Los personajes pertenecen a S. Meyer, yo solo obtengo el placer de escribir.

Capítulo 10

Torpe

Chicago 1913.

-Dulce sabe dulce, muy empalagoso para mi gusto, pero si a ti te gusta…- Me encogí de hombros, mi pobre amiga era muy fácil de molestar.

Marie sostenía la cuchara de madera cubierta de chocolate, el preparado con el que haría un pastel, la movía energéticamente para ambos lado salpicando gran parte de la cocina, me miraba ofendida, me hice el desentendido, me gustaba hacerla rabiar.

-No pretendía que te gustará a ti, de cualquier manera, le gustará a papa.- Dijo orgullosamente volteándose a seguir batiendo la mezcla, la realidad es que sabía delicioso para una pequeña niña que jugaba a ser cocinera, para regalarle un pastel en sus cumpleaños a su padre, siempre tan tierna. Hace una semana estaba preocupada por que quería darle algo especial a su papa, pero no tenía el capital necesario para comprarle algo caro, y pensó en un pastel, así que yo le propuse hacerlo en casa para sorprender a Benjamin su padre, le insistí que mi nana Cristian lo podría preparar, pero se negó energéticamente y nada sobre decir que yo podría comprar los ingredientes, era tan testaruda, así que gasto sus pequeños ahorros en los ingredientes para el pastel de chocolate.

-Si, le tendrá que gustar a decir verdad le encantará y lo sabes muy bien Marie.- Le dije guiñándole un ojo. Seguía ofendida así que no se molesto en voltear a verme si no que siguió agregándole cosas ala mezcla, batiéndola, entonces me dedique a jugar con una canica en mis manos, así estuve un pequeño rato, cuando de repente volteo.

-No tienes que estar aquí, puedes irte Edward.- Me dijo, todavía ofendida, tuve que esconder mi sonrisa, mirando hacia abajo donde se encontraba la canica de múltiples colores con la que jugaba.

-¡Haz perdido la razón! Si debo supervisar que no quiebres nada Marie, ¡imagínate como se pondría Cristian!- Le dije molestándola de nuevo, me arrepentí instantáneamente.

Volteó y vi claramente las chispas salir de sus ojos.

-No, te preocupes Edward, me voy antes de que quiebre algo mejor.- Dejo el recipiente que traía en las manos y lo puso encima de una mesa, cuando empezó a quitarse el delantal que Cristian le había prestado, me apure.

-Marie espera, sabes que estoy bromeando, me gusta enfadarte y déjame decirte que es muy fácil…- Le dije con tono desenfadado, pero estaba preocupado de verla molestado demasiado.

Me miró unos segundos buscando en mis rostro si decía la verdad, ya me conocía bastante así que no se le dificultaría mucho saber la verdad, cuando término su escrutinio se volteó violentamente su atención hacia la mezcla volviéndola a tomar en sus manos, simplemente , no se molesto en contestarme, era tan divertido sacar a relucir ese carácter de ella.

-¿Necesitas ayuda?- Le pregunté tratando de darle mis disculpas por su enojo de hace apenas unos minutos.

-No estoy bien ya casi término, sólo ocupo meterlo al horno creo- Me dijo mordiéndose el labio inferior nerviosa, no quería pedir ayuda, así que sólo iría a llamar a Cristian para pedirle su ayuda, iba rumbo ala puerta cuando entró Mabel por ella corriendo.

-¡Ey!- Me saludo alegremente ella, y miró hacia Marie y redujo un poco su sonrisa.

-Veo que preparan algo, huele rico…- Dijo inspeccionando el olor agitando su nariz.

-Si, bueno en realidad la que lo prepara es Marie, un pastel de chocolate, ¿que te parece?- Le dije aclarando el mérito de Marie, antes de sacarla de quicio otra vez.

-¿Quieres probarlo?- Le pregunto Marie, avanzando hacia ella con la cuchara con la que batía.

-No, ya me tengo que ir.- Y sin esperar respuesta, salió rápidamente como entró por la puerta hacia el jardín. Me encogí de hombros y volví mi intención hacia la el batido de las manos de Marie.

-Yo si quiero- Y me acerque por un poco de chocolate, pero ella retrocedió al instante, entrecerrando los ojos acusadoramente.

