Todos los personajes pertenecen a la imaginación de S. Meyer, sólo la historia es mía, y no obtengo nada aparte del placer de escribir.

Capitulo 5

Visitantes

Toda la casa se encontraba envuelta en una armoniosa aura, me sentí relajada sólo al entrar, debía de dar por hecho que Jasper ya se encontraba aquí, y no me equivoque cuando lo vi caminar hacia nosotros y colgada de su brazo Alice.

Los dos vestían a juego ¡que sorpresa!, Jasper llevaba una hermosa camisa de seda verde militar, y Alice se combinaba con él con un vestido ceñido del mismo color, se miraban adorables. Mi pequeña hermana y cuñada tenía ese brillo loco en los ojos cuando se ve que se esta esforzando por preveer cualquier imprevisto que pudiera arruinar la velada. Pasó su mirada de Edward a mí, deteniéndose en mi conjunto, no ocupaba ser lector de mentes para saber el enfoque de sus pensamientos.

-No recuerdo ver comprado ese conjunto…- Me examino, se encogió de hombros, dado por terminada la valoración, me había por hoy, de la critica hacia el gusto por mi vestimenta.

-¡Nessie, simplemente adorable, estoy orgullosa de ti!- Claramente se sentí orgullosa de ver influido tanto en el carácter para vestir de mi hija, rodee mis ojos.

-¡Gracias tía Alice, tu también te ves hermosa!- le contestó Renessme alabando a su tía, como su claro ejemplo a seguir.

Me encaminé a darle el abrazo a Jasper.

-Felicidades, Jasper- Agregué.

Edward me siguió y le dio un apretón de manos y unas palmaditas en la espalda a su hermano.

-¡Felicidades tío Jaz!- Renessme fue la mas efusiva y brinco hacia los brazos de su tío, le dio un beso en la mejilla, y Jasper le correspondió con uno en los cabellos.

-Gracias, cielo.- le dijo mientras recibía la pequeña caja de obsequio que le daba Renessme de parte de todos.

Renessme no terminaba de abrazar a Jasper, cuando entraron el resto de los Cullen.

Renessme soltó rápidamente a su tío y corrió hacia todos. Primero abrazo a Esme y Carlisle juntos, Esme la beso en ambas mejillas y sonrío radiante.

Siguió a saludar a Emmet, pero se tensó antes de acercarse completamente a él, sabía que Emmet la aplastaría dejándola sin aire por minutos.

-¡Vamos enana, no extrañaste a tu tío preferido!- le exclamó Emmet con los brazos tendidos en dirección a Renessme.

Mi hija suspiró resignada y abrazo con delicadeza a Emmet, pero el la levanto inmediatamente del piso y la abrazo cual oso de peluche.

Renessme bufó incómoda y apretujada.-Te quiero Tío Em, pero te querré más si me dejas respirar-dijó entre dientes.

No tuvo más remedio que soltarla ya que Rosalie le dio un pisotón.

-¡oye me dolio!-

-Ese era el propósito mi vida- Le contestó sonriente su esposa.

Rosalie abrazo cariñosamente a Nessie, beso su frente y sus mejillas. Para Rose Nessie era su hija también la amaba casi tanto como yo.

-¿Cómo esta mi muñeca?, pero mírate sólo una semana sin verte y estas mas preciosa- Le dijo orgullosamente.

Renessme se sonrojó

-Lo dices por que me quieres, Tía Rose- Contesto cohibida, ya que no era Rosalie la

única que la miraba con adoración, nadie se acostumbraba a tener a tan hermosa criatura como su familia, sin duda todos la amaban y si por ellos fuera nunca se separarían de su lado. Pero lo tuvieron que hacer hace dos años cuando decidimos que era tiempo de criar solos a mi hija, ya que sabía de buena fe cuando la adoraban, pero inconcientemente la estaban malcriando un poco, Nessie no sabía que era un no por respuesta cuando pedía algo. Y yo sabía muy bien todo lo que ella merecía, pero también debía conocer el significado de luchar por algunas cosas.

Recordé la primera vez que recogimos a Nessie del kindergarten llorando, y al preguntarle que tenía nos relató cual pecado hubiera sido, cuando le pidió su gorro a una compañerita por que le gustaba para ella, y ella le dijo que no.

Estaba un mar de lágrimas y no entendía por que no lo podía obtener, aunque Edward la llevó a comprar uno idéntico al de sus pensamientos. Después claro de explicarle la razón por la cual la niña no le quiso dar su gorro, tardamos mucho para que comprendiera el por que le tenían que decir, no, a ella.

-Bueno entonces vamos, ¿donde están los chicos que me prometiste invitar tía Alice?- Preguntó mi hija asomándose mas allá de la sala.

