Los personajes principales pertenecen a S. Meyer, yo sólo escribo todo lo que me gusta.

Capítulo 16

Porque no dar explicaciones

MPVO:

-Vamos Marie, porque no puedes contarme todo, soy tu mejor amigo- Me presionaba Edward, me chantajeaba era la mejor descripción a la mirada intensa que me daba para sacarme información.

-Te he contado todo, no sé qué más puedo agregar- Me encogí de hombros, me empezaba impacientar con este tema.

-No es cómo si tuviera una vida, llena de glamour- Agregué bajo, entre dientes.

-Tal vez no, pero algo más interesante que tus clases de francés y de coce,r debe haber.- me aseguró con una sonrisa alentadora.

-Edward, creo que debería aclararte algo, en primer lugar, como puedes haberte dado cuenta ya, no soy muy popular entre las hermosas jóvenes debutantes- Empecé rodando los ojos por lo obvio, si era mi supuesto mejor amigo, deberá evitarme estas bochornosas obvias confesiones.

-En segundo lugar, por motivos que sobran decirlos, no soy muy sociable, y no me malinterpretes, soy feliz así, y en tercer y último lugar, deberías saberlo, ya que como bien has acertado decir, eres mi mejor amigo, y único para mi desolación. Por lo tanto me conoces, y no es como si hubiera cambiado mucho, lo esencial sigue allí.- Le comenté lo más rápido que pude, señalando con las manos lo obvio en mí.

Edward seguía mirándome con esa sonrisa burlona, era insoportable cuando quería, como si no fuera bastante duro, saber que, lamentablemente éramos tan diferentes.

Así desparramado cómodamente en la elegante silla, con el cabello alborotado como de costumbre, dolía verlo, ajeno a su visible y gran atractivo, para él era muy fácil sorprenderse de mi falta de talentos, mientras él desde pequeño, destacaba en sus estudios, en su piano, y en todo lo que se propusiera realizar, aún tenía muy claro en mis recuerdos, cuando todos los niños retaban a Edward en cualquier juego inocente y siempre resultaba vencedor, cómo también en otras cosas no tan inocentes, como cuando Edward, por mi gran culpa, saltaba a defenderme de los crueles comentarios que era víctima y a pesar de cuanto le decía lo inofensivo que eran esos comentarios para mí, el sólo me quitaba de en medio o me soltaba la mano con la que trataba de jalarlo, cuando miraba su semblante rojo por el enojo, sabía que más bien poco podía hacer, y acababa con moretones en unas partes de su cuerpecito pero eso no era nada comparado con los niños a los que se enfrentaba, a pesar de que se llevaba unos buenos jalones de oreja por parte de sus padres, Edward seguía defendiéndome; por algún motivo nunca dejo de hacerlo, aunque no pudiese ponerse a golpes con muchas de las niñas que me maltrataban y no sólo verbalmente, encontraba uno u otra forma de vengarse, y las niñas enfurecían más al ver su injustificada sobreprotección hacia a mí, ya que desde pequeño Edward era asediado por las pequeñas herederas, aun cuando el no diera muestras de darse cuenta de aquello, ellas seguían intentándolo, unas incluso me trataban amablemente para quedar bien con él, para todas era algo como su hermana pequeña, y eso me irritaba tanto, o más que sus insultos e hipocresías aunque nunca se lo comentaba a Edward; el amable comportamiento que me brindaban las pequeñas sólo duraba mientras estaba en su presencia y las muy inteligentes sabían, que yo no era capaz de irle con chismes a Edward, por evitarle un enojo más. Nunca comprendí que vio en mi para quererme como su mejor amiga, será que desde pequeño él decía que iba ser un gran soldado, y siempre para él era proteger a los que lo necesitasen y los más débiles, y realmente poco me importaba yo era más bien feliz mientras estuviera a su lado.

Aunque hubieran pasado unos pocos años, para mí fue una vida, la cual se volvió desolada, triste la mayor parte de las veces y aburrida, ya no reía hasta que me doliera las costillas, ya no tenía la diversión del regaño de mis padres por hacer travesuras junto a Edward, y principalmente ya no tenía a mi pequeño y secreto amor. Era una pequeña tonta, como todas las demás niñas, aunque no había de otra con Edward, o te enamorabas de su encanto o lo hacías, y bueno nunca me había importado que para él solo fuera su amiga de toda la vida, porque sabía que él me quería y para mi sobraba y bastaba con eso, era más que afortunada por tener un huequito en su corazón.

