Quédate Conmigo

-Tranquila –Dijo Harry –Es solo una arañita, ni siquiera te dejara marca, ¿Recuerdas que me pico una la semana pasada? –Le mostro el antebrazo. –Ya ni siquiera se nota. –Heily solo asintió sosteniendo su mano contra su pecho.

-¿Es normal que duela? –Pregunto.

-Si, no te preocupes… Mejor terminemos aquí antes de que la Tía Petunia nos regañe de nuevo.

Para cuando los gemelos terminaron con el ático, el sol ya se había ocultado tras los tejados.

-Harry –Dijo Heily. –No me siento bien…

-Debe ser porque no hemos comido nada… también me siento extraño, pero sabes que tendremos que esperar hasta mañana, si la Tía Petunia se da cuenta de que tomamos algo de la cocina, nos irá mal.

Ambos bajaron la escalera del ático con cuidado, y justo al pie se encontraron con Petunia, ambas manos en las caderas y su constante expresión de disgusto.

-¡Vayan! –Les grito apuntando hacia la planta baja. Los gemelos bajaron y se metieron dentro de la alacena con un portazo detrás de ellos y el sonido del pasador que los encerraba cada noche. -¡Y no hagan ruido!

Ambos se acostaron en la gastada colchoneta, demasiado cansados para siguiera quitarse los viejos zapatos, Harry sacó la pelota dorada de su bolsillo.

-¿Para qué crees que sea? –Le preguntó a su hermana.

-Ni idea… Pero es bonita –Tomó la pelota entre sus manos, sólo la tocó, no había luz y no se atrevían a encender el foco. –Me gusta –Se la regreso a su hermano. –Tengo mucho sueño.

-Duerme, es tarde. Buenas noches Heily.

-Buenas noches Harry…

Nada tenia sentido, absolutamente nada… Luces rojas y verdes, gritos y conversaciones, animales deformes y serpientes reptando por mármol que después se convertía en la tierra de un sementerio, había arañas gigantes y perros de tres cabezas y luego iba corriendo entre los arboles de un oscuro bosque perseguido por Dudley, derrepente ya no pudo moverse más y se encontraba enterrado hasta la mitad en arenas movedizas en la mitad de un pantano maloliente y Dudley ya no era Dudley, era mucho peor, era un mountruo gigante y deforme. Las imágenes se entremezclaban, un segundo el sentimiento era terror y al siguiente veía una pelotita dorada con alas pasar frente a el, y el volaba tras ella, euforia… Alegria… y de nuevo el terror, fue entonces que se dio cuenta de que la mitad de ese sueño no era suyo, de que los pensamientos no se generaban en su mente sino en la de alguien más, en una mente muy parecida y conectada a la suya propia. Fue conciente de estar soñando y lucho contra la pesadez para abrir los ojos hasta que lo logró.

Apenas unos rayitos de luz azul se colaban por las rendijas de la alacena, apenas era de madrugada. ¿Por qué se había desperado?

-Heily, ¿Estas despierta? –Pero no obtuvo respuesta. -¿Heily? –Se sento y miro a su hermana, estaba de espaldas a el, acostada en posición fetal. –Heily –Susurro, pero su hermana no se movio. –Heily, despierta –Dijo más fuerte y puso una mano sobre su hombro. Estaba helada. -¡Heily! –La movio esta vez para que quedara acostada sobre su espalda.

Tenia gruesas gotas de sudor sobre la frente, estaba mucho más pálida que de costumbre y sus labios se veian casi azules.

-¡Despierta! –Le grito y la sacudió, pero ella no abria los ojos, respiraba con dificultad. Harry tomo su mano y fue entonces que noto que justo donde la araña había mordido había dos marcas de colmillos rojas y todo alrededor era negro, extendiéndose por sus venas. Las marcas negras llegaban casi hasta su codo.

Harry sintió pánico, verdadero pánico, no como el de sus pesadillas, este era diferente, porque sabia que de este no se iba a despertar.

-¡Tía Petunia! –Grito –¡Tío Vernon! –Golpeo la puerta con fuerza pero nadie le respondia -¡Dudley! ¡Quién sea! –Miro a su hermana, las marcas en su brazo avanzaban con lentitud. –Vamos… Despierta… -Pero Heily era inconciente de la preocupación de su hermano, ella estaba atrapada en un mundo donde nada tenia sentido, donde su primo se tranformaba en un monstruo y las arenas movedizas se la tragaban para llevarla a un enorme prado donde había pelotas doradas volanto por ahí, y cuando las tocaba, les salian patas y colmillos y la perseguían, y ella corria, corria hasta chocar contra un espejo que no se rompia, y no reflejaba nada más que sus propios ojos, unos ojos del mismo color pero que le contaban una historia tan distinta a la suya, eran unos ojos con mas experiencia que los suyos, ojos que se tornaban rojos y diabólicos y que la hacían querer llorar como un bebé. Heily estaba atrapada dentro de sus pesadillas.

La luz que entraba por las rejillas se volvia más amarilla con cáda segundo que pasaba, los nudillos de Harry se ponían más morados y nuevos raspones se les unian con cada golpe a la puerta, las marcas negras del brazo de Heily se extendían a cada minuto y sus pesadillas la consumían. Harry no sabia que hacer, intentaba entrar en la mente de su hermana para sacarla de ahí, pero cada vez que lo intentaba se encontraba dentro de un laberinto sin salida y tenia que regresar a la realidad.

