"Meyer nuestra que estas en el pedestal,
gracias por dejarnos utilizar tu creación para entretenimiento de todos.
Venga a nosotros la imaginación que necesitamos
y líbranos del plagio"
AMEN
*Sin ánimos de ofender al creyente.
Dejo claro que los PERSONAJES NO me pertenecen pero SI la HISTORIA, su contenido y personalidades. Cualquier coincidencia es PURA CASUALIDAD.
Este capítulo contiene ¡LEMMON! Así que si son menores por favor dejen de leer, o si leen, ya están avisadas, y por favor no me digan que lo son así no tengo cargo de conciencia por envenenarles la mente y pervertirla.
– NOTA: Muchas gracias Alle, mi paciente beta no-oficial. Gracias por acompañarme desde el principio de esta historia, y espero que lleguemos juntas al final. =)
Espero que les guste el capítulo…=P
xOxO
En el capítulo anterior:
– Ahora vuelvo, voy a buscar de verdad algo para vos – fui al armario y revolviendo encontré una antigua remera del instituto junto a unos shorts.
Habían sido de Jacob. No sentí dolor como otras veces, sentí que estaba haciendo las cosas bien. Qué ironía eh, el único amor de mi vida seguía revelándose en los momentos más extraños. Él mismo me lo había dicho ¿no es así? Realmente quería que las cosas fuesen bien entre nosotros.
Viejo amor-Nuevo amor.
Salí y le entregué la ropa.
– Voy a cambiarme al baño, avísame cuando hayas calentado mi lado de la cama–
Entré al baño y me cambié rápidamente, cepillé mi cabello, me lavé los dientes, me maquillé pero no se escuchaba a Edward por ningún lado.
Abrí un poco la puerta para espiar y lo vi acostado a medio tapar en la cama, durmiendo.
Se veía tan tranquilo, tan en paz. Parecía un niño. Lentamente me senté de mi lado, para arroparlo me acerqué por arriba de él para tomar las mantas y lo tapé bien. Edward respondió con un tenue sonido de su garganta y me abrazó, colocándose sobre mi pecho.
Me quedé quieta para no despertarlo. Esperaba que mi corazón desbocado no fuera escuchado, por que en mis tímpanos resonabas a todo volumen. Inspiré y exhalé lentamente hasta quedarme tranquila. Podía oler el perfume de Edward, tan dulce y embriagante que no pasó mucho tiempo antes que me quedara yo también dormida.
Ambos nos olvidamos de las exigencias y condiciones de Edward para quedarse a dormir. Así también como la pared de almohadas.
Capítulo 14: Al fin despierta
Esa noche no soñé, desperté cuando sentí un peso en mi pecho que me dificultaba el traspaso de aire hacia mis pulmones, mis piernas estaban inmóviles.
Creí que simplemente tenía el cuerpo adormecido.
Abrí los ojos, pero el cuarto estaba en completa penumbra, mi vista clavada en el techo no me daba ninguna pista sobre qué hora del día era. Tal vez Charlie o Renée habían cerrado las cortinas en la noche. Bajé la vista y me llevé una sorpresa al ver la maraña de pelo tan característico de Edward muy cerca, que si me movía un poco más me hacia cosquillas. Parecía muy acomodado sobre mi pecho y tomando uno de mis senos con su mano, mientras que me tenia atrapada entre una de sus piernas. Giré una poco la cabeza para ver su rostro.
¡Por los clavos de Cristo!
Si despierto era un encanto, dormido, Edward era la cosa más hermosa que había visto en toda mi vida, dejando de lado que estaba agarrando mi teta como si fuese el mejor peluche del mundo. De alguna pervertida manera me dio mucha ternura verlo de esa manera junto a mí. Por primera vez en mucho tiempo, vi que podía llegar a tener un futuro con alguien.