Cuando lo mire allí de pie frente a mi desparpajado aspecto, sólo pensé en lo mucho que me había hecho falta, y en que a pesar del tiempo podía sentir que él aun me quería, como su amiga, o su hermana lo que fuera, era algo que me encantaba tener, claro que ahora era una mujer, y no podía ignorar en lo guapo que era, con sus granes ojos verdes, su cabello, y sus perfectos rasgos era simplemente arrebatador, me extrañaba mucho que en sus cartas no mencionará a ninguna mujer hermosa y encantadora, secretamente me alegraba, aun cuando sabía que eso pasaría tarde o temprano, prefería que fuera mas pero más tarde que temprano.

Edward me saco de mis recuerdos y aplaudió frente a mí, supuse que tenía una pregunta que no habría escuchado.

-¿eh?, ¿Cuál?- fue lo primero que le dije.

-Marie deja de hacerte la inocente, y contesta, debes de tener algún enamorado por allí, no debes tener pena conmigo.- me dijo rodando sus ojos, y sonriéndome para amedrentarme.

Solté una carcajada por respuesta por lo ridículo de sus comentarios, cuanto cariño me tenía, que no podía ver, lo que tenía por mejor amiga, en estos años si bien había alcanzado una estatura decente, mi delgaducha figura no me ayudaba, mi aspecto era aburrido y sin chiste, y mi escaso guarda ropas no me permitía lucir un vestido despampanante que llamará la atención y me hiciera ver elegante por lo menos.

-Pues el otro día, un niño, me ofreció darme un paseo en su triciclo, y no es por presumir pero era encantador.- bromeé un poco. Edward soltó una contagiosa carcajada.

-Eres absurda Marie, absurda- me apuntó con el dedó.

-Tengo algo para ti- me informó sacando un pequeño paquete del saco que tenía reposando en la cabecera de la silla. Me lo entregó y me hizo señas para que lo abriera. Dudé un poco, y finalmente empecé abrir cuidadosamente la envoltura aunque sólo fuera papel con un pequeño lazo descuidadamente amarrado. Era un pequeño cisne de cristal, pesado y brillante, finamente acabado, era hermoso.

-Edward, es hermoso, no debiste…- empecé emocionada, sabía que para él era un regalo simple, pero para mí era algo que guardaría el resto de mis días.

-Claro que debí, y quería hacerlo, en cuanto lo miré me recordó a ti, un hermoso cisne.- me dijo risueño, pero serio, lo cual me dejo más estupefacta, para Edward, era bonita o así me recordaba, no quiero pensar en lo que vio después de todo este tiempo.

Le di un pequeño beso en la mejilla, le di las gracias, Edward se rió y me despeinó.

-Entonces… ¿cuál sería una buena hora para ir a tu casa para irnos al baile?- me preguntó dudoso, me daba horror en pensar en ese condenado baile, después de saber lo que me esperaba, pero por más que quisiera no podía dejar de asistir por no dejar mal a mi padre.

-Tengo entendido que partiremos a las 9, supongo que si no quieres ir a la casa nos veremos allí- le propuse, para su comodidad, bastante favor me haría con ir por mí al dichoso baile.

-Me ofende señorita, estaré a las 9 menos diez en la sala de su casa- Me dijo con un tono elegante y educado de todo un caballero. Casi le creo si no es por la sonrisa burlona que me dio después de una gran reverencia. Negué con la cabeza, pero no pude evitar sonreír, si lo había extrañado.

-Y ahora debería acompañarte a casa esta oscuro ya y no tengo deseos de que el Señor Evans, me cuelgue antes del baile- Me dijo seriamente, caminando por la enorme casa hacia la elegante puerta.

-No es necesario de verdad, sé el camino y no sería la primera vez que caminé a estas horas a casa sola.- le informé para su tranquilidad, aunque sabía de antemano que de nada serviría que me negará siempre acababa haciendo lo que le venía en gana.

-Sin rechistar, me quitas la diversión de portarme como un caballero, aparte si mi madre se llegará enterar de mi falta de caballerosidad.- Dejó la frase sin concluir para que captará el sentido de lo que podría ocurrir.

