Capítulo 13

Listón azul

Llegaba poco antes del anochecer a casa, mientras caminaba hacia la puerta del gran jardín que conducía a la primera entrada, pude ver como el sol se metía, con destellos rosas y dorados añadiéndole mas belleza a la casa de Elizabeth Masen, descubrí por que se había empeñado tanto en construir una casa justo en este punto de la ciudad, y alejada del centro, que si bien no era practica para las lejanas visitas, valía la pena ver la cara de las damas amigas de mi madre cuando observaban con envidia y escepticismo la casa, inspeccionando algún detalle mal decorado, sin tener éxito. Si podría decir que esta casa era mucho mas bella en comparación con nuestro antiguo hogar, aún así seguía añorando ami hogar, tal vez con el tiempo, viviendo tanto como lo hice allá podría, entrañarme con esta confortable residencia… ¡A quien engañaba!, no podría reemplazar las mismas aventuras vividas aquí, mi niñez se quedó en Chicago, lo mas hermoso que nos brinda la vida, como reemplazar lo irremplazable. Tal vez no estaría pensando esto, que digo tal vez, no estaría añorando tanto regresar al pasado, si mi padre no se empeñará tanto en darle a mi estadía en Londres tantos conflictos y responsabilidades, sabía que creciendo se adquirían estas, pero también tenía por pensar que yo podía decidir las responsabilidades con las que podría cargar, no me quejaba en absoluto, estaba agradecida con mi padre de darme cuanto necesitase, pero si he de tener una responsabilidad tan grande como el estudio de mi carrera, tendría que ser una responsabilidad que llevará a cuestas con gusto con la satisfacción futura de saber que un día realizaría un trabajo que disfrutase hacer, pero como no renegar, si se me imponía algo que me parecía tan pesaroso y tan alejado al arte. Encontraría alguna manera de modificar los planes que con tanto ahínco mi padre había forjado para mí. Y relegará a mi, un estudió mucho mas acoplado a mis deseos. No era soberbia, el empeño de hacerle cambiar de visión, pero en el fondo sabía, que algún día el verme viejo y desdichado, trabajando sólo por su legado, lo haría sentir pena. Sólo faltaba el diminuto detalle de encontrar la manera de sacar a flote mis planes.

-Edward- Oí cuando me llamaron al otro lado de la puerta, me levante de la cama rápidamente, ya que le había echado llave ala puerta, sabía como se ponía mi madre cuando intentaba abrirla y ¡OH sorpresa!, su hijo desconfiado le había puesto llave para que su madre no fisgoneará en su habitación. Eliza tan desconfiada.

-Pasa mama- Le abrí antes de que pusiera mano ala cerradura.

-Cariño- Me saludó, besando mi mejilla, nunca perdería ese hábito.

-¿Qué paso mama?- su visita en mi habitación no era buen presagio. La miré desconfiado.

-Me ofendes hijo, no puede venir su madre a conservar con su hijo- Rodeé los ojos. Pero no le contesté. Para que prosiguiera.

-Se que estas molesto con tu padre,- Moví mis brazos en negación sobre hablar de este tema.

-Edward- sentenció, haciéndome guardar silencio.

-Y ante lo que pudieses estar pensado, te apoyo, y no me mires con desconfianza. Respeto las decisiones que toma tu padre, pero eso no quita el saber también cuando se equívoca, muchas veces dejó que se equivoque, pero esta vez no puedo quedarme al margen, sabiendo que su error lo puedes pagar tú, así entonces, elige lo que quieras hacer de tu vida hijo mío, por que tu madre te apoyará, y realizarás tus sueños así me cuesta jalarle los cabellos a tu padre- Soltó así directamente y sin tapujos, como era de suponerse, cuando tomaba una decisión. No sabía las influencias que habían evocado esta decisión de su parte, pero no podía estar mas contento.

-Gracias mama- Me limité a decirle, y bese su mejilla agradecido, pero me quedaba algunos asuntos por resolver. Como era tan buena lectora de mentes, se dio cuenta cuando no me miró completamente satisfecho.

-Y respecto a la hija de los Olivier, Anastacia, tampoco debes preocuparte, no te casarás aún si así lo decides, y tampoco te impondremos mujer.- Nunca comprendería como se anteponía a mis necesidades, pero algún día pagaría orgulloso y feliz, su apoyo.

