H.A.T.E.U parte 1
Una tarde de compras con Mercedes es lo que necesitaba después de una semana agotadora. Recorrimos el centro comercial tres veces. Conseguí una chaqueta preciosa de McQueen a mitad de precio y Mercedes consiguió unas botas divinas de Prada. Después fuimos a una tienda de electrónica. Fue extraño, a pesar de sentir que llevabamos horas, regresamos a casa a las cinco y cuarto.
Cuando llegué a casa me encontré con algo que me puso los pelos de la nuca de punta. Mi habitación estaba hecha un desastre y la ropa de Finn estaba regada por todos lados.
- Hola Kurt. – Finn saludó sentado en mi diván favorito con sus sucios zapatos de Basquetbol.
- Hola. ¿Donde están papá y la señora Hudson? – Pregunté intentando ignorar el desorden que había en toda la habitación.
- Salieron a cenar. Les dije que yo te esperaría. – Genial, una noche a solas con Finn. – Estamos solos, ¿qué quieres hacer eh?
- Si no te importa, tengo mucho que hacer, tengo que revisar mi repertorio para encontrar la tarea del club y tengo que guardar todo esto. – Dije y me metí al closet cuando me di cuenta al espejo de que cuando Finn dijo SOLOS enrojecí de rosa crema a rojo carmesí. Necesito empezar a controlar mis impulsos mejor.
- Vamos Kurt, es viernes, tienes mucho tiempo para eso. – Dijo aburrido el chico desde el diván mientras recorría todos los canales del televisor. – ¿Qué te parece el cine? Se estrenó la nueva cinta de Resident Evil.
- Lo siento Finn, detesto las películas de acción. – No lo podía culpar, era algo que no comprendía, solo eran tipos rudos llenos de cicatrices y chicas con grandes implantes en bikini, aguardando la peor excusa para saltar desde un tercer piso y dispararle con una bazuca a alienígenas. Yo prefiero un drama o una comedia romántica.
- Por favor, hagamos algo. – rogó.
- ¿Por qué no se lo pides a Rachel?
- Porque se fue a pasar el fin de semana con la señorita Corcoran. – Ya se me hacía extraño. – Por favor, vamos a ver si hay algo más que hacer.
- De acuerdo. – Accedí a pesar de todo. – Déjame tomar una ducha rápida.
- Me metí en la regadera y puse el agua caliente. No sabía por qué estaba tan tenso.
- ¿Kurt, no has visto mi camisa azul? – Entró de golpe al baño.
- ¡Cielos santo, Finn, cierra la puerta! - Agradecí que hubiera el suficiente vapor para nublar la portezuela de la ducha.
- ¡Qué delicado! – Dijo él divertido, claro, pero cuando era yo quien llamaba a la puerta él era quien gritaba.
Salí del baño ya listo para salir.
- Tardaste una eternidad. – Dijo mientras lanzaba y atrapaba un balón de futbol americano.
- Por lo menos me arreglo.
- Si, como digas.
Me aburrí horrores en el cine, mientras que él se mantenía al borde del asiento. No había mucho que decir, era otra película en la que una mujer con el maquillaje perfecto y cuerpo prefabricado le disparaba a un montón de zombis sin despeinarse.
- ¿Te gustó la película? – Preguntó ya en el auto de regreso.
- Supongo, y tengo que conseguir a su estilista. – dije mientras veía las calles borrosas pasar por mi ventana.
- Creo que los señores ya habrán llegado. Se alegraran de que hayamos salido a dar un paseo. – Así que ese era el motivo de la insistencia de Finn. Agradar a mi padre y a su madre. Por alguna razón eso era doloroso. Comprender que se había estado portando amable conmigo por agradar a mi padre y no porque quisiera enmendar las cosas directamente conmigo.
- ¿Qué te pasa? – Preguntó después que permanecí en silencio.
- Nada, solo estoy cansado. – Dije sin ánimo, al menos eso ocultaría mi depresión. – ¿Por qué?
- Porque normalmente hablas demasiado. – Le dirigí una mirada asesina, a su sonriente rostro.
- Ojalá saliéramos más, ¿no crees?
- Sí, ojalá. – Traté de sonar sincero en lugar de sarcástico. Finn se enfrasco en una descripción detallada de sus escenas favoritas de la película, mientras yo pegué la cabeza al vidrio y contestaba de tanto en tanto monosílabos y expresiones de falsa exclamación a sus comentarios.
- Papá y la señora Hudson no llegaron hasta pasada la media noche, mientras Finn se esforzaba en sacar algo de conversación, pero sus temas eran totalmente absurdos.
Finalmente cayó profundamente dormido. Yo por mi parte me quedé pensando en varias cosas en mientras Finn se removía inquieto en su cama. Quizás tenía frío
Pese a todos mis esfuerzos, me decidí a arroparlo debajo de sus cobijas e hice lo mismo conmigo. Por un momento pensé en la posibilidad de seguir enamorado de él. Tal vez estaba tan ocupado ignorándolo y concentrado en nuestro desastroso intento de fraternizar y ciertos rencores que le guardaba que… Solo me bastó verlo dormir tan en paz como para hacerme dudar de lo que estuve intentando hacer por casi tres meses.
Después de esa noche conseguí la canción perfecta para la tarea de Glee. H.A.T.E.U. de Mariah Carey, era un reto vocal para mí en las notas altas y una forma silenciosa de expresarme ante todos y solamente entender el mensaje Mercedes y yo. Tendría que empezar a ensayarla mañana mismo.
Esta historia continuará.
