Desperté, agitado de esa extraña visión. No tenía reloj a la mano, pero sabía que ya era tarde. Papá y Carole ya estarían descansando tranquilos, pues no había ni una luz en toda la casa. ¿Cómo puedo seguir esperando que algo así me pase a mí? Dejé que todo lo que había evitado al entregarme voluntaria y cobardemente a los brazos de Morfeo. Lloré sin reprocharme ni conmiserarme o justificarme. Lo dejé salir todo, así cuando volviera a dormir lo haría cansado y sin problema alguno.
Dormí en el sofá lo que restó de la noche, no tenía ánimos para bajar al sótano y encontrar al verdadero Finn durmiendo plácidamente, sin saber siquiera lo que pasó por mi cabeza.
Al día siguiente desperté con un terrible dolor de espalda. Tendré que pedirle a papá que reemplace el sofá. De pronto recordé el por qué había dormido en ese viejo trasto en lugar de mi confortable cama ortopédica y mis almohadones de pluma de ganso importadas de parís. No podía bajar hasta que Finn se hubiera largado y eso tal vez tomaría bastante tiempo. Podría bajar y fingir que nada pasó, pero aunque quisiera no hacerlo, mi mente me lo estaría recordando, en especial cierta parte de la conversación en la que yo aceptaba frente a él ciertos sentimientos no correspondidos.
Fue un verdadero problema salir de casa. Por suerte mi ropa abarca más de un solo armario en casa, encontré algunas cosas interesantes de la temporada pasada en el closet del cuarto de mamá. ¿Me pregunto quién las habrá movido ahí? Tomé unas botas de cuero negro hasta el muslo, unos pantalones entubados con un deslavado precioso que según recordaba solo me había puesto una vez, una camiseta blanca de cuello en V, un sweater negro de cierre, unos tirantes, un fajo y, para mi suerte, ya que dudo que tenga tiempo de peinarme como Dios manda una boina a juego. Me duché en el baño de papá y traté de vestirme lo más lento.
Tuve la mala fortuna de salir cuando estaban todos desayunando. Finn me miró fijamente, pero yo solo lo ignoré.
- Kurt, ¿por qué dormiste en el sillón? – papá preguntó extrañado, después de todo hace tiempo que le sugerido que esa sala necesita un cambio. Instintivamente sentí la mirada de Finn sobre mí, esperando la respuesta a esa pregunta.
- Me quedé dormido. Estaba algo cansado, había sido un día difícil. – Finn me dirigió una mirada de pocos amigos. Al menos captó la indirecta. – Me tengo que ir, se hace tarde.
- ¡Voy contigo! – Finn se zambutió todo lo que quedaba en su plato de un bocado y me alcanzó en cuestión de segundos. Saqué las llaves de mi bebé cuando me disponía a abrir las puertas
- ¡No, yo conduzco!
- Mi coche, yo manejo. - ¿Quién le da el derecho de decirme que hacer?
- Gracias por no decir lo de anoche. - ¿Me agradece por dejarle pasar inadvertida su estupidez en lugar de pedir perdón?
No deberías agradecérmelo.
- ¿Qué te parece si este sábado…? – Oh no otra vez. Si se va a poner pesado conmigo tratando de compensar su falta de tacto más vale que le ponga un alto.
- No empieces, por favor. – encendí el motor con pesadumbre. – solo quiero que me dejes solo. No intentes nada para reparar lo que hiciste.
- Pero yo…
- No Finn. Hablo en serio.
Después de hablar con mi padre al respecto de los duetos… y de mi vida, el se puso de parte de Finn. Supongo que tendré que esperar para tener un poco de felicidad.
Algo que jamás he soportado es que a pesar de mi notable habilidad histriónica, no puedo evitar delatar mi estado de ánimo en mi rostro. Es gracias a estos momentos cuando agradezco tener a mis amigas conmigo.
Me compadezco de Rachel. No tiene ni idea de lo que es Finn en verdad y no voy a ser yo quien se lo diga. El día que me propuso cantar un dueto con ella para el club casi e rió en su cara cuando me contó cómo se las arreglaron para que Sam y Quinn ganaran la cena gratis en Breadstix. Si supiera lo que hizo realmente conmigo.
Sabes que va a ser un mal día cuando sueñas que una de tus pesadillas vuelve a atormentarte. En mi caso, Noah Puckerman regresó a revolver las cosas más en mi vida.
Vivía tan feliz en mi rutina que había creado sin ese gorila de pocos sesos. Ya no tenía que cargar todos los días un cambio de ropa extra en el auto, ya no había baños de basura patrocinados por el equipo de futbol y eran mucho menos frecuentes los ataques con granizados que me dejaran pegajoso.
