Entro primero sin verle, cuando la puerta se cerró detrás suyo las luces se prendieron en el acto. No se alcanzo a girar cuando los brazos de su madre se amarraron a su cuello y la escucho sollozar. Un sollozo fúnebre lleno de miseria, de un lamento interno. No se movió pero aquello le mato la entereza y sin moverse las lagrimas nuevamente le inundaron. No le gustaba ver a su madre llorar. Eso no...
-. Mientras este a mi alcance Itanar- su voz se quebró- te juro que no permitiré que nadie más te haga daño- le dio un beso en la parte de atrás de la cabeza.
-. Lo lamento mamá- susurro y se giro abrazándole y guardándose en su pecho- lamento haberme salido de la frontera y lamento haberme descontrolado hoy. No me gustan que hablen así de ti, se que estas trabajando duro para ellos- la sonrisa en su rostro fue impecable. Pero, aquel brillo de maldad en sus ojos verdes era puro
-. Pero estas castigado igual- le revolvió el cabello- nada de arco, espada ni montura por dos semanas enteras. Comenzaras aquí, donde al parecer tienen una biblioteca más grande, un poco de calculo, física y química.
-. Creo improbable que sus conocimientos en química o física sean muy buenos madre, aun toman la pólvora como un arma del infierno.
-. Tienes razón- se rozo la barbilla- pues bien, me harás un hermoso y agradable ensayo de 4 pergaminos sobre la vida de un árbol en elfico.
-. Sabes que mi elfico es tan malo como el tuyo, lo podemos leer y entender- se incluye porque el tan bien lo hace, entiende y lo ha leído con clara maestría- pero aun así no lo sabes ni hablar ni escribir, al igual que yo- hablarlo lo poco que queda grabado o sea los saludos y las despedidas
-. Eso querido- le beso la frente quitándole una mecha de cabello hacía el lado- es llamado castigo. Al menos que quiera que te tenga a pan y agua atado a la cama por unos... 100 años.
-. Elfico, entendido.- levanto sus manos y se las puso sobre su pelo haciendo un mohín, nunca la había visto con el cabello tan corto- ¿Por qué?- pregunto sujetando una de las mechas, lo tenía mas corto que el mismo
-. Me tenía nerviosa- contesto y sin más se levanto. Sin preámbulo lo levanto- ¿Estas más crecido o es cosa mía?
-. Cosa tuya- contesto y esta le sentó en la cama.
Se pasaron diez minutos peleando para que le mostrara las heridas, que ya habían sanado. El rasguño de la araña solo había dejado veneno pero con el tiempo ni una marca se vería y pues el pie lo tenía resentido pero podía caminar y correr perfectamente. Una hora después, Itanar estaba recostado en la cama mientras esta le revolvía el cabello en silencio. La voz de Ossë le llamaba.
-. No te vayas muy lejos- le pidió mientras sentía los ojos pesados, cansado por tantas cosas pasadas en el día. Ella se inclino y vio antes de salir como su cara de tornaba triste como si viera en él a otra persona... a su padre, tal vez.
Respiro profundo antes de salir. Ossë estaba más allá esperándole. Se acercó en silencio y marcharon afuera. Sin querer comento algo que le había producido un antiguo recuerdo.
-. ¿Se conocían con Rey Thraudin?- pregunto.
-. Su esposa, la madre de los príncipes que murió hacía tiempo ya, era mi hermana no consanguínea, crecimos juntas. Yo siempre trate de convencerle que nos fuéramos a Valinor donde podríamos tener una vida tranquila pero se enamoro de él, y sabía en mi interior que su ultimo hijo le llevaría a la muerte. Thraudin esta resentido de que tratara de negarle el nacimiento del ultimo príncipe. Por eso el chico me mira de esa forma. Esta convencido de que lo odio, como equivoca no le deseo mal. Ella ya partió
-. Ooo- susurro saliendo al aire fresco de la noche. Ossë le dirigió a un árbol que bien quedaba muy cerca del cuarto de Itanar. Estaban las dos solas, guardias se mantenían alejados. La postura de la mujer cambio en el momento en que se dirigía a ella.
-. Note tú cambio, pero si no quieres meter a Itanar en problemas, es mejor que empieces a ser la vista gorda con el príncipe. Nos esperan tiempos más oscuros de lo que realmente ellos ven acercarse, Celiviel, bien lo sabes tu. Ethanin se enterara que apareciste y nos investigara a cada uno de nosotros. Si no quieres poner en peligro al príncipe y a tu hijo, no caigas.
Ella sintió el corazón desbocado ante sus palabras. Mas se marcho dejándole allí bajo el árbol. Su silueta de perdió en el momento en que saltaba y subía hasta acomodarse en una rama. Como bien había hecho tiempo atrás, aquellas semanas horribles se durmió en silencio, en un silencio de lagrimas.