-Tu madre se encuentra lo suficientemente lejos para poder ocultarle lo que quieras, bueno, no todo.-

-Sí, sí, camina o si no se nos hará más tarde.-Me ignoró tomándome del brazo, y apurándonos a la salida.

No hablamos mucho por el camino, y así estaba bien, no podía pedir más, aparte de ir caminando del brazo del perfecto Edward, por las calles casis vacías de Chicago hacia mi casa, había mansiones muy elegantes, de las cuáles salían luces tenues, las calles estaban bien iluminadas, por los faros, y la luna, me sentía feliz, como hace mucho no lo hacía, aun sabiendo que Edward, no podría quedarse mucho, no se lo había querido preguntar, ya que no me apetecía escuchar la respuesta, estaba perfecta en mi burbuja rosa, junto a él. Ya llegaría después el abatimiento y la tristeza de su partida. Sacudí la cabeza para sacarme esos pensamientos y seguí disfrutando del trayecto hacia mi casa en silencio.

-Ya que estas sana y salva en tu casa, creo que es hora de retirarme, no creo que al Jefe Evans, le agrade que abuse tanto de su amabilidad- Dijo poniendo cara de miedo, negué con la cabeza, y me guiñó un ojo.

-Hasta mañana, Marie, procura dormir que te hace falta- Me ordenó para salir por el destartalado cerco de mi casa, me quedé parada allí viéndolo caminar tranquilamente por la acera, hasta que se perdió de vista entra a casa, me recargue detrás de la puerta y suspiré, no quería pensar todavía en el día que vendría. Cerré los ojos e imaginé a Edward, invitándome a bailar, con un traje negro, aun en mi pobre imaginación era perfectamente encantador.

-¡Dios, porque no todos podemos ser iguales!-

-Porque si así fuera, linda, el mundo sería tremendamente aburrido- Me contestó mi madre a la cual no había visto llegar, me abochorné, lo único que me faltaba era que me creyesen loca.

-eh, mama, no sabía que estabas aquí.- Mi madre me respondió alzando una hermosa ceja suya.

-Bueno pues no sé dónde más podría estar- Repuso riéndose a mis costa.

-mmm, ¿Y papa?- cambié de tema antes que temiere por mi salud mental.

-Arriba ya acostado, le dolía un poco la cabeza, y baje hacerle un té- Me dijo caminando a la cocina, conmigo siguiéndole los pasos.

-Pobre papa, pero se preocupa mucho por el trabajo, ya le he dicho.- Así era el señor Evans.

-Y se lo digo también yo, pero no escucha, ya lo sabes, espero mañana se relaje un poco en esa suntuosa fiesta.- Dijo arrugando la nariz, y luego sonrío.

-La verdad es que tengo muchas ganas de salir, hace tiempo no bailo con tu padre- Comentó risueña, sabía que no eras de la clase a la que se invitará a las fiestas, pero aun así mis padres, siempre se daban sus escapadas de novios. Sirvió el té en una taza, y salió por la puerta, antes de hacerlo, me gritó.

-Espérame en tu cuarto Marie, en unos minutos voy-

Estaba tan cansada que sólo me acosté en la cama y cerré un poco los ojos cuando los abrí mama estaba frente mí con una caja blanca.

-¿Y te divertiste hoy?- Pregunto mi madre mientras se sentaba con la caja en su regazo junto a mí.

-Mucho mamá, Edward, sigue siendo el mismo loco- Le respondí con una sonrisa.

Toco mi hombro y me miro con esa mirada sospechosa, aparte la mirada, ya no traía mis ridículos lentes.

-Me da tanto gusto, hace mucho tiempo ya no sales, ni te diviertes, eso no está bien para una joven hermosa como tú.- el amor una madre pensé ante sus cariñosas palabras.

-¿Y esa caja?- Cambié de tema, supuse que vendría a darme una nueva falda, hace mucho que me decía que no tenía algo decente para ponerme en el baile y que ya se encargaría de eso. Aunque le había dicho que no era necesario, era feliz con lo que tenía, y no quería mortificar a nadie con banalidades.

-Ábrela y lo sabrás- me dijo emocionada, rodé los ojos y agarre la caja abriendo la delicada tapa.

