Los personajes pertenecen a S. Meyer, la historia es mía, y no obtengo nada a cambio.
Capítulo 12
Obligaciones
Viernes 16 de mayo de 1915
Mama esta mas tensa de lo normal, nos visitara un tío cuyo nombre no logro pronunciar, no es que no me emocioné ver a mi familia, pero bueno para que negártelo a ti no tengo una célula en mi cuerpo capaz de relacionarse con las personas a su alrededor.
Me alegra saber lo bien desempeñado que vas en la escuela, espero también saber que no has descuidado de practicar piano, estoy esperando aún al menos una canción para mi. Yo por mi parte no tengo nada emocionante que valga la pena mencionar, a parte de mis usuales caídas y golpes recibidos, gracias a mi talento innato.
He de despedirme rápido, ya que como única hija estoy a cargo con mi madre de tener la casa impecable para las futuras visitas.
Cariños
Marie.
P.D. Los chocolates son amargos, pero los mas deliciosos que he probado.
No podía evitar reírme al acabar de leer cualquier carta de Marie, no me acostumbraba a su sarcasmo adquirido, ya no se enojaba por quedarme con ella sobre su usual descuido al hacer las cosas. Dos años habían pasado de dejar Chicago, y por lo menos recibía una carta al mes de Marie, y yo por lo general no tardaba más en contestar.
Londres me gustaba, estudiaba para entrar a la universidad, complaciendo a mi padre, no es que me molestará, sólo me inclinaba más hacia la milicia que a lo legal. Tenía varios amigos, una vida estable divertida también, pero no lo hubiera cambiado por Chicago, tranquilo Chicago, las vacaciones se acercaban, y aunque no lo habían mencionado mis padres, suponía un viaje a Chicago, si el trabajo se lo permitía a mi padre.
Me disponía a contestarle la breve carta a Marie, cuando me di cuenta que casi era hora de cenar, así que tendría que esperar. No me equivoqué cuando entró Arnold un sirviente para anunciar la hora de la cena, así que baje como me lo pidieron.
Mis padres ya se encontraban sentados en la elaborada mesa con más platillos de lo normal, me sorprendió ver visitas, había una pareja de la edad de mis padres o el equivalente, y aún lado de mi usual puesto una chica de mi edad suponía también.
-Buenas noches a todos- Salude, sonriendo lo mas amablemente posible. Tal vez me habían avisado de las visitas, y tal vez tampoco había puesto atención.
Los invitados correspondieron mi saludo.
-Edward, hijo, quiero presentarte ala familia Olivier, ellos son la señora Gabrielle Olivier, el señor Bernard Olivier, y su hija Anastacia Olivier.- Me presentó mi madre.
-Un placer, conocerles- Salude cortésmente, mis padres no eran los de los que usualmente invitaban a la sociedad a la casa, y por lo que miraba esta familia era de mucha sociedad, lo que poco me interesaba de cualquier forma.
-Edward, tu padre nos ha dicho que estudiarás leyes, es muy acertado de tu padre, tomando en cuenta los tiempos que se vienen llenos de legalidades- Dijo el señor Olivier, riéndose supongo yo de lo que era una broma para él.
Pude al menos hacer un mueca simulando sonrisa, no tenía decido aún lo que estudiaría pero mi padre si que lo estaba.
-Veo que eso es lo que le han contado- Repuse, con una sonrisa, no quería contestar.
Mi padre me dedicó una mirada inquisitiva, pero ignoré inocentemente el significado.
-Anastacia mi hija, toca el piano divinamente, también nos han revelado tu talento en él.- Volvió a darme otro dato revelado por parte de mi padre, podría asegurar.
-Que encantadora, espero me pueda acompañar en alguna pieza- Dije tratando de ocultar el sarcasmo, me estaba divirtiendo un poco al ver como promocionaban a su hija. No sabía que querían lograr mis padres, sabían lo poco relacionado que estaba con las reglas de etiqueta.
-Claro, a ella le gustaría mucho- Contestó ahora su madre, la chica ni siquiera contestaba por si misma, vaya sorpresa.
La cena siguió sin más revelaciones importantes, pero de algo no tenía duda es que esperaban que me interesará por su hija, y así término la agradable velada…
Claro no sin antes comprometerme a visitar a su hija para enseñarle una nueva melodía de piano. No es que me pudiera negar en cualquier circunstancia.
-¿Y a que se debió todo eso?- Pregunté a mis padres, ya que se habían marchado los Olivier.
Mi madre hizo gesto de estar apenada, pero mi papa fue el que respondió.
-Bueno hijo, tendrás que socializar más, algún día tendrás que casarte, así que no está demás ir conociendo a las mejores futuras esposas que podrías tener.- Soltó sin mas, como si fuera lo mas insustancial del tema.
-Papa, no crees que estas tomándote muchas molestias- Le dije sarcásticamente.