No pensar en él, esa era la gracia. No dejarse llevar por sus buenos impulsos humanos.
En el cuarto del principe.
Miraba el cielo con desolación. Las estrellas brillaban como nunca pero eso era algo que no podía aclarar con su mente confusa.
El dolor estaba allí, golpeando cada lado de su cuerpo como si no hubiera sanado de antiguas heridas, ¿O no lo había hecho nunca? Había tratado siempre o lo aceptable de mantenerse sereno desde la "perdida" de Celiviel, había tratado de no causarle dolor a su familia pero aunque hubiera querido no podía, tan solo... no podía volver a sonreír nuevamente. Siempre cuando lo hacía recordaba la sonrisa de ella. ¡Eru!, gimió en su mente. ¿Por qué?¿Por qué? ¿Por qué se la habían arrebatado?
...pero ahora esta allí...
Aquello no le ayudo a calmarse. ¿Dónde estaba? No se había mostrado... o sea, seguía siendo ella tan hermosa como nunca, esa personalidad tan desbordante, ¿Pero porque... porque le dolía más que le deseaba? Quería alejarse de ella, no quería estar cerca porque su presencia le dolía demasiado, ¿Por qué? Él la quería, la quería tanto, la había querido por tanto tiempo. Había deseado que Mandos le llamara porque no podía, tan solo no podía seguir sin ella, ¿Por qué ahora ella no traía felicidad a su alma desecha?¿Su repentino cambio?¿Su ausencia?¿Su frialdad hacía ellos... hacía él?... ¡Eru! No entendía, no entendía nada.
El suelo se perdió a sus pies. ¿Por qué?¿Por qué era así con él?¿Por qué...? tal ves... había sido un completo iluso, ella no le amaba, ella solo le había utilizado... ella le había usado y eso... eso era algo que se lo pagaría.
Continuara...
Aiya!
Bien... capitulo fome, lo sé, la musa no llega y creo que es la cuarta vez que me da tendinitis. Por lo que estoy a medio quejido escribiendo. Tengo la base de los capítulos siguiente pero no se en realidad cuando vuelva a escribir algo, así que paciencia, aun con criticas (resúmenes en realidad) esta historia seguirá.
Bueno, lo haré cortito:
Beatriixe: Espero que te haya gustado, es lo mejor que puedo hacer... no es mucho. Pero trato de hacer lo mejor posible. Gracias por el comentario.
Yanily: Me alegra que te guste, a todo esto. Yo quiero leer la conversación que tuviste con mi critico favorito, ¿Si? Me lo mandas por fis... Voy a usar el nombre del viejo, espero que no te importe. En todo caso creo que me voy a demorar un poco porque no tengo mucho escrito. Se agradece de antemano todo lo que has hecho. Tengo unas amigas con menos paciencia y la han tratado de troll de turno, me alegra que tu no seas así jajaja. Bueno, Adiós! Cuídate y gracias por el apoyo.
Derra: Pégale todo lo que quieras jajaja, Ya voy a escribir un encuentro mas "fogoso" con él, en que Itanar sacara un poco de su lado maquiavélico de niño de doce años jajaja. ¿Soria? ¿Donde queda eso? Hablo la que no se sabe ni las calles de su ciudad jajaja. En fin, te me cuidas un montón, espero que donde estés la pases genial haciendo lo que estés haciendo jajaja. Buenos, cuídate.
Kohaku!: HOLA! Como estas? Espero que bien, yo con tendinitis (otra vez) Pues no hay dilema sobre lo de pasarse, hay que estudiar (lamentablemente no podemos vivir de fanfictions) jajaja. Bueno sobre tu historia, estoy un poco trancada porque se me perdió la hojita donde tenía escrito lo que me pedías, me tinca que mi madre me la boto, ¿Me podrías enviar la pautas?... NO ME MATES! Es que... FUE CULPA DE MI MADRE!. Jajaja. Bueno espero que me perdones por eso... si?... YA. Ah! Legolas va a tener compasión, va a hacerle la vida a Celiviel un poco más difícil, ¿Quién dice que el elfito no tiene un lado "malo"? va a tener mas amistad con Itanar (lindo) y Celiviel va a sufrir algún que otro paro al miocardio cuando vea a Legolas... Tan-tan jajajaj. Weno, por ahí nos leímos, como que no puedo escribir decentemente con mi manos malas. Te me cuidas un montón! Y no hay dilema sobre "Una nueva vida" es una combinación de romanticismo y dramático, tan parecido a No poder vivir sin mar jajaja. Bueno, te cuidas un montón.
Astaroth: ya te escribí mis respuestas. Si no te gusta las marisues, NO lo leas.
Nadiathe...: tan bien he explicado, si lo quieres entender bien, si no, NO lo leas, nadie te obliga a hacerlo.