-No te acerques Edward Masen, no le meterás tus dedos, aparte a ti no te gusto- Me reclamó, pero quería probar un poco…

-Era broma también, anda dame una probadita nada más- Y antes de poder convencerla, entró mi nana, y se acerco sonriendo hacia Marie, para inspeccionar la mezcla.

-Vaya pequeña, sabe muy bien, creo que esta listo para meterlo al horno, sólo espera y regreso, iré a prepararlo, y por el molde en el que colocaremos la mezcla.- Le dijo a Marie con una radiante sonrisa, Marie me volteó a ver orgullosa y desdeñosamente, por que Cristian la había felicitado.

-Bien te daré un poco antes de que regresé Cristian- Con alegría, ya había pasado su enojo por completo, así que tomó la mezcla entre sus manos y corrió hacia mi, pero su delantal el que no había vuelto atar, se enredó en una silla, haciéndola regresar bruscamente tirando todo el contenido en el suelo de madera, ya que no había soltado el recipiente evitando tirarlo, corrí rápidamente hacia ella para ver si se había lastimado.

-¿Te encuentras bien?- Le pregunte rápidamente, buscando algún golpe, pero ella se miraba ilesa, lo que no podía decir de la mezcla, ya no se encontraba nada en el tazón todo se encontraba desperdiciado por el suelo de madera, enfoque mi vista hacia arriba, fue cuando miré que sus ojos se encontraban llenos de lágrimas y no tardo mucho en soltar silenciosamente todas las lagrimas, cayendo sin cesar por sus mejillas.

-¿Qué pasa, donde te lastimaste?- Le pregunté asustado, no miraba ni un rasguño en ella.

-E-est-oy, bi-ien – Dijo hipando entre cada letra, antes de que pudiera preguntarle la razón entonces por la que lloraba, me di cuenta miraba tristemente el recipiente de vidrio sólo en sus manos.

-No llores Marie, compraremos otra vez las cosas y te ayudaré a hacerlo.- Le dije rapadamente para calmarla, me desesperaba verla llorando.

-No Edward, no compraré nada era todo mi dinero el que gaste, y no me digas que tu lo comprarás por que no lo aceptaré por favor.- Me dijo aparentemente mas tranquila, pero sabía cuanto significaba para ella darle ese pastel a su padre, y sentí que ella fuera tan necia y orgullosa, sabía perfectamente su negación hacia que yo comprara el pastel.

-Vamos Marie, después me lo pagarás si a si lo deseas, pero anda vamos a comprarlo rápido para terminar a tiempo.- Dije tratando de convencerla.

-Ya te dije que no Edward, y me tengo que ir a casa ya, antes de preocupar a mama.- Me respondió cortantemente, suspiré sabía que tenía que marcharse, y también perfectamente que no lograría convencerla, suspiré, y la ayude a quitarle el delantal.

Cristian no llegaba aún así que acompañe a Marie hacia a la puerta, la llevaría un chofer a su casa, mama le había pedido permiso a la madre de Marie para traerla a jugar, se había vuelto una costumbre ella venía constantemente o yo iba a su casa también, o nos mirábamos en el parque que se encontraba cerca de nuestras casas, se despidió de mi simplemente con un asentimiento de la cabeza sin decir nada, sabía que estaba esforzándose por no soltar el llanto de nuevo, miraba hacia el cielo mientra caminaba hacia el coche. Mañana era el cumpleaños de su padre, Edward y sus padres que se habían hecho buenos amigos asistirían a comer con ellos al mediodía. Así que le quedaba poco tiempo antes de que atardeciera, corrió a buscar a su nana.

Llegó la hora de marcharse hacia la casa de los Evans Edward, se encontraba listo y ansioso para llegar rápidamente estaba sentado al pie de las escaleras mirando el reloj impacientemente jugando con una canica en sus manos, hasta que escuchó los pasos detrás de él, y miró a sus padres tomados de la manos bajando por las escaleras listos, para marcharse, se levanto de un salto.

Diez minutos más tarde se encontraban tocando la puerta de los Evans, abrió Charlotte la madre de Marie, con una gran sonrisa nos saludo y nos invitó a pasar.

-Que bueno que nos pudieron acompañar, pasen por favor hacia acá- Nos señalo el camino hacia el jardín trasero, se encontraba una gran mesa, había mas personas y unos cuantos niños mas jugando, localizó a Marie sentada en el columpio sola mirando con los anteojos en las manos hacia el cielo, se encontraba triste aún.

Entonces Benjamín el padre de Bella se acercó a saludarnos, mis padres los felicitaron y yo le di la mano.