Intenté tomar una bocanada de aire pero lo vi removerse, balbucear algo inteligible y agarrarme más fuerte. Por poco chillo del dolor, pero sólo salió una especie de gimoteo de mis labios. Tomé su cabeza y lentamente la apoyé sobre la almohada. Cuando estaba por girar para levantarme, su mano bajó hasta mi cintura y me acercó más a él. Ahora estaba de espaldas a Edward. Podía sentir como cada centímetro de su anatomía se amoldaba a la mía.
Me quedé unos segundos disfrutando de la sensación de nuestros cuerpos juntos, de cómo el calor de su cuerpo era transmitido al mío. Su agarre se aflojó un poco por lo que decidí esperar un rato más.
Hermosos segundos, pero me entraron ganas de ir al baño.
En un último esfuerzo intenté deslizarme, pero fue inútil, apenas si me había movido medio milímetro y Edward agarraba más fuerte mi cuerpo murmurando algo, acercando mi culo hacia él.
Fue ahí cuando sentí lo "duro" que estaba. Si por las buenas no me dejaba ir, seria por las malas.
Él puso mi cuerpo en esta posición, entonces que se la aguante, me dije.
Comencé a mover mi trasero en su entrepierna y dejé salir un gemido pero NADA. Mierda, ¡este tipo tenía el sueño más pesado que un oso al hibernar! Presioné más fuerte y lancé otro gemido.
¡Ja! Eh aquí mi respuesta buscada: el cuerpo de Edward abandonó de golpe su estado de languidez para pasar a estar COMPLETAMENTE rígido. Cerré los ojos y dejé escapar un murmullo muy parecido a un OOO-EDWARD. Sentí como intentaba sacar su brazo de mí pero no lo dejé, y lo lleve de mi pecho, donde se había colocado nuevamente mientras estaba dormido, hacia abajo. Pareció darse cuenta de hacia dónde lo dirigía, porque ahí fue cuando se separó, creo que se habrá sentado, y en el intento de "despertarme" me sacudió.
–Bella, por favor ¡despierta! – estaba hablando en un murmullo alto. Con su brazo libre me sacudió un poco más y siguió insistiendo en que me despertara.
Hice como que lo hacía, a la vez que giraba y lo encaraba.
Edward se encontraba sentado a los pies de la cama con su almohada en el regazo. Sus ojos verdes estaban bien abiertos, se encontraba completamente despeinado y pálido como una hoja de papel.
– Buenos días Edward, ¿cómo dormiste? – le pregunté con una enorme sonrisa en mis labios – yo tuve uno de esos sueños para recordar. Fue increíble – dije abriendo bien mis ojos, y acentuando la última palabra – tan real– y cerré los ojos – ojalá hubiese sido real– y se oyó un golpe.
Al abrir los ojos Edward ya no estaba más sentado a los pies de la cama.
Me asomé para verlo despatarrado en el suelo refregándose la cabeza y con cara de dolor. La almohada que lo estaba tapando, ya no estaba en su lugar, dejando en evidencia lo excitado que se encontraba. Al ver que lo estaba mirando, se levantó rápido para ir al baño.
– ¡BUENOS DIAS A AMBOS! – grité para luego estallar risas.
Me quedé unos momentos regodeándome de la acción perversa del día y riendo por dentro. Me levanté de la cama para cambiarme. Me puse unas calzas negras, las zapatillas y el top deportivo verde. Había decidido que necesitaba salir a correr para liberar un poco de toda la frustración sexual que tenía encima por culpa de la garrapata humana. Me estaba pasando el buzo por la cabeza cuando Edward me preguntó algo que realmente no sabía cómo contestarle.
– ¿Por qué ese tatuaje? – se encontraba ya vestido con la misma ropa que llevaba ayer y tan relajado que nadie hubiese pensado que hace un rato había estado nervioso. Terminé de bajarme el buzo, internándome más en el guardarropa para evadirlo.
