Hey! ¿Como estan? Pues aqui les tengo un nuevo capitulo, algunos lo amaran, otros lo odiaran, no tengan miedo de darme su más sincera opinion, y no se preocupen, siempre seran Harry y Heily, jamas lo olvidaran ; )

Las manos de Sirius y Angelique no se separaron ni un segundo desde su reencuentro, ni siquiera cuando el ministro de magia le ofreció a Sirius llevarlos a ambos hasta la puerta de su casa en su propio coche. Sirius de verdad sentía deseos de golpear a ese hombre en la cara, pero sabía que tenía que jugar bien sus cartas.

-De verdad no sabe cuánto lo sentimos, señor Black, estaremos en deuda con usted siempre. –Le decía el ministro, ofreciéndoles a ambos un vaso de un licor oscuro. Sirius acepto el trago. –Si algún día necesita algo, lo que sea… -Sirius sonrió de lado y tomo un trago, el licor le quemo la garganta.

-Cuente con ello –Le hizo saber. El ministro se acomodo en el asiento, inquieto.

-Pero bueno, viendo el lado positivo, ahora podrán recuperar el tiempo perdido, formar una familia, ¿Cierto? –Miró a Angelique.

-Mis hijos no conocen a su padre, ¿Cómo se recupera ese tiempo? –Sirius apretó la mano de Angelique y beso su frente. El ministro se sorprendió.

-No sabía que tenían hijos –Dijo con las cejas alzadas.

-Dos –Dijo Sirius. –Gemelos… Niño y niña. –Miro al ministro intensamente a los ojos. –Pudimos haber sido nosotros también… -El ministro relajo la expresión.

Los Potter no habían sido los únicos muertos esa noche. Decenas de familias habían sido atacadas esa misma noche, sólo los mejores mortifagos habían sido parte del ataque, todos con la única intención de eliminar a los hijos de los miembros de la Orden del Fénix, a todos los gemelos, para ser exactos.

-Tuvieron suerte –Le dijo el ministro. –Ya-Sabes-Quien fue derrotado antes de que llegara a ustedes… -El ministro se vio incomodo. -¿Ha escuchado la noticia? –Le preguntó a Sirius sin atreverse a mirarlo a los ojos, pero Sirius sabía muy bien de que estaba hablando.

-La única noticia que he tenido últimamente, es que soy inocente, y eso ya lo sabía. –El ministro lo miro a los ojos, solo por unos segundos, y luego aparto la vista de nuevo.

-Los gemelos Potter han muerto… -Sirius sabía que no era verdad, pero utilizo a su favor el escalofrió que lo recorrió al escuchar esas palabras. Agacho la cabeza y puso una mano sobre su frente, el cabello sucio y enredado le cayó sobre la cara, Angelique lo abrazo y le lanzo una mirada mordaz al ministro.

Esa mujer no se andaba por las ramas, por eso es que le llamo la atención a Sirius en primer lugar. 'Lo juro, si existe una mujer que logre domar a Sirius Black, ¡le daré un beso francés a un goblin!' Y James Potter tuvo que cumplir su promesa… Ni siquiera fue divertido, la verdad, resulto perturbante.

-¿Qué paso? –Preguntó Sirius.

-Al parecer, tenían una alergia extrema al veneno de araña, los llevaron a un hospital Muggle y fueron transferidos a San Mungo, pero no hubo mucho que pudieran hacer…

-Ya basta –Lo interrumpió Angelique. –Miro a Sirius. –Hablaremos de eso después, mira –Le dijo, corrió la cortina que cubría la ventana, el coche se había detenido y frente a ellos, la mansión de los Black.

Sirius y Angelique jamás habían vivido ahí, querían llevar una vida más sencilla cuando comenzaron su familia, pero esta vez debía ser diferente, había escudos y protecciones más fuertes en la mansión… Y ninguno de los dos soportaría regresar a la casa donde sus hijos habían muerto. Sirius sonrió al ver la enorme mansión de color oscuro.