-Mamá… no debiste, esto debe ser muy… caro, te dije que no…-

-Para ya, Marie, no arruines mi felicidad por favor y pruébatelo.- Me ordenó con una sonrisa.

Tenía en mis manos el vestido más hermoso que jamás pensaría tener, era azul pálido, sencillo pero elegante, con un gran escote para mis dudas, era de seda suave, y con una caída hermosa, era bastante estrecho y pensé si me cabría a pesar de lo delgada que era imaginé que la cintura era muy estrecha.

Y después de unos minutos de agradecimiento y lágrimas por el detalle tan hermoso de mi madre y el sacrificio que ha de ver sido para ella comprar ese vestido, me deslice dentro de él, sintiendo la suavidad de la seda, cubrir y moldear mi cuerpo.

-Te ves encantadora, no habrá nadie tan bonita como tú, en ese pomposo baile- Me dijo con lágrimas en sus tiernos ojos.

-Otra cosa, olvida esos horribles lentes, que tu no los necesitas, Marie Evans.- Me ordenó y para asegurarse de ello, tomó mis lentes y para mi horror los agarro y los quebró por la mitad.

-¡Mamá! Pero que…- le grité horrorizada, mis lentes era mi mejor manera de ocultar un poco mi falta de gracia.

-No, no y no, te pongas así que no me harás sentir culpable, tu hace mucho tiempo no ocupas esos feos lentes, hija, tienes unos preciosos ojos, no sé porque los ocultas- Me dijo acariciándomela mejilla.

Estaba horrorizada y espantada, como saldría ahora sin mis lentes, no quería pensar en las burlas intensificadas de las personas cuando me vieran así. Traté de sonreír para no alarmar a mi madre, y le informé que estaba muy agotada. Me miró preocupada y me sonrió de nuevo cálidamente.

-Eres hermosa, y no debes de ocultarlo, mañana saldrá todo bien, y te divertirás mucho.-Me aseguró y salió por la puerta.

Miré mis lentes en la basura, y sentí un retortijón, no iba a preocuparme más, aparte me lastimaban algo esos condenados lentes, pensé en Edward, y dormí plácidamente.

Desperté más tarde que de costumbre, y sólo por que escuché a mi madre gritar abajo por los condenados pájaros que se comían las especias que mi madre cuidaba con tanto esmero, me reí y salí de la cama. Me cambie rápidamente, y baje a desayunar, si es que había algo aun.

-Buenos días, ¿Dormiste bien?- Preguntó mi padre antes que bajará las últimas escaleras, con un tono burlón.

-No me puedo quejar.- Le respondí con una sonrisa dulce, le bese la mejilla. Y pase a la cocina a buscar algo de comer, mi estómago gruñía, pensándolo bien, quizá eso me había despertado.

-Me da gusto para que estés fresca esta noche- escuché que me gritó riendo, me hice la sorda y cerré la puerta tras de mi como si nada, y con un escalofrío al pensar en la noche que me esperaba. Pensé en varias formas de evitar la salida, si me quemaba por ejemplo con la sartén nadie dudaría de mi plan, ya que no era algo que no hubiera pasado antes, pero sabía que de nada me valdrían esas excusas no podía dejar plantado a Edward, no sabía cuánto estaría aquí y no estaba dispuesta a perderme de cualquier minuto. Un poco más alegre tomé unas tostadas con mantequilla, manzanas y jugo, comí más de lo normal, me sentía con más energía. Salí a cuidar mis plantas, regándolas y limpiándolas, se me fue el día, hasta que mamá me hablo para que entrara a bañarme.

-Es hora de que entres Marie, tienes que estar lista temprano. – se miraba temprano, y lo corroboré al ver el reloj y darme cuenta que eran las cinco y media.

-Mama, pero es muy temprano no sé porque tanto apuro en meterme un vestido, aunque sea uno hermoso.- Le dije más cariñosa.

Ella rodó los ojos y me instó a que me metiera a bañar, y así lo hice aunque me tome mi buen tiempo para hacerlo, hasta que mi madre toco la puerta, y me dijo que ya estaba bien.

Salí entonces, y me sorprendí en todo el tiempo que gastó mi madre acomodando mi cabello en un simple moño, y poniéndome un poco de color a mis mejillas, y carmín a mis labios. En dos horas y media ya estaba en mi perfecto vestido no me quería sentar por miedo arrugarlo, mamá ya estaba hace un rato ocupándose de ella, aunque ella no lo necesitará era hermosa así.