Le sonreí, sabía que mi padre se sentiría traicionado, pero al final el nunca haría algo que pudiese molestar a Elizabeth Masen.

-Mama, no es que no me gustaría casarme, pero aún no es hora, y poco llevo de conocer a la hija Olivier.- Expliqué, ahora que sabía que sin condiciones contaba con mi progenitora, le debía por lo menos razones por la que me oponía al razonamiento arcaico de su esposo.

-Lo sé cielo, y no es que me agradé tampoco saber que te irás de mi lado tan pequeño- Me guiñó el ojo, y acarició mi cabello. Me incomodaba un poco que me tratara como un niño, pero esta vez me convenía, sólo le seguí la corriente.

-¿Hay alguna afortunada?- Me preguntó sonriendo.

-¿eh?- no entendía aún, a que se refería, capté el sentido de su pregunta hasta que fue más directa.

-¿Hay alguna muchacha que te llamé la atención en términos amorosos?- Sentí calor de repente en el rostro. No me gustaba tratar estos asuntos con mi madre.

-Mama…- empecé a protestar.

-Hijo, tengo derecho a saberlo si hay alguien, antes de ponerme celosa- Me advirtió bromeando pero con una nota histérica.

-No madre, no debes de preocuparte aún no ha llegado la muchacha que capté mi atención para términos amorosos- Entre mas rápido terminará el tema mejor para mi.

-No estoy tan segura en eso, pero me conformó por ahora- Se encogió de hombros con despreocupación, no la iba cuestionar más por su falta de seguridad.

Se levantó de la silla en la que se había acomodado para hablar cómodamente, me beso la frente, y se dispuso a salir.

-Tal vez, te gustaría cenar en tu cuarto esta noche- Me dijo antes de salir por la puerta, traducido sería, no se te ocurra salir de tu cuarto, y sabía bien para que, sólo esperaba que no alterará mucho el pobre corazón de mi padre.

-Sabía que aunque mi madre, ya me había aclarado que podía rechazar la relación con la hija de los Olivier, tendría que cumplir mi cita como un caballero. Suspiré resignado, y puse mis manos en la cabeza esperando la hora en la que traerían mi cena. Me había vuelto el apetito en un corto tiempo, abrí la gaveta del mueble que se encontraba a un costado de mi cama, y saqué el reloj de bolsillo, para ver la hora, no alcance a verla ya que llamó mi atención un pequeño lazo azul metido hasta el fondo de la gaveta, lo tomé y cerré la gaveta. No recordaba haber guardado este lazo, pero sabía su procedencia.

Chicago, 1911.

-No Edward, no lo haré.- Me decía firmemente, pero con temor en la voz, apenas podía distinguir sus palabras, ya que estaba mudando de dientes, dándole un tono mas infantil de por sí, a su voz, que una pequeña de siete años pudiese tener.

-Pequeña Marie, ¿acaso tienes miedo?, pequeña, pequeña Marie- Repetí burlándome, retándola.

-Perdóname viejo Edward, no es miedo lo que me hace negarme, si no respeto…- se defendió fieramente.

-Marie, la casa hace mucho no tiene dueños, así que no ocupamos permiso de nadie para entrar- Sonreí triunfantemente, le había dado una buena razón, y la jalé del brazo.

-Yo digo que si ocupamos un permiso, no creo que le hayas pedido a tus padres ¿cierto?- Me miró cerrando los ojos, traté de sonar seguro.

-Claro, siempre me dan permiso para que exploré- Sonaba tan seguro, que me creyó.

-Pero ahí adentro esta obscuro- Tragó saliva- Y debe de haber cosas extrañas- Siguió podía sentir el temor en su voz.

-Por eso iremos Marie, para comprobar lo que hay, pero si tienes miedo iré sólo…- Y empecé a caminar firmemente hacia la cera de enfrente donde se encontraba la enorme casa. No tardaría mucho en escuchar el paso de Marie, siempre encontraba el modo de lograr que me acompañara. Y así fue.

-Espera Edward,- Me dijo jadeando Marie, volteé y estaba roja, supongo del enojo, por verse obligada acompañarme. Lo ignoré y le sonreí, hizo una mueca al verme, hoy yo había ganado.