Había unos diez escalones y luego las dos enormes puertas de entrada, había gárgolas a los lados frente a la casa una enorme fuente donde el agua salía de la boca de un dragón negro. Sirius y Angelique subieron los escalones hasta la mitad y una de las puertas se abrió.

Una bruja joven de cabello castaño y ojos azules traía de la mano un par de niños, un niño y una niña, ambos de cabello lacio y negro azulado, y con los ojos más grises que Sirius había visto… Se parecían tanto a los ojos de sus hijos, pero estos tenían una vida… Diferente. Parecían algo dubitativos, hasta confundidos. Sirius les sonrió, y ellos le sonrieron a él. Podían cambiar su apariencia y cambiarles el nombre, pero esa sonrisa no mentía… Era la misma sonrisa de James.

Sirius miro al ministro e hizo un ademan con la cabeza, el ministro pareció reaccionar.

-Hermosa familia –Le dijo, se dio la vuelta y entro a su coche. –Estaremos en contacto –Le dijo y cerró la puerta, el coche le dio la vuelta a la fuente y se marchó.

-Bienvenido señor Black.-La bruja le sonrió a Sirius.

-Puedes retirarte Leah –Le dijo Angelique, la bruja asintió con la cabeza y entro a la casa, dejo a ambos niños ahí. Sirius se acerco a ellos y se agacho para quedar a su nivel.

-Harry y Heily –Les sonrió.

-/ ¿Tu eres Sirius Black?/ -Preguntaron ambos.

-Para servirles.

-¿Conociste a nuestros padres? –Le preguntó Harry.

-Fueron mis mejores amigos.

-¿Serás nuestro padre ahora? –Preguntó Heily. Sirius le sonrió.

-¿Ya se los han explicado? –Se miraron uno a otro y asintieron dubitativos.

-Algo así –Respondió Harry.

-Si, seré su padre. –Lo recorrió una extraña sensación al decir eso, no era desagradable.

-Esto es confuso… -Dijo la niña. Angelique se acerco y se hinco junto a Sirius.

-Lo sé, pero lo entenderán con el tiempo… Los cuatro nos acostumbraremos a esto, seremos una familia. –Sirius se levanto, le revolvió el cabello a Harry.

-Hablaremos de esto más tarde, definitivamente necesito un baño.

Estaban pasando tantas cosas en tan poco tiempo, un día estaban metidos en una alacena temerosos de prender la luz y soñando con tener una familia, y al día siguiente estaban acostados en una enorme cama en una habitación aún más grande, mirando estrellas y planetas moverse en el techo con sus nuevos padres en la habitación contigua.

-¿Tu también tienes miedo? –Preguntó Heily.

-Si… -Respondió Harry.

Ambos se dieron la vuelta para quedar de costado, de frente al otro. Aun no se acostumbraban a mirar a los ojos de cada uno y no ver el verde esmeralda, eran grises, parecía mercurio, el cabello de Harry no estaba enredado y el de Heily era completamente lacio y manejable. No dijeron nada más, cerraron los ojos lentamente y se quedaron dormidos, y por primera vez en mucho tiempo, descansaron, no hubo sueños, no hubo pesadillas, sólo durmieron…

Hacia tanto tiempo que el agua caliente no tocaba su piel, casi había olvidado la sensación, en Azcaban hacían caer agua helada una vez a la semana, si tenían suerte, así que Sirius se tomo su tiempo. No supo si pasó una hora o pasaron diez, pero cuando salió de la regadera, el sol ya se había ocultado, se envolvió en una toalla y limpio el vaho del espejo con la mano, apenas se reconocía. Tomó una navaja de afeitar y se deshizo de la barba, y luego corto las puntas de su cabello hasta dejarlo sobre sus hombros, lo cepillo y lo ato en una cola, por algún motivo no sentía ganas de dejarlo más corto.

Sirius abrió la puerta del baño, y lo que vio frente a él fue toda una visión. Angelique estaba sentada sobre la cama de sabanas oscuras, su piel blanca contrastaba con el camisón de seda negro, su largo cabello lacio caía a los lados de su rostro y se arremolinaba sobre el colchón, y sus intensos ojos negros parecían mirar lo más recóndito de su alma. No hablaron, Sirius solo se acerco, tomo su rostro entre sus manos y la beso como hacía años quería hacerlo.