Mire mi reflejo en el espejo y me asusté, mi vestido tenía un escote que jamás me hubiera imaginado vestir, mi elegante peinado hacía ver mi cuello más largo y los hermosos pendientes que mi madre me había prestado combinaban con el vestido, de un azul con un poco de verde en medio de la hermosa piedra ovalada, a juego con un brazalete sencillo pero no por ello menos hermoso. Me sentía expuesta, y con miedo, pero a pesar eso me gustaba lo que miraba, por primera vez me veía normal, y me sentía segura con lo que tenía.

Escuché tocar la puerta, y entró mi madre, con un hermoso vestido blanco angelical, que realzaba sus curvas y la hacía ver todavía más sofisticada.

-Cariño, es hora de irnos, ya son las nueve, baja ya- Me dijo antes de salir, pero no podía ser pensé confundida, Edward dijo que estaría aquí antes de las nueve, se le haría tarde de seguro.

Baje para avisarles a mis padres que esperáramos un poco más, pero mi madre se adelantó.

-Edward, mandó avisar que te vería allá que no pudo llegar antes aquí, cariño.- Me dijo mi madre antes de salir por la puerta, del brazo de mi padre, dudé un poco y los seguí a regañadientes, decepcionada de no poder llegar con Edward del brazo.

Así llegamos a la imponente mansión en un carro de renta, estaba nerviosa, mi padre me ayudo a bajar.

-Tu madre dijo que te mirabas hermosa, pero se quedó corta, hija, no quiero ver como se te acercarán los jóvenes allí dentro.- Bufó mi padre cariñoso. Me reí ante su tono celoso.

Entramos por fin, mientras mi madre tomaba el brazo derecho de mi padre yo iba tomado del izquierdo, feliz, al ver a mis padres alegres. Como temía el salón ya estaba repleto de gente elegante y otra no tanto. Pero igual de importante, empecé a poner más nerviosa mientras iba caminando, y saludando con mis padres a las personas que nos presentaban. Sonreí más que hablar para no trabarme.

-Buenas noches señores Evans, que gusto que hayan podido venir.- Nos saludó un hombre de unos cincuenta años, y de aspecto amable, vestido impecablemente elegante. Lo reconocí como el jefe de papá.

-Claro señor Darfield, muchas gracias por la invitación.- contestó mi padre educadamente.

-No hay nada que agradecer, pero ¿no me digas que esta es tu pequeña hija?- Preguntó con una sonrisa hacia mí. Empecé a ponerme colorada por la atención.

-Así es ella es Marie, y si ha crecido un poco- Respondió mi padre, con un deje de orgullo en la voz.

Asentí con la cabeza, y sonreí lo mejor que pude.

-Es un placer conocer a una joven tan hermosa- Me dijo tomando mi mano y besándola educadamente, me dio una sonrisa amable y saludo a mi madre, también no sin antes decirle a mi padre cuanta suerte tenía de estar tan bien acompañado.

Como era de esperarse me puse de un bonito color rojo intenso, porque no fue el único comentario de ese tipo durante un rato, yo sólo atinaba asentir sonriendo avergonzada.

Busqué por una hora a Edward, quién estaba sin aparecer, me estaba preocupando, Edward siempre hacía lo que prometía.