Caminamos juntos hasta llegar al portón de la entrada, podía ver el jardín descuidado y en unas partes muerto, era una enorme mansión, abandonada, tétrica y obscura. Podíamos ver como se había caído la pintura blanca de sus paredes, y como habían cubierto con tablas las puertas, para evitar la entrada, en un tiempo pude ser hermosa, hoy sólo podíamos ver una gran desvencijada casa. Empuje el portón y cedió fácilmente, sabía que no tenía algún tipo de candado, no era la primera vez que entraba, pero para Marie si lo era, sólo la asustaría un poco, sabía que no había cosas extrañas, si acaso ratas enormes, pero no eran tan espantosas. Marie entró atrás de mi con pequeños pasos, parando de vez en cuando para observar las ramas secas, que se interponían en el camino, había muchos árboles por lo que tampoco se podía apreciar cuanto había de jardín, baldeaban un solo camino hacia la entrada de la puerta frontal de la casa. Marie paró antes de subir las tres escaleras que llevaban a la gran puerta de roble vieja. Me regresé y la tomé del brazo, animándola a entrar.

-Vamos Marie, no pasa nada es una gran casa, te gustará conocerla- La animé un poco más, no quería que se echase para atrás.

-Yo no lo creo Edward- La ignoré y la agarré del brazo para que caminara conmigo forceje un poco pero cedió, y camino, abrí la puerta con un empujón y entramos apenas podíamos distinguir la casa por dentro, el atardecer había llegado toda la casa estaba bañada con luz rojiza, sentí como Marie se pego a mí instantáneamente y me tomó un brazo con sus dos manos. No se por que le daba tanto miedo, no encontraba nada tenebroso en la casa. Caminamos, y sentí cómo brincó de mi lado Marie, pero no soltó palabra.

-Son telarañas Marie, sólo telarañas- Le avisé, quitándolas con el brazo para que me viese.

Suspiró, pero se volvió a pegar a mí firmemente, caminamos hacia un cuarto no había ni un solo mueble, sólo mucho polvo, y algún jarrón o vasija tirada en el piso, y grandes cortinas que cubrían los ventanales. Llegamos al pie de unas grandiosas escaleras en forma de caracol. Marie volvió a parar.

-Edward, yo no subiré allí arriba, fue mucho por hoy- Me dijo temblándole la voz.

-Marie, pero si allí está lo que quiero mostrarte- Repliqué, apenas pude notar que movía energéticamente sus cabeza en señal de negación.

-Esta bien entonces puedes regresar, yo subiré- Le contesté, sabía que no podría irse sola, no tenía el valor suficiente. Así que sólo subí tres escalones, cuando sentí el cuerpo pegado a mí de Marie de nuevo.

-Me las pagarás Edward Masen, lo juró- Me dijo con rencor y resignación en su voz, sólo solté una risa.

-Si tú lo dices…- Le respondí calmado.

Subimos lentamente, Marie tenía dificultad para pisar cada escalón, el sonido de nuestros pies contra la madera hueca, era lo único que podíamos escuchar junto con la respiración agitada de Marie. Eran unas largas escaleras, subimos el último escalón, y estaba un cuarto sin puerta al fondo de un largo pasillo al que habíamos llegado. Me acerqué más rápido, Marie parecía mas tranquila así que me igualó el paso. Casi entramos cuando sonó una vasija caerse al piso, haciendo un estruendoso ruido, Marie automáticamente brincó y me abrazó, volteé rápidamente y miré una enorme rata acercándose velozmente a nosotros, no fue muy buena idea ya que Marie siguió mi mirada y observó con horror el roedor, cuando alcanzó a gritar el animal ya había pasado rápidamente de nuestro lado hacia otro cuarto. Marie se abalanzó sobre mí tan rápidamente que no pude equilibrarnos, y caímos al polvoso suelo, provocando que este se esparciera mas por el aire, Marie me abrazaba fuertemente arriba de mí, aplastándome era un verbo mejor.

-Marie, tranquila sólo era una rata- Le dije jadeando aún por el sofoque provocado. Siguió firme como una roca escondía su cara en mi pecho.

-Marie- acaricié sus cabellos, tranquilizadoramente.- Mírame Marie- Nada paso. Siguió igual escondida.