-¿Qué Alice te prometió que?- cuestionó Edward juntando sus cejas formando una línea recta.

Todos rieron al pronunciar una de las tantas escenas de celos que hacía Edward, siempre caía ya que Nessie sólo lo hacía para provocarlo, y sabía que todos lo disfrutaban comandándole el pelo del tema.

Nessie fue al lado de Edward y lo abrazo y escondió su sonrisa en el pecho de Edward. Para entonces Edward ya se había calmado y simplemente los había ignorado, captando la broma. Sólo se limito a abrazar protectoramente a Renessme.

Edward caía fácilmente en esas bromas ya que Nessie ante la incomodidad y vergüenza que le daba estar expuesta como un libro abierto ante su padre, y había aprendido a usar el escudo heredado de mí.

Lo controlaba ya casi perfectamente, sólo podía leerla cuando se alteraba mucho, y generalmente esos pensamientos eran los que debía frenar. Al principio Edward se indignó y molesto un poco, al saber la razón, de la insistencia de Nessie a usar su escudo. Pero al final lo dejó pasar ya que para él también era incómodo mucho de sus pensamientos, generalmente cuándo iban dirigidos hacía cierto hombre loco.

-Bueno basta de bromas niños- Reprendió suavemente a todos Esme.

-Hoy tenemos unas visitas muy especiales, las cuales quiero que conozcan- Hablo dirigiéndose hacia Edward, Nessie y yo.

Había olvidado momentáneamente las voces que escuché al entrar. Esperé con curiosidad.

-Mabel, Isaac, vengan por favor- Pidió Esme, viendo hacia el lado de la cocina.

Y salieron unos hermosos vampiros claro está. El llamado Isaac creo yo debía ser un niño de no mas de 13 años, era encantador cabello negro lacio y parado en pequeños y graciosos picos, tez blanca como todos nosotros, ojos del color de los vegetarianos, grandes, expresivos y con una indudable inocencia, era delgado. Nunca había visto un vampiro tan pequeño, y me entristecí al saber por que habían parado su ciclo de vida tan pequeño, sin duda el nunca crecería, pero su mirada era feliz, completa denotaba paz.

La que respondía al nombre de Mabel, era algo pequeño, unos cinco o más centímetros menos que yo. Su cabello era cobrizo, ondulado, le llegaba a los hombros, era blanca como la cal y también era vegetariana, como lo sacaba a relucir sus ojos, era esbelta. Era hermosa.

-Mabel, Isaac, ellos son Edward y Bella, nuestros hijos, y ella es Renessme nuestra nieta- Nos presentó orgullosamente. El niño fue el primero en acercarse a nosotros, primero apretó la mano de Edward alegremente, luego a mí saludándome con un beso en la mejilla al cual yo correspondí sin dudarlo, esté niño me agradaba. Y finalmente a Nessie que le tendía la mano felizmente de encontrar un nuevo amigo, el le sonrío tímidamente y le dio la mano pero Renessme lo jaló y le plantó un beso en la mejilla. El niño se cohibió y bajo la mirada al piso, se miraba tan tierno. Sin duda miraba la belleza de Renesssme con adoración.

Luego se unió a la presentación Mabel, quién nos saludo a los tres dándonos la mano y sonriéndonos.

-Es un gusto para nosotros conocerlos- Les brindé una sonrisa cálida.

-Bueno ellos son unos viejos amigos de Carlisle a decir verdad de Carlisle, yo también los acabo de conocer, los encontramos en París, y los invitamos a pasar unas vacaciones en nuestra casa- Nos explicó Esme quién se miraba claramente emocionaba con Isaac, no podía evitar el instinto maternal que le brindaba a todos. Y más a un niño que se miraba tan lleno de inocencia. La entendía el niño me hacía recordar a Nessie hace pocos años.

Al estar tan concentrada en observar al pequeño, no notaba que la chica miraba demasiado detenidamente a Edward, sabía que Edward llamaba la atención de todas las mujeres, pero también de las vampiresas era llamativo incluso en nuestra especie. Me peque un poco mas a él, nunca me acostumbraría a dejar que lo observarán con tanto interés. Pero Edward también la miraba con curiosidad, asombro y sorpresa.

-¿Edward Masen?-Preguntó intrigada.-De verdad eres tu…- habló para si misma.

-Si, el mismo…-Respondió Edward-¿Tu eres...?-No término de preguntar cuando Mabel se adelantó.

-Soy la hija de tu nana Cristián, ¿No me recuerdas?, sé que tenía quince años en ese entonces pero no creo haber cambiado tanto, soy Mabel Adela, me llamaban Adela, creí que habías muerto, Carlisle me contó de ti pero pensé que era coincidencia los nombres-

Platico rápida y energéticamente con una sonrisa atónita.