–Fue un error. Después de hacérmelo me enteré de lo que realmente me había hecho. Tengo que cambiarlo, taparlo o lo que sea, pero no me importa mucho ya – fue lo primero que se me pasó por la cabeza porque de cierta manera era la verdad – El puto tatuador me había dicho que el símbolo significaba "nuevo comienzo", que era lo que realmente estaba buscando, pero terminó siendo otra cosa – dije restándole importancia al asunto.
Salí del closet con una gorra puesta.
– Voy a salir a correr antes de desayunar, ¿quieres venir?, te puedes poner la ropa con la que dormiste y creo que podrías usar un juego de zapatillas de mi padre, junto a un canguro y alguna campera – no quería contarle realmente la razón, tal vez no todavía.
Tal vez si algo salía de estas vacaciones, solo tal vez.
– Dale, me vendría muy bien, desde que llegamos no he hecho nada de deportes y se me está notando – dijo agarrándose el abdomen–espérame que me cambio y vamos – me sonrió mientras agarraba de la cama la ropa que había pertenecido a Jake.
La corrida estuvo bien, hablamos poco, pero nos divertimos haciendo pequeñas carreras en las me dejaba ganar, pero en lo que respecta a la resistencia, definitivamente le ganaba relajadamente.
En un momento tuvo que parar. Se encontraba todo sudoroso a pesar del frío. Sus mejillas estaban coloradas y sus pulmones parecían no dar no dar abasto. Se sentó en el cordón de la vereda y metió la cabeza entre las piernas.
– Edward, no puedo creer que tengas tan poca resistencia, pensé que eras capaz de durar horas – al oír mis palabras, su cabeza se alzó de golpe y me miró unos segundos muy serio, pero su sonrisa de lado salió a flote de una manera traviesa.
– No debiste decir eso– comenzó a perseguirme.
No tardó mucho en alcanzarme y caímos sobre la nieve de un pequeño parque que había cerca de casa.
– Te atrapé – dijo poniéndome encima suyo.
Podía ver cada detalle de su rostro, sentía cómo sus fuertes brazos me daban calor. Apoyé mi cabeza sobre su pecho. El corazón latía rápidamente y su respiración se normalizaba junto con la mia.
– Bella, sé tan poco sobre ti. Le pregunto a Rose y no me quiere decir nada, te pregunto a ti, y me das medias respuestas – levanté la vista y vi que su mirada era profunda, me veía reflejada en sus ojos que transmitían sólo ternura– Espero que algún día puedas confiar en mí como yo confío en ti–
No aguanté más y besé sus labios.
Fue un beso rápido, pero quería demostrarle que yo también quería confiar en él, aunque eso me llevaría mi tiempo.
Me levanté y le ofrecí mi mano para hacer lo mismo. La tomó, pero al estar parado no la soltó, sino que entrelazó nuestros dedos y comenzamos a caminar rumbo a casa.
Al llegar mis padres estaban terminando de desayunar pero aún así nos ofrecieron huevos revueltos con tostadas y café. Luego de un rato se despidieron alegando que tenían que ir a hacer unos mandados en el pueblo.
Aproveché para anotarles las cosas que debían comprar para la cena que les iba a preparar. Cuando terminamos con nuestros platos, me dispuse a lavarlos, teniendo a Edward muy cerca de mí dándome charla. Él tenía entre sus manos la toalla y con una mirada me pidió permiso como para secármelas. Al hacerlo suavemente, las llevó a su boca y las besó. Me pareció como un símbolo de adoración así que tomé su rostro entre mis manos y lo besé nuevamente.
Esta vez comenzó tranquilo: los brazos de Edward instintivamente se colocaron en mi cintura, envolviéndome en un abrazo que me acercó más a su cuerpo. Se apoyó contra la mesada quedando a mi misma altura, lo cual agradecí porque si no, mi cuello me pasaría factura. Mis manos se pegaron, cuan imán en heladera a su pecho y fueron subiendo hasta que llegaron a su pelo, que seguía apenas húmedo del sudor, pero no me importó. Su esencia inundaba mis sentidos, descontrolándome. Apreté mi agarre y mi lengua pidió permiso para entrar en su boca. El beso se acaloró, y las manos de él se metieron por debajo del buzo, que cubría hasta la mitad de mis muslos. Sus manos acariciaban mi espalda baja y las mías repetían sus movimientos. Sentía cómo cada músculo se contraía o cuando su piel se erizaba.