-¡Marie cielo, ven a saludar a los Masen!- Le llamó Charlotte a Marie, mancándola de su ensoñación. Ella se puso los lentes, camino lentamente y sin entusiasmo hacia nosotros, saludo a mi madre dándole un beso en la mejilla y mi padre de la mano, cuando me saludaría miró lo que traía en las manos y me miro con confusión.

-¿Edward le has traído un pastel a Benjamín? Es muy amable de tu parte cielo…- Empezó Charlotte cuando miró el pastel en mis manos, al mismo tiempo que lo miraba Marie.

-No, no es mío, yo sólo lo traigo, Marie me encargo traerlo, ella misma lo preparó ayer en mi casa, y quería sorprenderlo Señor Evans- Dije rápidamente dándole un gran sonrisa hacia Benjamin sin voltear a ver a Marie.

-Bueno toma Marie aquí esta, es mejor que se lo des a tu padre tu misma- Me acerque a ella con el pastel, por que ella no se movía de la confusión y sorpresa, me acerque mas a ella, y aún no lo tomaba.

-Tómalo de una vez Marie por favor- Le dije urgentemente en un tono bajo que nadie mas podría haber escuchado, a ella no le quedó mas que tomarlo. Le di un empujoncito hacia su padre, a quién le dio el pastel de chocolate dudosa, su padre lo recibió con una radiante sonrisa de satisfacción y orgullo.

-Pero mira esto Marie se ve delicioso, es el mejor regalo que me han dado pequeña, gracias- Le dijo tiernamente acariciándole la mejilla, agarrando el pastel con una mano, Marie solo atinó a esconderse en la chaqueta de su padre.

-Bueno iré a ponerlo a la mesa, estoy segura que a Marie le gustaría que su padre lo compartiera con los demás invitados, ¿No es así cielo?- Cuestionó alegremente Charlotte a Marie.

Marie sólo asintió vagamente, todos se dirigieron hacia la mesa, iba a seguirlos pero Marie me agarro de la muñeca y me llevo casi jalando al columpio que su padre había contraído para ella. Sentía el problema avecinarse. Pero me resigné con un suspiró. Me senté aun lado de ella en el columpio, y empecé a mecernos, sentía la fija mirada de Marie, pero no voltee hasta que ella me hablo.

-¿Edward por que hiciste eso?- Me pregunto algo enfadada.

-¿Hacer que?- Fingí confusión.

-Ya lo sabes, regalarle el pastel a papa- Me dijo rodando los ojos para que le viera.

-Que yo sepa tu se lo regalaste- Le dije haciéndome el sorprendido.

-Edward, no tenías que hacerlo, te dije que no quería que gastaras dinero…- Me dijo apenada, al menos no estaba enojada.

-No debes de preocuparte, eso no importa, y me lo podrás pagar algún día, incluso te dejaré que me regales un pastel.- Le guiñé un ojo.

Ella miró hacia abajo tenía las mejillas de un rosa brillante, me pregunte que estaría pensando, y no tuve que preguntármelo mucho, de repente voltee y Marie había plantado un beso en mi mejilla, y salió corriendo hacia sus padres, diciéndome gracias quedamente. Puse la mano en mi mejilla, estaba nervioso y aunque no tenía un espejo podía ver mis mejillas mas sonrojadas que las de la propia Marie, y ese era un gran mérito, puse mi mano en donde ella había depositado su pequeño beso, me sentía extraño y nervioso, muchas personas me habían besado antes la mejilla, incluso mi mama lo hacía constantemente y me agradaba, pero esto se sentía diferente, me dio un poco de pena, bueno debería ser que no lo esperaba Marie, no era muy afectuosa, incluso con sus padres, le apenaba que la abrazaran incluso que la halagaran, era sólo que lo había sorprendido. Así que fui a reunirme con los demás, parecía que estaban sirviendo la comida ya que todos se encontraban sentados, me senté aun lado de papa, todos estaban riendo, voltee a ver a Marie quien estaba también junto a sus padres pero ella no volteaba a verme, estaba desmenuzando un pedazo de pan con sus manos. Empecé a comer la comida que Charlotte había cocinado, estaba muy apetecible así que la termine rápidamente. Todos los demás niños terminaron y corrieron a jugar, yo me quedé en mi lugar.

