Sin darme cuenta, me he sumergido tanto en la escuela que ha llegado la época navideña. Salvo por las decoraciones y la ropa de la colección de invierno en los aparadores de mis tiendas favoritas, todo parece perder ese encanto que solía tener la época. ¿O sería yo quien había perdido el interés en ella?

Ahora estoy lejos de todos mis amigos (no es que tenga muchos), pero no sé si hubiese aguantado más tiempo la presión de McKinley. Por mucho que toleren mis preferencias aquí, no estoy seguro de ser aceptado como tal.

Entre las prácticas del coro y los deberes escolares me costaba mucho encontrar tiempo para mí o para los demás. Hace ya más de un mes que no salgo con nadie. Presiento que Mercedes estará muy molesta conmigo porque las últimas doce veces que ha llamado a casa para hacer planes de shopping o simplemente hablar la he tenido que dejar plantada por trabajos escolares. Blaine, aparte de las clases o el coro (y es un decir que lo podía ver en el coro, pues como vocalista él no tiene que pasarse tres horas practicando harmonías) solo había ido a mi casa para que le ayudara con sus deberes de Francés y de ortografía. No he vuelto a ver a Rachel desde la noche del cine y estoy seguro de que no la veré en un buen tiempo por aquí.

Así es, Rachel y Finn han terminado definitivamente. ¿Cómo ha pasado? Fácil. Los dos son tan necios que no hacen caso de lo que les dicen, al menos Finn si lo es.

Rachel pasó día tras día intentando disculparse con él, arrastrándose a sus pies sin un gramo de dignidad. Mientras Finn seguía con su fase del chico ofendido. Que dúo tan patético. Opté mejor por no opinar, pues al fin y al cabo no hay caso con estos dos.

Esta navidad al parecer prometía ser una muy solitaria y triste. Papá y Carole salieron a Idaho para ir con una tía de Carole a pasar navidades, yo sin embargo aquí estoy, encerrado a cuatro paredes, pues al inicio de las vacaciones tenía una montaña de deberes más alta que el Kilimanjaro. Resulta que al no tener la misma vida social y estar solo durante las vacaciones sin nada más que hacer que sentarte a estudiar la geografía del país o la Guerra Fría, tu trabajo ocupa mucho menos tiempo.

Finn accedió a quedarse conmigo para librarse de ir con esa tía suya, hasta donde pude notar tampoco Carole quería ir, pero papá insistió. Esa mujer era una de esas tías odiosas que al paso de los años se ha quedado sola. Una historia de familiares incómodos más con la que tendré que lidiar cuando sea famoso en Broadway.

Sin embargo estoy sólo en casa, pensé que sería lindo tener un poco de tiempo para mí, pero en lugar de eso ahora me parece deprimente y más en estas fechas.

Finn dejó una nota sobre el refrigerador, iba a ir a casa del señor Shue a la cena de navidad. Decía que todos los del club Glee iban a ir, incluso Rachel y Puck que son judíos. Se notaba lo mucho que me extrañaban. Ni siquiera me invitaron. Supongo que tendré que acostumbrarme.

Pasadas las doce de la noche empecé a sentir algo que me oprimía con fuerza el pecho. Desde que mamá murió papá siempre decoraba la casa para la navidad y se vestía de Santa Claus para darme mis obsequios al día siguiente hasta que cumplí doce años, incluso mandaba hacer una gran cena – no importando que se desperdiciara ya que sólo éramos él y yo – y hacía esfuerzos tremendos para comerse toda esa comida elegante.

Esa navidad no había nadie excepto yo. No había villancicos ni luces de colores. Las paredes frías sólo hacían eco de la soledad que me acompañaba y aumentaban mi claustrofobia. No había risas. Mis recuerdos felices venían a mi mente incrementando la nostalgia que sentía.

Subí las escaleras y me dirigí al cuarto de mamá, pero no me atrevía a entrar. Hacía tanto que no había estado ahí. Hace tanto que no había extrañado así a mamá.

Bajé corriendo, tomé las llaves, mi abrigo, bufanda y guantes. No había nadie en las calles, pero podía ver dentro de las demás casas a muchas familias, gozando y cantando.

Me senté un rato en una banca de un parque a pocas calles de casa, estaba tan silencioso y pacífico, como si descansara de todo el barullo que armaban los niños, los autos y los transeúntes durante el día.

Una tonada tenía yo en mi mente, no sé porque la recuerdo.

Oh, Life is bigger

It's bigger than you

And you are not me

The lengths that I will go to

The distance in your eyes

Oh no I've said too much

I set it up

De pronto me di cuenta de que la tonada no solo estaba en mi mente, en realidad alguien estaba cantándola al compás de una guitarra.