Lo que le pasaba a él, era un fiel reflejo de lo que me pasaba a mí.
Me separé de sus labios para tomar aire pero su boca bajó por mi cuello dejando un suave camino húmedo en mi piel.
– Vamos a darnos una ducha, creo que los dos la necesitamos– alcancé a decir con la voz distorsionada.
Me levantó del trasero. Al hacerlo me sostuve con mis piernas y brazos a su torso, mientras le besaba y lamia la miel del cuello que tenía al descubierto, saboreando su piel, su sabor mezclado con lo salado del sudor.
Al llegar al baño, me sentó sobre la mesa. Impaciente veía cuando Edward abrió la llave y comenzó a llenar la tina.
No sé en qué momento se había quitado las zapatillas y medias, pero ya estaba descalzo. Yo me quite todo de encima quedándome únicamente con las calzas y el top. Edward comenzó a besarme dulcemente, mientras que mis manos le sacaban la camiseta. Me retiró las calzas, dejando al descubierto la tanga verde de algodón que llevaba.
Nuestros ojos estaban fijos en el otro, pedían permiso para quitarnos las prendas que nos quedaban puestas: yo misma me deshice de mi ropa interior y él se quedo estático mirando con deseo mi cuerpo. Lentamente retiré su pantalón junto a la ropa interior, siempre mirándolo a los ojos. Tomé su mano para llevarlo hasta la tina.
Él entró primero dejándome un espacio entre los dos.
El ritmo que llevábamos se vio disminuido cuando entré a la tina y con delicadeza apoyé mi espalda en su pecho. Tome la esponja tratando torpemente de ponerle un poco jabón liquido.
– Sería más fácil si me pasas el duchador de mano – dijo apoyando su mentón en mi hombro desnudo. Hice lo que me pidió – ahora está mejor – y comenzó a mojar mi cabeza, dándole un suave masaje con la mano libre.
Gracias a Dios que la tina es infinita, sino esto se desbordaría en cualquier momento dije en mi mente,
Edward despejó mi espalda de la cortina de cabello, separándose de mí para comenzar a fregar con la esponja mis brazos y mis costados, sin tocar mis pechos que temblaban deseando ser acariciados.
Volvió a trabajar sobre la espalda pero esta vez sólo con sus manos enjabonadas, masajeando mis hombros y omóplatos dejándome muy relajada la espalda, aunque mi libido estaba en su punto máximo al sentir una parte de Edward contra mí.
Después yo tome la esponja que él había ocupado y me giré para comenzar a enjabonarle el pecho meticulosamente. Además de que lo besé en esa área. Le limpié sus brazos, luego bajé por su estomago y hundí la esponja a esa parte que tanto me llamaba. Su mano se dirigió a mi sexo, y le dio estimulación. No pude más así que abrí mis piernas para darle mejor acceso mientras que yo con mi mano acariciaba el suyo.
En algún momento el agua de la tina había comenzado a irse y los dos estábamos completamente mojados y jadeando. Paramos un poco para salir y secarnos mutuamente.
– Todavía tenemos tiempo, vamos a la cama – dijo levantándome en brazos, dirigiéndose al cuarto y apoyándome en la cama, que ya estaba tendida.
Estaba acostaba boca arriba, con él encima de mí.
Su boca dibujaba figuras en mi piel.
Mis manos recorrían cada centímetro de su cuerpo.
Yo estaba más que lista para recibirlo, pero me percaté que no tenía al alcance un preservativo. De todas maneras yo tomaba anticonceptivos para regularizar mi ciclo, por lo que alcé mis caderas para que nuestros sexos se unieran.
No pude evitar cerrar mis ojos al sentir la magnitud de Edward dentro de mí.