-Vamos Heily, tu puedes, despierta –Le rogaba.

Ya habían pasado horas y las líneas negras llegaban casi al hombro de la niña cuando la puerta de la alacena se abrió.

-¡Deja de estar molestando tan temprano! –Vernon romo a Harry de la camisa y lo arrastro fuera de la alacena.

-¡Ayudala! –Le grito Harry. Vernon miro a la niña y se mofo.

-Holgazana… -Dijo. -¡Hazla que se levante! Y vayan a hacer el desayuno –Sentenció y se dio la media vuelta para entrar al comedor.

-¡Pero se siente mal! ¡¿Qué no vez! ¡No despierta! –Ni siquera pensó en las consecuencias de lo que acababa de hacer, solamente sintió un golpe en la cara que lo lanzo de nuevo al suelo.

-¡No te atrevas a hablarme de esa forma! –Le grito su tío y luego se fue de ahí sin decir más. Los ojos de Harry se llenaron de lagrimas, no sabia si de coraje, por el golpe o por miedo, miro a su hermana y supo que era hora de hacer algo que de verdad temia hacer…

Metio la mano debajo de la colchoneta y busco a tientas un secreto guardado… Saco una tarjeta, tenia un numero impreso bajo la leyenda 'Trabajador Social'. Hacia unos meses un hombre había ido a su escuela a hablarles sobre violencia en las familias, les había dado a cada uno una tarjeta y les había dicho que lo llamaran si sabían que algo similar le pasaba a algún compañero, la mayoría de los niños en su clase habían usado las tarjetas para hacer bolas de papel con saliva y comenzar una pequeña guerra, pero el había guardado la suya en su bolsillo para luego esconderla, solo por si acaso… Y ahora era el caso.

Harry se levanto y corrió a la sala, tomo el teléfono de la mesita y marco el numero. El teléfono timbro dos veces y un hombre contesto.

-Roger Preston –Atendio.

-¿Hola? –Dijo Harry dubitativo.

-¿Con quién hablo?

-H-Harry, Harry Potter

-¿Qué puedo hacer por ti, Harry?

-Necesito ayuda…

Roger Preston conocía muy bien su oficio, no era presisamente el sueño de todo padre que su hijo creciera para ser un trabajador social, tampoco era el empleo soñado, era deprimente y mal pagado… Por otro lado, Roger Preston siempre decía que valia la pena el salario con tal de ayudar a quien lo necesitara.

En los diez y siete años que llevaba en el puesto, Roger Preston había visto miles de casos de violencia familiar, a veces el padre golpeaba a la madre, a veces la madre golpeaba al hijo, raras veces el hijo maltrataba a los padres, había también casos de violencia contra los ancianos, si, Roger Preston había sabia que la violencia se daba en muchas maneras, física, psicológica, sexual, sabia también a los extremos a los que llegaban algunos casos, todos y cada uno de ellos con una historia particular, fue exactamente por eso que supo que venia otra historia cuando respondió esa llamada aquella mañana.

-Roger Preston –Respondio al segundo timbraso. Una llamada a las seis de la mañana solo podían ser o muy buenas, o muy malas noticias..

-¿Hola? –Era sin duda la voz de un niño, no mas de seis o siete años. Esos eran los peores. Se sento en su cama, su esposa se dio la vuelta, aun dormida.

-¿Con quién hablo?

-H-Harry, Harry Potter.

-¿Qué puedo hacer por ti, Harry?

-Necesito ayuda…

-Dime.

-Mi hermana… No se que le pasa, apenas respira –La voz del niño sonaba apresurada, estaba asustado.

-Tranquilo Harry, dime, ¿Hay algún adulto contigo?

-Eeh… Si, p-pero…

-¿Podias ponerlo al teléfono?

-¡No! Si saben que estoy llamando… No.

El instinto de Roger llamo, tomo una libreta de la comoda y saco una pluma de la gaveta.

-¿Dónde vives Harry? ¿Conoces tu dirección?

-El número 4 de Private Driva, Little Winnings, Surrey… -No puedo evitar sorprenderse, estaba apenas a dos manzanas de su casa, si no se equivocaba… Era la casa de Vernon Dursley, habían ido juntos a la secundaria.

-¿Vernon Dursley es tu padre? –Sabia que su ex compañero tenia un hijo, pero el apellido Potter no le sonaba.

-Es mi tío… -El niño no pudo terminar la frase. –¡¿Qué demonios haces muchacho! –Y el teléfono sono muerto…

Roger Preston se levanto inmediatamente, marco un numero en su teléfono mientras se metia unos pantalones y tomaba su camisa de una silla

-¿Roger? –Preguntó su mujer adormilada.

-Vuelve a dormir cariño, tengo una emergencia, volveré pronto. –Se inclino para besar a su esposa en la frente, ella apenas dijo 'aja' y volvió a poner la cabeza sobre la almohada.

-¿Qué pasa Señor Preston? –Respondieron en su teléfono.

-Envia dos patrullas al numero 4 de Private Drive, estaré ahí en un momento, listos para un arresto. –Fue todo lo que dijo y colgó, tomo sus llaves y subió a su coche.

Harry y Heily aún no lo sabían… Pero ese día, sus vidas cambiarian…

-Por favor Heily… Quedate Conmigo…