Los primeros rayos del sol se alzaron hasta tocar la mansión Black y se colaron por los ventanales de la habitación principal e iluminaron el rostro de Angelique, Sirius estaba despierto desde hacía horas y jugaba con el cabello de ella.

-Tenemos que hablar con ellos –Dijo. Angelique se despertó y abrió los ojos lentamente, levanto la mirada, Sirius tenia la suya fija en el techo.

-No podemos soltarles todo de golpe –Le respondió. –Tiempo al tiempo, Sirius. –Sonrió y recargo su cabeza en su pecho. –Nunca has sabido esperar. Sirius sonrió de lado y beso su cabeza. Llamaron a la puerta tres veces.

-Pase –dijo Sirius. Leah abrió la puerta y dio un paso dentro de la habitación.

-Buenos días ¿Los señores Black desean desayunar? –Preguntó. Angelique se sentó y tomo una fina bata de seda de un lado de la cama y se la puso.

-Llévenos el desayuno a la habitación de los niños en diez minutos, gracias. –Se levanto y camino al tocador, se sentó y tomo un cepillo. Sirius se sentó en la orilla de la cama y rodo los ojos.

-Gracias –Le dijo a la joven -¿Cuál es tu nombre?

-Leah –Respondió.

-Gracias Leah, puedes retirarte. –La joven asintió y cerró la puerta tras de si. Sirius se levanto y se acerco a Angelique, beso su cabeza y despeino su cabello. –No has cambiado.

-Tu tampoco –Sirius abrió un cajón y saco una bata de seda oscura y se ha hecho sobre los hombros.

-Tiempo al tiempo, pero comenzemos de una vez. –Angelique metió el cepillo a su bolsillo y se levanto, le tendió una mano a Sirius.

-Vamos entonces. –Sirius tomó su mano y salieron juntos de la habitación, caminaron a lo largo de un pasillo y abrieron lentamente la puerta. Se quedaron unos minutos mirando a los gemelos dormir.

-Es una segunda oportunidad –Dijo Angelique, y apretó la mano de Sirius. –Para los cuatro. –Sirius sonrió.

-Aprovechémosla.

Se acercaron al pie de la cama.

-Harry, Heily –Llamo Sirius. Ambos abrieron los ojos lentamente. –Buenos días –Dijo Sirius. –Los gemelos se sentaron.

-¿Fue un sueño? –Preguntó Heily.

Angelique se sentó junto a ella y saco el cepillo de su bolsillo, lo paso lentamente por el cabello de la niña.

-Si –Le dijo. –Un sueño hecho realidad, siempre quise una niña –Sonrió. –Heily miró a Harry y Harry miró a Sirius.

-Se que es confuso, también es un cambio radical para nosotros, pero nos acostumbraremos… Y seremos una familia, les explicaremos todo a su debido tiempo –Harry y Heily se miraron.

-Algo me dice que esto esta bien…

-Así debería de haber sido todo desde un principio…

-¿Confiaran en nosotros? –Preguntó Angelique.

-/Si/. –Sirius sonrió.

-Axel ya les explico sobre Voldemort, ¿Cierto? –Los gemelos asintieron. –Bien, lo primero que deben saber, es que jamás deben pronunciar su nombre en voz alta, al menos no entre otra gente, los magos aun temen escuchar ese nombre. –Los gemelos escuchaban atentamente. –Lo que Axel les explico sobre los elegidos, es todo lo que deben saber por ahora. –Sirius miro a Angelique.

-Y aquí viene lo más difícil –Dijo ella. Dejo de cepillar el cabello de Heily. –El mundo mágico cree que ustedes han muerto, y así debe quedarse. –Harry y Heily la miraron esperando una explicación. –Si alguien pregunta, tú te llamas Scarlett Angelique Black –Le dijo a Heily.

-Y tú eres Alexander Sirius Black –Le dijo Sirius a Harry.

Scarlett y Alexander Black…