Declaro que los personajes de Crepúsculo, pertenecen a S. Meyer, yo sólo escribo otra historia.
Capítulo 15
Disfrutando
La cama no me dejaba salir, era tan tentador quedarme todo el día descansando, el viaje me había agotado más de lo que creía, suspire resignado, y quite la manta que tapaba mi rostro. No me había dado cuenta, el sol estaba muy brillante, se me había hecho tarde. Brinque de la cama, ni siquiera Cristián me había ido a molestar con lo tarde que debería ser, no cabe duda, me había extrañado.
Me fui directamente al baño de nuevo, como bala salí de nuevo, en unos minutos ya estaba en la cocida, siguiendo un olor a café, miel y panqueques, me gruñó el estómago
-Buenas tardes, dormilón, tuve la esperanza de que tu gusto excesivo por el sueño, hubiera disminuido- Me saludo, Cristián sonriente, tenía las manos con unos enormes guantes y se dirigía al horno. Le bese la mejilla y me senté en la mesa en medio de la cocina.
-Tengo tanta hambre, que me comería una vaca- Le informé, no bromeaba. Recibí una mueca de mi acalorada nana, estaba sosteniendo a duras penas la puerta del aparatoso horno.
Procedía a pararme cuando me hizo señas de que lo dejará así, sabía que era lo mejor, de otra manera haría sentirla una anciana, aunque no tuviera nada de eso.
-Estas cosas, son inservibles, si no fuera porque, nadie aquí puede vivir sin pasteles, ni panques, estaría en el basurero en estos momentos.- Dijo con una mueca, dejando una enorme charola con muchos panques. Negué la cabeza, y le sonreí, cuando puso frente a mí, una pila de panques, café, jugo, huevos con beicon, y fruta con miel.
-Sí, como decía, tu plan funcionará muy bien, pero no te preocupes, no me molesta- Le contesté antes de meterme a la boca toda la comida. Devore todo en unos cinco minutos y palmee mi estómago, podría acostumbrarme a tener una vida tan pesada.
-Entonces, ¿qué vendríamos haciendo hoy?, te lo pregunto para asegurarme de tener suficiente comida para la merienda- me pregunto sonriente.
-¿eh?... pues…-
-Vas a traer a Marie a comer, supongo, te lo advierto, porque, recuerdo cuando llegaba la pequeña desmayándose de tanto juego, y poca comida- Me advirtió seria, pero guiñándome un ojo, bueno en todo está, nana mía.
-Claro que no permitiré que se desmayé, si de por sí, poco le falta para una anemia, no soy tan desconsiderado, me ofendes con tus comentarios, ya maduré.- Le reproché en broma.
-Aparte, no aguanto esperar, que deliciosa comida, me espera, eso sí, te advierto, que llegaremos un poco tarde, hay algunos lugares que quiero visitar hoy.- Y con eso salí, de la cocina hacia la gran salida.
Debían ser como las diez, de la mañana, el sol era brillante, y hasta podía sentir caliente mi cabeza, cuando caminaba el pequeño tramo que me llevaría a la casa de mi pequeña amiga. Por la prisa de anoche no me daba cuenta de que había nuevas casas, en la calle, unas muy bonitas y extravagantes. Chicago crecía constantemente.
Abrí el cerco, para tocar la puerta y miré unas huellas de lodo desperdigas por el camino, me reí, Marie se sentiría abochornada, así que intenté quitar un poco el lodo seco con mis pies, estaba en el trabajo cuando escuché el clic de la puerta abrirse, levante la cabeza y allí estaba Marie, sonriente delgada, y con su tez tan pálida que sentía que podría ver la sangre correr por sus venas, traía una descuidada trenza por un lado, y un vestido un poco holgado de un bonito color crema, que hacía ver su piel un poco rosada, pero me sorprendí al ver unos anteojos en su rostro, si recordaba aún haberme dicho que ya no los necesitaba.
-¿Por qué usas anteojos?- Le pregunte primero.
-Bueno, me acostumbre a traerlos…- Se encogió de hombros dudosa. Caminé hacia adentro, pero me detuvo.
-No hay nadie en casa, mis padres, fueron a una merienda de un amigo de papa- Me dijo sonriente.
-Supongo que…- empecé preocupado, pero me corto.
-Si pedí permiso, tonto Edward, puede que ya no tenga seis años, pero aquí la seguridad ha aumentado- Bufó exasperada, me reí a su cosa, y le despeine un poco el cabello, extendiéndole un brazo a la vez, para salir. Me sonrió y lo tomó.