That's me in the corner

That's me in the spotlight

Losing my religion

Trying to keep up with you

And I don't know if I can do it

Oh no I've said too much

I haven't said enough

I thought that I heard you laughing

I thought that I heard you sing

I think I thought I saw you try

Era una voz familiar, la conozco y por eso fui a buscarlo.

Every whisper

Of every waking hour I'm

Choosing my confessions

Trying to keep an eye on you

Like a hurt lost and blinded fool, fool

Oh no I've said too much

I set it up

Doblando la esquina lo pude ver a la perfección. Noah Puckerman estaba sentado con su guitarra en las manos.

Consider this

Consider this

The hint of the century

Consider this

The slip that brought me

To my knees failed

What if all these fantasies

Come flailing around

Now I've said too much

I thought that I heard you laughing

I thought that I heard you sing

I think I thought I saw you try

But that was just a dream

Try, cry, why try?

That was just a dream

Just a dream, just a dream

Dream

No era una canción de navideña, mucho menos de esperanza o algo referente a la época. Aunque es una de las canciones que más me gustan de R.E.M.

Puck dio los últimos acordes de su canción mucho más melancólicos de los que eran originalmente.

- Kurt. – dijo y yo me sobresalté, no sé de que será capaz. No me dejará explicarle que no lo estaba espiando.

- ¿Sí? – dije tímidamente. Me descubrió, no podría salir corriendo ahora, sería peor. Sin embargo, la reacción de Puck me tomó por sorpresa.

- ¿Qu-que-ee haces aquí? – tartamudeó pálido.

- Salí a caminar. – Me miró con cierta duda dibujada en la mirada. - ¿Tú qué haces aquí? Pensé que estarías celebrando con el señor Shue.

- Estaba. En realidad fui porque me obligaron. – puso cara de fastidio.

- Lo imaginé. – fui y me senté en la misma banca.

- Una fiesta aburrida.

- Aún así pudiste irte a casa. Aunque seas judío, esta no es una noche para que estés vagando sólo.

- Y a ti que más te da. – Empezó a tocar al alzar algunas notas mientras se ponía a la defensiva. – Además, tú eres quien debería estar en su casa. ¿O qué, tu novia Finn o la otra señorita no te dan suficiente amor en casa para que lo estés buscando en las calles?

- Veo que es imposible tener una conversación civilizada contigo. – Me paré listo para marcharme, pero incluso aunque fuese Noah, es preferible a estar sólo. ¡Qué deprimente tener que elegir entre esas dos y peor aún, decidirte por él!

- Lamento no estar a su altura señorita. – Me hizo una sarcástica y exagerada reverencia.

- ¿Sabes que tus chistes no son graciosos?

- Los demás se ríen de ellos. – dijo como si eso resolviera todo.

- Es cómo oír contar un chiste a Hitler. – le espeté

- Me comparas con Hitler. – Me miró ofendido.

- Sabes a lo que me refiero. – sin embargo me seguía mirando con odio. – Veo que no. – Era Puck, lo olvidaba. – Imagina que eres un soldado judío infiltrado. Lo menos que quieres que te maten. ¿Cierto? – asintió lentamente, intentando asimilar aquello. – Te topas en una multitud con el mismo Hitler, pero no puedes atacar o al primer paso te matarían. – esperé un momento a que hilara lo que le estoy diciendo. – Hitler cuenta un chiste racista sobre judíos, estás al alcance de su vista y de sus otros matones. ¿Te decidirías a morir si te dejas descubrir al no reírte? – En realidad no sé porque intento razonar, y más de aquella forma con Puck.

- ¿Entonces soy una especie de Hitler judío? - puse los ojos en blanco.

- No, no lo eres. Solo un patético abusivo más. La gente sólo se ríe de tus bromas por miedo o por algo de popularidad. – Nos quedamos en silencio un momento.

- En el club te echan de menos. – me sacó de mis pensamientos con ese comentario. – No es que yo lo haga. – dijo para asegurarse de verse muy hombre.

- Sí, claro. Tanto así que ya no se acuerdan de mí.

- Eso no es cierto. - dijo apresuradamente, pero pude ver que se retractaba al instante. – No todos. Estoy seguro que esa morocha y la novia de Mike si te extrañan.

- Es increíble que ya pasó más de un año y todavía no sabes cómo se llaman, una de ellas fue tu novia. – dije incrédulo.

- No tengo porque aprenderme sus nombres. – dijo con gesto de suficiencia. – Me aman las chicas.

- Eres todo un caso.

