"Meyer nuestra que estas en el pedestal,

gracias por dejarnos utilizar tu creación para entretenimiento de todos.

Venga a nosotros la imaginación que necesitamos,

pues líbranos del plagio.

AMEN"


Sin ánimos de ofender al creyente.

Dejando claro que los PERSONAJES NO me pertenecen pero SI la HISTORIA, su contenido y personalidades de personajes.....cualquier coincidencia es PURA CASUALIDAD

-NOTA: Encontre Beta. Muchas gracias Alle y Leon, a falta de una, tenog 2!

espero que juntas podamos hacer un gran equipo!

espero que les guste el capitulo…..=P

xOxOxO

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En el capítulo anterior:

Ahí se encontraba parado, esperándome como Leonardo DiCaprio esperó a Kate Winslet en Titanic al pie de las escaleras. Me sentía en una nube.

Cuando estuve frente a él vi que en una de sus manos tenía una rosa roja en flor. Acortó la distancia que nos separaba y delicadamente me colocó la rosa en mi cabello.

Suerte que te combina, hubiese sido una lástima arruinar lo bien que te ves –

Muchas gracias, Edward, tú tampoco te ves mal– Llevaba una camiseta blanca y gris a rallas finas, un sweater tejido oscuro que marcaba su pecho, además de unos jeans grises desgastados.

La ropa resaltaba contra su piel sonrosada y su cabello rebelde.

Hoy nos espera una noche inolvidable —dijo nos dirigíamos hacia la puerta– aunque sea para mí lo será– agregó.

Capítulo 12: LA CITA

No lograba comprender mis sentimientos, que estaban alborotadísimos. Hacía tanto tiempo que no me pasaba algo similar a esto, incluso estaba un tanto asustada. Tenía miedo de que las cosas no fuesen bien en la cita, de arruinarlo todo.

Bajamos por las escaleras de la entrada de la casa cuando me di cuenta que era mi lugar de estacionamiento era el que estaba más cerca.

–Vamos en mi auto – le dije mientras tomaba las llaves de mi cartera. Era tan pequeña que sólo entraban las llaves, el pequeño tarjetero (con mi Visa, Marstercard, registro, documentos y algunos billetes de efectivo), el celular y con algo de suerte el brillo labial.

Estaba a punto de abrir la puerta del conductor cuando me sorprendió seguir viendo a Edward a mi lado. Con un rápido y ágil movimiento abrió la puerta y me indicó con una señal del brazo que entrara. Me tomó de la mano y me ayudó a sentarme. En cuestión de segundos se encontraba a mi lado en el asiento del acompañante.

Una sonrisa se dibujaba en sus labios.

– No sabes a dónde vamos, pero de todos modos insististe en manejar y para colmo con zapatos de tacón– dijo mirando hacia mis piernas y continuó bajando. Sentía que su mirada era una caricia, una salvaje mirada sensual. Demasiado sensual– Nunca entenderé cómo ustedes las mujeres se las arreglan para manejar subidas a esas cosas, y mucho menos caminar sin doblarse los tobillos.

– Jaja– reí irónicamente – ¿Quién te dijo que no lo hacemos? A mí me pasa todo el tiempo, pero nunca tienes que demostrar que eso ocurrió, simplemente debes seguir caminando como si nada haya pasado. Es la mejor manera para distraer – dije con aire de superioridad fingida.

– De todas maneras no sabes a dónde vamos – comentó mirando hacia el frente.

– Edward, dime de una vez, ¿a dónde vamos? "Porfi" dime, ¿sí? – dije haciendo puchero.

– Ya se te están pegando las maneras extorsivas de Alice, no es buena idea que pases tanto tiempo con ella– dijo mientras me miraba – pero, ¿quién soy yo para negarme a darte algo que quieres? Vamos para Port Ángeles. Toma la carretera, una vez en la calle principal te indico–

El viaje fue entretenido, charlamos un poco de trivialidades, cosas sin sentido. Pero lo curioso fue que, al encender la radio, varios de nuestros gustos eran iguales. Entramos en silencios cómodos, en los que el aire se aligeraba. Al parecer estábamos mejor en silencio que hablando.

Cuando llegamos a la calle principal me indicó el camino. Doblamos unas cuadras, pasamos por una plaza y volvimos a cruzar la calle principal. Más y más vueltas. Sentía que estaba girando en círculos.

– Ya pasamos por aquí como tres veces Edward, no me digas que estamos perdidos– solté un poco confundida.

– Tranquila, es una calle escondida y a veces cuesta encontrarla– estaba muy tranquilo – dobla aquí a la derecha por favor–

Y ahí había una pequeña calle cortada. En las veredas había pequeños toldos de colores, los locales estaban iluminados por luces cálidas. Había unas pocas mesas fuera de los locales y casi no se hallaba gente en la calle. Era de ensueño, como sacado de otro tiempo, de otro lugar.