-Marie, escucha, yo nunca permitiría que te pasará algo malo, ¿Entiendes?- Prometí seriamente. Parece que reaccionó y alzo su rostro lentamente.

-¿Me lo prometes, de verdad?- Preguntó dudosa, volteando para todos lados.

-¿Acaso no cumplo mis promesas?-Inquirí. Asintió y me miró a los ojos, no se había dado cuenta que esta arriba de mí, aún con la poca luz, podía ver sus mejillas coloradas, y sudor crispaba su nariz y frente, predominando unas cuantas pecas en ellas, de repente me sentí avergonzado e intimidado, y ya no me molestaba que Marie estuviera abrazada a mí, sacudí la cabeza más apenado.

-Marie, si ya estas mejor, anda muévete, me aplastas- Solté volteando a otro lado. No se movió, y miró donde se encontraba y brincó mas que cuando vio la rata. Me paré rápidamente. Ignoré que los dos estábamos como unos saludables tomates.

-Bueno sígueme, ya viste que no corres peligro aquí, si no molestas a los inquilinos- Repuse, y no espere respuesta entrando al cuarto, Marie ya estaba aún lado mío con la boca entre abierta.

-¡Wow!- Chilló- Es hermoso Edward.- Si era hermoso, frente a nosotros estaba una enorme ventana que abarcaba toda una pared, y esa ventana aunque estaba un poco sucia, podía transparentar el paisaje detrás de ella, un gran río, con un enorme prado con flores sintonizando el arco iris. Bajo enormes árboles tan verdes que parecían pintados, mas bello, aún mas hermoso ver el claro y quieto río, albergaba toda la imagen frente a él, podías ver como todo a su alrededor se reflejaba en él, cada pequeña rosa, el vaivén de los árboles, incluso podías ver mas color en los reflejos, el sol a través de los mas altos árboles, parecía una competencia, entre quién podía demostrar mas belleza si el reflejo del río, o el paisaje mismo, pareciese como si el paisaje sosteniera un espejo en sus manos y admirará su belleza.

Volteé a ver a Marie, quién podría jurar que pensaba lo mismo por su sonrisa sorprendida.

-Es tan hermoso- Dijo, confirmando mis sospechas.

-Lo sé, ¿a que no fue tan malo venir después de todo, Marie?- La cuestioné divertido, viendo su anonadada expresión.

-No eres un chico bobo después de todo…- Me dijo aflojando los hombros, y así estuvimos un rato, viendo como el sol se metía entre los árboles, viendo el paisaje y el río. Dándonos la alarma de volver a casa. Cuado me paré noté como algo calló al piso de mi ropa, era un pequeño listón azul que sostenía el cabello de Marie hace un rato. Lo junté, y volteé hacia Marie que todavía miraba embelesada el paisaje, así que lo metí en mi bolsillo, me engañé, y pensé después dárselo.

Recordé por que tenía ese listón, la inocencia con la cual lo había guardado todo este tiempo e incluso lo traje conmigo hasta Londres. No lo devolví aunque ella lo buscará un buen rato, sabiendo que era su favorito, y el mío también por lo cual nunca lo devolví.

Tuvieron que ver pasar varios meses para no ver el rostro de rencor y frustración de mi padre, supe cuando mi madre habló con el, se podía cortar el ambiente con tijeras, toda la casa era pura tensión, lo cual no le importo a mi madre ya que se le veía sonriente por todo la casa, no podría decir que me sentía mal, pero tampoco podría ir pregonando mi alegría ante el apoyo de mi madre, y mi inminente triunfo, si mi padre mirase mi sonrisa sería mucho mas difícil para él aceptarlo. Hoy podía decirse que todo había vuelto a la normalidad, reinaba la paz, y mi madre, se había encargado de informarme que debería ir buscando las opciones de universidad, mi padre no daría más remilgos.

-Joven Edward- me llamaron, me encontraba leyendo en el jardín. Miré a la pobre acalorada Magi, venía blandeando un sobre mientras caminaba hacía mí. Se miraba agitada y con las mejillas sonrojadas, no estaba en los mejores años para andar corriendo así, así que me levante para encontrarla y no tuviera por que caminar más.