– Bella, amor: abre los ojos, quiero que me mires – dijo viéndome con sus ojos profundos.
Lentamente comenzó a besar, trazando un camino hacia el sur. Se detuvo en el interior de mis muslos dejando pequeñas lamidas, mientras que uno de sus dedos entró en mí. Podía sentir como su lengua estimulaba mi clítoris, y no tardé mucho en llegar a mi explosivo orgasmo.
Nuevamente su boca estaba sobre la mía, podía sentir mi sabor en su boca, y eso me encendió de nuevo. Tomé su pene y lo guié a mi entrada para que entrara de una sola vez. Nuestras caderas comenzaron a balancearse rítmicamente. El placer que sentía era delicioso y podía ver que Edward también lo disfrutaba. De vez en cuando algunos gemidos se escapaban de nuestros labios. Una de sus manos masajeaba uno de mis pechos mientras su boca me besaba el otro.
Sentí como todo dentro de mí se contraía esperando la explosión que se avecinaba a pasos agigantados, y momentos después de mi momento llego él repitiendo con la voz desigual "Bella", "amor" o pequeñas exclamaciones onomatopéyicas como "oh", "ah" o "uhs".
Se desplomó rodando sobre la cama quedando boca abajo. Apoyó su cabeza en mi estomago, su mano aún acariciaba mi seno y de vez en cuando le daba pequeños besos.
– Espero que después de esto me digas que si – dijo ensoñado, mirándome y acomodando un mechón de cabello detrás de mi oreja.
– ¿Si a qué? –
– A ser mi novia–
Lo observé durante algunos minutos.
– ¿No te importa que tenga una historia anterior, que tal vez no puedas entender? –
– Esa historia es la que te hizo ser la persona de la que me estoy enamorando – dijo muy seriamente.
– ¿Cómo puedes decir que te estás enamorando si no sabes nada de mi? –
– ¿A todo lo que te diga le vas a encontrar un pero? Bella, te estoy diciendo que quiero que seas mi novia, que creo que me estoy enamorando de ti. Mierda, sé que es un poco apresurado, pero creo que estas cosas son así: te golpean de pronto, sin preguntar y te hacen sentir cosas que no puedes explicar en palabras. Acaso, ¿no te sientes igual? – me preguntó.
– Si, pero me da miedo–
– ¿Miedo a qué?, ¿a que te lastime? Creo que yo estoy más asustado porque estoy dispuesto a amarte sin conocerte. Estoy dispuesto a aprender a amarte mientras nos vamos conociendo. Estoy dispuesto a darle una oportunidad a esto– tomó mis manos entre las suyas – Estoy seguro que podemos llevarlo a cabo juntos. Creo en nosotros y en lo que podemos llegar a ser. Vivimos a minutos de distancia, podemos hacerlo, solo intentémoslo, ¿por favor? – suplicó.
Aquello me provocó besar sus labios.
– Yo estoy comenzando a creer…–
No saben lo que me costó hacer este chap, pero creo que quedo bueno. Aunque sea yo estoy satisfecha.
Me inspiré en una escena del libro "vampiros sureños", así que si ven semejanza es por eso…:P…jajaja, no me tiren tomates por favor
Hay imágenes del conjunto deportivo de Bella en mi perfil.
Pude actualizar sin demorarme, cumpliendo con ustedes.
Les cuento que estoy haciendo lo posible para balancearme, pero a veces se complica, estoy contra reloj intentando llegar a los fines de semana actualizando.
Creo que me merezco un rr, ¿no es así?
Déjenme saber que les pareció…
Muchas gracias a mi Beta -no oficial- Alle, y todas ustedes que están leyendo, siguen desde el comienzo, o que comenzaron después. Y les doy la bienvenida a las nuevas incorporaciones al grupo!... =)
A todas ustedes gracias.
xOxO
【 】
o°•. Marylou***.•°o
DEJEN SU COMETARIO AQUÍ·····ˇ· ̬