Empecé a pensar que tal vez estaría enfermo, cuando empecé a imaginar mil cosas, voltee a la pista del gran baile, enfoque mi vista a una cabellera cobriza que llamó mi atención, y mi corazón se aceleró, y dejó de latir cuando mire que estaba abrazando y bailando con la despampanante Caitlin Douglas, Edward, supero mis expectativas con su frac negro, resaltaba su tez, haciéndolo casi brillar, son su cabello despeinado robaba el aliento a más de una, no era la única que lo miraba embelesada, y al verlo sonriendo de lo lindo a la joven hermosa, sentí una punzante decepción. No podía creer que Edward hubiera llegado y no me hubiera buscado siquiera para informarme que estaría ocupado. O tal vez no fue por mí a la casa, porque probablemente fue por ella, me sentía tonta, al pensar que Edward, podía poner su atención en mí, sentía coraje infundado por haberme cambiado así, se suponía que yo era su mejor amiga, y con esto me pagaba, di por sentado que toda su estadía ahora estaría ocupada, me sentía avergonzada por sentir las tontas lágrimas en mis ojos, era una niña, Edward no tenía obligaciones para conmigo, yo debería estar feliz, por él, pero era egoísta, y lo que sentía por él me impedía no sentir estos celos tan horribles. Inhalé y exhalé el aire poco a poco, para sacar la bola que tenía atravesada en mi garganta, daría media vuelta y haría como si no lo hubiera visto, aunque supiera que estaba allí, voltee a verlo una vez más cuando mire sus ojos chocar con los míos, me sonrío y se voltio de nuevo hacia su pareja de baile, mi corazón se estrujo, baje la mirada y cuando volví a subirla Edward me miraba otra vez, con ceño fruncido, aunque seguía bailando, perfecto pensé, ahora quedé como una ridícula, mi cara debía ser lo suficientemente clara para que viera, lo que sentía.

No esperé a que siguiera compadeciéndose por mi aspecto, por fin di media vuelta y me apresure a perderme de su vista, como mis padres ya se encontraban bailando felizmente decidí meterme en el baño, me quedé un rato allí sentada, llorando como una niña, no sabía ni por que lloraba Edward, no era mi novio ni algo parecido, para él era su pequeña Marie, y nunca me había dicho o insinuado lo contrario, pero no por ello dejaba de dolerme, estaba segura que Edward en Londres debió bailar con muchas más jóvenes lindas, pero el verlo así de feliz, sonriéndole, me tomó por sorpresa, sin dejar de pensar en lo grosero de su parte por haberme dado el plantón, así como si nada. Tenía que dejar de pensar esas cosas, si quería estar al lado de Edward como su mejor amiga, que era lo más que podría aspirar. Ya más calmada, decidí salir de mi escondite, me eche un vistazo en el espejo antes de salir, y por lo menos no se me miraban los ojos rojos, y el maquillaje seguía perfecto. Salí por la puerta entre la muchedumbre, fui a tomar algo para beber, y me arrepentí tanto que por poco doy media vuelta al ver a Caitlin tomada del brazo de Edward, riendo, y con una copa de algún liquido en ella, Edward le decía algo gracioso y ella le tocó el pecho, podía dar medio vuelta cuando tropecé con jarrón enorme, y traspille, aunque no caí el ruido fue suficiente para delatarme, lo único que me faltaba pensé, me enderecé rápidamente y cuando alce la mirada los dos me miraban sonriendo, ya se habrían reído de mi lo suficiente, di media vuelta cuando escuché la voz de Edward llamarme.

-Marie, ¿pero no me saludarás?- Preguntó irritado, y caminó hacia mí soltando a la bella Caitlin.

-Disculpa, no te había visto- repuse cortante.

-Mentirosa, Marie, ven acá- me tomo del brazo pero lo rechacé, me miró confuso.

-No Edward, me están esperando, en otra ocasión será- Le dije con una sonrisa forzada, no quería que viera mis celos al verla tocándola y riendo.

Me miró confuso y nervioso, me tomo el brazo, y lo moví en señal para que me dejará. No lo dejé volverlo a intentar y salí casi corriendo.

Llegué a la pista de baile, lo cual fue un error, porque choqué con un joven bastante guapo, lo cual me provocó un grave sonrojo.

-Disculpe, yo n- no miré…- Empecé a disculparme.

-No se disculpe, soy yo quien me atravesé- Dijo sonriéndome.

-Gavin Montcalm a sus servicios- se presentó con una reverencia.

-Marie…, Marie Evans- Le contesté nerviosa con una torpe reverencia.

-Encantado Señorita Marie, ya que la veo sola, me atrevo a pedirle ¿si bailaría conmigo?- Me dijo con una sonrisa encantadora, no bailaba y lo sabía, pero me daba pena rechazar esta oportunidad, no habría quién más se fijará en mí, y tenía que aprovecharlo.

-Pero yo, no sé bailar- Le dije avergonzada mirando mis zapatos.

-Bueno no creo que ese sea problema, no la dejaré caer- Me guiñó un ojo y me ofreció su brazo, lo miré un segundo y lo tomé.