- ¿Celoso porque no te presto suficiente atención? – rió a carcajadas de su estúpido comentario.

- Eres un idiota. - ¿Cómo se le puede ocurrir una cosa así?

- Vamos, se que te mueres por probar un poco de Puckerman. – Me aprisionó bajos sus musculosos brazos producto de esteroides.

- ¡Suéltame! ¿Qué te sucede? – No sé cómo, pero pude zafarme al darle un buen golpe en la boca que lo dejó en el piso. - ¡Ay por Dios! Lo siento, lo siento, lo siento. – Me acerqué para ver que daños había provocado, pero se incorporó de manera casi fugaz y me aplicó una especie de llave de lucha libre. Me tenía ahorcado con su antebrazo izquierdo mientras con su mano derecha me halaba con fuerza el cabello.

- Me estoy cansando de tus cosas maricón de mierda. – me gruñó entre dientes.

- Tú empezaste. ¡Déjame en paz troglodita! – gracias a dios y a mis arduas clases de gimnasia rítmica pude moverme un poco, pero las manos de Puck eran demasiado para mí y me empezaba a marear por el esfuerzo y por el poco espacio que tenía entre Puck y el enorme árbol en el qué me había acorralado.

Dejé de forcejear y sólo esperaba con los ojos cerrados a que él se cansara de estar como piedra sobre mí, me diera una patada o dos en las costillas y se fuera de ahí. Sin embargo al poco rato de jadear cansado noté que mi respiración se había calmado y esa respiración agitada provenía de él.

Abrí los ojos y pude ver que me observaba fijamente, pero no era la expresión facial que tenía en mente. De pronto mis sentidos me dijeron que hubiese sido mejor una paliza. Cerró más el espacio entre nosotros a mano que tenía ocupada en asfixiarme se movió para empezar a acariciar mis pómulos. Era una mano cálida, pero su roce me dejaba helado. Estaba petrificado de miedo, pero mi labio inferior empezó a moverse frenético. Volví acerrar los ojos involuntariamente para tratar de calmarme e idear una forma de salir de ahí cuando pasó.

De súbito sentí sus labios sobre los míos, pero ésta vez no fue cómo la vez del campo de futbol. Esta vez fue mucho más lento y delicado. Por unos segundos no supe que hacer, pero cuando recobré la razón le di un empujón y le propiné la bofetada más fuerte que mi mano fue capaz de dar y salí corriendo de ahí.

- ¡Hummel, espera! – Me gritó Puck. Corrí como loco, no quería que me alcanzara.

Llegué a casa en cuestión de minutos. Me desplomé sobré el sillón y lloré por un buen rato.

Pasadas las dos de la mañana llegó Finn a casa.

- Kurt, ya estoy aquí. – dejó las llaves y colgó su abrigo.

- ¡Kurt! ¿Qué está…? ¿Pasó algo? ¿Estás bien? - Me vió hecho un ovillo y con los ojos hinchados.

- No, no estoy bien. – dije en sollozos. Rápidamente balbuceé lo sucedido, sin decir que había sido Puck y lo de la casi violación. Para él no había sido mas que un intento de asalto. Le rogué que no le dijera a papá o con él no podría contener la verdad. Después de todo fue mi culpa por haber salido de noche y todo eso.

No dijo nada al respecto, se mantenía muy serio, solo accedió a no decirle a papá si no volvía a hacerlo. Como si ese fuera el problema.

- Kurt. – llamó ya que iba al sótano. Me abrazó fuertemente.

- Todo va a estar bien. – rompí a llorar de nuevo.

Me sentía mejor al estar así. De hecho, me sentía bien. Estuvimos así por un rato, con mi cara enterrada en su pecho. Levanté el rostro, para mirarlo y vi su cara a pocos centímetros de la mía. Era tan extraño, como si hubiera regresado un año entero en el tiempo y recordara lo que era amarlo. Estaba deslumbrado, lo admito, pero conservaba la conciencia suficiente de que no moví ni un músculo.

Mis ojos se cerraron al contacto de su boca con la mía. Un montón de cosas pasaron por mi mente Puck, Blaine, nuestros padres y luego solo una imagen fija.

Era Finn.

Este historia continuara...


Hola a todos!

Bien, pues este es, digamos que un capitulo especial dividido en dos. Originalmente lo había pensado como especial de navidad - y creanme que lo empecé a escribir casi desde que glee sacó el suyo, tal vez antes - pero al final quedó así.

Algunos diran que utilice una canción que ellos ya usaron, si, lo hice, porque esa canción me gusta desde hace mucho y quizá se puedan repetir algunas otras.