Yo estaba pasmado al igual que todos, mirando a Edward con cara de interrogación pero el estaba demasiado absorto sin duda en los recuerdos de la vampiro.

-Claro que recuerdo Adela, fuiste siempre muy traviesa le sacabas canas a tu madre, ¿pero que paso contigo y tu madre?, no supe de ustedes cuando fuimos internados.-Preguntó con los ojos de inquietud al pensar que también había cogido la peste.

-Mi madre sobrevivió y vivimos en las afueras de Chicago unos meses pero ella se enfermó de neumonía y falleció, y bueno yo digamos que no corrí la misma suerte que tú.- Respondió Mabel. No había quitado la sonrisa de sus labios, pero podía trasmitir la melancolía del recuerdo.

-Oh cuanto lo siento, espero me puedas contar mas de lo que pasó esa época, cuando fui a por la herencia de mis padres, traté de buscarlas para darles el dinero que tanto se merecían.

-No, no tenías por que hacerlo, pero de igual manera gracias por el pensamiento, la verdad es que en ese entonces, nos hubiera servido algo, pero con todo el destrozo que dejó la peste española, la economía no era tan mala.- Le sonrío en agradecimiento.

-Claro ustedes merecían ese dinero más que yo, tu madre siempre me cuido como otro hijo, y tú siempre me hacías reír tanto con tantas locuras- Edward contrario.

No había pasado por alto el que Edward me dijera que venía de una familia modesta, y según mis conocimientos de historia en esa época no se tenía nana a menos que fueras una familia adinerada y de alto rango. Pero ese era uno de los infinitos cuestionamientos que tendríamos Edward y yo al terminar la velada.

-Bueno tal vez hubiera brincado en ese entonces si me hubieran regalado una de las tantas joyas que poseía tu madre, recuerdo el enorme diamante de corazón que usaba cuando iba alguna reunión importante.

Voltee inmediatamente a mi pulsera, que había sido cambiada por una fina cadena de oro, pero aún tenía el corazón de cristal…

Cambié de dirección mi mirada hacia Edward y lo miré con reproche y ternura a la vez, me había dado algo que para su madre era importante, pero no quería imaginar que tanto era la cifra que valía mi "pequeño cristal". "Es sólo una baratija", recordé la soltura con la cual hoy sabía me había mentido, deje pasar por alto en ese momento el hilo de mis pensamientos.

Edward me miró nervioso y trató de cambiar rápidamente de tema.

-Bueno espero puedas te quedes se queden el tiempo suficiente, para que me relates todo lo que pasó en aquella época y si no te molesta como acabaste siendo un vampiro- Le sonrió Edward.

-Me encantaría, y Esme fue tan amable de decirnos que podríamos quedarnos en su casa por un tiempo- Le respondió alegremente viendo a Esme, quién asintió y movió la mano quitándole importancia al gesto.

-Bueno, bueno quien iba decir que alguien nos podría contar como se miraba el pequeño Eddie jugando con tirachinas-Comentó Emmet con una risa burlesca.

-Creo que nos agradara mucho su visita- Le susurro Emmet a Isaac, tomándole por un brazo.

-Si, creo que por fin podremos encontrar algo que no sea tanta perfección de mi hermanito- sonrío alegre Alice.

-Les diría algo de eso, pero realmente creo que Edward siempre fue tranquilo, y le debo el respeto ya que el me trataba como una niña de su misma categoría, nadie nos veía así en ese entonces, aunque muchas veces lo reprendían por prestarme todos sus juguetes, e incluso me dejaba llamarle Edward en vez de Señorito Edward.- Miró a Edward con respeto y agradecimiento.

-Bueno señorito Edward ¿por que tan serio?- Preguntó Emmet a Edward haciendo una reverencia.

-Basta Emmet, y si fui muy tranquilo así que deja de molestarme- Le contesto Edward entre dientes.

-¿Papi, eras de la realeza?- Preguntó Nessie, con los ojos de asombro.

-No Nessie, pero tus eres mi princesa- Le comunicó Edward.

Yo los miraba a ambos sonriendo pero la realidad era que tenía varios sentimientos, primero habían sido celos por creer que ella quería a mi esposo, luego asombro, fascinación por encontrar a alguien que había compartido su vida antes de ser convertido. Y por último celos de nuevo al conocer a alguien que conoció al Edward humano, cuantas veces quise imaginar como eran sus ojos, como era su niñez y ella lo sabía.

Bueno espero les haya gustado, y espero su opinión acerca de el capitulo.

Saludos y Besos

Yomara