-¿Si Magi- Le pregunté rápidamente, sin esperar respuesta tomé el sobre de sus manos, y me volví a sentar, para abrir el sobre rápidamente, noté la presencia de Magi detrás, se me había olvidado.

-Gracias Magi, puedes retirarte- Le dije con una gran sonrisa, esta me sonrío de vuelta y se marcho rápidamente.

Viernes 13 de Agosto, 1915.

Espero no estés muy molesto por mi ausencia de cartas, pero realmente no encontraba el tiempo para sentarme y escribir.

¿Puedes creer que sólo hace un par de días, marchasen toda la familia Evans?, que mas puedo decirte, pase todo este tiempo aprendiendo como atender invitados, que si la comida estará lista para las doce del mediodía, que si el té ya se puso. Que si el fuego de la chimenea se apagaba, Marie tiene que ir al rescate, no se puede permitir tener invitados con los pies congelados, ¡Que va!. Pero si eso no te basta para comprenderme, añadiré el saludar diariamente a tres personas más todo el día, sin forma de huir, soportar el chillido de la encantadora tía Lily "Marie, come mas criatura, puedo sentir tu escápula picándome el rostro cuando te acercas a mí", me sorprendió que usase la palabra "escápula", me pregunto si sabría que se refería a un hueso. Al pequeño agradable pero indiscreto primo Nicolás cuando se metía bajo mis faldas, a por su juguetito, no quería imaginarme a que se refería. Mi tío Robert no es que dará muchas molestias era mas pasivo comparativo con el resto de sus acompañantes, me agradaba platicar con él, cuando me relataba las viejas aventuras de Benjamín Evans, algún día me servirían de apoyo, cuando se quejase de mi poco decoro al actuar. Al menos puedo decir que mi vida estuvo agitada por algún tiempo, claro no en comparación con la tuya, me pude enterar gracias a una carta dirigida a mi madre por parte de la tuya, en la cual nos informamos que rechazaste seguir el camino de tu padre, traté de mostrarme sorprendida con ello, me alegra tanto que por fin hayas puesto cara de negación ante los escrúpulos de tu padre. Tú al menos puedes gozar con el impulso de tus padres hacia una educación, yo sólo conformarme con clases de pintura, y no, no me pidas que te haga un hermoso cuadro, por que atentaré con mi vida con el maligno pincel. Te confieso, que pienso más de una vez al día en marcharme lejos, dónde nadie me pueda imponer el rol de la mujer, y buscarme yo misma mi sabiduría, de la cual brilla por su ausencia. Heme aquí, sin ningún tipo de educación, la cual no esta tan escueta, gracias a mi mejor amiga la biblioteca, pido tu discreción , si mi padre supiese de mi anhelo por aprender mas allá del tejido, pintura, y las maravillosas artes del que hacer en casa. Tengo que brindarle un poco de agradecimiento a mi madre, ya que me inscribió a clases de Francés, aunque me decayó un poco la idea que la movió y Charlotte lo dijo: "Cielo, me encantaría que aprendieras francés, por lo general la luna de miel es en Paris la ciudad del amor, (con gesto soñador, no lo relataré ya que mi religión, inculca no desearle mal a nadie, y no deseo causarte pesadillas)." No es que me quejé, gustosa estudiaré, de mi boca no saldrá que dudó que algún hombre se tome la molestia en llevarme a Francia, para que mencionar. Basta de egoísmos, dime ¿ya tienes pensado a que enfocarás tu carrera universitaria?, tengo algunas ideas, pero no me gustaría equivocarme. También pude enterarme de tu vida social en Londres, veo que sigues siendo el mismo rompecorazones, me ofende que siendo tu mejor amiga, no saber nada sobre alguna que otra chica especial en términos amorosos, así lo especifica la inocente Elizabeth Masen.

Me despido desecándote las mejores de las fortunas en todos tus asuntos.

Cariños

Marie

PS. Tal vez la próxima carta sea en francés. (Risa sarcástica).

No pude más que reír ante el relato de Marie, no podría a ver peor suplicio para Marie, al estar encargada de las labores del hogar, y lograr estar de lo más sociable. También sabría de mis intenciones de estudio en mi contestación y gracias ala poca discreción de mi madre, hacerle saber que ya quisiera yo a ver encontrado a mi compañera.