Ese lunes después de un aburrido fin de semana, en el que Finn acaparó mi televisor de pantalla de plasma de alta definición mirando un partido tras otro en el canal deportivo, llegué a la escuela como ya se había hecho mi costumbre, de hecho iba bastante animado, iba a presentar para el club "Just Dance" para la tarea.
Todo marchaba a la perfección para mí hasta que llegó la hora del ensayo del club.
Se oía un enorme alboroto en el salón, pero no era el ese desorden de antes de cada clase, había gritos desesperados. En el suelo estaban Finn y Mike tratando de levantar a alguien. Quinn gritaba "Suéltalo, suéltalo".
Con gran trabajo lograron levantar la figura que al parecer estaba sobre ese Sam ensangrentado y desorientado.
- ¡Eres un hijo de puta! Vete a coger a la chica de otro. – Puck hacía gala como siempre de su buena educación y elegan… un momento. ¿Puck? Es cierto había desaparecido por buen tiempo y por lo visto ignoraba que Quinn lo había votado a la basura.
Miré con desaprobación la escena que tenía frente a mí. Cuando casi me dirigía a buscar asiento junto a Mercedes y Rachel Puck me vio con ojos de pánico, que de repente eran de furia. Se me heló la sangre. Por lo visto se había acabado mi racha de buena suerte.
Llevaron a Sam a la enfermería antes de que llegara el señor Shue. Este al ver que Puck volvió a la clase le dio una calurosa y fuera de lugar bienvenida, ya que todos excepto él habíamos visto como el joven hacía una espectacular entrada triunfal al trono de los imbéciles. No puedo creer la suerte que tiene ese mastodonte para salvarse de los problemas.
Cuando terminó la práctica Mercedes Tina y Rachel se despidieron porque tenían que hablar con las chicas para presentar el mash-up de la semana próxima y por supuesto, me quedé solo en el aula, ya que los hombres salieron disparados, como siempre, en cuanto el señor Shue dijo que podían salir ya. Así que me tomé mi tiempo para disfrutar mi soledad y salí muy tranquilo al pasillo cuando algo me tomó por sorpresa y me azotó dolorosamente contra los casilleros.
- Nos volvemos a ver nenita. – Dijo Puck arrastrando las palabras.
- ¿Qué quieres… no podrías esperar hasta mañana para volverme a arrojar al basurero?... Al menos tendrías a tu fiel público de trogloditas para aplaudir tu idiotez. – Escupí entre dientes, ese imbécil me estaba cortando la respiración.
- ¿Y darte la posibilidad de humillarme en público? Claro que no. – ¿Yo, humillarlo a él?
- ¿De qué demonios hablas? – En serio había sido extraño. ¿Yo humillarlo a él?
- No te hagas el tonto conmigo, princesita. – mi miró con odio. – Más vale que no hayas revelado nuestro secretito. – Se me vino a la mente por fin el suceso que no quería que revelara.
- Suéltame bestia estúpida. – Forcejee hasta que me soltó. Creo que esperaba a que huyera de ahí. – En primer lugar, gracias por recordármelo, lo había olvidado por completo, como todo lo referente a ti, pero ya que refrescaste mi memoria… - Por lo visto, el muy idiota solo hizo lo que trataba de evitar, quisiera haber podido sacar una fotografía de su carota de espanto.
- Ni se te ocurra decir nada… - Me amenazó furioso, la vena de su sien palpitaba descontrolada.
- R-e-t-a-m-e – le rezongué lentamente. Me disponía a marcharme después de mi notable victoria contra el depredador caído, pero no pude resistir dar la última estocada. – Por cierto Noah, más vale que me trates bien de ahora en adelante ya que no soy yo quien va a salir perdiendo si tu pequeño secretito sale a la luz. Ciao Puck
Salí con una sonrisa triunfal del colegio. No podía creerlo, yo había enfrentado a Puck y salí victorioso. Este sería un día para recordar.
Hola a todos!
Gracias por su apoyo a esta historia y por esperar tanto tiempor hasta que pudiera actualizar. He de reconocer que no había tenido ni ganas de escribir, no debería contarlo, pero me gustaría saber que opinan. Hace semanas mi profesor de expresion literaria me dio a entender que mis trabajos no servían para nada y que no tenía talento para esto y por días no quise ni escribir en el msn. Después decidí que no me importaba y seguí escribiendo.
¿Y uds, que opinan, tego algo de talento o apesto en esto?
Por cierto sigo con pidiendo su opinion para escribir mi siguiente songfic de esta historia. El siguiente será de Lady GaGa "Dance In The Dark".
Bueno hasta luego.
