Este capítulo va dedicado a Alyx, Jaku, Reykou,Anónima(quien espero que la próxima vez me deje su nombre ^^) y a todos los que se toman el tiempo para leer.
Capítulo II.
Búsqueda.
Narcissa Malfoy había roto oficialmente cualquier récord previamente establecido en lo que se refiere al tiempo que transcurre entre vestirse decentemente y el lograr trasladarse de un país hacia otro.
Y al aparecer por la chimenea del salón principal sintió como esa opresión en su pecho, que había nacido desde que Bredny se hubo comunicado con ella, crecía de forma descomunal al contemplar el estado en que la habitación se encontraba, y no pudo hacer otra cosa más que cubrirse la boca con ambas manos y respirar profundamente por la nariz para evitar que la angustia y el miedo hicieran acto de presencia en forma de un incontrolable llanto.
En ese momento, Bredny acababa de aparecer en la entrada del salón, y mostrándose cabizbaja y algo nerviosa, procedió a hacer una pequeña reverencia y darle la bienvenida a su ama e informarle que los demás elfos seguían buscando a Draco por los jardines; pero Narcissa estaba segura de que su hijo no se encontraba oculto en ningún lugar dentro de la mansión.
Narcissa salió con pasos cautelosos del salón principal con el fin de evitar mover o alterar la escena, ya que tal vez, podría haber alguna pista que le indicara quién había podido ser capaz de debilitar las protecciones, inmiscuirse dentro de su casa y llevarse a su hijo con tanta facilidad. Bredny salió detrás de ella y después de deshacerse en disculpas, le informó a su ama que ellos habían escuchado ruidos provenientes de algún lugar dentro de la casa, pero que uno de los elfos – Tulki, para ser exactos – les había dicho que había visto al amo Draco bajando las escaleras con la varita en su mano, por lo que supusieron que se encontraría practicando algunos hechizos y, – preocupados por su seguridad, bueno, eso no lo dijo precisamente en voz alta –, esa había sido la razón por la cual no salieron a confirmar el origen de tales sonidos; después de explicarle tan brevemente el porqué de sus acciones de la noche anterior, procedió a entregarle una varita partida por la mitad, la cual inmediatamente fue reconocida como aquella a la que Draco había estado tratando de dominar últimamente; y eso fue suficiente para lograr quebrar a Narcissa Malfoy.
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Era la segunda vez que Draco despertaba, fue ahí cuando aceptó que aquello no era nada bueno, ya que había vuelto a hacerlo en aquella fría y desconocida habitación; eso lo supo antes de abrir sus ojos para comprobarlo, porque el duro suelo y el penetrante olor a humedad que invadía todo su espacio fueron lo primero que percibió y lo que lo hizo consciente de que todo aquello no se había tratado de un muy mal sueño.
De hecho todo parecía real, muy real, desde la sangre que cubría parte de su ropa y cara, hasta el insoportable dolor que envolvía a su pierna izquierda, ahora deformada por las múltiples fracturas que le había ocasionado aquella última maldición, la cual por cierto fue la causante de su última pérdida de conocimiento.
Se encontraba recostado en el suelo, a la mitad de la habitación y su posición no era nada que se acercara al concepto de comodidad, así que intentó deslizarse hacia la pared más próxima de la habitación, pero el intenso dolor en su pierna acompañado por un temblor que comenzaba a apoderarse de su cuerpo, cortesía de una tanda de Cruciatus que le había proporcionado su secuestrador y que parecía ser la única maldición que el sujeto conocía, le impidieron lograr arrastrarse más allá de unos cuantos centímetros. Con el dolor en aumento, Draco comenzó a respirar profundamente para lograr disminuir la ansiedad que esto le generaba y así poder concentrarse para lograr llegar hacia alguna pared, ya que ésta le proporcionaría un soporte y así podría acomodarse de alguna forma que evitara que su miembro afectado se lesionara aún más.
Justo cuando se disponía a realizar el segundo intento, la puerta de la habitación en la que se encontraba se abrió de pronto y por ella apareció la mujer, quien mostraba una enorme sonrisa.
- ¡Querido Draco! Me alegra que hayas despertado, mi esposo y yo comenzábamos a creer que no tenías mucha resistencia y que la diversión se nos había terminado. Pero mírate, haciendo el esfuerzo de moverte, eso me parece muy interesante; aunque, dime Draco, ¿es que acaso no te duele ni un poquito la pierna? Porque podríamos arreglarlo.