Doble la carta y la metí en mi bolsillo, hoy no habría manera de contestarle a Marie. Supuse que mi madre ocuparía mi presencia en el baile de los Olivier, aunque mi disculpa por no poder acudir a visitar a su hija, hubiera dejado claro, que los planes supuestos habían quedado en nada más que nulos. Pero mi lugar en el baile estaba, y mi madre no permitiría declinar la invitación de la señora Olivier.

Con la resignación en mi cuerpo subí arreglarme. No me equivoqué al sólo entrar al salón encontré a mi madre, tan elegante como siempre, con su impecable vestido rosa pálido y un largo collar de perlas en su cuello, con pendientes y pulsera a juego. Pude ver el enojo y desesperación en su cara, me adelante ala tragedia y bese su mano con impecable caballerosidad.

-Madre, luces más bella de lo diario.- Le informé con una brillante y enorme sonrisa. Me miró irritada, para luego rendirse, y con un suspiro sonreírme.

-Gracias hijo, pero eso no te salva, sube rápidamente tienes diez minutos para cambiarte- Me dijo determinadamente, consultando el reloj en la pared.

Me limité hacer un saludo imitando a un militar, y subí rápidamente a cambiarme.

Media hora más tarde me encontraba entrando a un salón llamativamente arreglado, las flores y las velas atestaban el lugar, junto con meseros uniformados de blanco y negro, blandiendo charolas, invitando a probar los bocadillos, por su olor no podrían más que ser atún. Paso un mesero por un lado, y tome una copa de vino rápidamente, y así como llego a mis manos se fue, decomisada por la generala Masen.

-Ni lo intentes Edward- Me dijo divertida, dándole un sorbo a su recién adquirida copa de vino, suspiré.

-Anda vamos a saludar a los anfitriones- Me pidió mi brazo y se lo di, yendo a su izquierda claro, ya que el brazo derecho lo tomaba mi padre, y así nos acercamos hacia la pequeña familia Olivier. Puse mi mejor cara y seguí caminando al son de mis padres.

-Buenas noches señor, señora Olivier- Saludó mi madre, dando la mano a ambos, pero la señora Olivier, beso ambas mejillas de mi madre, y mi padre y yo nos limitamos a tomar su mano y besarla al igual que su hija, gesto que me irritaba bastante.

-Que placer que hayan decidido acompañarnos está noche- Dijo la joven hija Olivier Anastacia, saludándonos igual que su madre, pero un poco menos entusiasmada.

-El placer es nuestro señorita Olivier- Contesto mi padre cortésmente.

-Espero que esta visita se pueda repetir muchas veces más- Habló la señora Olivier, con un brillo pícaro en sus ojos, sabía a quien iba dirigido ese comentario, seguí sonriendo, fingiendo el mas grande interés por las personas que se encontraban bailando en medio del salón. Mi madre me entendió y sólo asintió, sin responder nada, mi padre se limitó a dirigirse con mi madre hacia la pista. Por lo que me quedé sentado, viendo como transcurría la fiesta, esperando que no esperasen, una invitación de mi parte para alguna pieza de baile. Esa noche tuve suerte, y pasó sin más actividades interesantes.

Me desperté muy temprano para ir a la escuela, sólo quedaba poco para salir de vacaciones, me gustaba ir a la escuela, pero en esta época me encontraba fastidiado y agotado. No había mucho que contar de mi vida social en la escuela, ya que mi grupo se conformaba con apenas siete alumnos, la mitad de ellos me doblaban la edad y la otra mitad, se interesaban más por la hora de salida que la de entrada.

Sólo llegue a casa para quedar profundamente dormido y no desperté hasta al otro día, saltándome la cena. Sentí que mi madre subía a tomarme la temperatura, pero sabía mi afán por dormir largas horas de vez en cuando, sólo me beso la frente y salió, no me molesté en abrir los ojos.

Sólo desperté cuando sentí que los rayos del sol calentaban mi cara, era sábado por lo que no había sido despertado temprano, miré la bandeja de fruta, pan tostado y zumo, en la mesita de noche, comí fervientemente, saciada mi hambre, y hecho mi limpieza corporal, me dispuse a contestar la carta de Marie la cual llevaba aplazándola dos días. Si de por sí el correo era lento, agregarle mi falta de entereza, conocía el corazón tan frágil de mi pobre amiga, por lo que siempre emitía la fecha de la respuesta de mis cartas, par ano sufrir reclamos futuros, y echarle la culpa al torpe servicio de correos.