Caminamos, una buena cantidad de calles, no había de otra, intentaría sobornar a Latimer mas tarde.
-¿Y a donde me llevarás primero?- Le pregunté, dejaría que me diera un exclusivo tour, no es como si no conociera más que ella Chicago a pesar del tiempo que había pasado.
- Bueno había pensado que sería bueno ir a….- guardo silencio repentinamente y apresuro el paso, me extrañe y enfoque mi vista al frente y pude ver que afuera de un local, donde supuse vendrían vestidos, y allí saliendo había dos jóvenes, con apretados vestidos y rizos rubios. Iba preguntarle qué le pasaba a Marie, cuando escuché unas risitas ahogadas, y miré como las dos jóvenes dueñas de las risas, se nos acercaban despistadamente. Les sonreía pues seguramente vendrían eran amigas de Marie, me paré, pero Marie se vio un poco afligida por el acto.
-Hola Marie, nos quedamos esperándote en la reunión de Percy Mcgregor- Saludo sonriente a chica más rubia, era muy hermosa, con grandes ojos verdes, y rizos miel.
-Hola Caitlin, sí, bueno eh… yo lo lamento, pero estuve muy ocupada ayer por la noche- Contestó Marie agachando un poco la mirada, y pensé cuán importante significaba para mi amiga el plantar rosales, por la noches.
-Pero si, mira, no está tan errada si no asistió, por acompañar a este joven, no cabe duda que suerte tienen las poco agraciadas….- Dijo la otra joven, con el cabello de un intenso rojo, más amargamente que alegre, la mire con advertencia, no podía contestarle mucho a una dama, pero que procurara no provocarme. Iba a darle una buena contestación cuando la rubia se adelantó.
-Victoria, tu imprudencia te caracteriza- La miro acusadoramente y negó con la cabeza.
-Disculpen a mi amiga, a veces le tarda en llegar las ideas correctas al cerebro- Sonrió sentidamente. Voltee a ver a Marie quién se encontraba con la cabeza gacha, y las mejillas coloradas, y voltee hacia la llamada Victoria, quién también estaba roja por el comentario de su amiga.
-Edward Masen, a sus servicios- Me presenté y despedí de la linda rubia, y agarre a Marie del brazo, ignorando a la pelirroja. Opté por sacar a Marie, de allí, noté que seguía siendo la misma niña tímida. Aunque pasara otra vida, ella no cambiaría.
Traté de sacarle plática mientras nos sentábamos en una pequeña mesa que se encontraba en un balcón de una cafetería, la que era nueva y Marie me condujo, era elegante pero más acogedora y que nada se escuchaba una música alegre de fondo. Marie sólo contestaba con palabras cortas y rápidas. Espere a que nos sirvieran unos cafés y pastelillos de fresa, que Marie había pedido para ambos, supuse que eran sus favoritos, empezó a batir con la cuchara distraídamente el café.
-Marie, si estás pensando, en lo que te dijo esa joven grosera, debo decir que me decepcionas, no debes hacer caso a comentarios mal intencionado, por mujeres que desean estar en tus zapatos- Le dije lentamente para que captará el sentido. Iba empezar hablar otra vez, al ver que no contestaba, pero entonces me respondió.
-Está bien Edward, déjalo no ocupas mentir para hacerme sentir mejor, es algo que ignoró muy bien, soy feliz tal cuál soy- Por fin había volteado hacia mí y aunque sonreía, mire un poco de tristeza por detrás de sus anteojos.
-Primero yo no miento, sabes lo que eres, eres divertida, inteligente, amable, noble, y otras cosas que ahora no me vienen a la mente, buenas, claro, en segundo lugar, no debes dejar que te hagan esos desaires, y tercero espero por tu bien que eso no sea muy seguido, porque entonces me tendré que hacer cargo del asunto. Eres demasiado buena para tu propio bien. – Le respondí un poco exasperado, me molestaba mucho pensar, que Marie podía ser atosigada por gente de ese tipo.
-Gracias Edward, pero me defiendo bien sola- me con un sincera sonrisa, y orgullosa, me encantaba cuando se defendía con tal convicción, nunca le había gustado ser rescatada.
Unos minutos más tardes había comprobado porque a Marie le gustaba aquel lugar, el café sabía bien, los pastelillos, no había probado unos así, aunque procuraría no decirlo delante de Cristián, era muy sensible. La música era alegre y relajante, tentaba a querer bailar, y con todo y que yo no bailaba ni los ojos.