Sentí pánico, al atreverme a bailar sin nunca antes lo había dicho, y pensé en la promesa de Edward de que no me preocuparía por eso. Y sentí enojo al pensar en él, bailando con un joven tan guapo, y que no sabía porque se había fijado en mí. Alce la cabeza y le sonreí amablemente.

No me había percatado que bailábamos fluidamente por la pista, y me sorprendí saber que disfrutaba haciéndolo.

-Entonces puedo preguntar que hacías sola paseando por allí, nunca antes te había visto en ningún baile, no es que asista a muchos.- no sé si fue una pregunta así que trate de responder lo mejor que pude.

-Mis padres y yo no nos movemos comúnmente en estos círculos- Le hablé con sinceridad, y señale con la barbilla toda las personas, no me avergonzaba de haber nacido en una familia humilde, pero llena de amor, no podía quejarme de nada, nunca me falto nada, y estas fiestas tampoco necesitaba de ellas y dudaba que de las personas en ella también.

-Naciste con suerte entonces, no te pierdes de mucho- Me dijo se escuchaba sincero y me cayó bien, parecía no ser pomposo como la gran mayoría de los asistentes, y las mujeres que me habían mirado con desdén.

-si tú lo dices- Le respondí con una sonrisa sincera.

-Debes creerme, aquí no hay más que cotilleos y bueno alguna que otra vez te ríes de las caídas de una que otra galante dame- Me dijo alegre. A lo que yo respondí como no, poniéndome roja, baje la mirada, es que no me había visto haciendo gala de mis aptitudes para caer con gracia.

-No me mal intérpretes, no hablaba de ti…- empezó nervioso al darse cuenta de su comentario.

Yo lo pare sacudiendo la cabeza.

-No hay de excusarse, estoy resignada a caer de vez en cuando, y es imposible que las personas no rían de ello- Le dije resignada y un poco afligida. El no pudo contener una carcajada la cual me contagio y reí junto con él.

-Bailaría de nuevo contigo, pero creo que estas algo nerviosa, así que por que no te traigo algo de beber- Me dijo, yo asentí agradecida, empezamos a salir de la pista cuando para mi terrible suerte miré a Edward, dirigirse a mí juntó con su nueva amiga. Sabía que ahora sí no podía ir a ningún lado, y no tenía por qué ocultarme de nadie, así que sonreí lo mejor que pude y seguí caminando del brazo de Gavin.

Edward estaba serio y sólo me sonrió hasta que llegamos justo a su lado.

-Veo porque no tenías tiempo para saludarme Marie- Me dijo jocoso Edward aunque sonreía, podía ver en sus ojos su irritación.

-Señor Montcalm, que placer verlo de nuevo- Dijo antes de que pudiera responder algo Caitlin haciendo una gran reverencia y sonriendo radiante ante mi actual acompañante.

-Igualmente Caitlin- contesto cortes supuse que se conocerían en estos círculos todo mundo sabe quién es quién.

-Marie, eres muy afortunada, a Gavin rara vez se le ve bailando- Me dijo risueña y con un poco de resentimiento en la voz, no sabía a qué se refería.

-Basta, y deberías presentarme a tu acompañante, que supongo que es pariente de Marie- Dijo este refiriéndose a Edward.

-Somos amigos, soy Edward Masen- le contestó Edward presentándose.

-Encantado, Gavin Montcalm- Contestó a su vez, Edward, me miró y enarcó una ceja perfecta.

-Bueno dejo a Marie en sus cuidados, voy a buscarle algo de beber, está un poco cansada- Dijo me dedicó una sonrisa y se encamino hacia las bebidas.

-¿Cansada eh?- Pregunto Edward con burla que yo no entendí.

-Edward, voy al tocador…- Empezó a decirle Caitlin a Edward, este asintió rápidamente sin dejar de verme, esta lo miro irritada y se fue a paso fuerte.

-¿Entonces?- Volvió Edward con su tono irritado.

-¿Qué me preguntas Edward?- Le pregunte tranquilamente a pesar de su tono.

-Se puede saber qué te sucede, que me ignoraste hace rato, y ahora te encuentro aquí bailando con el soltero más codiciado de Chicago.- Ignoré último comentario.

-Edward, te mire muy ocupado no quería echar a perder tu velada, aunque no fuiste lo bastante considerado para hacerme saber que no podrías acompañarme- Le dije conteniendo muy poco el enojo y mis obvios celos.