Pequeña Marie, me alegra que hayas madurado en tu educación sobre como ser una perfecta señora de familia. Míralo por el lado amable !estas lista para casarte! De verdad, no juzgues tanto a tus padres, ellos piensan que es lo mejor para ti, si me lo dirás a mí, siento haberme perdido todo el espectáculo, debes ser honesta y contestarme, ¿Cuántas veces caíste en su estadía, o cuantos huesos rompiste incluida la escápula?, corres con mas suerte que la mía, tu al menos te diviertes, mi entretenimiento se limita, a salir, y fingir que no entiendo indirectas de madres desesperadas por unirme a sus hijas. Sabes si de por si no me gusta salir a los magníficos bailes, espero notes mi histeria al leer "magníficos".

Si quieres estudiar, y no conseguirte un buen marido que te lleve a Paris aunque sería bueno para practicar tu futuro idioma a aprender déjame decirte, que la práctica hace al maestro Marie, sólo relájate y platica con tus padres de preferencia con Benjamín el más cuerdo, sin ofender a tus queridos padres. Pero si un día haces alguna de tus pataletas, y decides irte de vagabunda exploradora, toma un pasaje hacia Londres, al menos aquí tendrás un trabajo, hay varias personas que se han ganado les desee un pequeño accidente, te quedarías con el puesto automáticamente.

Bien sabes que desde aquí tienes todo mi apoyo, y sólo no dejes que tu madre te casé antes de que llegue, tendría que pasar por mi aprobación primero, debe estar advertido el sacrificio con el cual tendrá que cargar, cuando te lleve a pasear por un parque, o de no sostener bebidas calientes frente a ti, siento escalofríos de pensarlo, mis piernas todavía tienen cicatrices, por las veces que te acompañe a tomar el té.

Aún así debo decirte cuanto te extraño, en realidad extraño todo Chicago, la vida simple y sin dificultades, o tal vez exagere y aún no comprenda que el crecer, no es sólo ganar centímetros y tallas, si no también responsabilidades y obligaciones. Otra cuestión de tu parte y para que estés tranquila y no te pongas celosa, debo decirte que no hay ninguna mujer aparte de mi madre que llene mis días en Chicago. Cuando llegue serás la primera en enterarte lo sabes, y claro que eres mi mejor amiga, pero no me pondré sentimental, sin mas dramatismos me despido.

Abrazos

Edward

PS. Medicina, quiero estudiar las artes de la salud.

Doble la carta y la metí en un sobre, había comprado una caja de bombones con relleno de licor, la cual me hubiera gustado vérsela comer,y ver como su poco sentido de estabilidad de sostenerse en una superficie plana desaparecía. Me conformaría con recibir su relato escrito.

Por fin libre de la escuela, tendría dos meses de vacaciones, y no podría estar más entusiasmado. Me encontraba despidiéndome de mis padres en la estación en pleno lluvioso septiembre, parecía un ambiente dramático con la lluvia y las lágrimas de mi madre haciendo avalancha en su cara.

-Mama basta, regresaré es sólo un viaje de vacaciones- Le reproche con ternura.

-Lo sé Edward, pero nunca me he separado de ti tanto tiempo, hijo debes prometerme que será prudente, y tomarás todas las medidas que te he impuesto.- me ordenó firmemente.

-Debes de estar tranquila, dudo que Cristián me deje comportarme menos bien de lo que tu lo harías- La tranquilicé y la abrase. Me dirige a despedirme de mi padre, que también para su orgullo, se miraba como si quisiese contener las lágrimas, vaya par de exagerados, aunque debo confesar que me afectaba también separarme de ellos.

-Hijo confío en ti, y espero que tu estadía sea de tu agrado- Me dijo seca pero tiernamente, y me volvió abrazar.

Así, me apresuré a subir a tomar mi asiento, y pude ver por la ventanilla como mis padres se abrazaban y me decían adiós con sus manos libres, les sonreí y me despedí con la mano.

Espero les guste, disculpen la tardanza en fin… =D aquí. Esta

Espero sus RR.

Saludos & besos

Yomara