-Este lugar es muy agradable Marie, entiendo porque te gusta venir, supongo que vendrás a menudo- Le dije, totalmente relajado.
-En realidad llego algunas veces con mama, pero no tanto como me gustaría, es un lugar agradable para pensar, y leer- Me dijo pensativa, me dijo mirando un punto en la nada.
-¿Y porque no asististe a esa fiesta que mencionó tu amiga?, no creo que haya sido por escavar en la tierra, aunque suena divertido- Le pregunte molestándola un poco.
-Bueno pues la verdad no me gustan mucho los eventos sociales, ya te imaginarás, y no me gusta ver a personas que no me apetece- me dijo con una mueca, supuse que se refería a la pelirroja.
-Es bastante aburrido, sentarte allí y fingir que la pasas bien, saludando a gente que no conozco, y soportando como me critican a mis espaldas, no soy hipócrita ya lo sabes.- Me informo con un tono cansino, pero siguió hablando. – Y lo peor, es saber que en unos días me veré obligada asistir a otro fantástico evento social, al que no puedo negarme ya que el jefe de papa, lo invitó, ya sabes tiene que quedar bien- se encogió de hombros resignada.
-Pero no todo es tan malo ¿Sabes?- Le comuniqué divertido.
-No creo que haya algo mínimamente bueno Edward- Resopló.
-Tendrás un apuesto caballero acompañándote toda la velada- Le dije para que sonriera un poco, hice una pequeña mueca, no es que me encantara salir a fiestas, y aparte tendría que aprender a bailar, sin que Marie se diera cuenta, o la preocuparía, más de por sí, al sentirse insegura toda la fiesta.
-Ya deberíamos irnos antes de que Cristián, se suba por las paredes,- Me reí de la cara de Marie.
-Le prometí llevarte antes de que desmayaras, aparte tendré que decirle a tu padre, que te lleve con un doctor estas muy delgada Marie.- Le dije risueño aunque si pensé que estaba más delgada, aunque supuse que le faltaba crecer aún.
-Está bien, fortachón, pero, si me ganas- Me pego un codazo y salió corriendo por el jardín que daba a la casa, la deje avanzar unos metros y corrí dejándola atrás en pocos segundos, la esperaba recargado en la puerta de la entrada, viendo como literalmente se desvaraba por llegar junto a mí.
Estaba agitada, y con las mejillas rojas por el esfuerzo, llego sin aliento y me pego una palmada en el pecho que casi me tumba.
-Si no te gusta perder, no compitas contra mi te lo advierto- Le guiño un ojo y le abrí la puerta para que entrará, fuimos directo a la cocina supuse que Marie necesitaba reponer un poco su hidratación, y no me equivoqué cuando se empapo prácticamente con dos grandes vasos de agua fresca. Me reía de ella un poco cuando, salió de quién sabe dónde Cristián.
-Marie pero que te paso muchacha tienes las mejillas pintas- regaño mi nana, volteando hacia a mí, yo me encogí de hombros.
-Esta vez, no tuve nada que ver- Marie bufó y yo volví a reírme.
-Siempre la traes a punto de desmayarse, ahora deberían ir a lavarse para comer- Nos instó a que saliéramos de la cocina, ya que nos serviría en el enorme comedor.
Íbamos hacia allí riendo, cuando mire que Adela salía del pasillo encontrándonos.
Me sonrió luego miró a Marie, y su rostro decayó un poco, no entendía porque seguía teniéndole ese poco afecto a Marie, ella siempre era amable con ella.
-Mabel, deberías acompañarnos a comer tu madre, preparó una deliciosa comida- La invitó alegremente.
-No ya comí.- Respondió cortante y se marchó rápidamente perdiéndose en la cocina. Marie que supuse que estaría ya más que acostumbrada al mal humor de Adela, se encogió un poco pero siguió caminando hacia el comedor, después de habernos lavado las manos. En unos minutos teníamos un gran banquete en la mesa, todo se miraba delicioso, por lo que no tardamos en comer, me sorprendió ver comer bastante a Marie.
-Marie, Marie, no te vayas ahogar- La seguí molestando. Me respondió tirándome con una servilleta que yo agarre con mi mano.
Cuando hubimos terminado, y estábamos satisfechos. Empezamos a platicar, nunca acabaría la plática de todo lo que habíamos hecho, bueno más bien yo, ya que Marie no hablaba mucho sobre su vida ya me encargaría más tarde de eso.
Espero les guste el nuevo capítulo, y de nuevo gracias por leerme, y actualizaré pronto.
Saludos & Besos
Yomara