-Edward, Marie, vayan a jugar con los niños- Nos dijo mi madre, empujándome y sonriéndome. Me levante lentamente al igual que Marie, y nos reunimos con los demás, habían tomado una cuerda, y comenzaron a saltarla.

-Marie sigues tú- Le avisó una niña, prima de Marie, sabía el miedo que le daba saltar la cuerda, Marie era algo despistada y no le daba gracias ningún juego en los que tuviera que ver la destreza física.

-Anda Marie perderás tu turno.- La apuraron de nuevo. Mari sólo miraba la cuerda luego hacia abajo, y repitió la misma acción varias, veces hasta que determinada, entró en un salto a brincar, y lo estaba haciendo bien, hasta que la pequeña que sostenía la cuerda la jaló bruscamente de pronto. Provocando que Marie se balanceara intentando que su pies no se enredaran con la cuerda y casi lo logra pero la niña otra vez movió la cuerda, produciendo que inevitablemente Marie cayera al piso, afortunadamente no se golpeó el rostro ya que alcanzo a meter sus manos. Antes de que pudiera acercarme para ayudarla, salió corriendo mientras todos se reían y burlaban de ella.

Salí tras de ella, la busque y la encontré detrás de un enorme roble que cubría toda la espalda recargada en él de Marie, al parecer no se había lastimado sólo estaba cubierta de tierra, no dije nada y me recargue juntó a ella.

-Marie no tendrías que huir, deberías de correr pero hacia tus padres y contarles lo que te hacen esos niños, siempre hacen lo mismo Marie, no puedo entender por que callas, y me haces que lo haga también sabes que eso no es justo, y ellos lo tiene que pagar- Le dije un enojado con los niños y con ella por aguantar sus maltratos.

-Tú no entiendes, yo no quiero que mis papas sepan que tienen una muy torpe hija- Me dijo con la mirada en sus zapatos, tenía las mejillas mojadas de lágrimas.

-Marie tu no eres torpe- Le dije suavemente, mentía un poco Marie era una niña despistada, generalmente siempre tropezaba, y muy a su pesar no le ayudaba tener que usar anteojos, los cuales perdía constantemente, y por los cuales sufría las burlas de la mayoría de los niños, pero era por que ellos eran tontos, no entendían lo que Marie es, ella es muy inteligente y valiente, entonces ella siempre acaba sufriendo por los maltratos, aunque el evitaba eso cuando estaba con ella, pero siempre se enteraba que la maltrataban por sus rodillas constantemente raspadas, por moretones en sus brazos. No había golpeado a los culpables por que eran niñas, pero si se vengaba.

-No trates de hacerme sentir bien Edward, los dos sabemos que no soy capaz de mantenerme mas de un minuto de pie sin tropezar o caerme.- Me dijo exasperada y enfadada.

-Marie no tienes por que avergonzarte por que tus padres piensen que eres torpe por que no es así, ellos te aman y estoy seguro que están orgullosos de ti, eres tierna, valiente e inteligente.- Le dije lo que pensaba.

-Tu lo piensas por que eres mi amigo Edward, y sabes que siempre tienes que estar tras de mí, cuidando de no me caerme o me lastime de cualquier forma, lo sé y no quiero que cargues con eso.- Casi me gritó cuando me dijo todo aquello, seguía llorando.

-Te digo lo que es, y a mi me gusta cuidarte, ya te he dicho que ese será un día mi deber- Le dije orgullosamente, era la verdad, también era mi amiga y por eso no me gustaba cuando la lastimaban de cualquier manera.

-Y límpiate esas lágrimas, si no quieres que tus padres se den cuenta, vamos- Le ayude a limpiarse la tierra, si ella no le diría a sus padres, el encontraría otra manera de enterarlos, y vengarse al mismo tiempo de los niños, ya que estaba mas o menos limpia le di mi mano para levantarse, y volvimos a la mesa a comer el pastel de chocolate.

Terminamos de comer y atardeció, todos empezaron a retirarse, así que mis padres se despidieron y dieron las gracias al igual que yo.

-Edward- Me llamo Marie, y fui hacia ella.

-Gracias por todo lo que haces por mí- Me dijo con una sonrisa.

-No des las gracias es lo que hacen los amigos- Le respondí igualmente con una gran sonrisa.

Espero les haya gustado el capitulo, y me cuenten que les pareció, gracias a las chicas que me escriben y me siguen leyendo…. Espero les siga gustando.

Saludos y Besos

Yomara