Draco quería responderle cualquier cosa que le demostrara que no le tenía el más mínimo temor, pero tenía la garganta demasiado seca y algo lastimada por todos los gritos previos que habían logrado escaparse de ella. Así que lo más amenazante que pudo hacer fue lanzarle una mirada desafiante que indicaba que lo que fuera que pensara hacerle lo tenía sin cuidado.
- Demasiado orgulloso ¿eh? – Fue la respuesta de la mujer encapuchada que se acercaba hacia él con pasos cautelosos – ¿Porqué no quieres admitir que te estás muriendo de miedo Draco? Tal vez lo hagamos fluir si jalamos de las cuerdas correctas, si le damos un poco de motivación ¿tú qué crees?... Mmm, demasiado callado Draco, bueno, te tenemos una sorpresa, pero no puedes vernos entrar con ella, no queremos arruinarla ¿verdad?
Y lo siguiente que Draco sintió fue un pequeño pinchazo en su brazo causado por aquel tubo transparente que ya había conocido con anterioridad, pero esta vez el sueño no se hizo presente de inmediato; sino que empezó a percibir que toda la habitación giraba de una extraña forma placentera en torno a él, el modo en que su respiración agitada se regulaba y comenzaba a ser más lenta y, sobre todo, cómo una perfecta calma había empezado a apoderarse de él.
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Narcissa regresó del Ministerio de Magia emanando ira por cada uno de sus poros, los estúpidos aurores le habían dicho que enviarían a alguien cuando tuvieran tiempo, porque ahora se encontraban demasiado ocupados intentando localizar y capturar a aquellos asesinos encapuchados que habían tenido la "suerte" de escapar de la justicia. Así que lo único que había logrado obtener fue unos patéticos intentos de humillación e insultos, lo que logró enfurecerla aún más, ya que ese preciado tiempo bien pudo haberlo utilizado en comenzar a buscar a Draco.
Bueno, que no se dijera después que ella no acudió a buscar la ayuda con las personas "correctas", ahora iba a hacerlo a su modo y para ello necesitaría a la única persona de confianza que les quedaba a los Malfoy, pues el tiempo seguía corriendo y aún nadie se había contactado con ella para exigir algún tipo de intercambio y eso no podía significar nada bueno para su hijo. Era hora de poner al tanto a quien minutos después de recibir la lechuza de Narcissa aparecía por la chimenea con aire preocupado: Severus Snape.
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Harry logró aparecerse por la tarde a las afueras de Malfoy Manor, después de hacer un sin fin de promesas a la mayoría de los miembros de la familia Weasley las cuales básicamente consistían en asegurar que al primer indicio que indicara que sucedía algo sospechoso saldría de inmediato de allí. Aunque había sido, y por mucho, más difícil el convencer a Ron de que le permitiera ir solo; ya que éste le había estado asegurando que solamente sería una pérdida de tiempo para él y que probablemente en cuanto Malfoy lo viera en la puerta de su casa le lanzaría un par de horribles maldiciones y ni si quiera le permitiría explicarle el porqué de su visita social. A lo que Harry había respondido, y no de muy buen humor, que se encontraría a salvo de ese horrible par de maldiciones porque gracias a Merlín él aún sabía hacer magia y no era ningún tarado, logrando hacer que Ron se sonrojara de inmediato y le deseara buena suerte en su misión.
- Buenas tardes. ¿Qué ha venido a buscar el gran Harry Potter a Malfoy Manor? – Haciendo una enorme reverencia, un pequeño elfo de grandes ojos amarillos apareció al otro lado de las rejas que resguardaban la mansión.
- Ehm… Hola, ahm… Yo me preguntaba si… - Rayos, esto parecía que iba a ser más difícil de lo que Harry había imaginado.
- ¿En qué puede ayudar Wooly al señorito Harry Potter? Wooly se sentiría muy feliz de poder ayudar en algo al gran Harry Potter, pero Harry Potter no puede decirle a los amos de Wooly que Wooly se siente muy feliz de ver en persona al señorito Harry Potter. – Sí, definitivamente, iba a ser más difícil de lo que esperaba.
- Si, bueno, yo no diré nada. Estoy aquí porque quiero ver a Malfoy.
- Oh, Wooly no puede ayudar al señorito Harry Potter, porque el amo Malfoy no se encuentra en estos momentos dentro de la mansión.