-Tal vez ahora no lo creas, pero es muy difícil conseguir una buena muchacha en estos tiempos, aparte debes de aceptar la belleza y encanto de la hija Olivier.- Me dijo banalmente.
La verdad era que la chica era hermosa, encantadora no podría decirlo por que creo no haber escuchado su voz o ver sus gestos en todo el transcurso de la cena. Sacudí mi cabeza, faltaba más para que pudiera interesarme en alguna chica, y más aún en pensar en matrimonio.
-No seas testarudo, ya verás como te irá gustando, ahora vete a dormir que tienes escuela temprano- Término mi padre, por mi, para él era caso cerrado, creía hacerme un favor, como la mayor parte del tiempo, me había acostumbrado a su ley, de hablo y obedéceme, en fin había sido educado para actuar de esa forma, pero ha veces sus maneras no eran las mas agradables para mí. Pero yo miraba lo enamorado que se encontraba de mi madre, y no creía que ese amor fuera hecho sólo por elección de sus padre, o si lo había sido había corrido con suerte, o también era el saber que mi madre era una mujer encantadora, y no entendería que no pudiera inspirar otro sentimiento que no fuera de ser amada irremediablemente. Ella no por ser mi madre, era de las mejores personas que había conocido, estricta tal vez pero siempre con un fin, y casi siempre era lo mejor para mi ese fin. Siempre amable atenta, no sólo con la sociedad importante, si no con todas las personas en general, como la gente que estaba a cargo de la limpieza de la casa, siempre gentil y aplicada en cuanto a mi persona, buscando que tuviera toda la felicidad que pudiera darme, a mi y ami padre, nunca podría negarle algo a mi madre lo sabía, por eso evitaba las riñas con mis padres, para no molestarla.
Resignado entré a mi cuarto, era un poco tarde, pero quería contestarle a Marie. Así que fue hacia mi escritorio, y empecé a escribir.
Querida y testaruda Marie, nadie te dijo que tus células no fueran sociables, sólo un poco reservadas. Pero eso esta bien estoy seguro que a mas de un chico le agradará el misterio que desprende tu persona.
Espero puedas divertirte un poco con la visita de tu familia, y puedas distraerte, de lo mucho que debes de extrañarme.
Que puedo decirte, obedecer a mi padre es el primer objetivo de mi vida, por lo tanto debo ir bien en mis estudios, no me puedo quejar de nada, quizá ahora de un raro incidente, ¿puedes imaginarte a mi padre tratando de conseguirme esposa?, pues yo tampoco, por lo que me tocó la desdicha de vivirlo. Evito discutirle, ya que mama se deprimiría y se alterará, ya ves como es de sensible, se parece mucho a ti, así que debes de saberlo.
Ahora te mandaré unos dulces de menta, que son la novedad aquí, y creo que sin mí los conocerías en tus cuarentas por Chicago.
No te quitó mas tu tiempo, y espero puedas contestarme pronto.
Saludos cordiales a tus padres.
Edward.
Mañana la enviaría, tardaba varios días en llegar, así que esperaba que llegue pronto para infundirle ánimo a su amiga.
Sentía la somnolencia caer en mí, así que me acosté y el efecto fue instantáneo. No supe hasta que miré los rayos entrar a mi habitación que me había quedado completamente dormido, ni siquiera había logrado quitarme los zapatos. Mire el reloj todavía faltaba algo de tiempo para ir a la escuela, así que me metí en la bañera y deje que el agua caliente me relajara.
Cuando estuve listo y desayunado, salí a la escuela, estaba un poco irritable, seguro necesitaba vacaciones cuanto antes.
La voz del profesor me parecía tediosa, y causaba mi irritación aumentar, decidí hacerle un favor a las personas a mi alrededor y me dí el día libre. El fin de semana tendría que ir a la casa de los Olivier, a visitar a su hermosa hija, debía prepararme mentalmente para ello.
Cuando menos pensé me encontraba en un frondoso parque, el cual parecía mas bien un bosque, caminé por todo el parque, buscando relajarme con el ambiente natural. Sabía que no tenía razón para estar de este pésimo estado de ánimo, aunque sabía que era bastante culpa de todas las presiones que tenía, suficiente era saber que estaba obligado a estudiar lo que a mi padre le pareciera adecuado, como a la reciente revelación sobre mi la búsqueda de mi futuro matrimonio, desearía escapar por un momento de todas las responsabilidades y hacer lo que me plazca, me detenía sólo una razón mi madre. Pero sabía que esto no me detendría por mucho, faltaba muy poco para que mi padre agotara mi paciencia. Miré llegar el atardecer, y decidí ir a casa.
Espero les haya gustado, mas corto, pero en fin, espero sus comentarios, y gracias a las personas que lo hacen es muy importante para mi su apoyo.
Saludo y Besos
Yomara