Edward me ayudó a bajar del auto. La noche estaba estrellada, cosa que lo hacía todavía más mágico, pero hacía un frío que te calaba en los huesos sin piedad. Tomados de las manos nos encaminamos a uno de los locales. Un cartel pintado sobre el vidrio decía "Pour Toi" con letra cursiva. Dentro estaba el metre esperando a los infinitos comensales. Al vernos entrar nos preguntó si teníamos reserva, Edward contesto que sí dándole su nombre.

El hombre nos hizo pasar por el salón que constaba de cinco mesas redondas pequeñas para dos personas, decoradas con flores, velas y pequeñas paneritas. Pasamos por el salón principal y nos dirigimos al piso superior. Era un largo corredor con tres puertas de cada lado, con números en ellas. Las paredes estaban cubiertas por un hermoso papel tapiz texturizado de un color borgoña intenso. Al lado de la escalera había una pequeña sala de estar con sillones, además de un piano con su banqueta.

Edward pasó su brazo por mi cintura al tiempo que caminábamos por el pasillo.

Entramos en la última puerta del pasillo a mano izquierda, era la puerta número seis. Dentro todo era hermoso, había muebles antiguos como en el resto del local. Pesadas cortinas de terciopelo azul marino, una mesa en el medio de la habitación cubierta por un mantel blanco bordado con azul, haciendo juego con las cortinas. Artefactos de luz que simulaban ser velas iluminaban el espacio y un aroma a jazmines recién cortados inundaban mi olfato.

Vi a Edward relajado en su silla, mirándome de una manera extraña cuando el camarero entró. Nos dijo cuál era el plato especial del medio y nos entregó la carta.

– ¿Puedo pedir por vos? – dijo mirando por encima del menú – creo que hay algo con lo que te puedo sorprender – yo simplemente asentí sonriéndole– Bueno, quisiera ordenar de entrada la ensalada de chrève chaud au miel. De plato principal, unos crepes de queso crema y verdura. Y el Chardonnay de la casa por favor–

Me quedé mirándolo sin saber qué decir, normalmente los chicos con los que salía no eran tan educados. Edward parecía que estaba muy acostumbrado a todo esto.

–Así que, acostumbras pedir por tus citas ¿eh? Si fuese psicóloga ya te estaría analizando – le dije en tono de chiste.

– La verdad es que no tengo citas, no me gusta – dijo serio. Vi que se removió molesto en su lugar y tomó su celular – Con permiso, vuelvo en un momento Bella–

Y salió del cuarto dejándome sola. Sabía que algo malo había hecho para que Edward reaccionara de esa manera.

Los minutos pasaron, él todavía no volvía. El camarero había vuelto para servir el vino blanco en las grandes copas frente a mí , entró al rato con el primer plato de la noche. Era una porción de queso Camembert, redonda, caliente y con miel.

Luego de un rato de sólo saborearme la comida, decidí ir a ver qué sucedía con Edward, tal vez algo le había pasado.

Bajé las escaleras para dirigirme al metre y preguntarle por Edward, pero me encontré con una imagen sumamente desagradable. Edward estaba sentado en una de las mesas de la planta baja con una mujer. ¡Y estaban tomados de las manos!

«Soy una estúpida, con razón se tardaba tanto. Está en una doble cita, pero para él» pensé en mis adentros.

Cargada de ira pero, con una sonrisa en la cara, me acerqué. Edward estaba de espaldas por lo que no pude ver su rostro, pero vi la cara de la chica. Era hermosa, de facciones delicadas, ojos celestes grandes, destacados por las brumosas sombras que llevaba.

Me aclaré la garganta.

– ¿Necesitan algo más?, ¿puedo ayudarles en algo? –

Edward giró la cabeza me miró sorprendido

– Bella, realmente no es lo que crees. Te presento a Jane, fue mi compañera en el colegio– me señaló a la chica– Jane, ella es Bella–mientras nos nombraba nos dimos un vistazo, sólo asentimos con la cabeza. Edward se paró de su asiento y pasó un brazo por mi cintura —Espero que Alec esté bien. Nos vemos después – se acercó a mi oído para susurrarme— Prometo recompensarte por el tiempo sola–

Un temblor recorrió mi espina dorsal. Lo único que pude hacer fue bajar la mirada para subir las escaleras en silencio.

Al entrar al privado me senté, tomé el tenedor y comencé a comer mi porción. El queso todavía estaba tibio, pero estaba tan molesta que no quise comer más que ese primer bocado.

Edward intentaba hacer conversación a la que yo le contestaba con monosílabos y risas fingidas.

Al tiempo que llegó el cambio de platos, también era la reposición de vino. No me había percatado de que prácticamente mientras había estado sola, me había tomado casi la botella entera y seguía de la misma manera.