Se puso rojo un momento bajo la mirada, y supe que se sentía culpable, no quería que sintiera lástima por mí, sólo eso me faltaba.

-No te sientas mal Edward, entiendo que gozas más de la compañía de Caitlin ella es encantadora, y por mí no hay problema de verdad- Le sonreí falsamente comprensiva. Ni yo me creí mis palabras.

-Marie así no es…-

-No Edward, no ocupo explicaciones- Le espeté antes que se soltará una perorata.

Edward volteo a los lados, y me agarro del brazo jalándome fuertemente, encaminándome hacia una puerta que no sabía a donde iba, me resistí pero no obtuve ningún éxito. Llegamos a un salón vació con una hermosa sala estaba muy iluminada, Edward cerró las puertas tras él rápidamente y yo me cruce de brazos cuando volteo a verme estaba colorado.

-Me vas a escuchar Marie Evans, no sé qué te pasa, ni por que estas enojada, y no lo niegues por favor- Me dijo cuándo miró que iba a rechistar.

-No era mi intención no acompañarte hasta acá, y no planee estar con Caitlin, ella se cruzó en mi camino y no tenía quién la trajera la habían dejado plantada por lo que era mi deber de caballero traerla hasta acá, y aquí te esperé pero en vista que no llegabas baile un poco con Caitlin, y entonces te vi, y luego escapaste y no supe por qué, te busqué y te encuentro bailando perfectamente después de haberme ignorando galantemente, lamento de verdad no haber estado contigo, pero esa no era mi intención y deberías de saberlo.

Me di cuenta que estaba temblando del enojo hasta que Edward se acercó a mí y me tomó de los hombros.

-Marie, mírame, sabes que tú eres mi prioridad aquí, ¿no?- Me pregunto ahora tiernamente, maldita fuera su mirada, y tonta de mí, que se me había pasado cualquier enojo y resentimiento hacia él.

-Está bien Edward, yo también lo siento, pero ahora estas acompañado y no es de buena educación que dejes a Caitlin ahora que te ha de estar buscando.

El me soltó y me miro ceñudo, enojado de nuevo.

-¿No será que eres tú la que está ocupada ya?, y no tienes tiempo ya para mí.- me dijo resentidamente.

-Claro que no, yo lo acabo de conocer y me invitó a bailar y pensé que…- Empecé darle explicaciones al chico que me había plantado por otra, el cuál se decía mi mejor amigo.

-Entonces ya está, bailarás conmigo, ahora.- No pidió mi permiso camino tomando mi brazo y yo tiesa salí con él.

-Edward…-

-Basta Marie, bailarás conmigo porque tu primer baile debió ser conmigo, y no se diga más-

Y así lo hizo, me llevo hasta la pista de baila y si pensé que antes lo había disfrutado me había equivocado me sentía en las nubes bailando junto a Edward, quién me miraba sonriente ahora, y me miraba intensamente-

-Marie, debo decirte que eres la joven más hermosa de todo el baile- Me dio seriamente, me miraba tiernamente y yo creí que desfallecía cuando mencionó esas simples palabras.

-No bromees Edward, sé lo que soy- Le dije quitándome las ilusiones.

-Lo qué eres Marie, es una joven hermosa y adorable- Me dijo con tanta convicción que debí creerle, porque me sonrojé por centésima vez en la noche.

Y así volví a sentirme feliz, y disfrute de los bailes que Edward me regalo mientras reía como una loca por la fiesta pero no me importaba y a él tampoco.

Voltee y mire a Gavin con una copa en la mano, viéndome bailar, me sentí culpable, el debió verlo en mis ojos por los que con una mano me hizo entender que no me preocupara, y me sonrió de nuevo con su hermosa sonrisa, esperaba volver a verlo. Caitlin llego a su lado por lo visto también había visto a Edward, y se le miraba un poco furibunda, Gavin la invitó a bailar dejando la copa, y volví mi atención a Edward.

Primero que nada pido disculpas, pero no sé qué paso con mi cuenta que no podía subir nada tengo más de dos semanas queriendo actualizar y nada mas no se podía, eso no fue mi culpa, espero entiendan.

Espero y les haya gustado el capítulo y me dejen sus comentarios ya que para mí son muy importantes!

Saludos

Yomara