- Ya veo, y… ahm, ¿sabes cuándo puedo encontrarlo o a qué hora volverá?
- El amo Malfoy volverá dentro de siete años, o eso es lo que el ama Narcissa le ha comentado a Wooly. Pero Wooly no podría decirle a qué hora el amo regresará.
- ¿Siete años? ¿De qué estás hablando? – Harry comenzaba a dudar seriamente sobre el estado de la salud mental de los elfos que se encontraban al servicio de los Malfoy.
- Sí, el amo Malfoy se encuentra en Azkaban y no le permitirán visitar la mansión hasta dentro de siete años. Pero Wooly puede informarle al joven Harry Potter cuando el amo Malfoy vuelva a casa.
- ¿Azkaban?... No, creo que no me entendiste, me refiero a Draco, quiero hablar con Draco Malfoy.
- Oh, pero Wooly tampoco puede ayudar al señorito Harry Potter. Porque el joven amo Draco no se encuentra en casa.
- Bien, y puedes decirme ¿a qué hora puedo encontrarlo? – Harry había comenzado a perder la paciencia con aquel elfo que lo miraba con sus grandes y brillantes ojos, como con adoración, y eso de paso había comenzado a asustarlo, tal vez esa era la señal para que se marchara de allí, al fin y al cabo, él ya había hecho el intento ¿no? Y entonces pasó.
- Wooly no puede decírselo al señorito Harry Potter. – Le dijo el elfo con una voz muy bajita que apenas había logrado escuchar. – Wooly no puede decírselo a nadie por órdenes del ama Narcissa.
Bueno, eso sí que se estaba poniendo extraño, por qué de pronto tanto misterio para ocultar el paradero de Malfoy. Harry tenía qué pensar muy bien cómo haría para lograr sacarle la información al elfo.
- Bien, ehm… Wooly, en verdad que me serías de mucha ayuda si me pudieras decir cuándo o dónde puedo encontrar a Malfoy. En verdad que me urge hablar con él, porque… verás… él, él me citó aquí y me dijo que debía pasar precisamente hoy, y… - Harry se preguntaba dónde estaba la imaginación cuando uno la necesitaba, probablemente se había ido a la feria con su sentido común, porque ahora estaba mintiéndole, y de una forma muy poco convincente, a un inocente elfo para saber qué era lo que Narcissa Malfoy trataba de ocultar.
- Wooly lo siente de verdad, Wooly lamenta no poder ser de ayuda para el joven Harry Potter, pero Wooly tiene prohibido hablar sobre la desaparición del amo Draco, lo ha prohibido el ama Narcissa a Wooly y a los demás elfos de la mansión. – Bueno, quizá Harry no debió esforzarse demasiado para obtener la información, su imaginación podía seguir divirtiéndose.
Y antes de que el elfo pudiera darse cuenta de lo que acababa de revelar y comenzara a torturarse por ese hecho, Harry le dio las gracias y se marchó de regreso a La Madriguera.
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Después de que Snape escuchó los acontecimientos ocurridos en Malfoy Manor la noche anterior se dispuso a ayudar, preparando una poción que ayudaría a ubicar a Draco. Narcissa utilizaría una modificación del hechizo orientador más la poción para identificar el paradero de su hijo. Una vez que la poción estuvo lista y Narcissa logró concentrarse lo suficiente, comenzó.
- Rastrum cruoris. – De la punta de su varita emanó una pequeña luz violeta, la cual se extinguió al poco tiempo de aparecer. – Rastrum cruoris. – Y la pequeña luz volvió a apagarse como la primera vez. – Severus, el hechizo no funciona… eso sólo puede significar que mi Draco… por Merlín, dime que esto no está pasando… Draco no puede, mi hijo no puede estar… - Narcissa había comenzado a sollozar y se cubrió el rostro con las manos, pero Severus estaba seguro de cual había sido la última palabra que pronunció.
- Contrólate Narcissa, también puede significar que algo está interfiriendo la conexión; puede ser magia, hasta puede tratarse de algo que le hayan dado a beber, poniéndote histérica no vas a lograr nada.
- ¡Yo no me pongo histérica! – Le respondió Narcissa intentando recuperar un poco la compostura. – Pero tengo todo el derecho de ponerme así si lo deseo. Mi hijo ha sido secuestrado por una bola de chalados, el tiempo pasa y Merlín sabe que Draco no está festejando con ellos en alguna isla paradisíaca en estos precisos momentos.