– Bella, perdón por lo de antes, pero hacía tantos años que no veía a Jane que no me di cuenta de los minutos —dijo con la mirada triste– Tienes todo el derecho de enojarte conmigo por haberte dejado sola.

– Basta, Edward, ese es el tema, no somos nada como para que me enoje – dije enfurecida– Mierda, ni siquiera somos amigos, pero de todas maneras no puedo evitar molestarme. Tú y con tus encantos, cualquier mujer estaría a tus pies. No entiendo para qué me invitaste, es preferible que dejemos todo acá y nos olvidemos de esto. No sé si funcionará–

Estaba parada con las manos cerradas en puños a cada lado de mi cuerpo y luego me encaminé hacia la puerta, pero unos brazos me lo impidieron.

Edward me abrazó, me hizo dar la vuelta y me plantó un beso

Me besó de una manera increíble, sus labios simplemente apoyados sobre los míos. Su lengua jugando con mi boca, ni siquiera me había dado cuenta en qué momento había entrado en la mía. Era un beso muy intenso. Sus manos acariciaban mi espalda al descubierto y eso me hacía querer más de él. Mis manos, que hasta el momento se encontraban colgados a los costados de mi cuerpo, cobraron vida y se movieron. Una se introdujo debajo de su ropa sintiendo como los vellos de su espalda se erizaban y la otra se fue hacia su cuello pegándolo más a mí. Un gemido salió de su garganta fue ahogado por nuestros besos. El aire se me estaba acabando. Dejé sus labios para ir hacia su mandíbula, dejando besos por donde pasaba.

Él fue hacia mi oreja para susurrarme:

– Por esto no puedo dejarte ir. Eres como un imán, no puedo alejarme de ti. Toda tu piel me llama. Te siento, te… –pero lo callé con un pequeño beso.

No quería que dijera una mentira. Si lo que decía fuese verdad, no me hubiese dejado ahí tanto tiempo sola.

–Ya está, terminemos de cenar y vamos con los chicos – le dije sonriendo.

– Está bien, sino, no voy a detenerme la próxima vez —dijo apartándome la silla para que me sentara– Puede que me hayan educado para ser un caballero, pero todos tenemos nuestro límite.

– Todo saldrá como tiene que salir. Todo a su tiempo–

Cenamos tranquilamente entre charlas, intentando conocernos más. Curiosamente vivíamos muy cerca, apenas a cinco cuadras de diferencia. Además, en mi edificio de trabajo Edward tenía clientes, así que si no nos cruzamos en California fue por distraídos. Me contó que quería mudarse, salir de California para estar más con su familia, tal vez se compraría una casa aquí en Forks para poder pasar más tiempo con sus seres queridos. A mí me habría encantado hacer eso mismo, pero no podía. Me había ido de Forks por una razón y todavía no había superado eso. Cuando me preguntó si yo volvería algún día, le dije que no podía contestar eso porque realmente ni yo sabía esa respuesta.

Edward pidió la cuenta y la pagó sin siquiera verla. Simplemente colocó una tarjeta de crédito dentro y se la entregó al camarero.

Nos colocamos nuestros abrigos para nos dirigimos al auto. Nuevamente tuvo la atención de abrirme la puerta y yo se lo agradecí realmente. Me dio las indicaciones para llegar al lugar.

Al arribar, le entregué las llaves del auto al valet para que lo estacionara, pero dejé el saco dentro para que no me estorbara al momento de bailar.

Con cartera y chico en mano, entramos sin hacer fila ya que la persona de seguridad reconoció a Edward y nos abrió la valla.

– Edward, la gran celebridad de Forks, ¿quién lo iba a saber? – me burlé de él.

– Más que Edward, la celebridad es mi padre, el doctor Cullen – dijo haciéndome cosquillas con la mano que tenía en mi cintura. Nos encaminamos hacia el reservado que había al fondo del local para esperar al resto de los chicos. Una botella de Champagne nos estaba esperando en una trapera de vidrio junto con varias copas. Edward sirvió dos y me tendió una.

– Brindo por nosotros, por que empecemos algo juntos – su mirada estaba llena de bondad, aunque sus palabras a mi parecer, tenía una connotación y sus ojos, mostraban otra muy diferente.

– Salud– dijimos a la par para luego tomar de ellas.


Hola, les traigo otro capitulo, espero que les guste, y si es asi por favor ilumínenme y hagan feliz a esta pobre neófita en la escritura con un lindo rr.

Muchas graicas a mi Beta, y todas ustedes que estan leyendo, desde el comienzo, o que se engancharon después. A todas ustedes gracias.

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o°•. Marylou***.•°o

Las invito a pasar por mi perfil, hay imágenes que ayudan con los capitulos. Espero que les guste.

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