- De acuerdo Narcissa, pero necesitas…
- Severus, Draco no ha estado bien últimamente; ha estado muy callado, apenas y come, creo que está deprimido. ¿Y si él no hizo nada por defenderse? ¿Y si no opuso resistencia?
- ¿A caso no entraste en la misma habitación que yo? Sí bueno, nunca ha sido de aquellos que hablan hasta dormidos y tampoco se ha comunicado conmigo, pero ¿qué esperabas? Han pasado muchas cosas en muy poco tiempo, está tratando de asimilarlo.
- Espero que tengas razón. ¿Pero ahora qué voy a hacer? He ido al Ministerio y me han dejado muy en claro que ninguno de esos ineptos moverá un solo dedo.
Severus pareció meditar la situación por un momento. Y bueno, la verdad era que necesitaban información, así que tendría que recurrir a personas que tuvieran un lugar dentro del Ministerio y que tuvieran fácil acceso a sus diferentes áreas. – Es hora de cobrar algunos favores. Yo me comunicaré contigo. – Y diciendo esto caminó hacia la chimenea y desapareció, no sin antes lanzar un largo bufido de resignación.
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Remus Lupin se encontraba a punto de comenzar a cenar en la comodidad de su hogar, cuando escuchó un ruido procedente de su chimenea, alguien intentaba comunicarse o más bien colarse por ella, por lo que se aproximó con cautela y casi se ahoga con su propia saliva cuando vio quién era el intruso.
- Lupin. – Pronunció su nombre a modo de saludo, pero sonó más parecido a cuando se dirigía a alguno de esos inútiles alumnos suyos que hacían explotar constantemente calderos o casi terminaban intoxicando a toda la clase por no poner atención a la hora de mezclar los ingredientes.
- ¿Severus? ¿En verdad eres tú? Es decir, ¿qué es lo que te trae por aquí?
- Lupin, Lupin, siempre tan observador e inteligente. Esperaré a que despierten tus modales y me permitas el acceso para decirte el porqué de mi presencia.
- Claro, claro, lo siento; adelante puedes pasar. Es sólo que… no me esperaba tu visita. – Dijo Remus desactivando la protección y moviéndose hacia un lado para permitir el acceso a un malencarado Snape.
- Sí bueno, no te emociones, esta no es una visita social.
Después de hacerle un breve resumen de lo ocurrido en la mansión Malfoy y solicitarle su ayuda para que convenciera al ahora Ministro Kingsley Shacklebolt de brindarles algún tipo de apoyo para encontrar a Draco, Snape se encontraba mirando a un pensativo Remus que no había modificado para nada su expresión seria durante todo el relato.
- ¿Y qué te hace pensar que voy a ayudarte? Digo, ayudarles… a ti y a Narcissa Malfoy.
- Que sabes perfectamente que Draco no tiene la culpa de nada, bueno, tal vez sólo de haber crecido rodeado de equívocas ideas, pero él no ha hecho nada de lo que deba arrepentirse el resto de sus días. Y a todo esto, tú no eres nadie para querer juzgar al muchacho o a su madre, ellos ya pagaron todo lo que tenían que pagar y si no mal recuerdo el departamento de finanzas del Ministerio se puso muy feliz por ello. Y bueno, mentiría si te dijera que no quería llegar a esto, pero si no convences al buen Ministro me temo que tendrás que comenzar a buscar a alguien más que te logre hacerte tú poción mensual.
- ¿Me estás chantajeando?
- Muy inteligente, en verdad. Me sorprende que no seas el causante de que ganáramos la guerra. – Respondió Severus con una ceja levantada. – Puedes tomarlo simplemente como un pequeño intercambio.
- ¿Qué es exactamente lo que necesitas?
- Información, necesito que se encuentre al pendiente por si alguien reporta algo que esté fuera de lo normal o que coloque al menos inepto de sus aurores a investigar. Solamente necesito que logren ubicarlo, yo me encargaré del resto.
- De acuerdo, voy a ayudarlos.
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NdA: Siento la tardanza pero mis horarios actualmente son un asco y por lo mismo no cooperan demasiado… Además no quedaba del todo conforme con el capítulo, empiezo a sospechar que necesitaré un(a) beta.
En fin, Gracias por tomarte unos minutos para leer.
Dudas, quejas, comentarios o sugerencias siempre son bienvenidas; las amenazas de muerte únicamente las acepto y respondo vía e-mail… XD
